Capítulo 17- ¿Do You Hate Me?
Ya los invitados habían abandonado los predios inmediatos
al palacio, aquellos que intentaban permanecer para enterarse del
cotilleo, escoltados por los guardias. Kenran bajó las escaleras,
dirigiéndose a las amplias puertas que daban al jardín,
y cruzando el mismo, solitario, habiendo dado órdenes de
que no lo molestasen so pena de cortarles la cabeza. Claro, que
sus palabras no habían sido tan contundentes como en otras
ocasiones, pero aún así, sus deseos eran respetados.
Se sentó bajo su destrozado rosal, apoyándose contra
su tronco, aún apretando el antifaz en una mano, aunque siempre
cuidando de no destrozar la blanca rosa, y finalmente comenzó
a sollozar silenciosamente, las ramas doblándose a sus lados
como si quisieran reconfortarlo, inclusive floreciendo poco a poco
para su beneficio, llenando el aire de la dulce fragancia de las
rosas.
El pelirrojo que había pasado largo rato oculto junto con
Hangetsu entre la maleza fuera de las verjas del jardín,
adivinando que allí se dirigiría, se giró al
escucharlo sollozar, sujetándose a los barrotes metálicos
con fuerza, apretando las mandíbulas y sintiéndose
como un cabrón. Sabía que la culpa era suya igual
que conocía el hecho de que jamás era capaz de detenerse.
Se mordió el labio con fuerza sintiendo el sabor metálico
de la sangre demasiado orgulloso para siquiera consolarlo por más
que no soportase verlo así. –Deberíamos irnos…-
murmuró.
- ¿Estás absolutamente seguro? – Hangetsu alzó
su mirada, observando su expresión, comprendiendo lo mucho
que aquello lo afectaba. – ¿No vas a estar luego en
la casa, sintiéndote mal?
-Oh… joder…- apoyó la frente contra las verjas,
levantándose y mirando al felino –Mierda… ¿comprendes?-
apoyó la cabeza contra el metal cerrando los ojos y escuchándolo
sollozar, siempre había estado indefenso en cuanto a verlo
triste. Entreabrió los ojos mirando de soslayo al jardín
–Supongo… que soy un cabrón- remató saltando
por la verja y escondiéndose en la oscuridad de los arbustos
aún sin separarse del felino aunque al otro lado -¿Lo
soy?
- No lo eres.... tal vez, sólo te excediste un poco y el
también, es todo. – le susurró tranquilizador
el felino, desapareciendo aunque permaneciendo a su lado. Tampoco
le gustaba ver a su amo sintiéndose así. Movió
la cola inquieto, mientras Kenran continuaba sollozando sin notar
la presencia de los otros chicos, las rosas ahora más numerosas
a su alrededor.
Bajó la vista pasándose la lengua por los dientes
nerviosamente y se agachó atrás de él, a un
lado, tapándole la boca con una mano para que no fuera a
gritar y atraer a los soldados. Aún así, por ese simple
hecho, sintiendo calor al rozar aquellos labios tan suaves y cálidos.
Le quitó el antifaz apoyándolo en la hierba, pasando
a acuclillarse frente a él, observando su rostro y aquellos
ojos tan hermosos aún más brillantes ahora por las
lágrimas –A ver…¿Qué te pasa ahora?...-
preguntó en un tono de reprimenda un tanto infantil, de culpabilidad,
que seguramente había usado muchas veces antes con él.
Girando la rosa entre dos dedos por el tallo, rozándole la
mejilla con ella y llevándose una lágrima en el camino.
Se acercó la rosa a los labios haciendo como si simplemente
la oliese, inevitablemente lamiendo el pétalo mojado.
- Na... nada. – le contestó, intentando ocultar que
lloraba, como si eso fuera posible y frunciendo el ceño de
manera nada convincente, para que no se notase el salto que le había
dado el corazón sólo con verlo y escuchar su voz.
– Te dije que no volvieras. Los guardias.... – murmuró,
aunque sin alzar la voz para llamarlos.
-Los guardias me importan un carajo igual que lo que tú
me ordenes ¿es que no lo asimilas? Que hago lo que me da
la gana…- le entregó la rosa blanca observando su rostro,
pensando que a pesar de todo, seguía teniendo aspecto de
dignidad y se veía hermoso –Deja de llorar, tienes
un aspecto horrible.
El moreno tomó la rosa, observándola ahora seguro
de que había sido él el intruso del día anterior,
y oliéndola, antes de mirarlo tras los pétalos. –
Sólo eres amable cuando te callas. – intentó
devolverle el “insulto” escondiendo una sonrisa con
la misma rosa. – Y ¿Por qué querrías
regresar aquí entonces?
El pelirrojo lo miró sintiéndose un tanto evidenciado
y desvió la mirada sentándose en la hierba con cara
de mala hostia, apoyando los brazos en las rodillas –Porque
sabía que estarías aquí lloriqueando.
- Realmente... realmente .... las cosas que dijiste, ¿eran
verdad? Y... – preguntó el rey, demasiado inseguro
y demasiado vulnerable como para atreverse a ser más directo
con sus preguntas, ahora girando la rosa entre sus manos, observando
sus pétalos brillar con el rocío nocturno.
-Yo sé que… dije muchas cosas…y estaba encabronado-
se sacó un cigarro del bolsillo prendiéndolo y mirando
afuera preguntándose si Hangetsu estaría bien, tampoco
quería dejarlo mucho tiempo solo aunque sabía que
podía arreglárselas -¿A qué te refieres?-
lo miró de nuevo a los ojos y luego observó la rosa
girando entre sus manos.
- Sólo venías a jugar conmigo porque te obligaban
y luego.... esta noche, ¿me hubieras matado? ¿Es posible
que me detestes tanto? – casi susurró, bajando el rostro,
como deseando meterse dentro de la rosa, un suave viento alborotando
sus cabellos.
Koushaku se apoyó en las manos mirando al rosal con el cigarro
colgando de la boca y suspiró mirándolo de nuevo –Me
hubiera tirado contigo- acabó por contestar sólo a
lo que le daba la gana y miró a un lado sacudiendo la ceniza
en el campo –Ya te lo dije…
- Así que.... preferirías morir conmigo que ser amable.
– le sonrió, finalmente, habiéndose olvidado
completamente de sus órdenes. Claro, que había estado
aterrorizado de que las cumpliera por primera vez.
Sonrió de medio lado inclinándose hacia delante y
pasándole los dedos entre los suyos mirando su mano –No
dejaría que nada malo te ocurriese… no seas estúpido…-
se levantó de golpe, bastante incómodo y le apoyó
la mano en la cabeza de forma algo brusca, empujándosela
hacia abajo –"Princesita"- murmuró desde
luego con segundas intenciones.
- Bruto salvaje.... no me llames así. Eres un insolente.
Debería cortarte la cabeza – lo riñó,
aunque sin poder dejar de sonreír ahora, y poniéndose
de pie también.
El pelirrojo tiró el cigarro al pie del rosal como si fuera
de abono y se guardó las manos en los bolsillos suspirando
e inclinándose hacia él echándole el humo en
la cara lentamente –¿Esta?- preguntó sujetándole
la mano y rozándose entre las piernas con ella. Lo soltó
y se fue caminando hacia las verjas como si no pudiera usar las
puertas, sonrió de medio lado mirando atrás de soslayo
y girando el rostro porque no podía evitar sonreír
sinceramente y no quería que lo viera.
- Eso fue absolutamente innecesario! Y no lances basura en mi rosal
– le reclamó, enrojeciendo un poco, y agachándose
para tomar el cigarro, negando con la cabeza. No era nada digno
de un rey el hacer esas cosas, pero no podía dejarlo allí,
además, le ayudaba a actuar como si nada hubiese sucedido.
-Pero te gustó!- gritó el pelirrojo saltando por
la verja –“y a mí también”- murmuró
entre dientes -Úsala esta noche, tienes mi permiso majestad!-
miró alrededor preguntándose donde estaría
Hangetsu.
- Debería cortarte la cabeza, en serio – lo amenazó,
enseriándose, como parte del ritual entre ambos, alzando
el rostro al sentir la lluvia de pétalos rojos caer a su
alrededor. Colocó una mano sobre una rama del árbol,
protestando. – Deja eso... – y logrando que el gato
le obedeciese a diferencia de su amo, saltando desde detrás
del rosal , para llegar junto a Koushaku, rozándose contra
su brazo.
El pelirrojo lo cogió por los hombros bajo su brazo, aproximándolo
a él y sonriéndole –Cabrito… estabas espiándome…
- Gatito.... – sonrió, reapareciendo completamente.
- .. Y no te escuchaba, lo juro, sólo los veía. Deseabas
que permaneciera cerca ¿no es así? – le preguntó,
sonriendo y guardándose para sí, que en realidad la
verdadera comunicación parecía llevarse a cabo entre
sus expresiones que a través de sus palabras.
-No importa si me escuchabas o no, de todos modos te hubiera contado
lo que quisieras…- encendió otro cigarro caminando
hacia la casa y sujetándolo en brazos porque le gustaba cargarlo
–Creo que ni siquiera necesitas que te cuente las cosas…
- No lo hago por molestar, sólo quiero verte feliz. –
movió la cola de nuevo, recostándose contra él.
- ¿Crees que algún día dejen de pelear?
-No creo… pero no lo sé- lo miró de soslayo
sujetándolo con un brazo -¿Tú eres feliz?
Hangetsu asintió, sus orejas moviéndose un poco.
– Siempre y cuando no me vayas a abandonar.
-… no digas paridas…- le sujetó la cabeza haciendo
que se pegase contra su frente -¿Acaso podrías tú
abandonarme a mí?
- Eres mi amo, no me apartaría de tu lado ni aunque mi vida
dependiese de ello. – rió, moviéndose contra
su frente. – Pero tal vez... si decides estar junto al rey,
te olvidarás de mí. O tal vez él no me quiera
a tu lado, no lo sé.
-¿Y tú crees que yo haría lo que alguien me
mandase? ¿Que te dejaría porque alguien me lo pidiera?
No me jodas…- sonrió de medio lado dejándolo
bajar y apartándolo un poco de él con una mano –Si
alguien quiere estar conmigo, ya puede ser con todo lo que ello
significa y si no… que lo jodan… - siguió caminando
ahora más rápidamente porque estaba contrariado con
él y eso no solía ocurrirle.
- Y ¿qué hay de ti? ¿No me vas a olvidar?
– le preguntó, siguiéndolo con rapidez, un poco
nervioso porque caminase así. - ¿Crees que si me olvidas,
desaparezca de veras?
-¿Cómo vas a desaparecer?! ¿No has dicho que
no ibas a dejarme solo ni aunque tu vida dependiera de ello?!- se
paró observándolo y sujetándole una mano tirando
de él hacia la casa –Vamos… tengo hambre, hace
siglos que no como nada…
- Hum.... entonces, sí te enfadas conmigo – movió
la cola de nuevo, sonriendo y dejándose llevar como si aquello
fuese muy gracioso.
-No estoy enfadado… - lo miró de soslayo y se giró
para acercarlo a él, abrazándolo y acariciándole
la nuca con las yemas de los dedos –pero no me encabrones…
vamos… pasa- le pegó una cachetada abriendo el portón
de madera.
- No te encabrono... – se rió, desapareciendo a medida
que entraba como si fuese un portal mágico, sólo para
aparecer una vez dentro, balanceando un jarrón en su mano.
-Cuidado… se caerá…- el pelirrojo pasó
por su lado empujándolo con un dedo y frunciendo un poco
un ojo al oírlo romperse –Ups… se cayó…
¿está ya la puta cena?!- preguntó a gritos
apartándose a un lado para no ser golpeado por un vaso que
le lanzaba la cocinera –joder!
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