SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 79- No hay mal que me afecte, la
luz me protege
Hikage terminó de colocar las velas, esta vez para poder ver lo
que hacían además de crear algo de ambiente, mientras que Aiken
hacía el círculo de sal. Al final, Yûsei había terminado encontrando
algunos jazmines milagrosamente. El moreno se sentó junto a Akuba,
que estaba leyendo del libro, y en esos momentos, era el que mejor
sabía lo que había que hacer. – Yo nunca miro esa parte...
-¿La parte que te explica cómo hacerlo?- se burló el moreno que
sabía que se refería a la magia blanca. –Bueno… tenemos que lavarnos
los pies y las manos con agua de jazmín…
-O sea, que hay que machacarlos en el agua ¿no?- preguntó Aiken
mirando luego a Yûsei. -¿Lo haces tú? No quiero que me de alergia…
-Después reservamos un poco en el vaso y bebemos un sorbo, nos
metemos en el círculo y nos concentramos en no pensar nada negativo,
con las manos sujetas, repetimos tres veces “no hay mal que me afecte,
la luz me protege”… y fin del hechizo gay…
Hikage se rió, empujándolo un poco. – No seas así, no tiene nada
de malo protegernos un poco. Luego ya podemos continuar con lo demás...
- Y ¿se supone que los machaque cómo? ¿Cómo el vino? – preguntó
Yûsei mirando las flores, y pensando que era una pena. Ya estaba
un poco acostumbrado a llevar aquello entre las nalgas, siempre
y cuando no se lo movieran.
- ¡No! – exclamó Hikage riendo. – No queremos beber pies... Si
hubiera sabido que sólo era eso, no hubiéramos necesitado buscar
las flores. – meditó, más tranquilo, pensando en la botellita que
llevaba en la bolsa. – Pero supongo que así será más auténtico.
Toma esto... – le entregó un platito y una cuchara grande de madera.
– Sólo tienes que machacarlas en el agua. No es necesario que quede
perfecto.
-De todos modos, sabrá fatal… ¿no podemos ponerle un poco de cerveza
a eso?- Akuba se rió, mirando cómo el chico machacaba las flores.
–Joder… Yûsei, así vestido y machacando flores pareces una criatura
mágica o algo así…
Aiken sonrió y los miró, observando a Yûsei después, orgulloso,
levantándose y colocándole flores en el cabello a Hikaru. –Aún podemos
usar las que sobran…
- No creo que sea mi estilo- se rió el chico, bebiendo un poco
de cerveza, aunque estaba entusiasmado. Era agradable hacer aquellas
cosas en grupo aunque sólo fuese un hechizo de protección.
- Y yo ya hice el elixir... – sonrió Yûsei, acercándose y pensando
que estaban bastante locos.
- … no es el estilo de nadie aquí, pero es para meternos más en
el hechizo… - Aiken enrojeció un poco, porque se sentía como si
lo hubiese reñido o algo así.
-Yo creo que te quedan bien… con el pelo tan negro que tienes…
- Akuba lo miró y cogió unas cuantas colocándoselas él ahora, Aiken
sonriendo y empezando a colocarle a Yûsei las que quedaban.
-Yûsei…- le besó los labios y lo tumbó en el campo para continuar
aquel beso, se sentía extraño, realmente… como si hubiera algo mágico
allí. Giró el plastiquito que tenía en un bolsillo para activar
el movimiento del vibrador dentro de él aunque a una velocidad muy
floja para que no lo notasen más que ellos y siguió besándolo.
-“Eso no salía en el hechizo…”- susurró Akuba sonriendo y colocándole
algunas flores por la rejilla de la camiseta a su novio, procurando
no mirarlos. Pese a que no sabía lo que pasaba en realidad.
- Mmm... – Yûsei gimiendo, activado de nuevo, su sexo pulsando,
mientras el chico enrojecía, sus labios pegados a los de Aiken,
porque si no, iba a gemir en alto.
- “Podemos incluirlo...” - Hikage besó a Akuba también, aunque
secretamente esperaba que no se pusieran a hacer el amor allí, era
algo embarazoso.
Akuba lo besó, enrojeciendo un poco por aquello del público y se
rió levantándose y huyendo un poco del cariz que podían tomar los
acontecimientos sabiendo lo que sabía de los otros chicos. –Niños…
el hechizo… eso luego o les echo agua por encima para que se relajen…-
la cogió y se sentó junto a Hikaru, lavándole las manos con cuidado,
aunque no era su estilo, pero siempre le daba la impresión de que
si lo trataba con brusquedad, se rompería.
Aiken se rió, deteniendo aquello para no poner a Yûsei en evidencia.
–Sólo era un beso…- se disculpó, igualmente sonriendo y mirando
a Yûsei a los ojos, ayudándolo a levantarse. –Vamos… - lo miró de
soslayo pensando que ahora se veía incluso más guapo. –Yo te lavaré
a ti y tú a mí…
El chico asintió, sonriendo, aunque seguía rojo y aún le duraba
la sensación. Es más, no se atrevía a hablar por miedo a que se
notase que su voz estaba rara. Se sentó un poco más cerca de los
otros, tomando un poco del agua para lavar a Aiken, mientras Hikaru
hacía lo mismo con Akuba, sintiéndose extrañamente calmado y feliz
en esos momentos.
Los cuatro chicos se levantaron y se pasaron el vaso, bebiendo
un sorbo y entraron descalzos en el círculo, olía a jazmines y a
cera, el aspecto de aquel lugar era realmente hermoso a la luz de
la luna.
-Coloca el vaso en el norte, Yûsei…- le pidió Aiken entrando con
él en el círculo al igual que Hikaru y Akuba, que se colocaron uno
en el sur y otro en el este respectivamente, tomándose las manos
y esperando a los otros dos chicos.
Yûsei se enderezó, una vez hubo dejado el vaso allí, parándose
en su lugar, y sosteniendo primero la mano de Aiken que se había
colocado al oeste y luego la de Akuba.
Hikage asintió, empezando a recitar aquella frase al igual que
los otros chicos. - “No hay mal que me afecte, la luz me protege”…
-“No hay mal que me afecte, la luz me protege”- repitieron una
vez más, Akuba abriendo los ojos pese a lo que habían acordado en
las normas del hechizo, observando a Hikage y sonriendo un poco,
le daban ganas de besarlo. Cerró los ojos de nuevo mientras la poca
luz que daba la luna se tapaba por las oscuras nubes de la noche.
-“No hay mal que me afecte, la luz me protege”- repitieron una última
vez, los ojos de los cuatro chicos permaneciendo cerrados a pesar
de que eran conscientes de la inquietante ausencia de luz, Yûsei
apretando la mano de Aiken, en un gesto de nerviosismo, a la vez
que un suave viento frío se levantaba en torno a ellos, girando
y alborotando sus cabellos cono si surgiera del centro mismo del
círculo.
Hikage permaneció quieto, algo dentro de su mente diciéndole que
no era posible tal oscuridad, él mismo había encendido las velas.
Claro, podría haberlas apagado aquel viento, y aún así, por alguna
razón, no se atrevía a abrir los ojos. A pesar de que jamás le confesaría
aquello a nadie.
Aiken apretó la mano de Yûsei, respirando un poco más fuerte. Era
muy extraño… estaba deseando abrir los ojos para comprobar que todo
seguía normal pero no era capaz.
Akuba los abrió, demasiado inquieto por aquella sensación de oscuridad,
alzando la vista al cielo y observando cómo poco a poco, la oscuridad
que se cernía sobre ellos se iba retirando, las nubes moviéndose
de forma extrañamente rápida como si aquel viento que los había
despeinado se ocupase ahora de retirarlas de delante de la luna.
Sintió cómo algo los mojaba de pronto, algo caliente, Aiken abriendo
los ojos sin soportar más la presión, observando cómo en el centro
del círculo caía un pájaro muerto, moviéndose en el centro, agonizante
y mojándose en su propio charco de sangre.
- ¡Ah! – exclamó Yûsei abriendo los ojos de pronto para ver aquello,
y rompiendo por fin el círculo pegándose a Aiken, asustado.
Hikage también abrió los ojos, serio, su corazón algo acelerado.
No estaba seguro de nada, claro, pero no se veía como una buena
señal. Por otro lado, no tenía idea de magia blanca. Miró a Akuba
por ver si estaba nervioso.
-Parece un pájaro muerto…- el moreno se separó de ellos para agacharse
en medio del círculo, lo sujetó en la mano, mirando si podía hacer
algo por él. Aiken alzando la vista y observando a un cuervo negro
sobrevolar la zona. Apretó a Yûsei contra él y le besó el cabello.
-No pasa nada… ha sido el cuervo…
-Le ha arrancado los ojos…- Akuba se aseguró de estar de espaldas
a Hikage antes de rematar al pájaro. No había nada que hacer por
él.
El chico sonrió, aunque no era una sonrisa alegre ni relajada.
– Un cuervo... creo que sí tenías razón en estar nervioso la otra
noche...
-¿Qué?- Akuba levantó un poco de tierra y lo enterró bajo ella,
levantándose y observando sus manos. –Tranquilo…- se rió un poco,
acercándose a la pila con pétalos de jazmín para lavarse las manos.
–Estoy seguro de que el cuervo aquel no tomó el tren…
-¿Qué cuervo?- preguntó Aiken que al igual que Hikaru seguía sin
tenerlas todas consigo.
- Vimos uno en... un lugar que frecuentamos. – le explicó Hikaru,
sacudiendo un poco la cabeza. – No es nada, sólo bromeaba
- A mí eso no me pareció algo bueno... – aventuró Yûsei que seguía
sumamente asustado. Jamás había visto algo así en su vida, ni siquiera
había visto un cuervo de cerca.
-No creo que sea algo bueno… -le confirmó Aiken nervioso. –Sé de
una historia… sobre un hombre al que se le presentó el diablo en
forma de cuervo…
-Habrá historias de todo tipo…- Akuba se sacudió el agua de las
manos y se las acabó de secar en los jeans. –Creedme… sólo ha sido
un animal atacando a otro… ocurre a todas horas… simplemente que
se nos ha caído encima…- le limpió algo de sangre de la cara a Hikaru
y le sonrió. –“Tú no estás asustado ¿verdad?”
-Ya…- Aiken los miró sin dejar de pensar en aquella sensación de
oscuridad, pero manteniendo la boca cerrada por si los demás no
lo habían sentido.
- “Yo no me asusto...” – le respondió como era de suponer, aunque
su mirada no era la misma y su voz no sonaba tan segura como siempre.
Él también había leído aquellos relatos, y supiera o no de magia
blanca, no se había sentido muy tranquilo al comenzar el hechizo.
- Estoy nervioso... – murmuró Yûsei, mirando hacia arriba, por
si les caía otro pájaro o algo así. Incluso tenía frío ahora.
-No pasa nada… - Aiken trató de tranquilizarlo y lo abrazó contra
él un poco más fuerte. –No van a llovernos pájaros ni nada así…-
le sonrió porque no quería que pasase miedo y porque sabía que probablemente
se estaban sugestionando. –Mira… ¿aún quieres dar ese paseo a solas
conmigo?
-¿Y tú?- Akuba miró a Hikage y se guardó las manos en los bolsillos.
–No vamos a dejar que un pajarito haciendo la cadena de alimentación
nos amargue la noche ¿no? No había nada de malo en lo que hacíamos,
era un hechizo de magia blanca… ha sido todo una coincidencia…
- Sí, una coincidencia... - el chico asintió, sonriendo un poco
y mirando a Aiken de soslayo, y luego a Akuba de nuevo. – Tienes
razón, era un hechizo de protección... no va a suceder nada. Vamos,
ustedes también... lleven una vela, por si la necesitan. – les recomendó,
Yûsei asintiendo.
- Sí, aún quiero, Aiken. Pero no me dejes solo.
Aiken se rió un poco y le sujetó la mano. –No sé cual es el objetivo
de un paseo romántico si dejas a tu novio colgado…- se agachó para
coger su bolsa, no fueran a robársela, y sacó dos porta velas de
ella, tenían las paredes de cristal así que era más difícil que
se apagara así. –Toma…- le dio uno a Hikaru enrojeciendo un poco.
–Pensé que sería más creepy que una linterna… aunque de haber sabido
cómo se ponían las cosas hubiera traído una.
-No te ralles… seguro que mañana piensas que fue una bobada pensar
cosas raras…- Akuba cogió el mechero del bolsillo y les encendió
las velas. –Si no lleváis eso con un palo, os vais a quemar los
dedos cuando pase un rato encendida. El metal calentará el asa…
- Vale, vale... busquemos unas ramas... – sugirió Hikaru empezando
a tranquilizarse. – Y no te preocupes Aiken, a mí me encantan estas
cosas.
- Son bonitas... sí. – le aseguró Yûsei, aunque seguía estando
sobresaltado, pero no quería hacerle ver a Aiken que lo creía raro
ahora o algo así.
-Al menos el chaval trajo algo que ya nos demuestra que más inteligente
que nosotros, sí que es…- Akuba se rió, pensando que apenas se veía
con esas velas, ni quería imaginarse de no tener nada más que el
mechero. Le pasó otro que llevaba por si acaso en su bolsa. –Por
si se os apaga la vela…
-Gracias…- el chico sonrió guardándoselo. -¿Nos separamos? ¿A qué
hora y dónde nos reunimos?
-Nosotros vamos a ir a ese panteón de ahí… pero no se aparezcan
en él… como en media hora…- se rió Akuba que pájaro o no, seguía
pensando en lo mismo desde la mañana.
Hikage se rió, asintiendo. – Aunque presiento que ustedes nos harán
esperar a nosotros...
- No.... – negó Yûsei, enrojeciendo, aunque también sonreía, la
atmósfera de tensión disipándose un poco.
-O sí…- Aiken se rió, besándole una mejilla y apretándolo un poco
contra él. –Bueno pues nos vemos en al menos media hora allí… los
buscamos por dentro ¿es muy grande?
-No sé… nunca he entrado hasta el fondo… hay muchas escaleras hacia
abajo con cuartos escavados y tumbas a los lados… pero como es de
hace mucho tiempo… - Akuba los miró como dándoles a entender que
no había de qué tener miedo.
- De todos modos, subiremos cuando... Subiremos luego – les aseguró
Hikage. – Así que si nos buscan y no nos encuentran, vuelvan a subir.

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