Capítulo 43
Natural selection
Martes 1 Julio.
Madrugada.
Sadamitsu se llevó el cigarro a los labios otra vez, sentado
en la parte de atrás del coche con Akiyama. Los demás
seguían buscándolos, pero no parecía haber
forma.
–No creo que se atreva a avisar a nadie –dijo en alto,
casi por convencerse e interrumpir el silencio que sólo se
veía alterado por el sonido de las cigarras.
–Probablemente no, pero creo que será sumamente difícil
encontrarlos esta noche. No tenemos tantos hombres como para recorrer
todo este territorio –le comentó Shigeru mirándolo
cansado y soltándose un poco la corbata.
–Ya lo sé… –respiró profundamente,
pasándose la mano por la cara y cerrando los ojos mientras
se apoyaba contra el respaldo. No pudo evitar pensar en la cara
de su padre segundos antes de que le pegase aquellos dos tiros.
No se veía extrañado.
Se abrió un poco la camisa también. Lo cierto es
que no sentía remordimientos, sólo estaba agobiado
por la escapada de los otros.
–¿Realmente necesita matar a toda su familia para
obtener el poder? –le preguntó Shigeru curioso, observándolo.
–No quiero dejar cabos sueltos… No estoy seguro de
si puedo dejarlo escapar. El poder ya lo tengo… eso es algo
que asumí, y se asumió en cuanto dije que mi padre
había muerto. Estoy seguro de que a todos les parecerá
bien. Pero si alguien dice algo que pueda fomentar desconfianzas…
–dejó salir el humo después de darle una calada
más al cigarro, cerrando los ojos de nuevo.
–Es usted realmente interesante. Nunca había conocido
a alguien más ambicioso –le aseguró repitiéndose
a sí mismo que debía tener cuidado con él –.
Y esto da por finalizado nuestros tratos en secreto, supongo.
–Sí –lo miró a los ojos, tirando el
cigarro por la ventanilla después –. Ahora no tengo
que esconderme de nadie, mis decisiones son las de la familia. Cuando
acabemos con esto iremos a por los chinos. Así de rápido…
Va a ser divertido, ¿verdad? Akiyama-san… sabe que
no necesitaba venir personalmente a algo tan peligroso. ¿Por
qué lo ha hecho?
–Porque cuido de los míos, y tenía curiosidad
–se rio un poco, mirando por la ventanilla como siguiendo
la trayectoria de su cigarro –. Con usted, nunca estoy seguro
de lo que va a suceder, prefiero mantenerme alerta.
–¿Ha estado pensando en mí? –decidió
meterse con él un poco más, incluso en ese momento.
–He estado pensando en matarlo, si a eso se refiere –le
contestó sonriendo y efectivamente, poniéndose alerta.
–¿Eso le excita? Seguro que mentirá…
–se giró hacia él en el asiento, mirándolo
seguro de que iba a incomodarlo.
–Si cree que miento, entonces le diré que sí
–le contestó, sosteniendo su mirada sin moverse ni
un centímetro. Esta vez estaba preparado para sus juegos.
Sadamitsu se aproximó un poco más y susurró
casi, rozándole la nuca con los dedos.
–Sabe que le excito, Akiyama-san… Piensa que soy peligroso
y eso le gusta aunque diga que no. Le llena de adrenalina saber
que debe estar alerta todo el tiempo, y le saca de quicio saber
que por más que busque eso en una mujer… no va a encontrarlo
–siguió metiéndose con él, y le pasó
la mano por el pecho sobre la camisa, sintiendo sus músculos
–. No le tengo miedo…
–Eso ya lo puedo ver –sonrió, sujetando su
muñeca de nuevo y apretándola –. ¿A qué
está jugando, Sadamitsu-san? ¿Acaso ha escuchado algún
rumor? No me diga que piensa que puede influenciar mis decisiones
si se mete en mi cama.
–He escuchado muchos rumores, ninguno interesante a decir
verdad –se dejó sujetar e incluso se aproximó
más a él, deslizando la punta de la lengua por su
mejilla –. Es otro juego, se llama sexo. Akiyama-san…
no me diga que no siente tentaciones de jugar un poco conmigo.
–Ya le dije que no me gustan esas cosas. Quieto –le
ordenó, colocando la otra mano en su pecho para apartarlo.
Estaba demasiado tenso porque se estaba sintiendo agitado y eso
era lo que realmente le molestaba.
Sadamitsu se dejó echar hacia atrás y comenzó
a abrirse más la camisa, probando de aquel modo. De todas
formas él cada vez se sentía más interesado
en ese jueguito. Se abrió el pantalón también
y le dejó ver cómo se tocaba.
–¿Seguro que no le gustan?
–Sadamitsu-san, deténgase. No tiene por qué
comportarse como un chiquillo –lo riñó, apartándose
un poco y pensando en largarse a pesar de lo lejos que estaban de
la ciudad.
–Sabe que no le parezco un chiquillo –observó
su sexo endurecido a través de los pantalones, y lo miró
a los ojos, aunque sintiendo que iba a darle la risa como siguiera
riñéndolo así. Se quitó la camisa y
luego todo lo demás, moviéndose por el asiento para
sentarse sobre sus piernas a horcajadas –. Desnudo, y sin
armas… ¿Va a decirme que no? Se le ve en la cara incluso…
–¿Está loco? –Shigeru frunció
el ceño como nunca en su vida y sujetó el cuello del
moreno, apretándolo un poco –Esto puede considerarse
un insulto, podría matarlo ahora mismo, ¿lo sabe?
–Sí, pero creo que eso me excita –sonrió,
sujetándole la muñeca con fuerza sin embargo –.
¿Le excita saber que podría matarme? –bajó
la mano por su brazo, acariciando sus músculos sobre la tela
–Si realmente quisiera matarme, no me lo diría. Lo
haría y punto, y si realmente esto le causase tanta repulsa…
ya me habría matado. Incluso tiene la excusa perfecta…
Mi hermano me mató… y sin embargo… –se
movió sobre su sexo, haciéndole ver que sabía
lo duro que estaba.
Shigeru apretó la quijada para no dejar escapar ningún
sonido, empujando a Sadamitsu hacia fuera para que se le quitase
de encima. Tal parecía que iba en serio, pero no estaba seguro
de sus razones. Finalmente exhaló, casi gruñendo
–A diferencia de usted, yo no utilizo ese tipo de tácticas...
–¿De tácticas para qué? –le preguntó,
tan tranquilo como si no estuviese desnudo. De todas formas los
hombres no iban a regresar hasta que los encontrasen, y no iban
a encontrarlos.
–Para matar... culpando a otros... ¿Eso es lo que
lo excita? La traición... –sonrió de pronto
de manera maldita, mirándolo a los ojos –En mi familia
respetamos los acuerdos, a menos que algo suceda, claro.
–La traición no me excita. Sólo tomo lo que
me merezco. Lo que me pone tan caliente es lo masculino que es,
Akiyama-san, y esa actitud tan digna. Como un samurai moderno…
aunque no muy moderno… –se rio malditamente, mirándolo
a los ojos –. Si quiere que deje de insistir va a tener que
mirarme, tocarme… y decirme que no le gustaría tenerme.
Shigeru lo miró a los ojos, y relajó las manos alrededor
de su cuello, bajándolas por sus brazos.
–¿Esto es lo que quiere? Está jugando con fuego,
Sadamitsu-san... No soy tan fácil de leer como usted cree.
En realidad estaba preguntándose qué le impedía
matarlo. Ese chico lo estaba haciendo sentir extraño y era
humillante. No quería ni saber lo que su padre hubiera pensado.
–Es lo que quiero. Ya he dicho que no tengo miedo.
Se dejó tocar, pero ahora estaba algo nervioso. Sus manos
rudas le excitaban, y no sabía si le gustaba estar perdiendo
el control lo más mínimo. Siempre había pensado
que aquello era un juego, pero no sabía detenerse. Le sujetó
las manos y se las bajó hasta sus nalgas, dejándose
tocar de todas formas.
Shigeru continuaba mirándolo a los ojos y le apretó
las nalgas con fuerza, más concentrado en no dejarse vencer
que en otra cosa. Lo que importaba era el control. Deslizó
sus dedos hacia el ano del chico, rozándolo con uno por ver
si lo detenía.
Sadamitsu se tensó ligeramente, pero luego se inclinó
hacia él, bajando la cabeza y besándole el cuello.
Tenía las manos sobre sus hombros y sin percatarse los apretaba
con demasiada fuerza. ¿Realmente tenía que llegar
a eso por terquedad? Sonrió contra su piel, apretándose
de nuevo contra el sexo del moreno. Definitivamente sí.
Shigeru continuaba con el ceño fruncido. ¿No pensaba
rendirse? Deslizó uno de los dedos dentro de su ano para
amenazarlo más, aunque no se atrevía a ser demasiado
violento. Después de todo, él tampoco quería
hacer eso. Claro que a pesar de eso, estaba respirando más
deprisa y su sexo se estaba irguiendo más.
–No me trate como a una mujer, Akiyama-san –Sadamitsu
lo miró a los ojos con el ceño fruncido.
–Créame, no lo hago –sonrió el moreno,
devolviéndole la mirada e introduciendo otro dedo dentro
de su ano, ahora con mucha menos delicadeza. ¿Acaso le gustaba
eso? Con la otra mano le pegó una nalgada, apretando luego.
Sadamitsu le empezó a abrir la camisa, tensando las nalgas
y apretándole los dedos. Había pensando en masturbarlo
y nada más, y ahora estaba desnudo sobre él, dejándose
hacer de esa manera. Le faltaba poco para dejar escapar una carcajada.
De todas formas sonreía y le tocó el pecho con rudeza,
golpeándole los pectorales y apretándoselos después.
–Está claro que ya no quiere dejarlo a la mitad.
–Cuando empiezo algo lo termino –le contestó,
moviendo los dedos dentro de él –. Si quiere que me
detenga, sólo tiene que pedirlo...
–Ni lo sueñe… –torció la sonrisa,
mirándolo fijamente –Estoy esperando a que comience
todavía. Si no creo que empezaré a comprender por
qué se apagó la llama de su matrimonio.
Shigeru respondió apretándole la nalga de manera
salvaje. Se escupió en la mano, empezando a masajear su propio
sexo casi con furia, mientras metía un tercer dedo en el
ano del chico. Lo estaba mirando como si quisiera hacerlo explotar.
–Nhg… –el otro se quejó aunque entre
dientes, bajando la cabeza un poco, con el ceño fruncido.
Apoyó la mano por encima de la suya y tomó su sexo
él, masajeándolo de la misma forma abrupta.
Movió un poco las caderas, ofreciéndole más
sus nalgas y separando las fuertes piernas a los lados de Akiyama.
–Así me gusta. ¿No decía que tomaba
lo que quería? –lo molestó Shigeru, aunque tenía
un leve y poco acostumbrado tinte rojo en las mejillas. Estaba excitado
a su pesar. Subió la mano por su pecho, golpeándolo
un poco e intentando no jadear.
–Y eso hago. Quería sexo, y lo tengo, quería
su polla… –se movió, apartándole la mano
de dentro de su cuerpo y sentándose sobre su sexo sin detenerse,
a pesar de que el dolor fue agudo en un primer instante –y
la tengo… –jadeó sin poder evitarlo, moviéndose
sobre él, apretando las nalgas y contrayendo los músculos
mientras subía con aquel miembro duro dentro.
Sus manos se habían aferrado a los hombros de Akiyama y
clavaba los dedos en ellos mientras lo cabalgaba.
El moreno jadeaba con fuerza ahora, gruñendo. No podía
creerlo, ni lo que estaba pasando ni las pelotas de ese chico. Lo
sujetó por las caderas, ayudándolo a moverse, cada
vez con más fuerza, cada vez apretando más el mentón
para no emitir sonidos embarazosos. No se había dado cuenta
de cuánto lo necesitaba, como para estar haciéndolo
con él.
–Oh… joder… –Sadamitsu se quejó,
jadeando, pero lo cierto es que estaba disfrutando aquello. El sexo
de Akiyama era grande y estaba muy duro. Nunca había experimentado
algo así, y el pensar en ello lo desconcertaba, pero cuando
estaba disfrutando… estaba disfrutando y no existía
nada más. Su propio cuerpo se esforzaba solo por contraer
los músculos al alzarse sobre su sexo, y otra vez se dejaba
caer sobre sus muslos fuertes, chocando las nalgas contra ellos.
Echó la cabeza hacia atrás, deteniendo aquello y
moviéndose en círculos lentamente, manteniéndolo
profundamente dentro de él y subiendo la cabeza de nuevo
para mirarlo a los ojos.
–Oh, Dios... –se le escapó a Shigeru, que carraspeó
enseguida, aunque demasiado tarde. Sus dedos se hundían ahora
en la piel de Sadamitsu, mientras movía la pelvis intensificando
el placer. Por fin dejó resbalar una mano hacia el sexo del
chico, comenzando a masajearlo.
Sadamitsu apretó las mandíbulas sin apartar la mirada
y dejando escapar la respiración pesada entre los dientes.
Aquello se sentía más cómo una lucha que simplemente
sexo. Le excitaba increíblemente ver esa expresión
en el rostro del moreno.
Comenzó a moverse de nuevo sobre él, de forma salvaje,
pegándose a su cuerpo y apoyando las manos en el respaldo.
Movía las caderas, enarcaba la espalda para rozarse contra
su abdomen. No podía evitar jadear pesadamente. Bajó
una mano y le tocó la nuca, apretando un poco aquellos músculos
fuertes que subían de su espalda hacia el cuello.
Shigeru volvió a mirarlo a los ojos, estrujando su sexo y
apretando la pelvis contra sus nalgas, respirando trabajosamente.
Ya no se iba a echar atrás, eso era seguro. Dejó su
sexo para poder sujetar mejor sus caderas, moviéndolo con
fuerza y sintiendo los primeros espasmos del orgasmo. Se preguntaba
si se iba a asustar ahora.
En vez de eso el otro comenzó a moverse con más
fuerza, buscándolo, sintiendo sus pulsaciones en la profundidad
de su cuerpo. Le apoyó la otra mano en el pecho, apretando
los dedos sobre el tigre que había tatuado en el mismo y
arrastrándose contra su trabajado abdomen, sintiendo que
su sexo iba a explotar.
El moreno tensó las manos, gruñendo y enterrando
los dedos en la piel de Sadamitsu, a la vez que comenzaba a correrse.
No dejó de moverse aun así, le gustaba disfrutar hasta
el último instante.
El sexo de Sadamitsu pulsó también, y el semen comenzó
a brotar de él, saltando sobre el abdomen y el pecho de Akiyama,
mojándole la mandíbula incluso. Tampoco dejaba de
moverse, ni de emitir sonidos de protesta a causa de lo mucho que
apretaba los dientes por no gemir.
Shigeru por fin se calmó cuando el chico hubo finalizado,
profiriendo un último gruñido y mirándose el
pecho como enojado. Lo empujó un poco, dejando caer la cabeza
hacia atrás. Todavía no comprendía exactamente
la situación.
Sadamitsu se pasó una mano por el cabello, cansado y satisfecho,
ignorando su protesta. Se apartó de él, notando el
semen resbalar por su muslo. Aún se le hacía irreal,
pero le causaba gracia a decir verdad.
–No gruña tanto, Tora-san… –le dijo mientras
se limpiaba –. Lo he manchado un poco, pero usted se ha corrido
dentro.
–Se lo merecía –le contestó buscando
un pañuelo para limpiarse y de pronto cayendo en cuenta –.
¿Tora-san?
–Grrr… –lo imitó, vistiéndose
tranquilamente –. ¿Y eso es malo? ¿Me merecía
que se corriese dentro? No me siento castigado.
–Pues no se queje entonces. ¿No me diga que lo disfrutó?
–le preguntó, como si él no lo hubiera hecho,
limpiándose casi obsesivamente.
–Se va con agua… –se burló, cogiendo un
cigarro –. No suelo correrme cuando padezco, y tampoco me
pongo duro.
Shigeru resopló, cerrando los ojos y llevándose una
mano a la frente.
–Supongo que no tiene un trago aquí, ¿verdad?
–preguntó, necesitándolo –No volveremos
a hablar de esto.
–Sí, pero no creo que le guste.
Cogió el licor de una petaca en su bolsillo de la chaqueta,
pegándole un trago largo y pensando que tenía razón,
era mejor olvidarse de eso. De todas formas se la ofreció.
Shigeru la tomó, bebiendo un trago largo también,
aunque efectivamente no era de su agrado, pero necesitaba algo,
cualquier cosa. No era que se sintiera torturado, si no lo contrario.
Eso era algo que prefería no admitir.
–En Alemania es una bebida muy común. Me acostumbré
allí, tiene muchos grados… –murmuró sintiéndose
agotado todavía –. Es un licor de hierbas.
–¿Siempre lo lleva consigo? –le preguntó,
devolviéndoselo y aliviado por cambiar de tema.
–Sí…, pero no soy dependiente. Me gusta su
aroma… –olió la petaca y luego la guardó
en el bolsillo otra vez, cruzándose de brazos. Lo cierto
es que se sentía adormilado, pero no se podía poner
a dormir allí. Estaba pensando que era mejor que aquello
no lo supiera su “amiguito” de juegos.
–No dije que lo fuera –contestó, subiéndose
los pantalones y poniéndose bien la camisa, aunque no se
la cerró –. Debimos quedarnos en un hotel –murmuró
de pronto ya que aquello era incómodo.
–Sí, llame a sus hombres y dígales que vamos
a un hotel –lo miró, pensando que era lo mejor. Necesitaba
dormir y no iban a encontrarlos esa noche –. También
necesitarán descansar, y mi hermano probablemente esté
haciendo lo mismo.
–Así que usted es el oyabun de la familia Masamune
ahora... –sonrió de pronto, buscando su teléfono
y llamando a sus hombres. Ya había ordenado que se encargasen
de los heridos, si había alguno, y de los cadáveres
que habían quedado atrás. Ese chico le traía
más problemas que beneficios al parecer.
–Ya lo sabe… –murmuró, pensando que él
les había pedido que no lo molestasen hasta que encontrasen
a su hermano, pero la verdad es que era un mal momento para estar
lejos de la casa. No quería que se le descontrolasen las
ovejas –. Haré una llamada –le dijo antes de
salir del coche para llamar a sus dos hombres allí, y luego
a los que había dado señas falsas para que encontrasen
a Ryoga.

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