Yakuza Fanfic
Yaoi
Capítulo 31- Just Do It
Toma llamó a la puerta antes de entrar, tras obtener el permiso
de Miyamoto y se sentó delante de él en el suelo de tatami –Quería
hablarle… - lo miró fijamente. Se sentía bastante incómodo a su
lado. Traicionarlo le torturaba, aunque esa había sido la intención
de su misión todo aquel tiempo ¿acaso no había sido todo una traición
tras otra? No podría negar que también habría traicionado en cierto
modo alguna vez a su propio Oyabun… para proteger a la familia Miyamoto.
- Claro, Toma, sabes que siempre puedes hablar conmigo. – lo miró
al chico tranquilamente, sintiéndose un poco sedado tras tantas
emociones. No sabía si era prudente decirle algo a Toma de sus planes,
o si esperar un poco más.
-Es sobre esa charla que desea tener con Nakazato-san… me gustaría
ir mañana mismo como mediador… y solicitarla lo antes posible- se
veía cansado, en realidad no tenía buena cara para nada.
- Toma... – el moreno sonrió tomando una de sus manos entre las
suyas. –Siempre estás allí para ayudarme. ¿Estás seguro de que deseas
hacer esto? No quiero que te arriesgues.
-Estoy seguro de que soy el más apropiado, Oyabun- apretó un poco
su mano porque en realidad se sentía frustrado, por momentos deseaba
gritar “soy un traidor!!”, que lo cosieran a balazos y acabar por
fin con aquella tensión que no le dejaba casi respirar. Sí… sería
agradable… la tranquilidad… al fin… -¿Cómo se encuentra?
- Estoy bien, gracias. No te preocupes, resistiré – lo miró a los
ojos, sonriendo un poco, sin soltar su mano. Realmente necesitaba
el apoyo de sus chicos, sobre todo el de Ishin y Toma. Sin ellos,
seguramente se hubiera derrumbado . – Toma, te agrada ser yakuza
¿no es así? Y eres fuerte.... ¿Cómo está tu herida?
-Bien, sólo fue el músculo, no me llegó a tocar el hueso, gracias
Oyabun, por tu interés…- se sacó la bandana de la frente y se la
pasó por la cara –Sí, me agrada, es lo único que sé hacer bien.
Seishi lo miró asintiendo. – No digas que es lo único que sabes
hacer bien, dí que es lo que mejor sabes hacer. – bromeó, riendo
ligeramente, aunque la expresión de sus ojos no cambiaba. – Lo que
voy a decirte es un secreto, Toma. Sólo Ishin lo sabe y no debe
salir de esta habitación, ¿lo comprendes?
-Lo comprendo, Oyabun…- bajó un poco la cabeza esperando aquel
secreto del que no se sentía merecedor, deseaba que no se lo contase
y apretó los puños con fuerza sobre el tatami –Puede confiar en
mí- las palabras le sabían a hiel.
- Lo sé. – murmuró observándolo. Se veía tenso pero no era para
menos, todos estaban así. – He estado pensando en dejar esto. No
creo poder soportarlo mucho más. Ishin.... iría conmigo. – lo miró
a los ojos, imaginando que ya sabía lo que había entre ellos.
-Comprendo…- trató de controlarse para que no se notase en su rostro
la gravedad de lo que escuchaba, estaba nervioso. De pronto, pasaban
muchas dudas por su cabeza y una de ellas era la peor de todas –Creo
que es la decisión correcta, Oyabun.
- ¿Tan terrible soy? – sonrió sin muchas ganas, bromeando tan sólo
a medias.
-No, Oyabun!- lo miró a los ojos serio –No es así! No tiene derecho
a menospreciarse, nos menosprecia a todos… - frunció el ceño y le
sujetó un hombro –Usted no es un asesino, no es un canalla, eso
es todo.
- ¿Y tú sí? Tranquilo... – suspiró, tocándole ahora la mano que
le sujetaba el hombro. – Sólo bromeaba.... Toma, de todos mis hombres,
excluyendo a Ishin, claro, tú eres el más leal que tengo y el más
fuerte. Y por parte de Saeka, te considero como mi sangre.
-Gracias, Oyabun, no merezco ese trato- respiró con fuerza, pensando
en lo mejor para ambos clanes -¿Y qué hará, Oyabun? ¿Por qué desea
entonces hablar con Nakazato?
- Porque no voy a dejarlos en esta situación, siguen siendo mi
familia. Sería una cobardía huir así y dejarle el problema a otro,
¿no crees? – lo observó, preguntándose si comprendía a lo que iba
llegando. – Quiero hablar con Nakazato porque es lo único que puedo
hacer ahora, aparte de armar una guerra. Aún no hemos obtenido una
solución satisfactoria por lo de Saeka, y luego de lo que sucedió...
creo que lo mejor será aclararle que no fueron mis órdenes. No quiero
perder a nadie más.
-Una guerra… - ¿De nuevo? Pensó nervioso otra vez apretando una
mano con la otra sobre sus piernas –Una guerra no será la solución
satisfactoria para nadie…
- No te pongas nervioso, Toma. Me refería a que excluyendo la guerra
es la única solución, hablar con Nakazato, llegar a algún tipo de
acuerdo. – lo miró a los ojos, serio. A pesar de su odio mutuo,
le parecía que Nakazato era una persona razonable.
-Oyabun… ¿piensa deshacer la familia?- preguntó mirándolo a los
ojos y esperando de nuevo por una solución que frenase el derramamiento
de sangre.
Seishi negó con la cabeza, sin apartar la mirada de sus ojos, y
colocando luego sus manos sobre los hombros del chico. – Toma, quisiera
pedirte que te encargues de mi familia.... de tu familia cuando
yo no esté.
Toma no pudo disimular la sorpresa en su rostro. No podía evitar
pensar en lo que se venía encima con esa decisión. Dudaba mucho
que el Oyabun desease aquel territorio en manos que no fueran las
de su hermano… Por otra parte, no podía rechazar a Miyamoto, sería
un error terrible… ¿acaso de pronto aquello se iba a convertir en
una lucha entre él y Nakazato? Los hombres de Miyamoto, tras haber
eliminado a quienes desconfiaban, seguramente aceptarían su liderazgo…
-Sería un honor…- respondió inclinándose ante él con el corazón
retumbando en sus sienes, no tenía ni la más absoluta idea de lo
que estaba haciendo. Se había pasado la vida tomando decisiones
en función de los deseos de los demás… dando tumbos…
- Sería un honor para mí. Y sé que los chicos estarán de acuerdo,
no puedo pensar en nadie más apropiado para el cargo. – sonrió,
observándolo y tocándole la mejilla para que lo mirase. – Pero Toma,
deseo que ocupes este cargo sólo si es lo que deseas, no obligaré
a nadie.
-Lo deseo Oyabun, es lo que deseo… le juro que voy a protegerlos…-
lo miró a los ojos manteniendo su mirada con firmeza, esa era una
de las pocas decisiones de las que no se arrepentiría –… ¿puedo
preguntarle de qué hablará con Nakazato entonces?
- Acerca de lo sucedido, de quien envió el tatuaje, y.... ya debería
tener una respuesta. – murmuró, frunciendo un poco el ceño, no por
enfado, si no porque no le gustaba recordar aquella caja. – Y le
aclararé lo que sucedió con mis hombres.
-Comprendo… pero en realidad, Oyabun… no creo que haya sido Nakazato…
Creo que había algo que no sabíamos sobre Saeka-san… que llevo a
alguien a hacer algo así… No creo que Nakazato como líder hubiese
enviado algo así…
- Pero él debe saber, debe conocer a sus hombres. Sé que fue uno
de ellos. – murmuró, mirándolo de nuevo. – Saeka no se merecía eso,
no insinúes algo así.
-No insinuaba algo así, Oyabun!- bajó un poco la cabeza, respirando
con fuerza –Creo que ella estaba haciendo algo muy peligroso… traicionando
a Nakazato… creo que no pensaba simplemente unirse a él y vivir
en su casa para evitar las guerras entre las familias, creo que
quería matarlo y que uno de sus hombres lo descubrió… Me he enterado
de que Nakazato mató a uno de sus hombres mientras conducía su propio
coche… - bajó un poco la mirada y la alzó de nuevo a sus ojos. Mentir…
una y otra vez.
- ¿Uno de sus propios hombres? Tal vez.... De todos modos será
mejor aclararlo. No creo que sea conveniente dejar las cosas así
– lo miró, más relajado, suspirando de nuevo. - ¿Saeka te dijo algo?
De sus planes....
-No exactamente, aunque sí me dijo que me amaba… - susurró bajando
la vista al recordarla, de nuevo pensando que había sido un peso
muy grande que Yûgure le había sacado de encima y aún así sintiéndose
terriblemente al recordar aquella noche juntos –así que claramente
no amaba a Nakazato y cuando le pedí que por favor no se casase
con él entonces… me dijo “tranquilo, no será para siempre” aunque
en ese momento yo pensé que sus palabras tenían otro significado…
estaba ebria…
- Saeka.... – susurró el chico, apretando las manos y deseando
tenerla enfrente para gritarle. ¿Quién demonios le dijo que hiciera
esas cosas? – Saeka era una necia...
-Encantadora…- Toma apoyó una mano sobre las suyas sonriendo levemente
aunque con tristeza –Siempre la he admirado por algo… y es que ella
no atendía a normas… siempre hacía lo que deseaba… hasta el final…
lo hizo.
- Lo sé.... pero no sigas su ejemplo, es pésimo- le sonrió igualmente
con aquel aire de tristeza en su mirada.
Toma sonrió también –Sólo hay una vida… y no sabemos cuando se
acaba, lo mejor es hacer lo que deseas ahora… tal vez no tengas
la oportunidad si no… en un mundo como el nuestro…
- En un mundo como el nuestro.... Si mueres, iré a buscarte personalmente,
y no te gustará. – le sonrió un poco más, aunque sabía que tenía
razón, pero no soportaría perderlo también.
-Gracias Oyabun… pero me daría un buen susto…- se rió tratando
de llevar mejor la situación por ambos –Mañana hablaré con Nakazato
y le conseguiré una cita para ese mismo día si lo desea…
- Gracias, Toma. – asintió el chico sonriendo y tomando una de
sus manos de nuevo entre las suyas. – De veras, gracias. Supongo
que tienes cosas que hacer ahora.
-Sólo dormir… estoy cansado… - lo miró a los ojos pensando que
deseaba hablar con Yûgure, se sentía muy confuso. No le diría nada
a Nakazato por el momento de que él se quedaría con la familia…
¿y si ya no era necesario y en ese mismo momento le pegaban un tiro?
No podía fiarse de nadie, de un lado ni del otro… sólo de Yûgure…¿y
si…? No… Yûgure… no podría traicionarlo ni aunque el Oyabun se lo
ordenase… ¿no? ¿acaso no había él engañado a todos allí? “Me estoy
volviendo loco…paranoico…” –Oyabun…- se puso de pie sin mirarlo
directamente para no faltarle al respeto - ¿Le dirá a Nakazato que
piensa dejar su puesto?
- No, no es asunto suyo. Y no deseo que me trate como algo pasajero.
A veces tengo la impresión de que piensa que no voy en serio. –
lo miró, frunciendo el ceño de sólo pensar en eso, y preguntando
luego. - ¿Sabes donde está Sasaki? Lleva horas sin aparecer....
-No, pero como tenía el día libre… tan vez allá ido de chicas…-
le sonrió aunque interiormente se le había congelado la sangre al
escuchar su nombre, no convenía que se enterase de eso ahora. Se
quedó parado allí por si aún deseaba hablar con él de algo más.
- Sí, tienes razón. – sonrió, sacudiendo la cabeza. Algunos sólo
pensaban en eso apenas tenían algunas horas libres. – Está bien,
puedes ir a descansar, y si ves a Ishin por el camino, le dices
que venga por favor. – le pidió, aunque suponía que el moreno vendría
solo de todas maneras.
-Claro, procure descansar también… - susurró abriendo la puerta
y notando a Ishin en la entrada esperando para darles privacidad.
Le hizo una seña para que entrase y el moreno esperó un poco antes
de pasar al cuarto y cerrar la puerta tras él.
-He llegado hace poco…- le aseguró, porque había tenido que salir.
- Ishin. – Seishi se puso de pie, abrazándolo ahora que la puerta
estaba cerrada. – Me preguntaba por qué no venías. – murmuró sin
importarle si aquello se veía muy de líder o no, lo necesitaba y
eso era todo lo que le importaba en ese momento.
-Estaba esperando en la puerta…- le devolvió el abrazo, frotándole
la espalda con una mano y sintiendo la tela de la camisa. Al menos
esta vez estaba vestido y no en yukata como un fantasma. No sabía
qué ocurriría con lo que iba a enseñarle, pero aún así le mostró
dos billetes de avión que tan sólo les dejaban unos días más allí.
- Esto.... ¿tan pocos días? No sé si estoy listo.... – murmuró
nervioso al ver los billetes. No era que no quisiese irse, pero
lo tomaba por sorpresa.
-No estarás listo nunca… sólo tienes que hacerlo… - se quitó las
gafas de cristales azules y se las guardó en el bolsillo del pantalón,
alzándole un poco la cara y mirándolo a los ojos.
- Le hablé a Toma acerda de nuestros planes... – confesó el chico,
mirándolo con los ojos entrecerrados. Tenía razón, sólo tenía que
hacerlo.
-Sí… más o menos, lo he escuchado… - le pasó la mano por el pecho,
escuchando el sonido de la tela y abrazándolo de nuevo, apoyando
la nariz contra la suya –Todo irá bien…
- No deberías escuchar a tu jefe por la puerta... – se rió, sintiéndose
tranquilo entre sus brazos. – Lo sé, mientras estés conmigo. Gracias
por no dejarme cometer una estupidez.
El moreno lo miró algo avergonzado porque le dijera eso –No quería
que tuvieses que pasar la pesadez de contármelo todo de nuevo… además…
sé que me estás tomando el pelo…- obvió el otro tema porque no deseaba
que le agradeciera por eso y le dio con una mano en las nalgas,
abrazándolo de nuevo y apretándolo con fuerza -¿Recuerdas cuando
éramos pequeños? Yo te apretaba a ti… y tú me apretabas a mí a ver
quien se rendía antes…
- Yo siempre perdía.... Y luego te atacaba cuando estabas desprevenido
en venganza. –se rió, apretándolo también. De todos modos, desprevenido
o no, siempre perdía.
-Tú eres… eras…- se rió –más pequeño y además yo no quería dejar
de abrazarte… así que te asfixiaba…- le besó una mejilla pegándose
más a él y cerrando los ojos en su cuello mientras olía su piel
allí –Me he pasado toda la vida detrás de ti…
- Y ahora estás frente a mí y puedo verte mejor de lo que jamás
lo he hecho. – Seishi acarició su cabello con suavidad, cerrando
sus ojos también. – Vosotros dos, fuísteis los únicos que me hicisteis
sentir que no estaba solo. – murmuró, refiriéndose a él y a Saeka.
-Y no lo estás…- movió un poco la cara contra su hombro y lo aproximó
más a él sin dejar de acariciarle la espalda –Esto también pasará…
- Lo sé.... lo estoy intentando. – susurró sonriendo un poco y
apretándose más contra él, como si aún jugaran ese juego infantil.
Sonrió levemente también y le besó los labios superficialmente
varias veces, apretándolos contra los suyos y bajando la cara contra
la de él nuevo, apretándolo todo lo que podía –Te voy a hacer papilla…
- Yo no me voy a rendir nunca, ¿sabes? – sonrió más, apretándolo
con más fuerza aunque no llevaba esperanza de ganar.
El moreno lo tiró con él sobre el tatami aplastándolo con su peso
también, sin poder evitar reírse –Y me encantaba hacer esto… porque
después siempre te rendías…
- Ishin! Eso es trampa! – se rió el chico, revolviéndose, y respirando
algo pesado por el peso del moreno. – Está bien, me rindo, me rindo,
pero sigue siendo trampa....
-No… estoy usando lo que tengo para ganar…- se apoyó a cuatro patas
y lo miró a los ojos sonriendo levemente, pensando en lo mucho que
deseaba que fuera así… siempre… -Si ahora estuviéramos en un piso…
los dos solos…
- Me ganarías igual, pero podría protestar a más volumen- se rió
de nuevo, pensando en cómo lo relajaba. Hacía tan sólo unos minutos
ni podía pensar en sonreír de veras. Y ahora, de sólo estar con
él, incluso se sentía libre.
-Nos reñirían los vecinos…- se rió y se dejó caer de nuevo sobre
él, esta vez sin aplastarlo –Ya me tarda ver qué cara pones cuando
vayas a comprar el pan…
- Eso es tu tarea, seré tu Oyabun solamente – se rió, porque estaba
claro que bromeaba. – No soy tan inútil como piensas, Ishin, sé
comprar el pan.
-¿Sin asustar al panadero?- se rió y lo miró a los ojos –Ya sé
que no eres un inútil… a mí me gusta cómo haces cualquier cosa…-
se apoyó en los codos y le sujetó las manos posándolas a los lados
de su cara y besándolo con suavidad –Te dejo ser mi oyabun en la
cama si quieres… siempre que pensaba cositas…- se rió enrojeciendo
un poco pero restándole importancia –pensaba “Oyabun…” y luego me
decía que debía cambiar eso en mi fantasía… pero no podía…- siguió
explicando reído.
- Pero prefiero que me llames Seishi, a menos que eso te ponga....
– le sonrió, buscando sus labios de nuevo. – Sabes que me gusta,
oírte decir mi nombre... Por mucho tiempo me sentí como si fuera
un título.
-No me pone…- se rió contra sus labios y lo besó otra vez, entrecerrando
los ojos y haciéndolo más profundo en aquella ocasión. Rompió el
beso y le pasó un dedo por los labios –Me pone más Seishi… pero
lo sentía prohibido… cuando hablaba con mi padre y le decía Seishi…
me pegaba…- se rió girándose para dejarlo a él ponerse encima –Ahora
estoy desprevenido…
- Tu padre, debe estar bastante harto de nosotros ahora. Seguro
está pensando “Si Miyamoto-sama estuviera vivo...” – se rió, refiriéndose
a su propio padre y apretando al moreno contra sí, subiendo una
pierna para ganar algo de ventaja.
-Mi padre siempre está harto de todo…- sonrió pasándole la mano
por la pierna y besándolo otra vez –Seishi… así acabaremos jugando
a cosas de mayores… creí que volvíamos a la infancia…
- ¿No podemos hacer las dos cosas? – le sonrió, halándolo por la
camisa para que lo besara de nuevo. – Amo al niño en ti, y amo el
hombre que eres.
-¿Aquí?- lo besó de nuevo y sonrió, preguntándose si entraría alguien,
pero le importaba muy poco, nadie entraría sin permiso. Llevaba
días rogando que Seishi volviera a desearlo aunque lo comprendía
perfectamente. Lo besó sin darle tiempo a contestarle aún, tirando
de su camisa para sacársela del pantalón, el chico desabotonando
la camisa del moreno, para descubrir su pecho, besándolo de vuelta
apasionadamente.
No quería saber de nada más, sólo de Ishin, su cuerpo, y su corazón.
La manera en la que lo hacía sentir, olvidar todo lo demás. Bajó
la camisa por sus hombros acariciándolo.
Ishin atrayéndolo de nuevo para que no dejara de besarlo, cerrando
los ojos mientras sus manos se movían, desabrochando el pantalón
de Seishi. Tiró de la tela hacia abajo lo suficiente como para arrastrar
su ropa interior y sujetar sus nalgas con las manos. Las apretó
con fuerza una y otra vez, moviéndolas, jugando con ellas y sintiendo
cómo su sexo se erguía, apretado contra el moreno. Le sujetó la
nuca con una mano y acarició su espalda con la otra a pesar de la
camisa, deslizando dos dedos entre sus nalgas y acariciando su entrada,
antes de penetrarlo con ellos, el interior de su cuerpo se sentía
estrecho y húmedo, caliente.
- Te amo, Ishin... – susurró el chico, jadeante, sonriendo un poco
mientras apretaba sus dedos con sus nalgas, sintiéndolos moverse
en su interior, excitándolo. Bajó el rostro por su pecho, besándolo.
-Si no fueras mi Oyabun… y sólo mi novio… te haría esto…- se volteó
sobre él de nuevo, quitándole los pantalones por completo y girándolo
de espaldas a él, deslizando la lengua entre sus nalgas, empujándola
profundamente en su ano y apretando sus nalgas de nuevo, separándolas
y lamiéndolo dentro –Pero así no me atrevo…- sonrió jugando con
él y besándole la espalda mientras acariciaba su sexo, apoyando
las caderas contra sus nalgas.
- Ah... baka... – se rió el chico estremeciéndose y gimiendo con
suavidad al sentir su lengua y luego su mano sobre su sexo erguido.
– Soy... soy tu novio, y ya lo hiciste... – alzó un poco las nalgas
rozando el sexo del moreno con estas.
-Hum… lo sé… - sonrió siguiendo con la mirada el dragón que se
dibujaba en su espalda, la cola enroscada sobre una de sus nalgas.
Le apretó la cintura con ambas manos, bajándolas por sus caderas
y separando sus nalgas aún más, observando cómo su ano palpitaba
caliente -¿Sabes que me pone mucho tu tatuaje?- sonrió levemente,
acariciando su sexo de nuevo mientras se frotaba entre sus nalgas,
sintiendo cómo lo presionaban y bajando su sexo con la otra mano,
entrando en su cuerpo –Agh… Seishi…- le frotó las nalgas y después
los muslos, inclinando su cuerpo hacia atrás mientras se movía dentro
de él, sujetando ahora sus testículos con una mano y su sexo con
la otra.
- Ishin... debiste... tener una erección cuando me lo hacía...
– jadeó, sonriendo y alzándose un poco con las manos, para sentirlo
mejor, su sexo palpitando con urgencia, los gemidos escapando de
sus labios más frecuentemente. Todo su cuerpo era suyo, era como
si lo conociera mejor que él.
El moreno miró su espalda serio, enrojeciendo un poco y sonriendo
mientras le sujetaba la nuca con una mano, ayudándolo a moverse
–Sí… la tuve… todas y cada… una de las veces… que íbamos… - confesó
apretando más su sexo e inclinándose sobre él para lamer el sudor
que se dibujaba en su columna.
- Eso... está bien... – jadeó de nuevo, girando ligeramente el
rostro para observarlo, aunque sólo alcanzaba a ver sus piernas
mientras se movía sobre él. – Yo enrojecí cuando te hacían el tuyo....
– confesó, recordando que todos lo miraban extrañados de que llevase
lentes oscuros luego.
-Me hubiera gustado verlo… pero prefería no mirarte mucho… cuando
estaba casi desnudo…- se rió jadeante, pasándole las manos por el
pecho, apretando sus pectorales mientras se echaba hacia atrás,
arrodillándose con él sentado sobre sus piernas ahora, sin poder
evitar jadear con fuerza al sentirlo sobre su cuerpo, su sexo penetrándolo
hasta el fondo –Seishi…- lo llamó excitado, besándole la mejilla
y tratando de alcanzar sus labios.
El chico giró el rostro un poco, besándolo de aquella manera, sus
manos acariciando los muslos del moreno bajo él, mientras se movía,
gimiendo, deslizándose un poco contra su pecho para besarlo mejor.
-Te amo…- frunció un poco el ceño, besándolo de nuevo, casi como
si devorase sus labios, sujetando su sexo y acariciándolo, sin dejar
de moverse dentro de él, sintiendo cómo Seishi votaba sobre su cuerpo,
incluso sentir el peso de sus piernas firmes golpeando contra las
suyas era excitante. Sus nalgas chocando contra sus caderas y envolviendo
su sexo por completo –Me voy a correr…- apoyó la otra mano en su
cuello, apretándolo un poco y notando la humedad de su sudor.
- Yo también.... – susurró el chico, lamiéndose el sudor del labio
superior y apoyándose completamente contra su pecho, observándolo
desde abajo de aquella manera, su sexo pulsando con más fuerza.
Empezó a estremecerse, gimiendo completamente entregado a sus caricias
y sus penetraciones, cerrando los ojos al sentir el orgasmo apoderarse
de él. El semen salpicando su pecho e incluso su quijada. Ishin
se inclinó a lamerlo, mordiendo suavemente su mandíbula y moviéndose
más rápido mientras inevitablemente se corría, llenándolo y sintiendo
cómo se humedecían sus testículos y sus piernas.
- Te amo... y eres fantástico... – susurró Seishi, acariciando
su quijada con una mano, aún sin abrir los ojos, sonriendo, su respiración
agitada. En esos momentos se sentía completamente feliz.
El moreno lo abrazó con fuerza, besándole la mejilla varias veces
–Llamaron a la puerta dos veces… ¿lo notaste?...- se rió con suavidad,
cansado.
- No... ¿Crees... crees que se hayan dado cuenta? – enrojeció inmediatamente,
pensando que había estado gimiendo a un volumen bastante alto. Debieron
haber ido a su habitación. Se separó de él, girándose para mirarlo.
-No lo sé… en cualquier caso todos ellos lo hacen… - le pasó la
mano por la mejilla besándole los labios de nuevo y volviendo a
atraerlo hacia él.
- Tal vez... debería ir a ver si es importante... – murmuró sonriendo
por la manera en la que lo trataba. No deseaba separarse de él aún.
– Seré feliz cuando ya no sea jefe.
-Yo también… - lo besó de nuevo, esta vez en el cuello –Tal vez
deberías pero no quiero…- le acarició las abdominales con una mano
y hundió la nariz en su cabello –y ya sabes que yo te gano…
- ¿Me retas de nuevo? Tienes suerte de que no pueda ejercer mi
posición, cuando estoy así... – bromeó, cerrando los ojos, sintiéndose
muy bien. – Bien, si tocan de nuevo, iré.
-Si hubiera sido algo urgente… habrían hablado…- cerró los ojos
también mientras se acariciaba contra su piel –La verdad… estaba
cansado para ganarte… hubiera sido tu momento de gloria…
- Pues qué mal que tengas tu momento de debilidad cuando yo no
quiero ganar- se rió, empujándolo hacia atrás de todas maneras.
El moreno dejándose caer y sonriendo mientras lo abrazaba, besándolo
con suavidad aunque no pudiera dejar de sonreír
-Empate…
- Vale, empate... – lo besó de vuelta, esta vez con suma suavidad,
cerrando los ojos de nuevo.

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