.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Yakuza Fanfic Yaoi

Capítulo 5- The Second in Charge

Gouka se desvió por el pasillo del cuarto de su hermano, que de todos modos había salido y se topó con el rubio delante al cruzar la esquina -¿Dónde está mi hermano?

- Buenos días. – lo saludó de todos modos. – En su habitación, se está terminando de vestir. ¿Viene a hablar con él?

-No… sólo quería saber si estaba de mala hostia…- encendió un cigarro y el pelirrojo lo escuchó hablar afuera. Abrió la puerta colocándose la corbata en el cuello y observándolo fijamente, serio por un rato hasta que finalmente sonrió levemente.

-¿Ya se te ha pasado?- preguntó obviamente para molestarlo por su actitud, que consideraba como siempre desconsiderada y exacerbada.

-Hasta que te vi, sí…- el moreno lo miró sonriendo de medio lado con el cigarro en los labios

-Me alegro… pero tengo que irme, así que… ya hablaremos después y cámbiate de ropa… por la tarde estaremos ocupados…- se pasó la mano por el cabello observándolo.

-¿Dónde vas?- lo miró notando que no le decía que lo necesitase ahora y tampoco el otro chico parecía listo para salir.

-Con Saeka… a comprar unas cosas…- se rió como si nada, aflojándose un poco la corbata.

- Que se divierta, Oyabun, y tenga cuidado – le deseó el rubio sonriendo. – Yo le haré compañía a su hermano mientras si me lo permite. – lo miró de soslayo.

-Claro…- sonrió levemente y le hizo una seña a unos chicos que estaban esperándolo para que fueran con él. Se paró en el pasillo y los miró a ambos –Por cierto… no sé cómo… pero ha desaparecido la sortija que le iba a regalar, así que ahora- miró a su hermano con una sonrisa aún más pronunciada –Haz el favor de comprar una igual- se giró por fin saliendo.

El moreno se giró para mirar al otro chico y se sacó la caja del bolsillo mostrándosela vacía.

- Nakazato-san..... ¿por qué hizo eso? – lo miró frunciendo un poco el ceño, pero sonriendo sin poder evitarlo. – Desearía que dejara de pelear con el Oyabun. Esta tarde, vendrá el hermano de su prometida. Quiere que esté allí.

-Joder, qué bien… lo que faltaba, el niño ese…- se rascó el cuello y le entregó la caja al otro chico –Ven, voy a cambiarme…

- Pero lo hará, ¿no es así? – lo siguió por los pasillos. – Es importante.

-Sí…- se quitó la camisa para ponerse otra y se la encamisó antes de colocarse el revólver de nuevo –El anillo… no sé por qué lo cogí, simplemente estaba en mi mano cuando me di cuenta. Supongo que quería joderle y acabé jodido yo, como siempre.

- Y eso ¿no le dice nada? – le preguntó, ladeando la cabeza y sonriendo un poco. – El Oyabun le quiere y mucho. Le ha perdonado cosas que no le perdonaría a nadie. Si fuera yo, ya no tendría mano... – se rió bajito sin poder detenerse.

-Eso me conforta… mucho…- lo miró de soslayo ajustándose la camisa -¿Qué es lo que opinas tú? De la elección de mi padre…- volvió a recordar a aquellos viejos hablando sin parar la noche anterior.

- ¿Qué opino? – se rascó la cabeza, nervioso por aquella pregunta y tranquilizándose casi enseguida. – Creo que su padre tomó esa decisión porque de entre ustedes dos, el Oyabun es el más calmado. Y creo que esperaba que ambos cooperasen.

-No, lo que yo te pregunto es que opinas tú de su decisión, ya he oído mil veces sus motivos estúpidos… - se recogió el cabello y salió del cuarto con el rubio –Vamos a buscar el maldito anillo…

- Bien, opino que ambos están calificados para ser el Oyabun. Si por mí fuera, esta familia tendría dos, aunque sea poco tradicional. Pero también me parece que en estos momentos, no se está comportando como el líder que puede ser. – se quedó callado, sintiendo que había hablado demasiado, pero le era difícil no hacerlo a veces.

-Comprendo…- se quedó serio porque sabía que tenía razón, pero no podía evitar que le sacase de sus casillas. Claro, que de ese modo sólo demostraba lo poco capacitado que estaba para controlarse y lo sabía por más que no lo pensase admitir ni muerto –Tú siempre estás a su lado… ¿no crees que en realidad le tiene más aprecio a esa mujer de lo que dice?

- Le tiene cariño, es cierto. Realmente le agrada. – sonrió, relajado ahora que veía que no se había enfadado. - ¿Por qué lo pregunta? ¿No piensa que vaya a volverse descuidado? No está en su personalidad.

-No lo sé… es una yakuza… podría tratar de matarlo- se guardó las manos en los bolsillos mientras salía con el rubio, subiéndose al coche con otros dos delante –Tal vez él se cree que está siendo muy inteligente y que está engañándola y ella esté dejándole creer eso… ¿no crees? Podría ser… y … ¿no crees que esta unión es equivocada?

- Así que sí se preocupa..... – murmuró sin cuidarse mucho de lo que decía. – El Oyabun es inteligente, confío en que sabe lo que hace. Y también sé lo que está pensando, esa mujer es inteligente también, no es cualquier chiquilla interesada sólo en riquezas o encandilada, lo sé. Pero para eso estoy yo, para mantener los ojos abiertos. Y usted también, ¿no es así?

-Sí… pero todos tenemos polla… y mi hermano tiene su única debilidad entre las piernas…- sujetó el cigarro entre los labios y abrió un mínimo el vidrio tintado de negro.
- Puede ser, es un hombre, como todos. Pero nosotros dos, y espero que los demás también, no nos cegaremos por ella. – lo miró, observándolo cuidadosamente. – Nakazato-san, sé que tienen sus diferencias, pero confía en su hermano, ¿cierto? Él tiene sus planes.

-Confío en él… - lo miró a los ojos y se apartó un poco el cabello negro de la cara, recogiéndoselo bien en una coleta –Una cosa es que crea que yo deba ser el líder y otra que crea que es un mal líder, aún así… no conozco sus planes… la verdad… ¿y tú?

- Algo.... y creo que va por buen camino. – le sonrió, guardándose de contarle, a pesar de que también confiaba en él. – Lo que me gustaría es que usted lo apoyase. Sería lo mejor para la familia, en realidad creo que serían casi invencibles juntos.

-A mí no me lo ha contado… dímelo- se giró un poco en el asiento acercándose un poco más con toda la intención de presionarlo.

- Sabe que no puedo hacer eso, sería traicionar la confianza del Oyabun. – se echó hacia atrás en la misma medida. – Usted debería preguntarle.

-Él, debería contármelo… ¿no?- le devolvió, observando sus ojos atentamente –En todo caso me imagino que lo que hará será liquidarlos en cuanto pueda… para unir las dos familias- se quedó observándolo para ver qué efecto causaba esa hipótesis.

Yûgure se rió, no muy alto. En realidad eran distintos, aunque tenían el mismo objetivo en la mira. – Debería dejar eso, no puedo decirle, en serio. ¿Le ayudaría si ese fuera el caso?

-Lo ayudaré porque es mi deber… pero creo que las familias no deben unirse, nunca confiaré en un Miyamoto- se aproximó un poco más y sonrió levemente –Qué transparente eres…

- No lo soy – sonrió, pensando que si fuera cualquier otro, ni una pista le hubiera dado. Lo cierto es que pensaba que era una buena manera de involucrarlo.

-Para mí lo eres…- se rió levemente abriendo la puerta del coche y saliendo para entrar en la joyería con el chico, los hombres sonriendo y corriendo a atenderle aunque sospechaba que era para que se fueran cuanto antes y no le espantasen a los demás clientes. Le pasó la caja a Yûgure para no molestarse en hablar él.

- Queremos un anillo igual al que viene en esta caja. – casi le ordenó el chico al hombre de la joyería, a sabiendas que no se lo negarían. – Y no quiero el que tienen de muestra, que sea uno sellado.

-¿Este?- el hombre se los mostró y el moreno lo cogió de su mano.

-Muy amable… aunque no era necesario un regalo tan caro…- se lo guardó en el bolsillo de la chaqueta y salió delante de Yûgure, el hombre mirándolos con cara de que lo habían golpeado.

El rubio salió riendo un poco. – Esta vez logró romper el ciclo.

-Sí…eso estaba pensando…- se rió guardándose las manos en el bolsillo –Eh...esperadnos a las siete donde siempre- les avisó a los otros dos chicos que estaban en el coche esperando –Vamos…

- ¿Puedo saber a donde? – le preguntó, siguiéndolo y vigilando que no fuera a perder el anillo ahora.

-¿Quieres llevarlo tú?- sonrió de medio lado, notando su mirada y entregándoselo. De todos modos no tenía ganas de dárselo él a su hermano –Tengo que ir a hacer unos cobros… y tú me acompañas.

- Vale- asintió, guardando el anillo. – Mejor aún si va a hacer cobros. – comentó, recordando la de veces que el moreno había resuelto las cosas de manera no pacífica, por decirlo así.

-Ya… - lo miró de soslayo y se metió entre las calles hacía el distrito rojo, volviendo hacia la zona de ayer noche y mirando a lo lejos el local, pensando en Nagare –Tú te pondrías de parte de mi hermano si llegase el momento ¿verdad?

Yûgure suspiró, pensativo, bajando un poco la cabeza. – Prefiero no pensar en eso. Los aprecio a ambos. – La realidad es que le debía su lealtad al Oyabun en el esquema de la familia, así sería. Pero realmente no deseaba que llegase un momento así.

-¿Le habrías respondido lo mismo a él si te lo hubiera preguntado?

- Sí, exactamente lo mismo. – alzó la mirada de nuevo, hacia su rostro.

-Te creo…- admitió sincero a pesar de estar un poco desconfiado, pero posiblemente en la única persona que confiaba completamente era en él, desde pequeños los tres habían estado siempre juntos -¿Sabes si mi hermano le pagó a alguien ayer para que se acercase a mí?- preguntó como si no llevase acostándose con el días atrás. Pero quería resultar causal

- No lo hizo, intentó enviarle a uno de los chicos pero estaba asustado y se negó. – se encogió de hombros, ya que era algo natural. - ¿Por qué lo pregunta? ¿Se le acercó alguien sospechoso?

-No, no era sospechoso…- encendió otro cigarro y sonrió levemente aunque hubiera preferido no hacerlo.

- Nakazato-san.... – lo miró de soslayo serio, recordando la conversación de la noche anterior. – No vaya en contra del Oyabun. No es bueno para nuestra familia, ni para usted, ni para él.

-¿Es una orden?- lo miró serio también, deteniéndose y mirándolo a los ojos.

- Es una petición, de alguien que lo quiere como un hermano. – le sostuvo la mirada, sin ceder ni un ápice.

-No fui contra él ¿verdad? Sólo me senté… él se fue… yo sólo hice lo que él me pidió…

- Sabe a qué me refiero. Sé que lo comprende.

-¿También le dijiste a él que hablase conmigo para saber por qué actuaba así?...- siguió mirándolo a los ojos -¿Lo hiciste?! ¿Le preguntaste por qué me insistió hasta que cedí y entonces se fue? ¿Tan siquiera alguno de los dos pensó en mi situación? En por qué acercarme sólo me tocaría aún más lo cojones…

- Claro que sí! Hago lo que puedo, los dos son imposibles! – le devolvió, agitado, y bajando la voz de nuevo, a sabiendas de que se estaba pasando. – Fue por la manera en la que lo hizo, obedeciendo órdenes casi, no porque quisiera estar con él. Se siente solo, no necesito preguntar eso.

-¿Y yo?! ¿Cómo crees que me siento yo?... Qué cojones, se sentía solo rodeado de tíos… - se rió incrédulo -¿Sabes qué? Haz tú los cobros…- se giró negando con la cabeza, consciente de que siempre le pasaba lo mismo, no podía controlarse y aún así no podía detenerse aunque quisiera.

- No! – le gritó sujetándolo de la mano, sus emociones sobrepasando su sentido del respeto. - ¿No entiendes? No lo hago sólo por él. Deja de luchar contra todos!

El moreno apartó la mano de golpe casi tentado a retorcerle la muñeca –Lo entiendo perfectamente, ya sé que yo soy el malo siempre- lo observó serio, ofendido –Si él hubiera venido a mi lado… entonces creería que se sentía solo, podría haber venido a hablar conmigo si era lo que deseaba, pero no era eso… quería llevarme a su escena ¿sabes por qué? Hace falta un malo… para que el bueno luzca…

- ¿Realmente piensa eso? – preguntó más calmado, tratando de controlarse mejor. – Se sintió rechazado por su negación. Le invitó a su mesa porque usted llegó después. Y también sabe cómo son las cosas.

-¿Cómo son las cosas?- lo miró a los ojos un poco harto de aquella conversación que se reducía en defender a su hermano -¿Sabes lo que no soporto en una discusión? Que la persona siga hablando sin parar y sin contestar a los argumentos realmente… él sabe que no quieren estar cerca de mí… ¿para qué me llamó? ¿Para qué le dijo a ese que fuera conmigo? Sólo para ver cómo me rechazaba y se quedaba con él… siempre lo hacía con todos.

- ¿De veras crees que tu hermano te odia tanto? ¿Qué quiere hacerte sufrir? – lo miró a los ojos, olvidando de nuevo la ceremonia. – Es el Oyabun, debe demostrar que lo respetas también, lo sabes. No creas que no lo sé, no estás en una posición agradable tampoco. Pero no conseguirás nada así.

-No… nadie comprende lo humillante que es mi situación… debería ser el Oyabun y soy el guardaespaldas de mi hermano menor… nadie lo comprende…- se giró de espaldas y se marchó pese a todo harto de aquella conversación que no llegaría a ninguna parte.

- Nakazato-san.... – suspiró el rubio, girándose también para ir a hacer los cobros de todos modos. Alguien tenía que hacerlo. No sabía por qué continuaba pensando así. Seguía creyendo que de los dos, Gouka era el que tenía más posibilidades de comprender. El Oyabun era muy inteligente cuando se trataba de negocios, pero al parecer, no tanto cuando se trataba de su hermano. Aunque tal vez era tiempo de cambiar de estrategia.


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