.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 8- His Majesty

El duque salió del cuarto una vez se hubo vestido y desayunado en la cama como solía acostumbrar, finalmente decidiendo que no le apetecía nada cumplir con las normas de cortesía Ya desayunarían los invitados cuando les diera la gana. Bajó por las escaleras preguntándose dónde se habría metido Hangetsu y suspiró pasando por delante de uno de sus sirvientes. Lo apartó del espejo para mirarse de pasada y frunció el ceño como culpándose por hacerlo –Chst… Hangetsu! Me abro…

- Ya lo sé- sonrió el chico revelando que había estado con él casi todo el tiempo, haciendo aparecer su sonrisa, que se reflejó en el espejo a su lado y apareciendo luego poco a poco mientras hablaba. – No necesitas revisar... ¿Deseas que te acompañe?

Koushaku se movió un poco suspirando por el susto que le había dado el felino y dejó escapar la respiración con fuerza. En cualquier otro momento hubiera preferido que lo acompañase, pero no sabía si ahora sería una muy buena idea –Mejor vigila a esos capullos…- susurró mientras cogía un cigarro, guardándose el paquete de nuevo en el bolsillo –No revisaba…- carraspeó un poco sonriendo de medio lado y saliendo por la puerta contrariado ya antes de verlo.

- Pues aún así no lo necesitas – sonrió el felino, a pesar de que ya no lo escuchaba, apresurándose en subir las escaleras, desapareciendo a medida que llegaba el último escalón.

...............

- Y ¿dónde demonios estaban?! ¿No se supone que este es su trabajo? – Kenran se paseó furioso de un lado a otro de la fila de nerviosos soldados que había reunido frente al antes floreciente rosal. Sus ojos malvas escudriñando agudamente a cada uno de los hombres que intentaban disculparse sin conseguir nada, el mechón rojo sangre moviéndose violentamente entre sus negros cabellos con cada movimiento que hacía.

- Disculpe su majestad, pensamos que con los perros sería suficiente.

- Pues no lo fue, ¿cierto?! ¿Cuál es su trabajo, pueden decirme? – el chico se detuvo frente a uno de los soldados, esperando una respuesta.

- Protegerlo....

- ¿Sólo eso?!

- ...y obedecerle.... – continuó el nervioso hombre, prefiriendo no mirarlo a los ojos. Cuando se ponía así, era mejor no irritarlo más.

- De veras.... Y ¿cuáles fueron mis órdenes concernientes a este jardín? – el moreno echó a caminar de nuevo, sin darle tiempo a responder esta vez deteniéndose frente al rosal, y observándolo casi con pena. – Cuidar un jardín.... ¿es eso tan difícil? ¿Lo es?! – volvió a alzar la voz, mirándolos de soslayo.

- No.... no, su majestad.

- No.... debería cortarles la cabeza a todos. Y tal vez lo haga.... – murmuró como si estuviese meditándolo. – Miren eso...

El pelirrojo lo observó desde el exterior con las manos en los bolsillos alzando la vista después al rosal desde afuera de las verjas, dejando salir el humo del cigarro entre los labios. Ni siquiera tenía ganas de reírse, su actitud era como para hacer que el mejor de los días pudiera volverse odioso. Sacó una mano del bolsillo balanceando el cordón de la campanita que pendía en la entrada haciendo todo el estruendo que podía a pesar de los gritos y quejas del rey, más bien tratando de molestarlo aún más. Guardó la mano de nuevo en cuanto los vio girarse hacia él.

- Y ahora, ¿qué?! – gritó el chico girándose también para ver al pelirrojo en las puertas, sin cambiar para nada su expresión, aunque ordenando en un tono menos escandaloso. – Déjenlo pasar. Pero esto no se ha terminado...

Koushaku pasó entre los soldados mirando a dos de soslayo –“Pusilánimes…”- susurró acercándose al rey y parándose frente al árbol a su lado sin ni siquiera saludarlo. Se quedó observando las muchas rosas que faltaban y algunas ramas rotas por lo presuroso del juego y lo miró de soslayo inclinando un poco la cabeza y entreabriendo los labios en una sonrisa tirando el cigarro a la hierba –¿Qué tal?

- ¿Qué tal? ¿Qué tal?! – el moreno dejó escapar un suspiro. - ¿No puedes verlo que ha sucedido? Además.... esa no es ninguna manera de saludar a tu Rey, Koushaku.

-¿Ah no? ¿Y qué debería hacer? ¿Besar tu pomposo culo?- se giró hacia él –Sólo es un árbol de mierda… y no grites… que rayas…- se apretó una oreja observándolo a los ojos consciente de que seguramente lo odiaría terriblemente ahora.

- ¿Sabes, Koushaku? Me está costando mucho trabajo no mandarte a ejecutar ahora mismo – refunfuñó el Rey, apretando los puños y frunciendo el entrecejo de manera que su mirada se tornase casi malévola.- No es sólo un árbol de mierda! Es MI árbol y es hermoso! ¿Para qué has venido? ¿Sólo para insultarme? Te advierto que no vas por buen camino.

-Hay muchas cosas hermosas que no valen una mierda… ¿verdad? ¿No crees?- se aproximó un poco más y alzó una mano acercándola al mechón rojo de su cabello y apartándola sin llegar a tocarlo sonriendo de medio lado con cara de estar igual de molesto que el –Sólo quería ver como se había despertado el cacique esta mañana… ¿Vas a cortarle la cabeza a estos hombres?- los señaló con un gesto de la cabeza guardándose las manos en los bolsillos de nuevo.

- Tal vez, y tal vez a ti junto con ellos. – contestó, sin apartar su furiosa mirada, a pesar de que ya no gritaba. Claro, que eso podía significar que estaba aún más enfadado.

-¿De qué se nos acusa?- preguntó acercando el rostro más al suyo inclinándose un poco hacia él -¿De contradecir al rey… de los déspotas?- se apartó hacia atrás de nuevo sin apartar la mirada de sus ojos. Lo cierto es que enfadado aún le atraía más y más y aún así no lo soportaba a la vez –Tal vez es que nuestra vida importa menos que unas cuantas rosas rojas…- alzó una mano cogiendo una de las pocas que quedaban con buen aspecto y las trituró dejando caer los pétalos aplastados en la hierba.

- Detente! – el chico le sujetó la mano, , un tanto desesperado ya.- ¿Y qué te hace pensar que la vida de las rosas es menos importante que la tuya, eh? En caso de que no lo hayas notado, ellos... – señaló a los soldados con la cabeza- ... no estaban haciendo su trabajo, el cual me parece sumamente sencillo debo añadir. – comentó, alzando un poco la voz para que lo escuchasen y mirando de nuevo al pelirrojo. – Y a ti.... te llega con ser tú. ¿Quién te has creído para hablarme así?

El pelirrojo apartó la mano de su agarre bruscamente -¿Y que te hace pensar que tu vida es mas importante que la mía o la de ellos? A mí desde luego que no me importa más… ¿Por qué no haces tu su trabajo por un día y nos cuentas qué fácil es? ¿Por qué simplemente no pruebas a hacer algo por ti mismo? Sólo eres rey porque así has nacido… no te lo mereces…- lo empujó por el pecho y los soldados se cerraron en torno a él. Sonrió de medio lado levantando las manos –Chst… babosos…

- Eres un ....... – el moreno terminó por lanzar una especie de grito furioso, al no saber ni qué decirle ya, finalmente enterrando su frente en una mano, tratando de controlarse para hablar. – Ya es suficiente! ¿No te importa tu Rey? ¿Crees que es fácil? Puedes meditar esas cosas en prisión a ver si realmente soy tan poco importante como pareces pensar. – les hizo un gesto a los soldados, indicándoles que podían llevárselo, su pecho moviéndose agitado, sin que pudiese ocultarlo.

-Imbécil…- Koushaku lo miró a los ojos mientras se lo llevaban agitándose un poco y escupiéndole en la mejilla –Si vas a mandar que me corten la cabeza, al menos hazlo tú, con tus propias… manos- se revolvió de nuevo sacudiéndose del agarre por supuesto sin lograr nada pero no soportaba estar así agarrado.

Kenran se limpió la mejilla con el pañuelo que le entregó uno de sus subordinados, presuroso, y alzó su mano, abofeteándole el rostro al pelirrojo, con el ceño más fruncido que nunca. – No te sorprendas si lo hago.

El duque volvió el rostro tras sentir la bofetada y lo miró a los ojos con fiereza–Inténtalo…- se dejó arrastrar por los soldados aun así resistiéndose sólo por joderlos en todo lo posible y sin dejar de observarlo. Apartó la mirada sonriendo levemente sintiendo que le ardía la mejilla.

El moreno apretó el pañuelo en su mano como si quisiese hacerlo desaparecer de aquella manera, su mano temblando un poco, y lanzando el pañuelo en la hierba mientras se dirigía presuroso de vuelta a su habitación, hastiado. Uno de los sirvientes se acercó a él, para preguntarle algo de la fiesta, pero el chico ni siquiera se detuvo para contestarle.- Ahora no! – mientras seguía su camino por el pasillo.

 
 

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