.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 1- Follow the Rabbit

- Agh…. – protestó el chico girándose de lado sobre la hierba, y mirando el libro de texto como si lo quisiera incendiar con sus ojos. Se giró nuevamente, dándole la espalda al susodicho, con gesto de estar profundamente ofendido, los mechones de su cabello negro y rubio cayendo en una desordenada maraña, sin que le importase en lo más mínimo.

En lo que a Bran concernía, había hecho el esfuerzo, lo había intentado, pero el condenado libro era demasiado aburrido, lleno de datos sin interés alguno y lo peor de todo, parecía haber sido escrito por un niño que aún no ingresaba a la primaria. De todos modos, estudiar no era lo suyo, prefería leer cosas más interesantes, y hasta donde sabía, ese tipo de cosas no se encontraban en libros de textos.

Y además, estaba cansado. Hacía días que no dormía. Desde que tenía memoria, siempre había tenido aquellos períodos de insomnia en los que nada de lo que hiciera conseguía ayudarlo a relajarse. En realidad era gracioso que un simple libro de texto para retrasados mentales, que así era como lo veía, lo hubiera hecho bostezar más veces en un día de lo que lo había hecho en todo el mes.

Sus ojos celestes se alzaron al cielo, observando el movimiento de una nube blanca, a la vez que el moreno se acomodaba una vez más para quedar sobre su espalda, y sonrió sintiéndose tonto por pensar que parecía hecha de algodón. Cerró los ojos suspirando, planteándose el ponerse de pie y dirigirse mejor a su habitación. Pronto se haría de tarde y luego de noche y si se quedaba dormido allí luego de tanto tiempo de no hacerlo......

Una leve brisa sopló, como acunándolo en sus vaivenes, moviendo las hojas del descartado libro que ahora yacía a su lado, boca abajo, mostrándole sus secretos a las hormigas y los insectos que se aventurasen bajo ese desconocido túnel. El chico volvió a suspirar, permitiendo que su cuerpo y la agradable atmósfera decidiesen por él, y antes de que otro pensamiento intruso surcase su mente, perturbando su calma, un sueño profundo se adueñó de sus párpados y de su respiración

Bran sonrió una vez más, volviéndose de lado y entregándose completamente a su cansancio.

-Qué cara…- los ojos rojos del albino repasaron de cabo a rabo al chico que yacía tendido en el suelo y se agachó sujetando el libro. Pasó las hojas rápidamente y lo descartó de forma inmediata lanzándolo a su espalda –Oye… chaval…- susurró levantándole la camiseta y mirando por abajo y mirándolo de nuevo rápidamente asegurándose de no haberlo despertado.

Cruzó los brazos sobre sus propias rodillas observándolo y moviendo una de sus orejas blancas. Se agachó un poco más hacia él, preguntándose por qué se había quedado dormido justo al lado de su madriguera, así era imposible pasar –Que te despiertes!

- Ah! – el chico se despertó con un sobresalto, frunciendo el ceño inmediatamente, solamente consciente de lo molesto que estaba porque lo hubieran despertado. - ¿Para qué me despiertas, eh? Y ¿quién diablos eres? Si me vas a robar, róbame, pero no me despiertes! – le gritó ilógicamente, acostándose de nuevo y dándole la espalda como haciéndole ver que pensaba dormirse de nuevo, aunque por su manera de fruncir el ceño y la mala hostia que traía, por lo menos le iba a costar trabajo. Porco a poco fue cayendo en cuenta de lo que acababa de ver, y se giró nuevamente observándolo confundido, y atrevidamente, tal vez porque aún no despertaba del todo, extendiendo una mano para tocarle una oreja. - ¿Y esto....?

-¿Cómo que y esto?!- el albino se apartó un poco liberando su oreja blanca y acariciándosela -¿Y esto?- le sujetó la suya con cara de “tú eres tonto ¿o qué?” –No puedes ponerte a dormir frente a la casa de los demás… ¿y quien diablos eres tú?

- Ya suéltame ¿no? – le apartó la mano, decidiendo que al final no le importaba si quería andar por ahí disfrazado de animales. Era asunto suyo, pero de todos modos.... – Yo soy quien me da la gana, y no sé de qué hablas. No veo ninguna casa por aquí – miró a su alrededor por si acaso, pero lo único que veía eran árboles y más vegetación.

-¿Ah sí?!- el albino se levantó frunciendo el ceño y se echó el flequillo a un lado aunque cayó de nuevo sobre uno de sus ojos rojos. Sujetó el reloj tirando de la cadena dorada que colgaba de su cintura y lo abrió para asegurarse de la hora –Sal de una vez! Voy a llegar tarde por tu culpa señor… “quienmedalagana” o te sacas tú o te sacaré yo…- se cruzó de brazos golpeando la hierba con uno de sus zapatos.

El moreno suspiró, una vez más mirando a su alrededor, desorientado. - ¿A dónde? Aquí no hay nada. Además, no sé para qué quieres que me quite con tanto espacio libre que hay. Que ¿tienes que abrazar este árbol antes de proseguir o algo así? – le preguntó, aún molesto, aunque distraído pensando en que debía ser un día sin mucho tráfico, porque no escuchaba ni un solo auto y sabía que la carretera estaba cerca.

-Pasaré igual, ya que no quieres razonar y eres un maleducado, no te sales por las buenas ni por las malas…- se agachó un poco y le sujetó por un tobillo arrastrándolo por la hierba. Se rió pese a todo y se agachó en el suelo colándose por el agujero del árbol y dejándose caer por el túnel de la madriguera llevándose el playero del moreno con él.

- Oye, idiota! – se quedó mirando el agujero perplejo sin creerse lo que acababa de ver y sin saber cómo reaccionar. Tal vez estaba soñando. No lo sentía así, pero igual cuando soñabas, te creías que todo era real ¿no? Fuese como fuese no lo iba a dejar salirse con la suya. Se introdujo por el agujero, dispuesto a perseguirlo, aunque cuidadosamente. Sin embargo, su pie resbaló quisiera que no, haciéndolo caer por el mismo de manera un poco brusca.

-No deberías entrar en la casa de otros sin permiso, podría ocurrirte algo malo- el albino lo miró desde abajo del túnel de la madriguera observando cómo caía y caía sin cesar a pesar de que la distancia era corta. Se sentó en el suelo sonriendo y chocando los dedos contra una de sus piernas –y si que tardas en llegar, además me retrasas…- sacudió la zapatilla de Bran en el aire mientras hablaba.

- Y ¿qué tipo de casa es esta? ¿Eh?! – le gritó el chico, mientras aún caía, sintiendo que se le hacía eterna la espera. Ya hasta había dejado de preocuparse, de lo mucho que tardaba. - ¿Qué no vas a ayudarme de una buena vez? – intentó girarse extendiendo una mano hacia él a ver si al menos lo bajaba.

El albino le lanzó la zapatilla con todas sus fuerzas y echó a correr tras escuchar cómo caía al suelo con un sonido sordo. Lo observó desde una esquina, rodar por los cojines hasta el suelo de piedra apenas asomándose –Llego tarde, lo siento… pero llego tarde- argumentó en tono grave aunque la sonrisa se dibujaba de nuevo en su rostro antes de salir corriendo por los largos pasillos.

- ¿Llegas tarde? ... – el chico se sentó, aún más molesto, luego de quejarse por el golpe aunque ni había sido para tanto al caer sobre los cojines. Se apresuró en ponerse su zapatilla nuevamente, levantándose para correr detrás de él. – Ven acá! No te vas a salir con la tuya.... – salió corriendo por la esquina en la que lo había visto asomarse, frunciendo aún más el ceño al recordar su sonrisa. Se detuvo en seco al encontrarse en un pasillo lleno de puertas y suspiró contrariado, disponiéndose a revisar cada una. Igual no podía salir por donde había entrado, estaba demasiado alto.

-¿Qué haces?- el conejo le abrió desde el otro lado una de las puertas topándose con él de frente y lo sujetó de las manos empujándolo al interior de un amplio vestíbulo de suelo reluciente cuyo techo obligaba a pasar agachado a la fuerza, las lámparas de cristales pendían desde este hasta el suelo impidiendo el paso en algunas zonas. Gateó rápidamente entre ellas pretendiendo perderlo de vista y hacerlo perderse sin poder dejar de sonreír y moviendo ligeramente la cola sin poder evitarlo.

- Maldito idiota! Vuelve acá! – casi gruñó el chico, gateando tan rápido como podía en pos del albino y preguntándose qué le pasaba y por qué simplemente no lo llevaba a la puerta para que pudiese irse de su casa al menos. Y vaya que tenía una casa rara. Salió por fin al final de aquella larga y estrecha habitación, encontrándose en un recinto que sólo contenía una mesa de cristal con una llave encima de la misma. Se acercó a la misma, deseando que fuera la llave para salir de allí y no la del vehículo del albino extraño ese, o algo parecido.

El albino se sentó en el suelo de la sala observándolo y sonriendo -¿Por qué no abres la puerta y te vas?- preguntó mirándolo con superioridad y señalando al gran numero de puertas que había en todas las paredes de la sala –Esa llave será de alguna puerta ¿no?- se rió sonriendo después de medio lado porque esa llave sólo valía para una diminuta puerta que había tras la cortina.

Bran alzó una ceja haciendo un gesto de enfado con la boca y caminando hacia él con la llave en una mano. – Y ¿por qué mejor no me dices qué puerta tengo que abrir? ¿Qué no quieres que me vaya de tu casa? Vas a llegar tarde.... muy tarde....

-No me importa…- se cruzó de brazos jugando con una de sus orejas y acariciándosela –Le diré al rey que ha sido tu culpa… y te cortará la cabeza…- lo miró sonriendo de medio lado de nuevo –Oblígame a que te lo diga…- se encogió de hombros cerrando los ojos como si no le importase y entreabriendo uno para ver qué hacía.

- El rey?... – lo miró como si estuviera loco, que de hecho, se lo parecía. Lo suficientemente loco como para haber construido aquella especie de madriguera bizarra y andar por allí disfrazado de conejo. Se acercó rápidamente, sujetándolo por la ropa y comenzando a remecerlo, ya en el límite de la exasperación. - ¿Vas a decirme qué puerta tengo que abrir, eh?! Ya dime!

El albino lo miró a los ojos totalmente serio, molesto porque lo remeciese de esa manera y lo sujetó por la cara besándole los labios ruidosamente riéndose después y apartándolo de un empujón aprovechando la distracción –Está bien…- apartó la cortina como si no hubiera echo nada aunque su cola se movía de un lado a otro –Es esta puerta…- señaló una puerta diminuta tras la cortina roja –por ahí se sale… - canturreó.

- Eres un idiota aprovechado! – se quejó el chico limpiándose los labios con cara de furia aunque sin agredirlo más. No veía que diera resultados. Dirigió su mirada a la puerta, aunque momentáneamente distraído por su cola, preguntándose cómo lograría que se moviese así. – Esa puerta......... ¿cómo se supone que salga por ahí? ¿Estás de broma?

-No…- el albino se rió de todos modos y volvió a mirar el reloj porque entre bromas y verás, sí llegaría tarde y el rey era capaz de cortarle la cabeza al moreno y a él a la vez, si era necesario… aunque aquel chico era demasiado divertido como para abandonarlo allí –Tal vez no te has fijado en esa botella…- el conejo señaló hacia la mesita a una botella de la que pendía un enorme cartel del que se leía “BEBEME” en mayúsculas y que jamás antes había estado allí.

Bran miró la botella con una cara de sospecha que no se la quitaba nadie, y luego al albino. ¿Se supone que me beba eso? ¿Crees que soy estúpido? ¿Qué pasa si me drogas y me despierto sin riñones o yo qué sé cómo? – lo acusó, sin embargo, levantando la botella con una mano y examinando su contenido con la mirada.

-¿Sin riñones?- lo miró arqueando una ceja -¿Para qué querría yo uno de tus riñones si ya tengo los míos? No como carne, no me gusta… Si no la tomas no podrás pasar, yo me voy… ahí te quedas, por insoportable y por abusar de mí- se metió un trozo de algo blanco y rojo en la boca y empequeñeció frente a él atravesando la puerta sin más y llevándose la llave con él.

- Oye.... ¿qué?... – se restregó los ojos, ahora convencido de que estaba alucinando, y miró la botella de nuevo y luego a la puerta, a pesar de todo pensando que se le escapaba, y no quería quedarse allí a ver cuando regresaba. Dejó escapar un suspiro de contrariedad, bebiéndose los contenidos de la botella sin más, inmediatamente sintiéndose extraño. Sacudió la cabeza, observando con sorpresa que ahora se encontraba frente a una puerta de tamaño razonable. Alzó la mirada, confundido una vez más comprendiendo la realidad. La puerta seguía del mismo tamaño, era él el que había empequeñecido, tal como lo había hecho el conejo momentos antes. Profirió una maldición, más por mareo que por furia y se cruzó el umbral esperando encontrárselo fuera, seguramente para burlarse de él o marearlo más aún.

-¿Así que al final si que te la has bebido? Debe ser que eres estúpido entonces…- miró al cielo haciendo caras de razonamientos aunque en realidad sólo estaba burlándose de él y sus propias palabras. Alzó el reloj de nuevo observando la hora –Ah! Llegaré tarde por tu culpa! El duque querrá matarme si llego tarde!- echó a correr entre las enormes hierbas y setas ahora de un tamaño gigantesco como si no se percatase de que recorrer esas distancias en ese tamaño era aún más lento.

- A mí qué me importa! Detente ahí! ¿No vas a dejarme así, verdad?! – empezó a corretearlo, tan rápido como podía aunque ya notaba lo veloz que podía ser el albino. – Por no decir tramposo... – refunfuñó en voz baja, sin perder el paso.

-¿Qué quieres?- se giró mirándolo a los ojos inquieto como si hubiera recordado sólo ahora que llegar tarde traería problemas reales y verdaderos –Me tiras de una oreja, me abusas y entras en mi casa sin permiso insultándome… no pretenderás que te ayude, aprende modales primero… que yo sí los tengo…y tienes un roto en el trasero del pantalón y te he visto todo el culo mientras pasábamos por el vestíbulo.

- Pues al menos no voy por ahí disfrazado de animal. – volvió a fruncir el ceño, molesto porque lo criticase. – Además, has sido tú quien me ha despertado y se ha llevado mi zapatilla, y.... hubiera salido de tu casa antes si me hubiese ayudado, en vez de lanzarme objetos y burlarte de mí. Créeme que no tengo deseos de pasar el resto del día siguiéndote. Y por cierto ¿quién construye una casa dentro de un árbol? No había ni letrero, seguro que es ilegal eso....

-¿Ilegal? El rey sabe que vivo bajo un árbol… ¿Por qué no podría tener mi madriguera allí? La tengo donde quiero, para eso la hice yo y no voy disfrazado de nada, mi ropa es mi ropa… al menos no la tengo rota… y roñosa como tú…je- sonrió de medio lado –Y lo siento, pero yo me voy! Tengo prisa y no puedo perder el tiempo con niños maleducados...- argumentó poniendo cara de orgullo.

- No soy un niño maleducado! Y mi ropa no es roñosa.... Me refería a esas orejas y esa cola que... no sé cómo la mueves, pero me da igual – comentó, aunque seguía curioso, caminando un poco para acortar la distancia entre ellos, no se le fuera a escapar de nuevo. – Y no sé de qué rey estás hablando, no hay ningún rey, yo sólo quiero que me devuelvas mi tamaño normal para poder irme a mi casa. – exhaló con fuerza, un poco mareado por tantas cosas extrañas.

- Haberlo pensado antes de venir, ahora no puedo ayudarte porque tengo que ir a ver al duque, si llego tarde me matará! ¿Es que no lo entiendes? Tengo trabajo! ¿Sabes qué es?- suspiró molesto tocándose una oreja y sin comprender qué ocurría con ellas, era la primera vez que alguien decía que eran un disfraz –Estas orejas son mías- las movió parándolas incrédulo –y la cola también!... ¿Dónde se ha visto un conejo sin orejas y cola de conejo? Tú eres tonto… o estás loco.

- Y tú eres un... ¿conejo? Los conejos no existen! Es decir, sí... pero no son personas. Son unos animalitos pequeños y peluditos y dulces..... – le aclaró haciendo gesto de llevar un animal pequeño en brazos, sonriendo con toda la malicia del mundo. – No son tramposos y necios como tú.

-Pero yo soy peludito en las orejas y en la cola…- la movió mostrándosela y sonriendo de medio lado –y también soy muy dulce ¿te beso de nuevo? Sé que te gustó… - lo señaló con un dedo aún sonriendo –Claro que existo… y si estas orejas son de mentira… ¿Por qué no tengo unas como las tuyas también? ¿Eh?

- Pues no lo sé, ¿qué no las tienes? ¿Debajo de esas?... – preguntó, seguro de que estaban sujetas con alguna cinta o algo, y acercándose un poco más, curioso, intentando averiguarlo por sí mismo.

El albino lo miró con desconfianza –No… no las tengo… ¿Qué quieres? Quieres tocarme las orejas… lo sé… por eso de…- se puso a hacer como si acunara a un animal como había echo antes el moreno –Está bien……. Puedes tocármelas…- se agachó un poco haciéndose el sufrido aunque en realidad estaba deseando que se las tocara.

- No te muevas – le advirtió el chico dispuesto a retractarse al menos movimiento, tocando las orejas, aún mirando su rostro y luego examinando el nacimiento de las mismas, con rostro de perplejidad. No se lo explicaba, ¿habría alguna cirugía que hiciera aquello? Porque de que eran reales, lo eran....

Riot movió las orejas aún así bajándolas sin poder evitarlo y observándolo entre los mechones de cabello blanco -¿Por qué no me muevo? Me muevo si quiero…- se enderezó de nuevo dándole la espalda y mostrándole la cola, moviéndola -¿Ves? Son mías… no sé qué les ves de raro.

- Nunca he visto algo como tú, ¿te hiciste alguna cirugía? ¿Son implantes o algo así? No comprendo nada.... – se rascó la cabeza, ahora sí abandonando su expresión seria por una de completa confusión.

-No me he hecho ninguna cirugía de esas, eres un pesado…- suspiró mirándolo con cara de que se le agotaba la paciencia -¿Es que nunca has visto un conejo? ¿Es eso? Eres muy raro…- se apoyó en un árbol olvidando que llegaba tarde -¿No quieres tocarme la cola? Tengo dos…- sonrió de medio lado alzando las orejas de nuevo.

- Tú eres el raro! – lo señaló molesto de nuevo, aclarando. – Y no es eso, es sólo que nunca he visto un conejo.... humano. – lo miró pensativo, distrayéndose con su cola, y refunfuñando. – Y no quiero tocarte la cola! ¿De veras tienes dos? Yo sólo veo una....

-Si quieres te enseño la otra…- sonrió acercándose lentamente sin poder dejar la risita maldita y le cogió la mano -¿Seguro que no la quieres tocar? Mira que está suave y esponjosita…

- Que no! – se soltó, enrojeciendo violentamente, sospechando que se estaba burlando nuevamente de él. – Preferiría que me devuelvas mi tamaño natural. ¿A ti no te importa quedarte de este tamaño?

-No me quedaré de este tamaño…- se rió al verlo enrojecer de ese modo –Para crecer de nuevo tienes que tocarme la cola…- sonrió de medio lado mirándolo a los ojos -…o probar a comerte una seta y si no te mueres envenenado… seguro que con alguna aciertas…

- Maldito conejo tramposo.... – lo miró, observando su cola una vez más y decidiendo correr el riesgo. Se acercó a una de las setas cercanas, arrancando un trozo y metiéndoselo a la boca, murmurando aún mientras masticaba. – Esto es ridículo....

-¿Tú crees?- lo miró bajando la cabeza al notar que encogía aún más –Si sigues así… desaparecerás…- se agachó mirándolo con gesto de malicia sonriendo levemente –No era la seta adecuada… parece… prueba otra… que al igual te envenenas…- lo empujó con un dedo por el pecho para molestarlo, observándolo atentamente. Sonrió aún más dejándolo acostado contra la hierba, pensando en unas cuantas cosas que podría hacer teniendo en cuenta su ventaja de tamaño y dejando volar la imaginación por unos segundos sin poder evitar que le entrase la risa – Ah! Que me tengo que ir! No me distraigas!...o podría llevarte conmigo…- se abanicó sacando la pieza de papel y madera de un bolsillo y creciendo poco a poco, recuperando su tamaño original.

- Dame eso, maldito tramposo! – protestó enfurecido el chico, persiguiéndolo y saltando para quitarle el abanico de las manos, moviéndolo dos veces como podía, para recuperar su tamaño normal. Se llevó una mano a la cabeza sintiéndose mareado nuevamente.

El albino le quitó el abanico pegándole con el en la cabeza -¿Qué haces? No le quites las cosas a los demás sin su permiso!- se volteó, siguiendo su camino mientras comprobaba de nuevo la hora para ir a entregarle aquella carta al duque.

- Oye! – Bran se cubrió la cabeza allí donde le había dado con el abanico, observando a su alrededor nerviosamente. Quisiera admitirlo o no, no tenía idea de donde estaba o de lo que estaba sucediendo. Incluso si ese conejo era un tío excéntrico con complejo de animal que se había hecho cirugía y construido su casa dentro de un árbol.... Eso no explicaba cómo había logrado hacerlo cambiar de tamaño, y tampoco el hecho de que el lugar en el que se encontraban no le parecía familiar en lo más mínimo, a pesar de conocer aquel barrio como la palma de su mano. – Oye, que te esperes! – volvió a insistir corriendo tras él.

-Que no quiero ir contigo- el albino lo miró de soslayo –Puede que estés bueno, pero sigues siendo un maleducado, además ya te estoy diciendo que tengo prisa, si quieres puedes venir conmigo tú, pero yo no iré contigo.

- Pero ¿cómo regreso a donde estaba? ¿Lo sabes?........... Por favor – le pidió, aunque mascullando aquel “por favor” como si fuese la peor medicina del mundo.

-¿Eh?- se paró a mirarlo con una leve sonrisa en el rostro –perdona… ¿Cómo has dicho?- movió una de sus orejas ampliando la sonrisa.

- ¿Qué estás sordo o qué? Dije... –protestó nuevamente, contrariado, y bajando la mirada luego tan humildemente como podía, aún con el ceño fruncido. - ... Por favor, eso dije. Por favor...

-Ah… pues no sé… - sonrió al verlo tan contrariado por algo tan simple –Está claro que para volver a donde uno estaba, tiene que recorrer el camino de vuelta, pero no puedes, porque eres grande y no cabes por la puerta…- le cogió una mano tirando de él por entre la hierba hacia el oscuro del bosque.

- Pero... ¿vas a ayudarme entonces? – le preguntó, su voz más insegura al igual que su mente, examinando el bosque a su alrededor, inquieto. Casi le parecía que las mismas plantas tenían vida, y tampoco confiaba mucho en ese conejo, pero no tenía de otra.

-Te ayudo a venir conmigo, ahora no tengo tiempo para llevarte de vuelta, lo haré luego, cuando no esté tan ocupado…- miró a su alrededor porque tenía tendencia a perderse –Así me acompañas por el bosque… que a mí me da miedo- miró atrás viendo cómo los árboles cerraban la entrada y luego caminó hacia delante tirando de él hacia los troncos secos que aún así se movían de forma extraña –Cuidado con los árboles!- se echó a un lado tras recibir un golpe en el rostro de una rama y se llevó la mano a la mejilla.

- ¿Qué?! ¿Qué fue eso?! – le preguntó el chico, asustado de que sus miedos se volvieran realidad, por ilógico que pareciese. – Demonios... ¿dónde estoy? – se lamentó, mirando de soslayo al albino luego. - ¿Estás bien?

-Sí… sólo es una raspada…Odio este sitio…- se sujetó las orejas bajándolas hacia abajo para no escuchar los ruidos de la madera crujiendo y los árboles lamentándose –No les gusta que entre nadie…- susurró echándose hacia atrás de nuevo al sentir otro golpe de una rama. Le sujetó la mano a Bran y echó a correr por entre los árboles de manera apresurada y agobiada mientras sentía cómo las ramas lo golpeaban y arañaban. Un enorme árbol abrió la corteza frente a ellos como si se tratase de una boca dentada y el albino se sobresaltó deteniéndose y caminando lentamente hacia atrás.

 
 

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