.Unscrupulous- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 5
Quietly and slowly

Miércoles, 11 de Junio
Noche.

Akagi se pasó una mano por el cuello, moviendo su trago con la otra y mirando de manera aburrida a los demás clientes de aquel club. Okimoto estaba ocupado nuevamente y como ya era costumbre, lo había dejado solo, así que había decidido salir a divertirse, pero lo cierto era que se sentía un poco desanimado.

Un chico con parte del cabello teñido de rojo se sentó a su lado en el sofá, sin preguntar ni siquiera, y se abrió un poco la cazadora de cuero marrón que llevaba, sonriendo y pasando el brazo por encima del respaldo, justo sobre el chico.

–¿Llego tarde? –le preguntó con una cerveza en la mano, cruzando una pierna sobre la otra.

Akagi lo miró, apartándose ligeramente, aunque no de manera brusca.

–Mucho... probablemente. ¿Me has confundido con alguien?

–¿Te apartas para verme de cuerpo entero? –se rio suavemente, bebiendo un poco sin dejar de mirarlo –A lo mejor sí que te confundo. ¿Tú cómo te llamas?

–Akagi –contestó, sonriendo un poco. Sabía que no debía, pero si sólo era un coqueteo inocente, suponía que estaba bien.

–Akagi..., yo me llamo Ryoga. Ahora ya nos conoceos –extendió la mano hacia él, sujetando la cerveza con la otra –. O puedes darme un beso al estilo Europeo.

–No, creo que no puedo hacer eso –se rio el chico, aunque tocó su mano suavemente –. Invítame a una...

–No, ya me conozco esa. Cuando regrese ya no estarás –sonrió, echándose un poco hacia atrás contra el respaldo y ofreciéndole la suya –. No tengo nada infeccioso, y de todos modos planeo besarte.

–No creo que lo logres... –sonrió el chico, aunque bebiendo de su cerveza sin dejar de mirarlo a los ojos. No había pensando en salir huyendo, la verdad... Se estaba comportando mal.

–Qué cruel... ¿estás seguro de eso? Puedo ser muy persuasivo, y además soy encantador, y como dirían los niños... ya nos hemos dado un beso indirecto –le sujetó la cara, sonriendo un poco –. Tienes unos ojos increíbles, ¿eh?

–Gracias –le sostuvo la mirada, aún sonriendo –. Eres un fresco, ¿no es así? Acercándote a un desconocido y declarando que lo besarás...

–Tal vez, y además nunca digo mentiras, no harás que mienta por primera vez, ¿verdad? –lo soltó, aunque acariciándole la mandíbula con los dedos.

Aquel chico usaba ropa cara, y llevaba una pulsera en la muñeca que costaba más que el coche de la mayoría de las personas. Sabía que no era un cualquiera. Tal vez un host.

–Creo que tendré que hacerlo o me harías mentir a mí –le confesó a medias, tomando la cerveza y bebiendo un poco más –. O podrías decir que el beso indirecto fue suficiente.

–Nunca es suficiente con eso, a no ser que tengas doce años –se rio, moviendo un poco el brazo que tenía apoyado sobre el respaldo y acariciándole la nuca –. ¿Por qué no? ¿Estás casado? –bromeó, estaba claro que era gay.

–Algo parecido –asintió, desviando la mirada. Podía decirle quién era su amante y espantarlo, por supuesto, pero no tenía ganas de quedarse solo de nuevo.

–¿Un novio celoso? –insistió, bueno, ya le había advertido que era insistente. Además, no se veía feliz precisamente.

–Mucho, celoso y... Bueno, ¿realmente quieres hablar de él? –le preguntó, volviendo a mirarlo y sonriendo.

–La verdad es que no, prefiero hablar de ti, y de por qué estás aquí solo. Si fueras mi novio, yo no te dejaría ni un segundo... –le rozó el hombro con la mano que sujetaba la cerveza, aproximándose un poco más.

–Pero él es un hombre muy ocupado –contestó, aunque sabía que no era una excusa. Las cosas habían cambiado mucho desde ese primer año. Lo miró a los ojos por un momento –. Seguramente tú eres uno de esos chicos que se dedican a ligar en clubes, ¿no? Dentro de poco llegará alguien a protestar porque intentes reemplazarlo conmigo.

–No, eso no va a ocurrir –sonrió un poco, tocándole la quijada por debajo, casi como si fuera un gato –. Yo también soy un hombre muy ocupado, y estoy aquí... mirándote las piernas y pensando que se verían bien contra mis mejillas –se rio, pensando que lo iba a mandar al carajo.

Akagi lo miró sorprendido por un momento, y echándose a reír después. Realmente era un fresco, pero eso le agradaba.

–Y si tus mejillas estuvieran contra mis piernas, probablemente estarías viendo lo mejor que has visto en tu vida –bromeó, terminándose la cerveza del chico.

–Si me dices eso... luego no me culpes por ser persistente. Se me ha puesto dura... ¿y ni siquiera me vas a dar un besito? Sabes que no puedes ser tan cruel –se aproximó un poco más, aunque ya ni el aire cabía entre ambos, y le besó la mejilla.

–Claro que puedo, puedo ser muy cruel, no sabes cuánto... –se rio, colocando una mano contra su pecho para apartarlo un poco. Después de todo, alguien podía verlos –Y tengo que ser más cruel porque me agradas.

–No me digas... ¿y eso? ¿Va a matarme tu novio? –se rio, dejándose apartar y apoyándole la mano sobre la suya, haciéndosela bajar por el abdomen –No creo, estoy bien entrenado, ¿ves?

–Lo veo, lo siento, pero... mi novio es mucho más fuerte que eso, y es todo lo que voy a decir. Te daré un beso en la mejilla y así no podrás quejarte –sonrió, aproximándose y depositando un beso en su mejilla derecha.

–Eres consciente de que eso no me hará quedarme conforme y sólo empeorará las cosas, ¿no? –lo miró a los ojos, pellizcándole un poco el cuello de la camiseta para que no se alejase –Sé que quieres que te bese...

–Creo que tengo que irme ahora –le contestó, su mirada cambiando ligeramente. Realmente le estaban dando ganas de besarlo y sabía que estaba jugando con fuego.

–No te vayas... –lo bloqueó con su cuerpo, apoyando la mano al otro lado del respaldo, como cerrándole el paso con el brazo. Lo miraba a los ojos intensamente, conocía esa expresión en su mirada –. Un beso... y podrás marcharte a pensar en mí –susurró, aproximándose a él para besarlo de todas formas.

Sin embargo, Akagi colocó un dedo contra sus labios

–Realmente no puedo hacerlo y tú no sabes lo que haces. Lo siento... –se disculpó, intentando quitar su brazo del respaldo para poder irse.

Ryoga se apartó, pero le sujetó la mano antes de que se fuera.

–¿Vienes mucho por aquí? –no lo iba a dejar irse así como así.

–No me esperaba esto –la voz de un hombre sonó tras el chico, y Ryoga lo miró, soltando al pelirrojo por fin, sin comprender la cara de Akagi.

–Oyabun... –lo saludó desde el sillón sin moverse, preguntándose qué pasaba allí, hasta que vio cómo sujetaba a aquel chico por la cintura.

–Quédate, ahora que ya has conocido a mi hijo.

–Okimoto-san... ¿Es tu hijo?... Con razón... es tan simpático –bromeó el pelirrojo, sumamente nervioso y besándolo como bienvenida.

El moreno lo estrujó contra él, besándolo profundamente, a pesar de que ya no solía hacerlo más que algunas veces, cuando hacían el amor. Miró a Ryoga con aquel ojo verde del mismo color que los suyos y este le devolvió una mirada seria, observando cómo se sentaban a su lado en el sofá, con el chico en el lado exterior.

–Vaya, hoy en día se consiguen reemplazos para lo que sea, ¿no? Incluso para las esposas muertas –se rio, aunque no como antes, y cogió una pitillera del bolsillo de la cazadora, sacando un cigarro y revelando con aquella tank blanca que llevaba, los tatuajes de yakuza que había estado ocultando para ligar con aquel chico. Ya no tenía sentido y tenía calor.

Encendió el cigarro de maría que había liado, y miró a Akagi, sonriéndole de forma amable, para que no pensase que aquello iba con él.

–Estamos aquí para hablar de negocios –el mayor cogió un cigarro también, y esperó a que su hijo se lo encendiera, aunque este lo hizo con desdén.

–Esperaba una bienvenida más cálida luego de tantos años en el extranjero –se rio, ya que era irónico –. ¿Es cariñoso contigo, Akagi? Nunca ha sido un buen padre... –murmuró de forma venenosa y con un timbre malicioso en la sonrisa.

El pelirrojo los miró a ambos, sintiéndose un tanto incómodo en aquella situación, aunque como siempre, se adaptaría a la misma.

–Okimoto-san es muy bueno conmigo –contestó, haciéndole una seña al camarero luego para que le trajese otro trago, lo iba a necesitar.

–Otra rubia para mí –le pidió Ryoga antes de que se fuera –, y si tienes arsénico... –sonrió, mirando a su padre, que torció un poco la sonrisa.

–Dentro de tres días tendrás que ir a hablar con Akiyama-san por mí, y llegar a un trato con él –comenzó, siendo interrumpido por un resoplido.

–¿Por qué yo?

–Porque yo te lo ordeno –frunció el ceño, tensándose un poco.

–Te va a subir la presión, y a tu edad... puedes quedarte K.O. encima de Akagi si haces muchos esfuerzos... –se rio, fumando y escuchando la risa de su padre. Siempre lo hacía reír, se preguntaba si comprendía el odio que le tenía. Probablemente sí, pero no le importaba un carajo.

–¿No es gracioso? –preguntó mirando para su hijo y pegándole dos tortacitos en la mejilla, el segundo le volteó un poco la cara, pero el otro seguía con aquella sonrisa en los labios.

Akagi sonrió, riéndose un poco también, solo por acompañarlos, aunque aquello seguía sintiéndose terriblemente tenso.

–Me hubiera gustado saber que tu hijo se iba a reunir con nosotros. Me tomó por sorpresa.

–Pensé que iba a comportarse como lo está haciendo, y que era mejor ahorrártelo –le aclaró, ya que así era.

–No mientas, lo que pasa es que no querías que me viese y se diese cuenta de lo mucho que te ha hecho perder la edad –se apoyó en el respaldo con el codo, mirando a Akagi fijamente.

–¿Puedes dejarnos solos, Akagi? Vete a dar un paseo... –le hizo una seña a dos de sus hombres para que lo acompañaran, y volvió la mirada a su hijo.

–Sí –asintió el pelirrojo, mirándolo tan sólo por un momento antes de ponerse de pie. Era igual, Okimoto ni siquiera se percataba de lo que le sucedía, tan sólo era un estorbo en ese momento, como casi siempre –. Con vuestro permiso –se disculpó, alejándose junto a aquellos dos hombres.

Aún así se escuchó un ligero estruendo, y Ryoga se llevó el envés de la mano a los labios para limpiarse la sangre, mirando a Akagi salir y sonriendo de todos modos.

Okimoto le giró la cara de golpe, comenzando a soltarle una de sus charlas. Casi las echaba de menos y todo. El viejo no había perdido su habilidad para meter ganchos.


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