.Unscrupulous- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 


Junio, 12 Jueves
Mañana

–No sabemos donde está, pero lo que es seguro es que él es quien ha estado metiendo las narices en nuestra zona. Vendiendo drogas... Creo que trabaja para los de Masamune –Jubei estaba sentado frente a Akiyama-san, hablándole de aquello, cuando lo normal habría sido que su waka lo estuviera haciendo. Pero según él era pesado, y tanto él mismo como el oyabun, sabían que Jubei no tenía a sus propios hombres porque estaba encargado de su hijo.

–Bien, sólo es una pequeña peste, pero no debemos dejar pasar lo más mínimo. Quiero a todos tus... los hombres de mi hijo, buscándolo, aunque no estarán solos. Le mostraremos a los Masamune o a quien sea, que nadie juega con los Akiyama –le aseguró, frunciendo el ceño. Hubiese deseado que Ranmaru pudiese encargarse de eso, pero por más que esperaba, no parecía madurar.

–Si no me equivoco, pasado mañana acordó verse con ellos... Si aún no le hemos encontrado por entonces, lo mejor será no saltar a conclusiones. No estamos seguros de que sea uno de ellos –le dijo después, no quería que cometiese un fallo por su culpa. Se quedó callado por largo rato, y por fin se decidió a hablar –. Me gustaría acompañarlo, oyabun.

–No pienso comenzar una guerra, sólo necesito que encontréis a ese hombre –le aseguró, frunciendo más el ceño y pensándolo –. ¿Crees que Ranmaru podría encargarse de esto si vienes conmigo?

Jubei se quedó en silencio, como sopesándolo, cruzándose de brazos. Era difícil decirle que pensaba que era un peligro dejarlo “suelto”.

–Creo que haría bien en darle un voto de confianza –contestó finalmente, alzando la mirada a sus ojos grises –. Ranmaru-san intenta complacerle, a su modo –lo defendió –, y yo querría ir con usted. Tal vez mi juicio no sea el más adecuado para esta cuestión.

–No, creo que tu juicio es el más adecuado. Nadie conoce a Ranmaru mejor que tú –asintió, pensando que aquello sonaba patético viniendo de su propio padre, pero hacía lo que consideraba mejor para el chico –. No puedo estar protegiéndolo de sí mismo eternamente, en algún momento tiene que crecer.

–Supongo... Sí, claro –se corrigió enseguida, ya que no le parecía que aquello fuera a suceder nunca, y no podía sacarse de la cabeza lo sucedido aquella noche anterior –. Hablaré con él si lo desea.

–Por favor –lo miró a los ojos, pensando en lo mucho que había crecido Jubei en contraste con Ranmaru. Tenía sentido común y fuerza de carácter, además de que era respetuoso –. Dime la verdad, Jubei. ¿Crees que Ranmaru ha progresado en algo?

Jubei tocó el brazo del sofá con los dedos, pensando en una buena respuesta. Lo mejor era ser sincero, pero omitir algunas cosas.

–Pienso que aún necesita madurar. Es valiente y orgulloso, pero demasiado irritable y vengativo. No sabe contenerse... –se quedó en silencio, pensando: cree que ser yakuza es un boleto para hacer todas las salvajadas se le ocurran.

–Bien, es lo que pensaba –Shigeru lo miró, pensativo. La verdad, a sus ojos era mucho peor, pero tal vez lo estaba juzgando de forma muy severa –. Debe ser fuerte, pero el poder sin la inteligencia... –exhaló, poniéndose de pie –En fin, confío en ti, Jubei. Eres el único que no se rinde ante sus caprichos.
–Gracias, oyabun –se levantó, inclinándose hacia él antes de salir, buscando al albino por la casa.

No le fue muy difícil encontrarlo, ya que Ranmaru estaba esperándolo al final del pasillo.

–Sí que tardasteis... Me aburría.

–Waka, usted se aburre en cuestión de segundos, y yo no soy una noria –le contestó, saliendo hacia el jardín, suponiendo que iría con él.

–Podrías serlo, podría montarte por horas... Tú sólo tienes que dar vueltas –se rio, efectivamente siguiéndolo, se notaba que estaba de buen humor.

Jubei enrojeció, sabía que no era un comentario inocente, y de nuevo se le vino a la cabeza lo sucedido. Frunció el ceño, carraspeando y explicándole lo que le habían encomendado.

–Tu padre quiere que te encargues de ese asunto. ¿Serás capaz?

–Claro que soy capaz. ¿Seguro que no fue idea tuya? –le preguntó, con sospecha, aunque intentaba ocultar su entusiasmo para no verse infantil.

–Yo le dije que aún era muy inmaduro para eso, pero él insistió; así que pasado mañana yo voy a acompañarlo a una reunión mientras tú te encargas de ello –lanzó esperanzado.

–Por supuesto, era cuestión de tiempo que me diera mi lugar –le aseguró orgulloso, cruzándose de brazos, pero mirándolo luego de soslayo –. ¿Por qué irás con él?

–Porque me interesa lo que van a hablar. Así lo mantendré informado, waka –era horrible tener que ser tan asertivo con él, pero era el único modo –. No me necesita para eso de todas formas.

–No, no te necesito, en eso tienes razón –asintió por no verse débil, aunque se sentía extraño sin él. Lo miró de soslayo por ver si le estaba creyendo, pero Jubei estaba mirando hacia delante con aire pensativo. Iba a pasarse buena parte de aquella noche preocupado.

–Pero compórtese, es importante que no le haga arrepentirse de habérselo encargado –le recomendó, mirándolo a los ojos y quitándole un pétalo del cabello.

–Claro que no, sé cómo hacer las cosas, Jubei, siempre lo he sabido –le aseguró, aunque aquello era imposible. Sujetó su mano, sonriendo un poco luego –. ¿Has estado pensando en mí?

–Yo siempre pienso en usted, waka –le soltó la mano, carraspeando un poco y pensando que allá iban. Le sujetó los hombros de todos modos, por si pensaba ponerse furioso, y de paso le subió el kimono, ya que lo llevaba medio descolgado.

–¿Siempre? ¿Incluso ayer cuando estabas a gatas? –le preguntó, divertido por su manera de escabullirse –Me escuchaste, ¿no? Por eso lo hice contra la pared.

–No sé de qué me habla, waka. No estaba en mi cuarto. Era mi noche libre –le recordó, ya que había salido al no poder soportar sus gemidos.

–¿Te fuiste de nuevo? –el albino frunció el ceño, apartándose y caminando con rapidez. No le gustaba que lo tomaran por tonto, y mucho menos que sus juegos no funcionaran.

–Me dijo que no quería nada más –carraspeó, siguiéndolo y sujetándole el cinto del kimono con una mano para detenerlo.

Ranmaru se detuvo, dejándose caer hacia atrás con toda la intención.

–Si te lo perdiste, tendríamos que repetirlo.

Jubei lo sujetó, pensando que al menos estaba claro que confiaba en él. No era sencillo tenerlo entre sus brazos, porque no le gustaba esa parte de sí mismo. La odiaba.

–Waka... –le riñó, suspirando un poco y preguntándose qué pensaría Akiyama-san si los viese de ese modo.

–¿Qué sucede? –el chico lo miró, sin quitarse para nada, en realidad poniéndose lo más pesado que podía en sus brazos –Se te puso dura... ¿Te gustó que te castigase?

–¿Podemos dejar eso? No, no me gustó. Fue humillante y cruel, y me duelen las nalgas –frunció el ceño después, sin comentarle que se las había dejado marcadas.

–Puedo cambiar de lugar, tengo otros métodos, ¿lo sabes? –se rio, enderezándose por fin y girándose para mirarlo –O puedo revisarte las nalgas, te puedo hacer sentir mejor.

–Waka, tengo que salir –le dijo, mirándolo a los ojos y apoyándole la mano en la cabeza.

–No, no tienes que hacerlo –le aseguró, mirándolo de aquella manera que no auguraba nada bueno.

–Sí, tenemos que buscar a ese hombre –apartó la mano de su cabeza, porque temía que le diese una patada o algo así.

–No, yo estoy encargado de eso. Tú no tienes nada que hacer –le recordó, acercándose y mirándolo a los ojos –. Tú quieres venir conmigo.

–Quiero hacer algunas averiguaciones para ver si le sirvo de ayuda, waka –lo miró a los ojos también, colocándole el kimono después.

–¿Te pone nervioso mi piel, Jubei? Tócala –le ordenó sujetando su mano y metiéndola por entre la abertura del kimono.

Jubei cerró la mano, sacándola de debajo de su ropa. No le estaba haciendo ni caso respecto al trabajo, tal vez era culpa de ellos, el que no madurase, prohibiéndole ser como era y crecer como hombre. Lo acosaba porque nunca le había dejado estar con quien quería, suponía que era una justa venganza

–Waka... ¿Qué piensa de las mujeres?

–No me gustan, ya lo sabes. ¿Hasta cuándo me vas a preguntar lo mismo? –frunció el ceño, apartándose y dejando caer el kimono hacia un lado.

El chico se lo subió de nuevo, permaneciendo a su espalda y susurrando serio.

–Pensé que tal vez podríamos compartir a una.

–¿Compartir...? –el albino se quedó quieto, pensándolo. Era una situación que podía manipular a su placer, estaba seguro de eso. Se giró, sonriendo de pronto –Esta bien, lo haremos.

–Bien, esta noche, y no lo ande comentando como si tal cosa. No sé lo que podría decir el oyabun si se entera –lo miró a los ojos, levantando un poco una mano –. Y recuerde que vamos a tirárnosla a ella.

–Vamos a follar... Vamos a ser tres personas en una habitación y vamos a follar, eso es todo. Sé más espontáneo, Jubei –se rio, señalándolo y girándose para que le diese la brisa –. A mi padre lo pondría contento, seguro que ya hasta sabe con quién debo casarme.

–No diga eso, creo que su padre quiere lo mejor para usted, waka –observó su espalda, y aquel hombro que siempre acababa descubriendo la tela. Podía imaginarse tocándolo y descubriendo su piel mientras le besaba ese cuello tan pálido y fino. Se acercó a él y le tapó el hombro –. Iré a hablar con esas personas –le recordó antes de girarse para irse.

Ranmaru se giró, mirándolo de manera seria. A su padre no le interesaba eso, lo que le interesaba era que la familia siguiera, tal y como él la manejaba.

–Jubei... Tú nunca vas a alejarte de mí –sentenció en un tono de voz que por nada del mundo podría confundirse con una petición, y volvió a darse la vuelta, alejándose lentamente hacia el dojo.

Jubei lo observó marcharse tras haber escuchado esas palabras, y suspiró, aunque finalmente le dio la risa mientras salía por el jardín. Por supuesto que no iba a hacerlo.


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