.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 24- Long Buried Emotions and Childhood Souvenirs

- Riot? Riot! – Kenran caminó presuroso por el palacio buscando al conejo, deseoso departir cuanto antes. Detuvo a uno de sus sirvientes, preguntándole. - ¿Has visto a Riot? Se supone que debe escoltarme.

- Está afuera, su majestad. Esperándolo junto al carruaje.-le contestó el sirviente, sin duda pensando que era de lo más obvio, pero claro, sin decírselo.

- Oh, cierto. Muchas gracias-le sonrió, sin saber qué más decirle, dándole unas palmaditas en la cabeza luego como si se tratase de un niño pequeño.- Buen trabajo –Y salió, cruzando presuroso los pasillos del castillo hasta salir por la puerta principal.

El albino lo miró sonriendo y preguntándose para qué debían recorrer una distancia tan corta en el coche, pero desde luego sin hacer ninguna referencia al respecto. No tenía ganas de cambiarle el buen humor que parecía traer. Le sonrió inclinándose un poco y abriéndole la puerta esperando a que se subiese para entrar con él.

- Siempre tan amable- le saludó el moreno subiendo al coche, y sentándose en los suaves asientos decorados de manera que imitasen la textura de las rosas. - ¿Crees que me gritará? – le preguntó, como si aquello fuese lo normal.

-No lo sé… a lo mejor de entrada sí… porque él siempre grita ¿no?- preguntó mientras entraba, cerrando la puertecita y jugando con los dedos en una de sus orejas nervioso por saber si el duque le dejaba a Hangetsu ir con él. Era mejor no ir solo, eso desde luego –Luego iré a buscar a Bran…

- ¿Bran? – lo miró, sin comprender, sus ojos iluminándose poco después. – El extraterrestre.... Me alegro mucho de que lo hayas decidido. ¿Necesitarás algo? Tal vez una escolta real o provisiones.... – le ofreció, pensando en que le gustaría mucho ir y explorar ese mundo extraño. Pero el rey no podía ausentarse, era molesto, pero perfectamente lógico claro.

-Gracias majestad… estaré bien… estoy seguro de que no será tan difícil vivir allí… no puede ser MUY diferente…además, es posible que el gato de Chesire me acompañe…

- ¿Ese .... gato? – le preguntó sorprendido, aunque no estaba seguro de que fuera buena idea. Por otro lado, eso le convenía ¿no? No era que detestase al chico, en realidad, le parecía interesante, pero no podía negar que le gustaría tener algo de tiempo con el duque sin ninguna otra presencia cerca. – Supongo que... está bien, pero debes contarme todo lo que veas. Lo harás ¿verdad?

-Claro que sí, como siempre- le sonrió pensando que parecía muy intrigado por saber –Tal vez le gustaría venir… podría cuando sepa si es seguro, ir de visita y ver cómo es aquello… - arqueó un poco una ceja pensando en cómo se había referido a Hangetsu preguntándose si se celaba de él. Pero a él no le parecía que entre el duque y el gato hubiera esa clase de relación.

- ¿En serio? Pero no sé si podría... –meditó, aún pensativo, aunque no tenía por qué haber ningún problema porque se ausentase un par de días. – Es importante para un miembro de la realeza, tener una cultura amplia. – sentenció, asintiendo y escudándose con aquello.

-Cierto…- el albino lo miró a los ojos encontrando ese argumento realmente lógico –No se vería bien que nadie más en el reino supiera más que el rey y no creo que nada suceda porque todos le respetan… pero primero yo me aseguraré de que es un lugar seguro…

El carruaje se detuvo y el albino se bajó tendiéndole la mano al rey para que se bajara.

Koushaku escuchó el ruido del carruaje y empujó la cortina de la ventana de su cuarto con una bota, tendido en la cama como estaba para ver quien llegaba -¿Quién cojon…?- se sentó de golpe en el colchón viendo que se trataba del carruaje de Kenran y se levantó de golpe.

- Muchas gracias, siempre puedo contar contigo.... aunque llegues tarde – lo riñó a medias, a pesar de que estaba demasiado alegre como para reñirlo realmente. Miró la casa del duque examinándola, ya que las pocas veces que la había visitado, había sido de niño, y con su padre.

Hangetsu apareció tras el duque, sonriendo y observando hacia fuera. - ¿No te hace feliz? Tienes visita, y no cualquiera....

-Joder… ¿lo sabías?- lo miró a los ojos apuntándolo al pecho con un dedo. Se giró para ponerse una camiseta que estaba tirada en el suelo por encima -¿A qué coño viene? Joder… seguro que jode!- bajó las escaleras a toda prisa cabreándose por adelantado.

El felino se rió en bajito, desapareciendo para seguirlo, mientras el rey era bienvenido por un sirviente nervioso, ya dentro dela casa. Kenran alzó la mirada, sonriendo al ver al ver al pelirrojo. – Koushaku.

Riot buscó con la mirada a Hangetsu, preguntándose si le habrían dado permiso para ir con él. Desvió la mirada después al duque observando su cara de mala hostia preguntándose el motivo –El rey tenía muchas ganas de hacer una visita al duque…

El pelirrojo lo miró cambiando un poco su expresión aunque no sabía si creérselo, casi creía que el albino se burlaba -¿Para eso has venido? ¿Para verme?

-Por supuesto, Koushaku. Es un gesto de cortesía devolver las visitas. – contesto, orgulloso como siempre, y sonriendo nuevamente, acercándose un poco. - ¿Estás complacido?

Hangetsu, por su parte, bajó las escaleras, colocándose tras Riot y pellizcándole una nalga, malditamente, mientras besaba su mejilla.

El albino por poco pega un salto y se llevó la mano a la nalga echándose al lado de donde había provenido el beso, aplastando un poco al gato con toda la intención –“Espera…” – le susurró no muy por la labor de dejarlos solos aún teniendo en cuenta los defectos de cada uno.

-¿Por eso has venido? ¿Por cortesía? Entonces me toca mucho los cojones que hayas venido… a mí no me haces ningún favor…- se volvió de espaldas subiendo las escaleras de nuevo –Te puedes largar!- Riot se acercó al rey inmediatamente.

-“Majestad… así creerá que no quieres venir a verlo y lo haces por compromiso…” – susurró.

El moreno miró Riot de soslayo, considerándolo y alzando la mirada a las escaleras donde se encontraba el duque.- Eres un necio, como siempre. He venido porque.... deseaba verte- le respondió por fin, un poco sonrojado, aún intentando mantener ese aire de orgullo real.

Por su lado, el felino había vuelto a subir en pos de su amo, ágilmente llegando a su lado a tiempo para susurrar. – “Dile algo agradable... No quieres que se vaya ¿cierto?”

El pelirrojo lo miró a los ojos con todo el cabreo del mundo que llevaba encima y alzó la cabeza un poco mirando a un lado –“No”- susurró sin mirar al gato. Suspiró profundamente mirando a Kenran de nuevo. Claro, que si lo miraba demasiado era como si le flojearan las fuerzas así que solía preferir no mirarlo a la cara -Entonces no mientas, ni pongas excusas estúpidas, ven- extendió la mano hacia abajo de las escaleras y desvió la mirada de nuevo.

- No miento, sigue siendo cortés devolver las visitas. Aunque no sea ese mi motivo – insistió necio, extendiendo su mano y subiendo hasta tomar la de Koushaku, mirándolo a los ojos y sonriendo un poco.

- “Recuerda que no quieres que se vaya” – le volvió a susurrar el felino para que no se le fuese a olvidar durante el tiempo que él estaría ausente, y procedió a bajar las escaleras, sonriendo, apareciendo sólo al llegar al pie de las mismas, e inclinándose desde allí para hacerle una reverencia al rey.

Koushaku lo miró a los ojos y bajó la vista a su sonrisa. Le tomó la mano con fuerza sujetándosela de forma algo basta y se giró de espaldas al gato pensando que de todos modos, no lo iba a dejar irse así como así. Lo llevó por el pasillo como si aún fueran pequeños, recordando aquello y miró atrás de soslayo sonriendo levemente –Vamos a mi cuarto.

- Te sigo – accedió el rey preguntándose si aún sería el mismo y acomodándose el mechón rojo con la mano libre.

Abrió el cuarto, que efectivamente seguía siendo el mismo, claro que no se veía igual. Se lo llevó con él hacia la cama y se sentó en el borde sin soltarle la mano tirando con la otra las revistas y demás cosas que había sobre ella al suelo –Siéntate- le dijo soltándolo por fin –Mis padres me prohibieron estar a solas contigo en el cuarto cuando cumplí trece años ¿sabes por qué?

El chico negó con la cabeza. Añadiendo su parte de la historia luego. – No, pero a mí me dijeron lo mismo. Y por más que preguntaba sólo me decían que no era comportamiento digno de un rey, pero nunca comprendí eso, supongo... – sonrió, observándolo curioso.

-Pf… digno de un rey… ¿no es digno de un rey estar en un dormitorio de un amigo? Qué estupidez…- se dejó caer hacia atrás contra el cabecero de la cama y sacó un cigarro observándolo y desviando la mirada a la ventana –Qué extraño que tú no comprendas algo ¿no? Que lo sabes todo- sonrió de medio lado.

- Oh, calla. ¿Vas a comenzar con eso? – se rió, contento por verlo sonreír. – Y aún no me dices por qué, tú sí lo sabes ¿o no?

El pelirrojo lo miró alzando una ceja –Claro que lo sé- se quedó mirando afuera de nuevo, recordando cómo su madre lo había sorprendido masturbándose con algo de Kenran y se llevó la mano a los labios riéndose y bajando la cabeza un poco. Abrió un cajón de la mesilla y le mostró una prenda que obviamente debía pertenecerle cuando era pequeño –No te lo voy a devolver- aseguró antes de nada cerrando el cajón de nuevo –Pero eso ya te llega para que des rienda suelta a tu imaginación ¿o ni eso?

- ¿Te robaste eso? Pero es ridículo, ni siquiera lo recordaba- se rió, cubriéndose la boca, sin siquiera imaginarse la realidad. – Tal vez debería cortarte la cabeza. – murmuró luego, aún sonriendo un poco, sin querer admitir lo mucho que lo alegraba el que aún lo conservase.

-Inténtalo…- suspiró pensando que era un espeso irremediable en ciertos aspectos –No me lo robé, estúpido, tú te lo dejaste aquí y yo lo escondí porque quería quedármelo… pero esa no fue la cuestión- Se arrodilló en la cama y le pasó una pierna por encima para quedar frente a él. Notó que el corazón se le aceleraba en el pecho y se inclinó acariciándose contra su rostro, sintiendo el olor a rosas de su cabello y su cuello -¿Por qué has venido?

- Porque quería verte, ya te lo dije... – contestó sonrojado y un tanto nervioso, murmurando después en tono de regaño. – Y te agradecería que no me llamases estúpido.

- Estúpido- sonrió de medio lado contra su cuello y aproximó los labios a los suyos rozándolos, sintiendo como una corriente recorrerle el cuerpo. Respiró con fuerza contra ellos y lo miró a los ojos –Me encantaba meneármela con tu camiseta… olía a ti…- lo sujetó por los hombros apartándolo de él y acostándolo en la cama -¿Sabes? No deberías estar aquí solo en mi cuarto…- se burló un poco antes de agacharse para besarlo de forma un tanto brusca. Claro, que no lo habría calmado en aquellos momentos ni agua fría a presión.

Kenran lo apartó un poco, mirándolo a los ojos, claramente agitado ahora. – Te dije que no me llames estúpido, soy tu rey. Y tampoco pretendas decirme lo que debo o no debo hacer. Ya estoy bastante crecidito. – lo riñó, tan sólo para deslizar su mano por la nuca del pelirrojo acercándolo a sus labios de nuevo y besándolo, esta vez, de manera mucho más pausada.

El duque le apretó los hombros con fuerza sin embargo, besándolo de nuevo de forma algo apresurada y cerró los ojos empujando su rostro con la cara lamiéndole el cuello y succionando su piel mientras bajaba las manos por su pecho. Le abrió la parte de arriba y pasó una mano por él, volviendo a sujetar su hombro con la otra –Yo creo que sigues siendo un crío mimado…- no se pudo callar finalmente. Lo miró a los ojos, agitado, y lo besó de nuevo frotándole el pecho más que acariciárselo.

- Yo creo que... sigues siendo un chiquillo insolente – le contestó, necio como siempre, pero sin apartarlo ni moverse. Después de todo, lo deseaba tanto como el pelirrojo.

-Yo ya no soy un chiquillo, princesa… hace tiempo que no- Koushaku se arrodilló de nuevo separándose de él y observando su rostro altivo. No se podía creer que estuviera allí en su cama, dejándose tocar por él. Le pasó las manos por el rostro acariciándole los labios con dos dedos, se echó atrás de nuevo. Se sacó la camiseta, tirándola al suelo y observándolo, sintiendo que el pecho quería reventarle. Bajó la mano por su pecho y su abdomen pasándola sobre el pantalón de látex, rozando su sexo y sus piernas. Apoyó una rodilla entre ellas sintiendo el calor de su sexo y lo miró a los ojos apretándole los muslos y subiendo las manos de nuevo para rozar sus pezones sintiendo cómo se movía bajo su tacto, observando su piel pálida y suave, entreabrió los labios sin dejar de observarlo desafiante pese a todo. En realidad temiendo que pudiera detener aquello en algún momento.

- Koushaku...- gimió el chico, observándolo intranquilo y deseoso a la vez, y alzó una de sus manos para acariciar su mejilla, por más que lo mirase de esa manera. Sonrió, pensando que seguro no tenía otra y susurrando. – No me llames princesa...

-Princesa…- susurró cerrando los ojos con una sonrisa, dejándose acariciar y torciendo un poco el rostro para besarle los dedos dejándolos pasar entre sus labios. Le besó la mano y se la sujetó, rodeándose el cuello con ella e inclinándose sobre él para besarlo. Se apartó un poco de nuevo y lo miró a los ojos mientras se sentaba, recostándose contra la pared –Quiero verte… muéstrame… vamos… ¿recuerdas? Antes nos veíamos a menudo desnudos… es lo mismo- sonrió de medio lado consciente de que sabría que sólo se burlaba.

- No es lo mismo y no sé si lo mereces...- bromeó aunque serio, observándolo altivamente ahora mientras se sentaba a su vez.- Sigues llamándose princesa, sabes que siempre lo detesté.

El pelirrojo sonrió levemente –Por eso lo hago… majestad…- murmuró no falto de un tonito maldito, aún así observando cada uno de sus movimientos. Se tiró de un lado de la abertura del pantalón y lo escurrió apenas un poco hacia abajo, bajándose la ropa interior para mostrarle su sexo erguido -¿Y ahora? ¿No vas a enseñarme el tuyo? ¿Será que no te ha crecido?...

- Calla... –protestó aunque sus ojos parecían hipnotizados por el miembro erguido del pelirrojo. Finalmente, empezó a bajar la cremallera de su pantalón, alzando la cabeza como haciéndole ver que no lo afectaba al nivel al que lo estaba afectando realmente. – No hay absolutamente nada de malo con mi cuerpo, todo ha crecido exactamente en la medida en la que debe crecer.



 
 

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