Yakuza Fanfic
Yaoi
Capítulo 32- There is More Than One Way
to Kill Yourself
- Nakazato-san... No, mejor Gouka-san.... – le sonrió el chico
acercándose a pesar de la cara que tenía, y acariciándole los hombros
como si le diese un masaje. Aún seguían vigilándolo pero eso ya
no importaba tanto. - ¿Por qué tan solo? Si vienes conmigo, te muestro
algo....
-¿A dónde quieres que vaya?- lo miró de soslayo -¿Y mi hermano?
¿Ha salido?
- Sí – asintió, tomándolo de la mano igual. - ¿Qué tal.... a mi
habitación? A donde podamos hablar en privado.
-¿Qué tal a la mía? Donde no se reboce mi hermano…- pasó delante
de él, serio, notando que había un chico al final del pasillo, lo
más seguro, vigilando por orden de su hermano. Le hizo una seña
para que se largase y el chico dudó un momento antes de que el moreno
insistiese. Entró en su cuarto, si no estaba hecho un caos era porque
había una mujer que lo arreglaba por él.
Nagare se le adelantó, dejándose caer sobre su cama y girándose
de espaldas luego, desatándose el kimono para mostrarle su tatuaje.
- ¿Te gusta?
El moreno le bajó un poco más la tela con suavidad, lentamente,
observando el dibujo y deslizando la lengua por él, aún sabía un
poco a sangre -¿Ya eres un yakuza?...- le olió la espalda y después
se acostó a su lado, pasando la mano por su piel y apretándole un
hombro con fuerza –Hubiera preferido acompañarte…
- Dado que me acompañó tu hermano, creo que hubiera sido problemático.
– le sonrió, girándose de lado para verlo. – Vio tus marcas...
-¿Y qué dijo?- lo miró a los ojos un poco nervioso aunque jamás
lo confesaría, sabía que había cometido un error dejándose llevar...
pero el sexo… no tenía control para él.
- Se enojó mucho, sobre todo porque me acababa de confesar su amor.
– le explicó, deseando recorrer el camino de la verdad tanto como
le fuese posible. – Creí que iba a matarme.
Gouka apretó las mandíbulas –Lo habría matado…- sintió que respiraba
un poco fuerte y prendió un cigarro distrayéndose en guardar de
nuevo el paquete, sabía que eso no le hubiera devuelto la vida,
pero no iba a disculparse. Y encima ese cabronazo le decía que lo
quería -¿Y tú le creíste? No te conoce de nada ¡¿Cómo te va a querer?!
- Gouka.... – murmuró el chico, bajando un poco la mirada. – Siempre
sabes qué decir... Pero... – le sonrió de nuevo aunque sin demasiada
confianza. – Estoy vivo ¿no?
-¿Y por qué? ¿Por qué estas vivo? ¿Eh?- lo miró a los ojos de
pronto desconfiando, sacándose la pistola de la funda y apoyándola
en su cabeza –Haz que me lo crea… ¡di algo!
- Gouka.... – Nagare observó el arma y luego a los ojos del moreno,
dolido. Pero era la manera de ser de Gouka, lo sabía. – Porque me
disculpé, porque le expliqué, y él lo comprendió, aunque te resulte
difícil de creer.
-¡¿El qué le explicaste?! Me has traicionado…- le cruzó la cara
con la mano que sujetaba la pistola, respirando con fuerza y sintiendo
como si se le fuera a salir el corazón del pecho. Había confiado
en él, incluso había dudado entre si creerse o no que lo amaba como
le había dicho aquella mañana… pero ni siquiera él podía elegirlo
ante su hermano.
- ¡No es una traición! ¡Tú dijiste que le dijera la verdad! – se
llevó la mano a la mejilla, con lágrimas en los ojos, aunque le
dolían más sus palabras que el golpe. – Y lo hice... le dije lo
que había sucedido entre nosotros, fui sincero porque... porque
no tenía otra opción.
Gouka levantó el seguro, escuchando el sonido del cargador y sintiendo
cómo por primera vez en muchos años dudaba a la hora de matar a
alguien, cómo sus manos temblaban al sujetar el revolver como cuando
era un adolescente -¿Qué le dijiste exactamente? ¿Por qué te dejó
con vida? ¡¿Por qué cojones eres un yakuza?! ¡Debería matarte… matarte
de una vez! Sabía que no eras más que una puta…
- Gouka... - Nagare apretó un o de sus puños, pensando, no podía
pensar bien así. – Le dije que ya te conocía, soy una puta después
de todo, ¿no? Era normal que... lo hiciéramos. Y le dije que no
había deseado lastimarlo, ni tú tampoco. – se arrodilló en la cama
mirándolo. – Así de difícil como es para ti pensar que alguien pueda
amarme, fue la razón por la que me perdonó. Y la razón por la que
te perdonó a ti, porque te quiere.
-¡Mentira! Vais a matarme… tú, no debí confiar en ti, seguro que
desde el primer momento que te acercaste a mí fue por que él te
lo ordenó… y habéis estado jugando conmigo… - retrocedió un poco
como si le atemorizase aquel chico delicado, desarmado y semi desnudo
¿por qué? Si tan sólo pudiera apretar ese gatillo…
- Me acerqué a ti porque estabas solo y porque me gustaba tu mirada.
– le aseguró, las lágrimas recorriendo sus mejillas de nuevo. -
¿Vas a matarme tú, Gouka? ¿Realmente crees que yo te lastimaría?
-Sólo confiaba en ti…- murmuró con la vista perdida. No podía
negar que se había hecho ilusiones, que había deseado que lo amase
a él, aún después de habérselo entregado a su hermano, de haberle
dejado compararlos por completo. Tal vez por eso lo había echo…
todo aquello… no para matarlo, si no para que la única persona a
la que había amado después de su madre, lo eligiese a él...
Levantó la pistola un poco más, apoyándola en su propia cabeza.
Haciendo retroceder el percutor, el barrilete giró… colocando el
cartucho paralelo al cañón y apretó el gatillo con el dedo índice.
El sonido abrupto del percutor retornando a su posición y finalmente
el disparo…
-¡¿Qué ha pasado?!
-¡Ha habido un disparo!
Varios hombres echaron a correr por los pasillos siguiendo el provenir
de aquel sonido o su intuición, Yûgure encabezándolos a toda prisa.
El rubio empujó la puerta con todas sus fuerzas dejándola de par
en par y reaccionando al ver al chico de cabello miel con aquel
arma en su mano, Gouka de pie frente a él. – ¡Gouka! – lo llamó,
olvidando los formalismos en un momento como ese, Nagare alzando
la mirada hacia él, comprendiendo por un momento lo que debía estar
pensando, pero su pistola se disparó antes de que pudiera reaccionar
propiamente.
Lo próximo que supo es que le dolía mucho el hombro, el pecho.
No sabía ni qué estaba pasando, pero no se sentía como si estuviera
allí siquiera.
-¡No! ¡Nagare!- Gouka que apenas había conseguido apartarlo lo
suficiente para que no acabase con su vida, lo sujetó en brazos,
corriendo con él a través del pasillo. Dios… aquello había ocurrido
por su culpa –¡Yûgure! ¡Llama a mi hermano! ¡Que alguien me lleve
con Yoshikawa sensei!- se sentía como si todo ocurriese rápido a
su alrededor. Ni siquiera sabía quien lo estaba llevando hacia el
coche, metiéndolo en el asiento trasero a toda prisa.
Sólo podía observar aquel rostro suave ahora manchado de sangre
–¡Deprisa!- les gritó al notar cómo lo mojaba con aquella calidez,
aquel olor dulzón que tan bien conocía –“No… por favor Nagare…”
- lo apretó contra él sintiendo la mirada borrosa y presionando
la herida para que no saliera más sangre.
- “Gouka”... – susurró el chico, apenas con un hilillo de voz,
intentando alzar la mano para tocarlo pero se sentía muy débil,
casi no podía mantener los ojos abiertos.
- Conteste... – murmuró Yûgure con el móvil junto a la oreja, a
la vez que conducía a toda velocidad. No estaba seguro de qué estaba
sucediendo, o de si el chico realmente estaba amenazando a Gouka,
se veía muy angustiado, peor que nunca, era su culpa.
Gouka lo miró a los ojos, sonriendo levemente sólo por escuchar
su voz, bajando la cara para acercarla a su mano ya que no podía
dejar de presionar la herida en su pecho -Nagare… perdóname…
-¿Ocurre algo?- el pelirrojo le contestó, apartando un poco al
chico que tenía bajo el brazo y levantándose al sentir el tono de
voz de Yûgure, sabía que algo iba mal.
- Lo... lo siento, Oyabun. Nagare está herido, le he disparado...
Estoy en camino a donde Yoshikawa sensei. – contestó, un poco nervioso,
pero no iba a mentir. – Gouka-san está con nosotros.
- “Te amo...” –susurró el chico, ya con los ojos cerrados, rindiéndose
a mantenerlos abiertos. No quería morir pero al menos era mejor
hacerlo entre sus brazos.
-Yo también te amo… - Gouka cerró los ojos llorando sin poder evitarlo,
mordiéndose el labio hasta hacerse sangre y apretando más cada vez
–Nagare… abre los ojos… ¡¿Dónde está Jin?!- le gritó a Yûgure como
si este pudiera aparecer en el coche de pronto.
El pelirrojo al otro lado si ya se había quedado paralizado al
escuchar al rubio, mucho más al sentir aquel grito de su hermano,
podía notar que estaba llorando… él… no lo había visto en años llorar
–Ahora mismo voy, cuida de mi hermano- le pidió apagando el teléfono
con los nervios desatados.
- Viene en camino – contestó el rubio con voz calmada aunque también
estaba tenso. Pero necesitaba mantener la cabeza en su sitio, tampoco
serviría de nada si se estrellaban. – Estamos llegando –anunció.
-Deprisa…- le pidió el moreno, saliendo del coche en cuanto se
detuvo y entrando en la clínica privada como si fuera su propia
casa, corriendo por los pasillos detrás del enfermero que se levantó
al instante para guiarlos.
-¿Qué ha ocurrido?
-¡Es un tiro!- Gouka lo miró de nuevo como si no lo viese, devolviendo
su mirada a Nagare.
-Tienen que salir de aquí…- el enfermero se los llevó hacia fuera.
-¡No!- el moreno lo apartó violentamente –¡No quiere estar solo!-
protestó, en realidad era él quien no quería dejarlo solo.
-Están molestando y lo ponen en peligro, ¡tienen que salir de aquí!-
el hombre lo sacó igual. Sintiendo cómo cedía al escuchar eso, aún
así sin dejar de mirar al chico hasta que la puerta se cerraba.
Se miró las manos jadeando y llevándose una a la cara, dejándose
caer contra la pared con la espalda y de nuevo tratando de contener
las lágrimas.
- Gouka-san... – Yûgure se acercó, deseando poder consolarlo de
alguna manera, pero aquello se sentía incluso hipócrita. De todos
modos, colocó una mano sobre su hombro.- Lo siento... Yoshikawa
sensei es uno de los mejores... – permaneció en silencio luego pero
sin soltar su hombro. No recordaba haberlo visto llorar así jamás.
El moreno no dijo nada, tan sólo se acuclilló en el suelo llevándose
las manos a la cabeza y dejando que le cayese el cabello sobre los
ojos –Dios… acababa de evitar que me pegase un tiro… Dios… Nagare…
- se mordió el puño con fuerza tratando de dejar de llorar, todo
sabía a su sangre, olía a su sangre, hubiera deseado no tener que
verla nunca…
Yûgure se quedó en silencio aún, sorprendido. ¿Así que eso era
lo que había sucedido? – Lo siento, yo pensé... sólo quise protegerlo
– se disculpó, aunque seguro a Gouka le valía de muy poco eso ahora.
Si Toma estuviese en esa situación, a él no le hubiese hecho gracia
ninguna disculpa. Por supuesto, no era lo mismo... ¿o sí? Gouka
parecía devastado.
- … es mi culpa… ahora… sólo quiero que esté vivo…- le dio un puñetazo
a los bancos del pasillo deseando hacerse daño con algo, lo que
fuera, como si aquello fuera de algún modo a hacer que Nagare sufriese
menos.
............
Jin corrió por el pasillo hacia ellos, observando la cantidad de
sangre que cubría a su hermano, mirando a Yûgure, estaba seguro
de que no le habría disparado sin un buen motivo -¿Qué sucede? ¿Qué
han dicho? ¡¿Han dicho algo ya?!
- Aún no, estamos esperando. Oyabun... – bajó la cabeza, apesadumbrado
dijese lo que dijese Gouka.
En ese mismo momento, una de las enfermeras abrió las puertas acercándose
al grupo, por poco dando un salto por la manera en la que la asaltaron.
– la bala salió de su cuerpo en línea recta, por suerte para el
chico no tocó ninguno de sus órganos vitales. Pero perdió mucha
sangre, estará inconsciente. El doctor se está encargando de él
ahora mismo.
El moreno la miró aliviado, tapándose la boca para que no se viese
su expresión de dolor y alivio –Quiero verlo…- casi apartó a la
mujer de no ser porque Jin lo sujetaba desde atrás –Dé! Déjame…
- detuvo la orden, pidiéndoselo más bien.
-No pueden entrar… hasta que pasen unas horas al menos… lo siento…-
la mujer por poco sale corriendo, escabulléndose de ellos.
Jin apretó más a su hermano contra él, no soportaba verlo así y
deseaba ver a Nagare tanto como él. Abrió un poco la puerta para
mostrárselo en la cama, parecía dormido aunque estaba muy blanco
y estaban limpiándole la sangre.
-Nagare…- susurró el moreno llorando de nuevo. Si hubiera podido
razonar, habría preferido cualquier cosa antes que llorar delante
de él. Pero eso no importaba ahora, era por culpa de su “puto” orgullo
por lo que a Nagare le había sucedido aquello
Jin la dejó cerrarse de nuevo y lo volteó contra él. Mirándolo a
los ojos. También estaba llorando y Gouka lo apartó de él, el pelirrojo
abrazándolo de nuevo, por la fuerza hasta que se dejó sujetar, como
si estuviera cansado de luchar con aquello. El pelirrojo miró a
Yûgure por encima del hombro de su hermano que no dejaba ahora de
llorar contra su cuello, mordiéndose el labio y enmudeciendo los
quejidos, el rubio apartando la mirada y alejándose un poco, pero
sin irse de allí.
Ya era la segunda vez que lo hacía llorar, y ahora también a Gouka.
Había sido un error y seguía sin arrepentirse de lo de aquella mujer,
pero tampoco lo hacía sentir demasiado bien.
Jin le sonrió un poco para tranquilizarlo –Estoy seguro de que
hiciste lo correcto… lo que yo hubiera hecho en tu lugar…
- Lo siento Oyabun, creí que Gouka-san estaba en peligro... Me
equivoqué. – se inclinó, disculpándose de nuevo. No sentía que ninguna
disculpa fuera suficiente.
-No… yo intenté pegarme un tiro… Nagare apartó el arma y… la culpa
fue mía… - el moreno se llevó una mano a la sien, algo mareado,
sentándose en el banco.
- ¿Por qué no llevas a mi hermano a casa? Sólo queda esperar… yo
lo haré…
-¡No!… yo no me voy a ninguna parte…- el moreno se apartó bruscamente
como si acabase de percatarse de lo que hacía –Me quedo con Nagare.
-Gouka… estás cubierto de sangre… Tú no quieres que Nagare te vea
así…- lo miró a los ojos y el moreno apretó las mandíbulas.
-¡No me iré!- casi le gruñó.
-Esta bien…- el pelirrojo lo miro, sintiéndolo mucho mas “dócil”
que nunca –Entonces llamaré a alguien para que te traigan ropa…
- Yo mismo iré, Oyabun, Nakazato-san. No tienen que preocuparse
por nada. Traeré algo de comer también – se inclinó de nuevo el
rubio, intentando hacer todo lo que podía por ellos. Además, le
parecía que necesitaban hablar.
-Está bien… pero no tardes…- el pelirrojo lo siguió con la mirada,
sujetándole la muñeca después –Mejor llama a otro, quiero que te
quedes con nosotros, como siempre.
-Quédate- el moreno lo miró también, sujetándole la otra mano y
sentándolo en el banco mirando al suelo de nuevo, hundiéndose los
dedos entre el cabello, deseando poder fumarse un cigarro.

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