Capítulo 26
I love you so much, it’s scary
Martes 17 Junio.
Medio día.
Jubei se bajó del coche frente al local que le había
indicado Ranmaru, y se cerró la chaqueta del traje mientras
entraba.
–Waka –lo llamó al entrar, provocando que lo
mirase. Ya estaba saliendo de todas formas.
–Muchas gracias –sonrió el chico, guardando
aquella daga pequeña que llevaba consigo y sonriéndole
encantadoramente al aterrorizado dueño del local. Se giró,
saludando a Jubei y frunciendo un poco el ceño –. ¿Se
puede saber qué tanto hacías?
–Eso se lo puede preguntar a la anesan, que ya sabe quién
fue la que me mandó los recados… –murmuró,
carraspeando un poco tras haber visto aquella daga –. Bien,
pero ahora ya estoy aquí. ¿Ha terminado?
Ranmaru le mostró el dinero, orgulloso y acercándose.
–¿Me premias?
–Está bien… –carraspeó, pensando
que era un inconsciente. Bueno, era su culpa por alimentárselo,
así que lo frenaría un poco –Waka… ¿quiere
comer fuera conmigo hoy? –la verdad, no quería regresar
además.
–Claro que sí –asintió enérgicamente,
preguntándose por qué estaba siendo tan amable últimamente.
Por supuesto que no pensaba quejarse –, pero yo pagaré
la cuenta.
–¿Entonces dónde está la compensación?
Lo estoy invitando a una cita, no puede pagarlo o se pierde el fin
–sonrió, preguntándose si es que esperaba otro
tipo de recompensa.
–Oh, es una cita, ya veo... –sonrió de manera
maliciosa, sujetándose a su brazo de pronto –¿A
dónde piensas llevarme?
–Veamos… –lo llevó hacia el coche, y
abrió la puerta para que entrase. Se fue por el lado contrario
y se sentó, girando la llave en el contacto enseguida –.
Podemos ir a ese restaurante francés que acaban de abrir,
y de paso le vamos echando un vistazo.
–Bien, me parece buena idea, además los restaurantes
franceses suelen ser muy románticos –lo miró,
deseando meterse con él de nuevo, pero no quería que
fuera a arrepentirse, ya podría jugar con él luego
de la comida.
–Pero usted no es romántico, waka –sonrió
un poco, pensando que tampoco eran una parejita o algo así
–. Y no vaya por ahí mostrando los tatuajes, por favor
–le pidió, aprovechando el semáforo en rojo
para taparle el hombro y el pecho.
–No muestro mis tatuajes, muestro mi cuerpo –le contestó
de forma muy digna, recostándose contra el asiento y exhalando
–. Soy romántico, me gusta complacerte por ejemplo.
Lo que pasa es que tú no te dejas.
–Eso es porque sé que le gustan difíciles,
waka –sonrió, mirándolo por el reflejo y pensando
que se le veían los muslos.
–Sí, me gustan los difíciles –sonrió
el albino, cruzando las piernas, por ver si se ponía un poquito
celoso.
–Pero waka, usted no tiene amantes –murmuró,
aunque se había molestado un poco.
–¿No? ¿Estas seguro de eso, Jubei? –le
preguntó, girándose un poco para mirarlo –Por
ejemplo... cada vez que te vas y me dejas solo. ¿Sabes lo
que estoy haciendo entonces?
–¿Qué? –le preguntó de forma
algo brusca –No hace nada, trabajar. Nunca lo dejo sin vigilancia.
–Entonces, ¿por qué estás molesto?
–sonrió un poco más, casi inclinándose
hacia él, aunque era peligroso con el coche en movimiento.
–Porque no me gusta que me mienta –mintió él.
Siempre le había puesto de los nervios verlo con otros, desde
que eran pequeños. Lo ponía furioso.
–No, porque te pones celoso, admítelo –insistió,
de pronto metiendo una mano entre sus piernas. Simplemente no podía
resistirlo.
–¡Waka, no! –le pidió, levantando el
pie del acelerador por un momento –Estoy conduciendo –le
sujetó la mano con la suya, habiendo enrojecido ya.
–Por eso lo hago. Di que te gusto y me detendré –sonrió
apretando un poco sus genitales, sin hacer ningún movimiento
por apartar la mano –. ¿O es que no quieres que me
detenga?
–Me gusta, waka –le dijo más como si implorase
clemencia que otra cosa. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano
para no excitarse y a la vez por controlar el coche.
Ranmaru apretó una vez más, de manera fuerte y retiró
la mano después, lamiéndose los dedos, a pesar de
no haber tocado su piel.
–Se que lo dices en serio, aunque finjas...
Jubei no le contestó, todavía le costaba asimilar
el que su sexo reaccionase de aquella forma fuerte, vibrante cuando
le hacía daño.
–Nos vamos a casa, porque no se sabe comportar bien.
–No, no me puedes quitar mi recompensa, sabes que no es
justo –se cruzó de brazos mirándolo –Si
nos vamos a casa...
–Está bien, iremos… –susurró porque
la verdad, no quería regresar. Prefería estar a solas
con él –. Pero tiene que comportarse.
–Me comportaré... porque ya he escuchado lo que deseaba
oír –le concedió casi como si le otorgase un
favor enorme, sonriendo un poco –. No sé por qué
te molestas, sé que te gustan esas cosas.
–¿El qué? –le preguntó enrojeciendo,
tratando de no mirar abajo para asegurarse de si se le notaba o
no que se había empalmado.
–El que te haga daño, te excitas... –le contestó
simplemente.
–No es cierto –protestó con el ceño
fruncido, bajando la cuesta del aparcamiento subterráneo
del restaurante.
–Sí lo es y no tienes por qué ocultarlo. A
mí me excita hacerlo y ver tu cara... Te pones rojo siempre
–se rio, tocándole una mejilla ahora.
–Es un sádico, waka –murmuró, aparcando
el coche marcha atrás.
–Y tú masoquista y te gusta... –le aseguró,
sonriendo aún –Por ejemplo, imagina que estoy desnudo
y que te estoy dando con un látigo, en las nalgas como aquella
vez... –empezó a relatar, observando su cara.
–Prefiero no hacer eso, pero si va a pegarme, prefiero que
lo haga con algo más digno –por otra parte enrojeció,
y eso le hizo bajarse del coche de inmediato.
–¿Prefieres la misma vara de bambú? –le
preguntó, razonando que no lo había negado del todo,
simplemente había cambiado el método –Vi tu
cara... la vi –lo acusó, cerrando la puerta del coche.
–Waka… serénese –le pidió, acercándose
para arreglarle el kimono y colocárselo bien –. No
ha visto nada, inventa cosas.
–No, tú inventas cosas. Yo sé lo que vi –le
aseguró, pensando en besarlo y conteniéndose sólo
porque le había dicho que se comportaría.
–Bueno, dejemos el tema de mi sexualidad para otro momento
–le pidió, apoyándole la mano en la cintura
para guiarlo hacia los ascensores –. Waka… –susurró
en el interior del mismo, negando con la cabeza después.
–¿Qué? No me digas que estás decepcionado
o algo así –lo miró, poniendo gesto de cansancio
y apoyándose contra su cuerpo –. Jubei...
El chico lo rodeó, cerrando los ojos y suspirando cansado
también, pero por otros motivos. Esperaba que mantuviese
su palabra si algo sucedía, que no dejase que nadie los separase.
–¿Está cansado, waka? Tal vez debimos regresar
a casa –lo soltó porque ya iba a detenerse.
–No, no quiero. Quiero que me digas qué estabas pensando
–lo miró a los ojos de manera seria, suspirando en
cuanto se abrió la puerta del ascensor.
Jubei le apoyó la mano en la cintura y lo llevó
con él al interior del restaurante sin contestarle, buscando
una buena respuesta.
El camarero los acomodó en una de las mesas próximas
a la ventana, y tras esperar a que formulasen su pedido se fue,
sin dejarle ganar más tiempo.
–En si pase lo que pase confiará en mí.
–Qué tontería, Jubei. Claro que sí –le
contestó, apoyando la cara en una mano y observándolo
como si no comprendiese sus dudas.
Jubei sonrió un poco y tocó el cuchillo, colocándolo
por distraerse. Movió la mano y la apoyó sobre la
suya, apretándosela después y preguntándose
si eso sería cierto.
Ranmaru sonrió, girando la mano para sujetar la de Jubei.
–Eres mío, para siempre. Eso no va cambiar.
Jubei lo soltó al ver que se aproximaba el camarero, pero
de nuevo lo miró a los ojos. Esa frase le daba miedo, la
verdad. Sabía de la crueldad de Ranmaru demasiado bien, pero
el albino estaba ordenando la comida como si no hubiese dicho nada
fuera de lo normal.

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