Yakuza Fanfic
Yaoi
Capítulo 33- Restlessness
Jin se echó hacia atrás contra el respaldo del sillón de la sala
de espera de la clínica. No había dejado de fumar sin parar desde
ayer por la noche y a pesar de que la ventana estaba abierta, aquello
parecía una chimenea.
A Nagare ya lo habían trasladado a uno de los cuartos privados
y seguía durmiendo, pero aún así hubiera deseado permanecer a su
lado, aunque sólo fuera para mirarlo. Miró al suelo observando la
ceniza caer desde sus labios, pensando que no debería fumar allí
y apagándolo en el cenicero. Esperando a Toma, preguntándose qué
era tan importante que no podía esperar un poco más.
El moreno había ido en uno de los coches de los Nakazato, teóricamente
para vigilarlo, aunque los que allí iban lo conocían perfectamente.
Se bajó del coche con las manos en los bolsillos y tiró el cigarro
a un lado, pisándolo y observando a Yûgure a los ojos mientras se
acercaba. Aún no había podido hablar con él de lo sucedido la noche
anterior y sabía que además aquel no era un buen momento para que
el Oyabun estuviera de humor.
-Hola….- lo miró a los ojos deseando besarlo y absteniéndose por
la situación, no quería errores, estaban a la vista.
- Hola.... – le sonrió el chico a pesar de todo. No podía verlo
sin sonreír, mucho menos después de tantas cosas. – ¿Ha sucedido
algo? Para que vengas aquí..... – lo miró a los ojos, serio de nuevo,
pensando que era una tras otra. – El Oyabun te está esperando.
-Vamos…- caminó detrás de él, observándolo y preguntándose qué
demonios iba a ocurrir, echando la mano atrás a su espalda y sacándole
el seguro al revólver por si acaso, mirando a Yûgure, asegurándose
de que no lo notaba –Han sucedidos algunas cosas importantes, pero
el Oyabun quiere que hable con él lo antes posible… - le indicó
el motivo por el cual no podía hablarlo antes con él.
- Está bien, no tienes que explicarte conmigo. – murmuró, sin girarse,
conduciéndolo por el pasillo hacia la sala, deteniéndose antes de
entrar. – Pero no vas a necesitar tu arma, Toma.... – lo miró a
los ojos, abriendo la puerta.
Toma lo miró pensando que no se le pasaba una, él no comprendía
la tensión que sentía en aquellos momentos. Jin alzó la vista, ahora
estaba de pie, mirando a Toma tras Yûgure. Era extraño verlo después
de tanto tiempo, en una situación así… Peor aún, apenas lo había
visto en unas cuantas ocasiones, su padre lo había enviado lo antes
posible lejos de la familia para que los Miyamoto no pudieran atar
cabos y desde aquel momento Yûgure había sido su lazo de unión a
sus órdenes –Toma… bienvenido…
El moreno hizo una leve reverencia –Oyabun…- lo saludó esperando
de pie, en realidad no quería ni bajar la guardia.
-¿Qué es eso tan importante?... que no puede esperar…
- El Oya… Miyamoto-san…- se corrigió, sintiendo una gota de sudor
en el cuello.
-Tranquilízate Toma… es normal…- Jin se acercó y extendió la mano
hacia él para que le entregase el arma, lo veía demasiado nervioso.
Pero Toma no lo hizo, no se la entregó, lo miró a los ojos como
no podía mirar a Miyamoto y sólo veía a otro hombre, no veía a su
líder –Quítale el arma- Jin le dio la espalda como si no temiese
para nada por su vida sólo con decirle aquello a Yûgure.
- Toma.... – el rubio extendió la mano hacia él, sujetando luego
su mano con suavidad. Lo comprendía pero también sabía que el Oyabun
no le haría daño, así sólo causaría problemas.
Toma lo miró y se sacó el revolver de la funda, entregándoselo.
¿Aquella era su familia? Una mierda! Miyamoto jamás le pediría que
entregase su arma –Lo que tengo que decir es que a Miyamoto–san
le urge reunirse con usted lo antes posible y lo antes posible es
esta tarde o como mucho, mañana.
Jin lo observó serio, no le gustaba su actitud… no le gustaba nada
-¿Nada más? Dile que no puedo, alguien importante para mí está herido
-Me temo que no puedo decirle eso, necesito esa cita…
Yûgure los observó a ambos, meditando. Toma había dicho “necesito”,
no “necesita”, eso lo empujaba a interceder por él, por supuesto.
Pero por otro lado, él era el causante de todo este incidente. –
Oyabun, sé que no es mi lugar, pero tal vez debería hacer una cita
corta. No desea arriesgar a Toma, ahora que se ha atrevido a venir
hasta acá. Debe ser importante. Si... si estoy equivocado, estoy
dispuesto a pagar las consecuencias.
Jin lo miró a los ojos, sentándose y llevándose dos dedos a la
sien. Ya tenía bastante encima, para ahora hacerse cargo de los
caprichos de Miyamoto –Yo no la maté… nadie de mi familia la ha
matado… suficiente… ¿Qué demonios quiere?!- golpeó la mesa y se
echó contra el respaldo.
-¿Hasta cuando voy a estar a dos bandos?!- Toma se alteró aún más
que él ya que no poseía la misma capacidad de control precisamente
–No lo soporto más! Oyabun, quiero una solución… o yo buscaré el
modo de solucionarlo…- frunció el ceño apretando las mandíbulas.
-¿Es una amenaza?- el pelirrojo observó sus ojos castaños y sonrió
levemente por el contrario calmándose sólo con notarse alterado.
-No, es un aviso…
- Toma! – lo riñó el rubio, preocupado por la situación, por un
momento sintiéndose tentado a confesar su crimen si con eso liberaba
al moreno. Pero no, aquello sólo sería peor para ambos. Se arrodilló
en el suelo, dejando a un lado su orgullo por el momento. – Oyabun,
Toma no quiere faltarle al respeto, sólo... ha sufrido mucho estando
lejos de su familia, conviviendo con nuestros enemigos.
-Levántate…- el moreno lo miró sin comprenderlo, nervioso. Simplemente
no podía soportarlo, se había arrodillado mil veces ante Miyamoto
pero ver a Yûgure arrodillado ante aquel que para él era un extraño…
Lo intentaba… necesitaba intentarlo, pero no sabía qué demonios
hacer, querría haber hablado antes con Yûgure.
Jin permaneció sin decir nada, tan sólo observando a Toma serio.
El moreno se arrodilló también junto a Yûgure, tragándose su orgullo
y recordando las palabras del rubio sobre que el Oyabun le protegería,
ni siquiera tenía su arma… -Lo siento Oyabun… me estoy volviendo
loco, necesito salir de allí… - lo miró a los ojos de nuevo, sentado
sobre sus piernas –Miyamoto deseaba emprender una guerra para vengarse
de la muerte de su hermana y sus hombres, pero lo convencimos de
que no lo hiciera… ahora desea retirarse de su puesto… yo quedaré
al cargo….
Yûgure lo miró sorprendido, con los ojos completamente abiertos,
y luego observó a Jin. Temía su reacción, ya sabía que había tenido
planes de apoderarse de ese territorio. Claro, tal vez esto les
convendría a todos.
El pelirrojo lo observó fijamente, comprendiendo aún mejor todo
ahora -¿Y que harás tú?... siendo un Nakazato…
-Implantar a un Miyamoto en esa familia, significará matarlos a
todos!
Jin se levantó frunciendo el ceño –No me importan sus vidas una
mierda! ¿Sabes a cuantos de mis chicos han matado? Toda su maldita
estirpe…
Toma bajó la cabeza, sabía que tanto su Oyabun, Miyamoto, como
él mismo, tenían las de perder contra los Nakazato -Por favor… se
lo ruego Oyabun… cuando yo suceda a Miyamoto, les haremos creer
que hay un pacto… evitaremos muchas muertes… deje ir a Miyamoto-san…
- apretó los dientes con fuerza, tragándose el orgullo como nunca.
- Oyabun.... – el rubio alzó un poco la mirada, sin atreverse a
mirarlo a los ojos, lo que más deseaba era proteger a Toma. – Oyabun,
confío en usted más que en nadie. Sabe que moriría por usted. Pero
si hay una guerra, Toma estaría atrapado en el medio. Le ruego que
lo piense.
-Lo pensaré… estoy… alterado…- el pelirrojo se pasó la mano por
la frente, reflexionando en todo lo que tenía encima –Lo siento,
Toma… te dije que hoy no debíamos hablar…
-No, lo siento yo… Oyabun…- el moreno siguió mirando al suelo con
las manos también allí apoyadas –Por favor… confío en usted, como
confié en su padre… sólo…
-Lo comprendo…- repitió Jin –pero necesito pensar… iros…
- Gracias, Oyabun – Yûgure inclinó un poco más la cabeza antes
de ponerse de pie, y salir de la habitación, seguido por Toma. Estaba
nervioso, pero sabía que su jefe no era injusto. Tomase la decisión
que tomase, sería la mejor. Aún así.... Se giró una vez afuera,
devolviéndole su arma al moreno que la cogió de inmediato para volver
a guardarla en la funda.
-Lo siento…- se disculpó. De haber recibido una bofetada o lo que
fuera, no le habría extrañado ni lo habría culpado. Había puesto
en peligro su vida estúpidamente, de un modo por el cual no habría
conseguido nada, por suerte al final le había entrado la cordura.
Pero el chico no hizo ademán de golpearlo, ni siquiera lo miró
con furia. – Toma... no vuelvas a hacer algo así, por favor. Te
comprendo, no creas que no, pero... – alzó la mirada, observando
sus ojos y deseando besarlo. – Te quiero, Toma. No podemos jugarnos
las cosas así, de manera inconsciente. No quiero perderte.
-Lo siento…- repitió de nuevo, sintiendo que nunca se había disculpado
tantas veces seguidas –No sé que hacer… todo se ha complicado aún
más… - salió del complejo respirando con fuerza, no se podía creer
que estuviera caminando con Yûgure por la calle. Lo miró de soslayo
deseando besarlo aunque sabía que no era posible –El Oyabun jamás
me cederá el territorio…
- No lo sé.... tal vez haya una manera. El Oyabun no es tonto,
Toma. Hará lo que sea mejor para los Nakazato. – movió los dedos
de su mano, tentado a sujetar la suya. Ahora que estaban juntos
en público, era aún peor. – Ahora está alterado. Ese chico le importa
mucho. A ambos, en realidad. – murmuró, preguntándose si sería la
forma de evitar que siguieran peleando o sólo era una paz momentánea.
– Trataré de hablar con él cuando esté más calmado.
-¿Quién es ese chico?- preguntó intrigado, mirándolo de soslayo
y empujándolo a un callejón para besarlo, lo rodeó con fuerza con
su brazo.
- Toma! – lo riñó, aún así sonriendo y besándolo de nuevo, antes
de que notaran su ausencia. – Nagare... es un prostituto que el
Oyabun recogió de donde Tamasaburo. Creo que se ha enamorado. Y...
está bastante claro que Gouka también.
-Qué complicado…- el moreno lo miró a los ojos –Tienen que discutírselo
todo… ¿y el chico? ¿Al menos ama a uno de los dos?
- Eso no lo sé, pero según Gouka, impidió que se suicidara. – le
explicó, recordando la escena. No había estado apuntando el arma
después de todo. Aún así, pensaba vigilarlo por su cuenta.
-Ya… pero eso no demuestra nada… - lo miró a los ojos y lo besó
de nuevo –Se iba a suicidar… - él también se lo había planteado
mas de una vez, sobre todo la noche anterior.
- Sí, no sé lo que estaba pensando... – bajó la mirada, suspirando.
Siempre era tan impulsivo.
-Tal vez no podía más… estaba cansado…- se acuclilló en el suelo
y se apoyó en la pared, de nuevo sintiéndose escondido en las sombras,
observando a la gente pasear allá afuera, donde daba la luz del
sol al contrario que en aquel callejón –He pensado… en no decirle
lo que Miyamoto pensaba hacer… a nadie…
- Eso hubiera sido una traición. – Yûgure se acuclilló para mirarlo,
notándolo mal. – Me tienes a mí, recuérdalo siempre.
-Lo sé… pero tal vez no quiero arrastrarte a lo que soy… no sé
lo que soy…- se pasó la mano por los labios –Miyamoto… sería fiel
a él… si pudiera... y no serlo me convierte en un cobarde…
- No lo eres. Haces lo que debes hacer, es tu misión. – le aseguró
serio, tocándole la mejilla luego. – Sé que es difícil.
El moreno se inclinó hacia él, apoyándose en su pecho –Te juro
que estoy demasiado cansado Yûgure… no quiero hacer nada…

Continua leyendo!
|