Capítulo 24
Secret arrows
Lunes, 16 Junio.
Noche
–Hum… ¿y no es ese Ryoga? –preguntó
Sadamitsu al ver a su hermano acompañado de una mujer joven.
Divertido, sumamente interesante, se dijo. Miró a su padre,
notando que lo observaba con interés –¿Ya no
le interesa el bello Akagi-san? –sonrió mirando al
chico ahora.
–A Akagi nunca le interesó él –Okimoto
se llevó el vaso a los labios, decidido a hundir el dedo
en la yaga. De todas formas siempre había sabido que Akagi
sólo había sido un capricho para su hijo, y una magnifica
forma de cabrearlo.
–Sólo intentaba ponerte celoso, Okimoto-san –mintió
Akagi, sonriendo un poco y mirando de manera indirecta a aquella
chica. Realmente le hubiera gustado ser ella en ese momento.
Okimoto lo miró a los ojos, y por un momento se preguntó
si hablaría en serio, si había sido para llamar su
atención. Le sujetó la quijada y lo besó profundamente.
–¿Por qué no le dices a tu hermano que nos
la presente? –sugirió a Sadamitsu, sólo por
ver si era cierto lo que el chico decía.
–Bien –el hermano menor de Ryoga se levantó,
sonriendo. Él también se moría de ganas de
saber lo que se estaba cociendo.
El pelirrojo suspiró, esforzándose tanto como podía
por no revelar sus verdaderos pensamientos y en vez de eso, bebiendo
un trago largo mientras observaba a Ryoga acercarse junto con la
chica.
Para Sadamitsu no resultó nada especial. Simplemente una
chica japonesa, con el cabello algo cobrizo. Guapa, pero no su tipo;
en su opinión, poco llamativa para ser del gusto de su hermano.
Sin embargo sí parecía muy correcta… en realidad
eso le parecía todavía más extraño.
–Esta es Narumi –se la presentó el chico, invitándola
a sentarse con ellos.
–Es un placer.
Ella hizo una ligera inclinación y se sentó, con
una sonrisa en los labios. Sujetó el brazo de Ryoga para
que se inclinase y le susurró algo al oído antes de
que este fuese a buscarle algo de beber.
–Ahora vengo –les dijo, dejándola con ellos
por el momento.
Okimoto la estaba mirando fijamente, y el parecido era tan increíble
que le costaba creérselo. ¿Cómo era posible?
¿Acaso lo hacía adrede, o era inconsciente de la similitud?
–Mucho gusto –sonrió Akagi siendo amable para
que no se viera sospechoso. Extrañamente, le parecía
haberla visto antes.
–¿Y cómo has conocido a Ryoga, Narumi? –le
preguntó Okimoto, como siempre, sospechando de inmediato.
No era perro viejo para nada.
–Oh… bueno… –susurró la chica,
riéndose un poco y bajando la cabeza ligeramente.
–Dilo… –le recomendó Sadamitsu, aunque
sonreía amablemente para no asustarla.
–En un club… –ella miró a un lado, y
luego a ellos otra vez.
Ryoga se sentó al lado de ella y le dio la bebida, besándole
el cuello.
–Ryoga-sama… –susurró, riéndose
y bromeando.
–¿Un bloody mary? –preguntó Okimoto.
–¿Quiere? –le preguntó la chica, ofreciéndole
el vaso.
–No, gracias… –murmuró, sintiéndose
extraño –. ¿Dónde la has conocido? –le
preguntó ahora a él.
–En un Púb. –le contestó, notando a
tiempo que estaba esperando a ver si decían lo mismo, y de
la misma manera. La gente no se expresaba igual, a no ser que hubiera
sido establecido de común acuerdo.
–¿Se puede saber cual? –preguntó Akagi,
más que nada para no parecer sospechoso. Después de
todo, si se limitaba a permanecer callado, Okimoto lo notaría
también. Se sentía terriblemente tenso.
–Distorsia –le aclaró la chica, bebiendo un
poco y apoyándose en el pecho de Ryoga después –.
¿Por qué me estoy sintiendo interrogada? –le
preguntó, riéndose.
–Son cotillas… –le aclaró el otro, preguntándose
si Sadamitsu no notaba el parecido. No, él era muy pequeño,
casi no la recordaba y además nunca se había interesado
realmente en hacerlo. Pasó la mano por su cabello lacio,
luchando por no mirar a Akagi.
Había conseguido contactar con aquella aspirante a actriz,
por medio de uno de sus hombres. En realidad trabajaba como prostituta
mientras se pagaba los estudios. De hecho, no se parecía
tanto antes de que se arreglase para ese propósito. Sin embargo
parecía recordar muy bien cómo comportarse y qué
hacer. Por supuesto, parecía tener una memoria muy bien entrenada.
–Sólo es curiosidad –se rio Akagi, bebiendo
un poco de su trago y tocándose el cabello también,
utilizando aquella señal secreta. Era estúpido, pero
realmente estaba celoso de esa chica.
–¿Y cuando os conocisteis? –continuó
Okimoto.
–Ayer –dijeron los dos casi a la vez.
Ella se rio después, mirándose las uñas un
momento, y pensando que a Ryoga le había salido caro todo
lo que había tenido que gastarse en la peluquería
para parecerse más a aquella mujer. No le habría importado
vivir de ese modo.
Okimoto se fijó entonces en sus manos, en las uñas
decoradas con flores rosas y violeta.
–Creo que me iré a casa, estoy cansado –murmuró
de pronto.
Ryoga lo miró serio, casi disfrutando de su culpabilidad.
Sadamitsu todavía no lo comprendía, pero se moría
de ganas de hacerlo, y sin duda, su encantador e inocente hermano
se lo iba a explicar todo.
–Iré contigo, Okimoto-san –se ofreció
inmediatamente Akagi, aunque de todas maneras no habría tenido
opción. Le sonrió a la chica, extendiendo su mano
hacia ella –. Mucho gusto –y luego volvió a tocarse
el cabello, acomodándolo tras una de sus orejas. Él
tampoco comprendía lo que le pasaba a Okimoto, pero era mejor
no preguntarle.
El mayor de los hijos de yakuza lo siguió con la mirada,
y le rozó la mano con un dedo al pasar. Le hubiera gustado
tanto besarlo…
Akagi bajó la cabeza, reprimiendo una sonrisa y cerrando
la mano luego, protegiendo ese dedo como si fuera algo sagrado.

Continua leyendo!
|