SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 64- Some Things Never Change
El rubio subió las escaleras, dirigiéndose a la habitación de Inari,
ya que su madre le había dado permiso. Aún llevaba su gorro calado
hasta las orejas, se sentía extraño de ir así. Tocó la puerta, dando
gracias a Dios, de haber tenido tiempo para calmarse antes de ir
a visitarlo.
-Pasa…- el moreno se giró en el escritorio, imaginando que sería
Kiken y levantándose a recibirlo, observándolo un poco extrañado
aunque sin decir nada al respecto. -¿Qué pasó?- preguntó alterándose
de forma casi instantánea. Sólo con ver su cara sabía que algo ocurría.
- Tuve un altercado con Togashi, Asakura... Bueno – suspiró, sacándose
el gorro, y mostrándole su cabello, las mechas cayendo de cualquier
manera alrededor de su rostro. – Por eso no te esperé en la escuela.
Inari se llevó la mano a la boca y le pasó la mano por el cabello,
notaba que le habían cortado un mechón. Lo atrajo hacia él para
abrazarlo. - Tranquilo, lo dejaremos bien…
- Gracias, sabía que comprenderías. – sonrió contra su pecho, pesando
si debía decirle lo demás o no. Claro que se daría cuenta si lo
veía sin camiseta. – En realidad... fue un poco más que eso.
-¿Más que eso?- lo miró a los ojos, pasándole la mano por el cabello
aún, tratando de seguir calmado, aunque interiormente no dejaba
de pensar en matarlos.
- Estuvieron metiéndose conmigo, me desnudaron y... tengo algunos
arañazos en el pecho, pero estoy bien. Akuba me ayudó, y sabes que
yo tampoco me iba a dejar vencer tan fácilmente.
Inari lo miró como si no fuera capaz de asimilarlo. Le levantó
el jersey azul que llevaba puesto, despacio, junto con la camiseta,
observando los arañazos en su pecho, notando las heridas aún abiertas,
sintiendo como si estuviera volviéndose loco. Si ver a su hermano
lastimado le había puesto enfermo… esto ya… no tenía nombre, quería
matarlos. Le bajó la ropa despacio sintiendo que le temblaban un
poco las manos. –Siéntate en mi cama… voy a buscar una tijera…-
murmuró casi. Aparentemente calmado.
- Inari... – lo miró, preocupado. Ya lo conocía, no quería que
se fuese a meter en problemas justo ahora. – Aquí te espero. – finalizó,
sentándose, decidiendo que era lo mejor por el momento.
El moreno salió del cuarto y volvió al poco rato con una tijera.
Poniéndole una toalla por los hombros para no mancharlo y recortándole
un poco el cabello. Comprendía que no quisiera ir a un salón de
belleza así como estaba.
- Gracias... – comentó, incómodo por el silencio. - ¿Estás bien,
Inari?
-No… los voy a matar…- susurró apartándole el cabello que sobraba
y moviéndoselo un poco para ver si se notaba ahora, al menos era
algo, al tener el cabello ondulado apenas se notaba, diría más,
ni siquiera sabían cómo joder a la gente. De haberlo sabido, le
habrían cortado el irreparable flequillo.
- No tienes que matarlos... Eso te traería problemas a ti ¿no?
– sonrió, poniéndose de pie para mirarse al espejo. – Perfecto,
eres un genio, Inari. – sonrió, girándose para mirarlo. – Creí que
los iba a matar yo.
-Ni se te ocurra… supongo que ya habrás hecho bastante y más estando
con Akuba…- se acercó a él y lo rodeó por la cintura. - Tendré que
darle las gracias por ayudarte…- le besó una mejilla suspirando.
-¿Te has puesto desinfectante en el pecho?- preguntó tratando de
seguir calmado, no pensaba alterarse hasta que el chico se fuera
a casa.
- Por supuesto que sí, ¿crees que no iba a hacerlo con lo cochinos
que pueden ser? – se rió, aligerando la situación. – Ya le di las
gracias a Akuba pero creo que no comprendió, me llamó antipático...
Inari – se puso serio, sujetando su rostro con suavidad y mirándolo
a los ojos. – No vayas a cometer una locura, es en serio.
-No…- lo miró a los ojos a pesar de que mentía, pero aquello era
demasiado serio como para dejarlos impunes, algo debía hacer. -¿Quién
te hizo esto en el pecho?- le pasó la mano a un lado de las heridas,
sobre el jersey.
- Asakura, pero creo que le rompí la nariz. – continuó mirándolo,
nada convencido. – Por ahora, sólo quédate conmigo, ¿vale?
-Desde luego… ¿A dónde iría?- lo abrazó contra él con suavidad,
besándole la mejilla otra vez y mirando su espalda en el espejo
-¿Prefieres quedarte o quieres que te invite a algo? Tal vez te
ayude… a olvidarte de esto por un rato…
- Creo que es una excelente idea, invítame algo... Vamos – aceptó,
más que nada porque si se quedaban en esa habitación, sólo hablarían
de lo sucedido y las cosas se pondrían peores. – Vamos a algún lugar
en donde no nos conozcan.
-Vamos… iremos a ver cosas nuevas…- el moreno lo sujetó de la cintura
y cogió una cazadora del armario, poniéndosela y llevándolo con
él escaleras abajo, tratando de buscar un tema para variar aquel
aunque no se le salía de la cabeza, no lo dejaba pensar.
- Al menos puedo asegurarte que tu hermano está a salvo con Akuba...
Imagino que lo habrá ido a buscar. – se recostó contra su hombro
sin pensarlo mucho, a pesar de que iban a salir a la calle.
-Pero ahora el que me preocupa eres tú… - confesó sujetándolo por
la cintura también, le pesase a quien le pesase. –No te separes…
no hay nada de malo en que dos amigos vayan abrazados… y no quiero
soltarte…- suspiró levemente, mirando hacia delante. –No podemos
soportar esto todo lo que resta de año, hay que hacer algo… y pronto…
por el momento, sugeriría hablar con los profesores y turnarnos…
un día en tu club y un día en el mío… no creo que les moleste hasta
que no haya partidos o competiciones, pero eso aún no es el momento…
Ellos atacan como unos cobardes… pero no me echarán del equipo y
tampoco a ti.
- Como siempre, Inari, eres genial. – sonrió el rubio, realmente
admirándolo. – Creo que tu plan es perfecto. Tan sólo es una manada
de hienas. Aunque... el que más me irrita es Watanabe, ni siquiera
puede pensar por sí mismo.
-Watanabe… hablaré con él… vendrá con nosotros si le decimos las
palabras adecuadas, sólo es un estúpido sin ninguna capacidad de
decisión, responde al miedo…- meditó el moreno pensando en lo que
le iba a decir. –Deberé hablar con Akuba también… sería conveniente
que permaneciéramos juntos… por más que la idea no me agrade…
- Créeme, tampoco me encanta, pero... tienes razón, es lo más conveniente.
– suspiró, pensativo. – Watanabe... no sé si lo quiero de nuestro
lado, el muy idiota... le dije que me devolviese mi bañador y sólo
pudo decir “no puedo”. ¿Puedes creerlo?
-Puedo… con lo estúpido que es… me habría sorprendido que hiciera
otra cosa en realidad…- se apartó el cabello del rostro y le pasó
la mano por el pecho con suavidad. –Lo tendremos de nuestro lado
en clase… no es como que vayamos a socializar con él… le mandaremos
el trabajo sucio… todos tienen un lugar en mi venganza… lo mejor
es tener a todos sujetos.
- ¿Tu venganza? ¿De qué estás hablando, Inari? – el rubio se detuvo,
parándose delante y mirándolo a los ojos. – Me preocupa escucharte
hablar así. Una cosa es detenerlos, pero... – Claro, él también
quería devolvérselas, no podía negarlo. Pero lo de Inari sonaba
monumental.
-¿Pero?... Detenerlos no es suficiente ya…- le pasó la mano por
el pelo y lo miró a los ojos. –No para mí después de lo que te han
hecho… los voy a hundir…les haré pagar todas y cada una de las cosas
que nos hagan… y no vas a detenerme.
- No me digas lo que puedo o no hacer, Inari, sabes que no me gusta.
– protestó, aún así, sonriendo después. – Me preocupo por ti. Pero
si estás decidido, estoy seguro de que lo harás con inteligencia,
y que no vas ni a soñar en hacerlo sin mí.
Inari se rió con suavidad y lo miró a los ojos. –Ya veremos… tal
vez me gusta ver cómo te enfadas y me dices que no te diga lo que
puedes hacer….
- Eso es porque eres terrible, Inari... – se rió, relajado junto
a él. - ¿Qué harás con Yûsei? No puede quedarse solo los días que
no vayas al club...
-No, él vendrá también con nosotros… desde luego… - le acarició
la mandíbula con un dedo aproximándose un poco para besarlo y deteniéndose.
–Cada vez es más difícil…
- Lo sé... pienso en ti todo el tiempo... cada vez que miro tus
labios... – lo miró de aquella manera deseosa, desviando su mirada
luego.
-Pronto serán las vacaciones de mayo… saldremos afuera… te lo prometo…
aunque sólo sean unos días, nos apartaremos de todo esto… nos cansaremos
de besarnos…- sonrió mirándolo a los ojos. –Sólo un poco más…
- Sólo un poco más... no puedo esperar... – sonrió, abrazándose
a Inari de nuevo.
-Vamos… a tomar algo dulce… nos ayudará… - le susurró al oído,
pensando que aquella tarde la había imaginado muy distinta. –Estoy
deseando pasar aunque sólo sea una noche contigo…
- Una noche... dormiremos juntos todas las noches. – se rió, pensando
que era como un sueño aquello, sentirse amado de esa manera por
Inari.
-Sí…- sonrió levemente, llevándolo con él y besándole la mejilla,
allá los demás con lo que pensasen de aquel gesto inocente. Le sujetó
una mano besándosela también con suavidad. –Vamos… buscaremos una
sortija también… algo que diga que eres sólo mío…
- Muy bien, pero busquemos una para ti también. Quiero que sea
equivalente. – aseguró, aún sonriendo, pero convencido de lo que
decía.
-¿Eso quiere decir que ya no podré ser infiel?- se rió porque jamás
lo sería, no con Kiken. –Duro castigo…
- Castigo, ¿eh? Mejor no bromees con eso... está muy mal, Inari
– protestó, serio, mirando al frente.
-Pero si me encanta ver tu rostro cuando te enfadas…tan lleno de
dignidad…- le rozó la nuca con un dedo y volvió su rostro hacia
él con delicadeza. –Sabes que eso es imposible ¿verdad? Deberías
habérmelo dicho…
- Lo sé, sólo quería saber si te molestarías tú, pero ya veo que
no. – suspiró, sonriendo de nuevo. – Estás muy seguro de mí.
-Por supuesto que sí… sé que me amas… Si no me amases, no estarías
perdiendo tu tiempo conmigo…- le pasó la mano por la espalda llevándolo
con él. -¿Y a quien más podrías amar? Aún recuerdo cómo jugábamos
en tu piscina cuando éramos niños… y siempre querías mostrarme todo
lo que habías aprendido…- se rió en realidad encantado con recordar
aquello.
- Es un poco embarazoso ahora... – se rió, sonrojándose, pero siempre
había sido a Inari al primero al que le quería mostrar todo. – Pero
me molestaba si no me prestabas atención...
-Y a mí si le mostrabas a alguien antes… aunque jamás lo hubiera
admitido…- se rió observando su sonrojo y besándole la mejilla de
nuevo. –Siempre te he encontrado precioso en el agua… tal vez deberías
invitarme a tu piscina una de estas noches… dicen que el agua está
más caliente a esa hora…
- Es cierto... a veces nado de noche, aunque a mi padre no le gusta
mucho. – se rió porque en realidad sabía que sólo se preocupaba
de que le fuera a suceder algo a esas horas. – Pero si estoy contigo,
no se molestará.
- Dentro de un par de días... es una casa muy grande, ¿sabes? –
se rió, meneando la cabeza.
-Oh… y supongo que tendrá muchos cuartos…- hizo un gesto con la
mano antes de peinarse el cabello. Realmente había conseguido que
el chico olvidase el tema al parecer. –Habrá que aprovechar la ocasión…
mi padre no podrá resistirse si le explicas…
- Déjamelo a mí, soy experto con padres y la mayoría de los adultos.
– le aseguró sumamente confiado. – Además, nos graduaremos dentro
de poco. Mientras más tiempo tengamos para estudiar juntos, mejor
nos irá.
-Creí que no te interesaba la medicina… ¿aún así quieres jugar
tanto a los médicos?- el moreno se rió, observando su encantadora
sonrisa. –Estoy seguro de que hacer el amor contigo en el agua de
la piscina será como hacerlo con una sirena…
- Y ¿tú eres el pescador? No... más bien pareces el dueño de un
yate. – se rió, besándolo y apartándose luego. Se había dejado llevar,
olvidándose de que estaban en público.
Inari se rió por su descuido. –Está bien… no creo que tengamos
reporteros amarillistas ya… y en esta zona nadie nos conoce… vamos…
creo que vi anunciado algo acerca de una crema de nata con nueces
y caramelo…
- No cambias en eso... – se rió, aún algo rojo, pero sintiéndose
libre. No solía descuidarse así, pero tal parecía que no le era
tan fácil con Inari como con todo lo demás.

Continua leyendo!
|