.Unscrupulous- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 2
Because you’re mine

Seis años después.
Martes, 10 de Marzo
Medio día.

Jubei resopló, pasándose una mano por el cabello tan corto que llevaba. Había ido a buscar a Ranmaru según había salido de clase, y de nuevo no estaba, se le había vuelto a escapar.

Entró en los cuartos de baño y se inclinó para beber un poco, escuchando entonces su voz en uno de los excusados.

Su ceja se alzó de inmediato, y golpeó la puerta con el puño.

–Ranmaru-san, salga de ahí, por favor –le pidió en tono cortante.

–¿Quién coño es? –le preguntó el moreno que estaba con él.

–Es mi guardaespaldas, no le hagas caso –contestó Ranmaru, ignorando completamente a Jubei y sujetándose del cuello del moreno, atrayéndolo hacia sí –. ¿Dónde estábamos?

El chico volvió a besarlo, sujetándole las nalgas para alzarlo un poco contra la pared, efectivamente ignorándolo tal y como le convenía. Pero el siguiente golpe en la puerta no fue tan ignorable.

–¡Joder! –soltó el chico.

Jubei le pegó tal patada a la misma que rompió el pestillo y miró hacia las manos de aquel desconocido como si fuera a partírselas, provocando que enseguida dejase “lo que tenía entre manos”.

Ranmaru, sin embargo, ni siquiera se inmutó, limitándose sólo a poner cara de fastidio.

–¿Por qué siempre tienes que arruinar las cosas? ¿Te crees que eres mi padre o algo así?– salió del pequeño cubículo, dirigiéndose al espejo para peinarse como si ninguno de los dos chicos tuviera la más mínima importancia ahora.

–Gracias a Dios no lo soy, pero puedo comprenderlo. No le gustaría que estuviese haciendo algo así –se paró detrás de él, observando de soslayo cómo el otro se largaba –. Tenemos que regresar a casa.

–No quiero –frunció el ceño, mirándolo por el reflejo. Desde que Jubei llegase a vivir con ellos, se había vuelto una verdadera peste, lo seguía a todos lados, lo vigilaba. Ahora lo comprendía, su padre no le había traído un amigo, sino un espía. Aun así... Sonrió de pronto, girándose y sujetando su mano. Tiró de ella colocándosela en la entrepierna –. Vamos a un hotel, mira cómo estoy por tu culpa...

Jubei resopló, aunque había enrojecido y apartó la mano de allí cuidadosamente, cruzándose de brazos.

–Si quiere desahogarse, estoy seguro de que puedo conseguirle a la mujer que más le apetezca.

–No quiero una mujer... Asume tu responsabilidad –se quejó, pegándose a su cuerpo. Por lo menos, eso siempre era divertido.

–Ya lo hago, por eso lo voy a llevar a casa sano y salvo –alzó la cabeza, frunciendo un poco el ceño y sujetándolo de la muñeca de nuevo, llevándolo hacia fuera. Era horrible ser el guardaespaldas de aquel “monstruo”, pero lo cierto era que los años lo habían hecho verlo como a un hermano.

–Que no quierooooooooo... –se soltó, pegándole una patada y demostrando que no había madurado demasiado con los años. Salió corriendo en la dirección en la que sabía quedaban los hoteles, seguro de que lo seguiría.

–¡Waka! –se le escapó al otro, que echó a correr tras él. Aquel chico no tenía ni un mínimo de lógica, no sabía cómo podía seguir comportándose de ese modo, pero a esta edad sus caprichos eran más terribles aún. Ahora comprendía a Akiyama-san, ahora ya sabía que no lo consentía por dejadez, si no que a veces era demasiado cansado y exasperante no hacerlo.

Ranmaru seguía corriendo y riéndose un poco. No iba a detenerse hasta que llegase a su destino. Además, le gustaba ver esa expresión en la cara de Jubei. No sabía divertirse para nada.

–¡Ranmaru-san! –volvió a llamarlo, evitando golpear a un hombre al pasar y por poco cayéndose.

Se enderezó rápidamente, apoyándose una mano en la cadera y rozándose la frente con la otra. Lo había perdido de vista. Akiyama-san lo mataría como no lo encontrase, es más, él no iba a atreverse a regresar sin él.

Sin embargo, el chico se había metido por uno de los callejones, conocía aquel barrio como la palma de su mano. Se quedó en silencio, esperando a que Jubei pasase a su lado y luego le saltó a la espalda.

–Vamos hacia allá –le indicó, señalando el edificio lleno de letreros luminosos.

–Claro que no –resopló aliviado, sujetándole las manos y llevándoselo de aquel modo, ya que no quería soltarlo por nada –. Vamos a casa, o yo regresaré, me pondré a practicar y volveré a dejarle quedar mal delante de todos.

–Claro que no, te venceré... –el chico frunció el ceño, ya que le había dado justo en donde le dolía. No se movió de su lugar, a pesar de todo, permitiendo que Jubei lo llevase así –Si te venzo... tendrás que hacer lo que yo te ordene.

–Si me vence, pero no lo hará –sonrió un poco, soltándolo porque sentía que había ganado con aquella amenaza, y siguió caminando a su lado. De todos modos lo vigilaba de soslayo, alerta por si tenía que atraparlo de nuevo.

Pero Ranmaru no estaba pensando en eso, de nuevo, se sujetó mejor de su cuello, incluso rodeándolo con las piernas. No le importaba verse infantil, no le importaba la opinión de nadie realmente. Una sonrisa surgió en sus labios súbitamente y comenzó a mover un pie cerca de la entrepierna de Jubei.

El otro suspiró, cargándolo, pero sujetándole el pie para que se estuviera quieto. No sabía lo violento que se sentía con esas bromitas. Había enrojecido y lo miró de soslayo con el ceño fruncido.

–Compórtese. ¿No puede caminar como las demás personas?

–Puedo, pero no tengo por qué si te tengo a ti para que me lleves –le contestó como si fuera lo más lógico del mundo –. Y sigo excitado... ¿Lo sientes? –le preguntó, pegándose tanto como podía a su cuerpo.

–No, ni lo noto. Es por el tamaño –mintió, ya que lo notaba en exceso. Trató de sacárselo de encima, ya que aquello era demasiado para cualquier paciencia, pero el chico se sujetó con más fuerza a su cuello, casi asfixiándolo.

–Mentirosooooo...

–No miento –murmuró, de forma un poco ahogada, echando un brazo hacia atrás y sujetándolo para tratar de sacárselo. Era imposible sin hacer una escena, así que, desistió, resoplando y sujetándolo con el brazo bajo las nalgas, pensando que debía de haber cometido algún pecado al nacer.

–Así está mejor, Jubei... Recuerda que eres mío –le advirtió el chico, con un tono de voz decididamente malvado, lamiendo su oreja luego –. Te pones rojo, rojo...

–¡No haga eso! –apartó un poco la cabeza, aliviado de haber llegado ya, pensando que Ranmaru era un inocente a pesar de todo, por eso no podía dejarlo solo ni un segundo.

–No eres divertido... –refunfuñó el chico, pensando que ya le demostraría lo que era capaz de hacer en cuanto llegaran a la casa –Y espantas a mis parejas...

–Lo sé, lleva diciéndomelo toda mi vida –le contestó con indiferencia, saludando a unos hombres que salían y entrando en la casa –. Oyabun, anesan –los saludó, inclinándose hacia ellos y suponiendo que acababan de atender a aquellas visitas. Ella ya no lo trataba de aquella forma fría, quizás todo lo contrario. Parecía haber llegado a agradarle.

La ceja derecha de Shigeru se alzó al ver cómo venía Ranmaru, no podía esperar algo normal por su parte.

–Jubei... Ranmaru, compórtate –le pidió finalmente sin poder resistirse.

El chico se abrazó más a Jubei, sonriendo.

–Pero si me estoy portando bien... Soy cariñoso...

–Sólo está jugando, déjalo –le pidió su mujer.

–Oyabun, ¿podemos hablar? –le preguntó Jubei, mientras trataba de soltarse de encima al chico.

–Por supuesto, siempre y cuando puedas sacudirte eso de la espalda –asintió, dirigiéndose ya hacia su despacho, mientras Ranmaru se soltaba por fin de Jubei, mostrándole la lengua a la espalda de su padre.

Siempre lo trataba como si fuera una molestia.

–Tienes que venir a luchar conmigo luego de eso o no te lo perdonaré –le advirtió a Jubei, señalándolo.

–Si se lo dije es porque voy a hacerlo, no necesita amenazarme... –Jubei lo miró, moviendo un poco la cabeza para estallarse las vértebras del cuello. Por poco lo asfixiaba antes.

Siguió a Akiyama-san por el pasillo y entró tras él en su despacho, permaneciendo de pie con las manos tras la espalda.

–Puedes sentarte, Jubei –le ofreció el moreno, mostrándole el sillón enfrente de su escritorio –. ¿Tienes algún problema?

–Gracias –se sentó, mirándolo a los ojos un momento tan solo –. No exactamente, es sobre Ranmaru. Siempre se me escapa cuando sale de clase, y... –resopló, encontrando muy difícil explicarle aquello, pero debía hacerlo por Ranmaru, si no quería que acabase sucediéndole algo. Por una parte se sentía un traidor.

–Dime... –le pidió el hombre, frunciendo ligeramente el ceño. Si era acerca de Ranmaru, ya se esperaba algo terrible. En vez de madurar, parecía estarse volviendo más salvaje.

Jubei traqueteó con los dedos en el reposabrazos del sofá, sintiendo aquella mirada penetrante a pesar de que no alzaba la vista ahora. No podía decirle algo como: “se lo digo pero no haga nada o me matará”.

–Siempre está con otros chicos del instituto... a solas –carraspeó.

–¿Te sientes... apartado? –le preguntó, un tanto confundido. No comprendía qué quería que hiciera al respecto.

–Yo nunca lo molestaría por algo así, quiero decir... –lo miró a los ojos, enrojeciendo un poco por vergüenza ajena –que está con ellos... “a solas” –remarcó, esperando no tener que ser más explícito.

–A solas... –repitió el moreno, asintiendo, aún sin comprender y luego poniendo esa mirada de nuevo –¿Quieres decir que está... haciendo cosas indebidas con otros chicos?

–Sí, al menos lo intenta, pero yo no le dejo. Aun así pensé que debía saberlo porque hoy se encerró en un baño del instituto con un chico, y tuve que tirar la puerta, creo que rompí el cerrojo –volvió a golpear un poco el sillón con los dedos, incómodo.

–Eso no importa, hiciste bien. Quiero que lo vigiles incluso cuando duerme si es necesario. Sólo hace estas cosas por contrariarme, lo sé. Es un... –resopló, pasándose las manos por el cabello, no debía ponerse así enfrente de Jubei –Gracias, gracias por decírmelo, Jubei. Ranmaru es un chico demasiado inmaduro.

–Cuidaré de él –le aseguró, haciendo ademán de levantarse, y luego mirándolo –. Le dije que practicaría con él ahora.

–Puedes ir –le hizo un gesto con una mano, pensando que era un alivio tener a Jubei en esa casa. Por lo menos controlaba un poco a Ranmaru, realmente era el único que lograba eso –. Le pediré a Izumi que os lleve algo de comer luego –lo miró a los ojos por un momento, levantándose después –. Ve, antes de que Ranmaru haga un berrinche.

–Sí, gracias –hizo una ligera inclinación antes de irse, saliendo del despacho para ir a buscar a Ranmaru. Aunque se preguntaba si estaría en el dojo ya.

Escuchó su voz por el pasillo, y se paró a un lado de la puerta de su cuarto, observando por la rendija abierta. Estaba probándose unas prendas que su madre le había comprado, y no pudo evitar permanecer allí observando.

Seguía teniendo aquel cuerpo delgado y flexible, que apenas se marcaba por los músculos, y de pronto se sintió consciente de que no lo estaba mirando por simple curiosidad. Se movió de allí, aunque la madre del chico se dio cuenta y preguntó

–¿Jubei? –imaginando que lo buscaba.

–Sí –volvió atrás, algo azorado –. Esperaré en el dojo –casi huyó.

Poco después, Ranmaru llegó al dojo, sonriendo alegremente y enfundado en un kimono sumamente suelto, que probablemente no era la mejor ropa para practicar.

–¿De qué hablabas con mi padre, Jubei? –le preguntó con esa voz de inocencia que ponía cuando algo lo molestaba realmente.

–Del instituto –mintió a medias, cogiendo un bokken y girándose para mirarlo –. Se estropeará el kimono, waka –le dijo con paciencia, sintiéndose un poco culpable, como si pudiese leer en su cara que le había mentido.

–No importa, me compraré otro –contestó de forma natural, frunciendo el ceño –. Mientes, siempre pones esa cara cuando mientes. Le dijiste...

–Le dije lo del baño porque no quiero que le pase nada –explicó finalmente, aunque sus instintos le hicieron ponerse en guardia por si le daba una de sus furias.

–No es cierto, eres su espía –el chico se movió de manera enérgica, cogiendo su propio bokken y lanzándose contra él –. ¡Traidor!

–Por supuesto que no, ¡waka! –le gritó finalmente, tratando de que se tranquilizase un poco. De todos modos así no iba a conseguir ganar, aun así tuvo que poner el bokken delante de su cabeza para que no le pegase en la frente.

Bajó la espada frente a su rostro, haciendo fuerza contra la suya hasta conseguir separarlo de él. Tal vez no era lo más fuerte que uno podía echarse a la cara, pero sabía usar la espada. La verdad es que siempre había pensado que cuando mejor lo hacía era cuando se enfadaba –. Lo hago para que su padre pueda cuidar de usted.

–Mi padre no tiene que cuidar de mí y tú tampoco. No soy un debilucho –protestó, jadeando por la furia e intentando golpearlo por el costado ahora, quería hacerlo caer.

–No he dicho que lo sea, pero nadie es todopoderoso –Jubei se apartó, ya que sabía lo que hacía, y después golpeó el arma del chico con fuerza, haciendo que sus manos temblaran al sujetarla contra aquel impacto. Si le decía que era un inocente, estaba seguro de que iba a matarlo.

Ranmaru frunció el ceño, molesto y apartándose un poco para ver por dónde lo atacaba de nuevo.

–No necesito ese tipo de protección, no soy un niño –se quejó, mirando de soslayo hacia la puerta al ver que su padre se asomaba.

El moreno se cruzó de brazos, observándolos en silencio. Jubei también lo había visto entrar, y decidió que era el final de aquella charla, no quería seguir hablando de eso en presencia de Akiyama-san.

Se puso en posición de nuevo, y esta vez le atacó él, en lugar de seguir bloqueando sus golpes. Quería demostrarle que no había sido un error aceptarlo en la familia, y que era capaz.

Ranmaru tuvo que saltar hacia atrás, casi tropezándose y lanzando otra mirada a su padre. Había exhalado, estaba seguro de eso. No podía dejarse ganar enfrente de él.

Alzó la espada en el aire nuevamente, corriendo hacia Jubei, que volvió a bloquearlo para su frustración, atacándole de nuevo acto seguido por abajo, ya que le dejaba tanto espacio levantando los brazos así.

Jubei estaba tenso por la mirada de Akiyama-san, pero eso no cegaba su concentración, tal vez era lo contrario. Le dio una patada seca y contundente al albino y lo tiró al suelo.

–Yo gano, waka.

–¡No! –gritó el chico, sintiéndose furioso y humillado. Alzó una pierna, pateando al moreno y casi enseguida, poniéndose de pie. Tiró el bokken contra Jubei, corriendo hacia las katanas para desenvainar una.

Shigure se enderezó, observándolos atento, pero sin interferir.

–¡Waka! –Jubei lo miró, evitando que se aproximase. No tenía ninguna gracia, eso era obvio, estaba seguro de que era capaz de cortarle sin medirse. Lo mejor sería que intentase quitársela, y eso era muy fácil de decir, pero no de hacerlo.

Cuando Ranmaru le atacó de nuevo y el moreno paró el golpe con su bokken, el mismo fue cortado como mantequilla por la katana del otro, y tuvo que retroceder de golpe para que no le cortase el brazo. Todavía sujetaba el arma de madera, aunque ahora ya no servía de mucho.

El albino le atacó de nuevo y Jubei le lanzó el trozo de madera, golpeándole el hombro y aprovechando a rodar por el suelo para coger la funda que había tirado al suelo Ranmaru. Se levantó rápidamente. Al menos con eso podría protegerse mejor. No iba a empuñar una espada contra él.

Ranmaru sonrió de manera un tanto descontrolada, se sentía poderoso ahora. Seguramente incluso su padre estaba nervioso.

–¿Crees que eres mejor que yo, no, Jubei? Crees que puedes ordenarme cosas... ¡Pues no puedes! ¡No me vas a ganar de nuevo! –se lanzó contra él, pero su ataque fue detenido por aquella funda.

Shigeru se movió ligeramente, se preguntaba hasta dónde sería capaz de llegar Ranmaru.

El chico atacó de nuevo sin siquiera mirarlo esta vez, cortando a Jubei en el estómago.

Jubei ahogó un quejido. Le había cortado a través de la camisa del uniforme y estaba sangrando, pero no se detenía. Era la primera vez que le cortaban de esa forma y quemaba, esa era la palabra exacta.

Bloqueó su katana una y otra vez, aunque le atacaba con toda su furia.

–Waka, es suficiente, ya ha ganado –le pidió, volviendo a protegerse con aquella funda sin dejar de retroceder. Sentía que el único punto donde podía atacarle era la cabeza, pero no pensaba golpearle allí, así que su espalda finalmente se chocó contra las katanas que había en la pared, pero no cogió ninguna.

Paró otro golpe con la funda, el lacado negro que la cubría saltó, desprendiéndose. ¿No pensaba detenerse? Lo empujó hacia atrás, alejándolo un poco de él.

Sin embargo, el chico atacó de nuevo sin ninguna misericordia, no pensaba cuando se enfadaba a ese punto. Logró hacerlo chocar contra la pared una vez más, tumbando la funda de su mano por fin.

–Eres mío, Jubei. Mío... –jadeó, casi de forma obsesiva, acercándose y colocando el filo de la katana contra su cara.

Shigeru se movió por fin, alzando la voz

–Es suficiente, Ranmaru, detente –, pero los ojos del chico se concentraron aun más en los de Jubei, y movió el filo, haciéndole un corte premeditado y preciso en la mejilla, sin que el otro apartase la vista o tratase de evitarlo.

Se habría dejado matar si así lo hubiera querido Ranmaru, y se dio cuenta en ese preciso instante de hasta donde llegaba su fidelidad a la familia.

Notó cómo la sangre le mojaba la mejilla bajo el ojo, y bajó un poco la mirada. No se sentía tan mal por el dolor, o porque le hubiera desfigurado la cara, si no por haberle fallado a Akiyama-san.

–¡Ranmaru! –le gritó su padre, acercándose con rapidez y sujetando su muñeca con fuerza para que soltase la katana.

Ambos giraron la cabeza al escuchar la voz horrorizada de una mujer.

–Ju... Ju...

–Izumi... –casi gruñó el moreno, tirando un poco del albino para que se apartase y casi obligándola a mirarlo a los ojos –¡Izumi! Llama al doctor Sasaki ahora mismo, dile que ha habido un accidente. Sólo es una precaución, no pasa nada.

La mujer prácticamente huyó de allí, aún con esa cara de espanto, mientras Shigeru volvía a girarse hacia los chicos.

–¿Estás loco, Ranmaru? ¿Qué estás haciendo? –lo soltó, revisando el corte de Jubei ahora, sin notar la mirada de resentimiento que le enviaba el albino. Ni siquiera cuando ganaba podía complacerlo.


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