.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 66- Más Allá

Akuba se limpió el sudor de la frente con el guante, aunque más se embadurnaba el polvo que otra cosa, y se fue a las duchas con los otros chicos que hacían el turno de noche, la mayor parte estudiantes también. Le pegó en una nalga a uno con la mano y se rió frotándose el cabello bajo el agua.

-¿No dijiste que hoy venía tu novio a buscarte?

-Su novio imaginario- le molestó otro afeitándose la perilla frente al espejo.

-No es imaginario… y ya vendrá… ¿Qué queríais, que estuviera aquí en las duchas? Pues no… os jodéis…- se rió secándose y poniéndose los jeans a toda prisa en realidad, porque no quería hacerlo esperar.

-Eh… no te escapes… que queremos verlo…

-No me escapo… no quiero hacerlo esperar… - se puso la sudadera por encima esperando que no le estuvieran diciendo a él esas cosas que estaba escuchando desde dentro.

Hikage se aproximó a la construcción, un tanto cohibido, la verdad. No iba a sitios así a menos que no hubiera nadie, y ni sabía si era el lugar correcto. Se aproximó al guardia de seguridad, tratando de ignorar las demás miradas, que estaba convencido, le dedicaban. - ¿Está Akuba por aquí? Trabaja aquí ¿verdad?

El chico lo miró, sonriendo y girando la cabeza para gritar a viva voz. – ¡Eh! ¡¡¡Díganle a Akuba que ya llegó su novio!!!

El moreno se quedó un poco rojo y se frotó un poco más el cabello con la toalla. –Veis… mi novio… dije… veis… ¡no que miréis con tanta atención!- empujó a los dos que estaban con él adentro, porque habían salido sólo con la toalla al hombro a mirar. –Tapaos eso… que le bajáis la moral… - se rió acercándose y besándolo. Tapándole los ojos para que no los mirase.

- ¡Eh! ¡Deja al chico que vea el material antes de tomar decisiones erróneas!

- Akuba, hola... – se rió, pensando que ya los había visto por un momento. No se lo iba a admitir claro, luego se enfadaba aunque no tuviera la culpa. – “Tal vez deberías vendarme los ojos alguna vez...” Vine tapado. – comentó, aunque estaba rojo por tanta atención.

-Lo veo… luego te destapo…- le apartó la mano de los ojos, sonriendo y echándoles un corte de manga en lugar de despedirse, porque le estaban gritando que se lo presentase. –Vamos…- le sujetó la mano y echo a correr con él hacia la capilla abandonada. –Tengo una sorpresa para ti…

-¿Una sorpresa? – se rió, dejándose llevar, contento. – Así que sólo querías que me vieran, debiste presentarme...

-No… estaban en pelotas… - le dio una nalgada por si estaba metiéndose con él y subió por encima de la verja, ayudándolo a bajar, sujetándolo por la cintura y besándolo de nuevo, llevándolo al interior de la capilla. Había cubierto el suelo de velas negras, rojas y lirios. Le tapó los ojos con las manos antes de entrar y empujó el banco con un pie para cerrar la puerta. –Es mi forma de disculparme… por haber estado insoportable…- le susurró al oído mientras separaba las manos.

- Akuba... esto es maravilloso. – se giró, sonriendo, con los ojos aguados, besándolo. – No tenías que disculparte, yo también he sido un idiota. Olvidándome de cosas importantes... Lo siento.

-No… era una bobada…- lo besó de vuelta, acariciándole el cabello con suavidad y besándole el cuello, sonriendo levemente porque había notado su expresión. Había estado a punto de no hacerlo por si no le gustaba. Rozó los labios contra su cuello suave y cerró los ojos abrazándolo con más fuerza. –Intentaré ser más maduro…

- Y yo intentaré ser menos cabeza hueca... – se rió, apretándolo a su vez, sintiéndose en el cielo. – Esto es lo más hermoso que haya visto, Akuba.

-Menos mal…- sonrió levemente, enrojeciendo un poco porque estaba emocionado de haberlo hecho feliz después de estar causando todas aquellas peleas con sus bobadas. Lo levantó a horcajadas, besándolo profundamente. –Te amo… no por el sexo… porque te amo…

- Lo sé, yo también. Te amo tanto, Akuba... – se rió un poco, porque se sentía cursi, pero era lo que sentía, y lo besó de nuevo profundamente. – Quiero ser tuyo siempre, todo el tiempo. No me importa nada más.

Akuba sonrió, besándolo otra vez, sintiéndose estúpido por haber dudado de él un sólo segundo. Lo dejó en el suelo de nuevo y le sacó la camiseta, un poco nervioso, deslizando la lengua por su cuello para alzarle la cara. -¿Ves esos ganchos en el techo?... son para las cuerdas con las que voy a atarte…

Hikage alzó la mirada observándolas, sonriendo. – Piensas en todo, no puedo creer... – lo miró a los ojos de nuevo, excitado. – Dios, cómo te amo... – susurró, besándolo y saltando un poco para rodearlo con sus piernas.

El moreno sonrió y lo apretó un poco contra él para sentir su sexo, besándolo y sujetando sus nalgas sin poderse creer que hubieran estado discutiendo tanto esos días. –Aunque he pensado si no preferirías que hiciera eso en mi cuarto… porque… podría venir alguien y tendría que desatarte… y no sé…

- ¿Quién va a venir? Además... eso le añade algo – sonrió, retándolo y besándolo con suavidad. - ¿Te atreves?

-Si no me atreviese, no habría puesto eso en el techo ¿no?...- lo sujetó con una mano bajo las nalgas mientras le abría el pantalón y le dejó bajar de nuevo, sonriendo levemente. –Pero vas a tener que dejar de saltarme encima un segundo si quieres que te ate de veras…- lo desnudó jugando con él y le besó el pecho. Arrodillándose en el suelo mientras le quitaba el pantalón lamiendo su sexo mientras tanto.

- Mmm... ya te dejo de saltar... – sonrió, acariciándole el cabello, tan sólo deteniéndose para sacar las piernas del pantalón. – No... puedo evitarlo, eres como un imán...

Akuba le lamió los testículos, subiéndolos con su lengua y empujando un dedo de cada mano dentro del ano del chico, levantándose y deslizando la lengua por sus pezones. Pasó por el gancho una de las cuerdas que había cogido del suelo, fijándola y la ató a su muñeca como había visto que debía hacerse. Mirándolo a los ojos excitado. –A lo mejor al principio te es muy incómodo… lo que aguantes… ¿vale?… Es para pasarlo bien ambos…

- Y por eso te amo – le sonrió, su rostro arrebolado, y su respiración entrecortada ya en anticipación. – Te avisaré, no me gusta pasarlo mal, Akuba... – le aseguró, mientras el moreno tomaba su otra muñeca para atarla.

-Está bien… me fiaré…- sonrió besándole el cuello y lamiéndoselo, antes de morderlo con algo de fuerza, jugando con su sexo en la mano. Se apartó un poco y le ató un tobillo, pasando la cuerda después por la anilla y repitiendo la misma operación con el otro, hasta dejarlo alzado por completo. Lo ayudó a girar sobre sí mismo en las cuerdas hasta quedar boca abajo y sonrió levemente para sí. Había estado preocupado de que no le saliera. -¿Es molesto?- le preguntó pasando una mano por debajo de su cuerpo, acariciándole los pezones y tirando de ellos, mientras la otra buscaba entre sus nalgas, empujando dos dedos dentro de él.

- Noh... – jadeó, estremeciéndose, su corazón palpitando de prisa. El estar así, totalmente suspendido, a la merced de Akuba, su cuerpo expuesto, lo excitaba como jamás lo hubiera imaginado. Se movió un poco, sólo por ver qué sucedía, los dedos entrando y saliendo de él. – No... se siente... diferenteh... pero... ah... Akuba, tócame más...

El moreno sonrió, jadeando un poco. Y se quitó la camiseta, arrodillándose para besarlo, apartándose un momento sólo mientras se la quitaba del todo. Le sujetó la cabeza, haciendo que arrastrase la lengua por su cuerpo según se levantaba y se abrió el pantalón, de pie de nuevo, colocándose delante de su rostro y empujando su sexo dentro de su boca. Entrecerró los ojos jadeando con fuerza y le pasó las manos por los pezones de nuevo, apretándolos entre los dedos y tirando de ellos. –Mejor me espero un poco para eso…cuando estés más caliente…

- Mhmmm... – protestó el chico, aunque le encantaba que fuera así. Continuó succionando y lamiendo su sexo, arrastrando sus dientes por él, para jugar. Se sentía increíble aquello, su sexo estaba pulsando, erguido, pidiéndole liberación. Pero allí, en el aire, sólo dependía de lo que quisiera hacer Akuba.

-No protestes… estoy seguro de que te gusta…- jadeó sonriendo aún y revolviéndole el cabello con una mano, apretándolo un poco y moviéndolo, para follarse su boca. –Me gusta tenerte así… - le sujetó un poco la cara, sintiendo cómo resbalaba la saliva de sus labios, y se apartó, jadeando con fuerza y caminando hasta estar tras él, separándole más las piernas hasta dejarlo completamente expuesto. –Deberías verte así…

- Prefiero... que me veas tú... – sonrió, girando un poco la cabeza para verlo, aunque le costaba un poco, y la dejó caer de nuevo, relamiéndose. – Sabes bien... – apretó las nalgas involuntariamente, llevado por el deseo, sintiendo todo su cuerpo caliente.

Akuba sonrió, deslizando los dedos dentro de él de nuevo y pasando su sexo bajo el cuerpo del chico, sujetando ambos a la vez y masajeándolos mientras lo penetraba con los dedos, moviéndolo por completo y sintiendo lo profundo que entraba en él. –Te la voy a poder meter hasta el fondo… de este modo…

- Ha... ¡hazlo! Quiero sentirte... – jadeó el chico estremeciéndose y entregándose a los gemidos después, su ano pulsando y apretando los dedos dentro de sí, su sexo caliente contra el de Akuba.

-Quería hacerte esperar más… - jadeó susurrando casi. No podía esperarse si se lo pedía de ese modo y mucho menos cuando él también lo estaba deseando. Le abrió las piernas todo lo que podía, apoyando su sexo contra él y pasándole las manos por las nalgas, apretándole las caderas de pronto y empujándolo contra él para penetrarlo. – ¡Ah! Hikage…- le apretó más las caderas, de forma un tanto nerviosa incluso. Manteniéndolo por completo pegado a él y empezando a moverlo con aquella facilidad que le daban las cuerdas, sintiendo cómo el sexo del chico se movía balanceándose. –Debí poner un espejo en el suelo… lo haré... la próxima vez…

- Sí... esto... es increíble...ah... – Hikage gimió con fuerza, temblando y haciendo que las cuerdas lo balancearan un poco, provocando que Akuba lo sujetase con más fuerza, embistiéndolo de nuevo, su sexo casi vibrando de lo excitado que estaba. Pero no quería correrse aún, quería disfrutar aquello.

Akuba apretó las mandíbulas, echándose un poco sobre él y sintiendo el cabello blanco sobre su rostro. Deslizó las fuertes manos por los contornos de su cuerpo hasta su pecho, tocándole los pezones y apretándoselos. –Me encanta tu cuerpo, Hikageh…- se movió contra él de nuevo, volviendo a sus caderas para moverlo contra él, sintiendo cómo su sexo empujaba todo su interior, cómo el moreno lo apretaba dentro de él. –Es demasiado…- jadeo sonriendo, sintiendo que le temblaba la respiración.

- No... es perfectoh... mhn... ah.... – sonrió a pesar de todo estremeciéndose de nuevo, su sexo goteando sobre el piso, no podía aguantar más, no con esa voz, esas manos en su cuerpo. El sexo de Akuba lo penetraba como nunca, no creía posible que pudiese ir más adentro. Y él hacía todo lo posible por apretarlo en su interior, temblando, y gimiendo a cada movimiento, el cabello húmedo pegado a su frente, y a una de sus mejillas. Dejó escapar un gemido más fuerte, involuntariamente corriéndose, el semen cayendo con fuerza, los gemidos escapando de su boca sin que intentase controlarlos. Jamás había tenido un orgasmo como aquel.

-Ahg…Hikage… - Akuba lo apretó con más fuerza contra él al sentir cómo se corría apretándolo y temblando contra su sexo de ese modo. Lo sujetó, moviéndolo deprisa contra su cuerpo, sentía que lo zarandeaba demasiado, pero tampoco podía controlarse. Apretó las mandíbulas con fuerza mientras se corría dentro de él, notando cómo el semen desbordaba de sus nalgas.

Se apartó despacio, gimiendo suavemente al sentir cómo salía de él y agachándose para lamer el semen que aún goteaba al suelo desde su sexo, dejándolo entrar en su boca y jugando un poco más antes de desatarlo.

- Ah... mh... – Hikage se estremeció al sentir su lengua en su aún sensible sexo, el mismo pulsando débilmente todavía. Era una tortura sí, pero era la tortura más placentera que pudiera imaginarse.

-Te quiero… - arrastró la lengua por su cuerpo, alzándolo en brazos mientras le soltaba los tobillos y las muñecas, observando que estaban un poco rojas, o incluso algo marcadas del roce. -¿Te dolía?- le rozó la cara con la nariz, un poco preocupado ahora, aunque tampoco se habían tomado tanto tiempo, pero tal vez había sido demasiado brusco.

- No... – sonrió jadeando un poco aún. – Estaba... demasiado entretenido como para sentir dolor. – lo besó con suavidad confesando. – Fue el mejor orgasmo de mi vida.

-¿De veras?- se rió y lo abrazó con más fuerza. –Y por eso, no debemos estar sin sexo… ¿y si nos hubiéramos perdido el mejor orgasmo de tu vida? ¿Eh?- lo besó, aún sonriendo, besándole el cuello y lamiéndoselo, ya no por sexo, si no porque le encantaba hacerlo. –Eso está bien… porque hay otras posturas que quiero probar…- confesó reído.

- Eso está mejor, porque quiero seguir explorando. – se rió con él, abrazando su cuello. – Siempre me sorprendes... me llevas más allá. No creí que existiera alguien como tú.

-Y yo no puedo creer que soy como soy…- se rió pensando que ni loco habría pensando en hacer todas esas cosas en serio, sólo fantaseaba con ellas. –Es gracias a ti… que estamos haciendo todo esto… y es genial… no quiero discutir contigo nunca más… ojalá… luego me siento fatal…

- Yo también, terrible, y sigo mal aunque hayamos hecho las paces... – sonrió, pegándose más a él. – Yo tampoco pensé que alguien querría hacer estas cosas, si tan sólo me atrevía a lo de las esposas...

-Bueno… pero el que te atrevieses… hizo que una cosa llevara a la otra… ¿no?- se rió y se sentó sobre el altar con él. Entre las velas y las flores, aquello tenía un aspecto casi mágico. Se recostó con el chico sobre él a pesar de que estaban desnudos, con toda la tranquilidad, como si estuvieran protegidos allí dentro. –Hikage… he pensando, ya que te gustan tanto estas cosas y fuiste con Aiken a hacer eso… si querías ir a un panteón… y entrar…

- Me encantaría... me lees la mente, como siempre – sonrió apoyando su cabeza sobre su pecho. – Por cierto... le conté a mi hermano lo que hicimos, y luego de lo de hoy... dice que se unirá a nosotros.

-Que susto… porque pensé que estabas hablando de sexo…- se quedó rojo por un momento, acariciándole la espalda y mirando por el agujero del techo, la luna en lo alto. –Tu hermano… ¿haciendo brujería?

- No menciones a mi hermano y sexo, ya es... bastante raro – se rió, tocándolo con un dedo. – No lo sé, no sé qué pase, pero... es mejor tener su apoyo, ¿no? Quiere vengarse. Además... se siente solo. Por cierto, me pidió que te diera las gracias.

-Oh… por lo de su novio el psicópata… debiste verlo en pelotas ahí… actuando como un gato enjaulado… No parecía nada el pijo que es…- se rió observando un pájaro sobrevolar el agujero y posarse en el borde, mirando abajo y graznando. –Un cuervo… stalker…

- Bueno, al menos tiene buen gusto... – se rió, enrojeciendo por su propia broma y observándolo. Le gustaban aquellos pájaros. – Kiken, ¿eh? No lo hubiera imaginado, siempre es tan... bueno, pijo – se rió, mirando a Akuba de nuevo.

-Sí… pues le pego un puñetazo nada pijo en toda la cara a Asakura, para mí, que le partió la nariz… uf… - sonrió mirando aún al pájaro. –Vámonos… me está poniendo nervioso ese bicho…

- Vale... – sonrió, poniéndose de pie, y evitando decir que era sólo un pájaro. No quería que pensara que se burlaba de él. Tomó su ropa y empezó a vestirse, comentando. – Estoy orgulloso de ti, por ayudarlo...

-No sé… a ver si no me he metido en un lío… no quiero que me echen de clase ahora que estoy estudiando… - empezó a vestirse, observando cómo el pájaro negro volaba hasta el altar y se quedaba allí quieto. -… qué mal rollo, me dan ganas de pegarle una pedrada… o de salir corriendo…

- “¡Sea esa palabra nuestra señal de partida, pájaro o espíritu maligno!” – lo señaló Hikage, jugando un poco. Y encogiéndose de hombros luego. – Nada, este no habla. Anda, déjalo en paz y vamos... ya se irá para la próxima.

-Eso espero…- el moreno lo miró de soslayo mientras salían. –Espera, hay que apagar las velas, apagó las pocas que quedaban encendidas observando cómo el pájaro picoteaba uno de los lirios. -¿No has escuchado eso de que los cuervos se te lanzan a los ojos y te los arrancan?… porque yo sí…- le explicó ya afuera, tratando de excusar su manía con el pájaro ese.

- Bueno, sí, pero... no creo que se la pasen en eso. Creo que es un poco exagerado... – le respondió, alborotándose el cabello. – A mí me agradan... ¿te parezco raro? Lo soy... – se echó a reír, sujetándose de su brazo. – Bueno, la próxima vez que venga un cuervo, nos iremos enseguida.

-Tampoco es eso… no soy un cagado… es sólo que me dio mal rollo que nos mirase tan fijo…- se metió las manos en los bolsillos y sonrió levemente. –No pienso que seas raro… pienso que eres creepy… y a mí me pone… y por eso me voy a ir a dormir contigo a casa… ya me escaparé por la ventana mañana… Aiken se puede quedar… yo también…

- Pues claro... y no pienso que seas un cagado, baka. – le besó la mejilla, más contento aún porque se quedase. – Y deja los celos... no me gusta Aiken.

-Déjame en paz… pesado… me celo si quiero… yo nunca dormí en tu cama y él sí… no me des la vara… quiero quedarme… - protestó sujetándolo por los hombros y aplastándolo contra él. – Me quedo…

- Vale, te daré algo que él no ha tenido ni tendrá. Estaré desnudo... – se rió por su insistencia.

-Vale… dejo de protestar ya…- se rió convencido con eso y pensando que le había salido bien el ser un terco. –Y luego mi abuela me dice que no sea tan terco…

- No seas terco, ya te había dicho que sí a la primera, pero vale... – se rió de nuevo, besándolo de nuevo. – Ya no hay más ofertas.

-No, tampoco doy para más ya hoy… estoy cansado… - se rió abrazándolo y haciéndolo andar incómodamente, alzándolo en brazos después. –Me gusta cargarte….

 


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