SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 59- The Best Afrodisiac
- Me alegra poder volver al club. Arashi-senpai... es increíble
como capitán. – sonrió Yûsei, pasando adentro de la casa de Aiken.
– ¿No pasó nada desagradable mientras estabas solo, verdad? – lo
miró, pensando que seguramente se lo hubiera contado ya si fuera
así.
-A mí no… por suerte no me vieron… pero sí a un chico… bueno ¿recuerdas
cuando te dije que había un chico muy guay? Que quería hablarle…
pues le hablé… - sonrió enrojeciendo al recordar lo mucho que le
había costado, y caminó con Yûsei hacia la cocina americana, abriendo
la nevera para servirle un zumo de arándanos. -Toma...
- Gracias... ¿le hablaste a un chico que te parece guay? No sé
si molestarme... – contestó, haciendo un gesto con la boca, ligeramente
celoso. – Y ¿qué le pasaba?
-No te molestes, baka…- se rió enrojeciendo más y abrió la puerta
de su cuarto para dejar la mochila y sacarse el jersey. –Es sólo
que lo habían molestado esos idiotas… y estaba llorando… aunque
trataba de ocultarlo…
- Oh... bueno, comprendo que llore... – enrojeció un poco, porque
él también lloraba mucho cuando le pasaban esas cosas. – Y ¿qué
te dijo? ¿Es agradable?
-Muy agradable… le gusta hacer brujería… quiere vengarse. ¿Sabes?
Fuimos a la biblioteca juntos… y estuvimos mirando hechizos… - le
explicó sintiendo algo de vergüenza. –A mí… también me gustan esas
cosas.
- ¿La brujería? Y ¿Por qué nunca me habías dicho nada? – protestó,
ahora sí celándose. –Sabes que no te voy a juzgar, aunque no sé
si crea en eso... Pero igual.
-Me preocupaba asustarte… si te mostraba el cuarto… donde tengo
esas cosas…- lo miró a los ojos y le sujetó una mano, notando que
estaba celoso. –Pero hoy te he traído a mi casa para que tú lo vieras
antes que nadie…
- Mejor, porque me hubiera molestado mucho – lo miró a los ojos,
serio, pero sonriendo al poco. Se le hacía difícil permanecer enfadado
con Aiken. – Muéstrame tu cuarto, prometo no asustarme.
-Vale…- lo sujetó de la mano un poco preocupado por lo que iba
a mostrarle, abriendo la puerta con llave y mostrándole aquel cuarto
amplio que sólo tenía varios armarios, una mesa con libros y maquetas
de instrumentos de tortura, y al fondo una cruz de madera y metal
de unos dos metros. –Pasa…- cerró la puerta a su espalda y lo miró
atento. –Mira lo que quieras…
- Wooow... esto, ¿lo hiciste tú sólo? – preguntó, mirando una de
las maquetas. Aunque era un poco terrorífica, se veía bastante complicada
y bien detallada. Se arrodilló junto a la mesa, observándola de
cerca, sonriendo. – Eres muy talentoso.
-Gracias… - sintió que enrojecía de nuevo pero sonrió ampliamente.
–Lo hice yo… mirando en libros claro… pero es difícil…- le explicó
acercándose un poco. –Es un poco macabro todo esto… pero sólo es
que me da curiosidad… no es como que me hubiera gustado verlo ni
siquiera…
- Vale, no sé... A mí me parece muy interesante que hagas todo
esto. – le sonrió, sin atreverse a tocar nada, aunque le daban ganas.
– Además, yo te conozco, Aiken...
-Aún no tanto… pero eso es divertido ¿no?- abrió una de las vitrinas
y lo llevó de la mano para mostrarle las hierbas y raíces que había
allí guardadas. –Y esto es lo que usaremos Hikage y yo… estas cosas…
para hacer hechizos…
- Oh, y si las toco ¿no me pasa nada? – las miró, curioso. - ¿Dónde
las consigues?
-Algunas son venenosas… pero por tocar el frasco no te pasará nada…-
sonrió levemente, arrodillándose en el suelo. –Mi madre me las trajo
de Europa… este… es afrodisíaco… bueno… eso dicen…- se rió y enrojeció
un poco. –Porque a mí no me sirvió de nada ninguno de los que probé…
pero tú sí eres un buen afrodisíaco…
- Y ¿si me lo unto? –se rió, tomando el frasco con cuidado de no
tirarlo, y dándole vueltas. – Oye, y ¿tú eres hechicero entonces?
-No… - se rió y lo miró jugar con el bote. –Sólo soy un aficionado…
hay gente que se toma muy en serio esto… creo que ese chico… Hikage,
lo hacía… pero aún está aprendiendo también… - le cogió el bote
y lo abrió. -¿Quieres probarlo?- se mojó un dedo y lo acercó a sus
labios. –Es cardamomo con jengibre, canela y miel…
- Suena dulce, ¿es dulce? – se acercó más, lamiendo con delicadeza
y luego metiéndose el dedo a la boca, succionándolo, mirándolo a
los ojos, sonriendo un poco travieso.
-No… me acuerdo… ¿lo es?- lo miró rojo, acariciándole la lengua
con el dedo y estremeciéndose. Sonrió levemente y le acarició los
labios con el dedo deslizándolo por su cuello y tirándole de la
corbata. –Yo también quiero probarlo…
- Aiken... – susurró suavemente, encendiéndose, y tomando un poco
son su propio dedo, untándose más. – Yo creo que sí funciona.
El chico se acercó a lamerlo, mordiéndole suavemente los labios
y recostándolo en el tatami. Subiéndose sobre él y desabrochándole
la camisa, mirándolo a los ojos y respirando caliente contra él.
–Pues entonces te lo pondré por todas partes… y luego lo lameré…
- Ah...Aiken... por favor... – le pidió, acariciándole el rostro,
y el cuello, entrecerrando los ojos. No podía esperar. – Hazlo...
-Tengo muchas ganas de verte desnudo…- le abrió el pantalón de
forma un tanto torpe por los nervios y la ansiedad de estar tan
excitado, de ver aquel cuerpo ahora sin tener que ocultar para nada
lo que provocaba en él. –Siempre te miraba en las duchas… ¿lo notabas?...
pero no me atrevía a hacerlo bien…- lo observó completamente desnudo,
paseando su mirada por todo su cuerpo y deteniéndose en su sexo.
- No, no lo sabía... – se rió, con algo de vergüenza, sintiéndose
expuesto. Pero si quería exponerse ante alguien, era ante él. Bajó
las manos por su propio cuerpo, acariciándose. – Pero ahora soy
tuyo...
-Mío…- susurró siguiendo el movimiento de sus manos sobre sus pezones
y su abdomen como hipnotizado, las caderas estrechas, aquel sexo
duro…observarlo le hacía sentirse como demasiado excitado. No sabía
qué le apetecía más, quería tocárselo todo, lamérselo todo. Sujetó
el frasquito y lo vertió por su pecho, notando que le salpicaba
un poco la cara, recorriendo su abdomen, cubriendo su sexo de dorado,
mojando sus testículos y dejando que resbalase entre sus nalgas.
Apartó el frasco a un lado y se recostó sobre Yûsei a pesar de la
ropa, lo cierto es que sentía vergüenza por desnudarse. Le lamió
la cara y el cuello, bajando por su pecho y lamiendo la miel de
sus pezones, succionándolos y tirando de ellos entre los dientes
mientras su otra mano extendía el ungüento por su pecho, resbalando
en su otro pezón y tratando de sujetarlo. Siempre fantaseaba con
lamérselos y tocárselos, con sentirlos dentro de su boca como ahora.
Lo succionó más fuerte consiguiendo atrapar el otro y retorciéndolo
un poco.
- Ah... Aiken... – gimió Yûsei, arqueando la espalda, sintiendo
el líquido resbalarse lentamente por entre sus piernas. Se lamió
los labios, sintiendo el sabor dulzón de las gotitas que lo habían
salpicado, y abrazando a Aiken contra él, sacándole un poco la camisa
para poder tocarle la piel.
-Espera…- se la quitó a pesar de que sabía que enrojecía y se recostó
sobre él de nuevo, bajando las manos contra el suelo para emplazarlas
bajo sus nalgas, apretándolas dentro de sus manos fuertemente, lamiéndole
los labios y rozándose con su lengua. –Ya he visto que no tienes
casi vello… ahí abajo… me gusta- deslizó un dedo por la miel entre
sus nalgas sintiendo cómo entraba solo dentro de estas. Jadeó con
suavidad, sorprendido, retirándolo y empujando ahora él mismo dos
en él. –Se siente muy duro… y muy suave a la vez… dentro de ti…
ahora más… es por la miel…
- Me gusta... – jadeó, estremeciéndose, y acariciándose contra
el cuerpo de Aiken. – Me gustas tú, cómo me tocas, cómo me miras...
– empezó a enrojecer, sonriendo y besándolo ahora él, jugando con
su lengua.
-Aún te va a gustar más…- sonrió, seguro de ello, nervioso ante
lo que iba a hacer y sujetando uno de sus testículos entre los labios,
succionándolo dentro de su boca y acariciando el otro hasta introducírselo
también, rozándolo con la lengua y empezando a acariciar su sexo
con la punta del dedo, todo sabía dulce y resbalaba de forma pringosa,
se sentía ardiendo… Era la primera vez que sentía aquello en sus
labios, que se sentía tan excitado…
Los dejó resbalar de su boca, la saliva deslizándose sobre su sexo
a medida que lo recorría hasta arriba con la lengua. –Está muy caliente…
- Cla... claro... ah... ahn... Aiken... – sentía su cuerpo estremecerse
como nunca. Cada vez que Aiken lo tocaba era aún mejor que la anterior.
Se elevó un poco sobre sus codos, para observarlo, sin poder dejar
de gemir, su sexo sintiéndose caliente y húmedo, pulsando.
El moreno lo rozó con la lengua como probándolo, sintiendo el sabor
distinto de sus fluidos transparentes entre la miel, empujando la
lengua en aquel pequeño agujero en su sexo, lamiéndolo y succionando
casi como si lo besase antes de metérselo por completo en la boca,
lamiéndolo con fuerza dentro de esta. Dejándolo profundizar en su
garganta y salir de nuevo una y otra vez.
Cerró los ojos y los entreabrió de nuevo, alzando la vista y observando
su rostro excitado. Lo sujetó con la mano, masajeándolo sin dejar
de mirarlo. –Yûsei… llevas mucho tiempo aguantándote… puedes correrte…
lo haremos… tantas veces como quieras…- rozó el glande con la punta
de la lengua, besándolo de nuevo y rozándolo con los labios.
- Sí... pero... no te olvides... – le pidió, porque deseaba sentirlo
dentro, lo cierto es que estaba al borde. Lo llevaba cada vez más
lejos.- ¿Puedo... hacerlo en tu boca? – lo miró, un tanto cohibido,
pero ni siquiera sabía si podía aguantarse hasta que le respondiera
así como se sentía.
-No lo olvidaré…- lo lamió con suavidad, sintiendo cómo temblaba
y retrasándolo un poco, bajando los labios por el tronco de su sexo
y de nuevo a la punta, succionándola con fuerza. Lo dejó salir de
nuevo, escuchando los gemidos del chico cada vez más fuertes y sonriendo
levemente, pensando que era su primera vez y sujetándolo con la
mano, sintiendo cómo le salpicaba los labios. Se lo metió en la
boca de nuevo, tragándose cuanto manaba de él.
- ¡Aiken...! – casi gritó el chico de lo mucho que gemía. Jamás
había sentido algo como aquello, sentía que se iba a morir. Le sujetó
la cabeza, dejándose llevar por la excitación y finalmente, dejándose
caer hacia atrás, jadeando, aún sintiendo la lengua del moreno sobre
su sexo, y sacudiéndose cada vez que lo lamía de nuevo.
El moreno gateó sobre él, besándolo profundamente y compartiendo
el sabor del semen aún caliente dentro de su boca. –Yûsei…- le besó
la mejilla y el cuello, empujando los dedos dentro contra su ano
y moviéndolo a él incluso consigo, abriéndose el pantalón con la
otra mano para desnudarse. –No es tan grande como la tuya…- susurró
rojo a más no poder y esperando no decepcionarlo. Perdiendo casi
toda la seguridad de pronto y asustándose de que pudiera bajársele.
- Es grande... a mí me gusta... – le aseguró, aún excitado. – Quiero
lamerlo yo... ¿puedo? Quiero...
-Sí…- lo miró a los ojos, enrojeciendo más y sentándose sobre las
piernas, preguntándose si habría notado su miedo. –Hazlo- le ordenó,
sintiendo que se le desbocaban los latidos en el pecho.
El chico subió un poco para acercarse a su sexo, lamiendo tímidamente
al principio y finalmente metiéndose todo su sexo a la boca, succionando
entusiasmado. Le encantaba su sabor, la manera en cómo se sentía
dentro de su boca, su textura.
-Yûsei…- le pasó las manos por el cabello, echándoselo hacia atrás
para ver bien su rostro. Moviéndolo y observando cómo se dibujaba
contra su mejilla. Se dejó caer hacia atrás. Acostándose en el suelo
sin apartar las manos de su cabello, estrujándolo entre los dedos
y moviéndose dentro de su boca. –Yûsei… ponte encima…ah…quiero lamértelo
todo… ¿recuerdas? Todo…ah…
El chico se subió sobre él, apenas sacándose el sexo de su boca
para acomodarse. – Lo tienes muy grande, y sabe bien... – le aseguró,
sonriente antes devolver a succionarlo, envolviéndolo con su lengua.
Se sentía orgulloso de habérselo parado de aquella manera. Ya no
tenía nada que envidiarle a Kiken.
-Chúpamela más…como antes…- alzó un poco las caderas como si tuviera
mucha urgencia, tocándole las nalgas y separándolas, observando
el ano entre estas. –Yûsei… nunca te has visto aquí… es rosado…
y ah…pequeño… se estremeció por las lamidas y alzó la cabeza empujando
la lengua dentro de él abruptamente, rodeándole la cintura con los
brazos y presionándolo contra él, sintiendo su sexo y sus testículos
contra los pectorales.
- Mhjmmm... mn... – gimió el chico contra el sexo de Aiken, succionando
con fuerza, sintiéndose excitado de nuevo ante las lamidas del chico,
su ano palpitando ante las lamidas del moreno. Pensaba que estaba
exhausto antes, pero ahora lo deseaba de nuevo.
Los dedos de Aiken comenzaron a moverse dentro de su ano junto
a la lengua, abriendo más aquella estrecha entrada y lamiendo por
dentro de él. –Yûsei… quiero metértela… quiero saber cómo es… entrar
en este agujero tan pequeño… ¡ah!- sintió que su sexo pulsaba con
más fuerza a las lamidas sólo con imaginárselo y entreabrió los
labios jadeando con fuerza. -¿Lo hago yo?... ¿o te sientas en mí?
- ¿Sobre ti...? Sí, quiero sentarme sobre ti... para que veas mejor...
– contestó, sonrojándose, pero aquello lo excitaba, sin duda. –
Que se me pone duro de nuevo... se rió en bajito, porque le daba
vergüenza cómo se estaba poniendo.
Aiken sonrió, observando cómo se movía sobre él, acercando las
nalgas a su sexo, sintiendo cómo se rozaba sin conseguir penetrarse.
Se rió con suavidad, observándolo excitado. –Eso… no uses las manos-
Entrelazó los dedos con los suyos, manteniéndolo acuclillado sobre
él sin dejarlo aproximarse. –Aah… Yûsei… vamos…- alzó un poco más
las caderas para ayudarlo a conseguir que entrase en él pero esperando
a que él lo hiciera, lamiéndose los labios al ver cómo su sexo pulsaba,
alzándose más de nuevo cuanto más se rozaba.
- Ya... ya voy... – gimió, intentando sentarse sobre su sexo, rozándose,
y estremeciéndose cada vez que lo sentía, frunciendo el ceño, sin
dejar de gemir. Finalmente logrando meterse la punta, jadeando un
poco y mordiéndose un labio ante el dolor, pero sin detenerse. De
todas maneras lo deseaba, su cuerpo entero lo deseaba. Y estaba
seguro de que el placer regresaría pronto. Empezó a moverse sobre
él, lentamente al principio, y un poco más luego, relajándose, mirándolo
a los ojos.
- Mmmh…Yûsei…te sientes… increíble…- el moreno se movió bajo él,
sin creerse lo que estaba sintiendo, ahora comprendía aquella expresión
en el rostro de Inari. Entreabrió más los labios para dar salida
a su respiración agitada y le soltó las manos, dejándolo apoyar
las rodillas y observando cómo entraba y salía de su cuerpo, sus
manos apretándole el pecho y jugando con sus pezones erectos. -¿Te
gusta?
- Me... ¡me encantah!... – gimió, moviéndose con más confianza
ahora, las manos de Aiken encendiéndolo más, sus pezones completamente
duros y sensibles. – Aiken... tu... tu sexo es... increíble...
-Y tu cuerpo…Yûsei…no puede haber nada mejor… - lo sujetó por la
cintura irguiéndose un poco y moviéndolo sobre su sexo con más fuerza,
aún y cuando sus caderas se movían bajo el chico, aproximándolo
contra él y rozando la nariz contra uno de sus pezones, arrastrándolo
un poco con ella y mordiéndolo al sentirlo rozar sus labios, succionándolo
después y abrazándolo sin dejar de moverlo ahora bajo las nalgas,
arrastrando la lengua entre sus labios jadeantes y lamiendo la del
chico que salió húmeda a recibir la propia.
Se acostó de nuevo, bajando las manos por sus piernas y mirando
su sexo. –Tócate Yûsei… y dime cómo se siente…
- Aiken... – sonrió, enrojecido tanto por el deseo como por la
vergüenza, bajando la mano hasta su sexo y sujetándoselo, empezando
a acariciarlo con suavidad y luego más ávido. -Se siente... ah...
está caliente de nuevo, y duro... Ah... Dios... Aiken... estoy excitado...
mucho – gimió, inclinándose un poco sobre sí mismo a pesar de que
el moreno seguía moviéndolo, su sexo profundizando en su interior,
apretado.
-Yûsei… me encanta cómo te ves avergonzado… - sonrió jadeando y
sujetándole la espalda para pegarlo contra él, besándolo profundamente,
entrecerrando los ojos al sentir su sexo contra el abdomen y los
pezones frotándose contra su pecho. Le sujetó una nalga rozando
su sexo y el ano del chico, sintiendo cómo subía y bajaba sobre
él. –Yûsei… cuando te vayas a correr… te sientas otra vez… quiero
verte bien…
- Sí... y yo quiero que me veas... – susurró, con la respiración
entrecortada, sonriendo contra su cuello, su cuerpo entero envuelto
en aquel calor, su sexo pulsando con la fricción. Se sentía como
nunca.
-Te quiero…- Aiken miró al techo cerrando los ojos y ayudándolo
a mover las nalgas sobre él con ambas manos. –Me encanta tu cuerpo
Yûsei…- bajó una mano entre sus cuerpos, sujetando el sexo del chico
y acariciándolo. Le lamió el hombro y se lo mordió con suavidad
arrastrando los labios por él después. –Deja que te lama los pezones…
- Te quiero, Aiken... – se alzó un poco, dándole espacio para que
se acercase a su pecho, ya de por sí anticipando su lengua y estremeciéndose
al sentirla, gimiendo, moviéndose con más prisa sobre el chico.
-Ah…- el moreno le rozó el pezón con la nariz, lamiéndolo otra
vez y succionándolo, apretando más su sexo dentro de la mano y moviéndose
de prisa, haciéndolo botar contra su cuerpo y apretándole las nalgas
con la otra mano. Cerró los ojos contra su piel, abriéndolos de
nuevo y mordiendo el pezón entre sus labios, lamiéndolo dentro de
su boca.
- Ah... me voy a correr de nuevo... A... Aiken... – jadeó Yûsei
cerrando los ojos, preguntándose si debía sentarse ya o no. Le gustaba
mucho cómo lo lamía, temblaba a cada contacto de su lengua con su
pezón.
El moreno se apartó hacia atrás, dejándolo sentarse y observando
su cuerpo sudado, apretándole el pezón con los dedos y ayudándolo
con su mano, jadeando él mismo y mirándolo a los ojos. Los tenía
algo aguados por el sexo, él también, podía sentirlo… Observó sus
labios y entreabrió los suyos como un reflejo, empujándose más dentro
de él y esperando a que se corriese él antes, porque era lo que
había visto hacer a Inari y Kiken.
- Aiken... – gimió el chico, erguido y arqueando la espalda luego,
su sexo pulsando con fuerza, a cada embestida, corriéndose súbitamente,
con fuerza, sintiendo al moreno llenarlo casi al instante, temblando
y mirándolo a los ojos. Le parecía el chico más guapo del mundo.
-Ahg…ah…- Aiken apretó las mandíbulas mientras se corría dentro
de él, sintiendo el semen salpicarle el pecho y la mandíbula. Le
parecía que no fuera a acabarse, pero finalmente se calmó un poco
y tiró de él, recostándolo sobre su cuerpo y besándolo con suavidad.
No había podido esperarse, pero de todos modos por el rostro de
Yûsei… seguramente había sido mejor así. –Yûsei…me has salpicado
la cara…- casi jadeó, respirando cansado y sonriendo después.
- Perdón... - se rió con suavidad el chico, lamiéndole el cuello
y el rostro, limpiándole el semen, como una especie de juego.
-Me gusta…- sintió la lengua sobre su piel caliente y sonrió, dibujando
su espalda con las manos. –Eres un gatito…
- Meoooow... – maulló el chico, riendo y estirando la espalda para
que lo acariciara mejor. – Me ha gustado mucho... pero mucho...
-A mí también…- se rió con suavidad y lo abrazó más fuerte contra
él, sintiendo cómo su sexo se escurría ya de su cuerpo, dejando
que el semen bajase por sus piernas. No creía haberse corrido esa
cantidad en la vida. –Yûsei… aprenderé a hacerlo mejor… y dejaré
de avergonzarme…
- Ya lo haces muy bien... A mí me gustas como eres, Aiken. – sonrió,
dejándose abrazar contento. – Eres especial y maravilloso.
-Tú también…- sonrió levemente y le acarició el cabello. –Si no
fuera por ti…- lo dejó a medias, entrecerrando los ojos y besándole
la mejilla. –Pero quiero hacerlo mejor…si no me avergüenzo… podremos
hacer… todo lo que se me pasa por la cabeza…
- Vale, no te avergüences. Yo... prometo seguirte y aprender más.
De todos modos, me gusta esto – se rió cohibido, pero lo cierto
es que lo ponía cómo le daba órdenes y lo tocaba inesperadamente.
-Ya lo he notado…- se rió, la verdad es que le hacía feliz que
le gustase aquello. –Yûsei… no quiero que pienses que soy un abusivo…
o que te trato mal…
- ¿Por qué pensaría eso? No me has golpeado ni insultado, ni hecho
nada que yo no quiera que hagas... Si te dijera que no me gusta,
te detendrías, lo sé. – lo miró a los ojos, moviendo los dedos sobre
su pecho. – Me gustas, Aiken, me vas a seguir gustando.
-Vale…- observó sus dedos y sonrió. -¿Más que Inari?- se rió enrojeciendo
sin alzar la vista de sus dedos.
- Más que Inari... además a ti te quiero... como novio. – sonrió,
enrojeciendo también, y murmurando casi. - ¿Y a ti? ¿Te gusta más
Kiken o yo?
-Tú, tú eres perfecto para mí…- sonrió deslizando un dedo por su
nariz. –Y eres más guapo que él… al menos para mí…- sonrió pensando
en lo que diría Kiken. –A mí me gustan más… como tú…
El chico se rió, sonrojado de nuevo. – Yo creía que iba mal...
que Kiken es modelo como tú. Pero vale, mejor... – le sujetó el
dedo recostándose de nuevo.
-Y tú no eres modelo porque no quieres…- defendió, aunque sin darse
cuenta en realidad. –Tú eres mucho más cute… y me encanta tu pelo…
tus pezones… “la tienes más grande que él”…- le susurró al oído
riéndose. –y haces ese ruidito cuando algo te gusta…
- ¿Hago un ruidito? – preguntó, más cohibido porque le dijera aquello
de su sexo, aunque orgulloso también. – Vale, modelo si quieres.
¿Quieres modelar conmigo, Aiken? Sería agradable.
-Claro… conmigo…- sonrió levemente y le apretó una nalga con un
dedo. –Haces un ruidito… que a mí me gusta…- le acarició el cabello
besándole la frente. –Nos duchamos… y comemos algo ¿vale?
- Vale, pero nos duchamos juntos. – se puso de pie, buscando su
ropa. – Sabe bien tu afrodisíaco por cierto...
-No es para las tostadas…- se rió y le sujetó una pierna, separándosela
por encima de él y mirándolo de ese modo, besándosela antes de levantarse
y abrazarlo otra vez. –Estamos pringosos…

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