SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 80 – Do Not Turn your back on the
Shadows of the Night
Yûsei se pegó al brazo de Aiken, aunque le daba un poco de vergüenza
comportarse así, pero lo cierto es que se había asustado mucho.
No quería ni soltarlo por un momento. - ¿Sabes a dónde vamos?
-No tengo ni idea… estoy probando…- el moreno lo miró de soslayo,
sujetando la lamparita con la otra mano y sonriendo mientras le
rodeaba los hombros con el brazo. –No tengas miedo… tú no has hecho
ningún hechizo malo, no es posible que nada se vuelva contra ti
¿sabes? Hacer magia buena… sólo trae cosas buenas a quien la practica…
- Eso suena como si tú sí hubieras hecho algo malo, Aiken... –
lo miró de soslayo con sospecha. No quería reprocharlo pero aquello
le preocupaba.
-Sí, la he hecho… magia negra… - admitió, mirando adelante serio
y pensando que no iba a dejar de hacerla por más que se hubiera
muerto un pájaro, eso no tenía nada que ver, sólo había sido un
susto. Lo llevó entre los pasillos de nichos, mirando las lápidas
llenas de musgo. Era bastante desagradable pensar en lo que había
tras aquellos mármoles, pero con el tiempo que hacía que ese cementerio
no se usaba… seguramente sólo había polvo y tierra. Aún así, hubiera
preferido que los pasillos entre nichos y nichos fueran más amplios.
- Eso me preocupa, no quiero que te pase nada. Yo... soy un poco
supersticioso. –admitió, enrojeciendo, aún más pegado a él para
no tocar los nichos. Extrañamente, le parecía que aquello se veía
bonito a la luz de aquella lámpara.
-Pero está bien Yûsei, no me ocurrirá nada… sólo es magia… y la
mayoría de los hechizos, sólo son boberías… lo que importa es la
ciencia que hay tras ellos… los ungüentos y los polvos… ¿realmente
crees que las personas pueden tener poder sólo por rodearse de velas
y repetir unas cuantas palabras? Eso no es posible… o todos lo harían…-
suspiró no muy seguro de si lo que decía era cierto, lo que sí era
seguro era que Yûsei le estaba excitando con tanto pegarse a él
de ese modo y esa cara de susto que llevaba encima de aquellas rejitas
y la cola.
- Pero a lo mejor no lo hacen, porque nadie lo cree. Yo... bueno,
da igual, seguro he leído demasiados mangas –se rió nervioso, y
alzando el rostro para mirarlo. – Además, creo que tienes razón,
era un hechizo para protegernos...
Aiken lo miró enrojeciendo de golpe porque lo mirase así tan fijamente
de pronto. –Yûsei… eres muy cute…- se rió tocándole una oreja y
apoyando el farolillo sobre uno de los nichos vacíos. –También te
ves bien cuando estás asustado…
- ¿Me veo bien? – lo miró sorprendido y enrojeciendo un poco. –
Bueno... es mejor que verse feo cuando te asustas, ¿no? – bromeó
riéndose, y pensando que le encantaba cuando lo miraba así. Lo hacía
sentir especial.
El moreno se metió la mano en el bolsillo, accionando la cola dentro
de su ano y sonrió. –Ya te has acostumbrado ¿verdad? Pero no a esto…
- Ahhh...A... Aiken... – gimió, aferrándose a su brazo, subiendo
la nalga al sentir aquel movimiento dentro de él, lo excitaba enormemente,
mucho más por la sorpresa.
-Eh… Yûsei…- casi jadeó el chico al observarlo y sentir cómo se
apretaba contra él, subiendo el movimiento del látex en su cuerpo
y rozándole con los dedos el sexo al notar cómo se abultaba al apretarse
Yûsei contra su brazo. –Sigamos andando un poquito más…- sonrió
notando cómo su propio sexo pulsaba irguiéndose, le encantaba jugar.
-¿Se siente mejor que el mío?
El chico negó con la cabeza. – No... nada se siente como el tuyo...
ah... – se movió de nuevo, rozando su sexo contra la pierna, como
si de veras se tratase de un gato buscando caricias.
Aiken sonrió entre aliviado y tratando de permanecer digno, soltándose
de su abrazo y levantándole la camiseta, dejándola sobre una de
las cruces de las tumbas en el suelo y reacomodándole el cabello
con suavidad, aún había jazmines en él. Sonrió, alejándose un poco
y respirando con fuerza, caminando hacia atrás y llevándose la luz
con él. –Quítate la ropa… y ven conmigo…- se acuclilló en el suelo,
alejado de él, dejando la lámpara sobre la hierba. –Ven gatito…
- observó la oscuridad que envolvía ahora al chico, preguntándose
si tenía miedo. Excitándose un poco más sin poder evitarlo, subiendo
aún más la velocidad del aparato dentro de su cuerpo, la cola moviéndose
incluso un poco por fuera.
- Ah... ah... – Yûsei gimió, sin haber tenido mucho tiempo de estar
asustado la verdad. Y se bajó los pantalones, sintiendo algo de
frío y abrazándose a sí mismo, mientras caminaba hacia Aiken, aunque
sus pasos eran inseguros debido al movimiento dentro de su cuerpo,
el chico gimiendo, a cada paso.
-Eso no es un gatito…- protestó Aiken riñéndolo un poco aunque
la visión no tenía precio, el sexo del chico estaba erguido y se
movía con cada paso, brillante y húmedo, sus pezones erectos por
el frío… aquel rostro excitado…
- No.... – susurró Yûsei, agachándose para ponerse a gatas aunque
igual llevaba la nalga levantada gracias al movimiento, cosa que
sólo acentuaba más su aspecto de gato. – Ah... nyaaaaaa... – maulló,
entre gemidos, acercándose de aquella manera, resistiendo la tentación
de rozarse contra el suelo, más bien porque estaba sucio, pero a
su sexo, ganas no le faltaban de ser tocado.
Aiken entreabrió los labios jadeando, ¿nya?, aquello lo había excitado
mucho. Sintió que sus mejillas enrojecían aún más y se apoyó la
mano sobre el látex del pantalón, tocando su sexo erguido y dejándolo
para no ponerse peor, acercándose al chico y acariciándole el cabello…
la espalda, acuclillándose para deslizar la mano por sus nalgas.
Había flujos resbalando desde el vibrador por sus testículos, deslizó
un dedo por el borde de su contraído ano, acariciándolo suavemente
y sujetando la cola negra, metiéndola y sacándola dentro de su cuerpo.
- ¡Ah... nya...! gimió de nuevo, recordando actuar como un gato,
y estremeciéndose por completo, girando un poco el rostro para mirarlo.
Su sexo estaba pulsando como nunca, casi parecía una tortura y su
ano se contraía apretando el látex con fuerza, deseándolo cada vez
más.
-Ah… - Aiken lo observó fijamente, lamiéndose los labios y alzándose,
levantándole las caderas hasta conseguir que pusiera los pies de
puntillas, las manos sobre el suelo al igual que una de sus mejillas,
observó sus piernas y cómo sus dedos se contraían un poco por el
placer, la cola moviéndose sola en su interior y deslizando aún
más líquidos de dentro de su cuerpo. Bajó una mano, sujetando sus
testículos y acariciándoselos, arrodillándose para deslizar la lengua
por detrás de sus rodillas, recorriendo el interior del muslo hasta
las ingles. -No hay ningún gatito como este… - le separó los pies
sin dejarlo cambiar la postura, abriéndole las piernas y exponiéndolo
más a él, succionando sus testículos de golpe. Tirando de ellos
entre sus labios.
- ¡Aiken...! Ah... – gimió, en voz alta, sin poder controlarse,
moviendo los dedos con más rapidez y aquietándose sólo para no caerse.
– Aiken... tu lengua... – murmuró, inclinándose más hacia delante,
su sexo goteando sobre la tierra, sus piernas casi empapadas de
flujos y de saliva.
El moreno se coló entre sus piernas, lamiendo su sexo salvajemente
y succionándolo, notando cómo palpitaba dentro de su boca, su cabeza
embotada por el calor que ahora sentía, jadeando mientras mamaba
el sexo del chico, apretándole las nalgas, bajando las manos por
sus piernas, humedeciendo sus dedos y llevándolos a sus pezones
rosados, apretándoselos y tirando de ellos enfebrecido. –Yûsei…
dime lo que quieres ¿quieres que te folle?
- Sí, sí quiero... pero... –enrojeció bajando la cabeza entre sus
manos de manera que sólo se veían las orejas de gato alzadas. –
Quiero sentirte, pero... ah... no me saques la cola... ¿quieres?
– lo miró por un momento, escondiéndose de nuevo.
-Como quieras…- salió de debajo de él, aún más excitado, abriéndose
el pantalón y sacando su sexo completamente erguido y cubierto de
líquido, separando sus nalgas y preguntándose si de veras cabría
allí dentro. No parecía ni que hubiese lugar para un dedo. Empujó
uno, tentativamente, notando cómo se hundía apretadísimo contra
aquella carne ardiente y sumamente mojada. –Si te duele… dímeloh…-
jadeó sin poder evitarlo, sacando el dedo y apoyando el sexo sumamente
inflamado, empujándolo dentro de él, sintiendo una gran resistencia
a la vez que un gran placer. Estaba terriblemente húmedo y caliente,
aquella cosa se golpeaba y privaba contra su sexo de forma incesante.
– ¡¡¡Ah!! ¡Yûsei!- le sujetó las caderas empujándose por completo.
Apretando las manos fuertemente en ellas y gimiendo por el placer,
sentía que se le nublaba la vista incluso.
- Aiken... ¡Aiken...! – gimió estremeciéndose, al sentir el sexo
del chico dentro de él a la vez que la cola, estar haciendo algo
así, que se sentía prohibido, lo volvía loco. Jamás había pensado
que se comportaría así. – Aiken... – gimió de nuevo, los ojos llorosos
de tanto apretarlos, su sexo a más no poder.
-Aprietas mucho…- casi sonó a quejido, el chico gimiendo cada vez
más alto. –Me gusta… Yûseii…- jadeó moviéndolo contra sus caderas
con fuerza, empujándose a su vez dentro de él, golpeando su interior
ansioso, rozando y chocando contra el látex. Tirándolo al suelo
a gatas con su peso al montarse más sobre él. - ¡Yûsei!…- bajó la
mano apretando su sexo, y moviendo la mano sobre él con fuerza,
agitándolo desesperado por hacerlo correrse con él, amaba demasiado
la sensación como para correrse antes, no podía aguantarse, su otra
mano apretándole un muslo, estrujándoselo con fuerza. Hubiera querido
aguantar más, no quería decepcionarlo por nada del mundo. No… no
era así…
Se lamió la mano recuperando su sexo otra vez, moviéndose aún más
fuerte y lamiéndole la espalda, no debía ponerse nervioso. –Eres
mío, Yûsei…- jadeó aplastándole el pecho contra el campo y las lápidas,
subiendo la mano libre para empujar los dedos en su boca profundamente,
él tenía el control, era suyo, completamente suyo… - ¡Córrete…!-
le ordenó mientras él mismo hacía el esfuerzo por contenerse.
- Mhmmmm...Nai.... - gimió el chico sin poder hablar bien, por
los dedos que ahora succionaba, su cuerpo entero estremeciéndose,
a la vez que se corría ante la poderosa orden de Aiken. Aquello
le gustaba demasiado, más de lo que había imaginado, que lo poseyera
de esa manera, tan autoritario.
- ¡Ahg!... mm…- el moreno apretó más su sexo al sentir cómo el
semen bajaba por sus dedos, corriéndose él mismo sin poder soportarlo
un segundo más. Deshogándose completamente en su cuerpo y abrazándolo
más fuerte. Respiró con fuerza, echándose hacia atrás sentado en
sus piernas y levantándolo con él, rodeándole la cintura sin salir
de él. –Yûsei… ¿te dolió?
- No... un poco... – se rió, agotado. – Pero me excité mucho, me
excitaste mucho, Aiken.
-Y tú a mí…- retiró la cola de su cuerpo, saliendo él mismo de
él después y sujetándolo de nuevo contra su cuerpo, el semen resbalando
por sus piernas a causa de la postura. Sonrió, acariciándole los
pezones con suavidad y jugando con ellos. –Entonces ya podrás hacerlo
con Inari y conmigo si quieres… - se rió, rodeándolo de nuevo en
un abrazo.
Yûsei se rió, temblando un poco porque aún estaba sensible. – Mira
lo que piensas... pero sí, supongo que sí. Es que... no quería dejar
de ser gato.
-Yûsei…- se rió y le volteó un poco la cara para besarlo. –Te quiero
mucho… - le besó el hombro y se levantó, cargándolo un momento y
limpiándose un poco con la toalla de las manos y pasándosela por
si la necesitaba. –Ahora serás un gato sin cola- sonrió abrochándose
los pantalones de nuevo. –Ya no tienes miedo ¿a que no?
El chico negó con la cabeza, sin poder dejar de sonreír. - No puedo
estando contigo, además, ya no me convertiré en nekomatta... – se
rió, limpiándose un poco antes de vestirse.
-Espera, voy a buscarte camiseta que no sé dónde la dejé- le besó
los labios y se fue hacia la hilera de nichos donde había apoyado
la lamparita con la vela, rebuscándola y observándola un poco más
lejos de lo que recordaba. Echó a caminar rápido hacia allí, seguramente
se la había llevado el viento. Escuchó algo de pronto y se volteó
de golpe. -¿Yûsei?... ¡¿Yûsei?!- echó a correr a donde debía estar
el chico pero no había absolutamente nada además de oscuridad. Sujetó
la vela con el palo sin poder creérselo, respirando angustiosamente.
- ¡Yûsei!... – empezó a recorrer la zona, asustado, ni siquiera
se le pasaba por la cabeza que estuviese gastándole una broma, Yûsei
no le haría algo así, no tenía ni pizca de gracia. – ¡¡Yûsei!! Dios…-
se apretó el puño en el pecho. Era su culpa por haberlo llevado
allí y encima dejarlo solo. ¿Cómo había podido? – ¡¡Yûsei!!
Mientras, el chico se debatía, arrastrado por los otros dos, su
boca cubierta con un paño grueso ahora, ya que habían aprendido
la lección de no cubrirle la boca con la mano. Intentó gritar para
llamar a Aiken, pero le era imposible. Escuchó un sonido nada tranquilizador,
y antes de que pudiera defenderse, se vio prácticamente arrojado
a uno de los nichos, viendo cómo lo encerraban allí. Yûsei golpeó,
desesperado, intentando salir de allí, arañando incluso, a pesar
de que llevaba las manos atadas, aunque había sido hecho a las prisas,
no conseguía soltarse.
-“Déjalo ahí que se pudra…”- el rubio cerró con más fuerza la
tapa del nicho y Togashi sonrió de medio lado, levantándose y mirando
alrededor en la oscuridad. Ni siquiera él podría acordarse de dónde
lo había metido entre tantas hileras.
-Deja de hacer ruido, niño… no te van a encontrar nunca ¿comprendes?
Te vas a quedar ahí… asfixiándote… y cuanto más te muevas, antes
se te acabará el aire… - le pegó una patada al mármol y se rió en
bajo, había sido una buena idea seguirlos. Sujetó a Asakura, empujándolo
de golpe al observar la luz y cómo Aiken pasaba gritando.
- ¡Yûsei!- el chico seguía llamando por su novio desesperado, con
un malestar terrible en el estómago, como sólo te sientes cuando
la persona más importante para ti está en peligro. – ¡Yûsei!- lo
llamó de nuevo, sintiendo que se le quebraba la voz incluso. Salió
corriendo. Buscando el panteón donde sabía que estaban Hikaru y
Akuba.
Yûsei golpeando la tapa del nicho de nuevo, al escuchar su voz,
pero se alejaba. Tal vez tenían razón y se iba a morir allí, pero
no quería morirse. Golpeó la tapa con fuerza de nuevo, las lágrimas
resbalando por sus mejillas, mientras intentaba soltarse las manos
de nuevo.
Los pasos sonaron rápidos y la respiración angustiada, ampliado
su volumen por las paredes de aquel panteón de piedra húmeda.
Akuba, que había estado explorando los más de tres pisos de aquella
tumba familiar con Hikage y ahora estaba besándolo, se volteó de
golpe, alertado por el sonido. Miró la hora seguro de que aunque
se habían entretenido, aún no era el momento de que fuera ninguno
de los chicos. Sujetó a Hikage y lo pegó entre los muros de piedra.
–Sh…- le hizo una señal para que no hiciera ruido, tratando de que
lo que había parecido oír no se confirmase.
Aiken siguió bajando los escalones rápidamente, panteón abajo,
tenía miedo y estaba muy oscuro. Resbaló con el musgo, el porta
velas cayendo al suelo y el cristal partiéndose, extinguiéndose
la llama de la vela que ahora no era capaz de encontrar. Rebuscó
por el suelo angustiado, nervioso, sus manos temblorosas cortándose
con el cristal recién partido. –Ah…- sintió que se le aguaban los
ojos, pero era el terror de haber perdido a Yûsei y no el corte
lo que provocaba aquello.
- “Es Aiken...” – susurró Hikage porque había reconocido su voz
aún con esa protesta tan baja. Sujetó a Akuba de las manos corriendo
escaleras arriba preocupado, pensando en aquel cuervo de nuevo sin
poder evitarlo, y alumbrando el camino, encontrándose al chico de
cuclillas en el suelo aún buscando. Yûsei no estaba con él.
El chico los miró asustado, pasándose el brazo por la cara para
limpiarse las lágrimas. –Yûsei ha desaparecido… ¡¡no lo encuentro!-
les gritó de pronto, desesperándose. ¡Lo llamo y no me contesta!
-Vamos a buscarlo, tiene que estar…- Akuba sujetó la mano de Hikaru
subiendo escaleras arriba con él, Aiken siguiéndolos y sujetándose
de la mano de Hikaru, apretándola nervioso, además de asustado.
Por encima no veían casi nada solo con la luz de aquella vela.
- A lo mejor sólo se perdió, este cementerio es bastante grande...
– intentó tranquilizarlo Hikaru, aunque le parecía extraño que no
contestase. Le apretó la mano de vuelta, tratando de darle confianza.
- ¡No! No se perdió… yo le había quitado la camiseta y luego la
fui a buscar y luego regrese y ¡ya no estaba!- les contó atropelladamente.
–Y luego le grito y no me contesta… y él no me habría desobedecido,
porque yo le dije que me esperase ahí…
-Tranquilo, tal vez pensó que no ocurría nada por ir a buscar algo
o no sé… tiene que estar…- Akuba trató de tranquilizarlo pero entonces
escuchó cómo se cerraban las zanjas metálicas que daban paso al
panteón. Los soltó y salió corriendo más deprisa para llegar a las
puertas, ya estaban cerradas y no había nadie allí. Las empujó con
el hombro, pegándoles patadas y tratando de abrirlas, pero por más
oxidadas que estuviesen no cedían. –Nos han encerrado- se volteó
para decirles a los chicos que acababan de llegar corriendo junto
a él.
- No... – Hikaru se llevó una mano a la cabeza, asustado. No le
gustaba nada de lo que estaba ocurriendo. Corrió hacia las puertas,
golpeándolas también como si la situación fuese a cambiar, girándose
luego. – Mierda, ¿Y ahora qué? No hay más puertas, es un panteón...
Mierda.
-Pues hay que encontrar una salida… ¡Os dije que no estaba perdido!-
Aiken se tiró contra la puerta una y otra vez, tratando de abrirla
y sacudiéndola, amarrándola con las manos con fuerza. – ¡Abrete!
- ¡Para!- Akuba lo sujetó, aunque se revolvía, tratando de tranquilizarlo
un poco. – ¡Así no vas a conseguir nada! ¡Intenta pensar un poco!-
lo soltó cuando el chico dejó de resistirse y empezó a buscar por
dónde salir, observando cómo se colaba la luz de la luna por una
parte del techo. Se acercó a Hikage y lo cogió por debajo de las
nalgas, alzándolo para ver si llegaba ahí. -¿Puedes empujar la piedra?
¿Está floja o sólo rota?
- Floja... pero pesada... – contestó, empujando de todas maneras,
con todas sus fuerzas, aunque tenía que estirarse un poco, la luz
de la luna iluminándolos cada vez más. Estaba preocupado, comprendía
muy bien a Aiken.
-¿Lo hago yo?- Aiken los miró inquieto, preguntándose si era demasiado
para que Hikage lo moviese. Akuba lo bajó al suelo y cogió a Aiken,
notando que era mucho más pesado, pero podía sujetarlo un tiempo
mientras corría la piedra.
-¿Pue…des?- le preguntó, haciendo fuerza porque además el chico
se movía demasiado tratando de apartar la piedra.
-Sí- la empujó por fin, la piedra sonando seca y arrastrada mientras
el chico se sujetaba al borde de las otras, alzándose con los brazos
al peso y subiendo por el techo. Akuba sujetó a Hikaru alzándolo.
-Sube tú…- le pidió levantándolo más. -¿Veis a alguien afuera?
Hikaru observó a su alrededor, agudizando la mirada tanto como
podía a pesar de que no había demasiada luz. – No, no veo a nadie...
– se agachó, estirando la mano para ayudarlo. – Ven, sube...
Akuba saltó, sujetándose a la piedra y preocupándose un poco al
escucharla crujir y soltar algo de polvo. Le sujetó la mano al chico
con la suya y subió arriba. Pasando despacio por el techo por si
había alguna piedra floja más. Bajando por el otro lado y sujetando
a Hikage para ayudarlo.
Aiken saltó tras ellos, aterrizando un poco mal y levantándose
como podía –¡Yûsei!- lo llamó de nuevo, corriendo entre las tumbas
– ¡Venid! ¡Fue por allí!
-¡Yûsei!- Akuba lo llamó también, temiendo que se lo hubieran llevado
más bien.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Yûsei!!!!!!!!!!!!!!! ¡Responde! – se les unió
Hikaru, a la vez intentando escuchar el mínimo ruido, mientras Yûsei
se dedicaba a arañar la piedra ahora, más asustado que nunca, gritando
a través de la mordaza.
Akuba giro en torno a sí mismo, tratando de pensar en algo, pero
no se le ocurría nada y seguir llamándolo a gritos, no estaba resultando.
Los otros dos chicos seguían llamándolo sin cesar, corriendo por
el campo santo, pisando las lápidas sin ningún cuidado al igual
que él.
Los tres se quedaron en silencio de pronto, deteniéndose al escuchar
el graznido fuerte de un cuervo que sobrevoló sobre ellos. Aiken
siguiéndolo con la vista, aún más nervioso. ¿No era eso señal de
mal agüero? ¿No decían que si un cuervo sobrevolaba graznando una
casa era porque allí moriría alguien? No… de nuevo se sugestionaba.
– ¡Yûsei!- lo llamó de nuevo. Mirando al cuervo que los observaba
claramente desde lo alto de una de las paredes de nichos.
Hikage se quedó mirando al pájaro, sin poder hacer otra cosa. Hubiera
deseado poder preguntarle si había visto al chico, pero aquello
no era un cuento de hadas bizarro con animales parlantes. Aún así,
casi le parecía que fuera a hablar de veras. Pero el cuervo volvió
a abrir las alas, graznando.
Yûsei gritando nuevamente, moviendo las manos frente a su rostro
al escuchar la voz de Aiken y la de Akuba, consiguiendo a duras
penas aflojar la mordaza. – A... ¡Ahhhhhhhh! ¡¡¡¡Ai... ken!!! –
lo llamó de manera algo ahogada, preguntándose si lo escucharía.
- ¡Aiken! ¿Lo escuchaste? Creo que oí algo... – lo llamó Hikage,
sobresaltado.
-Sí… ¡Yûsei!- el chico corrió hacia el pasillo de nichos de donde
la voz ahogada provenía, abriendo más los ojos y aterrorizándose
ante lo que se le pasaba por la cabeza -¿Yûsei?!- golpeó las lápidas
una a una, esperando a ver si en alguna se devolvía el golpe al
otro lado, el cuervo graznando más y más fuerte de forma ensordecedora
cuanto más golpeaba el chico, que parecía estar perdiendo los nervios
no sólo por la angustia si no por el animal, se sentía completamente
solo, sólo existía la angustia y la ausencia de Yûsei. – ¡Yûsei!
El chico golpeó con fuerza, reteniendo sus sollozos por un momento
al escuchar los golpes. – ¡Aiken...! – lo llamó de nuevo, Hikage
acercándose desde el otro extremo para ayudar al chico a encontrarlo
más pronto.
- ¡Está aquí! ¡Aquí!- Aiken golpeó el mármol, sintiendo el movimiento
al otro lado, tratando de sacarlo y haciendo fuerza sin conseguirlo.
Akuba, que se había quedado un tanto pasmado mirando al cuervo,
se acercó rápidamente, agachándose y metiendo el borde de la navaja
que llevaba en el bolsillo por la rendija entre el mármol y el cemento,
haciendo palanca como podía, aflojándolo. Metió los dedos en la
rendija por fin, tirando de la lápida.
Aiken sujetó al chico por los hombros, sacándolo de allí y abrazándolo
con fuerza, llorando por lo desesperado que se había sentido. –Yûsei…
Yûsei… ¿estás bien?
-¿Quién te metió ahí?- Akuba lo miró, entre aliviado y horrorizado
por el miedo que debía haber pasado el chico, se le veía en la cara,
estaba lívido. El cuervo ya no estaba…
Yûsei se quitó la mordaza, llorando, lo vieran o no, y abrazándose
a Aiken. – Creí que iba a morir... Fueron... Togashi y Asakura...
Hikage frunció el ceño enseguida, crispando los puños. - ¿Así que
nos siguieron? ¡Maldición! ¡¿Qué creen que hacen?! ¡¿Incluso aquí
tienen que venir a joder?! Los mataré...
-Hikage - Akuba lo miró serio. –No vas a matar a nadie y no digas
eso delante de ellos- le riñó sin poder evitarlo, sólo faltaba que
ahora Aiken hiciera una estupidez animado por el otro chico. –Seguramente
estaban cabreados ¿no? Para venir hasta aquí a jodernos- los miró
a ambos, ni siquiera quería saber lo que habían hecho la noche anterior.
Aiken apretó aún más a Yûsei, mirando a Akuba de soslayo de forma
que el otro apartó un poco la mirada sorprendido. Akuba podía decir
lo que quisiera… él no iba a matarlos… iba a lograr que deseasen
morirse… se iban a arrepentir de haberle hecho eso a Yûsei, que
no lograba recuperarse del todo, y continuaba temblando entre sus
brazos.
- Akuba... ¿acaso te importa si estaban cabreados o no? ¿Se supone
que nos sentemos a esperar? ¿Qué tal si le hubiera sucedido algo
a Yûsei? Si no hubiéramos podido salir... – Hikage lo miró a los
ojos, el ceño fruncido, dolido. No podía creer que lo riñera así,
que no lo comprendiera.
-No sé si me importa o no… creo que nadie encerraría a un niño
en una tumba si no estuviese muy cabreado… ¿Qué hicisteis?- lo miró
fijamente, si estaba enfadado o no, le importaba poco, también lo
estaba él y no pensaba dejar que eso se les fuera de las manos.
- ¿Ahora es nuestra culpa esto? Sólo hicimos lo que merecían...
Y creo que merecían mucho más en realidad. – le sostuvo la mirada,
al parecer molesto, pero en realidad también estaba asustado. No
quería perderlo, no quería decirle lo que habían hecho y que lo
dejara.
-Hikaru… yo sólo sé que no me estás contestando…- el moreno apoyó
la mano en una de las cruces de mármol. Luchando por no alterarse
y manteniéndole la mirada también serio
- Le rapamos la cabeza a Togashi- Aiken se levantó hablando decidido,
mirándolos y sujetando a Yûsei contra él, observando a Hikage fijamente,
rogando porque no confesase.
El chico asintió, bajando la mirada, no le gustaba mentirle a Akuba.
No le gustaba nada de lo que estaba pasando.
-Vale… eso no es un motivo para hacer algo así…- el moreno suspiró,
apretando las mandíbulas y mirando a lo lejos, ahora no tenía malditas
ganas de quedarse a pasar allí la noche como habían planeado. –Lo
mejor será pasar la noche en un hotel… aunque no tengo dinero para
eso…
-Yo tengo…- Aiken le besó el cabello a Yûsei. –Vámonos de aquí…
Yûsei está asustado aún…
- Lo siento... – murmuró el chico, sintiéndose algo culpable, aunque
su mente le dijera que no tenía por qué.
- No es tu culpa. – le aseguró Hikage, pensando que era mejor que
hablase con Akuba luego, aunque... también necesitaba hablar con
Aiken. – Yo pagaré nuestra habitación, igual traje dinero por si
acaso.
-Vale… como sea, vámonos de aquí…- Akuba cogió las bolsas y le
sujetó la mano a Hikaru, caminando cuesta abajo, agradeciendo las
luces de las farolas e internándose por la arboleda que tan agradable
había parecido aquella tarde, ahora la impresión que provocaba era
muy distinta, ponía los vellos de punta.
Aiken rodeó mejor a Yûsei, caminando detrás de los mayores. –Tranquilo…
no voy a dejarte solo ni un segundo… “¿me perdonas?”- se atrevió
a preguntarle por fin ahora que suponía que no lo escuchaban.
- “No es necesario... Tampoco es culpa tuya” – le sonrió, aunque
su rostro seguía pálido, y se abrazó a él de lado.
Hikaru se detuvo de pronto, serio, halando un poco la mano de Akuba
para que se detuviese también. - ¿Escuchas eso?
-No…- el moreno se quedó parado en el medio del bosque, notando
cómo bajaba la niebla demasiado deprisa para ser natural. –Ya lo
escucho… son caballos- se giró de espaldas un poco, no estaba seguro
de donde provenía el pesado galopar de aquellos cascos.
-¿Caballos a estas horas? ¿Y tantos?- preguntó Aiken, asustándose,
aunque trataba de no poner aún más nervioso a Yûsei. –Hace frío,
Hikage…
- ¡Vámonos!- Akuba le sujetó la mano al chico, corriendo a través
del bosque sin pausa, nervioso y agitado por aquella sensación,
aquello… sin duda no era normal. – ¡No os separeis!
- ¡Aiken! – gritó Yûsei más por miedo que por otra cosa, corriendo
de la mano del chico, Hikage, lanzando su mano hacia atrás para
que la tomasen también y así permanecer los cuatro juntos, jadeando
por la carrera.
Pero por más que corrían, no parecían poder escapar de aquella
niebla, los rodeaba por completo ahora, y los cascos de los caballos
también parecían provenir de todas las direcciones.
Akuba escuchó los jadeos a lo lejos de lo que parecía un perro,
o más bien varios. Se giró sin saber a dónde dirigirse realmente,
los chasquidos de las hojas y ramas pisoteadas provenían de todas
partes, rodeándolos por completo, cercándolos.
Aiken apretó a Yûsei contra él, acercándose a Hikage y Akuba tanto
como podía, sintiendo cómo los cuatro se iban apiñando en el medio
de aquel círculo.
- “Aiken...” gimió Yûsei, el aliento saliendo frío de entre sus
labios, formando una nubecilla.
- “Shhhhh” – lo silenció Hikage, no por ser brusco, pero no estaba
seguro de lo que había allí fuera del alcance de sus miradas. La
niebla apartándose poco a poco alrededor de las figuras que surgían
de la misma, increíblemente. Aquellos caballeros recubiertos de
una armadura negra por completo, rodeándolos, hasta que no tenían
ni el espacio para dar un sólo paso más.
-¿Qué es esto?- Akuba sujetó a Hikage de la mano con más fuerza,
acercándolo más a él, tratando de protegerlo, aunque ante aquello,
bastante difícil iba a ser.
Uno de los caballeros se inclinó en el caballo negro, sacándose
el casco. Su rostro no parecía humano pese a que no había ninguna
seña especial en él, el cabello negro al igual que los ojos y el
gesto adusto. Se bajó del caballo, acercándose y haciéndolos retroceder
asustados, era demasiado alto, demasiado grande… incluso a los ojos
de Akuba.
Dos cuervos negros pasaron volando por encima de los chicos hasta
posarse cada uno en los hombros del moreno que los observaba sin
abrir la boca aún. Graznaron tan sólo una vez, el imponente joven
separando los labios y hablando en una lengua extraña, de aspecto
arcaico y empujando con uno de aquellos dedos enfundados en un guantelete
metálico el pecho de Hikage y el de Aiken.
Akuba apretó a su novio contra él, sin atreverse a abrir la boca,
observando de pronto cómo el hombre cambiaba como una bruma negra,
adoptando la forma de un perro enorme de dos cabezas, un perro realmente
enrome. Ladró con fuerza, los cuervos graznando aún más potentemente.
La tierra remeciéndose, al tiempo que los caballeros se alejaban
de nuevo, el cancerbero atravesando entre ellos y corriendo hasta
encabezarlos montaña arriba. Llevándose aquella espesa niebla con
ellos.
Hikage permaneció quieto, completamente estremecido. No tenía idea
de lo que había sucedido. Ni de lo que les habría dicho realmente.
Se tocó el pecho, en donde lo había empujado, mirando a Aiken.
Yûsei remeciéndole un poco el brazo a su novio. – ¡Vamos! ¡Tenemos
que irnos de aquí! – La luna volvía a aparecer entre las nubes,
iluminándoles el camino.
-Ya… ya voy…- el chico se apretó el pecho, sintiendo un dolor terrible
en él, como si quemase. Corriendo con los demás sin decir nada pero
mirando antes a Hikage, necesitaba hablar con él a solas.

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