Yakuza Fanfic
Yaoi
Capítulo 29- Bulletproof Hearts
Toma se levantó cuando escuchó que alguien subía las escaleras
a la fachada, imaginando que debía ser Yûgure, aún estaba un poco
atontado por los sedantes que le había puesto el doctor –Rubio…
- le sonrió al verlo, sin poder evitarlo.
- Estás herido! – exclamó el chico, inmediatamente fijándose en
eso y corriendo a su lado. - ¿Te duele? ¿Estás bien? ¿Qué ha sucedido?
-Me he pegado un tiro… tranquilo… he sido yo…- lo rodeó con el
otro brazo, besándolo profundamente y tenía muchas cosas en la cabeza,
ninguna buena, pero todo parecía olvidársele cuando estaba con él.
Le pasó la mano por el cabello, revolviéndoselo y dejándole romper
el beso.
- Debiste decírmelo por el teléfono, creí que te habían descubierto
– sonrió aliviado, remeciéndolo suavemente por la camisa. - ¿Cómo
está todo por allí? ¿Hay planes? Acabamos con todos...
-Sospechaba de ellos, sabían algo… no estoy seguro de qué… pero
no podía esperarme a descubrirlo… así que les mandé atacar al Oyabun…
Les dije que estaría conduciendo… y sí, lo sé, he tenido que sacrificar
a uno de los chicos… pero era necesario para mi misión…- lo miró
a los ojos y luego suspiró con fuerza –Después les mandé esconderse
en el “Dragón Azul” y con así conseguí librarme de ellos y a la
vez apartar las sospechas de mí… además de frustrar más a Miyamoto…
Lo estoy hundiendo… lo sé… aún no supera la muerte de su hermana
y yo hago esto… - se frotó la nuca y se sentó de nuevo porque estaba
cansado –Y alguien le ha enviado hoy un paquete con la piel tatuada
de Saeka… ¿sabes tú quien lo ha hecho?
El rubio se le quedó mirando en silencio por un momento, no podía
ocultarle la verdad a Toma, y menos cuando lo veía así. Se preguntaba
si se enfadaría o si comprendería. – Lo hice yo...
-¿Por qué?!- le alzó la voz más sorprendido que enfadado, en realidad,
lo cierto es que aquello no se lo esperaba.
- Porque estaba molesto! De que se atreviese a atacar al Oyabun!
– contestó, suspirando luego para tranquilizarse. – Y porque fui
yo quien la mató.
-Yûgure…- el moreno lo miró fijamente –No debiste ocultármelo… -
se quedó serio, observándolo por largo rato. Lo cierto es que la
muerte de Saeka le había quitado un gran peso de encima, no podía
negarlo –Y no debiste guardarte algo tan asqueroso…- le sonrió levemente
para que viese que no estaba enfadado, no estaba para discutir con
él, mucho menos por personas ajenas a ellos.
El rubio dejó escapar una leve risa, aliviado de que se lo tomase
así. – No, fue un impulso, ya me conoces. Y no quería que me odiases.
O que te llevaras una idea equivocada.
-A mi ego no le han molestado nunca los celos…- lo sujetó por la
cintura aproximándolo a él y acariciándose la cara con su abdomen
–Contéstame a algo Yûgure… no es por nada serio… sólo quiero saberlo…
Si tuvieras que elegir entre mí o el oyabun … ¿a quien elegirías?
- ¿Qué clase de pregunta es esa? – lo miró confundido y acariciando
su cabello. – No estás pensando traicionarlo, ¿verdad? Toma, sabes
que es muy importante para mí. Y sabes lo que siento por ti – le
alzó el rostro para observarlo, preocupado.
El moreno lo miró a los ojos por largo rato sin decir nada -Pero
lo elegirías a él…- bajó la cara de nuevo y le sujetó las nalgas
con una mano, su rostro completamente serio.
- ¿Por qué piensas eso? – se soltó, arrodillándose frente a él.
– Me estás asustando, Toma.
-Porque si no, simplemente habrías contestado sin ninguna duda…-
lo miró a los ojos y se llevó un cigarro a los labios, prendiéndolo
y guardándose el mechero de nuevo en el bolsillo del pantalón, dejando
salir el humo a un lado –Dime una cosa… Yûgure… cuando el Oyabun
consiga lo que quiere… matar a Miyamoto… o deshacerse de él… ¿Qué
hará con todos sus hombres? ¿Matarlos?
- Probablemente, a los que no se unan a él. – le respondió, pensativo,
preguntándose si debía estarle diciendo estas cosas. Toma tal vez...
Pero no, no quería pensar en eso. – Te amo, lo sabes, daría mi vida
por ti. Pero no quiero tener que tomar una decisión como esa. Sería
demasiado doloroso.
-También darías tu vida por él… lo sé… es por eso que eres su mano
derecha… - lo miró de nuevo a los ojos -¿Y yo qué? ¿Crees que aunque
se unan a él perdonarán mi traición? Es que no veo una salida, Yûgure…
todas las puertas se me cierran después de esto… todas menos la
de permanecer junto a Miyamoto-san…
- Miyamoto-san... – frunció el ceño molesto. Lo comprendía pero
sentía que se lo estaban robando. - ¿Irías contra el Oyabun, Toma?
¿Realmente harías eso?
-No lo he hecho hasta ahora ¿no?- lo miró a los ojos frunciendo
el ceño también, no sabía lo que quería –No tengo muchas opciones!
¿Qué voy a hacer? Vivir cada día vigilando mi espalda a ver cuando
me matan para vengarse? No gracias, esto es lo que he hecho desde
hace años y quiero… quiero vivir! Pero no lo haré a costa de las
vidas de los hombres de los que he estado cuidando tanto tiempo…
son mis hermanos… y tus hombres, los de Nakazato… los míos… sólo
son unos desconocidos…- respiró sumamente alterado.
- Pero son mis hermanos! Y tú.... tú no me harías eso... – susurró,
a sabiendas de que era injusto. Lo abrazó contra sí, apretándolo
y besando su mejilla, acariciando su cabello luego. – Te amo, te
dije que no te abandonaría y no lo haré. Aunque me mate... Te prometo...
estar a tu lado.
-Ellos son los míos…- dijo refiriéndose a los hombres de Miyamoto
y los suyos propios, lo rodeó con el brazo aún sin saber qué haría,
qué decisión tomaría en el último momento –Puedo jurarte que no
sé qué haré… no sé nada… sólo que te llevaré conmigo… así sea por
la fuerza, a donde vaya…
- Idiota, acabo de decirte que iré contigo. – sonrió, aunque un
poco triste por el estado en el que lo veía. – Pero recuerda quien
soy.
-¿Mi rubito?...- sonrió levemente aunque no tuviera muchas ganas
y le besó los labios varias veces de forma superficial, cerrando
los ojos para sólo sentir aquella calidez.
- Baka... – se rió con suavidad también besándolo él ahora. – Soy
un Nakazato, y seré un Nakazato entre los hombres de Miyamoto si
me llevas allí. No confiarán en mí, y puede que no confíen en ti.
-Lo sé… como Romeo y Julieta… ¿eh? Tal vez debería tomar veneno…
dicen que no es muy doloroso… - observó su sonrisa pensando que
siempre sabían por qué sonreír, incluso cuando se les venía el mundo
encima.
- No digas tonterías. No me voy a morir hasta que me maten, o hasta
que esté viejo. Y tú tampoco. – le acarició el rostro, besándolo
una vez más. –Sólo quiero que sepas en qué te metes. Y que pase
lo que pase, tendremos que cuidarnos siempre.
-Sí… eso parece… y que siempre seré un traidor… a unos o a otros…
espero no cansarme…
- No te dejaré... – lo miró a los ojos, pensando en que si venía
con ellos no sería un traidor. Pero sabía cuando era el momento
de insistir y cuando no.
Toma lo besó de nuevo y se echó un poco hacia atrás tirando el
cigarro a un lado -¿Y si te subes en mis piernas?
- Y ¿si dejas de pensar con la polla? – le sonrió, haciéndolo de
igual manera, y besándolo más profundamente. Deseaba quedarse allí
para siempre, como en cada ocasión que estaban juntos.
-No puedo… el otro cerebro se me cansa…- jadeó con suavidad al
recibir aquel beso y le abrió los botones de la camisa poco a poco
con la mano que tenía bien -¿Crees que no he estado preguntándome…
donde era mejor meterme el tiro para poder follarte bien de todos
modos?
Yûgure se rió, desabrochándole la camisa a él y besando su pecho.
– Por eso me gustas, eres inteligente... Y siempre piensas en mí,
qué considerado...
-Eso es porque te amo… y porque me vuelves loco…- le pasó la mano
por el cabello, bajando un poco la cabeza para ver cómo lo besaba
–Además si no te doy caña después la buscas en otra parte… eres
malo…- le pegó una nalgada suave apretándole después y sonriendo,
jugando con él.
- No, tú eres malo. Ya te dije que no fue mi culpa... – lo miró
desde allí, sonriendo. – Además, pensaba en ti.
Toma se rió acercándolo más a él por las nalgas y subiéndolo sobre
su sexo duro, moviéndolo un poco contra él –Venga… ¿Por qué no haces
un poco de lo que tú sabes? Para que te perdone…- sonrió besándole
el cuello y continuando con aquel juego, aunque ni siquiera se había
enfadado jamás.
- Creí que ya me habías perdonado, rencoroso... – le lamió los
labios, siguiéndole el juego y pasando las manos para desabrochar
sus pantalones, antes de bajar él mismo a lamer y succionar su sexo.
El moreno apoyando la mano sobre su cabello e inclinándose un poco
a observarlo –No… sigue así… y me lo pensaré…- sonrió jadeando y
moviéndolo un poco contra él, notando su lengua cálida y suave rozando
cada rincón de su sexo mientras lo succionaba e incluso cómo se
empujaba un poco contra él, lamiéndolo intensamente. Sujetó su propio
sexo con la mano para que lo lamiese a lo largo de este –No te dejes
nada… es una pena…
Yûgure casi se ríe, pero se aguantó, sólo para continuar, succionándolo
por completo y con más avidez ahora, empezando a desabrochar sus
propios pantalones porque ya le apretaban.
El chico que los observaba, quitó el seguro de su arma, con mucho
cuidado, agradeciendo que por fin se entretuviesen. No soportaba
mucho más de aquello y mucho menos habiendo confirmado sus sospechas.
Hubiera deseado estar equivocado. Apuntó el arma a la cabeza del
moreno, aprovechando que incluso tenía los ojos cerrados.
Sintió que le temblaba un poco la mano al pensar en que debía matar
a Toma-san, ni siquiera habían sido capaces de acusarlo ante el
Oyabun porque tenían miedo de equivocarse y que encima la pagasen
contra ellos, pero ahora estaba bien claro.
-Trae aquí eso… - le rozó con la pierna entre las suyas para sentir
su sexo y miró hacia abajo para ver cómo sobresalía entre su ropa.
- Toma.... – el rubio le sonrió, jadeante y subiendo sobre él,
justo en el momento en el que el otro chico se disponía a disparar.
Tan sólo fue un golpe de suerte que el rubio recostase a Toma contra
el piso justo cuando la bala pasaba rozando por encima de sus cabezas,
pero Yûgure reaccionó con rapidez, tomando su arma, y girandose
sobre sí mismo para disparar, el cuerpo del yakuza cayó al suelo
aún con aquella mirada perpleja en su rostro.
El moreno se apoyó en una mano para sentarse de nuevo, con los
labios entreabiertos en una mueca de incredulidad. Apenas le había
dado tiempo a asimilar lo sucedido, incluso se había dado por muerto
con sólo escuchar el disparo. Apartó al rubio un poco, sacando su
pistola también y abrochándose el cinturón, mirando a su alrededor
sin fiarse mientras se acercaba -Mierda… es uno de los nuestros…-
miró al rubio y se limpió el sudor de encima del labio superior
–Un Miyamoto… - aclaró entonces.
Yûgure lo observó con el ceño fruncido, aún sentado con el arma
en la mano, sin hacer nada más. No iba a bajar la guardia hasta
que estuviesen seguros. - ¿Crees que lo saben? O ¿actuaba por su
cuenta?
-No lo sé… sólo me cargué a uno yo mismo… de lo poco que le pude
sacar… teóricamente no habían hablado con Miyamoto de ello… tenían
miedo de que él les hiciese pagar muy caro el error de acusarme…
mierda! Si lo sabe alguien, estoy perdido… - se mordió el puño mirando
el cadáver y pegándole una patada –Mierda! Joder!
- Calma... – el rubio se puso de pie, subiéndose el pantalón y
cerrándolo. – Nos desharemos de él. Le pediré ayuda al Oyabun. Podríamos
decir que se metió en nuestro territorio, así si alguien lo sabe,
pensará que estaba investigando. Pero no necesariamente que murió
por eso. Fue mi arma la que lo mató, no la tuya.
-Sí… sí…- se pasó la mano por los labios y se guardó la pistola,
por poco lo habían matado, aún le temblaban las manos –No…- negó
con la cabeza de pronto y lo miró a los ojos -¿Cómo sabré que no
se lo había dicho a nadie?
- ¿Crees que hubiera venido solo si fuese así? – le preguntó, manteniendo
la calma más que nada por Toma. Si él también le daba rienda suelta
a sus emociones, no podría protegerlo.
-Tal vez lo hizo para que pensase eso, volviese como si nada… y…
- apoyó la mano en uno de los bidones metálicos y miró la sangre
en el suelo –Estoy perdiendo los nervios… - cerró los ojos, apretando
las mandíbulas y tratando de tranquilizarse.
- Toma... – colocó una mano sobre la suya, pensando en la mejor
manera de resolver aquello. – Tal vez deberías regresar con nosotros,
te protegeríamos... – suspiró, seguro de que no iba a aceptar. -
¿Qué opinas de Miyamoto? ¿Crees que es cierto que no sabe nada?
-No lo sé…- observó su mano y después lo miró a los ojos –Creo
que confía en mí… pero puedo estar equivocado… - sintió como un
vacío en el estómago al pensar en abandonar a Miyamoto en un momento
tan crítico ¿pero qué hacía quedándose? ¿Acaso no agravaba más la
situación? –No existe ninguna solución que me permita conservar
el respeto de Miyamoto-san… sólo la traición al Oyabun…
Yûgure exhaló con fuerza, apretando su mano con cuidado. No sabía
qué hacer. No podía decirle “Sí, traiciona al Oyabun”, cuando lo
único que deseaba era protegerlo. – Tal vez deberíamos escapar.
Es una cobardía, me duele incluso sugerirlo, pero no puedo dejar
que hagas nada contra el Oyabun, y tampoco puedo enviarte de vuelta
sin saber si te veré de nuevo.
El moreno lo miró a los ojos fijamente –Creo… que no serías feliz
con eso… tal vez lo que debo hacer es hablar con el Oyabun… Miyamoto
desea hablar con él… lo convenceré para que me envíe de mediador
para conseguir esa cita… y hablaremos…
Yûgure asintió, tocando su rostro con ambas manos ahora y besándolo.
– No permitiré que te suceda nada. En tal caso, yo mismo acabaría
con los Miyamoto. – le aseguró sonriendo un poco, a pesar de que
continuaba internamente alterado. – El Oyabun sabrá qué hacer. Y
no dudes de mí, Toma.
-No…- lo besó de vuelta, de forma un tanto desfogada, sujetándole
la cintura con fuerza y acariciando las escamas tatuadas en azul
en su espalda, sintiendo los relieves y contornos de estas –¿Me
invitarás a tu cama?...- se rió contra sus labios, tratando de devolverle
la sonrisa de nuevo, no podría evitarlo, era como si la necesitase.
- Sí, te invitaré a mi cama... baka... – sonrió también besándolo
apasionadamente, rodeando su cuello con sus brazos. – Tienes invitación
eterna.
Toma sonrió levemente, mordiéndole el labio inferior y mirando
un poco hacia abajo, al cadáver en el suelo, cerrando los ojos y
besándolo profundamente otra vez –Debería irme… pero no puedo dejarte
solo…
- No te preocupes, no se levantará. Llamaré a alguien para que
venga a ayudarme. Y creo que tendremos que cambiar el lugar de encuentro
– sacó su móvil, mirando al moreno y tratando de seguir como si
todo tuviera arreglo fácil. Estaba preocupado, pero no iba a preocupar
a Toma más.
-Lo sé… ya te lo diré… cuando hablemos con el Oyabun…- se quedó
en silencio pensando que fuera bromas debía irse –Espero estar aquí
para llamarte de nuevo…- lo besó otra vez, cerrando los ojos y revolviéndole
el cabello antes de abrocharse de nuevo algunos botones de la camisa
–Me tengo que ir…
- Te veré pronto – se despidió, rehusándose a admitir la otra posibilidad
y lo sujetó por la camisa, para besarlo de manera más profunda y
prolongada. – No voy a abandonarte nunca – le aseguró, empezando
a marcar el número de uno de sus chicos.
-Yo tampoco- le sonrió aplastándolo contra su pecho y pegándole
una nalgada después –Te quiero…- se volteó y bajó las escaleras
en silencio, fijándose en que no hubiera pisado la sangre.
Yûgure se quedó observando el espacio ahora vacío y sobresaltándose
un poco al escuchar la voz al otro lado. – Ah, Kito, sí, tenemos
un problema...

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