.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

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Capítulo 26- Dragons in the Shadows

El teléfono móvil de Yûgure sonó cuando Gouka y él aún estaban buscando a los que habían atentado contra la vida de su hermano. Ya eran casi las 8 de la mañana y aún nada, pero ambos sabían que debían matarlos. Jin no estaría satisfecho y sinceramente… ellos tampoco.

Aquello, además de un intento de asesinato, había sido un desafío y nadie desafiaba a los Nakazato así como así sin pagarlas bien caro. Así era como debía ser.

-… soy Toma…- el moreno habló al otro lado con voz baja, apenas audible, como siempre que llamaba a escondidas. Se podían sentir los ruidos de las callejuelas afuera, era una llamada desde el exterior –Vete a buscarlos al “Dragón Azul”, es un restaurante de comida rápida, es importante que los matéis… tengo irme- colgó el teléfono sin más y Gouka observó cómo el coche del rubio giraba por completo en otra dirección. Se asomó por la ventanilla del auto y lo miró a través de las gafas de sol.

-¿Qué pasa?!

- Era Toma. Dice que están en el “Dragon azul” ¿Sabes cual es? – le respondió serio, apretando el volante con ambas manos. Al menos Toma estaba bien, pero esos se iban a enterar de con quienes estaban jugando.

-Sí… seguidnos…- el moreno giró el coche por delante de él, a toda prisa. Sabía que si seguían adelante, entrarían en el territorio de los Miyamoto y que si los veían, les atacarían, mejor sería andarse con mucho cuidado.

El coche negro dio un frenazo delante del local de comida china y el moreno bajó del coche junto con los otros cinco chicos que viajaban con él, seguidos de otros tantos que bajaban de los otros coches negros. Llevaban desde la noche buscándolos, estaban cansados pero sobre todo estaban cabreados –Matadlos a todos…- murmuró el moreno a sus chicos sacando la pistola a la vista de los ciudadanos.

-¿A los dueños, aniki? ¿Nos los cargamos?

-He dicho a todos…- tiró el cigarro al suelo y lo pisó, esperando a Yûgure y a sus chicos, el rubio acercándose ya con el arma en la mano también, aguardando su señal.

- Estamos listos. – le avisó por respeto aunque tenía ganas de entrar como si nada. Y una vez Gouka asintió, eso fue exactamente lo que hizo, junto al moreno y seguido de sus chicos. El sonido de los disparos era ensordecedor, la sangre salpicando el local, apenas tenían tiempo de reaccionar los que allí estaban. Sabía que según su código, no debían ir por ahí matando a ciudadanos que nada tuviesen que ver, pero más importante era obedecer a Gouka, y después de todo, ¿se estaban refugiando allí, no? Metió la mano libre en uno de sus bolsillos, sacando una navaja, a la vez que se aproximaba a donde se encontraban los verdaderos culpables.

Gouka torció un poco el labio pegándole un tiro a uno de los Miyamoto y miró a la mujer que estaba gritando y llorando histérica en la cocina –Así es como protegen los Miyamoto… y esto es lo que pasa por proteger a los Miyamoto…- le pegó un tiro en la frente sin escuchar sus súplicas y cayó hacia atrás sobre las ollas que se volcaron hirviendo y derramando su contenido por el suelo. Allí sólo quedaban de los que Yûgure se estaba ocupando.

Escuchó a alguno de sus chicos gritar en uno de los cuartos de al lado y corrió con algunos de ellos pero ya arrastraban a los del clan contrario medio acribillados escaleras abajo.

-Ahí arriba quedaban estos cabrones… y han herido a Masato…- el chico se sujetó el brazo sangrando a chorros.

Gouka entró en la cocina y cogió uno de los machetes de la carne bajándolo sobre el brazo del que Masato había señalado y cortándole el brazo, escuchando los gritos desgarradores. El chico herido le pegó un tiro por fin, jadeando por el dolor.

-¿No queda nadie?!- preguntó el moreno mirando a Yûgure y fijándose en lo que hacía.

El rubio tiró el cadáver ensangrentado que aún sostenía a un lado, causando un estruendo y alzando el rostro, inexpresivo, girándose al escuchar apenas un leve sonido tras él. Le hizo un gesto de silencio a sus hombres, que ya apuntaban en aquella dirección. – Creo que sí, son todos.... es hora de que nos vayamos.... – comentó, acercándose cautelosamente a la puerta del armario de limpieza y disparando a la cerradura, escuchando un grito y sacando por el cuello al tembloroso chico que allí se escondía.

El chico cayó al suelo, obviamente espantado, lanzando insultos y amenazas como un último e inútil recurso. – No se saldrán con la suya! Los Nakazato son basura! Pagará...! –una gran cantidad de sangre bloqueó su voz, la punta de la navaja del rubio sobresaliendo por su garganta.

Yûgure la retiró bruscamente, dejándolo caer al suelo en un sonido casi húmedo, ahora con el ceño fruncido, disparándole luego en la cabeza aunque ya no era necesario.

Se escuchó un tiro más de uno de los chicos que remataba a un moribundo y se guardaba de nuevo la pistola en la funda de la correa de cuero a su espalda –Están todos muertos ya… por completo…- aclaró ya que esas habían sido las órdenes y él se había asegurado de comprobarlo.

-Nos vamos- Gouka se giró fumando el cigarro manchado de sangre y salió al exterior vigilando que no les hubieran tendido una emboscada, pero allí no había ni un alma, todo el mundo se había asegurado de salir de allí cuanto antes y la policía no se metía en esa zona.

- No creo que les queden ganas de intentarlo de nuevo. – sonrió Yûgure como si no hubiese pasado nada ya. – Y si lo hacen, estaremos preparados esta vez.

……………

Los coches negros entraron en el terreno de los Nakazato y Gouka se bajó manchado y agotado al igual que los demás, un nuevo cigarro colgando de sus labios con desgana mientras entraba en la casa.

-¿Algún herido?- preguntó Jin al verlos entrar con ese aspecto.

-Sí… ve a verlos…- murmuró el moreno.

-Los llevaré a que los atiendan… y volveré dentro de unas horas- el pelirrojo se miró el reloj en la muñeca y siguió avanzando hacia fuera, observando cómo Yûgure salía del coche –Yûgure…- el chico lo miró asegurándose de que estaba perfectamente -¿Dónde estaban?

En el Dragón Azul, Toma me lo dijo. – le sonrió, inclinándose un poco para saludarlo y pasándose la mano por el rostro limpiándose la sangre. – Todos han muerto y no creo que vuelva a suceder, pero quisiera que fuera más cuidadoso de ahora en adelante, Oyabun. Si me permite pedírselo.

-Claro… iré con algunos chicos, me aseguraré de que se atienda bien a los heridos y tú… date un baño y descansa, tus chicos y tú… tenéis el resto del día libre…- se metió en su coche y bajó la ventanilla –Yûgure…- le hizo una seña para que se acercase –“Ese chico de ayer… está en mi cuarto y estará por la casa… no me fío…”- le guiñó un ojo seguro de que con eso bastaba para decirle todo lo que necesitaba que hiciera a Yûgure.

El rubio asintió, sonriendo, haciéndole ver que lo comprendía. – Muchas gracias, Oyabun.

Mientras tanto, el mayor de los Nakazato atravesaba los pasillos hacia su cuarto. Se quedó parado, escuchando la ducha en el cuarto de su hermano menor y corrió la puerta cerrándola tras de sí y asegurándose de que nadie lo había visto.

Caminando despacio por el cuarto y abriendo la puerta del baño, observando la silueta del chico a través de la pantalla de la ducha y el vaho. Respiró con fuerza y apoyó la mano sobre el metacrilato abriendo el paso hacia el interior. Observándolo a pesar de que el chico acababa de notarlo.

- Nakazato-san... – le sonrió suspirando y llevándose una mano al pecho. – No me asustes así.

El moreno lo sacó de la bañera, tirando de su mano y besándolo con fuerza, bajando por su cuello y sujetándole la nuca con firmeza con una mano, apretándosela ligeramente y respirando con fuerza contra su piel, oliéndola intensamente, bebiéndose el agua que resbalaba por ella. Estaba manchado de sangre pero eso no lo detenía a pesar de estar manchando aquella piel tan blanca al diluirse con el agua que aún la humedecía.

- Gouka-san.... – susurró, abrazándose a él, preocupado por su aspecto, aunque no podía evitar sentirse contento de verlo. - ¿No es peligroso estar así, aquí? No estás lastimado ¿verdad?

-No…- jadeó besándolo de nuevo y levantándolo por las nalgas para cogerlo en brazos y pegarlo contra él, arrastrando el rostro contra su pecho y besando sus pezones, tenía marcas de haberlo hecho con Jin. Le apretó los muslos con fuerza y le empujó un poco la cara con la suya para que lo mirase a los ojos. La verdad es que sí era peligroso pero pensar con claridad no era su fuerte -¿Lo hiciste con él?

- Por supuesto, deseas que me gane su confianza ¿no? – sonrió, acariciándose con su rostro. Eran muy diferentes ambos, pero él comprendía a Gouka. – No estás celoso, ¿o sí?

-No…- lo miró a los ojos igual de serio -¿Por qué iba a estarlo? Te acuestas con cualquiera… es tu trabajo… pero ahora ya no trabajas para Tamasaburo… trabajas para mí - le recordó sin saber muy bien por qué -¿Qué te ha dicho? ¿Habéis hablado? Seguro que sí…- murmuró la frase final, pensando que su hermano no era de simplemente meterla en cualquier lado. Lo sentó sobre uno de los muebles de madera tocándole los hombros y el pecho, alzándole luego la mirada hacia la suya como tratando de ver algo en ella -¿Ya eres suyo?

Nagare sonrió poco a poco, delicadamente, sin apartar la mirada. – Soy tuyo..... y no soy de nadie. – apartó los ojos de nuevo, suspirando. Así sería siempre. – Hablamos, hablamos de ti. Quiere ayudarte. Tu hermano.... es distinto de cómo lo imaginaba. Y te quiere. ¿Estás seguro de lo que haces?

-¿Estás seguro de lo que haces tú? ¿No irás a traicionarme? ¿Verdad? Sé que estoy jugando con fuego… pero tú también…- lo miró a los ojos fijamente y desvió la mirada tan sólo un momento al escuchar la voz de Yûgure afuera, hablando con alguno de sus chicos. Le tapó los labios con un dedo y se acercó más para susurrarle –“Límpiate la sangre… y vete donde Tamasaburo… nos veremos allí”.

Golpeó la ventana del baño para abrirla y se descolgó por detrás, entrando en la casa de nuevo y dirigiéndose a su cuarto para cambiarse rápidamente.

El chico sonrió, metiendo la cabeza bajo la ducha para quitarse toda la sangre y también porque lo necesitaba.

Tiempo después, abría la puerta, ya vestido para salir, habiéndole dejado una pequeña nota a Jin por si acaso, aunque dudaba que pudiera irse sin decírselo a alguien. Allí no parecía que cesara el movimiento jamás.

- Gracias.... puedes ir a ducharte. – escuchó decir al rubio que se acercaba a la puerta, hablando con otro al que no conseguía verle la cara. Lo observó darle un ligero puñetazo en un hombro, como bromeando. – No seas cochino, anda a ducharte. Ya luego te invito a una cerveza.

Yûgure se rió, observando cómo el otro se marchaba sonriendo también. Se había apresurado en ducharse y cambiarse. Aún así, a él tampoco le hubiera gustado mucho quedarse allí esperando mientras la sangre se le secaba encima. – Eh, chico, ¿a dónde vas? - preguntó, enseriándose al ver al joven de cabello color miel que salía del cuarto.

- Hola a ti también. – Nagare le sonrió, manteniéndose tranquilo y cerrando la puerta tras de sí. – Sólo voy a donde Tamasaburo-san, a recoger mis cosas. No son muchas, pero son importantes, ¿sabes? O... no estoy secuestrado ¿verdad? – se rió, nervioso al ver que el rubio ni le sonreía. No confiaba en él, era obvio.

- Es peligroso, tal vez deberías esperar al Oyabun. Él te llevará sin duda. – Yûgure lo miró de arriba abajo, preguntándose si Jin no estaría cometiendo un error, tal vez por sentirse solo. Era extraño que ese chico se hubiera acercado así, precisamente esa noche y luego de tanto tiempo de mantener su distancia.

- No quiero molestarlo. Seguro que está muy ocupado y....

- Está bien, uno de nuestros chicos te llevará.- sonrió de pronto amablemente, como indicándole que no dejaba lugar a “peros” y girándose para ver quien estaba más cerca.

-Yo iré…- Gouka se pasó la mano por el cabello aún mojado y se lo recogió con una cinta negra –No me fío una mierda de esta putita…- se encendió un cigarro en los labios y miró abajo, alzando la vista tan sólo un poco para mirar a Yûgure de soslayo, acercándose a él y susurrándole al oído –“Así que cuidado con mencionar a Toma cerca de él…”- lo miró a los ojos y sujetó la muñeca de Nagare arrastrándolo con él de forma no muy diferente a la habitual. De cualquier modo, sólo había dicho eso para desconcentrar al rubio.

Y lo había conseguido, aunque igual no solía mencionarlo frente a nadie que no lo conociese ya. Suspiró, pasándose la mano por el cabello y sonriendo. Gouka seguía defendiendo a su hermano, pese a todo.

.............................

-¿Cómo es que has usado esa excusa?- Gouka cerró la puerta tras él al entrar en el cuarto de Nagare, cerrándolo con llave desde dentro y siguiéndolo como si algo en él le atrajese irremediablemente a estar lo más cerca posible -¿Ya te ha dicho que te quedes en la casa?

- Sí, y he aceptado. – contestó, abriendo el pequeño armario y sacando una mochila bastante desgastada, dejándola luego en el suelo, al notar lo que estaba haciendo, girándose y sacándose la camiseta. – Es lo mejor para estar cerca de él, ganar su confianza. Creo que me será fácil, y.... para estar más cerca de ti... – sonrió acercándose y tocándole el pecho.

El chico dejando salir el humo del cigarro entre los labios, apagándolo después en la mesita de la cama, sonriendo de medio lado sin quitar la mirada de la suya -¿Y qué tal es mi hermano? ¿Se parece a mí? - se abrió la camisa y la dejó caer al suelo sujetando la cintura del pelirrojo con ambas manos y pegándolo a él por completo, serio de nuevo. Estaba celoso, no podía negarlo.

- No, es completamente distinto.... – sonrió más, acariciando su pecho y besándolo luego con suavidad. – Mucho más delicado, no usa tu misma fuerza.

-Y eso te gusta ¿eh?- lo empujó en la cama y se subió sobre él a cuatro patas, besándolo y mirándolo a los ojos mientras se abría el pantalón y lo desnudaba después a él por completo. Rompiendo el beso y dejando el pantalón en el suelo a un lado. Le sujetó ambas manos con la suya por encima de su cabeza y le mordió el cuello bajando la mano a su sexo -¿Te folló bien?

- Sí, pero no como tú.... – lo miró, preguntándose si de veras no estaba celoso, pero claro, estaba en el medio de aquella competencia que tenía con su hermano. De todos modos, le agradaba pensar que era por él. Gimió, sintiendo cómo masajeaba su sexo de aquella manera, y entrecerrando los ojos.

-¿Qué vas a decir? Le dirías lo mismo a él… sólo eres una zorra…- se apartó de él observando su sexo y tocándose el propio sin poder evitarlo –Levanta… vamos… ¿te folló esta mañana de nuevo?

- Sí, no parece cansarse mucho. En eso se parecen – contestó, tranquilo, poniéndose de pie, y sonriendo un poco, a pesar de todo. – No seas así, sabes que me gusta cómo lo haces tú. Nakazato-san.... – se inclinó, besándolo y tocando el sexo erguido del moreno, que lo volteó contra la pared separándolo de él y sujetando sus caderas, tirando de ellas hacia atrás, acariciándolas y apretándolas entre sus manos.

-Entonces ya estás listo….- se golpeó contra él, empujando su sexo contra su cuerpo, chocando entre sus nalgas y deslizándose entre ellas hasta sus piernas. Se movió un poco entre ellas y tiró más de sus caderas embistiéndolo de nuevo y penetrándolo por completo, alzándolo un poco de puntillas incluso, apretó las mandíbulas empujándose dentro de él sin salir un mínimo, golpeándole las nalgas con una mano y masajeándoselas –Muévete…- jadeó.

- Nakazato-san... –gimió el chico moviéndose, y apretando su sexo cada vez que lo embestía, apoyándose con ambas manos contra la pared, cerrando los puños ante la fuerza con la que lo movía ya de por sí Gouka.

-Hum…- el moreno apretó los dientes sintiendo cómo succionaba su sexo hacia dentro de su cuerpo y cerró los ojos, aprovechando que estaba a su espalda, disfrutando cada sensación que le otorgaba aquel cuerpo caliente. Le alzó una pierna con un brazo sin dejar de penetrarlo ahora más fuerte, embistiéndolo y bajando la cara hacia su nuca, lamiéndola de arriba abajo –Baja la cara, Nagare… - lamió entonces aún más su nuca y la zona hasta sus hombros, su sexo endureciendo y pulsando aún con más fuerza por lo mucho que le excitaba aquello en él. Mordiéndolo, así lo dejase marcado, le daba igual, sólo podía pensar en el placer y en hacerlo suyo.

- Gouka..... te..... – Nagare se mordió el labio inferior, controlándose y evitando decir aquella frase, gimiendo en vez de eso y apoyando la frente contra la pared, estremeciéndose contra su cuerpo cálido mientras sentía su mordida. Bajó una de sus manos a su sexo, masajeándolo, siendo empujado por las embestidas del moreno, que levantó su otra pierna también. Alzándolo del suelo y abriéndole más las piernas mientras lo movía sobre él, pegándolo más a la pared.

-“Dilo…” - susurró jadeando y pegando los labios contra su oído, no podía negar que sus sentidos se habían despertado al escucharlo empezar aquella frase.

El chico abrió los ojos, enrojecido por las sensaciones, jadeando y dejándose llevar cada vez más. – Gouka.... te... amo.... – susurró, sonriendo un poco a pesar de que volvía a gemir.

Gouka olió su cabello mientras lamía la marca que había dejado en su nuca, soportando las ganas de morderle de nuevo al sentir el orgasmo invadirlo por completo. Lo movió todo lo fuerte que podía mientras se corría. Le hubiera gustado esperarse pero no aguantaba más y cerró las piernas del chico para sentir más fricción mientras se dejaba ir completamente en su cuerpo.

- Te amo... te amo... – repitió el chico ahora que era libre de decirlo bajo esas condiciones, gimiendo entre palabras y sonrisas y masajeando cada vez más deprisa, mientras sentía el semen llenarlo y resbalar un poco por entre sus piernas. Se corrió también, manchando la pared, sin que le importase. En aquel lugar, nadie le diría nada por algo así.

El moreno lo echó hacia atrás contra su pecho y dejó bajar una de sus piernas primero mientras giraba su rostro para besarlo profundamente, dejándolo de pie entonces por completo y sintiendo cómo su sexo se deslizaba fuera de él, el semen goteando aún hasta el suelo mientras se apretaba entre sus nalgas rodeándole la cintura y el pecho con un brazo, el chico acariciando aquel brazo, sonriendo aún, y girándose luego, para besarlo.

- Ven, vamos a acostarnos un rato, ¿quieres?

-Sí…- Gouka lo cogió en brazos y se acostó en la cama a su lado, mirándolo y respirando profundamente, con los labios cerrados, observándolo. Se sentó contra el respaldo mirando después las flores tatuadas en su pecho y torció una sonrisa como queriendo quitarse la sensación de las palabras de Nagare de la cabeza, cogiendo un cigarro del bolsillo de su pantalón y dándole una calada tras prenderlo, rozándose la barba mal afeitada con la mano.

Nagare le sonrió, cruzando una pierna sobre la otra y pasándole una mano por el pecho. - ¿Estás complacido? –se subió a horcajadas sobre él de la forma más natural del mundo, observando sus ojos.

-¿Tú qué crees?…- el moreno se apartó la mano del mentón mirándolo y le palmeó las nalgas apretándole un muslo -¿Harás lo que te he pedido? ¿O mi hermano ya te ha sorbido el cerebro?

El pelirrojo se le quedó mirando, por un momento, pensativo. Le sonrió finalmente, siguiendo su juego y asintiendo. – No, aún tengo mi cerebro entero. Por supuesto que lo haré, eso y lo que quieras........... - se acercó a sus labios como si le fuera a dar un beso, deteniéndose antes y observando el humo que salía del cigarro.

Gouka apartó la mano con el cigarro y lo besó él de todos modos, sujetándole la nuca bruscamente. –Harás lo que yo te diga que hagas… ¿no es así? Para eso te pago… y por eso me quieres… por esto… ¿verdad? - le mostró unos billetes y los dejó caer sobre él –Así es como tu amor será eterno… limítate a procurar que nadie se entere, pero mátalo… cada día lo soporto menos, si es posible… - volvió a su cigarro entrecerrando los ojos por el humo mientras lo expulsaba, mirando al pelirrojo.

-Eres frío...... – protestó, sonriendo y acariciándose contra él, como en busca de cariño. “Mátalo” ¿Podía matar a Jin? Suponía que sí, en cierta manera, estaba casi seguro. Pero no tanto de querer hacerlo. Se separó del chico, poniéndose de pie, y cubriéndose apenas con un kimono que había dejado sobre la única silla del cuarto. Se acercó a la ventana, mirando hacia fuera. – Lo haré. Pero luego de lo que he visto, no imaginaría que alguien como tú, necesitaría de mí para matarlo. Pero, supongo que es por esto – sonrió, girándose de nuevo y tocándose la entrepierna – Te hace vulnerable.

-¿Tú crees? Yo creo que te hace vulnerable a ti… tú eres el que abre sus piernas a esto…- se señaló el mismo los genitales, mirándolo de soslayo –Lo matarás tú… porque nadie sospechará de una putita…- giró el cigarro en su mano y lo apagó con la lengua antes de tirarlo al suelo del cuarto –Ten cuidado con él… sólo porque creas que está vulnerable… no quiere decir que realmente no esté pensando en cómo rebanarte el cuello él a ti….

- Hablas como los ángeles. Podrías seducir a una estatua de piedra, ¿lo sabes? - se rió, bromeando, aunque interiormente dolido, aún así, subiéndose a la cama de nuevo a gatas, para besarlo, susurrando antes. -¿Por qué haría algo así? No ganaría nada, y no tiene motivos para sospechar....

Nakazato se dejó besar mirándolo a los ojos y lamiéndole el labio inferior sujetándolo entre sus labios –Tú no lo conoces…- le acarició el cabello con la mano –Hazlo cuanto antes… y así no habrá problemas… no le des tiempo a sospechar…- sujetó su nuca de nuevo con una mano, en realidad, tratando de asegurarse de que lo mataba cuanto antes y no se enamoraba de él. Era estúpido y lo sabía… a su hermano no le hacía falta mucho tiempo para ganarse a alguien.

- ¿No confías en mis habilidades? – Nagare se rió, bajando la cabeza contra su pecho, sintiéndose un poco triste sin poder evitarlo, y susurrando de manera confusa. – Tú no eres quien pareces ser, lo sé. Nadie lo es.......

-¿No? ¿Eso crees?- lo miró a los ojos completamente serio preguntándose si sabía lo que sentía –No importa, cómo sea, harás lo que te he dicho, tampoco puedes hacer otra cosa- sonrió levemente y lo empujó a un lado del colchón. Se sentó vistiéndose el pantalón del traje en silencio, notando como si algo le oprimiese el pecho.

- Por supuesto que lo haré. ¿Qué más puedo hacer? – sonrió, entendiendo las cosas de manera muy distinta dentro de su mente, y se giró, sobre la cama, observándolo vestirse y cerrando los ojos, deseando poder cambiar las cosas. Por primera vez en su vida, incluso deseando no ser lo que era, como si sus palabras tuviesen un sentido mágico. Pero entonces, tal vez no lo habría conocido.

-Coge tus cosas… tenemos que irnos…- se giró de soslayo y lo miró serio, acariciándole el cuello, sintiéndolo tan delicado… Apartó la mano tras haber pensado que podría romperlo con sólo apretarlo ¿tan celoso se sentía? ¿Acaso no se lo había puesto él en bandeja a su hermano? –Si mi hermano te pregunta sobre la marca en tu cuello… dile que fui yo… no mientas… él sabe que lo hago y no te creerá…

Nagare se giró sonriendo y tocando su rostro con ambas manos. – Me pregunto si tu hermano es celoso.......... como tú. - Le besó los labios con suavidad, separándose y tomando la mochila de nuevo, empezando a guardar lo poco que tenía.

-Ya puedes creer que sí lo es… - susurró el chico observándolo y abrochándose la camisa –Si cree que eres suyo ya… pero así es mejor… así lo sabremos… si te hace algo… lo mataré yo mismo…- encendió otro cigarro mirándose al espejo y pasándose después las manos por el cabello.

Nagare alzó la mirada, observándolo, y terminando de empacar, cerrándose el kimono, sin muchas ganas de cambiarse. - ¿De veras lo harías? Nunca tuve a nadie... que se vengara por mí antes. – lo abrazó, sonriendo y besándole le mejilla.

-Te he dicho que eres mío…- se dejó abrazar y lo besó de nuevo, profundamente y por largo rato, no sabía cuando podría besarlo de nuevo y mucho menos después de haber cometido el error de dejarle aquella marca. La rozó con los dedos suavemente y rompió el beso –Vámonos…

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