Yakuza Fanfic
Yaoi
Capítulo 18- Fate is Nothing But Our destinies
Intertwined
Toma atravesó la fachada del edificio hasta llegar junto a Yûgure
que estaba sentado en el borde de un tejadillo a poca altura de
la fachada, observándolo –Yûgure… - se fue hasta él a paso rápido
–Hay un problema… bien grande…
- ¿Qué sucede, Toma? – el chico se puso de pie enseguida, nervioso
y acortando la poca distancia que los separaba aún.
El moreno le sujetó la camisa con las manos, sin hacer fuerza –Después
de lo sucedido con Saeka… Miyamoto quiere que me haga cargo de ella.
Por un momento creí que iba a tener que disculparme… ya sabes cómo…
Lo que está claro… es que no ama al Oyabun… y si no lo ama… está
con él por otros motivos…
- Esa mujer.... – el rubio apretó los dientes con verdadera furia.
Después de todo, estaba jugando con dos de las personas más importantes
en su vida. - ¿Estás seguro de que no es algún plan de Miyamoto?
Tal vez sólo finge no estar de acuerdo... Dios, y el Oyabun está....
-No lo sé… por lo pronto esto está empezando a sobrepasarme… no
puedo actuar cada segundo con esa mujer… es muy inteligente, acabará
notando que finjo el interés por ella… y no lo soporto, siento que
te traiciono a ti, al Oyabun… a Miyamoto… y a mí mismo…
- Lo sé, sé que es difícil para ti, más que para nadie. – le sujetó
una mano, apretándola entre las suyas. – Siento haberme puesto así
la última vez. Sé que es tu trabajo. Así que no me traicionas a
mí, ¿vale? Por más furia que me dé, no tiene nada que ver contigo.
-Ya… - se sentó a su lado, apretando su mano con la suya y notando
que estaba empezando a lloviznar –Esto no acabará bien para mí…
¿Qué voy a hacer?
- Tranquilo, ya pensaremos en algo. Tiene que haber una salida.
– comentó, pensativo, sentía la cabeza hecha un lío. – Tal vez si
lográsemos desenmascararla frente al Oyabun... Pero no puedo hacer
eso de manera directa, mucho menos sin saber qué trama.
-Ten cuidado… yo no creería a nadie que me dijese que no me amas…
aunque me mostrase lo que me mostrase… Seguramente la pagaría con
quien tratase de hacerme ver eso…- se dejó recostar en el tejadillo
y entrecerró los ojos para que la lluvia no lo molestase –Está lloviendo…
- Te amo, Toma... –susurró, dejando que la lluvia lo mojase. Así
de preocupado como estaba, se sentía como una bendición. – Lo sé,
sé que no puedo decírselo. Por eso desearía tener alguna prueba.
Aún así, conociendo al Oyabun, es capaz de matar al mensajero...
– sonrió, aunque no tenía gracia en realidad.
-No quiero que le digas nada…- cerró los ojos y cruzó los brazos
tras la cabeza. Tenía como un hormiguero en el estómago por los
nervios y el miedo a afrontar aquella situación. La estancia en
la cárcel habría sido incluso cómoda comparada con aquello, si no
fuera por la ausencia de Yûgure –¿Si yo desapareciese, se acabaría
el problema? No… no lo creo… ella quiere algo… a veces pienso como
un egocéntrico…
- No, y no hables así, si tú desapareces, yo también. Ya lo sabes
– lo miró al rostro, a pesar de que el chico no lo miraba y pasó
una mano por su mejilla. – Debo proteger al Oyabun también, además.
Sé que confía demasiado en esa mujer. No la ve como una amenaza.
-Ya…- se sacó una petaca de la chaqueta del traje y le pegó un
trago apoyándola después en el tejado, sujetándola –El Oyabun ni
siquiera cree que su hermano sea una amenaza…- se rió suavemente,
sólo porque tenía ganas de dejar de sentirse tan mal.
Yûgure sonrió tenuemente. – A pesar de lo astuto que es, a veces
suele ser muy ingenuo.... Para eso estoy yo, para protegerlos al
uno del otro, y de los demás.
El moreno bebió otro trago y sonrió levemente, apretando la mano
en su brazo y tocando la tela de su camisa mojada, notando cómo
se pegaba a su cuerpo y poniéndose serio –No quiero volver a su
cama…
- Y yo no quiero que vuelvas – lo miró directamente de nuevo, besándolo
con suavidad. – Déjamelo a mí, ya pensaré en algo.
-No hagas nada estúpido…- lo sujetó por la camisa atrayéndolo sobre
él y besándolo apasionadamente, cerrando los ojos al sentirlo sobre
su cuerpo –Si algo te ocurre no me quedará nada…
- Te dije que siempre estaría contigo, ¿no? Ten algo de fe....
sé hacer mi trabajo – le sonrió, para tranquilizarlo, aunque él
mismo se sentía inseguro. Le pasó una mano por el rostro, echando
su cabello hacia atrás y besándolo de nuevo. – No nos separaremos
de nuevo....
-¿Y entonces por qué estamos separados aún? ¿Cuándo se acabará
esto?...- lo miró a los ojos y luego sus labios mojados, revolviéndole
el cabello con una mano –Estás muy frío…
- Hace frío... – sonrió un poco más, pensando que con la camisa
que llevaba, y sin cazadora, era lo normal en esa lluvia. – Cuando
esto acabe.... le pediré al Oyabun que te deje regresar a nuestra
familia.
-¿Y crees que me dejará? ¿Has pensado cual será el final de esto?
O sólo piensas… “confío en el Oyabun y nos protegerá” ¿Incluso a
mí?
- Shh..... Te dije que me lo dejes a mí. No te preocupes. – le
colocó un dedo sobre los labios, a sabiendas de que no estaba siendo
realista, pero tal vez aún podían lograrlo. – El Oyabun te defendió
ayer ante Nakazato-san...
-¿Sí?... me siento abandonado…- sonrió de medio lado -¿Y qué decía
Nakazato-san de mí?- le rodeó la cintura con el brazo, apretándole
un poco la camisa y acariciándolo.
- Pues.... dijo que tal vez ya no siguieras de nuestro lado. Y
el Oyabun lo riñó. – se rió con suavidad. – No lo culpes, no te
conoce como yo... Y a veces, es demasiado desconfiado.
-No lo culpo… no es como que no me lo haya planteado… de no ser
por ti… ya no sabría ni quien soy…- le tocó los labios con dos dedos,
notando el calor y la suavidad de estos –¿Qué estás pensando?
- Que tengo que sacarte de esto. Y que te ves muy guapo así, con
todo el cabello mojado.... – sonrió, besándolo y desviando el tema.
-Si no fuera porque te conozco, a lo mejor te creería… - se rió
mirándolo y pesando que tal vez lo estaba agobiando con tanto hablar
de sus problemas en lugar de aprovechar el tiempo juntos –El Oyabun
creerá que vengo de bañarme en la playa…
- Te amo, Toma. Es todo lo que puedo decir por ahora. – le lamió
el cuello, succionando un poco el agua. – Te amo, esto se arreglará
y estaremos juntos de nuevo.
-¿Quieres hacerlo? Eh… ¿Yûgure?- le pasó la mano por la espalda
pensando en lo que iba a hacer esa misma noche… había tomado una
decisión.
El rubio le sonrió mirándolo a los ojos. – Ahora mismo..... no
hay nada que quiera hacer más.
-¿No?- lo miró a los ojos y le pasó la mano por la nuca, besándolo
y pasándole la mano por la espalda, rozando la tela fría y mojada,
arrastrándola con él y subiéndola por su cuerpo apenas un poco,
lo suficiente para tocar su espalda. Se volteó sobre él sin dejar
de besarlo, abriéndole la camisa y lamiendo las flores y las olas
tatuadas en su pecho, sintiendo el ligero relieve que marcaba por
donde había sido tatuado –Este dragón jamás desaparecerá de mi piel…
- Entonces le daré un nuevo significado y ya no importará.... –
sonrió, metiendo sus dedos por entre su cabello, y alzándole luego
el rostro para besarlo, bajando las manos por su tatuaje. – Amaré
todo lo que sea tuyo.........
-Ojalá pudiera desaparecer… contigo… lejos de todo esto…- le besó
el cuello, succionando su piel y bajando la mano por dentro de su
pantalón, tocando su sexo con suavidad, deslizando los dedos por
cada rincón, apretándolo un poco y abriendo su ropa con la otra
mano.
- Sh.......... aquí no existe nada más. – susurró, mirando hacia
arriba, mientras sentía sus labios en la piel, sus manos tocándolo,
tratando de seguir su propio consejo. Bajó la mirada de nuevo, observándolo
excitado y desabrochando su camisa para quitársela, dejando su torso
al desnudo.
-Si no existe nada… ¿Por qué tenemos que hacerlo en un tejado?
¿Por qué tenemos que estar escondidos?- lo miró a los ojos y apretó
las mandíbulas –Puedo decir que no importa… pero no es verdad… -
se apoyó en su pecho apretando la cara contra él y mordiendo la
tela de su camisa.
- Toma.... – el chico lo abrazó contra él acariciando su cabello,
débil ante sus emociones. – No lo sé, odio tu trabajo. Lo siento...
– se disculpó por hablar de manera tan poco sutil, pasando los dedos
con delicadeza por el tatuaje visible ahora– Se acabará, Toma. Yo
te protegeré...
El moreno lo abrazó con fuerza, también rozándose contra su pecho
y agitándose un poco por el llanto que contenía a pesar de que le
bajaban algunas lágrimas. No sabía si sentía más rabia o era sólo
desesperación… desesperación por no tener nada real… porque las
únicas personas que concebía como hermanos eran sus enemigos y estaba
traicionándolos…
Yûgure lo apretó con más fuerza, temblando por tratar de mantenerse
fuerte, de ser su soporte. Era terrible verlo así, ni siquiera podía
imaginar lo que sentía. Sólo que odiaba a todos y a todo lo que
le hiciera daño. – Está bien, estás conmigo. Yo no voy a dejarte
nunca...
Toma respiró con fuerza, tragándose las ganas de tirar la toalla
e intentando calmarse lo suficiente como para poder hablar con la
voz firme. Ni siquiera quería mirarlo a los ojos sintiéndose débil
-¿Recuerdas cuando nos conocimos? La primera vez que fuiste mi contacto…
- Sí.... – sonrió, por su parte con la voz temblorosa. – Recuerdo
que pensé que eras tan.... increíble... Me sentí honrado de hablar
contigo.
-Yo pensé… que al fin me libraba de ese viejo insoportable… y entonces
te acercaste… y cuando vi tu cara sonriendo…- sonrió levemente al
recordarlo pese a que su rostro se veía algo cansado y enrojecido
por aguantarse el llanto –Ah… pensé… “ese chico es mío…”
- ¿Sí? – se rió el rubio sin poder evitarlo a pesar de todo. –
Bueno, yo también me fijé en tu paquete pero eso no te lo iba a
decir. Y entonces, empezaste a hablar y.... luego no podía esperar
para verte de nuevo.
El moreno se rió también sin poder evitarlo y apoyó la frente contra
la suya, rozando sus labios contra los del chico –Te amo…- lo besó
de nuevo y sonrió al mirarlo a los ojos –Mi paquete tampoco puede
esperar para verte de nuevo…
- Baka.... – se rió besándolo de vuelta. – Y no he olvidado la
primera vez que me besaste. Me tomaste por sorpresa y te fuiste
sin más. Y me tuve que quedar así hasta la próxima vez. – le golpeó
la cabeza como en venganza tardía.
-Quería probar a qué sabían esos labios… y no quería saber si te
molestabas…- sonrió de medio lado y lo besó suavemente de nuevo
–Llevabas un pantalón negro y una camisa azul… te pusiste rojo…
- Lo recuerdas! – se rió, incrédulo, alborotándole el cabello.
– No pude dejar de pensar en eso en toda la semana, me estaba volviendo
loco.... Gracias a Dios, que ya no necesito fingir...
-No, ya no…- lo miró a los ojos y sonrió levemente, deseando poder
decir esa misma frase él algún día –Está anocheciendo… y me tendré
que ir… quería hacer el amor contigo…
- Lo haremos la próxima vez, antes de cualquier cosa, haremos el
amor. Así que mejor prepara una carta para que no tengamos que hablar
mucho. – le sugirió, besándolo profundamente, y sintiendo el dolor
de la separación ya. Le costaba más que nunca esa noche.
-Tenía que ser hoy… pero está bien… la próxima vez… - lo miró a
los ojos fijamente, besándolo otra vez y frunciendo el ceño mientras
lo hacía, abrazando su torso desnudo contra el suyo –Si algo me
sucediese…
- No te va a suceder nada! No digas eso.... – negó con la cabeza,
sus ojos fijos en los del moreno. – Nada...
-Vale… perdóname…. No sucederá nada…- le sonrió levemente y le
besó de nuevo, levantándolo consigo y poniéndose la camisa, sintiéndose
estúpido conforme abría los labios para decir aquello –No quiero
separarme…
- Yo tampoco.... – se cerró los pantalones, no sin antes acomodarse
un poco. – Pero no sucederá nada, no más pensamientos funestos.
Yo te cuidaré, y tú no harás nada que les haga sospechar.
-No… - lo miró mientras se abrochaba su propia camisa –Yûgure…
algún día… se nos dará bien mentirnos el uno al otro… pero ese día
aun no ha llegado… - lo sujetó por el brazo y le besó los labios
–Salgo yo antes… llego tarde… - se volteó dándole otro trago a la
petaca.
- Yo.... prefiero que ese día no llegue. – sonrió, a manera de
despedida, sintiendo que se le aguaban los ojos pero aguantando.
Se suponía que le diera fuerzas, ¿no?
El moreno se giró en la puerta y le guiñó un ojo antes de echarle
un beso con los labios, sonriendo de medio lado antes de cerrarla
tras él y bajar las escaleras con un gesto por completo diferente.

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