.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Yakuza Fanfic Yaoi

 

Capítulo 19- Tragedy Arrives

El moreno se pasó la mano por el cabello. Aún era temprano, pero había estado pensando en lo que le había dicho Toma el día anterior. Si de verdad quería ser un buen líder, era necesario que tomase las cosas en sus manos cada cierto tiempo. De todos modos, no había podido dormir nada. Una cosa es que estuvieran comprometidos y otra muy diferente que Saeka pasara toda la noche en casa de aquel tipo. ¿En qué estaba pensando?

Abrió la puerta distraído, tropezando con algo por no estar mirando por donde caminaba, y bajando la mirada, palideciendo al instante, como si toda la sangre hubiese desaparecido de su rostro. Se agachó junto a aquel cuerpo roto, ensangrentado, pero indudablemente de mujer, apartando el cabello del rostro, rogando por un imposible. – No.... no.... – ni siquiera sintió las lágrimas resbalando abundantemente por su rostro, mientras sujetaba el inerte cuerpo de su hermana contra su pecho, gritando su nombre como si la pudiera despertar.

Ishin salió corriendo por los pasillos, empujando a algunos chicos que corrían hacia fuera al escuchar la voz del Oyabun y a otros tantos, que ni siquiera podían moverse del lugar donde se habían quedado fosilizados. Ni siquiera pudo abrir la boca para decir algo al presenciar aquella escena. Se apoyó con la mano en el pecho de alguien que ni veía quien era y se arrodilló en el suelo tocando el cuerpo ensangrentado como si no pudiera creer lo que veía. Se agachó tras Seishi, sosteniéndolo –Traed… una sábana para cubrirla…- apenas fue capaz de vocalizar –Ya!

Un chico se movió por fin, más por el grito que porque pudiera reaccionar y corrió a por una sábana, cubriendo el cuerpo desnudo y magullado de la chica.

Toma abriéndose paso entre ellos, saliendo al jardín y parándose de pie, observando la escena, no… esta tenía que ser… su actuación estelar… -¿Saeka?- se arrodilló sujetando su mano. ¿Actuación? Las lágrimas brotaron de sus ojos casi desesperado mientras apretaba aquella mano delicada y llena de sangre, fría y rígida –Saeka!

Seishi había detenido sus gritos ya, ahora llorando en silencio, tan sólo abrazándola contra sí, sábana y todo, temblando de odio, furia y dolor, sin poder creérselo. Ni siquiera le importaba ni estaba seguro de quien estaba a su alrededor, pero no quería soltarla, no podía.

-Dejadlos…- el padre de Ishin comenzó a apartarlos hacia el interior echándolos de allí y llamando a su hijo para que se aproximase. Ishin se levantó limpiándose un poco la cara y manchándose de sangre.

-Que la policía no se entere de esto… no es cosa de los perros…- murmuró en bajo haciendo una seña para que ya se fuera si quería.

Ishin lo observó pensando que tenía razón, pero estaba tan tranquilo en un momento así… y él no sabía ni qué hacer, sólo quería echarse a llorar. Apretó las mandíbulas con fuerza y entró en la casa –Que todos vengan conmigo! preparaos! Vamos a ver a Nakazato-san! Rápido!

Toma sintió que se le helaba la sangre, no esperaba una reacción tan rápida. Se levantó observando a Ishin y el moreno lo miró a los ojos antes de voltearse para ir a por su arma.

- Esperen! – reaccionó su líder, aunque sin mirarlos aún. – No quiero una guerra. Esto... no tiene sentido. – apretó el cuerpo contra el suyo, tratando de pensar a pesar de todo. No podía perderlos a ellos también, por más odio que sintiera. – No le conviene....

-¿Y qué debemos hacer? No puede quedar así!

El moreno lo miró, porque sabía que no era precisamente el representante de la violencia.

Toma mirándolos –No sabemos quien ha sido… y tampoco podemos causar una matanza entre ambos clanes… no le devolverá la vida y sólo habrá más muertos… tendrá que haber un dialogo y nos guste o no, si no admiten su asesinato, no podemos organizar esa matanza….

-Arrancaron su tatuaje! Fueron los Nakazato!

-Callaos! El Oyabun ya ha dicho que no es lo que desea… respetadlo…- Ishin los echó atrás aunque creía que debían matarlos a todos, pero tal vez tenían razón Toma y Seishi –Dejadnos solos…

- ¿Acaso creen.... que yo no quiero vengarla? – el chico se giró observándolos aún sin levantarse, acariciando un poco el rostro de Saeka. - ¿Acaso creen que me estoy divirtiendo?! ¿Viendo a mi hermana así?! ¿Saeka....? – bajó la mirada observándola, y también bajando la voz como si hablase con ella casi. – A la persona que hizo esto.... la voy a desollar viva. Le arrancaré su tatuaje tal y como ha hecho contigo, pero antes de matarle. Pero no puedo.... no voy a perder a nadie más, yendo a una guerra sin estar seguros de nada. Aún no....

Ishin volvió junto a él y lo rodeó por la espalda. En algún momento, debía separarlo del cadáver pero no sabía cuando ni cómo. De cualquier modo, no llevaba muy bien el que le gritase, ni verlo así. Le besó el hombro apoyándose en él mientras Toma se acercaba a ellos.

-Oyabun, deberíamos llevarla lo antes posible adentro y llamar a un médico forense…

El chico lo miró por un momento, pensando que no quería que nadie la tocase. Permaneció en silencio por unos momentos, tratando de controlarse, tratando de ser el líder aunque lo que tenía era ganas de derrumbarse, y se puso en pie lentamente, con Saeka en brazos. – Yo la llevaré a su habitación, llamen al médico. Ishin, luego voy a necesitar que llames a Nakazato, y conciertes una cita, parezca culpable o no.

-Sí, Oyabun- lo siguió adentro de la casa hasta la habitación de Saeka y entornó la puerta -¿Quieres estar un rato solo con ella? Hasta que llegue el médico…

- Sí- lo miró, luego de colocarla en la cama delicadamente, tratando de permanecer calmado aún, aunque sus ojos no se veían así. – asegúrate de que Toma no haga ninguna tontería, por favor... – le pidió, bajando la voz cada vez más.

-Sí…- se alejó cerrando la puerta para ir a buscar a Toma y hablar con él. El moreno llamando a un médico y tapándose la boca al colgar.

Observó cómo se sentaba a llorar ahora que no lo veía nadie y se apoyó contra la pared afuera del cuarto de Saeka donde estaba Seishi, escuchándolo llorar desde afuera y sentándose en el suelo. Cruzó las manos apoyando los labios sobre ellas y mirando adelante fijamente aunque a ningún punto exacto. Se preguntaba si Saeka habría rechazado a Nakazato ahora que estaba con Toma y por eso la habían matado.

Apretó más las manos sin darse cuenta, al escuchar adentro los llantos de Seishi.


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