Yakuza Fanfic
Yaoi
Capítulo 20- Mourning Love
Jin se paró frente a la casa de los Miyamoto. Se preguntaba por
qué demonios tenía que ir a tremenda encerrona. De cualquier modo,
casi todos sus hombres lo acompañaban.
Ishin avisó a Miyamoto de que ya había llegado y el pelirrojo llamó
a la puerta, separando a sus hombres de confianza, incluidos su
hermano y Yûgure para que lo acompañaran adentro de la casa –Esto
no es normal ¿Qué es lo que sucede?- preguntó serio al líder del
otro clan según lo vió. Ir a la casa de otro era diferente a entrar
en su terreno.
- ¿No lo sabes? – le preguntó el chico sonriendo un tanto sarcásticamente,
y enseguida enseriándose. Tenía que controlarse aún. – Saeka.....
ha sido asesinada.
-¿Qué?...- el pelirrojo lo miró incrédulo, sintiéndose un poco
mareado y apoyándose en su hermano -¿Dónde esta?... – apretó las
mandíbulas con fuerza sintiendo que se le aguaban los ojos aunque
no pensaba demostrar debilidad ante ellos. Después de todo, ya veía
cómo lo estaban observando, como si fuera el culpable.
Seishi se quedó mirándolo, notando su reacción, no parecía falsa.
Claro, podía ser una actuación. – Está en su cuarto, la dejaron
en la entrada – apretó los puños, sintiendo la furia de nuevo sin
poder evitarlo.
-Quiero verla…- Gouka lo sujetó por el brazo aunque permanecía
mirando al suelo porque no quería verlo en semejantes condiciones.
- Bien, sígueme. – se giró, de manera brusca, diciéndose a sí mismo
que tenía que ver su reacción ante aquello. La verdad es que no
quería a ese hombre en su cuarto.
El pelirrojo lo siguió hasta el cuarto de la chica, seguido de
otros cinco al interior que se quedaron a lo largo del pasillo salvo
Gouka y Yûgure que permanecieron en la entrada de la habitación.
Toma los miró a los tres, ya que lo habían dejado en la puerta vigilando
y sus ojos se detuvieron en Yûgure, apartando la mirada después
tratando de no sentir nada, de no querer tocarlo como realmente
lo deseaba, ir a su lado.
Jin lo miró y entró en la habitación pobremente iluminada. Se acercó
a ella y le tocó la cara, notaba que había sido lavaba y que estaba
cubierta con su ropa además de las sábanas, parecía viva… - Saeka…-
la llamó, estaba fría y rígida, pálida –Saeka…- sus dedos se movieron
en la mejilla fría y apretó la mandíbula más a pesar de que de cualquier
modo los ojos se le llenaban de lágrimas -¿Por qué está muerta?...
¿Por qué está muerta?!- miró a su hermano y Gouka entrecerró los
ojos sin saber si le insinuaba algo o si sólo estaba perdiendo los
nervios. Sus ojos se dirigieron a Seishi -¿Por qué?
- Eso es lo que yo quiero saber – le respondió el chico, sintiendo
que se le aguaban los ojos de nuevo y apretando más los puños. –
No había razón para matarla, nada.... Estaba contigo anoche....
Yûgure permanecía mirando el suelo, aunque alerta, sintiendo doblemente
el dolor de no poder mirar a Toma como se lo merecía, y de escuchar
a su Oyabun de aquella manera.
-Ni siquiera lo insinúes, Miyamoto- el pelirrojo lo miró furioso
e invadido por el dolor. Sujetó su mano, girando el anillo en su
dedo y apretó las mandíbulas con fuerza de nuevo, temblando levemente
y aguantándose la furia y el dolor –No ha sido nadie de mi familia…
yo jamás los perdonaría… ¿tal vez alguien no estaba de acuerdo con
nuestro matrimonio? Como para llegar a esto…
- ¿Acaso insinúas que maté a mi propia hermana? – a Seishi le tembló
la mandíbula, conteniéndose por no saltarle encima allí mismo. –
La única razón por la que accedí a ese matrimonio, era por su felicidad....
-Yo no estoy culpándote… sólo intento buscar una explicación-
se levantó serio, cogiendo el anillo de su dedo y poniéndoselo en
su dedo inferior ya que imaginaba, no obtendría más de esa familia
–También es la persona a la que yo amo… no sólo tu hermana…- se
sorprendió un poco al sentir una lágrima y se limpió la cara, no
podía, ahí no. –Sólo te pido… que al igual que yo lo haré… busques
en tu propia familia al culpable, una guerra no arreglará nada y
tanto tú, como yo, deseamos lo mismo… así que no habrá piedad, sea
de tus protegidos o de los míos…
Seishi continuó mirándolo, sintiéndose tenso, al borde, seguro
de que no sería nadie de su familia, pero no le parecía que el otro
estuviera fingiendo, por más que desconfiara. Asintió, exhalando
con fuerza. – Y si lo llegas a encontrar tú.... lo quiero vivo....
– le pidió casi gruñendo por la manera en la que estaba controlándose.
-Pero no te lo daré… es mi familia, yo arreglaré mis propios errores
y si es de la tuya, arregla tú los tuyos…- le dio la espalda al
salir del cuarto, con algo de urgencia, aunque el dolor empezaba
a ser cubierto por la furia. Lo miró una vez entre sus dos hombres
de confianza –Que tus hombres no se acerquen a mi territorio… es
una advertencia, pacífica… están tensos… no sería lo mejor… - le
“recomendó”.
- No me amenaces en mi propia casa. Y no creas que lo solucionarás
tan fácilmente. – frunció el ceño, toda la simpatía momentánea que
pudiese haber sentido por él ahora ausente. – No voy a conformarme
con un “ya lo solucioné yo”....
-No voy a entregarte a ninguno de mis hermanos para que os ensañéis
con él, podréis ver su cadáver llegado el caso… Mi familia, es MIA
y la tuya…- señaló a Saeka como haciéndole ver que sabía que ella
debía quedarse con él y en su territorio –tuya… ¿no es así, Miyamoto?
Y si no… si quieres que los demás cedan, has de ceder tú antes…
No te estoy amenazando, te advierto que cuides de tus hijos… - “mejor
que de tu hermana” se tragó las palabras cargadas de ponzoña y apretó
las mandíbulas de nuevo –Por otra parte yo fui el que fue recibido
con rencor… y ahora si me disculpas… tengo que velar por la que
iba a ser mi esposa…- miró a la habitación de nuevo -y con la cual
no puedo estar ni siquiera ahora!
Uno de los hombres lo sujetó por la cintura y el pelirrojo respiró
con fuerza dejándose llevar hacia fuera por su hombre.
Seishi lo siguió, molesto, pero no podía evitarlo. No quería condenarlo
sólo por sospechas. – Tendremos el funeral mañana al atardecer.
Si realmente la amabas, vendrás con sólo uno de tus hombres. No
permitiré derramamiento de sangre frente a su tumba.
-Iré con dos…- lo miró a los ojos volteándose agradecido de que
al fin le dieran algo de respeto como el prometido de su hermana
–Necesito a los dos…- se explicó. Volteándose de nuevo sin agradecerle,
porque no podía más.
Gouka se inclinó por su hermano apenas un poco y sin dejar de mirarlo
a los ojos antes de salir y volver al coche con él.
Toma fue hasta la puerta, apoyándose detrás de Miyamoto y sujetándole
los hombros, observando a Yûgure irse con ellos –Oyabun…vamos… le
ayudaré a arreglarla…
El moreno colocó una mano sobre una de las de Toma, sonriendo sin
muchas ganas.- Gracias, Toma... Pero no tienes que hacer esto, si
te causa dolor....
-Quiero hacerlo… quiero que sepa que no está sola… y usted tampoco…
vamos… nos ayudará… - lo llevó con él adentro tragando saliva y
notando como los demás se apartaban lo más que podían, bajando la
cabeza. No se escuchaba ni un murmullo, lo cierto es que no podía
evitar pensar, que siempre había sido ella quien había llenado aquella
casa.

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