| Capítulo 1- Follow the Rabbit
- Agh…. – protestó el chico girándose
de lado sobre la hierba, y mirando el libro de texto como si lo
quisiera incendiar con sus ojos. Se giró nuevamente, dándole
la espalda al susodicho, con gesto de estar profundamente ofendido,
los mechones de su cabello negro y rubio cayendo en una desordenada
maraña, sin que le importase en lo más mínimo.
En lo que a Bran concernía, había hecho el esfuerzo,
lo había intentado, pero el condenado libro era demasiado
aburrido, lleno de datos sin interés alguno y lo peor de
todo, parecía haber sido escrito por un niño que aún
no ingresaba a la primaria. De todos modos, estudiar no era lo suyo,
prefería leer cosas más interesantes, y hasta donde
sabía, ese tipo de cosas no se encontraban en libros de textos.
Y además, estaba cansado. Hacía días que no
dormía. Desde que tenía memoria, siempre había
tenido aquellos períodos de insomnia en los que nada de lo
que hiciera conseguía ayudarlo a relajarse. En realidad era
gracioso que un simple libro de texto para retrasados mentales,
que así era como lo veía, lo hubiera hecho bostezar
más veces en un día de lo que lo había hecho
en todo el mes.
Sus ojos celestes se alzaron al cielo, observando el movimiento
de una nube blanca, a la vez que el moreno se acomodaba una vez
más para quedar sobre su espalda, y sonrió sintiéndose
tonto por pensar que parecía hecha de algodón. Cerró
los ojos suspirando, planteándose el ponerse de pie y dirigirse
mejor a su habitación. Pronto se haría de tarde y
luego de noche y si se quedaba dormido allí luego de tanto
tiempo de no hacerlo......
Una leve brisa sopló, como acunándolo en sus vaivenes,
moviendo las hojas del descartado libro que ahora yacía a
su lado, boca abajo, mostrándole sus secretos a las hormigas
y los insectos que se aventurasen bajo ese desconocido túnel.
El chico volvió a suspirar, permitiendo que su cuerpo y la
agradable atmósfera decidiesen por él, y antes de
que otro pensamiento intruso surcase su mente, perturbando su calma,
un sueño profundo se adueñó de sus párpados
y de su respiración
Bran sonrió una vez más, volviéndose de lado
y entregándose completamente a su cansancio.
-Qué cara…- los ojos rojos del albino repasaron de
cabo a rabo al chico que yacía tendido en el suelo y se agachó
sujetando el libro. Pasó las hojas rápidamente y lo
descartó de forma inmediata lanzándolo a su espalda
–Oye… chaval…- susurró levantándole
la camiseta y mirando por abajo y mirándolo de nuevo rápidamente
asegurándose de no haberlo despertado.
Cruzó los brazos sobre sus propias rodillas observándolo
y moviendo una de sus orejas blancas. Se agachó un poco más
hacia él, preguntándose por qué se había
quedado dormido justo al lado de su madriguera, así era imposible
pasar –Que te despiertes!
- Ah! – el chico se despertó con un sobresalto, frunciendo
el ceño inmediatamente, solamente consciente de lo molesto
que estaba porque lo hubieran despertado. - ¿Para qué
me despiertas, eh? Y ¿quién diablos eres? Si me vas
a robar, róbame, pero no me despiertes! – le gritó
ilógicamente, acostándose de nuevo y dándole
la espalda como haciéndole ver que pensaba dormirse de nuevo,
aunque por su manera de fruncir el ceño y la mala hostia
que traía, por lo menos le iba a costar trabajo. Porco a
poco fue cayendo en cuenta de lo que acababa de ver, y se giró
nuevamente observándolo confundido, y atrevidamente, tal
vez porque aún no despertaba del todo, extendiendo una mano
para tocarle una oreja. - ¿Y esto....?
-¿Cómo que y esto?!- el albino se apartó un
poco liberando su oreja blanca y acariciándosela -¿Y
esto?- le sujetó la suya con cara de “tú eres
tonto ¿o qué?” –No puedes ponerte a dormir
frente a la casa de los demás… ¿y quien diablos
eres tú?
- Ya suéltame ¿no? – le apartó la mano,
decidiendo que al final no le importaba si quería andar por
ahí disfrazado de animales. Era asunto suyo, pero de todos
modos.... – Yo soy quien me da la gana, y no sé de
qué hablas. No veo ninguna casa por aquí – miró
a su alrededor por si acaso, pero lo único que veía
eran árboles y más vegetación.
-¿Ah sí?!- el albino se levantó frunciendo
el ceño y se echó el flequillo a un lado aunque cayó
de nuevo sobre uno de sus ojos rojos. Sujetó el reloj tirando
de la cadena dorada que colgaba de su cintura y lo abrió
para asegurarse de la hora –Sal de una vez! Voy a llegar tarde
por tu culpa señor… “quienmedalagana” o
te sacas tú o te sacaré yo…- se cruzó
de brazos golpeando la hierba con uno de sus zapatos.
El moreno suspiró, una vez más mirando a su alrededor,
desorientado. - ¿A dónde? Aquí no hay nada.
Además, no sé para qué quieres que me quite
con tanto espacio libre que hay. Que ¿tienes que abrazar
este árbol antes de proseguir o algo así? –
le preguntó, aún molesto, aunque distraído
pensando en que debía ser un día sin mucho tráfico,
porque no escuchaba ni un solo auto y sabía que la carretera
estaba cerca.
-Pasaré igual, ya que no quieres razonar y eres un maleducado,
no te sales por las buenas ni por las malas…- se agachó
un poco y le sujetó por un tobillo arrastrándolo por
la hierba. Se rió pese a todo y se agachó en el suelo
colándose por el agujero del árbol y dejándose
caer por el túnel de la madriguera llevándose el playero
del moreno con él.
- Oye, idiota! – se quedó mirando el agujero perplejo
sin creerse lo que acababa de ver y sin saber cómo reaccionar.
Tal vez estaba soñando. No lo sentía así, pero
igual cuando soñabas, te creías que todo era real
¿no? Fuese como fuese no lo iba a dejar salirse con la suya.
Se introdujo por el agujero, dispuesto a perseguirlo, aunque cuidadosamente.
Sin embargo, su pie resbaló quisiera que no, haciéndolo
caer por el mismo de manera un poco brusca.
-No deberías entrar en la casa de otros sin permiso, podría
ocurrirte algo malo- el albino lo miró desde abajo del túnel
de la madriguera observando cómo caía y caía
sin cesar a pesar de que la distancia era corta. Se sentó
en el suelo sonriendo y chocando los dedos contra una de sus piernas
–y si que tardas en llegar, además me retrasas…-
sacudió la zapatilla de Bran en el aire mientras hablaba.
- Y ¿qué tipo de casa es esta? ¿Eh?! –
le gritó el chico, mientras aún caía, sintiendo
que se le hacía eterna la espera. Ya hasta había dejado
de preocuparse, de lo mucho que tardaba. - ¿Qué no
vas a ayudarme de una buena vez? – intentó girarse
extendiendo una mano hacia él a ver si al menos lo bajaba.
El albino le lanzó la zapatilla con todas sus fuerzas y
echó a correr tras escuchar cómo caía al suelo
con un sonido sordo. Lo observó desde una esquina, rodar
por los cojines hasta el suelo de piedra apenas asomándose
–Llego tarde, lo siento… pero llego tarde- argumentó
en tono grave aunque la sonrisa se dibujaba de nuevo en su rostro
antes de salir corriendo por los largos pasillos.
- ¿Llegas tarde? ... – el chico se sentó, aún
más molesto, luego de quejarse por el golpe aunque ni había
sido para tanto al caer sobre los cojines. Se apresuró en
ponerse su zapatilla nuevamente, levantándose para correr
detrás de él. – Ven acá! No te vas a
salir con la tuya.... – salió corriendo por la esquina
en la que lo había visto asomarse, frunciendo aún
más el ceño al recordar su sonrisa. Se detuvo en seco
al encontrarse en un pasillo lleno de puertas y suspiró contrariado,
disponiéndose a revisar cada una. Igual no podía salir
por donde había entrado, estaba demasiado alto.
-¿Qué haces?- el conejo le abrió desde el
otro lado una de las puertas topándose con él de frente
y lo sujetó de las manos empujándolo al interior de
un amplio vestíbulo de suelo reluciente cuyo techo obligaba
a pasar agachado a la fuerza, las lámparas de cristales pendían
desde este hasta el suelo impidiendo el paso en algunas zonas. Gateó
rápidamente entre ellas pretendiendo perderlo de vista y
hacerlo perderse sin poder dejar de sonreír y moviendo ligeramente
la cola sin poder evitarlo.
- Maldito idiota! Vuelve acá! – casi gruñó
el chico, gateando tan rápido como podía en pos del
albino y preguntándose qué le pasaba y por qué
simplemente no lo llevaba a la puerta para que pudiese irse de su
casa al menos. Y vaya que tenía una casa rara. Salió
por fin al final de aquella larga y estrecha habitación,
encontrándose en un recinto que sólo contenía
una mesa de cristal con una llave encima de la misma. Se acercó
a la misma, deseando que fuera la llave para salir de allí
y no la del vehículo del albino extraño ese, o algo
parecido.
El albino se sentó en el suelo de la sala observándolo
y sonriendo -¿Por qué no abres la puerta y te vas?-
preguntó mirándolo con superioridad y señalando
al gran numero de puertas que había en todas las paredes
de la sala –Esa llave será de alguna puerta ¿no?-
se rió sonriendo después de medio lado porque esa
llave sólo valía para una diminuta puerta que había
tras la cortina.
Bran alzó una ceja haciendo un gesto de enfado con la boca
y caminando hacia él con la llave en una mano. – Y
¿por qué mejor no me dices qué puerta tengo
que abrir? ¿Qué no quieres que me vaya de tu casa?
Vas a llegar tarde.... muy tarde....
-No me importa…- se cruzó de brazos jugando con una
de sus orejas y acariciándosela –Le diré al
rey que ha sido tu culpa… y te cortará la cabeza…-
lo miró sonriendo de medio lado de nuevo –Oblígame
a que te lo diga…- se encogió de hombros cerrando los
ojos como si no le importase y entreabriendo uno para ver qué
hacía.
- El rey?... – lo miró como si estuviera loco, que
de hecho, se lo parecía. Lo suficientemente loco como para
haber construido aquella especie de madriguera bizarra y andar por
allí disfrazado de conejo. Se acercó rápidamente,
sujetándolo por la ropa y comenzando a remecerlo, ya en el
límite de la exasperación. - ¿Vas a decirme
qué puerta tengo que abrir, eh?! Ya dime!
El albino lo miró a los ojos totalmente serio, molesto porque
lo remeciese de esa manera y lo sujetó por la cara besándole
los labios ruidosamente riéndose después y apartándolo
de un empujón aprovechando la distracción –Está
bien…- apartó la cortina como si no hubiera echo nada
aunque su cola se movía de un lado a otro –Es esta
puerta…- señaló una puerta diminuta tras la
cortina roja –por ahí se sale… - canturreó.
- Eres un idiota aprovechado! – se quejó el chico
limpiándose los labios con cara de furia aunque sin agredirlo
más. No veía que diera resultados. Dirigió
su mirada a la puerta, aunque momentáneamente distraído
por su cola, preguntándose cómo lograría que
se moviese así. – Esa puerta......... ¿cómo
se supone que salga por ahí? ¿Estás de broma?
-No…- el albino se rió de todos modos y volvió
a mirar el reloj porque entre bromas y verás, sí llegaría
tarde y el rey era capaz de cortarle la cabeza al moreno y a él
a la vez, si era necesario… aunque aquel chico era demasiado
divertido como para abandonarlo allí –Tal vez no te
has fijado en esa botella…- el conejo señaló
hacia la mesita a una botella de la que pendía un enorme
cartel del que se leía “BEBEME” en mayúsculas
y que jamás antes había estado allí.
Bran miró la botella con una cara de sospecha que no se
la quitaba nadie, y luego al albino. ¿Se supone que me beba
eso? ¿Crees que soy estúpido? ¿Qué pasa
si me drogas y me despierto sin riñones o yo qué sé
cómo? – lo acusó, sin embargo, levantando la
botella con una mano y examinando su contenido con la mirada.
-¿Sin riñones?- lo miró arqueando una ceja
-¿Para qué querría yo uno de tus riñones
si ya tengo los míos? No como carne, no me gusta… Si
no la tomas no podrás pasar, yo me voy… ahí
te quedas, por insoportable y por abusar de mí- se metió
un trozo de algo blanco y rojo en la boca y empequeñeció
frente a él atravesando la puerta sin más y llevándose
la llave con él.
- Oye.... ¿qué?... – se restregó los
ojos, ahora convencido de que estaba alucinando, y miró la
botella de nuevo y luego a la puerta, a pesar de todo pensando que
se le escapaba, y no quería quedarse allí a ver cuando
regresaba. Dejó escapar un suspiro de contrariedad, bebiéndose
los contenidos de la botella sin más, inmediatamente sintiéndose
extraño. Sacudió la cabeza, observando con sorpresa
que ahora se encontraba frente a una puerta de tamaño razonable.
Alzó la mirada, confundido una vez más comprendiendo
la realidad. La puerta seguía del mismo tamaño, era
él el que había empequeñecido, tal como lo
había hecho el conejo momentos antes. Profirió una
maldición, más por mareo que por furia y se cruzó
el umbral esperando encontrárselo fuera, seguramente para
burlarse de él o marearlo más aún.
-¿Así que al final si que te la has bebido? Debe
ser que eres estúpido entonces…- miró al cielo
haciendo caras de razonamientos aunque en realidad sólo estaba
burlándose de él y sus propias palabras. Alzó
el reloj de nuevo observando la hora –Ah! Llegaré tarde
por tu culpa! El duque querrá matarme si llego tarde!- echó
a correr entre las enormes hierbas y setas ahora de un tamaño
gigantesco como si no se percatase de que recorrer esas distancias
en ese tamaño era aún más lento.
- A mí qué me importa! Detente ahí! ¿No
vas a dejarme así, verdad?! – empezó a corretearlo,
tan rápido como podía aunque ya notaba lo veloz que
podía ser el albino. – Por no decir tramposo... –
refunfuñó en voz baja, sin perder el paso.
-¿Qué quieres?- se giró mirándolo a
los ojos inquieto como si hubiera recordado sólo ahora que
llegar tarde traería problemas reales y verdaderos –Me
tiras de una oreja, me abusas y entras en mi casa sin permiso insultándome…
no pretenderás que te ayude, aprende modales primero…
que yo sí los tengo…y tienes un roto en el trasero
del pantalón y te he visto todo el culo mientras pasábamos
por el vestíbulo.
- Pues al menos no voy por ahí disfrazado de animal. –
volvió a fruncir el ceño, molesto porque lo criticase.
– Además, has sido tú quien me ha despertado
y se ha llevado mi zapatilla, y.... hubiera salido de tu casa antes
si me hubiese ayudado, en vez de lanzarme objetos y burlarte de
mí. Créeme que no tengo deseos de pasar el resto del
día siguiéndote. Y por cierto ¿quién
construye una casa dentro de un árbol? No había ni
letrero, seguro que es ilegal eso....
-¿Ilegal? El rey sabe que vivo bajo un árbol…
¿Por qué no podría tener mi madriguera allí?
La tengo donde quiero, para eso la hice yo y no voy disfrazado de
nada, mi ropa es mi ropa… al menos no la tengo rota…
y roñosa como tú…je- sonrió de medio
lado –Y lo siento, pero yo me voy! Tengo prisa y no puedo
perder el tiempo con niños maleducados...- argumentó
poniendo cara de orgullo.
- No soy un niño maleducado! Y mi ropa no es roñosa....
Me refería a esas orejas y esa cola que... no sé cómo
la mueves, pero me da igual – comentó, aunque seguía
curioso, caminando un poco para acortar la distancia entre ellos,
no se le fuera a escapar de nuevo. – Y no sé de qué
rey estás hablando, no hay ningún rey, yo sólo
quiero que me devuelvas mi tamaño normal para poder irme
a mi casa. – exhaló con fuerza, un poco mareado por
tantas cosas extrañas.
- Haberlo pensado antes de venir, ahora no puedo ayudarte porque
tengo que ir a ver al duque, si llego tarde me matará! ¿Es
que no lo entiendes? Tengo trabajo! ¿Sabes qué es?-
suspiró molesto tocándose una oreja y sin comprender
qué ocurría con ellas, era la primera vez que alguien
decía que eran un disfraz –Estas orejas son mías-
las movió parándolas incrédulo –y la
cola también!... ¿Dónde se ha visto un conejo
sin orejas y cola de conejo? Tú eres tonto… o estás
loco.
- Y tú eres un... ¿conejo? Los conejos no existen!
Es decir, sí... pero no son personas. Son unos animalitos
pequeños y peluditos y dulces..... – le aclaró
haciendo gesto de llevar un animal pequeño en brazos, sonriendo
con toda la malicia del mundo. – No son tramposos y necios
como tú.
-Pero yo soy peludito en las orejas y en la cola…- la movió
mostrándosela y sonriendo de medio lado –y también
soy muy dulce ¿te beso de nuevo? Sé que te gustó…
- lo señaló con un dedo aún sonriendo –Claro
que existo… y si estas orejas son de mentira… ¿Por
qué no tengo unas como las tuyas también? ¿Eh?
- Pues no lo sé, ¿qué no las tienes? ¿Debajo
de esas?... – preguntó, seguro de que estaban sujetas
con alguna cinta o algo, y acercándose un poco más,
curioso, intentando averiguarlo por sí mismo.
El albino lo miró con desconfianza –No… no las
tengo… ¿Qué quieres? Quieres tocarme las orejas…
lo sé… por eso de…- se puso a hacer como si acunara
a un animal como había echo antes el moreno –Está
bien……. Puedes tocármelas…- se agachó
un poco haciéndose el sufrido aunque en realidad estaba deseando
que se las tocara.
- No te muevas – le advirtió el chico dispuesto a
retractarse al menos movimiento, tocando las orejas, aún
mirando su rostro y luego examinando el nacimiento de las mismas,
con rostro de perplejidad. No se lo explicaba, ¿habría
alguna cirugía que hiciera aquello? Porque de que eran reales,
lo eran....
Riot movió las orejas aún así bajándolas
sin poder evitarlo y observándolo entre los mechones de cabello
blanco -¿Por qué no me muevo? Me muevo si quiero…-
se enderezó de nuevo dándole la espalda y mostrándole
la cola, moviéndola -¿Ves? Son mías…
no sé qué les ves de raro.
- Nunca he visto algo como tú, ¿te hiciste alguna
cirugía? ¿Son implantes o algo así? No comprendo
nada.... – se rascó la cabeza, ahora sí abandonando
su expresión seria por una de completa confusión.
-No me he hecho ninguna cirugía de esas, eres un pesado…-
suspiró mirándolo con cara de que se le agotaba la
paciencia -¿Es que nunca has visto un conejo? ¿Es
eso? Eres muy raro…- se apoyó en un árbol olvidando
que llegaba tarde -¿No quieres tocarme la cola? Tengo dos…-
sonrió de medio lado alzando las orejas de nuevo.
- Tú eres el raro! – lo señaló molesto
de nuevo, aclarando. – Y no es eso, es sólo que nunca
he visto un conejo.... humano. – lo miró pensativo,
distrayéndose con su cola, y refunfuñando. –
Y no quiero tocarte la cola! ¿De veras tienes dos? Yo sólo
veo una....
-Si quieres te enseño la otra…- sonrió acercándose
lentamente sin poder dejar la risita maldita y le cogió la
mano -¿Seguro que no la quieres tocar? Mira que está
suave y esponjosita…
- Que no! – se soltó, enrojeciendo violentamente,
sospechando que se estaba burlando nuevamente de él. –
Preferiría que me devuelvas mi tamaño natural. ¿A
ti no te importa quedarte de este tamaño?
-No me quedaré de este tamaño…- se rió
al verlo enrojecer de ese modo –Para crecer de nuevo tienes
que tocarme la cola…- sonrió de medio lado mirándolo
a los ojos -…o probar a comerte una seta y si no te mueres
envenenado… seguro que con alguna aciertas…
- Maldito conejo tramposo.... – lo miró, observando
su cola una vez más y decidiendo correr el riesgo. Se acercó
a una de las setas cercanas, arrancando un trozo y metiéndoselo
a la boca, murmurando aún mientras masticaba. – Esto
es ridículo....
-¿Tú crees?- lo miró bajando la cabeza al
notar que encogía aún más –Si sigues
así… desaparecerás…- se agachó
mirándolo con gesto de malicia sonriendo levemente –No
era la seta adecuada… parece… prueba otra… que
al igual te envenenas…- lo empujó con un dedo por el
pecho para molestarlo, observándolo atentamente. Sonrió
aún más dejándolo acostado contra la hierba,
pensando en unas cuantas cosas que podría hacer teniendo
en cuenta su ventaja de tamaño y dejando volar la imaginación
por unos segundos sin poder evitar que le entrase la risa –
Ah! Que me tengo que ir! No me distraigas!...o podría llevarte
conmigo…- se abanicó sacando la pieza de papel y madera
de un bolsillo y creciendo poco a poco, recuperando su tamaño
original.
- Dame eso, maldito tramposo! – protestó enfurecido
el chico, persiguiéndolo y saltando para quitarle el abanico
de las manos, moviéndolo dos veces como podía, para
recuperar su tamaño normal. Se llevó una mano a la
cabeza sintiéndose mareado nuevamente.
El albino le quitó el abanico pegándole con el en
la cabeza -¿Qué haces? No le quites las cosas a los
demás sin su permiso!- se volteó, siguiendo su camino
mientras comprobaba de nuevo la hora para ir a entregarle aquella
carta al duque.
- Oye! – Bran se cubrió la cabeza allí donde
le había dado con el abanico, observando a su alrededor nerviosamente.
Quisiera admitirlo o no, no tenía idea de donde estaba o
de lo que estaba sucediendo. Incluso si ese conejo era un tío
excéntrico con complejo de animal que se había hecho
cirugía y construido su casa dentro de un árbol....
Eso no explicaba cómo había logrado hacerlo cambiar
de tamaño, y tampoco el hecho de que el lugar en el que se
encontraban no le parecía familiar en lo más mínimo,
a pesar de conocer aquel barrio como la palma de su mano. –
Oye, que te esperes! – volvió a insistir corriendo
tras él.
-Que no quiero ir contigo- el albino lo miró de soslayo
–Puede que estés bueno, pero sigues siendo un maleducado,
además ya te estoy diciendo que tengo prisa, si quieres puedes
venir conmigo tú, pero yo no iré contigo.
- Pero ¿cómo regreso a donde estaba? ¿Lo sabes?...........
Por favor – le pidió, aunque mascullando aquel “por
favor” como si fuese la peor medicina del mundo.
-¿Eh?- se paró a mirarlo con una leve sonrisa en
el rostro –perdona… ¿Cómo has dicho?-
movió una de sus orejas ampliando la sonrisa.
- ¿Qué estás sordo o qué? Dije... –protestó
nuevamente, contrariado, y bajando la mirada luego tan humildemente
como podía, aún con el ceño fruncido. - ...
Por favor, eso dije. Por favor...
-Ah… pues no sé… - sonrió al verlo tan
contrariado por algo tan simple –Está claro que para
volver a donde uno estaba, tiene que recorrer el camino de vuelta,
pero no puedes, porque eres grande y no cabes por la puerta…-
le cogió una mano tirando de él por entre la hierba
hacia el oscuro del bosque.
- Pero... ¿vas a ayudarme entonces? – le preguntó,
su voz más insegura al igual que su mente, examinando el
bosque a su alrededor, inquieto. Casi le parecía que las
mismas plantas tenían vida, y tampoco confiaba mucho en ese
conejo, pero no tenía de otra.
-Te ayudo a venir conmigo, ahora no tengo tiempo para llevarte
de vuelta, lo haré luego, cuando no esté tan ocupado…-
miró a su alrededor porque tenía tendencia a perderse
–Así me acompañas por el bosque… que a
mí me da miedo- miró atrás viendo cómo
los árboles cerraban la entrada y luego caminó hacia
delante tirando de él hacia los troncos secos que aún
así se movían de forma extraña –Cuidado
con los árboles!- se echó a un lado tras recibir un
golpe en el rostro de una rama y se llevó la mano a la mejilla.
- ¿Qué?! ¿Qué fue eso?! – le
preguntó el chico, asustado de que sus miedos se volvieran
realidad, por ilógico que pareciese. – Demonios...
¿dónde estoy? – se lamentó, mirando de
soslayo al albino luego. - ¿Estás bien?
-Sí… sólo es una raspada…Odio este sitio…-
se sujetó las orejas bajándolas hacia abajo para no
escuchar los ruidos de la madera crujiendo y los árboles
lamentándose –No les gusta que entre nadie…-
susurró echándose hacia atrás de nuevo al sentir
otro golpe de una rama. Le sujetó la mano a Bran y echó
a correr por entre los árboles de manera apresurada y agobiada
mientras sentía cómo las ramas lo golpeaban y arañaban.
Un enorme árbol abrió la corteza frente a ellos como
si se tratase de una boca dentada y el albino se sobresaltó
deteniéndose y caminando lentamente hacia atrás.
|