SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 81- I Won’t Let You Hurt Yourself
Hikage se lavó el rostro, habiéndose quedado completamente vestido,
ya que se había puesto aquella ropa interior reveladora especialmente
para Akuba, y a pesar de todo no tenía deseos de dañarle el regalo.
Salió del baño, sentándose en la cama y observándolo. - ¿Estás molesto?
-No…- lo miró de soslayo recostado en la cama, fumando y tratando
de convencerse de que aquello lo había alucinado. Cerró los ojos
dejando salir el humo y cruzando las piernas, empujando los jeans
que aún descansaban en la esquina de la cama.
- Sí lo estás. Y piensas que todo esto es mi culpa, ¿no? – suspiró,
observándolo y pasando los dedos por su rostro, apartando el cabello
con suavidad.
Akuba entreabrió los ojos observándolo de soslayo. –Sí… ajá… fíjate
que creo que tienes culpa de la segunda guerra mundial incluso…
no dramatices… no le estoy echando la culpa a nadie…
Los ojos azules del chico lo observaron dolidos por un momento
más antes de apartarse de su rostro. – Pero soy yo el que comenzó
con esto, de la magia...
-¿Y? Yo no recuerdo habértelo prohibido… si un caso te alimenté
que la hicieras… ¿Crees que sirve de algo colgarte el cartel de
culpable? No… - levantó la mano y se llevó el cigarro a los labios
apoyándola después sobre su cabeza, revolviéndole el cabello. –Dime…
¿ha sido tu culpa? ¿Has hecho algo? Invocado algo… ah… suena estúpido…-
bajó la mano, rozando las sábanas, no había forma de que eso fuera
una invocación, era ridículo.
- No lo creo, no invoqué eso... – lo miró a través de su flequillo.
– Aunque es cierto que pedimos protección... ¿No crees que tenga
algo que ver? – le preguntó, recordando aquel cuervo graznando sobre
la hilera de nichos. Los había ayudado, ¿no?
-No me pareció muy protector… ¿y por qué sólo os señaló a vosotros?
A Aiken y a ti… que sois los que habéis estado haciendo esas cosas
a solas… yo… ¿Por qué no quieres decirme lo que pasó realmente?
Y no me repitas lo que dijo Aiken, que además de que no debería
meterse en las discusiones ajenas… no lo creo… No creo que tú te
quedases satisfecho con eso…- lo miró, buscando sus ojos.
- Porque tengo miedo, de que ya no te guste... – sonrió amargamente,
sin alzar la mirada de todas maneras. – No sé por qué a nosotros...
no lo sé. Pero ese cuervo nos ayudó a encontrar a Yûsei, por eso
lo dije.
-¿Tan malo es? Lo que has hecho…- lo miró serio, apagando el cigarro
en el cenicero de la mesilla, no tan seguro de querer saberlo, pero
el otro tema ya ni siquiera le interesaba, sólo podía pensar en
eso.
- Malo... no lo sé, sigo pensando que es lo que merecen. Pero tú
no eres así. – murmuró, aún cabizbajo. Le dolía, pero tal parecía
que al final iba a tener razón.
-No… no soy así… quiero decir…- se sentó, observándolo. –Comprendo
que en caliente se pueda hacer una locura… pero así… de esa forma
tan fría… no sé si quiero saber lo que hiciste, Hikage… la verdad
es que no lo sé…- cruzó las piernas sujetándose los tobillos y mirando
abajo.
- Lo comprendo... – murmuró, acostándose en la cama, y dándole
la espalda. En realidad, quería irse de allí, no soportaba que lo
mirase así, que pensara de aquella manera. Lo hacía sentirse aún
más solo.
Akuba lo miró, quería acariciarlo, abrazarlo y decirle que no pasaba
nada, que le daba igual lo que hiciera, porque lo iba a querer igual…
pero… ¿acaso eso no era peor? ¿No le alimentaba más que siguiera
con aquello que le parecía tan peligroso? Se acostó también, rascándose
las abdominales con la mano y mirando su espalda de soslayo. Cuando
fue a darse cuenta ya estaba acariciándole la espalda con un nudillo.
El chico sonrió levemente, aunque tenía el rostro bañando en lágrimas.
– No quiero... No puedo vivir sin ti... Pero no puedo dejar de ser
quien soy, no puedo... dejar que hagan esto.
-Eh… no se supone que llores…- se giró, con la voz mucho más suave
que antes, abrazándolo y girándolo hacia él para comprobar si lloraba,
besándole los labios superficialmente, estaban calientes. -¿Por
qué dices esas bobadas? No vas a librarte de mí en ningún caso…
además… tenemos un hechizo que nos ata…- lo acercó a su pecho y
le besó el cabello. “Mierda” pensó sin poder evitarlo, era un blando….
- Porque no quiero que me odies... – susurró, con la voz quebrada,
sin importarle que lo viera llorando ya. Tenía razón, debía confiar
en el hechizo. ¿Por qué iban a funcionar los otros y este no? Pero...
no quería que Akuba permaneciera junto a él sólo por un hechizo.
-No te odio… no voy a odiarte nunca… ¿vale?- le alzó la cara un
poco, observando cómo se corría la pintura negra por sus mejillas,
sus ojos azules aún más brillantes y aquellos labios rojos de llorar.
Sintió que enrojecía un poco por lo que sentía por él y sonrió levemente.
–Te quedaban muy bien esos pantalones que llevabas…
- Los compré por ti... baka. – le sonrió un poco, sin poder evitarlo.
– No quería que esta noche terminara así. Te amo... tanto que duele.
-Lo sé… porque a mí también… - le apoyó un dedo en el pecho, acariciándose
un poco la cara con la almohada para apartarse el mechón blanco
de delante, besándole los labios superficialmente de nuevo. –Te
quiero… y no te voy a dejar nunca… no creo que seas una mala persona…
no lo creería ni aunque matases a alguien… Sé que tienes miedo…
y que los odias… pero no es el modo… acabar en la cárcel…
- No acabaré en la cárcel... – negó con la cabeza, pensando en
que ellos mismos se hacían aquellas cosas, y no podían recordarlos
luego. – No hacemos las cosas así... Si nos detenemos ahora, la
próxima vez tal vez no salgamos tan bien librados.
-¿Qué quieres decir con eso? No sé qué es lo que pretendes hacer
para detenerlos, Hikage…- lo miró a los ojos, sujetándole la cara
con una mano, un tanto asustado a decir verdad.
- No lo sé tampoco. Algo... algo que los haga parar, algo que les
haga decir “no podemos meternos con ellos”, ¿comprendes? – le sostuvo
la mirada, sus ojos con un tinte de desesperación tras las lágrimas.
-Pues hablemos con la policía… lo que han hecho es un crimen, Yûsei
los vio… hablemos con la policía y que ellos tomen medidas… no nosotros,
no somos superhéroes… y tampoco somos… enviados de Satán o algo
así. ¿Por qué quieres seguir con esto? ¿Es que no has visto eso
en el bosque al igual que yo?- lo miró a los ojos y le pasó un dedo
por la mejilla para secarle las lágrimas. –Hikage…
- Y ¿crees que eso será suficiente para Aiken? ¿Sería suficiente
para ti? La policía... la policía sólo dirá que no ha sucedido nada,
no me van a creer a mí – protestó, convencido de lo que decía.
-¿Por qué no? ¿Crees que a la policía le importa algo de quien
sean hijos ellos? Y aún así… aunque sean hijos del papa… ¿acaso
tu padre no es importante también? ¿Por qué tienes que hacer las
cosas así? ¿Sólo porque es a tu manera y punto? Esto es peligroso…
no te lo prohibí… pero te lo prohíbo ahora, ¡no quiero que sigas
con esto!- se sentó apoyando la espalda de golpe en el reposa cabezas
de madera.
- No me hables así, no me gusta... – protestó, girándose y dirigiéndose
a la ventana para mirar hacia fuera. – Sé que te preocupas... pero
no me hables así.
-¿Qué te hable cómo? Pues así hablo cuando me cabreo… ¿Qué quieres
que haga?- se apoyó con los brazos en el reposa cabezas neciamente,
ya no sabía ni qué decirle para que desistiera.
- No puedes obligarme a hacer las cosas, no respondo bien a eso.
Esa no es la manera – lo miró de soslayo, apoyando la frente contra
el vidrio. – Te amo, y por eso... por eso me detendré, no porque
no lo ordenes, sino porque no quiero hacerte daño. Pero no sé qué
sucederá si vuelven a hacer algo así...
-Pues seguro que lo averiguamos y suceda lo que suceda, tú no vas
a hacer nada sin mí- cogió otro cigarro de la mesilla y lo encendió,
apartándose un poco el cabello de delante de la cara, podía decir
lo que quisiera, pero a la vista estaba que sólo haría caso por
las malas. Se golpeó con el cigarro en la rodilla, estaba tan cabreado
que ni siquiera le apetecía fumárselo aunque sabía que lo iba a
relajar.
Hikage se volteó mirándolo, molesto y dolido porque le hablara
así. Él, que era el único que parecía comprenderlo completamente,
el único en el que había confiado desde un principio. Tenía deseos
de irse, pero sabía que no era lógico. Estaba muy lejos de su casa.
-¿Qué?- encendió el cigarro sin dejar de mirarlo -¿Te molesta que
te diga que no hagas eso? Tengo razón y tú lo sabes. Es de locos
seguir con eso.
Hikage no le respondió, deseando que se diera cuenta de lo que
realmente le molestaba. ¿Qué acaso no era obvio?
-¿Qué? Deja de mirarme así… no te leo la mente…- apartó la mirada
incómodo. Deseando escaparse de aquella conversación, si tan sólo
no siguiese con eso… no haría falta discutir más.
- Sabes lo que me molesta, sé que lo sabes. – insistió el chico
sin creerse que no comprendiera.
-Sí… que te diga lo que tienes que hacer, ya te he escuchado antes,
pero alguien tiene que decírtelo si tú mismo no te das cuenta… antes
de que sea tarde- lo miró otra vez -¿Quieres que se lo diga a tu
hermano? Lo que sucedió hoy… a ver qué opina, a ver si no te dice
lo mismo que yo… seguro que ni siquiera Aiken quiere seguir con
esto.
- No estoy tan seguro. Y en cuanto a Inari... él estuvo con nosotros
anoche. También participó. – le aclaró por si no lo recordaba.
- ¡Pues muy bien! Estáis todos locos… - se levantó de la cama,
abriendo la ventana y mirando afuera, apoyándose en el marco sin
saber qué más decir para convencerlo ¿Es que acaso le parecía medianamente
normal lo ocurrido en el bosque? -¿Te parece normal? Lo ocurrido
en el bosque…- le preguntó sin voltearse y obviamente en un tono
molesto.
- No, no dije que me lo pareciera. – le respondió, observándolo
y sintiendo el aire de la noche moverle el cabello. – Sólo... creí
que me comprendías.
-No digas eso… no seas injusto… sabes que te comprendo… pero no
es el modo…- lo miró a los ojos y apartó la mirada de nuevo dejando
salir el humo entre los labios, tenía frío sin camiseta… o tal vez
era por su discusión.
- Tampoco es el modo de hablarme, sabes que no lo es. Deberías
saberlo. – bajó la mirada, tratando de controlarse, odiaba aquello.
Deseaba que lo abrazara, pero no podía pedírselo.
Akuba se quedó callado, mirando afuera sin ser capaz de contestar,
le iba a hablar del mismo modo… Entreabrió los labios para decir
algo y los cerró de nuevo. –No puedo hablarte de otro modo si estoy
cabreado.
- Me haces daño – murmuró el chico alejándose de la ventana. Sabía
que no era su intención, pero igual le dolía, no podía evitarlo.
-Lo siento, no lo hago para hacerte daño, pero no puedo consentirte
que hagas todo lo que te dé la gana incluso si no lo apruebo… sólo
para no hacerte daño…- lo miró de soslayo y le dio otra calada al
cigarro. -¿Por qué no te acuestas?
- No tengo sueño, voy a bajar a la recepción... – contestó, aún
dolido porque lo tratase como a un niño pequeño. - ¿Tengo que pedirte
permiso?
Akuba se rió, aunque no era precisamente por alegría, mirando afuera
de todos modos. –No, puedes hacer lo que te dé la gana… y de paso,
reflexionar un poco en lo de que no te gusta que te hable así… pero
tú sí puedes decirme esa mierda…
- Akuba... – lo miró un segundo, deteniéndose y simplemente saliendo
de la habitación, pasándose una mano por los ojos para que no notasen
que estaban llenos de lágrimas. Al final, sí iba a tomar aquel paseo.
El moreno tiró el cigarro por la ventana, apoyándose la mano en
la boca y mirando afuera. Quería ir tras él… pero no podía, el orgullo
lo frenaba como si los pies le pesasen toneladas.

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