SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 60- Suggestion
- “Aiken, aquí...”- lo llamó el chico desde la semi oscuridad del
parque. Al final no se había atrevido a llevarlo a la capilla si
Akuba no estaba presente, era su lugar después de todo. Encendió
la linterna para que lo viera, sonriendo.
-Hola…- se acercó a él sonriendo también y riéndose sin saber por
qué. –Tengo ganas…- le explicó descubriéndolo de pronto y mostrándole
la bolsa que llevaba en la mano. –No sabía cual íbamos a probar
al fin… pero te traje esto…- le dio un bote con una especie de pasta
verde. - Cicuta, hierba mora, beleño, mandrágora y grasa animal,
esta pasta es lo que te dije…
- Genial... - Hikage la alzó frente a sus ojos examinándola. –
¿Esto es para lo de levitar? O ¿es lo que me dijiste de los sueños?
Tengo mala memoria... por eso lo apunto todo. – sonrió, encogiéndose
de hombros. Para lo que fuera, le venía bien.
-Esto es lo que te dije que usaban para levitar… pero un tipo decía
que si te ponías mucho untado por el cuerpo te quedabas dormido
por días y tenias fantasías muy vívidas… no sé… creo que debe ser
muy peligroso la verdad… Bueno… en realidad no sé si lo otro también
es peligroso, lo hice y punto…- enrojeció pensando que era un inconsciente
pero en ese momento todo le daba igual. -¿Cuál haremos al final?-
caminó con él hacia uno de los bancos y dejó la bolsa encima.
- Hum... no lo sé, me gustaría ver el resultado esta vez. ¿Sabes
lo que sería divertido? – lo observó de manera traviesa. –Hacemos
el de los sueños y mañana... mencionamos los detalles en su presencia.
Y si responde... tal vez si nos revelamos como brujos ante ellos,
los asustemos, ¿no?
-O nos queman en la hoguera…- se quedó pensando más bien en si
no los echarían del colegio. –O sea… ¿quieres hacer el de que sueñen
lo que queremos? ¿O el de que tengan pesadillas? También tengo mala
memoria…- se rió avergonzado.
- Nos parecemos más de lo que creía... – se rió, pasándose una
mano por el cabello. - ¿Por qué no ambos? No pensaba hacerlos soñar
nada agradable...
-Ya… no sé… - se rió preguntándose si ahora creería que era memo.
–Bueno… vamos a ver… sé que con el humo del beleño… te quedas dormido
y tienes alucinaciones… no sé si nos serviría de algo… y después…
¿Cómo se hará para que sueñen lo que tú quieres? ¿Tendrás que estar
también en el sueño? ¿O escribirlo? O algo así…- pasó las hojas
buscando por si lo habían apuntado.
- Tienes que susurrarlo en su oído. Dice que están en un estado
alerta hipnótico, y no recordarán que estuvieras allí... – sonrió,
pensando que era ideal. – El único problema es entrar a su casa.
¿Se te ocurre algo? De todos modos, podríamos inventar el sueño
ahora y escribirlo, para no olvidarlo...
-Vale… mejor sí…- se rió pensando que los dos tenían mala memoria.
–¡Ah!…podríamos probar eso con uno… y con el otro… intentar decirle
que haga lo que le mandamos… y por ejemplo… lo mandamos ir al cementerio…
y enterrarse…- lo miró a los ojos serio. –Tampoco hace falta que
sea muy profundo… ¿te doy miedo?
- Sí, pero lo superaré... – se rió, guiñándole un ojo. – Hagámoslo,
¿por qué no? Incluso si funciona, probablemente se despertará y
podrá salir... aterrorizado, claro.
-Claro…- se rió y lo miró a los ojos aún. -¿Por qué no vamos a
hacerlo? Si se vuelven locos… será que los débiles eran ellos… nadie
les mandó comenzar esto…- frunció el ceño y apartó la mirada pensando.
–Yo puedo colarme en su casa… eso seguro… si supiésemos cual es
su cuarto…
- Hum... la mayoría de las casa por aquí son iguales. Te apuesto
a que sus cuartos equivalen al de Inari en mi casa. Vamos, entraremos
los dos por si acaso... – se puso de pie, ofreciéndole la mano y
apagando la linterna. No quería que los vieran dando vueltas por
allí como almas en pena.
Aiken le sujetó la mano, levantándose y caminando con él, la verdad
es que no sabía donde vivían pero imaginaba. –Eh… Hikage… que nos
hemos olvidado de escribir eso…- se rió y lo detuvo. –Mira… puedes
improvisar… se lo susurras tú… a mí me da vergüenza… pero escucha…
una vez leí sobre algo de folklore… era una especie de ser de otro
mundo… muy blanco… que te llamaba… y si salías a verlo y le contestabas…
te hablaba, y por cada vez que le contestabas de nuevo, se acercaba
un paso más hasta estar a tu lado… entonces te llevaba al infierno…
hazle creer que tú eres ese ser…
- Vale, me gusta cómo piensas... – sonrió malditamente, observándolo
en la penumbra, ahora tan sólo alumbrado por las luces de la calle.
Realmente todo el mundo parecía estar dormido a aquella hora. –
Improvisaré luego de eso... pero se me ocurre hacerle creer... que
ya no me alejaré de él. Se la pasará el día nervioso.
-Seguro que se le quitan las ganas de joderte…- lo miró a los ojos
y sonrió levemente enrojeciendo un poco porque se sentía observado.
–A Asakura lo enterramos… eso hagámoselo a Togashi… ¿vale?
- Vale, a Asakura, ya le hicimos lo de las visiones, así que me
parecería redundante de todas maneras. – le aseguró, asintiendo.
- ¿Tu novio sabe que estás haciendo esto?
-Más o menos… no…- admitió después. Tocándose un poco el pelo.
–Bueno, es que no quería preocuparlo y tampoco meterlo en esto…
él no es así… es muy bueno… y además hoy fue nuestra primera vez
y no quería estropearle el día…
- Vale, menos mal que yo soy malo... – se rió, rodeándole los hombros
aunque no había nada oculto en su gesto. – Anda, que se nos acaba
la noche. – se rió, ya con ganas de empezar.
-Vamos… pero es que te seguía, no sé dónde viven- sonrió enrojeciendo
de nuevo. –Ser malo también es bueno… yo te admiro…
Se paró a su lado frente a la casa, lanzando una piedra al campo
de dentro, por asegurarse de si alguien se alarmaba, o si había
algún perro incluso. –La ventana está entreabierta… ¿crees que podemos
subir por la tubería?
- Sí, se ve fuerte, al menos no somos gordos... – se rió, bajando
la voz luego. - ¿Tienes eso listo? Hay que quemarlo, ¿no?
-Sí… lo tengo aquí…- le mostró una especie de botafumeiros de metal
muy pequeñito. Lo prenderemos aquí dentro… pero cuando subamos…
y… mejor será que nos tapemos la cara… o lo oleremos también…- saltó
con las manos agarradas a la verja, subiendo por encima y bajando
al otro lado, esperándolo porque estaba asustado, Hikage siguiéndolo
buscando en sus bolsillos.
- “¿Tienes un pañuelo?” – le preguntó por si necesitaba ayuda.
Al menos la cazadora que llevaba tenía un cuello que podía subir
si lo deseaba, a pesar de que casi nunca lo hacía.
-“Tengo esto…”- se subió la lana negra sobre la cara y se acercó
a la tubería, sujetándola con las manos y vapuleándola un poco pero
ni hacía ruido ni se movía. –Sube… si te caes te agarro…
- “Gracias...” – subió por delante de él, trepando con bastante
agilidad. Estaba acostumbrado, ya que había usado la de su casa
algunas veces, para escapar sin salir de su habitación. Sonrió,
al ver que la ventana estaba ligeramente abierta, asomándose y observando
la cabellera roja del chico. Le hizo una seña a Aiken, para indicarle
que allí era.
El moreno subió tras él, con el corazón retumbándole con fuerza
en el pecho. Tenía miedo de hacer ruido, de despertarlo y de casi
todo, aquello era allanamiento de morada, mirases como lo mirases.
Bajó despacio al suelo de tatami y encendió el contenido del botafumeiros,
acercándolo sobre el pelirrojo y mirando al otro chico. –“Yo sostengo
esto mientras…”- Togashi se movió un poco para subirse las sábanas
y se durmió de nuevo.
Hikage se arrodilló a su lado, sonriendo, y comenzando a susurrar.
– “Hace tanto frío... ¿puedes sentirlo? Estás solo aquí, en este
lugar extraño. Pero no es cierto. Alguien te observa, ¿lo ves? Ese
ser tan blanco, tan etéreo... te mira... lo escuchas...” – hizo
una pausa observando que se movía un poco, frunciendo el ceño. No
podía asegurarse de que estuviera funcionando, pero igual no despertaba.
Bajó la voz un poco, tornándola más dulzona, como si quisiera seducirlo.
– “Togashiiiiiiii...” – lo llamó casi canturreando.
Togashi miró a su alrededor entre la neblina de aquel lugar. ¿Qué
era aquello? Como una especie de pantano, pero el agua era cristalina.
La niebla flotaba pesada y espesa, ocultando casi por completo la
casa a sus espaldas, los árboles de hojas blancas lo poblaban casi
todo dándole un extraño efecto mágico. Entonces lo observó. Aquel
ser tan hermoso, parecía haber salido del agua pues su piel se veía
gelatinosa, el cabello negro brillaba demasiado para no estar mojado,
tenía los ojos azules. -¿Arashi?- preguntó a nadie en concreto,
pero se parecía demasiado, al igual que aquella voz, aunque jamás
hubiera escuchado ese tono en él. -¿Qué haces aquí?- preguntó entre
asustado y excitado por su cuerpo desnudo, seducido por su belleza,
siempre le había gustado a su pesar. –Es un sueño…- susurró, queriendo
acercarse pero notando que no podía hacerlo.
El ser pareció titubear un momento, dando un paso luego hacia delante,
a la vez que respondía con la misma voz melosa. – Es un sueño, sí,
pero es real. Te buscaba a ti.
-¿Para qué?- preguntó desconfiado. Queriendo dar un paso atrás
de pronto, pero seguía sin poder moverse del sitio. Sus ojos tampoco
podían apartarse de aquella criatura que mostraba su perfil entre
la espesa bruma.
- ¿Para qué? – el ser dio otro paso, acercándose, sonriendo levemente.
– Para estar contigo, por supuesto.
-No… tú me odias… y yo odio soñar, es ridículo…- el pelirrojo se
movió en la cama, murmurando aquello y asustando un poco al chico
que sujetaba el botafumeiros sobre él. Pero no se despertaba, seguía
dormido pese a hablar y moverse a veces, como si fuera victima de
un profundo trance, Hikage sonriendo.
No podía creer que estuviera funcionando tan bien. Se inclinó para
volver a susurrarle. La criatura dentro del sueño acercándose más.
– No te odio, deseo estar contigo. Y esto no es realmente un sueño.
-¿Y por qué no te acercas ya y te dejas de pasitos?- el pelirrojo
se pasó la mano por el cabello, nervioso, casi parecía angustiado.
- Porque no puedo, así son las reglas... – le sonrió más abiertamente
dando otro paso.
-Ven aquí ya… vamos…- extendió la mano hacia él, nervioso por estar
solo en aquel lugar. Total, ese crío no le daba ningún miedo, si
se acercaba, le iba a dar de lo suyo. Sueño o no… era muy, muy real…
Pero el ser sólo dio un paso más, extendiendo la mano hacia él
a su vez. Estaba cerca, dos pasos más y podría tocarlo. - ¿Tienes
prisa? No puedes irte aún.
-Tengo prisa porque vengas aquí de una vez- observó su cuerpo desnudo
sonriendo de medio lado. –Ven aquí… yo te voy a enseñar lo que es
un hombre…
- Oh, pero yo sé lo que es un hombre. Es por eso que estoy aquí.
– dio otro paso hacia delante, casi tocando las puntas de sus dedos
ahora.
Togashi extendió la mano hacia él, tratando de cogerlo y rozando
el aire en el cuarto, haciendo sonreír a Aiken que no podía evitar
fijarse en lo idiota que parecía. Se sacó el móvil del bolsillo
y empezó a grabarlo en video.
Hikage se cubrió la boca con la mano, observándolo, para no reírse
en voz alta, exhalando para poder continuar luego. La criatura se
mantuvo de pie frente al chico, con su brazo extendido de aquella
manera, casi rozándolo pero aún no lo suficientemente cerca para
que lo tocase. – Togashi... ¿me tienes miedo?
- ¡Claro que no! ¡Ven aquí ya!- el pelirrojo volvió a extender
la mano hacia delante para tratar de alcanzarlo. Aiken frunciendo
un poco el ceño y rogando que no hubiera despertado a nadie con
ese grito. Aún así, la puerta tenía el pestillo cerrado.
- Muy mal... – susurró la criatura, sonriendo y dando un paso más,
abrazándose a él con una agilidad pasmosa, antes de que el chico
tuviese tiempo de sujetarlo, susurrando de nuevo en su oído. – Ahora
nunca te dejaré, hasta el día que mueras... Y ese día te llevaré
conmigo... – pasó la lengua por el borde de su oreja, las llamas
envolviéndolos, y el pantano desapareciendo. Estaban en un lugar
desierto, árido, miles de cuerpos revolcándose a su alrededor en
agonía, gritando de manera sobrehumana.
-¿Qué es esto? ¿Qué es esto?...- el chico se giró por la cama,
angustiado, sintiendo aquel calor y las manos de aquellos cuerpos
quemados y sangrantes sujetándose a él, tratando de hundirlo entre
ellos.
Aquel ser hermoso aún pálido y como si tuviera su propia luz blanquecina.
- Otros como tú, mi colección. ¿No es hermosa? – sonrió el ser,
sin dejar de sujetarlo. – Enséñame lo que es un hombre...
- ¡No! ¿Estás mal de la cabeza? Claro que sí… ¿Qué es esto? ¡Apártate
de mí!- lo empujó lejos de él sin conseguir soltarse, jadeando nervioso
y sintiendo que comenzaba a abrasarse.
- No, me gusta ver ese rostro, así... – sonrió, sujetándolo y mirándolo
a los ojos. - ¿No te gusta? Creí que compartías mis sentimientos...
No voy a llevarte esta noche, aún tenemos mucho por vivir... juntos.
- ¡Que me sueltes, pirado! ¡Suéltame!- Aiken le hizo una seña a
Hikage para que se levantase, empezaban a preocuparle esos gritos.
-“Vamos… grita demasiado…”
- “Ya voy, ya voy” – susurró el chico, demasiado divertido por
aquello, susurrando de nuevo, a la vez que aquel ser dentro de sus
sueños. – Por ahora, no me olvides... – la blanca criatura le dio
un beso en la mejilla soltándolo y desapareciendo, Hikage poniéndose
de pie, sin dejar de observar su reacción, complacido y mirando
luego a Aiken. - “Vamos, aún nos falta Asakura”
-Sí… vamos…- salió por la ventana. No parecía que nadie en la casa
hubiera movido un sólo dedo y mejor sería, seguro que allí olía
muy fuerte a beleño. Bajó rápidamente por las cañerías y saltó al
llegar abajo, saliendo de la casa aliviado, riéndose al fin y mirando
a Hikage. – ¡Dios! ¡Ha sido genial!
- ¡Genial es poco! ¿Viste lo cagado que estaba? – se rió el chico
apartándose el cabello del rostro por un momento. – A ver si no
se orina en la cama. “Voy a enseñarte lo que es un hombre...” –
lo imitó, riendo de nuevo.
Aiken se rió abiertamente. –Dios… te tenía ganas… que imbécil…
estaba empalmado…- se inclinó un poco porque no podía de la risa.
–Le diré a Asakura que me lama los pies y lo grabaré.
El moreno se rió de igual manera, alentándolo. – Haz eso, haz eso...
Idiota, como si yo fuera a hacer nada con alguien tan... repugnante.
La casa de Asakura no queda muy lejos. Esta vez le das las órdenes
tú, ¿quieres?
- Vale… me voy a vengar de lo que le hizo a Yûsei…- sonrió levemente,
sujetándole la mano y apretándosela. –Vamos.
Poco después, los chicos repetían la operación de subir por la
tubería, sigilosamente. Al igual que la de Togashi, la ventana de
Asakura tampoco estaba cerrada del todo. Hikage se dejó resbalar
casi dentro del cuarto, esperando por Aiken para ayudarlo a entrar.
-“Gracias”- el moreno bajó a su lado, preguntándose si aquello
serviría y poniéndose unos polvos blancos en la mano, con cuidado
de no respirar nada en absoluto, soplándolos después contra su cara.
Era parte del veneno de un pescado y algunas hierbas, no estaba
muy seguro de si iba a funcionar, pero el rubio se despertó de golpe.
Mirándolo a los ojos como si no lo mirase realmente. –Asakura… levanta
la mano derecha…- le pidió el moreno. Sonriendo al ver que lo hacía.
-¿Estás solo en casa?
-Vivo con mi hermana…- contestó el rubio.
-¿Está aquí ahora?
-No.
-Levántate…- le ordenó echándose hacia atrás. –y quítate la ropa-
miró a Hikage poniendo cara de asco, el chico cubriéndose la boca
para no reírse al ver que lo hacía, y por supuesto, filmando desde
el principio todo aquello.
-Qué pequeña la tienes, Asakura…- Aiken se rió y apoyó la bota
sobre la cama. –Límpiala… por arriba y por abajo.
El rubio se agachó, sin comprender por qué obedecía, pero sin poder
resistirse, limpiando la bota con las sábanas, Hikage riendo y volviendo
a cubrirse la boca. – “Creo que tiene algo más pequeño aún que eso...
tendrás que explicarle”
Aiken se rió y le empujó la bota dentro de la boca. –En realidad,
querría pegarle una patada en los dientes…- susurró sujetándole
el cabello con una mano y tirando de él, empujándolo contra la cama
y soltándolo. -¿No tienes ganas de hacer pis, Asakura? Hazlo aquí-
le entregó el vaso que estaba en la mesilla. –Toma… hazlo ahí…
El rubio estaba tosiendo por la súbita agresión, el sabor a polvo
llenándole la garganta. Sin embargo, y sin poder hacer otra cosa,
sujetó el vaso, colocando su sexo contra el borde y orinando dentro
de él. Ni siquiera había tenido ganas de orinar antes de que se
lo sugiriesen.
-Bébetelo… - el moreno observo que el orine desbordaba el vaso
como si el chico no se diera cuenta y sonrió observando como se
lo bebía impasible. –Ahora ponte a cuatro patas y ladra mientras
te metes el vaso por el culo… vamos…
Hikage se rió bajito de nuevo, observando cómo se agachaba el chico,
colocando el vaso contra su ano, y empezando a introducírselo, ladrando
entre pausas para gemir. Le estaba doliendo, era obvio, pero además....
su polla se estaba parando. – “Mira eso...” – le señaló el moreno
a Aiken, divertido.
-Dios… - Aiken se rió y le dio con el pie en la polla, haciéndolo
gemir. –Es entre asqueroso, patético y gracioso… bueno… vamos de
paseo… ¿no?- miró a Hikage y buscó en el armario de Asakura. –Hostia…mira,
Hikage…- le mostró un vestido rojo y se rió. –Ponte esto…- se lo
tiró a la cabeza al rubio.
El rubio se lo puso enseguida, casi contento. Hikage, negando con
la cabeza. – “Lo que quería era imponer una moda, me lo hubiera
dicho...” – se rió, buscando en su escritorio, y encontrando un
de esos labiales rojos que tanto parecían gustarle. Se lo entregó
a Aiken, sonriendo. – “Para que se vea más bonito”
Aiken se rió y le pintó los labios, haciéndole unas espirales en
las mejillas y mostrándole el labial. –Lámelo…- le mandó al rubio
que inmediatamente lo lamió sumisamente. –Estás muy guapa, Asakura…
vamos a la calle… tú irás delante de nosotros y nunca te girarás
a vernos… Cada vez que veas un hombre, te girarás y te levantaras
el vestido para mostrarle el ano… pero cuidado…que no se te caiga
el vaso…
- Andando... – se atrevió a hablar Hikage, aunque consideraba aquella
la hazaña de Aiken, observando cómo el rubio abría la puerta y bajaba
las escaleras, apretando el culo para sujetar el vaso. De hecho,
aquello lo hacía caminar con un contoneo, que cualquiera malinterpretaría
de no saber.
Asakura salió a la calle, aún moviéndose de aquella manera. Si
con aquel vaso insertado entre sus nalgas no era suficiente, la
forma de su polla se delineaba un poco contra el frente del vestido.
- Qué asco…- Aiken caminó atrás con Hikage y lo sujetó por la espalda.
–Vamos al cementerio… sigue caminando…
El rubio siguió su camino, un hombre trajeado observándolo y casi
cruzándose de acera, correteando un poco al ver lo que hacía, mostrándole
su trasero y aquel ano abierto por el vaso.
Hikage se rió un poco más lejos por supuesto, entre las sombras,
observando cómo huía el pobre hombre. Entraron al cementerio, el
rubio girándose un poco y mostrándole orgulloso su ano, a una de
las estatuas, confundido por la penumbra. Hikage aprovechó el momento,
tomándole una foto en la que claramente se vería su rostro.
Aiken se rió acercándose y limpiándole el polvo de la cara por
si acaso lo encontraba la policía o algo así antes de que se despertase,
aunque de todos modos, llevaba guantes para que aquel polvo no entrase
por sus poros así que suponía que no había mucho rastro. –Y ahora
cava un agujero… así de hondo…- le hizo el gesto de poca profundidad
con la mano y tan largo como…- lo miró y sonrió levemente. –De un
metro y medio más o menos… vamos…
El rubio se arrodilló empezando a excavar con las manos, sus uñas
llenándose de mugre. Aquello le repugnaba un poco, pero se notaba
que le agradaba obedecer.
Hikage se quedó observándolo, pensando que igual no iba a demorar
mucho con la profundidad que le había indicado Aiken. Lo cierto
es que se sentía bastante satisfecho con aquellas venganzas. Se
preguntaba si iban a seguir igual al día siguiente.
-¿Quieres quedarte a ver cómo se despierta… o tienes que volver
a casa?- lo miró a los ojos, desviando un poco la mirada del rubio,
era algo como de un universo paralelo.
- No, me gustaría pero, creo que lo mejor es que nos vayamos. Si
despierta y nos ve... bueno, prefiero que no tenga idea de lo que
le pasó. Igual y no sé si lo torturamos o le cumplimos sus fantasías-
se rió, mirando al rubio de nuevo y la avidez con la que cavaba.
-Aj… no me digas eso… - se rió y miró a Asakura. –Le golpearía…
pero prefiero que piense que todo esto se lo ha hecho él solo… vámonos
entonces… en cuanto acabe…- sonrió y lo miró a los ojos. –Es divertido…
- Sí, ¿eh? – sonrió maldito. – Y estaba pensando lo mismo. Hace
un momento cuando se agachó, tenía ganas de patearle el vaso hasta
adentro. Pero no quiero dejar mi huella.
-Claro… como vuelva a jodernos… la próxima vez le haré comerse
su propia mierda y cada mierda que encuentre por la calle… hasta
que vomite y se la coma de nuevo…- miró al rubio, impasible, observando
su forma de cavar. –Métete dentro y tápate…
Asakura se acostó dentro del agujero, tomando puñados de tierra
y lanzándolos sobre su cuerpo, los ojos abiertos observando el cielo,
aunque sin verlo realmente.
- Una cosa más... – sonrió el moreno poniéndose de pie y acercándose
un poco al agujero, para verlo desde arriba. No sabía si iba a funcionar,
pero sería divertido intentarlo. – Si le cuentas esto a alguien,
cuando lo hagas... les dirás que te gustó, que te la puso dura.
– se rió, sentándose de nuevo, imaginándose la cara del rubio si
se le salía algo así.
Aiken se rió en alto, pegándole con el codo en el brazo de broma.
–Te acompaño a casa… ¿quieres? Bueno… le diré a tu hermano si me
deja quedarme con él… que tengo miedo de volver solo… - enrojeció
fuertemente y bajó un poco la mirada.
- Vale, aunque igual te puedes quedar conmigo. No muerdo – sonrió
sin comprender por qué preferiría quedarse con Inari. – Vamos –
le indicó notando que el rubio casi no se veía ya, ahora tan sólo
acomodaba la tierra para terminar de cubrirse.
-Vale… ¿seguro que tu novio no me parte la cara? Porque tampoco
quiero molestar a tu hermano ahora… y además… te considero mi amigo
ya… - enrojeció pensando que se llevaba muy bien con él y le agradaba
lo mucho que se compenetraban.
- No, Akuba comprenderá, Inari también. – le aseguró, la verdad,
contento de tener un amigo. Claro, a Akuba lo había considerado
su amigo también, pero no podía negar que le había gustado de otra
manera desde el principio.
-Genial…quiero dormir contigo… podemos hablar más si quieres ¿o
tienes sueño?- lo miró enrojeciendo un poco por el entusiasmo inicial.
–Es que me he quedado activado después de esto… y me agradas mucho…
- le sujetó la mano de nuevo mientras caminaban. –Eres mi primer
amigo… bueno… sin contar a Yûsei… porque él es mi novio…
- Lo mismo digo, excepto que por mi parte, es Akuba. – sonrió el
moreno, caminando junto a él. – No tengo sueño. Oye... ¿crees que
Asakura sea la perra de Togashi? – se rió, maldito.
Aiken se rió por cómo lo llamaba. –No lo sé…pero yo creo que sí…
Me imagino a Togashi mandándole comérsela y el otro idiota dale
que te pego… sin recibir nada a cambio… supongo que sólo es un infeliz…
pero yo no tengo la culpa… así que… que se joda…
- Eres el primero que comprende... lo que quería hacer. – suspiró,
luego de reírse. – Siempre quise humillarlos como ellos nos lo hacen
a nosotros. Hacerlos sentir como la mierda. Bueno, Akuba me comprende
también, pero no creo que tome mis hechizos en serio. Para ser justos,
yo tampoco lo hacía.
- …Yûsei siempre me toma en serio… hoy le mostré mi cuarto… porque
querría que fuera el primero en verlo… y menos mal… porque aún así
se enfadó un poco…- se rió recordándolo, sus enfados le parecían
un poco graciosos… Claro, que no estaba realmente enfadado suponía.
–Bueno… es igual… el caso es que parecía fascinado… y probó un afrodisíaco
que yo había hecho…- se rió enrojeciendo.
- ¿Un afrodisíaco? – se rió también, un poco rojo. - ¿Funcionó?
Sí, supongo que sí, te ves contento... – le dio un codazo de broma,
para molestarlo.
-Baka…- enrojeció más. – No sé si funcionó. Creo que lamerlo sobre
su cuerpo no era el mejor modo de averiguar si funcionaba objetivamente…-
se rió tocándose el pendiente con un dedo y soltándole la mano porque
se ponía más nervioso mientras lo tocaba.
- No, creo que no... – bromeó el chico metiendo las manos en sus
bolsillos. – Yo nunca he probado nada así, aunque... lo hicimos
en el altar de una capilla abandonada. – sonrió recordándolo como
algo hermoso.
-¿De verdad?- lo miró interesado -¿Y no tenías miedo? No… supongo
que no… además… tu novio está cachas ¿es mayor?
- Un poco, sí, un par de años. – se rió, pensando que eso de mayor
le sonaba a que tenía treinta o algo así. – Pero no, no tenía miedo.
Era el lugar perfecto.... incluso llevamos velas. Akuba... realmente
es genial. – murmuró, bajando un poco la voz, y sintiéndose culpable
de nuevo por lo de la mañana.
-Seguro que él piensa lo mismo de ti…- lo miró de soslayo, preguntándose
si ocurría algo, pero sin querer inmiscuirse. – ¿Hacéis algo raro?-
preguntó de pronto enrojeciendo violentamente. –Bueno… ya es raro
hacerlo ahí… pero aparte…
- No es raro, es... creativo – se rió, pensando que a ese chico
todo parecía darle vergüenza. – Bueno, él me ató y utilizó la cera
de las velas... Es muy... cariñoso. Siempre me complace... - suspiró,
confesando. – Tuvimos una discusión esta mañana, porque olvidé su
fantasía. Ya pasó, pero... me siento como si lo hubiera traicionado.
-Yo creo… que no es tan importante… seguro tenías más cosas en
la cabeza… De todos modos… sólo hazlo cuando menos se lo espere…
y así se lo compensas… supongo…- se tocó un poco el pelo pensando
en cual sería la fantasía de Yûsei y deseando preguntarle, aunque
igual con lo inocente que era, ni siquiera tenía una. Sonrió un
poco y miró a Hikage. –Pero no lo hagas muy pronto o pensará que
lo haces sólo porque te habías olvidado… creo…
- Vale, gracias... en realidad ya pensaba hacerlo. Pero supongo
que sí, debo esperar. Igual, nos prometimos tener menos sexo - sonrió,
rascándose la cabeza y abriendo la verja para entrar en su casa.
-¿Por qué?- preguntó curioso, siguiéndolo en silencio porque era
muy tarde.
- Porque lo hacíamos cada vez que estábamos solos y... ya no estábamos
hablando lo suficiente. – le explicó, imaginando que Yûsei y él
no llevaban tanto tiempo.
-Ah… - lo siguió mirando, entrando tras él en su cuarto. –Pero
yo no creo que el sexo deba censurarse… supongo que ya llegará el
momento de que las cosas se calmen…
- No, bueno... pero tampoco debe ser el centro de la relación.
No quiero perder la amistad de Akuba, aunque seamos novios. – le
sonrió, quitándose la cazadora y dejándola sobre una silla, sentándose
luego para sacarse los zapatos.
-¿Vamos a dormir en la misma cama?- lo miró enrojeciendo un poco
y quitándose la ropa de abrigo, no estaba nada seguro de que eso
fuera a gustarle a Yûsei. –A mí no se me levantaba… sólo si me la
tocaba… pero aún así no tenía ganas… - le explicó sólo porque quería
hablarlo con alguien que no fuera Yûsei. -Y ahora… pienso mucho
en eso…
- ¿Pero ahora sí se te levanta, no? Bueno... – suspiró, mirando
el armario. – Tengo una bolsa de dormir, puedo usarla si te incomoda.
No me importa, no tienes idea de los lugares en los que me puedo
quedar dormido.
-No… no me molesta… es igual…- se sentó con él en la cama y dejó
el jersey a un lado con el pantalón. Esperando a que pasase adentro
y enrojeciendo de nuevo. –Ahora sí se me levanta… pero es que me
gustan algunas cosas raras… y creo que era por eso… que no se me
levantaba… o también… porque estaba deprimido… no sé… mi madre me
dijo demasiadas cosas…
- Puede ser... si estás pensando en otras cosas, no se te levanta.
Es lo que yo hacía en las duchas, luego de gimnasia. Me ponía nervioso,
o a pensar en cosas feas y ya... – se rió bajito, apartando las
sábanas para meterse, quitándose el pantalón bajo ellas. - ¿Qué
cosas raras te gustan?
-Pues… la dominación… pero ya ves…- se metió en la cama con él
y se giró mirando al techo. –Todo me da vergüenza… y así no se puede
dominar… - explicó serio, riéndose después y mirándolo. –Así suena
a idiotez…
- No, yo comprendo... ¿A Yûsei le gusta, que lo domines? Porque
si es así, no tiene por qué darte vergüenza. No hay ningún problema.
– lo miró, serio, rascándose una rodilla por debajo de las sábanas.
-Yo creo que sí le gusta… - sonrió levemente, girándose para verlo
a la cara. –Yûsei es muy cute…- le explico en voz suave, enrojeciendo
un poco. –y ahora me preocupa no hacerlo bien… pero se lo explico…
para que sepa que voy a dejar de pasar vergüenza…
- Vale... ¿sabes? Vi un libro sobre eso, tal vez te ayude, como
una de esas guías... ¿te gustaría que te lo consiga? – le preguntó,
mirándolo a los ojos. – A mí me interesan esas cosas sexuales, también...
Bueno, no creo ser sumiso, al menos no del todo, pero me gusta experimentar.
-A mí también… vale- sonrió levemente y lo miró a los ojos preguntándose
qué pasaría si le dijera lo de su hermano. -¿Y qué clase de cosas
te gustaría experimentar… aunque sólo sea de curiosidad?
- Pues... ya Akuba sugirió atarme, guindado, ¿sabes? Me gustan
esas cosas, ya lo notas. Y no sé qué más... supongo que algo de
dolor, aunque no demasiado, cosas como lo de las velas , eso estuvo
bien. – se rió, enrojeciendo un poco tras el flequillo. – Ese tipo
de cosas. Akuba siempre sabe leerme en realidad, no tengo que decirle
mucho.
- No lo imaginaba así…- se rió imaginándolos de pronto. –A mí lo
que me gusta es la humillación… no la mía claro… la de Yûsei… pero…
románticamente hablando… no me gustaría hacérselo pasar mal… no
sé si me entiendes… Se la meneé en clase… y le hice mirar a unos
chicos que notaban lo que ocurría… al final no me atreví a hacerlo
correrse… - sujetó la sábana con una mano cubriéndose el hombro.
Hikage se rió, recostándose del todo. – Qué clase esa... Y sí,
comprendo. Yo tampoco, querría que Akuba lo pasara mal. Si me hubiera
dicho “no me gustan esas cosas”, hubiera renunciado a ellas.
-Ya imagino… aunque yo no podría… no creo poder sentirme excitado…
o no sé… por poco se me baja cuando lo hacíamos… fue el peor momento
de mi vida… y creo que él lo notó… y lo arregló todo… me parece
que siempre sabe cómo ayudarme…
- Hacen una buena pareja entonces. – suspiró, mirando el techo
ahora. – Yo... extrañaría todo esto, pero no lo sé prefiero estar
con Akuba sin tener sexo, que sin él. El asunto es que me enamoré
de Akuba por cómo es. Y supongo que es lo mismo, en viceversa.
Aiken lo miró un poco mareado por su manera de hablar. -Estaría
con Yûsei igual… a no ser que no me quisiera… pero seguramente no
podríamos tener sexo… y me dejaría… por eso pensé que nunca tendría
novio… De todos modos… yo creo que a él le gusta… y también creo
que a tu novio le gusta… o no querría atarte en suspensión…
- No, ¿verdad? – se rió, mirándolo. – Entonces, ¿me explicas por
qué estamos aquí preocupándonos por nada?
-No lo sé… porque somos preocupones, supongo…- se rió y le tapó
la cabeza con la sábana girándose y cogiendo el teléfono para mandarle
un mensaje a su madre por si venía a dormir, lo cual dudaba. -¿Sabes
qué me gustaría a mí?... lo leí en una novela… quisiera llevarlo
desnudo por la calle… pero no del todo… que nadie más lo viese si
yo no quisiera… pero no sé cómo hacerlo aún… - le explicó mientras
escribía el mensaje.
- Hum... no lo sé, aún no tengo un hechizo para hacer a alguien
invisible... – meditó, pensativo. – Bueno, hay una manera, aunque
no sé si sea lo apropiado. ¿Sabes de esa gente que te pinta la ropa
encima? Si nadie te mira detenidamente, parece que fueras vestido.
-Eso lo dices porque no viste qué polla tiene…- se rió mirándolo
a los ojos. –Tal vez sólo deba buscar un lugar… donde desnudarlo…
y ver qué pasa… - notó que le pulsaba un poco el sexo y se giró
boca abajo mirándolo con la cara de lado en la almohada. –A veces
preferiría seguir con la polla tonta…- se rió enrojeciendo.
Hikage le dio un almohadazo suave, sonriendo. – No seas tonto.
Y ya... no le he visto el pollón a tu novio... pues. – se rió, sujetando
la almohada contra sí de nuevo. – Pues haz eso... Igual puedes llevarlo
a algún sitio público como una piscina o algo y que se quite el
bañador, bajo el agua, donde sólo lo veas tú. ¿Ves? Deberían pagarme
por esto.
-Oh… sí… deberían – se rió y le dio un beso enrojeciendo y apoyándose
en el colchón. –Es mi pago… no llevo suelto…- se rió aún y lo miró
a los ojos. –pero no sé nadar… aún no me enseña Kiken… a ver si
mañana.
- ¿Kiken te va a enseñar? – se rió, girándose de lado. – Vaya.
Están muy amigables, Inari y Kiken. Ya veo que les hizo bien la
relación.
-Sí… muy amigables… no te imaginas cuanto…- se rió abiertamente
sin aguantarse más.

Continua leyendo!
|