SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 85- House Calls
Yûsei se giró de pronto, ya en la habitación, enrojeciendo nervioso,
simplemente por pensar en lo que iba a suceder. - ¿Crees que Aiken
y Kiken lo vayan a pasar bien?
-¿Por qué no?- el moreno sonrió observándolo y notando lo nervioso
que estaba. -¿Quieres tomar algo antes?- movió un poco la cabeza
como invitándolo a que le dijese qué deseaba. Le pasó la mano por
el cabello observando su rostro sonrojado. -¿Por qué estás tan excitado,
Yûsei?
- Aiken me estuvo preparando... – sonrió, más avergonzado, aunque
le daba un poco de risa estar así. – Y me la paso pensando...
Inari se sentó a su lado en la cama y le acarició una mejilla,
tumbándolo con suavidad y acariciándole el pecho. -¿En qué piensas?-
sonrió levemente, tocándole los pezones al notar lo suavemente que
se abultaban bajo la tela, deslizando la mano por dentro para tocarlos
directamente. –Tengo entendido que a Aiken le gusta hacerlo un tanto…
diferente ¿a ti también?
- A mí... a mí... – lo miró, enrojeciendo de nuevo, excitado por
cómo lo tocaba. – Pienso en tu cuerpo y... a mí... lo puedes hacer
como quieras. Aunque me gusta que Aiken me domine...
-Ya me parecía… que no era posible que alguien disfrutase de causarle
dolor a un niño como tú…- sonrió lamiéndose el labio y subiéndose
con las rodillas a los lados de su cintura. Le subió la camiseta
atándole las muñecas con ella suavemente y alzándole los brazos,
era precioso… Deslizó las manos por su pecho de nuevo, apretando
un poco uno de sus pezones al sentir el tacto e inclinándose a lamerlo.
Succionándolo y mordiéndolo con suavidad mientras sus manos se deslizaban
por dentro de las piernas del pantalón corto hacia arriba, sintiendo
un golpe de calor al percatarse de que no llevaba ropa interior
y estaba mojado por los flujos. –Yûsei… he estado esperando esto…
- Ah... Arashi-senpai... – gimió el chico, retorciéndose un poco
por la excitación y el golpe de calor que había sentido como reacción
a aquel leve roce de sus manos. Lo miró a los ojos, deseoso. – Yo
también... lo había deseado...
-Se dice… lo estaba deseando…- se rió. En realidad le parecía encantador
y se inclinó sobre él, apartándose un poco el cabello mientras lo
besaba y acariciando su sexo sobre la tela con una mano, apartándose
para ver cómo se abultaba sobre los shorts. Lo giró en la cama,
observando sus nalgas y apretándolas con las manos. –Te quedan muy
bien estos shorts, Yûsei…- le tiró de las caderas un poco para que
alzase las nalgas y le cerró las piernas, tirando de su sexo hacia
atrás para dejarlo a la vista. Sobresalía por una de las piernas
del pantalón y tocó la punta con los dedos, sonriendo y jugueteando
con el líquido que lo pringaba. –Yûsei… qué grande…- le metió la
mano bajo el pantalón y la sujetó con la mano, apretándosela y masajeándola
hacia abajo. –Precioso…
El chico gimió varias veces, estremeciéndose. Si alguien le hubiera
dicho que estaría haciendo eso tan sólo unos meses atrás, no lo
hubiera creído. – Arashi.-senpai... hay algo que... hay algo que
quiero hacer... – consiguió decirle por fin, recordando las palabras
de Aiken.
-¿Qué es?- le preguntó excitado por la visión del chico, bajándole
los pantalones despacio y quitándoselos, observando la zona de látex
azul que sobresalía entre sus nalgas. -¿Qué llevas aquí?- se rió
con suavidad, rozando su ano alrededor, deslizando el dedo por sus
flujos y metiéndolo un poco incluso para rozar la superficie redondeada.
- Ah... ah... es... algo que me puso Aiken... Dice... que duele
menos, pero... a mí me excita además... – se rió a pesar de que
jadeaba, casi sin poder controlar la manera en la que se movía su
cuerpo. - ¿Te... te gusta?...
-Me gusta mucho…- le separó las nalgas con los pulgares, observando
su ano y cómo se movía el chico por la excitación. Se inclinó hacia
él, lamiéndolo y deslizando la lengua entre el látex y el ano del
chico, recordando lo que le había dicho antes sobre que le gustaba
ser dominado. Bajó un dedo por sus testículos y a lo largo de su
sexo, jugando de nuevo en la punta de este, haciéndolo estremecerse.
–Déjalo salir, Yûsei… pero no uses las manos… empuja… seguro que
puedes…
- No sé si puedo... – sonrió, pujando y en vez de hacerlo salir,
sintiéndolo más, gimiendo. – Pero luego... me dejas hacer algo...
– le pidió, mirándolo a los ojos, cohibido de estar ante su mirada,
pero aquello era aún mejor. Aiken tenía razón en muchas cosas. Se
movió de nuevo, gimiendo cada vez que rozaba el látex sacándolo
a una velocidad casi nula.
Inari observando cómo se dilataba su ano y contraía cada vez que
pujaba por sacarlo, finalmente la bolita azul cayendo sobre la colcha
del mayor, los flujos junto a aquel líquido resbalando por los testículos
y el sexo de Yûsei. –Puedes hacer lo que desees… - le concedió el
mayor, jugando con sus testículos mojados y su sexo, masajeándolo
y disfrutando de su forma de moverse. Realmente Aiken… sabía cómo
jugar.
- Ahn... pero así no puedo... – se rió, porque no dejaba de gemir,
se sentía sumamente rojo. Se alejó un poco mirándolo. – Siéntate
por favor, y déjame hacer a mí...
-Como quieras…- sonrió levemente, quitándose la camiseta y el jersey
de una vez, antes de sentarse en la cama, observando cómo se movía
delicadamente aunque como algo adormilado por la excitación. Le
acarició bajo la quijada, besándolo antes de dejarlo hacer lo que
quisiera, soltándole las manos para complacerlo.
- Senpai... – murmuró, el chico, desabrochándole el pantalón y
bajándolo un poco, junto a la ropa interior, para poder sacar su
sexo. Lo miró, con incredulidad, sonriendo y comenzando a lamerlo
lentamente primero, succionándolo después, cada vez más hasta metérselo
a la boca por completo, cerrando los ojos.
-Oh…- el moreno se levantó manteniéndolo contra su sexo con una
mano, dejando resbalar el pantalón por sus piernas y bajando las
manos, sujetándole las muñecas a Yûsei y apretándoselas un poco
mientras movía las caderas para follarse su boca. Movió un poco
la cabeza para apartarse el cabello de la cara, jadeando y sonriendo
levemente. –Eres bueno…
- Mhmmm... – contestó el chico, sintiendo cómo su sexo pulsaba
sólo por sentir al moreno moverse así contra sus labios, su sexo
hinchado llenando su boca, mientras su lengua continuaba el proceso
de lamer y humedecerlo.
Inari le sujetó las manos, apoyándoselas contra el abdomen y llevando
las suyas al cabello del chico, revolviéndoselo y jadeando con suavidad
a pesar del placer. –Yûsei… ¿no prefieres que yo me ocupe de ti
mientras?... – le tocó el sexo con el pie, observando cómo se estremecía.
–Podemos corrernos cuantas veces quieras…
- Mhm... – negó, aunque casi no aguantaba, su sexo estaba totalmente
erguido entre sus piernas, se sentía duro, pero el sólo pensar en
la voz de Aiken, diciéndole lo que debía hacer, mientras lamía el
sexo de Inari, mirándolo ahora, sus ojos vidriosos por la excitación,
aquello era incomparable.
-Está bien…- su respiración tembló mientras suspiraba. Observando
aquella mirada y apretando las mandíbulas, realmente era muy cute…
precioso, de un modo muy distinto a Kiken… pero precioso. Entrecerró
los ojos, dejándolo hacer y sentándose de nuevo, en el borde de
la cama, atrayéndolo hacia él y ayudándolo a volver a metérsela
en la boca, llevándolo cómo deseaba con una mano. –Ponte a gatas
mientras lo haces- le ordenó, comprendiendo que debía de ser por
eso que lo deseaba de ese modo.
El chico lo obedeció, entre nervioso y caliente, sin dejar de succionar.
La piel de Inari sabía exactamente como la había imaginado, como
si jamás se ensuciara ni sudara. Su sexo goteaba, mojando su lengua,
y haciendo que tuviera que tragar cada cierto tiempo.
Inari deslizó una mano por su espalda, bajando los dedos entre
sus nalgas y empujando tres dentro de él. Resbalaban perfectamente
gracias a lo que el chico había llevado dentro del cuerpo. Se estremeció
sólo de pensar en entrar en su cuerpo, empujándolo más contra su
sexo con la otra mano. –Un poco más…- susurró con voz suave, deslizando
una pierna entre las del chico y apretando el tobillo contra su
sexo y sus testículos. Deslizando los dedos dentro de él por su
espalda de nuevo, mojándola a su paso y sujetando su cabeza con
ambas manos –Me corroh…- jadeó, manteniéndolo contra él ahora con
más fuerza, jadeando y estremeciéndose hasta derramarse en su boca.
Yûsei lamiendo todo aquel líquido, sin dejar que se desperdiciase
lo más mínimo, aún cuando luchaba por no gemir, su ano apretando
los dedos de Inari, su sexo pulsando con fuerza. Deslizó su lengua
con suavidad a lo largo del sexo del moreno, limpiándolo por completo,
tragando, y separándose de él, un poco tembloroso en sus actos.
Se puso de pie, subiendo a la cama, y acostándose boca arriba, sujetando
sus piernas tal y como le había indicado Aiken. – Arashi-senpai...
quiero... quiero que me lo metas, quiero que lo hagas... – le pidió,
jadeante y sonrojado. – Por favor...
El moreno se arrodilló en la cama, su sexo pulsando e irguiéndose
lo poco que se había bajado con sólo observarlo en aquella posición,
pidiéndole que se lo hiciera de ese modo. Sonrió jadeando e inclinándolo
más, tirando un poco de su sexo y rozándole los labios con él. -¿Sabías
que te llegaba ahí?- lo frotó, tirando de él un poco y doblándolo
más sobre sí mismo, sujetándole las piernas para mantenerlo así
y rozando su sexo contra él, penetrándolo y apretando las mandíbulas
por lo sensible que estaba aún, aguantándose el alzar la voz, casi
dejando escapar un gruñido entre dientes. Penetrarlo tan mojado
y caliente… no había palabras para describir la sensación.
- Arashi... senpai... ah... – gimió el chico, estremeciéndose,
y apretando sus piernas, su sexo caliente más allá de las palabras.
Pero se aguantaba porque le agradaba sentir ese movimiento dentro
de su ano, ya de sobra lubricado. El peso de su cuerpo sobre el
suyo.
-Yûsei…- el moreno se echó sobre él, abrazándolo con fuerza bajo
su cuerpo y besándolo profundamente. Era muy extraño besar a Yûsei
de ese modo, pero también muy excitante, la saliva resbalaba entre
los labios de ambos y su sexo pulsaba como loco en el interior del
chico. Bajó una mano por su espalda, arqueándola para pegarlo más
a él y deslizando la otra por sus nalgas, empujando tres dedos junto
a su sexo, moviéndolos a distinto ritmo y besándolo más profundamente.
Rompió el beso para mirarlo a los ojos. -Eres muy dulce Yûsei…te
comería…
- Arashi-senpai... eres muy extraño... – sonrió el chico sosteniendo
su mirada, abrazado a él, entrecerrando los ojos luego, para gemir,
moviéndose contra su cuerpo, su sexo aprisionado entre ambos, pulsando
y haciéndolo correrse casi inmediatamente por la excitación que
llevaba desde un principio, Yûsei jadeando y respirando agitado.
Inari lo miró serio por lo excitado que estaba, apoyando una mano
al lado de su cabeza y moviéndose mejor sobre él, observando el
semen que salpicaba desde su sexo sin ayuda alguna, era muy excitante…
Se inclinó a lamer el que había caído sobre su cuello y su mandíbula,
mordiéndole un poco la quijada y el labio, mientras buscaba el orgasmo
con algo de esfuerzo debido a lo reciente, apretando con fuerza
hasta conseguir correrse, empujándose todo lo profundamente que
podía dentro de su cuerpo, jadeando sobre él hasta que dejó salir
la última gota de semen en su cuerpo.
Yûsei pegándose más a él, sonriendo. Había sido increíble. – Arashi-senpai...
eres muy fuerte. – susurró, riendo un poco después.
El moreno se rió con suavidad, acariciándole el cabello y recostándose
a su lado, girándolo hacia él para abrazarlo mejor. Lo besó con
suavidad mirándolo a los ojos después. -¿Estás cansado Yûsei? Podemos
descansar un rato… ducharnos… e ir a buscar un helado para el camino…
¿Cómo te suena?
- Me encanta... – sonrió emocionado, pensando que Inari era realmente
increíble, y lo besó ahora él, de manera breve y suave. Cerró los
ojos preguntándose por un momento si debía decirle lo sucedido,
o si no era asunto suyo meterse en eso.
-Kiken y yo hemos pensado en ir mañana a la playa… ¿querréis venir?-
lo tapó con la sabana para que no pasase frío, arropándolo un poco,
realmente daban ganas de comérselo.
- Claro, ¿seguro que quieren que vayamos? – le preguntó, mirándolo
a los ojos, no quería entrometerse, aunque suponía que si lo invitaban,
no era problema.
-Claro que sí…- se rió con suavidad, apoyándose en un codo y acariciándole
el rostro con la otra mano. –También invitaremos a mi hermano y
a su novio, ¿sabes que Kiken y yo no estamos todo el tiempo metiéndonos
mano?- se burló un poco. Acariciándole el cabello después. –No vais
a molestarnos… volveremos a casa por la noche… supongo que puedo
llevarme el coche de mi madre… ¿Sabrá Akuba conducir?
- No lo sé, ayer fuimos en tren... – sonrió, riendo un poco luego.
– Y ya lo sé, seguro hacen muchas cosas más... Arashi-senpai...
no has estado en tu casa desde ayer, ¿verdad?
- … sí, me fui ayer por la tarde. ¿Por qué?- lo miró aún sonriendo
levemente.
- Porque Hikage... tu hermano. – lo miró, aún dudando un poco de
decírselo, pero sabía que lo quería mucho. – Algo sucedió anoche
cuando estábamos en el cementerio. Y... creo que Akuba y Hikage
pelearon. No se hablaban ni se miraban al día siguiente.
-¿Ah sí?- el moreno se sentó mejor en la cama, estirando el brazo
y preguntándose si estaba en el cuarto de al lado, aún encima de
que no habían sido nada discretos con el volumen al hacerlo. -¿No
sabes por qué discutieron?
- Hum... sí lo sé, más o menos... Pero no sé si no debería esperar
a que te lo contase Hikage... – murmuró, un poco rojo.
-Hum…- sonrió levemente, tocándole la punta de la nariz y los labios.
–Está bien, no te voy a meter en un compromiso… iré a hablar con
él… ¿te importa? Puedes descansar o ducharte si quieres… no tardaré
mucho…
- No, comprendo... – le sonrió, asintiendo, un poco preocupado
de que no volviera, pero lo entendía. No iba a ser egoísta.
-Está bien…- le besó la frente y se cubrió con un yukata de verano.
–Has hecho bien diciéndomelo...- lo tranquilizó, sonriendo levemente
y saliendo de su cuarto para ir hasta el de su hermano, llamando
a la puerta y esperando un poco. –Hikaru ¿puedo pasar?
El chico miró la puerta, sobresaltado. Los había escuchado pero
así como estaban de ocupados, no esperaba que vinieran a su cuarto.
Se limpió los ojos, halándose la camiseta de mangas largas para
cubrirse el brazo, y poniéndose de pie, apenas abriendo la puerta
un poco. - ¿Qué sucede?
El moreno apoyó la mano en la puerta, empujándola un poco para
entrar. –No sabía que estabas aquí… y mucho menos lo que había sucedido…
- lo miró a los ojos, notando que había estado llorando y poniéndose
terriblemente serio, acercándolo a él para abrazarlo. –Podías haberme
llamado…
- ¿Cómo lo supiste? – le preguntó, sintiéndose débil porque lo
abrazara y aún así aferrándose a él, como si se fuera a caer si
no lo hacía.
-Yûsei, me lo acaba de decir… estaba preocupado- lo disculpó, acariciándole
el cabello y llevándolo a sentarse en la cama con él. -¿Qué sucedió?
- ¿No lo sabes? – lo miró, preguntándose cuanto debía decirle.
– Sucedió... bueno, sucedieron muchas cosas, con la magia, y Akuba
se molestó. Piensa que he ido demasiado lejos, pero... no es eso.
– murmuró, bajando el rostro. Se sentía perdido sin Akuba.
Inari le sujetó la cara con una mano con suavidad, notando la humedad
en sus mejillas y suspirando. –La verdad es que sí fuimos un poco
lejos la última vez… Kiken también se molestó conmigo a pesar de
que no le conté… cuan lejos fuimos… me avergonzaba un poco… temía
su reacción…- lo subió a sus piernas para ver si se tranquilizaba
un poco, abrazándolo. –Es normal que se haya molestado y es normal
discutir… eso no quiere decir nada… no va a dejarte por eso… a veces
el orgullo… juega muy malas pasadas…
- Me lo ordenó... debería saberlo... – protestó el chico temblando
un poco, y cerrando los ojos. – Va a dejar de quererme... Y no.
No sabes, lo que hicieron... nos siguieron.
-¿Os siguieron?- le apretó el hombro un poco sin querer, alterándose
y pensando de paso que no tenía derecho a ordenarle nada a su hermano,
pero prefiriendo no meterse en los asuntos de pareja de los demás,
más de lo necesario.
- Yûsei no te contó eso, ¿verdad? – sonrió un poco, aunque no era
una sonrisa de alegría precisamente. – Lo encerraron en un nicho.
A nosotros en un mausoleo, pero conseguimos salir. Yûsei hubiera
podido haber muerto... Y aún así... ¿es demasiado para ellos?
Inari lo miró serio, realmente furioso, tanto que le temblaban
ligeramente las manos. -¿Y quien hizo eso? ¿Togashi y Asakura?-
preguntó apretando un poco las mandíbulas, Aiken y Yûsei no les
habían dicho nada. -¿Y qué fue lo que tú hiciste para que Akuba
se molestase?- preguntó sinceramente sin saber qué habría podido
haber hecho su hermano peor que eso.
- Nada, lo mismo que ya sabes. – negó con la cabeza. – Es por lo
que hicieron ellos, y por... – desvió la mirada, nervioso, sin saber
si debía contarle aquello. No quería tener una pelea con él también,
lo que quería era desaparecer. – Porque yo no estoy de acuerdo con
él, sigo pensando que lo merecen.
-Ya… - suspiró abrazándolo un poco contra él. –E imagino que ambos
empezaron a discutir tratando de imponer la idea de uno al otro…
- Algo así... No... – murmuró, sintiendo que le bajaban las lágrimas
por las mejillas de nuevo. – Yo hubiera accedido anoche... si me
lo hubiera pedido de otra manera. Lo amo...
Inari le pasó la mano por la mejilla de nuevo con suavidad, secándole
las lágrimas como podía. –No llores… sólo espera… no es como que
no vayáis a veros nunca más ¿cierto? Sois compañeros de mesa… Estoy
seguro de que él se siente tan mal como tú… o peor.
- Pero tal vez ya no le gusto. Si no le gusta esto... –protestó,
sin poder evitarlo. Había pensando que sólo Akuba podía comprenderlo.
– Voy a morir.... si no puedo estar con él.
-No te vas a morir y no vas a dejar de gustarle… ¿quieres que lo
llame y se lo pregunte?- sonrió levemente, tratando de que dejase
de ser tan dramático.
- ¡Claro que no! No quiero que le preguntes nada. Tiene que ser
él quien decida volver, o pensaré que no le interesa... – sollozó,
halándose la manga de nuevo, como intentando esconderse dentro de
su camiseta. Podría haber lanzado un hechizo para que regresara,
pero no era eso lo que deseaba.
-Vale…- sonrió levemente. Le daba mucha lástima, pero no quería
que siguiera poniéndose tremendista. –Voy a llamar a Kiken y a Aiken
para que vengan a buscar a Yûsei, me quedaré contigo esta noche…
- No es necesario. No voy a suicidarme... – le sonrió de aquella
manera triste de nuevo, apretándose el brazo y pensando que era
demasiado cobarde para eso. Al menos por el momento.
-¿Qué dices?- el moreno lo miró serio, meneándolo un poco, definitivamente
no lo iba a dejar solo, lo que le daban ganas era de darle una tunda
por decir idioteces. –Voy a llamarlos... espérame, ahora vengo.
- Eres necio... – protestó el chico, mirándolo como molesto, aunque
en realidad, le hacía sentir bien.

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