.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 68- All Better Now

Aiken salió del cambiador con Yûsei, bajando los escalones para ir a clase de gimnasia y sujetándole la mano, sonriendo y mirándolo un poco rojo por haberlo agarrado. –Odio la clase de gimnasia menos ahora…

- Pero te ves muy bien, corriendo... – se rió el chico, apretándole la mano y mirándolo a los ojos.

-Pero soy el más lento y me da vergüenza…- murmuró echándose un poco a un lado con Yûsei y pegándolo al pasamanos al escuchar que bajaban los demás. Sintió que le empujaban por la espalda varias veces y siguió bajando, tratando de apartarse sin entrar en más jaleos. Si necesitaba vengarse, ya lo haría por la noche. Pero no paraban…

Katsuro le pegó un empujón de golpe entonces, haciendo como si se tropezase y tirándolo por las escaleras abajo. El moreno rodó algunos escalones hasta chocar contra la pared de la esquina donde doblaban las escaleras y se comenzó a levantar despacio. Sintiendo de nuevo aquel tremendo odio, aquella cólera.

- ¡Aiken! – lo llamó Yûsei corriendo escaleras abajo, para ver si se había hecho daño, y ayudándolo a levantarse, mirando a los otros chicos. - ¡¿Qué no ven que se pudo matar?! – les gritó, molesto.

- ¿Qué no ven que se pudo matar? – lo imitó Salz, sonriendo. – Pues que no camine tan lento, hizo que Katsuro se tropezara.

Aiken los miró con odio. –Estoy bien, déjalos, son anormales… se les ha pegado de estar con travestís…- sonrió de medio lado y el pelirrojo lo miró.

-¿Te atreves a contestarme? ¿De qué te ríes idiota?- lo sujetó por la camiseta contra la pared y el moreno se dejó, a pesar de que era bastante más grande que él, pero esta vez no tenía miedo, se sentía superior

-De ti… creí que era obvio hasta para un anormal como tú… ¡ah!- se dobló un poco por el puñetazo que le había pegado el pelirrojo en el estómago antes de soltarlo, aunque su rostro parecía más extrañado que otra cosa.

- ¡Aiken! ¡No! – protestó el chico de cabello malva, envalentonado pro al resistencia de su novio, y a la vez, bastante cansado de que se aprovechasen de ellos, metiéndole una patada al chico, y sintiendo que el otro le sujetaba el brazo dolorosamente tras su espalda.

- ¿Tienes ganas de sufrir un accidente, microbio?

-¿Y tú tienes ganas de morirte?- Aiken lo sujetó por la muñeca. Ni siquiera sabía cómo no estaba muerto de miedo. De hecho, le daba igual que le pegasen a él, estaba acostumbrado, pero no iba a permitir que le pusiesen la mano encima a Yûsei de nuevo, al menos no sin hacer todo lo posible por evitarlo. Le pegó un puñetazo en la cara con la otra mano y sintió el nuevo golpe de Katsuro que lo sujetó por el cuello. Le sujetó un sólo dedo como podía y se lo tiró hacia atrás de golpe, escuchando el sonido de los tendones al partirse.

Sujetó a Yûsei de la mano y lo sacó de allí. Con lo que estaba gritando el pelirrojo lo iban a escuchar en otro continente.

- ¡Eh!... – Salz lo miró, haciendo ademán de ir por ellos y luego al pelirrojo, gritándoles finalmente. – ¡¡¡¡Esto no se queda así!!!!

Yûsei corriendo a toda prisa, llevado por Aiken, impresionado por la valentía del moreno.

-La he liado…- susurró el moreno corriendo con él hacia el gimnasio. No podía pasar nada malo con los profesores delante, al menos eso era un alivio. –Espero que no le diga a los profesores… aunque nunca antes hice algo así… - respiró cansado además de algo mareado después de eso, tras haberse caído por las escaleras abajo. –Me duele un poco… todo… - se rió mirándolo.

- ¿Seguro que no te has hecho daño? ¿Quieres ir a la enfermería? – le preguntó, preocupado, pero sonriendo un poco. –Estuviste maravilloso, Aiken! Fue increíble...

-No… no me gustan las enfermerías… estoy bien… ya me han tirado otras veces antes…- se explicó, aunque eso no estuviera muy heroico por su parte. Sonrió un poco, enrojeciendo. –No seas baka… no iba a dejar que te tocasen…

- Yo tampoco a ti, aunque no sea muy fuerte... para nada. – se rió, besándolo antes de entrar al gimnasio. – Pero igual puedes decir que estás resfriado y te sientes mal... así no te ponen a correr ahora.

-Le diré que me caí por la escalera… espera… tú vienes conmigo- le dijo después, llevándolo de la mano y hablando con el profesor sin mucha dificultad para convencerlo. Después de todo, tenía todo el aspecto de que eso era lo que le había ocurrido.

- Yo le acompañaré... – se ofreció el chico, por no dejarlo solo, y porque no quería estar sin él. Gracias a Dios, el profesor no molestó mucho, ya que Yûsei se portaba bien, no era de los que faltaban a clase.

-Qué pesado… - protestó Aiken de todos modos, caminando a la enfermería y hablando con la chica, que igual le hizo levantarse la camiseta para verle la espalda. Miró a Yûsei rojo, con cara de que ya se podía ir a la porra la tía esa y se bajó la camiseta. –Ya vale… no me duele la espalda…- protestó, la chica riéndose levemente.

-Bueno… acuéstate un rato… ahora vengo…

El moreno se acostó en la cama y miró a Yûsei. –Por eso las odio…

- Pero a mí me parecieron amables... – le sonrió, sin comprender. Si no lo habían reñido. - ¿Te sientes mejor?

-Ya me sentía bien… porque me miren, no me voy a sentir mejor…- lo miró suspirando y tirando de él para que se acercase. –Corre la cortina… - le pidió con un gesto.

Yûsei hizo lo que le pedía, sentándose a su lado. – Me refería a que ahora estás acostado. Ya no te mareas, por eso.

-Ah… ya… - sonrió levemente y tiró de él para recostarlo a su lado y le besó los labios. –Sobre lo que Kiken nos dijo de ir a su casa… parece divertido ¿no?

- Sí, aunque me da vergüenza... – se rió, enrojeciendo un poco.

-¿Por qué? Porque sabes que Inari te querrá hacer el amor… - se rió enrojeciendo un poco. –Son unos pervertidos ¿Sabes?

- Sí... – se rió también, moviéndose contra él. – Y Kiken querrá hacerlo contigo. No sé, es que como nunca he ido a su casa...

-Es igual… una casa sólo es una casa… a mí también me da corte…- le pasó un dedo alrededor de un pezón, sonriendo. -¿Qué haces?

- No hago nada... ¿Qué haces tú? – se rió, más rojo, y pegándosele.

-Toco lo que es mío…- sonrió levemente, levantándole la camiseta para mirarlo. –No estés nervioso… cuando vayas a estar a solas con Inari… antes de eso… yo te diré lo que tienes que hacer…- le subió la camiseta hasta arriba y bajó sus pantalones de golpe, haciendo rebotar su sexo contra el abdomen. –Ya estás excitado… - lo miró a los ojos excitándose él a causa de aquello. –Arrodíllate y tócate los pezones… pero apriétalos bien… hasta que se sonrojen…

- Aiken... – se rió, arrodillándose, sonrojado tanto por lo que le ordenaba, como por lo que le había dicho de Inari. – Tú me excitas siempre... – confesó, empezando a tocarse los pezones, y a pellizcarlos para que se le pusieran rojos.

-Y tú a mí…- apartó las sábanas un poco para mostrarle su erección, bajándose un poco los pantalones, para mostrarle el sexo, que se erguía completamente pegado a su abdomen, sus ojos sin dejar de mirar aquellos pezones erectos. Se sentó un poco y se los lamió. Succionándolos con fuerza y mordiéndolos con suavidad. Se dejó caer hacia atrás de nuevo, su rostro completamente excitado. –Levántate… y tráeme los bolígrafos que hay sobre la mesa…- se giró un poco de lado en la cama y sonrió. –Pero no te vistas…

- Pero que no me vea la enfermera... – sonrió, rojo, más bien como lanzando un ruego y fue a buscar los bolígrafos. Tenía el sexo completamente erguido ya sólo con eso. Pero sabía que Aiken lo estaba mirando además.

-No te verá… la escucharía venir con esos zapatos que lleva…- le aseguró el chico observándolo excitado. –Vuelve conmigo…- susurró casi al ver que ya tenía los bolígrafos en la mano. –Pero ven a gatas, sujétalos con la boca…

- ¿Así? – se agachó, colocándose los bolígrafos en la boca, y riéndose un poco cuando se le cayeron algunos, acomodándolos mejor, antes de acercarse gateando, con cuidado, sin dejar de mirar a Aiken.

-Sí… así…- sonrió pasándole la mano por la cabeza y sentándose un poco para cogerlo y subirlo a la cama. Extendió la mano para que le diera los bolígrafos, observando su rostro y besándolo profundamente, rozando sus labios y echándose hacia atrás. –Muéstrame las nalgas…

- ¿Qué vas a hacer? – se dio la vuelta, nervioso, pero igual sujetándose las nalgas para separarlas un poco, mirando hacia atrás luego, a la expectativa.

-¿Qué crees?- preguntó el moreno observando su ano turgente. –Sepáralas más…- le pidió hablando suavemente y deslizando la lengua por él antes de rozarlo con uno de los bolígrafos, empujándolo dentro de él y siguiendo con los otros, su propio sexo pulsando fuertemente por lo que estaba haciendo. –Es un regalo que le hago a la enfermera…

- Ah... ah... – gimió con voz aguda, mientras sentía cómo lo penetraba, un bolígrafo a la vez, su sexo pulsando caliente. – Aiken... – lo miró con los ojos nublados por el deseo.

-Si me dices cuantos te he metido, los cambiamos por mi polla…- sonrió torciendo un poco los labios y bajó la mano a su sexo, acariciándolo con demasiada suavidad.

- No lo sé... ¿cinco? – aventuró, sonriendo un poco a pesar de su excitación, y estremeciéndose un poco al sentir su mano.

Aiken se rió y los retiró uno a uno dejándolos sobre la mesita. –Sí… cinco…- le sujetó las caderas alzándoselas un poco y sentándolo sobre su sexo, observando cómo entraba en él lentamente. Lo apretó contra su cuerpo de golpe, acabando de penetrarlo y sentándose aún sin moverse dentro de él, besándole el cuello y lamiéndoselo, mientras sus manos acariciaban todo su cuerpo. –Quiero… que siempre seas mi novio, Yûsei. – susurró serio aunque completamente rojo.

- Siempre lo seré... Te amo... – murmuró el chico, enrojeciendo más, aunque con la excitación casi no se notaba. Se recostó contra su pecho completamente, haciendo aquel ruidito de nuevo sin ser consciente, y gimiendo. Siguiendo las manos de Aiken con las suyas propias como en una especie de juego.

El moreno lo miró a los ojos preguntándose si era consciente de lo sensual que era. Sonrió levemente, lamiéndole los labios y besándolo profundamente mientras se volcaba sobre él, enterrándolo bajo su peso en la cama y penetrándolo con fuerza, levantándole una pierna contra el pecho y moviéndose con toda la fuerza que podía dentro de él. El colchón hacía ruido y ya dudaba poder escuchar a la enfermera o a una manada de elefantes, pero no estaba para pensar en eso.

- Aiken... sh... – le advirtió el chico porque se ponía nervioso, pero no era como si aquello no lo excitase aún más, la posibilidad de ser descubiertos. Su sexo rozaba contra el abdomen del moreno, cada vez más deprisa, con más urgencia. Se aferró a él, dejando que su cuerpo se guiara por los movimientos de Aiken. - ¿Puedo... me corro? – le preguntó, en bajito.

-Claro que no puedes…- jadeó mirándolo a los ojos y subiéndole ambas piernas para colarse mejor entre ellas, moviendo las caderas dentro de él y succionando sus pezones, lamiéndolos sin parar dentro de su boca. –Yo aún no estoy…y me gusta ver cómo te aguantas…

Yûsei hizo aquel ruidito de nuevo, con rostro de que le costaba, gimiendo luego. Lo volvía loco, tan sólo sentir el rozar del sexo de Aiken dentro de su cuerpo, y la manera en la que lo lamía. Aguantaría cualquier cosa por él.

-¿Ves?- preguntó el moreno hablando con cierto esfuerzo –Haces ese ruidito… que me vuelve loco…- enrojeció levemente por haber dicho eso, aunque ya se sentía mucho más seguro respecto a su cuerpo y a todo. –Córrete… me correré en tu boca…

- Gracias... – sonrió, aunque seguía inconsciente de aquel ruidito. Se frotó un poco más contra él, sintiendo que le iba a arder el sexo, corriéndose abundantemente, estremeciéndose y gimiendo aunque tratando de no alzar demasiado la voz, ambas manos, crispándose en los hombros del moreno.

-Ah….- Aiken tuvo que apretarlo con fuerza para no correrse él, pero no podía, debía ser firme en lo que había dicho. No había contado con excitarse tanto al correrse el chico. Salió de su cuerpo, meneándosela un poco frente a sus labios, estremeciéndose por pensar en correrse en su rostro y empujándola en su boca sin dejar de mirarlo a los ojos, todos los músculos de su cuerpo tensos mientras se derramaba, apretando las mandíbulas para no gemir. Finalmente haciéndolo de todos modos y casi abrazándose un poco a la cabeza de Yûsei, el chico gimiendo y succionando su sexo, lamiendo y tragando el blanquecino líquido, sin desaprovechar ni una gota. Le sabía a cielo.

-Yûsei…- el moreno jadeó con fuerza, sintiendo que le temblaba la respiración y apartándose de su boca con cuidado, acostándose a su lado. –Eso… fue genial…- le rodeó las caderas respirando con fuerza aún.

- Sí... pero no sé si fue bueno para tu espalda- se rió, bromeando, y acariciándolo. – Te quiero mucho, Aiken.

-Mi espalda está muy bien…- se rió enrojeciendo un poco. –Yo también te quiero mucho…- lo fue a besar y empezó a vestirse deprisa. –Vístete, corre…- se rió, recostándose en la cama de nuevo y frotando una mancha de semen con la mano.

- Sí – asintió, empezando a vestirse de prisa, nervioso, finalmente metiéndose la camisa a las prisas y ocultando aquello con el jersey, sentándose con rapidez al sentir que apartaban la cortina.

La enfermera sonriendo al ver las caras que traían. – Se ven sospechosos... – bromeó, aunque por supuesto, ni se le pasaba por la cabeza lo que habían estado haciendo.

Aiken se rió un poco mirándola. –Es que se me ha caído agua en la sábana…- mintió enrojeciendo.

-No pasa nada…- sonrió amablemente. –Luego la cambio, no te preocupes… ¿ya estás mejor?

-Sí… mucho… mejor… - el moreno salió de la cama acomodándose la ropa y sujetando la mano de Yûsei. –Muchas gracias…

- Sí, gracias. – el chico hizo una ligera inclinación de cabeza, y riendo cuando hubieron salido. – Pero ahora verá los bolígrafos...

-Pues… que los chupe… no sé…- se rió y enrojeció aún más. –No creo que sepa qué es… tampoco se va a poner a examinarlo… creerá que es el agua… aunque… es enfermera…

- Yo me refería a que los dejamos en la cama... – lo miró confundido. Ni siquiera había pensado en eso.

-No, los dejé en la mesilla…- lo miró a los ojos y sonrió levemente. –Pero estaban mojados…

- Oh... – comprendió el chico, enrojeciendo enseguida.


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