Yakuza Fanfic
Yaoi
Epílogo
Epílogo 1- It Feels Like Spring is Finally
Here
Ishin subió las escaleras corriendo, se pasó la toalla que llevaba
a los hombros por la quijada y giró la llave en la puerta del piso
noveno de aquel edificio al que se había trasladado. Pasó a la cocina
y bebió del grifo sin parar hasta que sintió que era suficiente,
metiendo la cabeza bajo el chorro y frotándose el cabello ahora
mojado. Seguramente Seishi aún estaba dormido…
Pero el moreno ya se había levantado, en realidad, y ahora lo observaba
desde el marco de la puerta, sonriendo. – Tal vez uno de estos días,
debería hacerlo contigo... – murmuró, refiriéndose a levantarse
temprano a correr. Se acercó, abrazándolo por detrás antes de que
se girase. – Buenos días.
-Hola…- sonrió sujetándole el antebrazo y acariciándolo antes de
voltearse –¿Aún estás sin vestirte? ¿Y así pretendes venir conmigo
algún día?- le besó la frente y le dio una nalgada suave –Tienes
que vestirte… porque si no…- le abrió el albornoz y lo abrazó por
dentro, acercándose para olerlo –No vamos a poder salir a comprar…
- Ishin, te estás comportando mal... – se rió abrazándolo de vuelta
y sintiendo su cuerpo caliente aún por el ejercicio. – Pero creo
que voy a tener que darme otro baño a este paso... – le tocó el
rostro con una mano observándolo. Le gustaba verlo sonreír así,
tan libremente. – Sabes que nunca he sido de los que se levantan
temprano.
-Claro que lo sé… y más desde que nos fuimos…- habló un poco más
serio poco a poco, casi sin percatarse. La verdad es que los echaba
de menos pese a que los veían de vez en cuando, aún así, la casa
estaba muy silenciosa ahora.
- ¿Qué sucede? ¿Te sientes nostálgico? – le sonrió comprendiéndolo.
Lo cierto es que no extrañaba el trabajo para nada, pero sí tener
a los chicos cerca. – Pero... no te arrepientes ¿o sí?
-Claro que no… era un agobio… me gusta estar aquí, contigo… más
que nada, es sólo que a veces extraño escucharlos por la casa… y
esas cosas- le pasó los dedos por el abdomen.
- Sí, lo sé, yo también. Podemos ir esta semana si quieres, ¿te
gustaría? – le acarició la mejilla, apartando un poco el cabello.
– Ellos parecen llevarlo muy bien sin mí ¿no crees? Toma es un líder
excelente.
-Toma hace lo que le gusta y punto- el moreno lo miró a los ojos
por si estaba preocupándose o pensando en el pasado –Creo que no,
no deberíamos ir… - le tiró del albornoz cerrándoselo un poco y
tirando de la tela para acercarlo y besarlo profundamente –Deberíamos
hoy… irnos por ahí… al campo…
- ¿Al campo? – sonrió el chico acariciándole la nuca y luego alborotándole
el cabello. – No te creí un amante de la naturaleza. Está bien,
vamos... Voy a vestirme y luego vamos de compras.
-Vale…- lo siguió por el pasillo y entró en el cuarto con él –No
soy un amante de la naturaleza… a veces está bien recordar que puedes
pisar suelo verde en algunos lugares ¿no?- se quitó los shorts para
coger unos jeans pensando que además quería alejarlo de todo y ayudarles
a ambos a acabar de superar aquello.
- No es como que sea malo ser un amante de la naturaleza. – se
rió porque lo notaba a la defensiva, y se subió sus propios jeans
negros, tomando un jersey del armario luego. – A decir verdad, a
mí me agrada, sabes que siempre estaba en el jardín.
-Vale, entonces a mí también me gusta…- se rió y lo miró de soslayo,
lanzándole los shorts que se había sacado a la cabeza.
- ¡Baka! ¿Así tratas a tu Oyabun? – se rió bromeando y lanzándoselos
de vuelta.
-Ya te dije que eso era sólo en la cama…- lo lanzó a la cama y
se tiró sobre él besándolo de nuevo y tocándole las abdominales
por debajo del jersey, observando sus ojos negros. –Nunca lo hemos
hecho al aire libre… no eres un verdadero amante de la naturaleza
si no lo haces con ella…
- ¡Ishin! – lo riñó Seishi, riéndose y besándolo luego. – Bueno,
pero vayamos a un sitio muy alejado entonces. No quiero público.
El moreno lo miró a los ojos luego de romper el beso –Sin público…
hace mucho que no cometo delitos… no lo estropeemos…
El chico se rió de nuevo remeciéndolo. – No, que ahora somos ciudadanos
respetables. Y mejor te levantas o no llegaremos al campo.
-Levántame si puedes… Oyabun…- se rió y lo chafó contra la cama,
aunque sabía que tal vez sí podría apartarlo.
- Pero si tú lo propusiste... – se rió, empujándolo con fuerza,
y rindiéndose. Ishin seguía siendo más fuerte que él y de todas
maneras no tenía muchas ganas de forcejear. – Mira, me rindo porque
te quiero... – bromeó, exhalando.
-Te rindes porque no puedes conmigo… - se rió y le levantó el jersey
para besarle el pecho, levantándose y tirándole de las manos de
golpe para llevarlo con él. Besándolo de nuevo al sujetarlo y separándose
para coger el revólver y guardárselo en la cintura del pantalón.
No… ya no eran yakuzas pero tenían ciertos enemigos… a los cuales
aquello no les importaría.
Seishi lo observó, sonriendo un poco ya que era perfectamente consciente
de la realidad, por más que preferiría olvidarla, tomó su propia
arma, guardándola así mismo. No podía dejar que todo el peso recayese
sobre Ishin, ya no era su protector. – Saeka no aprobaría esto...
– comentó, tomando la delgada cadena con el anillo y poniéndoselo
al cuello, metiéndolo luego bajo el jersey.
-Es nuestra vida…- Ishin lo abrazó por detrás, cruzando las manos
en su abdomen –No tenemos que vivir con la aprobación de nadie…
¿eres feliz?
- Mucho, como jamás pensé que lo sería. – sonrió de nuevo acariciando
sus fuertes brazos. – No puedo imaginar nada mejor que estar contigo,
así.
-Yo tampoco…- le besó la mandíbula y luego el cuello –Vamos a comprar…-
empezó a caminar llevándolo abrazado delante de él –El panadero…
me gusta la cara que pone cuando le pides el pan… - se rió contra
su piel.
- ¿Qué tiene? Es muy amable, ¿no? No sé por qué me mira así...
– frunció el ceño pensativo, realmente sin percatarse del rostro
amenazador que ponía a veces.
-Sí… es muy amable…- susurró pensando que siempre tenía que ir
a pagar el pan después cuando Seishi venía a contarle que muy amablemente
se lo había servido gratis. En realidad era por esa cara que ponía
cuando pedía la barra… él también se lo habría dado gratis –En realidad
es porque se muere de miedo… - se rió y salió con él del piso.
- ¿De miedo? Pero si no le voy a hacer nada... – se rió, negando
con la cabeza y pensando que debía ser alguna cosa extraña del mismo
hombre. – Además, me acompañas pocas veces, ¿cómo no sabes si a
lo mejor estaba de mal humor ese día?
-Es por esa cara que pones “una barra, por favor”- lo imitó y se
rió –Y porque saben que somos yakuzas… que lo fuimos… por cómo andamos…
por cómo hablamos… somos un desastre…- suspiró con fuerza y sonrió
levemente –No me avergüenza.
- Bien, porque a mí tampoco. Es lo que somos... lo que fuimos.
– le sonrió, empujándolo luego por si se estaba poniendo melancólico.
– Y no me sabes imitar bien... Además, hasta ahora no he matado
a nadie porque no me dé una barra de pan.
-Siempre hay una primera vez para todo… Cuando era pequeño, mi
madre una vez compró un pan que tenía una tirita dentro… asquerosa
y usada…- le narró poniendo cara de asco al recordarlo –Lo habría
matado de haber podido… - se rió con suavidad, sujetándolo por la
cintura y besándole los labios en la calle.
Seishi se rió en voz alta, mirándolo. – Entonces a quien debería
tener miedo es a ti, no a mí. Yo sólo hubiese exigido una barra
recién horneada.
-Ya… porque tú no te comiste ese asqueroso pan…- se rió y se metió
en el coche con él –Vamos… a ver si encontramos dónde comprar por
el camino…
- Debimos haber traído algo en donde guardar las cosas ¿no? Bueno...
– sonrió pensando que seguía sin estar acostumbrado a esa vida tan
pacífica y cotidiana. Pero aquello le encantaba, aprender a cuidar
esos detalles, hacer las cosas por sí mismo. Le hacía sentirse libre.
-¿Qué más da?- sonrió encendiendo el coche y tirando millas hacia
delante, sabía que había un monte bastante desierto en aquella zona.
Le pasó la mano por encima de la pierna con suavidad, tocándole
los músculos y respirando con fuerza mientras lo miraba de soslayo
–Aún no me acostumbro a no mirar para todas partes…
- Yo tampoco, ni a no pensar en qué territorio estamos... – asintió,
su sonrisa un poco más tenue, aunque no por tristeza. – Está bien,
supongo que es normal. De todos modos, nunca está de más ser precavido.
-No…- sonrió levemente y miró por la ventanilla, observando a Toma
pasar por la calle, un chico rubio a su lado, lo reconocía perfectamente
-¿Tan bien van las cosas entre Toma y Nakazato?
- Toma... no nos estás traicionando, ¿verdad? Perdón, Oyabun. –
sonrió el chico a su lado también, inclinándose un poco para asomarse
tras Ishin, aunque confiaba plenamente en Toma. En realidad tenía
curiosidad por saber lo que estaba sucediendo.
- Miyamoto-san, Ishin-san... – Yûgure inclinó un poco la cabeza
a señal de saludo, apresurándose a aclararles porque no hubiesen
malentendidos o más bien, para que no sospechasen. – No... ya no
estoy con los Nakazato, ahora soy uno de los Miyamoto.
-Así es… - Toma miró a los dos chicos y se inclinó ante él como
si aún fuera su Oyabun –Sabe que jamás lo traicionaría Oyabun…
-Ya no es…- Ishin fue interrumpido por Toma.
-Lo es para mí…
-Sí… también para mí…- compartió Ishin sonriendo levemente –pero
te ves muy bien…
-Todo va bien… los Nakazato y los Miyamoto nunca han estado tan
cordiales… hay buenas relaciones… No entran en nuestro territorio
y nosotros sólo vamos al suyo cuando es necesario “y eso es bastante
a menudo, pero sólo por diversión” se puntualizó mentalmente – En
cuanto a Yûgure… - le alzó un poco la camiseta para mostrarles el
dragón que subía por su cadera –Él es mi mano derecha…
- ¿Oh? ¿Y cómo sucedió eso? – preguntó Seishi, ignorando aquellos
comentarios acerca de su posición. Sabía que era inútil ponerse
a discutir con ellos y en realidad, era agradable sentir aquel cariño.
– Tranquilo, sólo pregunto. No puse a Toma a cargo sólo porque tenga
un bonito cabello.
El rubio lo miró, un poco rojo porque había pensado que iba a decir
otra cosa, sonriendo. – Yo sólo creo que su manera de hacer las
cosas es la más indicada. Siento gran admiración y respeto. – comentó,
reacio a decir simplemente que estaba enamorado, no lo veía muy
profesional.
-Y además, su cabello es un desastre…- Ishin sonrió levemente y
Toma se tocó un poco el pelo por encima de aquella eterna bandana
que llevaba siempre en el cabello.
-Pues no voy a cortármelo… - murmuró pasándose la mano por la barbilla
después. Se miró la muñeca y se inclinó un poco más apoyando la
mano en el techo del coche –Tenemos que irnos… Oyabun…- se inclinó
un poco, con respeto –Ishin… no tengo que pedirte que estés alerta…-
el moreno negó con la cabeza.
- No tienes que pedirle nada, terminará llevando su arma al baño
– se rió Seishi, observando al rubio una vez más y luego a Toma.
– Tú también cuídate, Oyabun.
- Ishin lo despidió con una mano antes de alejarse con el coche
–Yûgure… era la mano derecha de Nakazato… me pregunto si no fue
siempre un hombre de los nuestros… y Toma lo metió entre ellos a
escondidas… si no fuera porque confío en él estaría pensando algo
mucho peor…
- Porque Toma jamás nos ha traicionado. Por el contrario, después
de ti, siempre lo consideré el más leal. – Seishi lo miró, pensando
que seguía preocupándose tanto como siempre. – Hasta donde yo sé,
ese chico siempre fue de los Nakazato, pero las personas cambian,
¿no es así?
-Pues… claro… te he visto en calzoncillos bebiendo de la botella
de leche en la cocina… eso es un gran cambio…- el moreno sonrió
y lo miró de soslayo.
- ¡Tonto! Eso no se le dice a la gente así... – se rió, enrojeciendo
un poco. Lo cierto es que nunca se hubiera atrevido a comportarse
así mientras vivía con los chicos. – Pero no sé si notaste cómo
se miraban esos dos a veces.
Ishin miró atrás por el retrovisor, ahora se veían mucho más “tiesos”
que cuando no sabían que ellos estaban ahí. Suponía que a Toma le
cohibía haber visto al Oyabun, a él aún le costaba comportarse naturalmente
a veces –Sí… pero ya los había visto echarse miradas en otras ocasiones…
- ¿En serio? – el moreno lo miró sorprendido. Claro que él no se
había dado cuenta de nada. – No lo había notado. Sea como sea, es
mejor así. Siempre... es mejor tener a alguien que amas y que te
ama a tu lado.
-Tú no te dabas cuenta de cómo te miraba yo… ¿Cómo pretendes notar
cómo se miraban los demás?- le apretó la pierna y lo miró de soslayo
–De todos modos yo creía que se miraban por otros motivos.
- No... pero no es lo mismo... – se rió tratando de desviar la
conversación. – Me di cuenta a tiempo y es lo que vale, ¿no? – le
acarició la mano, deseando besarlo pero absteniéndose. No se quería
estrellar tampoco.
-Bueno… tendrás que compensarme los años de sufrimiento con lo
de disfrutar del aire libre…
- Creo que te he compensado bastante... – sonrió, recostándose
contra su hombro a pesar de todo.
-No…- susurró más bien como si lo que tuviera fueran mimos, apoyándole
una mano en la mejilla mientras conducía.

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