.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 93- Guardians of the Chosen

Aiken despidió a Yûsei con la mano, sonriéndole y caminando de vuelta a casa, guardándose las manos en los bolsillos de la cazadora negra y mirando al cielo. Estaba ya bastante oscuro, se habían entretenido demasiado hablando en el parque, le gustaba mucho estar con Yûsei a solas, había sido bastante baka huyendo de aquello al principio.

Escuchó graznar a un cuerno y su corazón dio un brinco. Miró al cielo, observando al pájaro negro atravesarlo en dirección al parque donde antes había estado con Yûsei. Echó a correr siguiendo la misma dirección que trazaba el pájaro, no sabía por qué… pero tenía miedo… un miedo extraño, un miedo que se metía en tus huesos y parecía estrangularte el corazón.

Escuchó unos pasos tras él entonces ¿lo seguían? Definitivamente estaban corriendo, corrió más deprisa, tanto como podía, escondiéndose entre los árboles. Rogando porque lo dejasen en paz. Ni siquiera sabía quienes eran, pero se temía lo peor. Sólo un momento la imagen de aquellos dos cabrones pasó por su cabeza, como si pudiera verlos correr tras él desde arriba. ¿Qué significaba eso? ¿Era una visión? Aún así, tenía demasiado miedo para moverse.

Y no tuvo mucho tiempo de moverse, antes de que pudiera reaccionar, los dos chicos ya estaba demasiado cerca.

- Mira eso... tan valiente como se pone y ahora se está escondiendo... ¿Te comió las pelotas tu noviecito? – se rió Togashi, blandiendo una llave de mecánica en una mano, Asakura, colocándose tras Aiken, metiéndole una patada sin avisar, y sobresaltándose un poco al escuchar el graznido del cuervo.

El moreno, que ni los había notado acercarse tanto, se cayó a un lado, arrastrándose un poco por la hierba hasta ponerse de pie, corriendo por el parque, hijos de puta… llevaban una llave inglesa, ¿es que lo querían matar? No se lo podía creer, dos contra uno y más mayores y tenían el rostro de decirle que era un cobarde. Corrió a través del puente, las maderas de este resonando.

Togashi atrapándolo por el cuello de la cazadora y ahogándolo de golpe. El chico cayó se espaldas tosiendo y tratando de soltarse, cubriéndose con la mano al notar la llave inglesa que se le venía encima y le golpeaba en el pómulo. Dolía… dolía mucho, se escuchó gritar casi como si fuera otra persona, la bota de Asakura golpeándole la ceja y abriéndosela.

Se giró escabulléndose mareado a gatas y sintiendo cómo lo levantaban entre ambos. Lo empujaron de golpe contra el borde del puente, haciéndolo colgar boca abajo. -¿Te dejamos caer al río, imbécil?

El chico se quedó casi inmóvil, no quería caerse… seguro que se abría la cabeza o se ahogaba, estaba demasiado mareado por el golpe de la llave. Los graznidos del cuervo le aturdían.

- No responde, ¿te dejamos caer? – Togashi lo soltó por un instante, dejándolo resbalar y sujetándolo de nuevo, riendo, sacudiéndolo un poco.

- Pídenos perdón por ser tan mariquita y te subimos... Anda... – habló Asakura ahora, lanzándole unas ramitas por el cuerpo, sólo por molestar. Estaba harto de esos enanos, seguro tenían la culpa de todo lo que había estado pasando.

El cuervo descendió, posándose en la baranda del puente, graznando y sacudiendo las alas, finalmente quedándose quieto.

- Oye... ese cuervo... – el rubio retrocedió, asustado de pronto y recordando lo que había visto en el cementerio, Togashi lanzándole una mirada de desespero.

- ¡No me vengas con idioteces! ¡Es un pájaro! – sacudió al otro chico de nuevo. – ¡Anda, dilo!

Aiken siguió callado, no les iba a pedir perdón por nada, ni siquiera era muy consciente de lo que estaba ocurriendo, sólo de que estaba mareado, de que le dolía. La sangre resbalaba desde su pómulo cubriendo su ojo de sangre y haciendo que lo viera todo enrojecido, sentía cómo goteaba por su frente y la veía caer al agua del río.

Le hubiera gustado que ese cuervo realmente fuera Hugin o Munin. Que les arrancase los ojos y se los tragase…

- ¡Habla, imbécil!- Togashi lo sacudió contra las barandillas, subiéndolo y tirándolo al puente, pegándole una patada en el estómago, haciéndolo encogerse y cubrirse de nuevo. En otro momento, hubiera llorado o tenido miedo, pero en ese momento sólo pensaba en Yûsei, no quería dejarlo solo.

-Eh, Togashi cuidado a ver si te pasas…- Asakura se rió y le pegó una patada en la espalda de todos modos.

El cuervo graznando con más fuerza y sobrevolando por encima de ellos en círculos.

- ¡Dejadme ya!- el moreno trató de levantarse pero sólo consiguió otro golpe esta vez en las costillas, rodó un poco por el puente y resbaló. Togashi agachándose rápidamente para sujetarlo, pero no lo suficiente.

Se escuchó el salpicar del agua cuando cae algo pesado y ambos observaron cómo flotaba hacia la orilla. – ¡Vámonos de aquí!- Asakura sujetó a Togashi del brazo. Aquel cuervo seguía graznando sin cesar.

El pelirrojo soltándose y echando a correr de todos modos, no pretendían eso… ¿Qué iban a hacer ahora? – ¡Corre imbécil y cállate ya!

................................

Hikage abrió los ojos, sintiéndose algo extraño. Le parecía que lo llamaban, pero allí no había nadie más que Akuba, y más dormido, no podía estar. Sonrió, preguntándose si soñaba con él, y pasando la mano por aquel mechón blanco. Más su sonrisa se congeló al escuchar el apagado graznido de un cuervo. Seguro era eso lo que lo había despertado. Se levantó de la cama, vistiéndose sin esperar más y sin saber realmente por qué, pero necesitaba ir a ver. Lo único que no deseaba era despertar a Akuba. Salió de la habitación con cuidado, y al bajar las escaleras... Allí estaba, graznando y moviéndose sobre el sofá, las cortinas ondeando en el viento, aunque no recordaba haber dejado la ventana abierta. El chico se quedó quieto observándolo, mirándolo a los ojos. El cuervo graznó una vez más, echando a volar.

- ¡Eh, espera! – Hikage lo llamó, cubriéndose la boca después y saliendo de la casa, apenas con tiempo de agarrar una cazadora, deteniéndose de nuevo al ver que el pájaro lo estaba esperando. Una vez más echó a volar, y antes de que pudiera pensar siquiera en lo que hacía, o en el chico dormido en su cuarto, Hikage echó a correr tras él, en dirección al parque.

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El cuerpo de Aiken estaba flotando en el río hacia la orilla, había tragado demasiada agua, no había podido hacer nada a causa del golpe recibido en la cabeza, ni siquiera sabía qué estaba pasando, sentía mucho frío… Sólo eso, frío y miedo… De nuevo aquel terror que helaba la sangre aún más gélido que aquella agua corriente.

La visión de unos ojos dorados y fieros, un grito, de nuevo en aquella lengua extraña y el gruñido de un perro… ¿un perro? Abrió los ojos de pronto, su mirada congelándose ante los ojos dorados y el belfo de un enorme lobo que tenía su brazo en la boca, pero no le estaba haciendo daño… Tosió convulsivamente, escupiendo agua enlodada.

- ¡Aiken! ¡Aiken! – lo llamó el chico que se aproximaba, precedido por el cuervo. Se detuvo al observar aquel lobo enorme a su lado, no sabía qué hacer. Jamás había visto uno siquiera. Pero el lobo sólo lo miró, el cuervo yendo a pararse sobre su cabeza, mientras retrocedían apenas un poco. – Aiken... – Hikage se apresuró en ir a su lado, mirando de soslayo a los animales, ya que aún así, lo inquietaban un poco.

-Le dije a Yûsei… que Odín no era malo…- murmuró el moreno que estaba completamente magullado, ni siquiera se preguntaba qué hacía ahí Hikage, lo sabía.

- ¿Qué sucedió? Fue Odín, ¿verdad? Quien me trajo aquí... – lo ayudó a enderezarse un poco, mirando a los animales e inclinando un poco la cabeza en señal de agradecimiento. – Fueron ellos...

-No lo sé… pero he visto cosas… que no debería haber visto…- se apoyó en él. No podía levantarse, seguía muy mareado y adolorido. Se tocó el pómulo, era lo que más le dolía aunque no le hubiera sorprendido que lo del estómago fuera peor. Alzó la mano al lobo que le gruñó mostrando los dientes y luego le lamió la mano, le había asustado por un momento, pero no tenía fuerzas ni para tener los reflejos de apartarla. -¿Cómo se llamaban los lobos?

- Déjame ver si recuerdo... – sonrió, pensando que tenía muy mala memoria de veras. Sin embargo, los nombres vinieron a su mente sin demasiado esfuerzo. – Geri y Freki- contestó, mirando al lobo. – Me pregunto ¿cual eres tú?.... Aiken... ¿quieres ir al hospital? No te ves bien.

-No quiero… pero vamos… porque me han pegado con una llave inglesa… no quisiera tener un derrame interno o yo qué sé… sin saberlo…- se levantó con ayuda del chico, le dolían infernalmente las costillas. –Espero no haberme roto una costilla…- le pasó la mano por la cabeza al lobo antes de ir con Hikaru. –No voy a denunciar a la policía… Ya… te iba a llamar… porque tengo una idea… una buena…

- Dime... sabes que nos vengaremos... – sonrió apoyándolo, y de paso sujetándolo con cuidado para ayudarlo a caminar. – Haremos lo que tú decidas. – le aseguró, pensando que esta se la debían. Además, tal parecía que Aiken y Yûsei siempre sufrían lo peor.

-No sé cómo los voy a llevar a ese cementerio abandonado… seguramente con el beleño sea suficiente para ordenárselo… luego los meteré en una de esas tumbas… la cementaré… y lo dejaré ahí a pudrirse lentamente… hasta que se muera… Nadie va a ir a buscar ahí… sólo hay… que conseguir que no nos descubran… que no lo vean ir allí…ug…- se apretó un poco el estómago caminando con el chico a su lado.

- Es excelente... – sonrió Hikage, reduciendo el paso para no hacerle daño. – Me parece una idea perfecta. Tal vez... podamos hacer que uno entierre al otro. No te preocupes porque los vean, ya pensaré en algo... Lo importante es que no nos vean a nosotros.

-Lo mejor es que no los vea nadie… eso sería lo mejor… que crean que han desaparecido… y conseguir echarles los polvos cuando no estén en casa… No podemos comprometernos… le prometí a Yûsei… que no me metería en problemas… sé… que en unos pueblos de… Sudamérica creo… utilizan unos polvos… de ese tipo… se puede hacer en un sólo segundo… en cualquier lado… no haría falta que estuvieran dormidos ni siquiera…

- Yo lo haré, mira... ¿crees que esos polvos funcionen por cierto tiempo? Porque creo que deberíamos darles la orden, pero que no lo hagan enseguida o seremos los sospechosos número uno. Es más, necesitamos que actúen como siempre o al menos que no le hablen a nadie mucho... – meditó, completamente dejándose llevar por aquel plan. No estaba pensando en si eran seres vivos o en si estaba bien o mal, tan sólo deseaba librarse de ellos.

-Para toda la vida… te destrozan el cerebro… te vuelven un zombi… en vida… obedeces, pero no vuelves a tener gusto ni razón… No… harían cosas como gritar… o portarse normalmente… pero creo que no importa… si la gente cree que están raros o drogados y luego desaparecen… eso sólo sería mejor para nosotros ¿no?- se enderezó un poco más mientras caminaban, hablando de aquello sin darse cuenta de que ya apenas le dolía y había dejado de sangrar. –Quiero que se mueran… que se muera y se jodan… por lo que me han hecho hoy… casi me matan… esos cabrones…

- Lo sé, ya es suficiente. De todos modos, no creo que muchos se lamenten por su pérdida... – suspiró, observándolo y soltándolo de pronto. Estaba caminando como si nada, ni siquiera se había dado cuenta de que ya no necesitaba su ayuda. – Aiken... creo que estás bien – le señaló, estupefacto.

-Sí… ¡sí! ¡Es verdad!- se tocó el abdomen, le dolía si se apretaba y tenía una magulladura en tono amarillento como si se lo hubiera hecho hace mucho tiempo. –Hubiera jurado que tenía una costilla rota…- se tocó la ceja, pero sólo tenía la cortada, ya no estaba hinchado… al igual que su pómulo, tenía la herida… pero ya no estaba la piel abierta. Se detuvo mirando a Hikage a los ojos y sonriendo, riéndose de pronto y tapándose un poco los ojos con la mano, no podía creérselo. ¿De veras era posible algo así?

El chico se empezó a reír, maravillado, y le tocó el pecho a Aiken. – ¡Esto es genial! ¿Crees que hayan sido los animales? O... ¡tal vez es eso! ¡Tal vez nos dieron este poder cuando nos tocaron!

-Yo creo… que ha sido ese poder que nos han dado… cuando huía de ellos… el cuervo llegó antes… pasó por encima de mí… estaba escondido y no sé si vas a creerme pero vi… con sus ojos… vi que eran ellos y venían a por mí…- le explicó totalmente entusiasmado y embebido de aquel poder recién ganado.

- ¡Claro que te creo! ¡Esto es genial! ¡Dios! – se pasó las manos por el cabello, completamente extasiado con lo que estaba sucediendo. – Odín... ¡ya sabía que nos habían elegido! Están de nuestro lado...

Aiken se rió y lo abrazó, completamente excitado por aquello, era increíble. Se apartó aún sonriendo, se moría de ganas de contárselo a Yûsei pero no sabía si era buena idea. -Es un secreto- sentenció de pronto, sin pensarlo siquiera.

- Un secreto... – repitió el chico pensando en su promesa a Akuba, pero no lo comprendería, se enfadaría. – Debo regresar a casa... antes de que despierte- murmuró pensativo.

- ¿Akuba?- preguntó el chico imaginando que hablaba de él. –No sé cómo vamos a hacer para vengarnos con él de por medio…

-Yo me encargo de Akuba... – lo miró, serio, como diciéndole que no se le ocurriera pensar en hacerle nada. – Si no logro convencerlo... tendré que hacerlo a sus espaldas.

-¿Cómo? ¿Crees que puedes ausentarte toda una noche sin que se dé cuenta? Tendría que dormir como un oso…

- Sólo estará conmigo hasta que mis padres regresen, y mis padres no se darían cuenta... – protestó, desviando la mirada. – O... podría usar algunos polvos... pero...

-Deberías… pero no me importa hacerlo solo de todos modos, ya te lo dije, tal vez Inari quisiera acompañarme…no voy a esperar una semana a que regresen tus padres… no tengo ganas de que la próxima vez sea a Yûsei a quien encuentren solo por la calle…

- No, tienes razón... te dije que no te iba a dejar solo. – lo miró a los ojos, negando con la cabeza luego. – Lo haré, pero sólo si no logro convencerlo.

-Podrías usar un somnífero de farmacia… será más seguro…para su salud…- lo miró a los ojos fijamente. –Vuelve a casa antes de que se despierte yo voy a ver a Yûsei…

- Vale, haré eso... ten cuidado.- se despidió, algo inquieto. Sabía lo que tenía que hacer, sólo esperaba que Akuba jamás se enterase, o que al menos lo llegase a comprender algún día.

-Ten cuidado tú también…-el chico lo miró un momento y le sonrió. – Gracias…

- No me lo agradezcas, ¿harías lo mismo por mí, no? – le sonrió de vuelta, antes de girarse.

-Claro que sí… eres mi mejor amigo…- lo observó marcharse y sonrió levemente, caminando unos pasos hacia él y abrazándolo con fuerza antes de soltarlo y echar a correr hacia la casa de Yûsei. Ya vería cómo se colaba.

- Baka... – murmuró Hikage, sonriendo un poco, conmovido, antes de echarse a correr hacia su propia casa, todo el camino rogando porque Akuba no lo estuviera esperando con cara de demonio.

 

 


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