Yakuza Fanfic
Yaoi
Capítulo 35- Goodbye to Yesterday
Jin se abrochó la corbata al cuello, había tenido que ducharse
y arrastrar a su hermano fuera del hospital. De todos modos, el
doctor les había mandado dejar descansar a Nagare pero aún así le
había costado lo suyo llevarse al moreno de su lado. Era muy extraño
verlo de ese modo.
Gouka siguió sentado a la mesa, con los brazos cruzados bajo el
pecho, esperando a que llegasen Miyamoto y sus hombres. Jin se sentó
a su lado al poco rato, en medio de aquel almacén vacío. Sus hombres
estaban tras ellos y por más extraño que pareciese, todos estaban
de acuerdo con aquella nueva estructura de su familia.
-Ya llegan los Miyamoto…- uno de los chicos los avisó y luego abrió
la puerta, esperando a que entrasen y volviendo con los demás. Se
saludaron, y Miyamoto se sentó frente a ellos con Ishin y Toma detrás
de él seguidos de otros tres hombres.
-Miyamoto-san… - Jin lo miró a los ojos serio -¿Qué es lo que quieres?
- Nakazato-san... Tan directo como siempre – el moreno lo saludó,
sosteniéndole la mirada. – Deseo hablar de lo sucedido entre nuestros
hombres.
-Pues hazlo… - Gouka miró a un lado y luego a Miyamoto de nuevo
-Tus hombres nos atacan en nuestro propio territorio, asesinan a
uno de nuestros hombres tratando de matar al Oyabun y son asesinados...
es la ley…
Jin miró a su hermano porque no se hubiera esperado a que hablase
y luego miró a Miyamoto –Tal vez hayas venido a disculparte… por
lo indisciplinados que son tus hombres.
Seishi miró al pelirrojo y luego a su hermano, por poco aguantándose
las ganas de entrar en una pelea con ellos. Ya no lo soportaba más.
– Mis hombres actuaron sin mi consentimiento. Es cierto que hicieron
algo que no debían, por eso... me disculpo. – accedió, tragándose
su orgullo, aún así añadiendo. – Pero no creo que fuese necesario
matar a los dueños del lugar, eran personas pacíficas. De todos
modos, mi deseo es evitar una guerra en estos momentos.
-Evítala explicándole a tus hombres cómo no meter las narices en
nuestro territorio- Gouka lo miró a los ojos notando que estaba
tenso y Jin suspiró con suavidad.
-No queremos una guerra, Miyamoto, mis hombres no han salido de
su territorio… sería suficiente conque los tuyos hicieran lo mismo
¿crees que podrás conseguirlo?- se apoyó la mano en los labios,
esperando a que le contestase.
Ishin los miró a ambos, deseando pegarle un tiro a cada uno, pero
sin embargo sin mover las manos de donde estaban cruzadas a su espalda.
Miró a Toma que estaba de pie, observando al frente fijamente e
hizo lo mismo, tratando de sobrellevar aquella situación lo mejor
posible. De haber sido al revés, estaba seguro de que Miyamoto también
habría actuado de un modo similar.
Aunque en realidad lo que Toma miraba era a Yûgure y apartó un
poco la vista al percibir su mirada, sólo le habría faltado sonreír
en semejante situación, el rubio hizo lo mismo bajando un poco la
cabeza. Realmente se le hacía difícil.
- Mis hombres están conscientes de lo que deben hacer, y son perfectamente
leales a mí. Incluso los que me desobedecieron, lo hicieron por
lealtad. – Seishi aún mantuvo su calma y su cabeza erguida, aunque
por dentro estaba que echaba humo. – Es natural que se desesperen
cuando no hemos obtenido ninguna satisfacción ni justicia ante el
asesinato de Saeka. Imagino que no sabes nada del regalo que me
llegó ese mismo día, ¿o sí?
Jin negó con la cabeza –No, no lo sé- lo miró a los ojos, aquel
tema era distinto. No le gustaba demasiado que le recordasen a la
que había sido su prometida –Pero ninguno de mis hombres es culpable
de lo que le ocurrió a Saeka. Por más que crea razonable que quieras
culparlos para encontrar cierta lógica a su muerte.
- Y supongo que es coincidencia que el día después de este incidente
me llegase una caja con su tatuaje... – lo miró a los ojos, a pesar
de que aún le dolía y enfurecía recordarlo.
Jin apretó las mandíbulas –¡Yo no tengo porque darte explicaciones
sobre la coincidencia o no de lo que ocurra en tu casa! Miyamoto…
he dicho que mis hombres no son los responsables… si necesitas un
cabeza de turco para sentirte perdonado por ella, por no haberla
comprendido ni protegido… ¡te comprendo! Mejor que nadie… Pero los
dos tendremos que vivir con ello.
- ¡Yo no....! – Seishi dio un paso adelante, notando enseguida
como Gouka y Yûgure hacían lo mismo y calmándose. No podía dejarse
llevar así. De veras que no servía para aquello. – Quiero justicia
para Saeka. Pero lo que más me importa en este momento es aclarar
las cosas. Deseo negociar una tregua entre ambas familias, no sólo
entre tú y yo. – especificó, pensando en proteger a Toma también.
No quería que se salieran con tecnicismos después.
-Muy bien… ya te he dicho que habrá paz si no vuelven a entrar
en mi territorio. No les pidas a mis hombres que se fíen de quienes
los matan aún en tiempos de paz, antes necesito pruebas y de todos
modos, ellos no tienen nada que hacer aquí- zanjó el pelirrojo que
volvió a cruzar los brazos en cuanto el moreno retrocedió –Mientras
se encuentren en territorio neutral o en tu territorio… habrá paz,
mis hombres me obedecen… no me desobedecen por lealtad, son yakuzas
no gángsteres…
- Estoy seguro de que si alguien matara a tu hermano cuando vuelve
de nuestro territorio, las cosas serían distintas. Y no, no es una
amenaza. – añadió, antes de que lo acusara de eso. – Vine, porque
a pesar de todo, pienso que eres un hombre razonable y creo que
comprendes lo que intento hacer. Mis hombres no volverán a entrar
en tu territorio sin un motivo.
-Bien, eso es suficiente- el pelirrojo lo miró a los ojos absteniéndose
de decir nada sobre que tocasen a su hermano o lo que habría hecho
él –Sobre la muerte de Saeka, no puedo aportarte nada, si algún
día descubro quien fue… se hará justicia… así hayan transcurrido
mil años…
Yûgure permaneció serio, aunque intercambió una mirada breve con
Toma, apartando la vista enseguida.
- Te tomaré la palabra. – accedió Seishi, sintiéndose más tranquilo.
Sólo quería acabar con aquello. – Es lo que Saeka hubiera deseado.
-Sí… probablemente sí… - murmuró Jin pensando que no era una mujer
de las que perdonasen fácilmente. El pelirrojo lo miró a los ojos
–Pero dudo que desease que nos matásemos entre nosotros, eso es
todo, yo tampoco voy a olvidarla… Le dio el anillo que aún guardaba
–… seguramente hubiera preferido que tú lo tuvieras.
Seishi miró el anillo en su mano, conmovido a su pesar, aceptándolo.
– Gracias... – murmuró, pensando que era extraño, como una despedida.
Casi se sentía nostálgico. Apenas sonrió un poco, observándolo.
– De cualquier manera, tú tienes el del dragón.
-Sí…- Jin sonrió sin poder evitarlo, pensando en lo mucho que le
había molestado ponérselo aquella vez, sin embargo ahora siempre
lo llevaba puesto –Miyamoto-san…- se levantó y observó cómo se levantaba.
- Nakazato-san. – inclinó ligeramente la cabeza en despedida y
girándose para marcharse, Ishin y Toma con él.
Jin siguió a los Miyamoto con la mirada y esperó a que saliesen
para mirar a Yûgure. Se guardó las manos en los bolsillos y respiró
con fuerza –Supongo que comprendes que es cuestión de días… que
ya no seas un Nakazato…
- ¿Qué... qué quiere decir, Oyabun? – lo miró el chico, nervioso.
¿Habría averiguado que él era el asesino? ¿O sería por lo de Nagare?
De cualquier manera no saldría bien parado.
- Querrás ir al lado de Toma… y aunque querría que te quedases
a mi lado… supongo que os lo debo a ambos… así que de ahora en adelante…
los dos seréis lo mismo… Estoy seguro de que serás capaz de afrontar
tu papel como traidor a mí… para estar a su lado… -respiró con fuerza,
se le hacía difícil separarse de él. Demasiado… -Espero que sigas
siendo siempre un Nakazato…
- Por supuesto que sí, jamás... jamás lo traicionaría, Oyabun,
lo sabe. – se atrevió a mirarlo a los ojos, aliviado e incrédulo.
No hubiese esperado aquello, nunca dejaba de sorprenderlo, incluso
cuando pensaba que no podía admirarlo más. – Moriría por usted,
eso seguirá siendo cierto, esté donde esté.
Jin le sonrió y le pasó la mano por el cabello rubio, lo abrazó
con fuerza sujetándole la nuca –Ya sabes que eres mi hermano…
- Por siempre... – sonrió, sintiendo que se le llenaban los ojos
de lágrimas y tratando de aguantarlas para demostrar entereza.
-Aún no te vas…- se metió con él para que no llorase y le frotó
la espalda con una mano. –Espera un poco…
- Claro, no es que tenga apuro... – se rió, fingiendo, y mirando
a Gouka. – Además, tengo que asegurarme de que se lleven bien.
-Sí… tienes razón…- se rió y lo miró a los ojos, sujetándole aún
un brazo con suavidad –Gouka y yo intentaremos no matarnos mientras
no estás…

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