Capítulo 49
Animal dynamics
Miércoles 2 Julio.
Mañana.
Akiyama entró seguido por sus hijos en aquella habitación
privada del local que había conseguido Ranmaru. Al final
había tenido que acceder a que lo acompañasen para
demostrarles que sí confiaba en ellos. Había estado
un poco nervioso, pero el chico lo había hecho bien, estaban
en un lugar neutral y nadie se atrevería a interrumpirlos
en medio de la reunión.
El albino intercambió una mirada con Jubei, sonriendo. Ahora
sólo faltaba que se presentase Sadamitsu y recibir aquella
llamada...
El joven yakuza no se hizo esperar, y llamó a la puerta
al poco rato, fumándose un cigarro y con un traje blanco
tan impecable como siempre.
Jubei le abrió y lo hizo pasar tras saludarlo.
–¿Viene solo?
–Abajo me esperan mis hombres –le explicó,
aunque no tenía por qué, pero imaginaba el motivo
de su duda.
–Buenos días, Sadamitsu-san –lo saludó
Ranmaru, haciéndose a un lado para darle espacio a su padre.
–Sadamitsu-san, les he dicho acerca de los chinos así
que no hay razones para no hablar con libertad –le aclaró,
extendiendo la mano hacia él.
–Bien, siempre es un placer contar con el hijo de Akiyama-san
–le estrechó la mano, mirando al chico y sonriéndole
como siempre –. ¿Excitado con la idea?
–Por supuesto. No soy partidario del liderazgo pasivo –sonrió
asintiendo.
Shigeru lo miró de soslayo mientras se sentaba, preguntándose
por qué tanto entusiasmo. Bueno, a Ranmaru siempre le había
interesado el pelear.
Sadamitsu se sentó también, sonriéndole a
Ranmaru primero.
–Estoy seguro de que será un gran líder. Puedo
ver su capacidad de liderazgo y persuasión –se llevó
el cigarro a los labios, alcanzando el cenicero que había
sobre la mesa.
Shigeru sonrió ligeramente, sin poder evitar sentirse un
tanto orgulloso, a pesar de que nunca sabía si el otro hablaba
en serio.
–Acerca de los planes... No podemos lanzarnos a atacar sin
saber...
Fue interrumpido por el sonido del móvil de Ranmaru. El
chico contestó, hablando con rapidez.
–Ah, sí. No, no os mováis, vamos para allá
–colgó, mirando a su padre –. Es uno de nuestros
clientes, se rehúsa a pagar a menos que vayamos nosotros,
es importante –aclaró, a pesar de que ya sabía
que eso sucedería. Por eso había negociado esa reunión
a la misma hora –. Tengo que irme, pero estoy seguro de que
mi padre me dará los detalles, ¿cierto?
–Ranmaru... –Shigeru frunció el ceño,
aquello era muy poco profesional, pero no podía mostrar ese
desorden delante de Sadamitsu, así que carraspeó con
aire digno –Bien. Si es inevitable...
–Esas son cosas que suceden. Es comprensible… –Sadamitsu
se llevó el cigarro a los labios para no sonreír,
y luego se levantó para estrechar la mano de Ranmaru antes
de que se fuese.
Jubei salió del cuarto antes, ya que trataba de evitar
que viesen que estaba rojo por hacer aquello.
Shigeru esperó a que hubiesen cerrado la puerta, exhalando
y poniéndose de pie de nuevo, yendo a servirse algo de beber.
Ranmaru también se había encargado de aquello.
–Estoy seguro de que está interesado en esto –casi
se disculpó.
–Sí, estoy seguro. No es un problema, es comprensible
–movió un poco la mano, colocándose la corbata
y mirándolo –. ¿No va a ofrecerme una copa?
–Tal vez debería ofrecerle una y luego olvidarme
convenientemente de servírsela –bromeó a medias,
preguntando –. ¿Qué desea?
–¿Qué tiene? –sonrió un poco,
mirándolo fijamente ahora –Y ya debería saber
que si se olvida voy a insistir. Yo nunca me detengo cuando quiero
algo.
Shigeru lo miró de soslayo, frunciendo un poco el ceño
sin saber ni por qué, y eligió una botella de color
oscuro.
–Cerveza importada... de Alemania. ¿Se siente nostálgico?
–le preguntó, mirándolo como si no lo hubiera
afectado para nada.
–La verdad es que sí, pero nada es tan seductor como
estar aquí –sonrió, esperando a que se la sirviese
y dejando salir el humo despacio, mirando a la pared –. Le
comento… Yo y mis hombres tenemos un plan, pero estaría
bien contar con la ayuda de la policía… ¿Cree
que puede ayudarme a mover hilos?
–Supongo que es algo difícil convencer a algunos
seguidores de su padre –sonrió entregándole
un vaso con la cerveza para demostrarle que no necesitaba de esos
jueguitos –. Por supuesto que puedo ayudarle con eso, pero
involucrar a la policía siempre es un arma de doble filo.
–Bien… Mi idea es que mientras mis hombres roban la
droga… la policía los distraiga. El líder nunca
está allí, sería fácil para nosotros
atraparlo… cree estar bien escondido. Pero nosotros tenemos
más hombres, y la clave de seguridad de su apartamento. No
sabría cómo distraerlos si no –bebió
un poco, sujetando el vaso con la mano que llevaba el cigarro –.
¿Tiene una mejor idea? Quiero esa droga.
–No, creo que su plan cubre todas las posibilidades. Incluso
si algún elemento “honesto” se enterase, ¿qué
tiene de malo el que la policía investigue un lugar de mafiosos
extranjeros? –se rio, pensando qe realmente era astuto y volviendo
a sentarse, bebiendo de su vaso –Quiero parte de esa droga,
no olvide que están en nuestro territorio.
–Pero si ya pensaba darle la mitad… Akiyama-san…
No dude de mí, si siempre le he dado todo lo que ha querido
–bebió un poco de nuevo, con gesto serio, pensativo.
–Ya le dije que nunca bajaba la guardia –le recordó,
pensando que precisamente por eso podía traicionarlo en aquel
momento. Tenía la impresión de que Sadamitsu era uno
de esos a los que no veías llegar.
–Lo sé, Akiyama-san. Sé que no la baja, pero
eso es interesante para mí. Yo tampoco lo hago, jamás,
ni siquiera con mi propia familia. Estoy averiguando dónde
esta mi hermano… y he tatuado el cadáver de uno de
sus hombres para hacerlo pasar por él. Debía asegurar
que lo había matado –le explicó relajadamente.
–Usted es el oyabun ahora, necesita la confianza de sus hombres,
y muchos de ellos no reaccionarían bien si supieran quién
mató realmente al antiguo Oyabun –comentó Shigeru
sonriendo un poco. Después de todo, sí tenía
algo con lo que negociar en caso de que tratase de hacerle una mala
jugada –. Esta es la parte difícil, ¿lo sabe?
Ganarse su respeto.
–Sí, pero ya tengo su respeto. Es natural tratándose
de mí. Me conocen desde que era un niño y todo el
mundo cree que me parezco a mi padre. Tal vez necesite más
confianza, eso es todo. Pero todo el mundo está satisfecho
con mis ideas nuevas y mis planes. Se necesitaba sangre fresca,
y yo estoy dando más de lo necesario –lo miró
a los ojos fijamente, ya que sabía en lo que estaba pensando
–. Había bastantes personas disconformes con cómo
mi padre estaba llevando las cosas en estos últimos años.
–Sin duda. Sabe que no tenía buenas relaciones con
su padre tampoco. Los Masamune y los Akiyama jamás se han
llevado bien, nos hemos limitado a tolerarnos... –sostuvo
su mirada como retándolo.
–Sí, pero a mí no me interesan las rencillas
del pasado ni ninguna de esas cosas. Yo soy un hombre de negocios…
no un delincuente con dinero –sus ojos rojos siguieron observando
los suyos sólo por contrariarlo, y bajó la vista a
sus labios para ver si lo incomodaba.
Shigeru se llevó el vaso a los mismos como cubriéndose
y bebiendo un poco de paso.
–Me alegra escuchar eso, yo tampoco estaba de acuerdo, pero
no creo en luchar por causas perdidas.
–En realidad es un poco tímido, ¿verdad, Akiyama-san?
–le preguntó el chico sin ánimos de meterse
con él por una vez, y llevándose el cigarro a los
labios antes de apagarlo finalmente.
–¿Qué le hace pensar eso? –le preguntó
agudizando la mirada y bajando el vaso inmediatamente.
–Puedo notarlo en sus gestos –dejó salir el
humo y suspiró con fuerza, echándose hacia atrás
en el asiento y bebiendo.
–Ahora se dedica a observar a los demás –suspiró
Shigeru dejando el vaso sobre la mesa –. Bueno, es algo que
todo buen líder debe saber hacer.
–Siempre lo he hecho. No puedo evitar fijarme. Cuando algo
le incomoda mira a otro lado, cruza las piernas al sentarse, o incluso
utiliza un vaso como barrera para ocultar sus labios. Soy abogado
después de todo, es natural que me fije en esas cosas…
Además se pone irritable fácilmente.
–Debo decir que no hay mucha gente en el mundo que pueda
ponerme nervioso –tomó el vaso de nuevo, bebiendo lo
que quedaba en él –, pero hay cierto tipo de persona
que me irrita con facilidad.
–¿Y qué tipo de persona es esa, Akiyama-san?
¿Las personas a las que no puede dominar? Usted cambia totalmente
de actitud. Cuando cree que está llevando las cosas por el
mango se comporta de forma altanera, pero si por lo que sea la situación
se torna –chasqueó los dedos –, salta la chispa.
Grrr…
–¿También es psicólogo? –sonrió
controlándose e inclinándose hacia delante. Se empezaba
a preguntar si Ranmaru había tenido que ver con eso, todo
era muy extraño. Por otro lado, no veía ningún
motivo por el que su hijo quisiera otorgarle una terapia gratuita
con aquel hombre.
–Hace falta psicología para ser abogado –le
contestó simplemente, pensando que seguramente se estaba
aguantando. Era imposible que eso le hiciese sonreír, sobre
todo con el último rugido.
–¿Qué hay de usted? ¿Le divierte meterse
con los demás hasta sacarlos de quicio? Sin embargo, se molesta
si realmente llegan a enfadarse –lo miró a los ojos
de nuevo, pensando que se quería ir, pero no quería
demostrarlo.
–Por supuesto, porque pienso que un líder no debe
mostrar esa clase de debilidades. No importa lo insoportable que
se ponga otro, si te conviene debes mantener la asertividad –movió
un poco el vaso, notando que ya empezaba con la incomodidad.
–¿Intenta darme lecciones de cómo ser un líder?
¿Sabe cuántos años llevo haciendo esto? Y de
manera exitosa –le recordó, poniéndose de pie
de nuevo para ir a servirse otro trago –. Un buen líder
no debe permitir que se rían a su costa.
–Pero Akiyama-san, yo sólo le he dicho por qué
me molesta que se enfaden. No hablaba de usted… –lo
siguió con la mirada, observando sus nalgas de soslayo –¿Me
estoy poniendo insoportable?
–Si le digo que sí, ¿dirá que estoy
fallando como líder? –le preguntó, girándose
y sonriendo un poco.
–No… –se quedó callado y movió
un poco el contenido de su vaso con aire pensativo.
Shigeru se quedó mirándolo pensativo también.
Bebió un poco de su vaso sin apartar la mirada del chico
como si tuviera que vigilarlo, rompiendo el silencio finalmente
–¿Qué le hace comportarse así?
–¿De qué manera?
–Sabe que no debería hacer o decir ciertas cosas,
sin embargo, lo hace. Le gusta provocarme hasta el punto que...
no hay vuelta atrás. No veo cuál es el objetivo. Podríamos
tener una buena relación de negocios –se acercó
un poco, bebiendo y preguntándose por qué se sentía
intrigado por ese chico.
–Hum… no sé por qué lo hago. No soy
bueno analizándome a mí mismo supongo –se rio
pensando que nadie podía ser objetivo con su propia persona
–. Probablemente lo hago porque quiero saber qué pasará
después. Tengo una curiosidad innata por lo que desconozco.
–¿Incluso si lo eso lo puede llevar a la muerte?
–se rio pensando que no todos eran tan controlados como él.
–No es tan fácil matarme, Akiyama-san… –lo
miró a los ojos, sonriendo también –. Ha pensado
en matarme, ¿verdad? ¿Se ha llegado a plantear cómo
incluso?
–No tengo intenciones de hacerlo, pero admito que es tentador...
a veces –contestó, volviendo a sentarse y mirándolo
a los ojos –. ¿Lo ha pensado usted? Me refiero al caso
contrario por supuesto.
–No, la verdad. No tengo motivos para querer matarlo. A
su lado tengo más poder, y además… sigue despertando
mi curiosidad –confesó sonriendo ligeramente –.
¿Es muy duro con su hijo, Akiyama-san? Muy… ¿inaccesible?
–Terapia familiar ahora, qué versátil es...
–sonrió, bebiendo un poco de whiskey, pensativo –Soy
estricto con él porque quiero que sea un buen líder.
Eso no se consigue con sensiblerías.
–Pero la falta de una figura paterna puede afectar negativamente
a una persona. A usted no le gusta cómo soy yo… ¿Cree
que Ranmaru-san y yo nos parecemos? –le preguntó intrigado.
–Le mentiría si le dijese que no lo he pensado –le
confesó, aunque Ranmaru era mucho más descontrolado.
Claro, no iba a decirlo frente a Sadamitsu.
–¿Por eso no puede evitar ese aire paternalista conmigo?
–le preguntó, sonriendo un poco y pensando que se parecían
más de lo que él creía.
–No es por eso, es por su propio comportamiento. A veces
pienso que tiene mucho potencial, pero parece un chiquillo jugando.
–Así que no lo niega… ¿Quiere ser mi
papito, Akiyama-san? –se giró un poco en el sillón,
mirándolo fijamente.
–Por supuesto que no. Además, tarde o temprano me
traicionaría, ¿no es así? –continuó
sonriendo, aunque echándose hacia atrás en el sillón
–No sé por qué le doy consejos. Supongo que
me alegra tener alguien razonable con quien negociar. Su padre era...
–Lo sé… –se rio un poco, pensando que
incluso a él le sacaba de sus casillas tratar de convencerlo
de sus ideas. Ni siquiera podía imaginarse a los dos discutiendo.
Ambos tan intransigentes –Y yo no voy por ahí traicionando
a todo el que me cruzo, pero era algo necesario. Mi padre planeaba
traicionarle Akiyama-san, con ayuda de los rusos primero…,
pero rompimos los tratos con ellos. Luego pensaba valerse de los
chinos. Quería hacer pagar a su familia la sangre derramada
ni sé cuantos años hace… Supongo que va a preguntarme
por qué no dije nada.
–Efectivamente –frunció el ceño, aunque
más por curiosidad que porque estuviera enfadado.
–Temía que no me creyese y pensase que estaba planeando
algo con mi padre… Primero tenía que demostrarle que
no era así –le dijo sin más. No le hacía
falta explicarle que pensaba que unirse a los chinos era una equivocación,
además de algo… falto de honor propio.
–Hizo bien, no le hubiera creído –asintió,
bebiendo un poco más y volviendo a fruncir el ceño.
Ese Okimoto había sido un problemático toda su vida
–. Su padre... estaba atado al pasado, un pasado que ni siquiera
nos pertenecía. Todas esas cosas por las que tanto juraba
venganza sucedieron cuando mi abuelo aún estaba en el poder.
Las cosas eran distintas en esa época, no se puede seguir
así para siempre.
–No, lo sé, y no se puede confiar en los chinos,
ni en los rusos… lo que hay que hacer es sacarlos del panorama.
Eso es lo que hay que hacer. Entre nosotros podemos entendernos
–se levantó, mirando las bebidas y sirviéndose
un poco de brandy –. Akiyama-san… –le dijo mientras
se acercaba con el vaso. Se apoyó en el respaldo tras él,
en realidad pensativo –¿recuerda lo que me dijo respecto
a enamorarse?
–Sí, lo recuerdo –asintió preguntándose
qué tenía que ver y girándose un poco para
mirarlo. No le gustaba que estuviese detrás de él.
–¿Se enamoró usted de su mujer? –se
movió un poco hacia el lado contrario, para que encontrase
incómodo el girarse de nuevo.
–Sí, supongo que sí. Al principio... Podía
ser encantadora –frunció el ceño, molesto porque
hubiera hecho eso. Le daban ganas de sujetarlo por los hombros y
sentarlo él mismo.
Sadamitsu dejó el vaso a un lado y apoyó las manos
en sus hombros, inclinándose sobre él un poco y dejándolas
sobre su pecho.
–¿Y después qué pasó?
–Nos distanciamos. Ella no era una mujer muy comprensiva
y cuando nació Ranmaru... las cosas... –le sujetó
las manos sin saber ni cómo apartarlo –¿Qué
cree que hace, Sadamitsu-san?
–Intento averiguar lo que pasa en una situación que
no he vivido –le apretó el pecho incluso con sus manos
por encima y se inclinó un poco más, bajándolas
por su abdomen y besándole una oreja –. Akiyama-san,
su poder me excita.
–No crea que sólo porque lo hicimos una vez... –se
apartó, ahora sí nervioso. Se había sentido
caliente y eso no le gustaba nada –Sólo fue para demostrar
un punto.
–¿Qué punto? –lo soltó y cogió
su vaso de nuevo, sujetándolo con las puntas de los dedos
y dejándolo colgar.
–Que no debería jugar conmigo –frunció
el ceño, girándose de nuevo para mirarlo.
–Pero me gusta jugar con Tora-san… –fue hacia
delante y se sentó sobre sus piernas tras beber un poco y
dejar el vaso otra vez en la mesita –. Va a tener que explicarme
la lección de nuevo.
–Creo que prefiero no hacerlo. ¿Realmente cree que
esto es un juego? –lo sujetó por los hombros intentando
quitárselo de encima –Es por esto que quiero matarlo...
–Pero ya dijo que no lo pensó realmente. Lo dijo
antes –le sujetó las muñecas con fuerza, y pese
a que se resistía se las consiguió apoyar contra el
respaldo para pegarse a él –. ¿Qué tiene
de malo? También quiere hacerlo.
–Por supuesto que no. Es indecoroso además. ¿Qué
clase de líder es usted? ¿Qué clase de descendencia
piensa dejar? –protestó aún luchando contra
él.
–El sexo decoroso no me importa, y no me interesa la descendencia.
Soy muy joven para eso –se movió sobre su sexo, notándolo
ya contra las nalgas y apretándole más las muñecas.
Shigeru contrajo las mandíbulas para evitar emitir sonido
alguno, aunque se estaba excitando con tanto movimiento. Consiguió
soltar una de sus muñecas, asestándole un golpe en
el pecho.
Sadamitsu se fue un poco hacia atrás, pero se sujetó
de su chaqueta del traje, para colmo más excitado. Se amarró
de su nuca con una mano, y bajó la otra entre ambos para
tocar su sexo. Lo apretó con fuerza, ya estaba duro.
–¿Por qué se resiste, Akiyama-san? Me desea.
–Calla, chiquillo... –frunció el ceño,
molesto porque lo descubriera y empujándolo hasta que los
dos cayeron del sillón. Si lo quería, lo iba a conseguir
y esta vez no pensaba tener miramientos. Lo besó con violencia,
mordiendo su labio inferior hasta sacarle sangre.
–Ah… –Sadamitsu se rio, gimiendo y abriéndole
la chaqueta del traje a las prisas, besándolo de vuelta,
aunque por algún motivo había pensado que aquello
no le gustaría. Estaba equivocado, su lengua se estaba moviendo
dentro de la boca del moreno de forma salvaje, y mientras que tiraba
de la chaqueta hacia abajo por sus hombros, le frotaba entre las
piernas con la suya.
Shigeru las cerró tan rápido como pudo, pero aquello
sólo intensificaba su placer. Movió los brazos permitiendo
que le quitase la chaqueta y bajó una de sus manos hasta
el sexo de Sadamitsu, apretándolo un poco.
El chico se tensó un momento, pero su sexo pulsaba como
loco. Continuó ahora abriéndole la camisa. Se sujetó
de ella para alzarse un poco y le besó el cuello, mordiéndole
los músculos e impulsándose para sujetarse de su espalda
por encima de la tela. Estaba intentando voltearlo para subirse
sobre él, pero era más grande y no podía.
Se dejó caer y fue abriéndose la chaqueta y la camisa
mientras trataba de pensar, cosa que no conseguía muy bien
con lo excitado que estaba.
Akiyama estaba jadeando con fuerza. Quería matarlo, sí,
pero no antes de aquello. Le apartó la tela de la camisa
con una mano, apretando los músculos de su abdomen, la otra
metiéndose por dentro de su pantalón.
–Hum… –Sadamitsu se movió un poco, curvando
la espalda hacia arriba para que lo tocase más. Estaba ardiendo,
ese hombre lo ponía así. Le pasó las manos
por los hombros, y luego le golpeó el pecho con ambas, bajándolas
y abriéndole el pantalón.
Estaba completamente duro, y miró abajo entre ambos. Era
una verga soberbia. Ya que no podía sacárselo de encima
se escurrió bajo él y se amarró a aquellos
muslos duros como columnas, metiéndose su sexo en la boca
antes de que pudiera sacarlo de allí o moverse.
–¡Mpf! –protestó el moreno, aunque no
podía ni quería hacer nada por detenerlo realmente.
No ahora que estaba sintiendo semejante placer. No comprendía
lo que le pasaba, pero no podía detenerse. Se apoyó
con ambas manos en el suelo, tensando las piernas y moviéndose
contra la boca del chico.
La saliva resbaló por la comisura de los labios de Sadamitsu,
y sus manos subieron hasta las nalgas de Akiyama. Las apretó
con fuerza, hundió los dedos en su carne mientras golpeaba
con la lengua en la punta de su sexo. La movía después
por todas partes, recorriendo cada vena hinchada y cada pliegue
de piel, sofocándose por la forma en la que se movía
contra su paladar.
Resopló al dejarla salir de su boca, y comenzó a
lamer sus testículos. Los succionaba y tiraba de ellos, arañándolos
con los dientes y metiéndose ambos en la boca de nuevo.
Shigeru apoyó la cara contra uno de sus brazos, jadeando
con fuerza, y bajó una mano para sujetarle el cabello, casi
aporreándolo contra su sexo. Lo estaba volviendo loco. No
estaba pensando para nada, sólo quería seguir con
eso.
El chico cerró los ojos, dejándose llevar por aquella
mano grande y fuerte. Deslizó la suya por su propio cuello
y luego por su mejilla, mojándose los dedos y arrastrándolos
por el ano del otro.
Empujó dos de golpe, hundiéndolos en su cuerpo profundamente
y succionando su sexo tan fuerte como podía. Era capaz de
sentir el líquido preseminal, espeso y pegajoso sobre su
lengua.
–¡Sadamitsu! Nnn... –volvió a protestar
Shigeru, tensando las nalgas. ¿Qué se había
creído? Lo miró de aquella manera incómoda.
Sin embargo no lo apartó, más bien continuó
moviéndose de igual manera. Estaba demasiado caliente, intentaba
detenerlo por lo menos, pero era imposible. Tenía el sexo
erguido y pulsante, y si apretaba un poco más los dientes,
se los iba a romper.
El chico se escurrió de debajo de él y salió
por el otro lado. Le sujetó las caderas y comenzó
a lamer entre sus nalgas, empujando la lengua contra las paredes
de su cuerpo, lamiendo por dentro mientras su mano se ocupaba del
sexo de Akiyama. Estaba tan excitado que ya podía pegarle
si pensaba detenerlo.
–Sa... damitsu –gruñó el moreno, apretando
las nalgas de nuevo y apoyándose sobre los codos, bajando
la cabeza. Lo quería matar, quería quitárselo
de encima y a la vez... A la vez no podía dejar de estremecerse
por el placer. Se sacudió una vez más intentando obtener
el control.
El chico le tiró de una pierna para medio recostarlo, y
se subió sobre él enseguida, penetrándolo sin
pensárselo.
–Ogh… –le amarró la cadera con fuerza
para que no se moviese de debajo de él, penetrándolo
y golpeándose contra sus nalgas bruscamente. En parte era
por venganza, pero el placer le había hecho olvidarse de
sus objetivos. Tener bajo él a ese hombre, le hacía
sentirse más poderoso.
Shigeru continuaba moviéndose bajo él, de forma
brusca por momentos, ya que le costaba simplemente aceptar su derrota,
a pesar de la manera en la que apretaba su sexo contra el suelo,
ahora bajando la mano para masajearlo él mismo.
–Realmente es como estar haciéndolo con un tigre…
–Sadamitsu le lamió la espalda donde el tatuaje de
aquel animal era más grande, y arrastró la lengua
por las marcas negras en su piel hasta morderle el cuello. Se golpeó
con más fuerza contra él, de forma rápida e
incesante, deslizando una mano por el brazo del moreno y ayudándolo
con su sexo –Es muy grande, su mujer no sabía lo que
hacía.
–No hables... de mi mujer ahora... –casi le gruñó,
sintiéndose perturbado de sólo pensar en ella, desconcentrado.
Estaba jadeando con tanta fuerza que podía sentir el aliento
sobre su propio brazo. Se apretó el sexo por un momento,
conteniéndose antes de volver a masajearse.
Sadamitsu lo volteó de frente y lo penetró de nuevo,
metiéndose entre sus piernas y hallando un gran placer sólo
con aquel gesto. Le sujetaba las piernas con las manos, y alzó
la mirada a sus ojos. Estaba seguro de que odiaría ser observado
de aquel modo, pero ya había aprendido a notar que también
le excitaba que lo retase.
Efectivamente, el ceño del moreno estaba fruncido y sus
mejillas teñidas de un rojo leve, a pesar de su respiración
agitada y de cómo se masturbaba cada vez con más urgencia.
Le sujetó el cuello con la mano libre, apretándolo
y sonriendo un poco, dejando salir entre dientes
–Te mataré...
–¿Eso harás? –se rio aunque de forma
jadeante y se inclinó sobre él, soltándole
las piernas y besándolo al principio casi como una lucha,
aunque después consiguió entrar tras morderle los
labios. Le sujetaba las nalgas con una mano y se dejó caer
sobre él, apartándole la mano para hacerlo correrse
con su propio cuerpo –¿Después de correrte?
Shigeru había comenzado a gemir instantáneamente
y aflojó ligeramente el brazo. Sin embargo, se mordió
el labio inferior, apretando de nuevo y prefiriendo correrse de
aquella manera, gruñendo esta vez. El semen escapaba abundante
de su sexo, salpicándolo a él así como al abdomen
de Sadamitsu.
–Hum… Akiyama-san… –susurró el
chico excitado por su forma de correrse, por los sonidos que salían
de entre sus labios y el calor de su semen en el abdomen. Se empujó
dentro de él de forma profunda, golpeándose allí
con urgencia y corriéndose dentro de su cuerpo. Podía
sentir lo abundante que salía el semen. Estaba temblando,
nunca se había corrido de ese modo, y el flequillo le golpeaba
el rostro mientras gemía.
–Salvaje... –Shigeru golpeó su pecho aún
mientras terminaba de correrse, cerrando los ojos luego. Necesitaba
unos minutos para pensar, aquello iba de mal en peor, sin importar
lo relajado que se sintiera ahora.
A Sadamitsu se le escapó la risa, y se dejó caer
sobre él, respirando cansado y sin cerrar los ojos. No descartaba
que tratase de matarlo ahora.
–No es gracioso... –protestó el moreno, empujándolo
un poco, aunque tampoco tenía fuerzas en ese momento.
–Un poco sí… –murmuró sin quitarse
de encima. Allí estaba muy bien, alzó la cabeza y
lo miró a los ojos –. Ya no puede decir que fue un
incidente aislado.
–No, usted me atacó esta vez. Fue otro incidente
–le aclaró, mirándolo con seriedad, incluso
en esa posición. Nadie podía enterarse de eso. Luego
no tendría cara para reñir a su hijo.
–Pero voy a seguir atacándolo siempre. Esto me gusta
–le tocó el cabello, echándoselo hacia atrás
porque se había despeinado –. Akiyama-san me excita
demasiado, y yo a él.
–Estoy tenso, estamos tensos. Usted... aún es muy
joven –contestó observándolo, pensando que nunca
le había parecido guapo otro hombre; no de esa manera por
lo menos.
–No, yo estoy muy relajado. Acabamos de follar como animales,
no puedo estar tenso… –sintió que había
bajado un poco la guardia y lo besó, aunque el otro lo apartó
enseguida. Se quitó de encima de él, sentándose
y buscando un pañuelo de su bolsillo –Qué cobarde.
–Eso no se lo permito a nadie –le advirtió
sentándose y pasándose una mano por la frente para
secarse el sudor –. Yo no aprobaba la manera de vivir de su
padre, no apruebo estas cosas.
–Muy bien, pues no las apruebe… –trató
de mantener la calma pero luego lo miró con el ceño
fruncido –, pero no me compare con mi padre o se pone a sí
mismo a la altura del betún. Hay una gran diferencia.
Se levantó indignado, subiéndose los pantalones
y arreglándose la ropa. Él no había pagado
a una putilla cualquiera para que le dijese que lo quería.
¿Pero qué se creía?
–Exactamente por eso, es indecoroso... usted apenas comienza,
pero yo no puedo darme estos lujos. Y la verdad, usted tampoco debería,
Sadamitsu-san –le aconsejó, sonriendo un poco divertido
por su actitud y luego carraspeando al darse cuenta de lo que hacía.
Se puso de pie, empezando a vestirse a su vez.
–Follar con quién me dé la gana no me parece
un lujo –espetó igual de contrariado, abrochándose
la camisa. ¿Por qué le enfadaba tanto? Ya había
obtenido lo que deseaba, ¿no? Sin embargo seguía sin
estar conforme –. Mi padre le pagó a una puta y la
metió en la familia como un objeto de adorno. Una…
sanguijuela que sólo suponía un gasto –espetó
con tono molesto, poniéndose frente a él y haciendo
un gesto con la mano incluso, aunque no solía ser muy expresivo
–¿Para qué le consentía todo? ¿Para
follar? No… mi padre podía follar con quien le diese
la gana. Le pagaba para que lo quisiera… Patético –torció
la sonrisa –. ¿Se está comparando con eso? Es
lo que ha dicho. Pero yo creo que hay una gran diferencia entre
pagarle a una puta para que te preste atención, a hacerlo
con quien me dé la gana, ya sea un hombre o no. ¿Para
qué quiero el poder si no? ¿Para que sea un handicap?
Es más, no tengo por qué pasear mi intimidad, ni darle
un informe a nadie de dónde, o con quién, o qué
he estado haciendo –estaba exaltado incluso. Ni siquiera le
dejaba contestar a sus preguntas. Sabía que estaba atacándolo,
y no había ni una pizca de su asertiva tranquilidad –.
Pero si va a continuar con su… cerradez de mollera respecto
a este tema… Pues muy bien, nos veremos cuando haya hablado
con la policía. Prosiga con su decorosa y recta… aburrida
vida privada –casi remató, colocándose la corbata
para irse.
Shigeru se había quedado mirándolo sorprendido por
semejante torrente de palabras. Sonrió un poco, de nuevo
sin poder evitarlo, mientras se alisaba un poco la chaqueta.
–Sadamitsu-san... se está descontrolando, es peligroso.
No me estoy comparando a nadie, pero ¿por qué le molesta
tanto eso? No apruebo su elección, pero tal vez su padre
se sentía solo –comentó pensando que nunca lo
hubiese creído posible de ese hombre –. ¿Recuerda
algún momento de su vida en el que fueran una verdadera familia?
–Cuando mi madre estaba viva. Ellos se amaban, eso dice
mi hermano –cogió un cigarro, encendiéndolo
y mirando al moreno. Parecía haberse relajado después
de aquel discurso –. ¿Para qué quiere saber
eso?
–Curiosidad. Usted parece estar enojado con su padre, aún
después de su muerte –le aclaró pensando que
debía irse. Sin embargo, fue al bar a servirse otro trago
de whiskey –. Su hijo mayor le robó a su amante, su
hijo menor lo mató... No suena como un hombre que recibiese
mucho cariño.
–Tampoco lo otorgaba –sentenció –. Cría
cuervos, te sacarán los ojos. Mi padre me enseñó
a pisar a cualquiera para obtener lo que deseaba, y eso hice. De
hecho su rostro al pegarle ese par de tiros… no se veía
sorprendido, ni siquiera asustado. Probablemente hacía tiempo
que había dejado de vivir realmente. No creo que le importase
mucho –lo miró a los ojos, dejando salir el humo tras
darle una calada a su cigarro –. ¿Es cariñoso
con su hijo, Akiyama-san? ¿Quiere a su hijo?
–Por supuesto que sí –le contestó un
poco más serio, bebiendo de su vaso pensativo. Ese hombre
había sido tan miserable en su vida privada como desagradable
en la pública.
–¿Y cree que él lo sabe? –le sonrió,
para él estaba claro que no.
–Por supuesto que lo sabe. ¿Cree que le hubiera permitido
organizar esta pequeña reunión si no fuera así?
–indagó, preguntándoselo él mismo. Ranmaru
había madurado un poco, pero de muchas maneras seguía
siendo un chiquillo.
–Yo creo que no lo sabe. ¿Lo ha abrazado alguna vez?
¿Se lo ha dicho? –volvió a preguntarle –Se
preocupa mucho por las apariencias, tal vez debería preocuparse
más por las personas.
Shigeru lo miró a los ojos, frunciendo un poco el ceño
y desviando la mirada después.
–Me preocupo por él y... –por Jubei, pensó,
prefiriendo no revelarle eso. Aunque realmente, no tenía
que preocuparse demasiado por Jubei. Ese chico tenía la cabeza
bien puesta, lo que le preocupaba era su devoción por Ranmaru
–Su madre lo consentía demasiado. No podrá ser
el líder de la familia si sólo piensa en sus propios
caprichos y deseos.
–¿Sabe? A veces es necesario escuchar “muy
bien” o “estoy orgulloso de ti” viniendo de una
figura que admiras. Diciendo sólo lo malo… simplemente
se frustra a la otra persona, piensa que llama más su atención
comportándose de forma equivocada –suspiró,
sentándose de nuevo y pensando que era un inepto social.
No le sorprendía que su mujer hubiese terminado por aborrecerlo,
seguramente se sentía poco, o nada apreciada.
–Creí que lo sabría –comentó
casi perdido en sus propios pensamientos. ¿Realmente era
él quien estaba empujando a Ranmaru a tener ese comportamiento?
Su padre lo había educado así y eventualmente había
llegado a comprenderlo, pero tal vez Ranmaru no era como él.
Claro que eso era precisamente lo que le preocupaba –. Cuando
sea líder, no tendrá a nadie que le esté dando
palmaditas en la espalda. Tendrá que tomar sus propias decisiones
y darse cuenta de si hizo lo correcto o no.
–Pero entonces ya será una persona madura, formada
y capaz, pero Roma no se hizo en un día. De todos modos tiene
a… ese chico que está siempre con él. No creo
que lo pierda… –murmuró pensativo, mirando el
cigarro entre sus dedos.
–No, Jubei es una influencia positiva para Ranmaru, aunque
me preocupa que lo esté empezando a influenciar a él
también –sonrió un poco, terminándose
el trago. Poder hablar de esas cosas no estaba tan mal tampoco.
–Es normal, él lo ama. Probablemente le resulta inevitable
tratar de hacerlo feliz –se llevó el cigarro a los
labios, pensando que era la primera vez que lo veía relajado.
–¿Lo... lo ama? –le preguntó, tensándose
un poco de nuevo y sonriendo luego. Ni siquiera quería pensar
en esa posibilidad –No, está equivocado con respecto
a su relación.
–No, no lo estoy –murmuró, sonriendo con algo
de malicia –. Jubei ama a su hijo, por eso tiene ese control
sobre él. Aunque apuesto a que también siente una
increíble devoción por su oyabun. Debe estar en una
incómoda posición…
Shigeru frunció el ceño, molestándose de nuevo.
–Jubei... ha estado con nosotros desde que era un niño.
Él y Ranmaru son inseparables porque han crecido como hermanos.
No intente confundir las cosas.
–Bien… como quiera, a mí me da exactamente
igual. Sólo intentaba ayudarlo a comprender a su hijo. Pero
si niega lo que siente, lo niega a él –le dijo tranquilamente,
ya que era cierto. Le daba igual.
–Creo que debo irme. Me encargaré de mi hijo en privado,
como debe ser... –le aseguró, mirándolo a los
ojos –Y hablaré con la policía antes de volver
a contactarlo.
–Bien –se levantó con pesadez y extendió
la mano hacia él para estrechársela –. Llámeme
cuando lo haga –le pidió, abriendo la puerta para irse.
–Descuide, lo haré –contestó el moreno
al soltar su mano, dirigiéndose hacia fuera. No comprendía
por qué se sentía tan incómodo ahora.

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