.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 100- Arabesque

-¿Es aquella?- preguntó Inari mientras paseaban por la playa Kiken y él. Sólo habían llevado una bolsa cada uno así que se podía permitir dar un paseo desde donde el tren los había dejado. Observó arriba de un pequeño acantilado que se veía desde la playa, sólo había bosque… Bosque y aquella casa al borde del despeñadero, era bonita… aunque pareciera que fuera a terminar cayéndose abajo. –Es bonita ¿no crees? Mira… ahí parece que hay un camino para subir hasta ella.

- Es preciosa... – sonrió caminando junto a él. – Imagina el paisaje de noche... debe ser muy romántico, ¿no crees? Me pregunto por qué mi padre nunca ha alquilado un lugar así... a menos que espere a que me vaya- se rió, seguro de que seguía trabajando como siempre.

El moreno sonrió levemente. –Supongo que tu padre está mucho más preocupado por estar en un lugar con conexión a Internet y red telefónica para poder trabajar…que en las playas o las vistas…- le sujetó la mano y se la acarició un poco. –Podemos ir a dar un paseo por la noche… haremos lo que te apetezca…- miró hacia la casa. Aún tenían que andar un poco más arriba, le habría sido mejor ponerse algo más cómodo…

- Me gustaría... aunque te confieso que... me pone algo nervioso el mar a oscuras. Es una tontería, ¿no? – se rió, colocándose un mechón de cabello, observando de soslayo el agua, y luego a Inari. – Seguro somos los primeros.

-Seguro que sí… y no veo por qué… es el mismo mar de día que de noche… además, tú eres un gran nadador… no tienes de que tener miedo…- le acarició la mano con un dedo y se la llevó a los labios para besársela. –Menos mal que yo traje las llaves… si no nos tendrían aquí fuera esperando… y tengo calor… por cierto…

- Han de tener una nevera, ya pondremos las bebidas allí... – sonrió, suspirando. – Y no es miedo... No creo que me vaya a ahogar. Bueno, no importa.

- … simplemente te inquieta…tal vez es porque no ves lo que hay allí dentro…- lo miró y cogió las llaves del bolsillo. –No me digas, no importa… sabes que no soporto eso… si no te he comprendido… explícate… no seas vago… me pone nervioso…- se rió y entró en la casa. Adentro estaba fresco y el ambiente era extraño, estaba limpio pero se notaba que hacía mucho que nadie vivía allí, había como demasiado silencio.

- No seas tonto, no estaba siendo vago... Sólo me hace sentir extraño, cómo... frío y solo, no lo sé. Pero no quiero arruinarte el paseo o que pienses que me pongo mal, no es para tanto. – meneó la cabeza sonriendo y adelantándose un poco. – Es perfecta... Me encanta. Una cosa que me gusta del mar de noche, aún así... es dormir escuchando las olas.

Inari sonrió levemente, podía decir lo que quisiera pero no dejaba de hablar de ello. Pero el mar y Kiken… tenían demasiado que ver. –Pues quedémonos con un cuarto que tenga una ventana hacia el acantilado…- sonrió levemente, feliz de verlo así y se abrió la camisa para no pasar tanto calor, subiendo las escaleras para dejar las bolsas arriba y sacar la ropa antes de que se arrugase por completo. –Ahora bajo, voy a dejar mi ropa arriba…

- Ya te sigo... – contestó, dirigiéndose a la cocina, para conectar el refrigerador, y poder dejar las bebidas y la comida allí. Realmente se sentía de buen humor, hacía mucho que no se alejaban así de todo.

-Vale…- subió las escaleras hasta la parte de arriba de la casa, mirando las habitaciones por dentro, una parecía de invitados… pero daba al interior, la otra era como de niños y tenia dos camas individuales, esa ni siquiera se la planteaba, y por último, al fondo, estaba la habitación de matrimonio. Era la que tenía baño y las ventanas daban al exterior, ya que eran los primeros en llegar, se quedarían con esa.

Sacó las cosas de la maleta y colgó las pocas prendas en el armario, abriendo después la ventana para que no oliera a cerrado y asomándose, desde allí arriba soplaba una leve brisa, era agradable. Se sentía relajado allí… y eso era difícil para él.

- ¿Por qué tan pensativo? – le preguntó el rubio al acercarse silenciosamente abrazándolo por detrás. – Realmente es hermoso aquí... como si estuviéramos en un lugar privado del mundo.

-No lo sé… es agradable, me hace sentirme en calma… no pensaba en nada… Tal vez hacía años que no pensaba en nada…- sonrió levemente y le sujetó una mano, llevándola a su pecho, lo miró de soslayo y sonrió. -¿Crees que se sienta así? Vivir solos, tú y yo…

- No... creo que se sentirá mucho mejor... No tendremos que regresar. – sonrió besando su hombro. – Aún pienso que estoy soñando...

-Ahora mismo… yo también me siento de ese modo ¿sabes?- se giró y lo rodeó con los brazos, observando la brisa en su cabello rubio. Ni siquiera podía sonreír, sólo con mirarlo así, le hacía pensar en lo mucho que lo amaba y lo perfecto que lo sentía. Lo besó con suavidad y lo abrazó un poco contra su pecho, acariciándole la espalda y oliendo su cabello. –No sé si quiero que vengan los demás…- se rió suavemente. Jugando un poco.

- No seas baka, será agradable. Además... me gustaría acercarme más a tu hermano, es importante para ti. – cerró los ojos, sintiendo la brisa, seguro en aquel abrazo. – Y creo que les hará bien alejarse a todos también.

-Lo sé… - sonrió levemente y miró aquel cuarto, las paredes forradas en papel y los cuadros de pescadores, era extraño… y era agradable. –Hikage me ha dicho que hay un piano… ¿recuerdas cuando tocábamos juntos?

- Que si lo recuerdo... – se rió, pensando en aquellos tiempos infantiles. – Nunca fui tan bueno como tú.... Pero amaba compartir algo contigo.

-A mí también me gustaba tocar contigo… en realidad sólo empecé a hacerlo porque mi padre insistía… me decía que a las chicas les gustaba…y a mí no me resultaba un gran aliciente…- se rió y lo llevó con él de la cintura, preguntándose dónde estaría o si tan siquiera funcionaría aún. Abajo no estaba y tampoco en ninguno de los cuartos. -¿Habrá arriba un cuarto? ¿En el tejado?

- ¿Un ático? Podría ser. – le sonrió, pensando en que su aliciente para practicar era Inari, como siempre. Pero jamás había sido una competencia con él, sólo quería estar a su nivel. Subieron las escaleras, efectivamente encontrando una puerta. – Practicaba todos los días para no quedarme atrás. No sé si te funcionó con las chicas, pero definitivamente sí conmigo.

Inari se rió y lo miró. –Las chicas no me importaban… yo siempre creí que tú eras mejor… Me gustaba aprender algo más difícil aún… cada vez para demostrarte que yo también tenía ese nivel…- abrió la puerta y efectivamente allí había una gran sala de suelos de madera, un piano en el medio y ventanales con cortinas blancas alrededor de una gran cristalera. –Dios mío… este lugar es precioso…- corrió las cortinas para que entrase la luz y abrió las ventanas, la brisa entrando de nuevo. El piano estaba limpio y muy cuidado… era impresionante aquella sala.

- Precioso... en efecto. Es... como un salón de baile secreto. – sonrió sinceramente, asomándose a una de las ventanas. El paisaje era increíble, parecía algo de un cuento de hadas. – Me encantaría vivir en un lugar así.

-A mí también…- el moreno sonrió levemente, observándolo y sintiendo como si se enamorase de nuevo… si es que eso era posible sin haber dejado de amarlo. Se sentó en la banqueta, sonriendo levemente y empezando a tocar Arabesque de Schumann, cerrando un poco los ojos y tratando de recordarla correctamente.

Kiken lo observó, sonriendo un poco, no había perdido el toque para nada. Y seguro que llevaba años sin practicar. Se acercó, acariciando sus hombros y su cabello, siguiendo el movimiento de sus dedos con la mirada.

-Me hace pensar en ti… - sonrió tocando sólo unas notas más antes de detenerse. –Sigue tú…- se rió, porque eso hacían tiempo atrás y se apoyó en su pecho para observarlo.

- No he tocado en mucho tiempo... – se excusó, tocando mal la primera nota y riendo un poco, comenzando de nuevo. Se sentía un poco emocional haciendo aquello de nuevo.

Inari sonrió levemente, observando sus manos y sonriendo, siguiendo cuando notó que olvidaba cómo continuaba. Era natural, la había escogido él y no el rubio, lo dejó seguir de nuevo, observando su rostro y besándole una mejilla. –Te quiero…

Kiken sonrió continuando hasta donde podía y deteniéndose luego para mirarlo.- Yo te quiero a ti... Esto es... me trae tantos recuerdos que hasta me siento viejo. – se rió, besándolo luego con suavidad.

-No…- se rió, besándolo de nuevo y acariciando su rostro contra el del chico y suspirando suavemente, cubriendo su mejilla con una mano. –Sigamos un poco más… esta vez puedes elegirla tú…

El rubio sonrió enigmático, encogiéndose de hombros y comenzando a tocar Clair de lune de Debussy, moviendo los dedos de manera suave, tratando de recordar. Inari observándolo y sonriendo, dejándolo a él, disfrutando de su modo de tocar. En realidad, ahora que él había escogido la canción y estaba cogiendo soltura, lo hacía muy bien, siempre le había encantado observarlo de ese modo… Había pensado que se trataba simplemente de admiración, ahora era muy distinto… -Precioso…- sonrió, pensando que cuando llegasen los otros se iban a extrañar, salvo Hikage, de escuchar aquella música por los ventanales de la casa.

...................

Hikage alzó la mirada, efectivamente sorprendido. – Creo que se nos adelantaron...

- Suena muy bien, ¿crees que sea Arashi-senpai? – preguntó Yûsei sonriendo, aunque aún no podía despegar la mirada de aquel paisaje. Jamás había ido a un lugar tan bonito.

- ¿Sabes que yo debería ser Arashi-senpai también? – bromeó el moreno, tocándole la cabeza con un dedo, aunque la verdad, detestaría que lo llamasen así.

-Pues yo más… que soy el más mayor y ya ves… no hay respeto…- Akuba se rió y le pasó el brazo por los hombros a Hikage.

-¿Hay un piano?- Aiken, que se había quedado un poco atrás cogiendo una concha, volvió junto a ellos correteando un poco por el camino arriba.

- ¡¡¡Vestíos!!! ¡Ya hemos llegado!

- Shhhhh... – se rió Yûsei pensando que estaban locos, mientras la música se detenía en el piso de arriba, Kiken suspirando.

- Se nos acabó la paz...

-Y a lo brusco…- Inari suspiró y se asomó por la ventana, saludándolos sin ninguna intención de alzar la voz a gritos. Sonriéndoles levemente.

Aiken les saludó antes de entrar en la casa. – ¡Vamos, Yûsei! ¡Tenemos que quedarnos con la mejor habitación sobrante!- se rió y lo arrastró de la mano para subir con él.

-Eso … ¿no nos deja la peor?- preguntó Akuba echando a correr delante de ellos y empujándolos un poco.

Hikage sacudió la cabeza, caminando a su paso. No le importaba la habitación, igual iban a dormir juntos, mientras Yûsei era casi remolcado por Aiken.

-Noo… te colaste…- Aiken lo miró deseando lanzarle una patada o algo.

-Se siente… tú no me esperaste antes de salir corriendo ¿no? Y ahí tienen dos camitas preciosas para niñitos… que es lo que son… ala… largo, yo ni siquiera puedo estirarme en una cama de 1,75…

-¿Qué pasa?- preguntó Inari bajando las escaleras sonriendo.

-Que Akuba se ha colado para quedarse con el cuarto grande… y el otro tiene dos camas de mierda…

-Aiken…- le riñó a medias Inari aunque sonreía.

-Es que son de mierda… echémoslo a suertes… venga…

El rubio bajó tras Inari, sonriendo. – Por lo menos han reconocido cual es nuestra habitación...

-¿Realmente te importa tanto la habitación, Akuba? – preguntó Hikage apoyándose en uno de sus hombros. – Aunque es cierto que eres más grande... – comentó, pensando en lo de la cama.

- Bueno, pero no discutan. ¿Lo echamos a suerte, Aiken? – le preguntó Yûsei mirándolo.

-Sí… echémoslo a suertes… yo también quiero probar una cama grande…

-Está claro que vosotros sois papá y mamá… por eso nadie lo duda…- Akuba se rió señalando a Inari y a Kiken. –Papá pecho lobo…- se rió al ver cómo llevaba la camisa abierta, el otro apartándose el cabello y suspirando.

-No me importa que me den ese título, pero sería preferible papá y papá… échenlo a suertes… Aiken tampoco mide menos de metro setenta y cinco… - sonrió, aunque sabía que en realidad sí media menos.

-No, qué va…está bien… echémoslo a suertes… pero odio esas camas enanas…

- Yo digo que Yûsei lance la moneda, es el más imparcial aquí... – sugirió Kiken, sonriéndole a Inari por sus palabras.

- ¿En serio? Soy el único que no corrió – suspiró Hikage pero realmente no le importaba mucho, mientras el chico de cabello malva rebuscaba en sus bolsillos sacando una.

-¿Quién elige?

-Hikage… es el más imparcial para mí… que elija él…- Inari cortó a Akuba y a Aiken antes de que dijesen cruz ambos.

El moreno sonrió de manera maliciosa. – Cara – llamó por ver si la suerte estaba de su lado, observando mientras la moneda giraba en el aire, Yûsei abriendo los ojos, y repitiendo.

- Cara...

- ¡Ja!- Akuba abrazó a Hikage, besándole la mejilla y alzándolo en brazos, metiéndolo en el cuarto y cerrando la puerta antes de tirarse sobre él en la cama y levantarle la camiseta con los dientes. Sólo estaba jugando, ni siquiera sabía por qué estaba tan hiperactivo, seguramente por estar en el campo.

-Debí escoger yo… ¡aj!…- Aiken se quejó, e Inari sonrió levemente.

-¿Sabes lo que hacíamos mi hermano y yo a veces?... Apartábamos los jergones y luego poníamos los colchones en el suelo con una manta por encima… así no se separaban aunque te acostases en el medio… Era como una cama grande…- golpeó un poco la puerta de su hermano sin abrirla. –Dejen eso para cuando yo no tenga que escucharlos….

- ¡No hacemos nada! – se rió Hikage desde dentro, alborotándole el cabello a Akuba, que estaba mordiéndole el abdomen juguetonamente.

- Vamos, hagamos lo que dice Inari- meneó la cabeza Kiken, bajando del todo, y sujetando la mano de Yûsei y la de Aiken para llevarlos a ambos a su cuarto, el chico de cabello malva riendo un poco, porque en serio parecían una familia.

- A mí no me molesta... No es nada.

-Yûsei… sí te tiene que molestar… ¿no quieres dormir conmigo? Los dos no cabemos bien en esa cama enana…

-Pero la de tu casa es enorme… la de mi hermano y la de Akuba no… supongo que la suerte fue justa en esta ocasión… ¿no crees?- preguntó Inari ayudándolos.

-Está bien…- admitió el chico limitándose a colocar los colchones.

-No puedes mangonear a Akuba…- Inari se rió porque sabía lo mucho que le gustaba al chico imponerse a los demás.

Akuba salió del cuarto tras dejar su bolsa de cualquier manera en el cuarto como Hikage y se quitó los jeans por el camino. -¿Vamos a la playa?- les preguntó afuera aunque él ya estaba en bañador. –Eh… Kiken… ¿vamos a la playa?

- Yo diría que sí, déjame cambiarme. Inari... ¿vienes? – le preguntó, porque deseaba que les acompañase, estaba entusiasmado con nadar.

Hikage aún tirado en la cama, descansando de la subida.

-No… creo que me quedaré un rato con mi hermano…- miró hacia el cuarto y sonrió pensando que sería un estorbo si iban a practicar. Ya no le importaba dejarlos a solas en realidad, mucho menos después de lo que él y Kiken acababan de compartir allí arriba… -Luego bajaremos dando un paseo… ¿te parece bien?- le preguntó a su hermano desde el marco de la puerta.

Aiken mirándolos y luego a Yûsei. –Yo quiero ir al bosque donde eso… ¿vamos Yûsei?

- Sí, tenía ganas de pasear. – sonrió el chico activándose, Hikage sonriendo.

- Vale, pero dijiste que querías quedarte conmigo.... Nos quedamos aquí. – bromeó, sin muchos deseos de levantarse.

- Bien, nos vemos luego. – Kiken besó a su novio brevemente en los labios, dirigiéndose a su habitación y regresando al poco tiempo en bañador y camiseta.

-Vale…- le sonrió y le dio una nalgadita, deteniéndolo para besarlo profundamente. –Ten cuidado… luego voy contigo

Akuba se rió un poco. –No nos vamos a otro país… ¡No tardes Hikage!

El chico sólo alzó la mano, riendo. No se iba a quedar dormido, sólo quería descansar y en realidad, también deseaba hablar un poco con Inari, aunque no quisiera confesarlo.

- Vamos, Akuba. A ver qué tanto has mejorado... – lo retó Kiken, aunque ahora practicasen juntos, antes de salir de la casa.


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