.Unscrupulous- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 20
Behind the red door

Domingo, 15 Junio
Noche.

Sadamitsu se levantó del sillón en el que estaba esperando la llegada del líder de la otra familia. Se sacó el cigarro de los labios y luego le ofreció su mano, estrechándosela y sonriendo a pesar de la cara del otro. Sentándose de nuevo. Quería hablar con él antes de ir a ningún lado.

–¿Bien? –le preguntó Shigeru, acomodándose en el sillón. Había ido solo, tal y como lo había prometido, pero no iba sin protección por supuesto.

–Bien... –le contestó el otro, cogiendo su vaso y mirándolo –. ¿No va a tomar nada tampoco? –le preguntó sonriendo, ya que la otra vez le había ofrecido varias veces un trago, y jamás se lo había dado al aceptarlo. Adrede, por supuesto.

–¿Me lo servirá esta vez? –le preguntó, sonriendo un poco, y pensando que se andaba con rodeos. No podía confiar en él, tenía ese tipo de mirada. Se notaba que siempre estaba tramando algo.

–Oh, cierto, porque la otra vez yo me olvidé. Pero no me lo recordó... ¿No le gusta insistir? –sonrió, dejando caer la ceniza en un recipiente. Se levantó, llevándose el cigarro a los labios –. Veamos... qué puede querer alguien como usted... ¿Cerveza?

–¿Tengo cara de alguien que bebe cerveza? –le preguntó, decidiendo jugar un poco con él ya que tanto le gustaba. No era que no le gustase insistir, en realidad lo odiaba.

–No... la verdad, tiene cara de beber sake –lo miró, sonriendo un poco –¿Qué? Antes de que cierre el bar.

–Un whiskey estará bien –frunció el ceño, ya que también solía beber sake. No le gustaba que lo examinasen así.

–Bien... –buscó entre las botellas una de whiskey de calidad. La abrió, oliendo antes de servirle –Sin hielo, doble –se lo sirvió, sentándose y sujetando el vaso sin dárselo.

Shigeru miró el recipiente, preguntándose si acaso lo tenía vigilado o algo así, pero no podía demostrar debilidad, así que sonrió levemente y le quitó el vaso de la mano.

–Veo que ha hecho su tarea...

–¿Así es como le gusta? Se me da bien comprender a la gente –lo miró a los ojos, entrecerrando los suyos un poco –. Sé que le resulto extremadamente irritante –sonrió, bebiendo de nuevo. No podía evitar disfrutar de ponerlo impaciente por ir al grano.

–¿Vamos a tener una cita o vamos a hablar de negocios, Sadamitsu-san? Tal vez usted tenga tiempo para jugar, pero yo soy un hombre ocupado.

–Probablemente a estas alturas tiene tanto poder como para que hagan todo por usted. Y sí, es un hombre ocupado..., pero tiene tiempo para esto –se llevó el cigarro a los labios, calmado por el contrario a él –. De todos modos es bastante simple.

–Precisamente por eso, no veo la necesidad de perder el tiempo –le contestó, bebiendo un trago largo del vaso, sin apartar la mirada de aquel chico. Se preguntaba si lo estaría distrayendo por algún motivo.

–Pero si vamos a llevarnos bien, no estamos perdiendo el tiempo –dejó salir el humo hacia delante, y lo miró de soslayo –. Las condiciones son sencillas. Si Akiyama-san se porta bien conmigo... yo lo ayudaré a deshacerse de la mafia china. Sabe que no puede solo con ellos. Ni yo tampoco –de nuevo hablaba como si fuera el oyabun. Le sonrió, mirándolo directamente ahora –. Pero tiene que ayudarme primero.

–Eso es lo que me preocupa. ¿A qué se refiere con que lo ayude, Sadamitsu-san? –le preguntó, sonriendo levemente –A su padre no le gustará que hagamos negocios a sus espaldas, podría desencadenar una guerra.

–Qué miedo... Mi padre es un inepto, rencoroso y lleno de sí. No vale... –murmuró después, como si desechase cualquier cosa. Aplastó el cigarro, y se acabó lo que le quedaba en el vaso.

–No vale... –repitió, preguntándose por un momento si Ranmaru pensaba esas cosas acerca de él, pero su cara no registró cambio alguno –¿Está intentando quitarle el poder?

Sadamitsu lo miró a los ojos directamente.

–Yo nunca haría algo así –acto seguido se rio entre dientes, pasándose la mano por el cabello –. Veamos... esa ayuda... aún no estamos en ese punto. Todavía no la necesito..., y no puedo contarle nada, porque no queremos que nadie lo estropee. Sólo yo puedo saberlo –se tocó la sien con un dedo. Tenía un plan desde luego.

–Entonces lo que usted quiere es que yo acepte su ayuda y me comprometa a ayudarlo... sin saber cual será el precio –sonrió Shigeru pensando que tenía demasiada experiencia como para caer en algo así –¿Con quién cree que está tratando, waka?

–Pero será para bien... y como sé que no me va a creer, como muestra de mi... ansia de cooperar, y para que me demuestre su templanza y buen juicio... Lo llevaré a donde está uno de los principales lugares donde la mafia china está haciendo negocios en su zona. Sólo vamos a mirar... –se giró hacia él, tocándole la rodilla con la mano –Oyaji –le devolvió.

Shigeru alzó una ceja, sujetando su mano para apartarla de la rodilla, dejándola caer sobre el regazo del chico. Sabía que no tenía muchas opciones, pero no quería poner a su familia en peligro por los caprichos de ese chico.

Sadamitsu sonrió.

–¿Se sintió agredido?

–Por supuesto que no –le aseguró, frunciendo más el ceño –. No me gusta que invadan mi espacio personal, es todo.

–Pero los chinos están invadiéndolo desde hace tiempo –todavía sonreía, y se subió las gafas un poco, apoyándose contra el respaldo del sofá.

–Eso lo sé, y si encima contamos a los rusos... –exhaló, bebiendo lo que quedaba en el vaso, pensando que al final los sacarían a ellos del cuadro, pero no pensaba permitir eso.

–Bien, pero los chinos son la principal molestia, ¿cierto? –frunció el ceño, cruzándose de brazos –Se lo voy a poner muy claro. Quiero su ayuda para obtener el poder más fácilmente, pero lo obtendré con ella o sin ella. Con su ayuda, quedaré muy agradecido. Tanto como para que entre las dos familias podamos deshacernos de los chinos, cosa que no puede hacer solo, y lo sabe... –le quitó un trocito de papel del traje y luego lo miró a los ojos igual de serio.

Shigeru carraspeó, sosteniendo su mirada y hablando luego con calma.

–No estoy del todo convencido de sus motivaciones o de que esto no sea una trampa, pero comprendo lo que dice. No llevo tan poco tiempo en este negocio como para no saber que hay que tomar riesgos. Y después de todo, se encargó de ese... obstáculo. Así que lléveme a ese lugar y le daré mi respuesta después de eso.

–Bien –se levantó, esperando a que lo siguiera afuera y cogiendo otro cigarro mientras tanto. Se subió a su Mercedes plateado y esperó a que lo siguiera para arrancar.

Shigeru lo siguió en el coche por varias calles hasta que lo vio aparcarse un poco lejos de aquel lugar. Aparcó detrás de él, bajándose y frunciendo el ceño.

El pelirrojo se aproximó un poco, aunque sin llegar a pararse frente al coche. Se cerró la chaqueta blanca del traje, con el cigarro sujeto entre los labios. Esperó a que estuviese a su lado y entonces se dirigió a él.

–He pasado en Alemania años. Desde los diecisiete... Llevo mucho tiempo planeando esto –echó a caminar entonces, con una mano en el bolsillo del pantalón –. Hay gente aquí... que no es de la mafia china.

–Ya veo... –contestó, mirándolo de soslayo y pensando en que si ese chico se convertía en el próximo oyabun de la familia Masamune, tendría que tener cuidado –Así que ha estado encargándose de los asuntos de la familia incluso mientras estudiaba.

–De la familia, sí... Pero estos son mis negocios, no los de mi padre –murmuró. Acto seguido tomó su móvil y le hizo una seña para que esperase, llamando a alguien y hablándole en alemán por un corto espacio de tiempo –. ¿Esta orgulloso de su hijo, Akiyama-san? –le dijo, dirigiéndose hacia allí.

–Por supuesto que lo estoy –contestó inmediatamente, alertándose –¿Por qué lo pregunta?

–Eso no me gusta. Que esté orgulloso de alguien que no sabe controlarse. La gente habla, además de lo que sé por experiencia propia –lo miró de soslayo, llevándose el cigarro a los labios de nuevo –. Por lo menos mi padre sabe que mi hermano es un... –sonrió como antes, riéndose un poco y negando con la cabeza.

–Mi hijo... es apasionado acerca de su trabajo, eso es todo –lo miró a los ojos, frunciendo el ceño. No iba a recibir lecciones de un chico que incluso era más joven que Ranmaru –. Entrena todos los días y no permite que tomen el nombre de Akiyama en broma. Si me ha traído aquí para hablar de cómo manejo mi familia...

–Volátil también... decepcionante –murmuró, deteniéndose y planteándose el meterlo allí dentro. Dobló el cigarro y lo dejó caer al suelo. Resopló, dejando salir el humo a un lado, tampoco tenía muchas opciones, y finalmente siguió caminando. Se quitó las gafas y las guardó en un bolsillo, como si estuviera cansado.

Shigeru lo siguió, aunque lo miraba con verdaderas ganas de ahorcarlo. ¿Acaso se creía con derecho para amonestarlo? Lo siguió por la misma razón, sin embargo. No tenía opciones. Había ido hacia allí para tomar una decisión y nunca renegaba de su palabra.

Sadamitsu llamó a una puerta y le hablaron en chino al otro lado. El chico contestó en un chino desenvuelto, esperando a que le abriesen la puerta y hablando con el tipo, haciendo una seña hacia Shigeru. No pudo evitar pensar lo fácil que podría haber sido engañarlo de ese modo, y matarlo.

Los dejaron pasar y adentro se desveló un lujoso local con lámparas de cristales y cortinas rojas pesadas por las paredes. Había una mujer rubia despampanante, cantando en inglés con un vestido de lentejuelas blancas. La gente estaba apostando la mayoría. A eso se dedicaban especialmente, pero desde luego, también al tráfico de drogas.

–¿Cuándo aprendió a hablar chino? –le preguntó a Sadamitsu, ligeramente impresionado, pero sin querer admitirlo.

Por el otro lado, observaba el local con ojos inquietos, estaba abarrotado de gente. Sin duda no tenían problemas para conseguir clientes, clientes que seguramente solían ser suyos. Frunció el ceño, deseando destruirlos, era un irrespeto.

–En Alemania. También sé hablar en inglés –le aclaró, aunque no trataba de pavonearse, sólo quería demostrarle que hacía un buen trato –. Sé que sólo le parezco un chiquillo, pero sinceramente... ¿Lo cree? ¿Cree que me parezco a su hijo? Bueno, admito que estuve un poco insoportable porque quería ver su temple.

–No, creo que hay que tener cuidado con usted –le contestó sinceramente, aunque seguía con aquella expresión severa. Muchas veces se había planteado el enviar a Ranmaru afuera, a estudiar, pero con ese carácter que tenía el chico... –También pienso que tiene muchas agallas para criticar a mi familia.

Sadamitsu sonrió ligeramente, cogiendo una de las copas de la bandeja que el camarero llevaba, desde luego no para él. Pero no pareció notarlo.

–Si critico a la mía... –le dijo con desinterés –. Pienso que hay que ser objetivo, Akiyama-san. La familia está muy bien, pero a mí me interesan los negocios.

–Ser objetivo es una cosa, permitir que te insulten es otra. ¿O me ha escuchado decir alguna palabra en contra de su padre o de su hermano? –le preguntó, alzando una ceja nuevamente –Sadamitsu-san, tiene mucha educación, pero le falta aprender modales.

–Como ya sabe mi padre es viudo, y él es un hombre rudo. Carezco de figura paternal, no tengo tanta suerte como su hijo, que sin duda debe tener unos modales estupendos –bebió un poco, paseándose por el lugar y llevándolo hacia la parte de atrás.

–Mi hijo no está negociando un trato con otra familia, eso está fuera de discusión. Y estoy seguro de que su padre sabe muy bien que a veces es importante guardarse las opiniones –le contestó, frunciendo ligeramente el ceño.

–Akiyama-san, yo no negocio nada. Todo está ya negociado, ¿no pretenderá negarse ahora que lo he traído hasta aquí? –le preguntó, mirándolo a los ojos y frunciendo el ceño.

–¿No le dije que le daría mi respuesta después de esto? No sé qué pensar. ¿Es por eso que decidió insultar a mi hijo, porque ya todo estaba arreglado? –le preguntó, mirándolo a los ojos de igual manera.

–¿Lo he insultado? Esto empieza a ser un poco ridículo, Akiyama-san... No vamos a discutir por esas cosas, ¿no? Mi opinión sobre su hijo, está clara..., pero a mí quien me interesa es usted.

–Bien, pues dejemos a mi hijo fuera de esto –le contestó, preguntándose qué tenía de ridículo defender a su familia. Si ese era el futuro de los yakuza, no estaba seguro de querer verlo.

–Siempre se tiene que quedar con la última palabra, ¿no? –sonrió, mirándolo a los ojos y deteniéndose para hablar con él, bebiendo un poco del trago que había cogido antes.

–Sobre todo si hablo con alguien como usted –asintió, devolviéndole la mirada y sonriendo un poco también. No se iba a dejar vencer por ese chico.

–Qué sonrisa tan masculina, Akiyama-san –sonrió también, sin apartar la mirada.

–Por supuesto, soy un hombre, ¿qué esperaba? –le preguntó, algo confundido por su comentario.

–¿Y eso qué? También ese chico lo es –hizo un gesto para señalar, aunque sin hacerlo realmente, a uno de los camareros –. Dicen que su hijo es homosexual.

–Dicen muchas cosas, Sadamitsu-san. No debería creer todo lo que dicen –refutó, desviando la mirada hacia el camarero, aunque lo hacía porque no quería que siguiera hablando de eso realmente.

–Es muy guapo... aunque no muy masculino, la verdad –le mostró una puerta roja que daba a otra zona, y susurró –. Lamentablemente aún no hemos conseguido el acceso ahí, pero pronto eso no tendrá importancia. Será un buen saqueo, se lo aseguro –se metió una mano en el bolsillo y le mostró unas fotografías, que se notaba eran capturas de un video de vigilancia.

Shigeru frunció el ceño, observando a los hombres que empaquetaban aquellas drogas para su venta. Había mucha, eso era cierto, y prefería ignorar el comentario sobre su hijo. Alzó la mirada nuevamente.

–Pienso que si vamos a hacer esto, debemos hacerlo pronto.

–Pero lo primero es lo primero, Akiyama-san. Necesito tener el liderazgo de la familia –se guardó las fotos de nuevo, mirándolo a los ojos –. Pero no por las malas. Yo conseguiré ser el oyabun y la lealtad de los hombres de mi padre, y usted me ayudará. Luego ya podremos divertirnos a gusto –dejó la copa sobre una repisa, y empezó a dirigirse a la salida –. Mejor será que nos vayamos ya...

Shigeru lo siguió, concentrado en las posibles consecuencias de ayudarlo, pero le parecía beneficioso. No podía simplemente ignorar a esos chinos y tampoco podría destruirlos por sí solo.

–¿Qué es lo que desea que haga por usted?

–Se lo diré cuando llegue el momento, pero será algo simple. Probablemente sólo necesite a unos cuantos hombres que no sean de mi familia –salió de aquel lugar con él, pensativo –. Es impaciente, Akiyama-san.

–Ya le dije que no me gusta perder el tiempo –ni andar a ciegas, finalizó en su mente mientras caminaba con rapidez.

–Lo que sucede es que quiere saberlo todo porque no confía en mí, pero... Akiyama-san, yo tampoco confío en usted, por eso no puedo decírselo todo. Tendrá que saber esperar... –murmuró, caminando unos pasos tras él, ya que no pensaba darse ninguna prisa.

–No lo hace más fácil... el confiar en usted –se giró, deteniéndose al llegar cerca de su coche y mirándolo –¿Cuándo volveremos a reunirnos?

–Depende, ¿cree que me echará de menos, o prefiere esperar a que tenga nuevas? –sonrió de nuevo, apoyando la mano en el techo de su coche.

–Prefiero esperar a que tenga nuevas, por supuesto –sonrió el moreno, pensando que a pesar de toda su educación era igual de irreverente que su hijo –. Hasta entonces –se alejó hacia su propio coche, intentando no fruncir demasiado el ceño. Ahora tendría que hablar con Ranmaru.

–Akiyama-san... –lo llamó, lanzándole algo que el otro atrapó como por reflejo –. Para que la próxima vez venga más relajado –sonrió, metiéndose en el coche y arrancando.

El moreno miró el caramelito que le había lanzado, apretándolo en una mano y casi gruñendo antes de meterse en el coche. ¿Quién se creía que era ese chico?


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