.Unscrupulous- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 34
Through the window

Sábado 28 Junio.
Tarde.

–Ven, pasa… –Ryoga se rio, tirando de la mano de Akagi y metiéndolo en su cuarto. Era la primera vez que conseguía llevarlo allí –. Desde aquí los vemos en la piscina además.

Lo acercó a la ventana. Okimoto estaba acostado leyendo unos papeles, y la supuesta amante de su hijo se bañaba. Antes había estado jugando con Akagi, y Ryoga desde su cuarto había notado que ella no era invisible para su padre.

–La está mirando –comentó el pelirrojo con una sonrisa traviesa en los labios –. Creo que la estaba mirando incluso cuando estaba conmigo.

–Sí, eso hacía –lo rodeó por detrás, besándole la espalda –. Estás fresquito. No estarás celoso, ¿no?

–No, si tengo tu mirada para mí. Me siento un poco culpable, pero creo que así es mucho mejor –sonrió de nuevo, sujetándole los brazos –. Pero como te vea mirando a otro...

–¿Me vas a poner eso que llevan los caballos? –se rio bajando las manos para tocarlo –Tienes el bañador mojado, y es un bañador demasiado pervertido –susurró pasando un dedo por debajo de la goma sobre sus nalgas y pegándole un trallacito.

Estaba mirando al jardín de todas formas. La chica había salido de la piscina y se estaba recogiendo el cabello como le había dicho que hiciese. Realmente era buena.

–No lo es, es perfectamente normal para mí. Además, sabía que me estarías mirando –se rio observando a la chica mientras se recostaba en una de las sillas a tomar el sol.

–Yo siempre te estoy mirando. Me siento como un stalker. Hasta tengo ganas de hacerte lo que hacen los stalkers… –se rio tirándole la toalla al suelo y pasándole las manos por los muslos sin despegarse de detrás de él.

Okimoto la miró de soslayo, notando que se estaba quitando la parte de arriba, y cuando ella cerró los ojos, la miró de forma algo más descarada.

–Oh, no me violes, stalker... –se rio Akagi de nuevo, complacido tanto por lo que veía, como por la manera de tocarlo que tenía Ryoga. Se giró súbitamente, rodeando su cuello y besándolo.

–Hum… No puedo violarte si me violas tú antes. Es una buena táctica –lo sujetó por las nalgas, besándolo de nuevo y moviendo la otra mano para cerrar la cortina del dormitorio. No fuera a ser que le diese por mirar hacia allí.

–Te amo, Ryoga. Ojalá esto salga bien para todos. Dime que va a salir bien –le pidió besándole el cuello. Era increíble la manera en la que necesitaba tocarlo cada vez que lo miraba. El no poder hacerlo estaba volviéndolo loco.

–Todo saldrá perfecto. Serás mío para siempre… –le metió los dedos por dentro de la tela del bañador, colándosela entre las nalgas y besándolo otra vez, de aquella forma apasionada –. Akagi, tú dime que quieres que te folle… –se rio pensando que estaba ya más duro que una piedra.

–Quiero que me folles, Ryoga... –contestó el pelirrojo, riéndose y mordiéndole el labio inferior con suavidad luego –Eres el mejor stalker del mundo.

–Claro, porque además soy un buen partido –le mordisqueó los labios, pensando que eran suaves y carnosos. Apretó un poco más los dientes en el inferior, aunque sin hacerle daño –. Pero no podemos movernos de aquí, tengo que vigilar que no entre en la casa. A veces te escucho… cuando estás con él.

–¿Te pones celoso? –le preguntó, acariciando su mejilla y observándolo –No tenemos que ir a ningún lado, con esto es suficiente.

–Eso lo dirás tú, pero yo quería tumbarte en la cama… –se rio de forma jadeante, dejándolo bajar y deslizando un poco su bañador por las caderas para tocar sus nalgas. Estaban frías y se las apretó con fuerza, moviéndoselas ligeramente –me pongo celoso, sí. Pero también me pongo caliente… ¿lo siento? –sonrió jugando con los dedos en su ano y empujando dos de pronto.

–No lo sientes, y yo tampoco. Estoy pensando en ti de todas maneras –se rio, bajando un poco la cabeza y moviendo las nalgas, apretando sus dedos entre ellas.

–Sí, pero de todas formas me cabreo… Me la meneo cabreado… Eso debe de ser malo para la salud. Me joderás la poca cordura que me queda –le pegó una nalgada con la otra mano, incluso algo enrojecido por lo excitado que estaba. Lo tocaba de forma ansiosa, rozándose contra él.

Comenzó a besarle el cuello. Miraba al jardín de nuevo. Su padre estaba hablando con ella, y ella seguía semidesnuda, echándose bronceador por el pecho como si tal cosa.

Akagi sujetó su mano llevándola hacia su sexo para que lo tocara, jadeando con suavidad.

–No me digas... que la estás mirando... No la mires.

–Sólo la miro para estar seguro de que no se mueven de ahí. Soy gay, totalmente gay… las tías me ponen el pipi triste –se rio contra su cuello, masajeando su sexo con intensidad mientras movía los dedos dentro de él, moviéndolo incluso un poco por lo fuerte que estaba haciéndolo entre sus nalgas –. Se cambia en mi cuarto todos los días y ni la miro.

–Así me gusta... Que te lo ponga triste, yo te lo contento... –bromeó el pelirrojo, apretando más las nalgas y dejando escapar algunos gemidos en bajito. Se sentía sumamente caliente, quería que se lo metiera en ese momento.

–Baja, baja… –susurró Ryoga, abriéndose el pantalón y apretándole un poco el hombro. Le daba la risa, no podía evitarlo –. Te echa mucho de menos.

–Yo a él... –se rio jadeante, bajando y dándole un beso a su sexo, antes de metérselo en la boca. Una vez que estuvieran lejos, iban a hacer el amor todos los días.

–Akagi… –sonrió mirándolo y moviéndose en su boca. Alzó la cabeza para apoyar la mano en el marco de la ventana, y le pasó la otra por el cabello, sujetándoselo un poco para poder moverse mejor.

No pudo evitar cerrar los ojos por el placer, y los entreabrió un poco de nuevo, a pesar de que no tenía ganas de andar mirando para nadie que no fuera el pelirrojo.

Akagi lo succionaba y lamía, tan sólo apartándose de su sexo para lamer sus testículos. Cuando lo hacía con Ryoga nunca era algo puramente físico, realmente quería hacerlo feliz.

Se sujetó de sus piernas para colocarse mejor, volviendo a su sexo y succionándolo con fuerza ahora.

–Oh… para, para… –Ryoga tembló un poco, bajando la cabeza y metiendo las manos por debajo de sus axilas. Lo levantó, besándolo profundamente, acariciándole el cabello y volteándolo de espaldas a él.

Le apoyó las manos en el marco de la ventana y tiró un poco de sus caderas, pasándole las manos por los muslos y resoplando.

–¿Quieres que te folle? –le preguntó al oído, jugando un poco y masajeando el sexo del pelirrojo con ambas manos, pasándoselo de una a la otra.

–Quiero... que me folles... –jadeó el chico, observando hacia fuera por un momento. Todavía estaban a salvo –Me voy a morir si no lo haces.

–No, no te mueras… –susurró, penetrándolo de pronto hasta el fondo y apretándose dentro de él. Jadeó contra su oreja, bajando por su cuello y succionándolo, moviéndose dentro de su cuerpo salvajemente –Di mi nombre, Akagi.

–Ry... Ryoga... Ryogaaaa... –gimió apoyándose contra él, a pesar de que lo empujaba hacia delante, y alzó una mano para tocar su cabeza.

–Te amo… –susurró pesadamente, lamiéndole la mejilla para que girase la cara y besarlo. Lo dejó ir después y le sujetó las caderas, golpeándose contra sus nalgas aceleradamente, escuchando el sonido de sus jadeos y sus cuerpos chocando. Le gustaba la línea que marcaba su columna en la espalda, el inicio de sus nalgas. Todo le parecía especial y le excitaba en él.

–Yo te amo a ti... –jadeó el chico, bajando la cabeza y apoyándose contra el marco de nuevo, gimiendo tan controladamente como podía. Nadie más podía hacerlo sentir así, simplemente se había convertido en lo único importante para él.

Ryoga se empujó dentro de él de forma un poco más lenta, sujetando su sexo y masajeándoselo rítmicamente.

Le pasó la otra mano por la espalda, deslizando los dedos por su columna y mirando después un momento hacia el jardín. Seguían hablando y ella le tocaba el pecho, probablemente hablaban del tatuaje. Me importa una mierda el tema, pensó, deseando que siguiera entreteniéndolo y bajando la mirada de nuevo. No iba a aguantar mucho más, ni siquiera habiendo bajado el ritmo.

Akagi tenía la cabeza baja y los ojos cerrados. Estaba intentando contener los gemidos que amenazaban con escapar de sus labios, delatándolos. Su cuerpo se estremeció con violencia, dejándole libre paso al orgasmo.

El chico tras él aceleró el ritmo de nuevo entonces, haciéndoselo de aquella forma fuerte, sintiendo los espasmos de su cuerpo y dejándose ir también. Salió de su cuerpo y se corrió sobre sus nalgas, empujándose dentro otra vez para acabar allí.

Le sujetó las caderas con ambas manos de nuevo, reclinándose sobre su espalda y apoyando la frente.

–Dios… le voy a poner una estatua a tus nalgas.

–Asegúrate de ponerle tu firma a la escultura –se rio el chico, apartándose un poco –. Te dejé mis marcas en la pared, lo siento.

–Luego las limpio –sonrió quitándose la camiseta para limpiarle la espalda y las nalgas –. Le pondré la firma como a ti ahora…

–¿Sabes qué quiero hacer cuando estemos solos? –se giró limpiándose por delante también, antes de ponerse el bañador nuevamente. Movió las caderas, mostrándole el tatuaje –Quiero que le añadas algo a esto, algo que demuestre que soy tuyo.

–¿Eso quieres? –sonrió, tocándole el costado –Cambiaré ese dragón por el mío –se dio la vuelta para que se fijase en el dragón negro que llevaba en la espalda –. Que lo tapen con este.

–Sí, eso quiero. Ser sólo tuyo –se apoyó en su espalda, acariciando el dragón y sonriendo. Realmente deseaba poder escaparse con él. Seguía teniendo miedo, pero aquella posibilidad cada vez parecía más real.

–Y lo serás… –echó el brazo hacia atrás y le acarició el muslo suavemente –Follaremos todos los días –le dijo riéndose.

–Eso tenlo por seguro –se rio Akagi, colgándose de su cuello y besando su hombro derecho –. Te amo, Ryoga.

–Yo te amo a ti –sonrió, sujetándole los brazos. Realmente se sentía feliz con él, incluso con todas esas dificultades.


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