| Capítulo 2- A Dangerous Invitation
Bran permaneció en silencio, sin responderle, más
bien concentrado en respirar y no demostrar su pánico, echándose
hacia atrás al igual que Riot. Tan concentrado estaba en
vigilar aquella enorme boca en la corteza, que no se dio cuenta
cuando una rama mucho más delgada que las anteriores, aunque
igual de fuerte, se enroscó alrededor de su tobillo, haciéndolo
caer al piso y halándolo hasta subirlo en el aire. –
Ah! Suél...ta...me! – protestó entre dientes,
golpeando lo que alcanzaba como podía, intentando que lo
dejase caer.
El albino se echó atrás de golpe corriendo y alejándose
del árbol que parecía rugir por el sonido que hacía
su corteza. Se pegó tras el árbol en el que estaba
el moreno encaramado y bajó la vista tentado a salir corriendo
sin parar y dejarlo allí colgando. Miró hacia arriba
viendo cómo la rama empezaba a sacudirlo y lo golpeaba contra
el árbol. Cerró un ojo suspirando y trepándose
por el árbol que comenzó a menearse aún más
violentamente zarandeando al moreno y haciendo que el conejo se
tuviese que agarrar con más fuerza al tronco. Sintió
cómo las ramas del otro árbol le golpeaban e incluso
cómo algunas se clavaban en su piel y apretó las mandíbulas
sin dejar de subir.
Bran gritó una vez más al sentir el próximo
golpe. No eran precisamente ligeros y se estaban poniendo peor.
La corteza le arañaba la piel, y ya llevaba varias cortadas
en distintos lugares. Se revolvió nuevamente, intentando
enderezarse y sujetarse a la rama para partirla. No es que fuera
tan fuerte así, pero no se le ocurría nada más
y no tenía mucho tiempo para pensar. Por fin consiguió
sujetarla, sólo para sentir cómo su superficie rugosa
le raspaba las manos haciéndolo sangrar y sacudiéndolo
una vez más, estrellando su espalda contra el tronco más
grande.
-Espera! Te voy a ayu…dar! Joder!- el albino se llevó
la mano al brazo apretándoselo al sentir el golpe que acababa
de amoratarlo y sangraba en su antebrazo. Se trepó por la
rama de la que colgaba el moreno y le tendió una mano retirándola
de nuevo y usándola para agarrarse y no caerse con el nuevo
balanceo. Cerró los ojos por un momento y los abrió
de nuevo estirándola –Agárrame!
El chico lo miró confundido por lo atontado que estaba con
tanto golpe, aún así, intentando reaccionar con rapidez
y extendiendo una mano hacia él, tomando la del albino a
pesar de los movimientos furiosos de la rama.
El albino le sujetó la mano, amarrándole por la muñeca
con fuerza y tirando de él, pero el árbol y la rama
se balancearon de nuevo furiosamente haciéndolo resbalarse
por la rama para abajo hacia el moreno –Me voy a matar…
- susurró golpeado por las ramas y bajando la cara contra
el tronco temiendo por sus ojos y tratando de tirar hacia atrás
del moreno para llevarlo junto a él.
- No..... estas son... plantas, por Dios!- se quejó el chico
absurdamente, sujetándose con la otra mano a la rama, haciendo
un esfuerzo a pesar de lo mucho que dolía. – A... yú..
dame... – le pidió al albino tratando de treparse para
quedar del mismo lado que él, aunque aún no sabía
cómo iban a bajar de allí, ni cómo podrían
escapar si de alguna forma milagrosa lo conseguían.
-Lo intento… pero pesas mucho y me duele el brazo- lo miró
a los ojos echándose hacia atrás y apartando la vista
mientras trataba de treparlo con él por la rama –Agárrate
a mí…- le tiró de golpe del brazo sujetándolo
a su cuello mientras buscaba en un bolsillo y sacaba una navaja
enorme, usándola para cortar la rama que sujetaba su tobillo.
El árbol se sacudió haciendo ruidos extraños
y crujidos moviéndolos hacia todos lados de forma violenta
y el conejo se sujetó con las piernas al tronco y con la
otra mano al moreno para que no fuera a caerse, sin ceder en su
empeño de cortar la rama. La sabia cayó roja y espesa
al suelo, goteando.
Bran se aferró al albino, sin preocuparse por nada más
que por el terror que sentía y su necesidad de salir de allí,
abriendo los ojos espantado al observar cómo otra de las
ramas del árbol se aproximaba velozmente hacia ellos, con
la clara intención de atravesarlos. Sujetó más
al albino contra sí, moviéndose tan rápido
como pudo, la rama arañándole una mejilla al fallar,
para ir a enterrarse contra el tronco. Una vez más aquella
sabia roja resbaló por el mismo, y el árbol se sacudió,
estruendosamente como lamentándose, por el momento olvidándose
de los dos chicos, y dejándolos caer.
El albino dejó escapar un grito al notar cómo se
golpeaba con otras ramas al caer y miró abajo en plena caída
observando cómo las raíces emergían de la tierra
apuntándolos y esperando a que cayeran para ensartarlos –Joder!-
trató de agarrarse a cualquier rama y clavó la navaja
en el tronco a pocos centímetros de quedar atravesado por
las raíces. La sabia se derramó roja sobre su mano
y salpicó su cara al tiempo que las raíces volvieron
a tierra como acompañando al árbol en su dolor, mientras
se agitaba y retorcía creando un sonido de crujidos estruendoso.
- Va... vamos... – aconsejó el moreno, claramente
agotado, pero queriendo aprovechar la oportunidad antes de que regresasen
a por ellos, o algún otro árbol los atacara. Tal vez
les hubiera sido más fácil atravesar aquel bosque
cuando estaban de tamaño pequeño. O tal vez no....no
estaba seguro. Tomó la mano del albino, saltando a tierra
y halándolo para que se despegase del árbol, echando
a correr con todas sus fuerzas.
-Por la derecha!- le gritó el conejo adelantándolo
y tirando de su mano ya que él no se sabía el camino,
eso seguro. Atravesó los árboles y los matorrales
tratando de ignorar lo agotado y herido que estaba y las nuevas
heridas que se estaba haciendo con las zarzas que se enredaban en
sus brazos y piernas. Ambos cayeron de pronto al otro lado de las
zarzas, arrastrados por un río cuyo cauce fluía demasiado
rápido como para salir de inmediato.
- Mierda..... –protestó el moreno, tan sólo
intentando mantenerse a flote por el momento, a pesar de que sólo
deseaba tirarse en algún lado a descansar y le ardían
las heridas. Miró al albino notando que le estaba costando
mucho más trabajo que a él, y eso era ponerlo amablemente.
Le tomó un brazo, colocándolo alrededor de su cuello,
para sostenerlo. – Sólo un poco más... –
murmuró entre jadeos, aunque no tenía idea de hasta
donde los llevaría la corriente.
-No se nadar…- el albino se agarró a él tosiendo
un poco y escupiendo agua abrazándose más de lo necesario,
pero lo cierto es que el agua le daba mucho miedo –Intenta
acercarte al margen…- estiró el brazo arrastrado igualmente
por la corriente sin conseguir nada bajando las orejas y comenzando
a desesperarse –De veras que no vales para nada…- susurró
con malicia amarrándose más a él por si acaso.
-Déjame en paz! Te estoy ayudando, ¿no?-le gritó,
tragando un poco de agua sin querer y tosiendo, nadando de lado
para tratar de atravesar la corriente y dudando un momento antes
de sujetarse de una rama cercana a la orilla. No quería ser
atacado por la vegetación de nuevo. Pero gracias al cielo,
este arbusto parecía ser de la clase normal.
-¿Ayudando? Me he hecho todo esto por tu culpa…- el
albino se amarró también y trepó por la hierba
sacudiéndose un poco el agua y sentándose en el suelo
con las orejas y la ropa pintando agua al igual que su cabello -Mira…
tengo heridas…- le mostró la cara y el brazo –Tengo
más…- se tiró hacia atrás en la hierba
mirando al cielo.
- Ya sé, yo también. No seas un bebé –
lo miró molesto porque se lo echara en cara, aunque tenía
que reconocer que si no hubiese sido por él, seguro estaría
muerto ahora. – Vale, ya..... gracias – susurró
enrojecido aún bajo todos aquellos arañazos y golpes,
sacando un pañuelo de su bolsillo trasero e intentando limpiarle
las heridas al albino a pesar de lo empapados que estaban ambos.
El conejo se quedó viéndolo fijamente cerrando después
un ojo por el brío que se daba limpiándolo, sonrió
de medio lado –Sabía que querías sobarme…
aprovechas cada momento…- canturreó después.
-No seas necio! Intentaba ser agradecido! Mierda.... – dejó
caer el pañuelo sobre su rostro, sentándose y dejándolo
que se limpiase solo si quería.- No comprendo este lugar.
-¿Por qué?- se levantó el pañuelo de
la cara girándose de lado y observándolo –Ahora
pensarán que soy un desastre si me ven mojado y con cortes…-
suspiró pensando en si el sol lo secaría –Aún
no me dices tu nombre.
-Bran- lo miró de soslayo, suspirando.- ¿Cómo
que por qué? Es una locura. Jamás he visto algo así.¿Siempre
atraviesas ese bosque para salir de tu casa?
-Riot y sí, pero lo hago corriendo y cuando duermen, pero
por tu culpa he llegado tarde! Y más tarde que llegaré…
¿Crees que es una locura? ¿No será que tu estas
loco? Yo lo veo normal…
- Claro que tú lo ves normal – le respondió,
seguro de que el loco era él. – Mucho gusto... y, puedo
acompañarte para explicar. Aceptaré la culpa, ¿vale?
De todos modos, ¿a dónde vas con tanta prisa?
-A casa del duque a entregarle la invitación del Rey y si
aceptas la culpa por mí, seguro que te mandan ejecutar, te
cortarán la cabeza, pero te dejaré hacerlo, porque
la mía no quiero perderla…- lo miró y sonrió
apoyándose en una mano.
- Grandioso – suspiró, dejándose caer sobre
la hierba, cerrando los ojos por un momento. Ya no sabía
ni si creerle al conejo o si sólo lo estaba molestando, pero
suponía que se lo debía.
-Al Rey le encanta decir “que le corten la cabeza!”
a la mínima. De hecho, ha tratado de cortármela a
mí unas cuantas veces pero siempre me escapo y acaba olvidándose
de hacerlo. Se enfada fácilmente y el duque también,
así que yo que ti, no sería tí delante de él.
- Y ¿eso qué quiere decir, eh?! Yo soy yo delante
de quien sea! – protestó frunciendo el ceño.
– Qué necedad! Si le cabrea, ni modo. Tú sigues
vivo, ¿no? - sonrió malditamente.
-Yo creo que tú eres uno de esos chicos problemáticos
que nadie quiere… esos que siempre se están pegando
con todos y protestando por todo… que no tienen novia…
porque las espantan…- sonrió también moviendo
una oreja ahora solo húmeda –O puede que sólo
estés loco…
- ¿Qué demonios te sucede?! Tú estás
loco!!!!!!!!! Yo estaba durmiendo tranquilamente.... – le
gritó, molesto, más aún porque lo hubiese descrito
tan exactamente, a pesar de que no estaba de acuerdo con lo último.
– Apuesto a que tú tampoco tienes novia, nada más
hay que ver donde vives.
-Bueno… no, no tengo novia pero es porque no me gustan las
novias, prefiero a los novios… a corto plazo…- anunció
alzando un dedo –No me gustan las niñas que me tocan
las orejas y dicen que soy mono, son molestas… y se ríen
por tonterías… pero si quisiera la tendría…
yo soy muy mono…- se contradijo luego –y no me grites…
que tengo las orejas muy sensibles…
-Pues no me insultes.... idiota –se sujetó las piernas,
sentándose de nuevo, con el ceño fruncido.- Acabas
de decir que eres mono....
-¿Qué? No sé de qué me hablas…-
se sentó a su lado sonriendo también y parando las
orejas -¿Dices que soy mono? Sabía que te parecía
mono…- se acercó más pegando su nariz a la de
Bran.
- Deja de hacer eso! – lo empujó apartándose.
– No dije eso, tú mismo lo dijiste. Dios....
-No lo dijiste, pero lo piensas…- sonrió de medio
lado moviéndose sentado como estaba para acercarse más
a él -¿A que sí? ¿Estas molesto porque
dije que tenía muchos novios? Ya sé que te gusto…
pero bueno… tu también puedes ser mi novio por un rato.
-No quiero ser tu novio! Además, no asumas que me gustan
los chicos, sólo porque a ti sí.... – protestó,
alejándose de nuevo. – Como sigas, no te acompaño
y a ver qué haces frente a tu..... rey o lo que sea. –
serió, de nuevo malditamente imaginándose un conejo
con corona.
-¿De qué te ríes? No te rías…
le contaré al rey que todo fue por tu culpa… Es más,
te voy a dejar aquí solo…- se levantó de golpe
sacudiéndose las ropas y apretándose las correas de
cuero en la pierna –Y no sé por qué no te iban
a gustar los chicos… tú eres uno, uno muy raro…
además… me voy, que te vaya bien.
-Espera! No te vayas! Maldito....- se levantó, su pierna
temblando un poco por una cortada que tenía en la parte de
atrás de la rodilla, y enderezándose reacio a demostrar
debilidad. – No dije que no me gustasen, dije que no asumieras.
Y tú eres más raro que yo.
-No lo soy- aceleró el paso mirando de soslayo para ver
si lo seguía –Estaba bromeando… porque como siempre
estás enfadado… siempre todo el mundo está enfadado,
por eso no les gusta que yo no… iré a casa del duque
si quieres vienes y si no, te quedas.
- Iré contigo, y no estoy enfadado siempre, pero..... ha
sido un día muy raro... para mí – agregó,
no fuera a ser que lo contradijese.
-Está bien…- el albino lo miró de soslayo señalándole
un angosto camino de piedras rodeado a ambos lados por dos muros
con salientes metálicos y grabados extraños –Tenemos
que pasar por ahí.
- Por ahí.... – repitió como analizando la
situación. –Y ¿hay algo que debiera saber sobre
esos muros? ¿van a tratar de comerme o algo así?
-No sé… no lo creo… ¿Por qué?
¿Crees que pueda pasar eso?- lo miró parándose
en la entrada mirándolo a los ojos un poco preocupado ahora
de pasar por ahí aunque jamás hubiera pasado algo
así. Simplemente había que pasar agachado por algunas
zonas.
- ¿Qué voy a saber yo? Este no es mi mundo...-lo
miró preguntándose si de veras pasaba por allí
a menudo.-Oye.... deberías mudarte a una zona menos peligrosa.
-¿Tu mundo? ¿Cómo que no es tu mundo? –
movió la oreja negando con la cabeza y dándole la
espalda para entrar -¿Dónde quieres que me mude? Yo
ya vivo en mi casa pero tengo que llevarle esta carta al duque…
vive aquí cerca, tú tranquilo… ya llegamos…-
explicó subiendo y bajando por las barandillas metálicas.
- Pues no puede serlo, estas cosas no pasan en mi mundo. ¿Qué
no te pareció extraño cuando estabas fuera del árbol?
– le preguntó, para ver si le era igual, ya que estaba
seguro de que antes de seguirlo por aquel agujero había estado
en el barrio que conocía y en el cual se sentía seguro.
-¿Hum? No…- se encogió de hombros y lo esperó
al otro lado siguiendo el sendero de gravilla hasta las enormes
verjas negras que cerraban la mansión del duque. Tiró
de la manecilla metálica golpeando varias veces y la puerta
se abrió sin más –Habrá que entrar…
- ¿No que no debías entrar en casa ajenas sin permiso?
– bromeó con malicia, sonriendo y observándolo.
-Yo tengo permiso… ¿no ves que la puerta se ha abierto
para mí?- se encogió de hombros mirándolo a
los ojos y caminando de espaldas para poder seguir viéndolo
–Ahora… compórtate y deja de decir que vienes
de otro mundo… creerán que… sabrán! Que
estás chiflado.
- No estoy chiflado! Pero tiene que ser..... –suspiró,
seguro de que sí sonaba como un desquiciado y alzando los
ojos para examinar el lugar. Se veía bastante lujoso, y casi
tan extraño como la madriguera del conejo, aunque para él,
tenía más sentido. Un crujido como de una puerta abriéndose,
lo hizo desviar la mirada para observar que en efecto, una puerta
que parecía dar a un jardín, acababa de abrirse como
invitándolos a pasar por ella.
-Vamos…- el albino se encogió un poco de golpe al
escuchar el sonido de vajilla al romperse contra las paredes y trastos
metálicos rebotando por el suelo a lo lejos, probablemente
provenían del interior de la mansión –Oh no…-
suspiró mirándolo de soslayo y le sujetó la
mano tirando de él hacia fuera –Creo que no es un buen
momento, mejor nos vamos… no… pero me cortaran la cabeza
si no lo entrego a tiempo- volvió hacia la casa tirando de
él una vez más y deteniéndose sin saber qué
hacer.
-Parece que te cortan la cabeza por todo – sacudió
la cabeza, viéndolo todo como algo muy absurdo y preguntándose
cual sería el escándalo. Un par de ojos azules, en
realidad, de diferente tonalidad, parpadearon frente a su rostro
curiosos, causando que el chico gritase y se tropezase hacia atrás
con el albino.
Los ojos parpadearon una vez, dejándose escuchar una risa
cristalina y burlona ala vez, mientras una cola aparecía
igualmente flotando en el aire, un poco más atrás.
El albino se sobresaltó aún más por culpa
del otro y se llevó la mano al pecho –No me asustes!-
le gritó a Bran –y tú… deja de hacer eso!
Tras que estás más bonito cuando se te ve entero…-
Riot sonrió de medio lado notando que ya se le había
pasado lo poco que se había molestado siguiendo el movimiento
de la cola azulada en el aire.
- ¿Qué..... qué mierda está pasando?
– preguntó Bran, aún así retrocediendo
contra el albino, confundido.
Poco a poco el otro chico fue apareciendo, revelando primero sus
orejas a rayaz y su cabello azul, continuando así, hasta
llegar cerca de las rodillas, y quedándose así, como
si flotara en el aire. - ¿Qué? Si me descubres así,
no es divertido.... Y ¿quién es tu amigo...?
-Bran… no sé…uno que se metió en mi casa
sin permiso- se acercó al gato susurrándole al oído
–“Está chalado…”- y sonriendo después
como si no hubiera dicho nada.
- Te escuché! Que sepas que te escuché! – lo
señaló el moreno, ya cansado y alzando la voz.
- Te escuchó – se rió el chico gato, moviendo
la cola y guindándose del cuello del albino, como si fuera
lo más natural del mundo, apareciendo por fin completamente,
y aún observando al moreno con curiosidad.
-Eres lo único bueno de venir aquí…- Riot sonrió
al ver cómo lo rodeaba de paso poniéndose un poco
nervioso como siempre, aprovechando para rodearlo por la cintura
con un brazo –No dije nada… se lo ha imaginado ¿a
que sí?- lo miró a los ojos parando mas las orejas
–y … he venido a traer una carta para el duque.
-No imaginé nada! – negó Bran , cruzándose
derbazos, más contrariado aún porque ahora sentía
que eran dos contra uno.
-¿No? ¿Y cómo lo sabes? ¿Tienes alguna
prueba? ¿Cómo sabes lo que acaba de pasar? –
el gato sonrió de medio lado, desapareciendo poco apoco nuevamente
aunque no se soltaba del albino, y le besó una mejilla, susurrando.-
Y vienes tarde, ¿no es así?
-S tú me lo pides…- lo observó desaparecer
como embobado con la silueta que se iba volviendo translúcida
y se rió entre dientes acariciándole la cola segundos
antes de que desapareciese. Miró a Bran de soslayo sonriendo
de medio lado y haciendo la señal de la victoria frente a
su rostro -¿Ves? Él me encuentra encantador…
- Eso no prueba, él es.... un gato fantasma! –lo señaló
de todas maneras, seguro de haber dado con la respuesta, y sobresaltándose
al sentir la cola por su rostro aunque no veía nada.
- No soy un fantasma, estoy vivo..... Soy un gato de Cheshire-susurró
una voz detrás de él, aunque cuando se giró,
todo lo que alcanzó a ver fueron sus orejas moviéndose.
- No hagas eso! – le gritó, espantado y a la vez avergonzado
por el sobresalto.
-Se asusta fácilmente…- le explicó al chico
gato sospechando que debía estar ahí aunque no lo
viera ahora. Le sujetó la mano a Bran caminando con él
hacia la puerta de la mansión. Llamo de nuevo y un criado
le abrió la puerta.
-¿Qué desea?
-Vengo a entregar una carta del Rey de corazones, he de entregarla
en mano…
-Está bien, pasa.
Bran se dejó llevar, silencioso sólo por la presencia
del criado aunque con el ceño fruncido, y lanzando una última
mirada hacia atrás, para ver sólo una sonrisa fantasma
y una mano como despidiéndose.
Por su parte, el chico gato ya presentía el humor del que
se pondría el duque, así que prefería mantenerse
fuera de rango.
El albino caminó por los pasillos en silencio escuchando
de nuevo algún ruido de platos rotos y de pronto el duque
salió de la cocina con una camiseta que parecía dar
muestras de haber sido atacado por un animal salvaje, aunque sabia
que era simplemente su modo de vestirse –Hola, he venido a
traer una carta del Rey…- extendió la mano con el sobre
deseando irse ya.
-¿Del Rey? No me jodas- El pelirrojo lo miró sacudiendo
un poco la cabeza como para apartarse el flequillo y le sacó
el sobre de la mano de un tirón observándolos a ambos
mientras lo abría.
- ¿Eh? – Bran se lo quedó mirando con cara
de no comprender nada. Ese no podía ser el susodicho duque,
¿cierto? Porque parecía de todo menos de la realeza.
-¿Eh? ¿Qué?- el pelirrojo apartó la
vista de él desplegando el papel y mirándolo de nuevo
-¿Desde cuando hace falta compañía para entregar
una puta carta de mierda?- le echó un vistazo al albino y
el conejo sonrió de medio lado.
-¿Desde cuando está prohibida la compañía
para entregar “una puta carta de mierda”?
- Y mi nombre es Bran, por cierto. – añadió
el chico, enderezándose completamente como diciendo que no
lo intimidaba.
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