Capítulo 23- Tell It To The Trees
Bran observó el árbol, preguntándose qué
demonios hacía allí de nuevo. Riot no iba a salir
mágicamente como aquel día, y mucho menos iba a quedarse
en su mundo. Era un conejo, por Dios!
- Un conejo necio y molesto.. – sonrió ligeramente
tocando la corteza del árbol. Además, ¿qué
iba a hacer aquí? En su mundo era mensajero del rey. No se
podía llegar más alto, suponía.
Ya había pasado todo un día desde que regresase a
su mundo. Al menos le había servido para comprobar que el
tiempo transcurría diferente entre ambos lugares. Su madre
apenas lo había reñido por llegar a su casa en horas
de la madrugada, pero le había servido para fingirse enfermo
y no tener que ir a la escuela.
Y ahora, luego de esperar a que su madre se fuera a trabajar, regresaba
aquí, a esperar lo imposible. Parpadeó, resistiéndose
a llorar, no era ninguna mujercita para estar decayendo cada cinco
minutos.
Desvió la mirada hacia la hierba, para encontrarse con que
el estúpido libro de texto que había dejado atrás
cuando salió corriendo tras del albino, aún estaba
allí tirado. Se notaba lo interesante que era que ni siquiera
los vagabundos lo usaban para taparse el rostro al dormir. Se rió
recogiéndolo con dos dedos y maldiciendo el que ahora hasta
ese detalle tan nimio tuviera valor sentimental para él,
y echó a caminar con rapidez como si pudiese huir de sus
sentimientos.
Pero tan sólo hubo dado unos cuantos pasos cuando se detuvo
de nuevo, observando el agujero y planteándose seriamente
el lanzarse de nuevo. Claro, que no tenía sentido, no podía
quedarse en aquel mundo y esta vez, tal vez no pudiese regresar.
Frunció el ceño, sacando una navaja de su bolsillo
trasero y tallando algo en el árbol con gesto decidido, casi
con furia, sus lágrimas finalmente escapando de sus ojos
hasta que no lo soportó más y se las limpió
con la manga de la camiseta.
Se dio la vuelta echando a caminar con prisas nuevamente y cruzando
la calle a la carrera. Si no se decidía ahora, no iba a dejar
ese lugar jamás. Simplemente tenía que dejar de pensar
en eso o se iba a volver loco. Y a lo mejor estaba loco, ¿quién
sabía? Pero si así era, le hubiera gustado seguir
alucinando.
|