.Unscrupulous- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 17
Someone to lend an ear

Domingo, 15 Junio
Mañana

Izumi caminaba por los pasillos, tan sigilosamente como siempre para no molestar. Llevaba una pequeña bandeja entre las manos ya que había olvidado regresarla a la cocina y eso era precisamente lo que hacía. A esas horas la casa solía estar casi vacía de todas maneras. Tanto el oyabun como sus hombres solían salir temprano, y el waka casi siempre se despertaba tarde. Por eso se sorprendió aun más cuando escuchó la puerta abrirse y Jubei salió de la habitación de aquella mujer, casi cortándole el paso. Tenía una actitud completamente decaída.

El chico la miró sorprendido, y cuando escuchó la voz femenina desde dentro, apartó a Izumi y la escondió a un lado. La puerta se abrió, y aun así pudo observarse la mano de una mujer sujetar a Jubei. El sonido de un beso, y la puerta cerrarse de nuevo.

Jubei desvió un poco la mirada a la sirviente, y sus ojos lo decían todo.

–Jubei-san... –susurró la mujer, mirándolo con tristeza y resistiendo el instinto de fruncir el ceño, sólo para no preocuparlo. Se le notaba a leguas que no hacía aquello por su propia decisión –No diré nada, pero... no se ve muy bien. ¿Le gustaría hablar conmigo, sólo...? Se sentirá mejor.

–No, será... mejor que lo olvide –cerró los ojos, apretándose las sienes y negando con la cabeza. Finalmente le hizo una seña para que lo siguiera. Necesitaba hablar con alguien, y también explicarse.

Izumi asintió siguiéndolo, aunque su cara denotaba tristeza. No podía hacer nada por él, pero al menos podía escucharlo.

Jubei salió al jardín con ella, y se sentó en el borde exterior, de espaldas a la casa. No sabía cómo comenzar.

–Yo... nunca traicionaría a Akiyama-san, si tuviera opción –no se atrevió a mirarla. Se sentía fatal, y ya se había estado sintiendo así desde que Ranmaru lo castigase sin dejarlo ir con él.

–Lo sé, usted no es así –le aseguró, moviendo una mano, pero finalmente sin atreverse a tocarlo. Deseaba consolarlo de alguna manera.

–Me dijo que si no lo hacía, conseguiría que me expulsasen de la familia. Alejarme del waka, y no puedo soportar la idea. Es cómo mi hermano pequeño –la miró, tratando de que no pensase mal a ese respecto tampoco. Ni siquiera fue capaz de hablarle sobre la otra amenaza.

Sin embargo, la mujer sonrió ligeramente, colocando una mano en su espalda por fin de manera suave.

–Realmente le tiene mucho cariño, ¿no es así? –preguntó, comprendiéndolo y continuando luego –¿Y su vida aquí? ¿Le gusta? ¿Le gusta tanto como para someterse a esto?

–Akiyama-san ha sido un padre y un líder para mí... No puedo alejarme de él, ni de Ranmaru-san –se apoyó el puño en los labios, cerrando los ojos.

La mujer frunció el ceño tan sólo entonces, por unos segundos. No iba a permitir que lo hicieran sufrir así, no era justo. Se atrevió a pasarle la mano por el cabello con suavidad, observándolo.

–Akiyama-san le tiene mucho aprecio, lo sé, puedo notarlo. Y el waka también, no puede estar sin usted –le aseguró para reconfortarlo –. Tiene que ser fuerte por ahora, las cosas mejorarán, estoy segura.

Jubei la miró, sonriendo levemente, aunque por supuesto, no podía creer que eso fuera a suceder. Las cosas no iban a mejorar. Le sujetó la otra mano con la suya.

–Izumi-san... es muy amable.

–Le tengo mucho cariño, Jubei-san. Bueno... a esta familia por supuesto –se rio algo nerviosa, apretándole ligeramente la mano –. Son mi familia también.

–Por supuesto –apartó la mirada, todavía sonriendo ligeramente, pero había dolor en sus ojos –. No piense más en eso...

–Usted tampoco... por ahora –le pidió, aunque sabía que era imposible –Jubei-san... si necesita con quien hablar, siempre estoy disponible. Siempre.

–Gracias... –apretó las mandíbulas, bajando la cabeza y resoplando un poco, deseando calmarse. Pero había ansiado tanto poder decirlo en alto y sentirse... comprendido, librado de falta –. Ella ni siquiera pienso que me desee realmente, creo que sólo pretende vengarse de las infidelidades de Akiyama-san –siguió hablando de pronto, contra su propia voluntad incluso.

El ceño de Izumi volvió a fruncirse sin que pudiera hacer nada por evitarlo, y desvió la cara para que no la viese.

–Lo que ella hace está mal, bajo todo punto de vista... No es su culpa, usted no tiene nada de responsabilidad –comentó de pronto, volviendo a mirarlo, un poco nerviosa –. Discúlpeme, creo que me excedí.

Jubei la miró, negando con la cabeza.

–Pero me siento culpable, un traidor y... todo esto me está destrozando. Con ocuparme del waka y su... “problema” tenía más que suficiente –se rio amargamente, tapándose los labios con una mano. No importaba decirlo, era un secreto que todos conocían ya. Ranmaru no era discreto.

–No es su culpa, no debe pensar eso. Nada de esto lo es... –le aseguró, dejándose llevar y rodeándolo por los hombros –Y estoy segura de que Akiyama-san tampoco lo vería así. Lo mejor que puede hacer por ahora es evitarla. Sé que es difícil, pero seguramente es un capricho de la anesan. Es probable que se aburra...

–Eso espero... –suspiró, besándole la sien y pensando que era demasiado buena con él. No se merecía algo así –¿Recuerda cuando Ranmaru-san me cortó en el abdomen con su katana? –le preguntó riéndose.

–Sí –sonrió la mujer, añadiendo –. Me asustó de muerte, ¿lo sabe?

–Creí que iba a matarme, pero ahora me hace gracia –negó con la cabeza, pensando en Ranmaru.

–¿No le guarda nada de rencor? –le preguntó la mujer, observándolo.

–No, él... es comprensible –la miró, suspirando un poco y mostrándole los arañazos que tenía de la noche anterior –. Es cómo un niño, pero... brutal –se rio.

–Lo sé, pero no debería dejar que le hiciera esas cosas. Se acostumbrará –le aconsejó con un gesto algo preocupado.

–Es su naturaleza. Desde niño las pagaba conmigo. No me importa realmente, pero quisiera que no estuviese enfadado conmigo ahora. Bueno, no debería estarme quejando –se levantó, pasándose una mano por el cabello y decidiendo ir a buscarlo a pesar de que no tenía ni idea de dónde podía estar, ni permiso para ir.

Izumi también se levantó, sonriendo un poco.

–No me molesta, ya le dije que podía hablar conmigo de lo que quisiera, Jubei-san...

–Gracias –le sonrió, inclinándose un poco ante ella –. Voy a buscar a Ranmaru-san.

–Cuídese, Jubei-san, y no le permita demasiadas cosas al waka. Ya sabe cómo se pone –se rio ligeramente, observando cómo se alejaba.


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