.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Yakuza Fanfic Yaoi

Capítulo 27- A Gift From the Heart


- Sí, comprendo. – asintió el moreno ante el reporte de Matsuda que acababa de explicarle cómo iban las cosas ahora que había regresado a sus labores normales.

- Verá, siempre han sido leales con la familia Miyamoto, Oyabun.

- Lo sé, y te llevas mejor con ese tipo de personas.... se rió, molestándolo un poco y alzando un poco la mano ante el gesto de protesta del otro. – Tranquilo, hiciste un buen trabajo. Ahora ve a acompañarlos, les hace falta gente. No sé donde se han metido los demás... – suspiró, observando a Ishin y retirando la mirada al escuchar el timbre de la puerta.

Ishin se levantó y fue a abrirla firmando el paquete por su jefe y recogiéndolo. No se fiaba nada y lo abrió él mismo, dentro había una cajita alargada como si fuera de joyería o algo así –Ha llegado esto para ti…- se lo entregó, hablando familiarmente ahora que no había nadie en la habitación.

- ¿Para mí? Qué extraño... – le sonrió, sólo porque le hacía feliz estar solos de nuevo, y tomó el paquete, observando la cajita, y girándola en su mano aunque no conseguía ver ninguna marca ni nada. La abrió cuidadosamente, poniéndose pálido al ver lo que había dentro. La piel estaba podrida, y oscurecida pero reconocería aquel diseño entre mil. Incluso cuando se lo había tatuado, Saeka no dejaba de mostrárselo una y otra vez, a pesar de que le había pedido que se detuviera. - ¡¿Quién trajo esto?! – alzó la voz, estremecido, observando a Ishin y cerrando la cajita porque no soportaba mirarla más.

-Un chico de la agencia de paquetería…- tomó la caja de su mano apartando aquello de él y llamó a Takehiko tratando de mantener la calma –Averigua quien ha enviado esto… el papel del paquete está en la entrada… rápido!- lo espabiló al ver la cara que se le quedaba tras observar el contenido.

Toma entró en la casa cruzándose con el chico que salía a toda prisa, cubierto de sangre y con aspecto molido, tenía un tiro en el antebrazo mal vendado, tan sólo para detener la hemorragia –Oyabun…- se arrodilló ante él e Ishin lo miró como desencajado ¿Qué demonios estaba pasando?

- ¡Toma! – el moreno se acercó a él, observando su herida, sintiendo un golpe tras otro. - ¿Qué ha pasado? ¡Llamen al médico!

-¡Sí!- uno de los chicos salió corriendo en busca del médico y Toma permaneció con la cabeza baja, tenía muchos motivos para no mirarlo a los ojos.

-Lo siento, Oyabun, algunos chicos trataron de desobedecerlo y vengarse por su propia mano. Los Nakazato los persiguieron, los encontraron esta mañana en el Dragon Azul y los mataron a todos… también a Masako-san y a su esposo…

-¿Y por qué estás herido? - Ishin lo miró fijamente. No quería desconfiar, pero algo no le cuadraba y era el hecho de que los hombres hubieran desobedecido a Miyamoto.

-Porque uno de los hombres de Nakazato-san aún estaba vivo…

- Nakazato... – Seishi apretó un puño, casi temblando de la furia y el dolor. - ¡¿Qué diablos pensaban?! ¡Por esto les dije que no hicieran nada! Pero ahora... – se dio la vuelta caminando por la habitación con rapidez, desesperado. – Toma, debes recostarte. Ishin, asegúrate de que lo haga, por favor.

-No- le desobedeció sin pensarlo demasiado -¿Qué piensas hacer?- el moreno lo sujetó por el brazo para detener sus vueltas por el cuarto.

Toma levantándose y sujetándose el brazo –Estoy bien… no voy a acostarme en un momento crítico como este…

- ¿Qué es esto? Ahora ¿todos me desobedecen? – se giró con brusquedad, el ceño completamente fruncido. – Toma, he dicho que te acuestes y lo harás. Ishin... esto es la guerra. Es demasiado. Ya no puedo sentarme aquí y pretender que no pasa nada. Viste lo que había en esa caja ¿o no? ¿Quién crees que lo envió?

-No lo sé…- el moreno lo miró a los ojos arrepentido de haberlo desobedecido –Lo siento Oyabun pero no puede apartarme de usted cuando está tan nervioso, no quiero que se equivoque y tenga que arrepentirse… Yo soy el encargado de protegerlo y eso haré… como su padre me ordenó… le guste o no…

Toma los miró a ambos notando que ahí pasaba algo más que la simple atracción de Ishin habitual –Iré a acostarme… lo siento, Oyabun…- se inclinó en una reverencia profunda –Si me necesita… o si quiere mi consejo… permítame quedarme…

Seishi suspiró, un poco más calmado por la actitud de ambos. – Estás malherido, por lo menos recuéstate en el sofá, el médico no tardará en llegar. – le pidió, por no apartarlo, sabía que no tenía malas intenciones. Miró a Ishin, comprendiendo, él no era así, no solía dejarse llevar por la furia en cuestiones tan importantes. – Pero no podemos dejar esto así, ni siquiera hemos obtenido justicia para Saeka.

-¿Para ella… o para usted Oyabun? Ella... no amaba a Nakazato-san… tal vez alguien lo sabía y la mató… tal vez no fuera él… - Toma lo miró a los ojos y bajó la vista de nuevo –De todos modos… no creo que poner su vida en peligro la haga descansar en paz…

Ishin se quedó en silencio porque tenía razón, además de esa autoridad que le hacía imposible dar su opinión en su presencia.

-Permítame encargarme de esto… Oyabun!

- Toma.... ya has hecho suficiente por mí – sonrió con tristeza, colocando una mano en el hombro no lastimado y llevándolo consigo al sofá. – Te dije que te acostaras. Ya es hora de que haga algo yo mismo, soy el líder, y sí.... admito que en parte es por mí. No protegí a Saeka y tampoco hice nada cuando murió. Esa es la razón por la que todo esto está sucediendo.

- ¡Oyabun!- el moreno se levantó de nuevo y apretó los dientes al apoyarse en el brazo que no debía –¡No puedo permitirle ir! Ellos son más y usted no está pensando con claridad…

El doctor entró en el cuarto y Toma miró a Ishin que no sabía qué hacer, sólo que debía obedecer a Miyamoto en lo que desease, incluso si lo que deseaba era morirse, él lo acompañaría en su suerte.

-Miyamoto-san…- el viejo lo saludó y se agachó a quitarle las vendas a Toma para desinfectarle el agujero de bala y demás.

- Sensei – lo saludó el chico con la cabeza también. Miró a Toma, y luego el rostro que tenía Ishin. Estaba decidido, no veía otra salida. Pero no quería hacerlos sufrir. – Descansa, mañana...

Toma lo miró, apretando los dientes por el dolor y aguantándose el decir nada más delante de extraños –Ishin! Tu deber… es proteger su vida…- le recordó –su vida…

El doctor siguió atendiéndolo sin hacer caso a nada de lo que decían, sabía que ser discreto era indispensable en caso de los yakuza.

-Conozco mis deberes, Toma- el moreno esperó a que el chico saliese o no para ir con él y hablar en privado.

- Descansa Toma. – lo miró el moreno, saliendo de la habitación para no alterarlo más y dirigiéndose a su cuarto. Sabía que Ishin lo seguía.

El chico cerró la puerta a su espalda y permaneció en silencio, observándolo con los brazos cruzados a la espalda, nervioso y cómo no, afectado por lo sucedido además de furioso. No era capaz de pasar ni siquiera tres días para que se recuperase y la situación sólo se ponía peor cada vez.

- Estás muy callado, Ishin, ¿qué estás pensando? – preguntó el chico, calmado exteriormente, demasiado agotado como para hacer otra cosa.

-Nada, no quiero seguir enfadándote pero no me queda más remedio… ya que no te dejaré salir del cuarto- siguió sin moverse de delante de la puerta, observándolo fijamente.

Seishi lo miró serio, suspirando y acercándose. Él sería el líder pero Ishin era más grande y más fuerte, no podría lograrlo a la fuerza. - ¿Por qué? ¿Por qué me proteges, Ishin? ¿Por qué todos me protegen? ¡Se supone que yo los protejo a ellos! – señaló hacia la puerta, refiriéndose a los chicos. - ¿No comprendes?

-Con todo mi respeto, Oyabun… - le habló formalmente porque no se sentía como si hablase como su pareja en aquel momento –Nosotros protegemos su vida, usted protege nuestras decisiones y el camino que tomamos, mi deber es morir por usted si es necesario… y además… porque te amo- bajó la mirada un poco y lo miró a los ojos de nuevo –Yo quería mucho a la onesan pero no te perderé a ti… aunque me odies.

- Idiota... no se supone que tomes estas decisiones con tu corazón. – lo miró a los ojos, a sabiendas de que era imposible. Siempre lo había hecho así, ¿no? Aún cuando él no se daba cuenta. – Tengo que hacer algo, siento que me volveré loco...

-Mi corazón... No me lo puedo arrancar cuando no lo necesito…- lo miró largo rato, sintiendo su dolor como propio y lo atrajo hacia él por la camisa, abrazándolo con fuerza -¿Qué quieres hacer? ¿Ir allí y tratar de matarlos a todos? ¿No ves que no serás feliz con eso? Nos matarán… no es el modo de superar esto…

- Superarlo... No sé si puedo superarlo. – confesó ahora que estaban solos, aferrándose a la camisa del moreno. – Sólo quiero algo... quiero hacer lo que ellos desean. Es por eso que me desobedecieron, porque no estoy cumpliendo con mi parte. Y es por eso que debo ir yo con ellos....

-No…- le besó el cabello, frotándole la espalda e intentando reconfortarlo –Sólo harás lo que desean quienes la mataron… los chicos no desean eso… ¿Por qué no se lo preguntas tú mismo? ¿Por qué crees que están en nuestra familia y no en otra? ¿No has escuchado a Toma-san? ¿No has confiado siempre en él? En mí…

- Y vosotros siempre os habeis sacrificado por mí, sin que yo haga nada... –susurró, temblando entre sus brazos y cerrando los ojos. Se había prometido no volver a caer tan fácilmente.

-No es verdad, tu eres nuestro padre, nuestro jefe y nuestro hermano… para mí incluso algo más, no puedes olvidarte de todo lo que has hecho por haber cometido un error… están jugando contigo… quieren que te derrumbes, pero no estás solo…- lo apretó con más fuerza y cerró los ojos, Seishi no era un yakuza, nunca debía haberlo sido. Recordaba cómo su hermana había estado protegiéndolo siempre y discutiendo con su padre para que nombrase a otro. Quería alejarlo de aquello.

- No soy como mi padre para nada, ¿verdad? – murmuró como si le leyese la mente, pero en realidad pensaba en otra cosa. – Él sabría qué hacer.

-No, no eres como él… nadie es como él… y nadie es como tú- se quedó cayado, en silencio, pensando en qué decir para no confesar simplemente sus deseos –Si te sientes tan incapacitado para este puesto… ¿Por qué no lo cedes?

- Ya hablamos de eso... Pero no es el momento. – suspiró, sintiendo por una vez que no lo comprendía y separándose de él. – Bien, te haré caso, pero quiero hablar con Nakazato, no te opondrás a eso, ¿verdad? Puedes venir y Toma también.

-No me opondré… pero no ahora, estás demasiado alterado…- lo miró sintiéndose un poco herido -¿Estás enfadado conmigo?

- No... no estoy enfadado contigo, ni con Toma. – sonrió un poco, sentándose en la cama y aflojándose la corbata. – Estoy enfadado conmigo. Además... nunca he podido enfadarme contigo, Ishin.

-Eso dices…- se aproximó a él y se sacó la chaqueta del traje, acuclillándose en el suelo entre sus piernas, apoyando las manos en sus rodillas -¿No estás molesto porque te halla insistido de nuevo?

Seishi tomó su rostro entre sus manos, observando sus ojos, esos ojos que tenían el poder de tranquilizarlo. – No, tú me quieres. No importa lo alterado que esté... en el fondo, no esperaba otra cosa de ti. Siéntate a mi lado, por favor.

El moreno se sentó a su lado y le pasó la mano por la espalda besándole la mejilla –Sólo quiero tener una vida normal a tu lado, ir por la calle contigo, sujetar tu mano… que la gente no nos mire con miedo… lo siento…- se giró pasándose las manos por el cabello y bajando la cabeza mientras se frotaba la nuca con suavidad.

El chico sonrió sin poder evitarlo. – Creo... que no podremos deshacernos de eso, con estos tatuajes, pero no me arrepiento. – se apoyó en su hombro, exhalando con fuerza. – No te disculpes, te prometo que tendremos eso. Sólo dame un poco más de tiempo. Dijiste que yo debía proteger sus decisiones, ¿no es así? Entonces no me puedo ir hasta que esté seguro...

-Lo sé… pero no podrás impedir que te lo siga pidiendo, ya sabes lo insistente que soy…- se apoyó en sus manos con los labios, observándolo de soslayo e irguiéndose un poco para recostarlo después en la cama bajo su cuerpo, acariciándole el cabello hacia atrás para verle bien el rostro, sonriendo levemente –No me importa, siempre llevo camisa… mis tatuajes no se ven… sólo tú los ves…

- Sabes.... que no tienes que seguirte vistiendo tan serio cuando nos retiremos, ¿no? – sonrió, seguro de que igual lo haría, y acariciándole el cabello de vuelta. – Te amo, Ishin, sólo quiero estar contigo para siempre.

-¿Qué pasa con mi ropa?- le besó los labios y sonrió levemente –También es lo que yo deseo…- lo besó de nuevo y le paso la mano por el pecho con suavidad, subiéndose encima y respirando antes de apoyar su nariz contra la suya -¿Te gusta que te aplaste?

- Eres un baka, Ishin- se rió, sin poder evitarlo ya, asombrado de lo fácil que era para el moreno cambiarle el humor. – Y eres el único al que le permito aplastarme.

-Menos mal… porque creo que me iba a poner un poco celoso- sonrió levemente, besándole la mejilla y acostándose a su lado, disfrutando de su risa –Te quiero…- lo giró hacia él y le pasó la pierna por encima de las suyas.

- Y yo a ti. – asintió, abrazándose a él. – Ishin, lo que llegó en esa caja... quiero que lo entierren junto a Saeka. Es parte de lo que era. Y también quiero que le expliques a Toma la situación con los Nakazato. No quiero preocuparlo más de lo que ya lo he hecho.

-Claro, lo comprendo- el moreno se quedó en silencio tras eso. Acariciándole el rostro con suavidad y rodeándole la cintura con más fuerza mientras lo besaba.

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