.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 82- Coffee and Cake, a Nice Breakfast Make

-Hola… - la mano de Inari acarició el rostro del rubio que aún estaba entre las sábanas desnudo. Bajó un poco la ropa de cama, observándolo moverse un poco mientras se desperezaba. Se inclinó para besarle el pecho y oler su piel –Me he levantado hace una hora y ni siquiera te has dado cuenta…

- Hola.... – se giró ligeramente, perezoso, sonriendo. – Ya sabes que me cuesta levantarme temprano. Además... creo que bebí demasiado champagne anoche... – le tocó el rostro, alzándose para besarlo con suavidad en los labios.

Inari sonrió, sujetándole la nuca con suavidad y besándolo de vuelta, hundiéndolo de nuevo entre las sábanas y recostándose sobre él –Pero te veías exquisito embriagado…- se rió recordando su rostro. –Deberías vestirte… y salir conmigo a desayunar… antes de que decida hacerme yo mismo el desayuno…- le besó el cuello y el pecho acariciándole la espalda por debajo con una mano, como dándole a entender que él iba a ser el menú, aunque sólo estaba remoloneando un poco.

- ¿No ibas a desayunar el pastel que compré? O ¿te lo comiste mientras dormía? – se rió, estirándose y apartando completamente las sábanas. Era increíble, estar allí, con Inari a su lado. Quería despertar así todas las mañanas.

-Hum… me había olvidado…- se rió y lo giró sobre él en la cama, enrollando las sábanas de cualquier manera entre ambos y por encima del rubio. Lo besó de nuevo, acariciándole la espalda y abrazándolo con delicadeza. –Te quiero…- sonrió apartándose un poco el cabello de la cara, moviendo la cabeza –Me voy a morir cuando tenga que regresar a casa…

Kiken le retiró con delicadeza, el mechón que había vuelto a caer sobre su mejilla, sonriendo. – Yo moriré cuando vuelvas... No sabes cuantas veces soñé con esto, con que me dijeras esas palabras. Me tienes totalmente enamorado, Inari.

-Y tú a mí…- acercó las manos a su rostro, tocando los mechones rubios que caían por encima de su cara, besándolo de nuevo superficialmente y cerrando los ojos. –Voy a traerte el desayuno… dúchate si quieres mientras… ¿vale? Kiken…- sonrió de nuevo, mirándolo a los ojos y riéndose. En realidad no iba a decirle nada.

- ¿Qué cosa? – le preguntó, observándolo. No se había equivocado con él, no. Inari era perfecto. Se sentó, pasándose las manos por el cabello, pensando que debía de estar espelucado.

Inari le sujetó las caderas, bajando las manos un poco hasta el comienzo de sus nalgas. –Nada… sólo que eres precioso… y quería mirarte a los ojos…- le besó los labios de nuevo antes de levantarse e ir a buscarle la bata, ayudándole a ponérsela y abrazándolo después. –Jamás pensé que fuera a ser tan dependiente de alguien… debería contarlo como una debilidad…

El rubio se rió suavemente de nuevo. – Pues tú eres mi fuerza... Y eres muy atento, justo como pensé que serías... Ya eras atento cuando sólo éramos amigos.

-No lo sé… tan vez estaba tratando de ganarte para mí… y no me daba cuenta…- se rió y le ató el cordón de la bata antes de separarse. –Arréglate… ahora vengo…- se separó un poco, caminando hacia la puerta para bajar a preparar café… aunque sinceramente no lo había hecho nunca él mismo.

Kiken sonrió nuevamente, dirigiéndose al baño como envuelto en una permanente nube de felicidad. Bajó al poco tiempo, ya vestido con una camiseta azul oscuro y sus jeans de marca, pasándose de nuevo la mano por el cabello para asegurarse de que estuviera perfecto. - ¿Inari? ¿Estás en la cocina? – lo llamó, caminando hacia allí.

-Sí… estoy viendo cómo hay que pedirle a la cafetera que me ponga un café…- bromeó, aunque lo cierto era que había tenido que estar probando un rato. Vertió un poco de leche en las tazas y se sentó en la mesa de la cocina, acercándose y besándolo de nuevo antes de sentarse. –Si te parece, pasamos la mañana a solas… y ya iremos a buscar a Aiken y Yûsei por la tarde… quedé en que nos pasaríamos por su casa a buscarlos…

- Me parece... – se rió, sentándose y echándole azúcar a su café, revolviéndolo. – Me pregunto cómo les habrá ido anoche. Aunque imagino que se divirtieron... – bebió un poco, con un brillito malévolo en la mirada. – Sabe a cielo...

-Supongo… por más que no sea mi idea de tener un agradable fin de semana visitar un cementerio…- se rió, revolviendo su café y dejando la cucharilla a un lado sobre el platito, sonriendo levemente aún así y mirándolo. –Me he estado preguntando… imagino que querrás pasar un tiempo con Aiken… a solas, antes de nada… siempre me asaltan ciertas dudas… y luego me pregunto si tú no las tienes.

- ¿Qué clase de dudas? Sabes que lo de Aiken... sólo es algo sexual, ¿no? Bueno, me agrada, pero no de la manera en la que me agradas tú. – lo miró por si acaso se sentía celoso, aunque no se lo parecía.

-Ah… no es eso… sólo me preguntaba… si querrías estar un tiempo a solas con él… porque en ese caso puedo llevarme a Yûsei a mi casa…- lo miró cogiendo un poco de pastel con el tenedor y comiéndoselo, preguntándose si era posible que se celase.

- Puede ser una buena idea... – le sonrió, pensando que era un sueño de novio. – Pero no te demores mucho... Voy a querer estar contigo luego y te extrañaré.

Inari se rió y lo miró divertido. –No me apresures… no vaya a ser que llegue y os interrumpa… sin duda a Aiken le daría algo…

- No te preocupes... tampoco quise decir que regresaras corriendo. – se rió, imaginándose aquello. – Eres fantástico, Inari.

-No…- sonrió observándolo, realmente estaba muy enamorado de él, pero no quería estárselo diciendo todo el tiempo, se sentía algo expuesto. –Está muy bueno…- dijo refiriéndose al pastel y utilizando aquello de excusa para besarlo de nuevo. –Oh… y Kiken… teniendo en cuenta que a Aiken le gustan esas cosas raras… asegúrate de que no hace nada que no te agrade… me preocupa un poco… Aunque creo que sin poder evitarlo estoy pensando más bien en Akuba… creo que no es eso lo que a Aiken le interesa… pero…

- No, con Akuba no se me ocurriría hacerlo... – se rió, haciendo un gesto con la mano. – No te preocupes, Aiken es... Ya hablaré con él, sé que no es de los que fuerzan las cosas. Y no me agrada el dolor.

Inari suspiró levemente, frunciendo un poco el ceño aunque sabía que eran bobadas suyas, pero sólo mentarle la posibilidad de hacerlo con Akuba ya lo había alterado. –Dejemos a Akuba al margen de tus posibilidades…- se rió después, sintiéndose ilógico e infantil por aquella protesta.

- Inari... – negó con la cabeza, aún sonriendo. – Sabes que no me gusta de esa manera. No tienes por qué ponerte así, te conozco.

-Lo sé… pero no me agrada… cómo te mira- lo miró bebiendo un poco de café y pensando que estaba mal decir eso teniendo en cuenta que era el novio de su hermano. Aún así, le parecía que miraba a Kiken demasiado.

- Me mira así, porque me ha ganado las dos últimas veces. Ya dejará de hacerlo cuando le gane la próxima vez... – sonrió, enseriándose mientras pensaba eso. – Además, no creo que a tu hermano le guste que insinúes esas cosas.

-Pero no estoy hablando con mi hermano ¿verdad?- lo miró fijamente, observando el cambio de expresión y sonriendo después, mirando hacia el jardín. -¿Quieres ir a la playa el domingo? Podemos quedar con todos… e ir…

- Sería fantástico. – asintió, sonriendo alegre de nuevo. – Por eso digo que eres el novio perfecto, sabes lo mucho que me gusta la playa.

-Menos mal que sonríes de nuevo…- se levantó y lo abrazó por detrás, besándole la mejilla y oliendo su cabello. Le apartó un poco la silla de la mesa y le dio la mano para que se levantase con él. –Vamos a salir un rato… ¿quieres?

El rubio asintió, limpiándose la boca delicadamente con una servilleta, antes de levantarse, tomando su mano. – Sabes que no me gusta perder, no sé qué me pasa últimamente.

-Está bien… vamos a la piscina… a practicar…- se rió cogiéndolo en brazos y levantándolo para llevarlo hacia fuera. –Tendrás que compensarme… sin usar bañador.

Kiken se rió, mirándolo a la cara. – Pero qué veloz eres, Inari. Creo que sólo necesitabas una excusa para desnudarme de nuevo.... Así no podré concentrarme.

-Bueno… así trabajas bajo presión ¿no es ideal?- se rió besándolo mientras lo llevaba hacia el jardín. –Déjame disfrutar de mi sirena…


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