.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 12- The King and the Prisoner

Kenran caminó, aproximándose a los pasillos de la prisión como si se tratase de un banquete real, su cabeza erguida y orgullosa, buscando la celda del pelirrojo. Ya había despachado a sus propios guardias personales. Por supuesto que el duque no representaba ningún peligro.

El pelirrojo había permanecido recostado en el camastro de la celda, fumándose un cigarro tras otro. Al principio le había sido imposible controlar el temblor de sus manos por culpa de la furia y aquello lo había calmado, pero ahora ya se trataba sólo de una cuestión de distraerse con algo. Se levantó, dando la espalda a las rejas y mirando por el pequeño ventanuco que daba al jardín del rey. Estiró la mano tratando de agarrar un pétalo y se volvió de golpe sin que le diera tiempo a cogerlo, al escuchar los pasos acercándose.

- Koushaku, ¿qué haces? – le preguntó el rey al notar su manera tan rápida de girarse hacia él, y se acercó a las rejas tranquilamente.

-Tocarme los cojones… ¿Qué crees que puedo hacer aquí?- se sacó el cigarro de los labios y se pegó contra las rejas sujetándose a los barrotes -¿Qué coño quieres?- se golpeó las caderas contra las rejas varias veces sin dejar de observarlo.

- He venido a verte.... – murmuró el chico, caminando alo largo delos barrotes arrastrando sus dedos por ellos, como si los acariciase a pesar dela actitud del pelirrojo.

-¿Y bien? Ya me has visto…- siguió sus dedos con la mirada apartándose de las verjas empujándose con las manos y sujetando una de ellas de nuevo con una mano -¿Qué creías? ¿Qué iba a rogar una mierda?- sonrió de medio lado inclinando algo la cabeza.

- No soy un iluso, Koushaku. – se detuvo, mirándolo de soslayo.- ¿Por qué siempre eres tan endemoniadamente irritante? No vine a que me rogaras.

-Porque me irritas endemoniadamente…- se aproximó a él parándose frente a su rostro y golpeando las verjas con el antebrazo apoyando la frente contra él -¿Por qué eres tan asquerosamente engreído?

- No lo soy! – alzó la voz momentáneamente mirándolo a los ojos y tratando de controlarse luego. - ¿Recuerdas Koushaku? ¿Cuándo éramos niños? No eras tan molesto entonces – comentó pensativo, incluso sonriendo un poco, convenientemente olvidando que su relación prácticamente había sido la misma desde la primera vez que posaron la mirada el uno sobre el otro.

-¿Ah no? Tú sí…- lo miró fijamente, con fiereza, cerrando los ojos y tratando de sentir su calor y el olor a rosas que desprendía siempre inconscientemente. Se apartó al sentir la calidez y se apoyó de espaldas en los barrotes –Siempre tenía que jugar contigo quisiera o no… si no ganabas, después me castigaban… porque tú te ponías a llorarle a tu papito… chst…- escupió al suelo sin mirarlo.

El moreno se quedó mirando su espalda serio y sintiendo deseos de pronto de enviarlo a prisión de nuevo. Claro, que eso sería redundante. – Yo siempre pensé que jugabas conmigo porque te agradaba. Además, era tu culpa, siempre hacías trampa.

-Ja!...- se giró de golpe mirándolo a los ojos y guardándose las manos en los bolsillos inclinándose hacia delante con el rostro -¿Trampas? Yo no hacía trampas, te ganaba porque siempre has sido una nenaza…- sonrió de medio lado dejando escapar la respiración riéndose incrédulo –No tenía gracia jugar para dejarse ganar, las cosas deben suceder como deben suceder… no porque tú lo ordenes…

- Esa no es manera de hablarle a tu Rey! – le gritó, exasperándose, desviando la mirada luego. – Sí hacías trampa, me ponías zancadillas, me halabas el cabello, escondías las cosas.... – suspiró agitándose como si le estuviera sucediendo de nuevo.

-Te hablaré como me salga de los malditos huevos! Joder!- se apartó pegándole una patada a la jarra metálica del agua, haciéndola rebotar contra los barrotes mojándolo a él y a sí mismo. Respiró con fuerza mirándolo a los ojos –No me importa una mierda que seas rey! Para mí sólo eres Kenran…- golpeó los barrotes con la mano apartándose hacia atrás de nuevo dándole la espalda y caminando unos pasos en el reducido espacio, momento que el chico aprovechó para sonreír, siguiéndolo con la mirada.

-Pues de todos modos no es manera de hablarme. Nunca tuviste modales – se quejó a pesar de todo, con el mismo tono de voz.

-Ag… jódete…maldita sea… - se pasó la mano por el cabello con fuerza, mesándoselo. Bajó la mano de golpe sacando un nuevo cigarro y sacudiendo la cabeza mientras lo prendía. Se sentó en el camastro de nuevo y lo miró de soslayo dándole una calada y desviando la mirada al suelo –Déjame en paz…

- No quiero – contestó tranquilamente el chico, acomodándose el mechón rojo con una mano. - ¿Sabes? Alguien dejó una rosa blanca a mi lado mientras dormía.

- ¿Y? ¿A mí que me dices?- lo miró de soslayo pasándose la mano por la mandíbula ocultando sus labios porque sabía que hacía una mueca un poco diferente cuando mentía. La apartó en cuanto hubo pasado y sacudió la ceniza dándole otra calada al cigarro y apoyando la espalda en la pared de piedra contrariado. Claro que no podía obligarlo a irse de ahí delante y sabía que cuanto más se lo dijese, más necio sería -¿Tenía algún bicho?- sonrió de medio lado imaginando, de hecho se había asegurado de que no los tuviera.

- No, era perfecta en realidad. Aún la conservo en mi habitación, a pesar de que prefiero las rosas rojas. – continuó, apoyándose contra los barrotes y observándolo curioso. – Fue un gesto muy dulce..... hasta que descubrí lo que le habían hecho a mi rosal claro. Y a sabiendas de cuales son las probabilidades de que haya tenido dos intrusos distintos el mismo día a la misma hora.... – apretó los barrotes, molesto al recordar el aspecto de su árbol. - ¿Por qué te cubriste los labios?

-¿Por qué me cuentas toda esa mierda?- suspiró pasando de la pregunta y mirándolo de pasada antes de acostarse en el cutre colchón girándose de lado y apagando el cigarro contra las piedras del suelo –No siempre se puede tener lo que uno quiere- susurró porque desde luego había escogido una rosa blanca a pesar de que sabía que las rojas eran sus preferidas por contrariarlo.

Kenran golpeó el suelo con un pie, desesperándose nuevamente. – Ya lo sé, pero tampoco tenían por qué destrozar así mi rosal. – suspiró, por supuesto sin contestarle su pregunta.

Koushaku se rió entre dientes girándose en la cama cara el techo y abriendo las piernas sujetándose el paquete y moviendo la mano –Dios… qué bien que te gustó…

- ¿Qué crees que haces en mi presencia?! – lo riñó el chico a pesar de su voz, observando a donde se dirigía la mano del pelirrojo, aunque luego se giró, notando que su rostro empezaba a enrojecer débilmente.- Si te vas a poner obsceno, lo mejor es que me vaya. Pensé que tal vez había exagerado contigo, pero ya veo que no.

-Ya ves que no…- sonrió igualmente de medio lado cruzando los brazos tras la cabeza y irguiéndose con ellos después observándolo fijamente –Vete… pero si pretendes matarme… más te vale ser tú mismo quien lo haga…

El moreno giró el rostro, por un momento sus ojos malva observándolo de manera algo perdida, y frunciendo el ceño después. – Ya te dije que no te sorprendas luego! – le aseguró, echando a caminar a toda velocidad, una vez más hecho una furia, cerrando la puerta con un golpe que resonó por toda la prisión.

Koushaku se dejó caer el en colchón de golpe experimentando que no era nada blando, al contrario que el de su casa y le pegó una patada a la pared sólo por desahogarse un poco –Como si pudieras… - susurró pasándose la mano por el cabello consciente de que no se dormiría.

 
 

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