.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 53- The Seeds of Revenge

El moreno abrió la puerta por fin, mareado, acababa de despertase y encima había tenido que tirar la puerta de un empujón. Le dolían los labios increíblemente de morder las cuerdas que le habían sujetado en las muñecas.

Echó a correr por los pasillos del instituto. ¿Qué demonios de hora era? ¿Las diez? Increíble ¿llevaba tanto tiempo dormido? Le habían hecho tragar esa mierda… era un somnífero… -Hikage!! – le llamó sin tener idea de dónde estaba o si tan siquiera estaba en el instituto. Estaba histérico, nervioso, preocupado y pensando lo peor.

El chico abrió los ojos, al escuchar su voz. Estaba adolorido y cansado de intentar soltarse, pero le habían atado con mucha fuerza. De todos modos, también se había cansado de pedir ayuda, no creí que lo fueran a encontrar ya. – ¡Akuba! – lo llamó, pateando la puerta para hacer más ruido. No tenía muchos deseos de que lo viera así, con la ropa hecha trizas, todo arañado y aquel labial rojo brillante en los labios, aunque probablemente se lo había logrado quitar casi todo contra su propio hombro.

Akuba se quedó parado, escuchando a su alrededor. – ¡Hikage!- lo llamó de nuevo, escuchándolo a él y cómo aporreaba la puerta. –Apártate…- le pidió cargando contra la puerta dos veces y abriéndola. Lo miró como golpeado por su aspecto, agachándose rápidamente para soltarlo. - ¡¿Qué te han hecho?!

- Nada... estoy bien... Sólo los voy a matar. – frunció el ceño, pasándose la mano por los labios de nuevo por si acaso. Estaba avergonzado, lo cierto es que se había asustado. - ¿Dónde estabas, Akuba?

-Me empujaron una mierda de pastilla en la boca… no sé… me quedé dormido y me desperté atado…- le sujetó la cara con las manos, limpiándole los labios, observando los cortecitos en su piel, respirando con fuerza. –Los voy a matar…

Hikage lo besó con fuerza, necesitándolo. – No sólo eso, los haremos sufrir... Pensé que me iban a hacer algo... o a matar incluso. Dios... – confesó, abrazándose a él. Era al único al que le podía hablar así. Jamás iba a revelar ante nadie más que era tan débil.

El moreno lo apretó contra él con fuerza, sujetándolo sobre sus piernas incluso. –Dios… los voy a matar te lo juro…- estaba temblando de lo violento que se sentía, incluso sus dientes rechinaban, respirando con fuerza y levantándolo consigo. –Vamos… a la sala de estudios a mirar donde viven…

- No, espera... No puedes hacer eso... – lo detuvo el chico asustado. – Te meterás en líos tú, tenemos que hacerlo de otra manera... Akuba.

-¿Qué?- lo miró a los ojos y lo dejó delante de él, tenía razón, lo sabía, pero si no hacia algo… iba a reventar en cualquier momento. –Si no hago algo, en cuanto mañana los vea les saltaré los dientes de una hostia- le dio un golpe a la pared por coraje, sacándose el jersey pese a que nunca llevaba nada más encima. –Tápate…- se mesó el cabello con ambas manos, pensando qué hacer, seguro de que en cuanto sacase de allí a Hikage y lo dejase en casa, le iba a destrozar el coche al padre de Togashi, no iba ni a parecer un coche de cómo iba a dejarlo.

- Comprendo, yo también quiero hacer algo, pero... pensemos. – suspiró, tratando de calmarse él por el bien de Akuba. – Vale, averigüemos dónde viven, y... dejémosles un regalo.

-No… tú te vas a ir para casa, te acompañaré y te quedarás allí… yo me ocuparé… no voy a dejar que te metas en mierda por culpa de esos imbéciles…- negó con la cabeza, sujetándole la mano y caminando hacia la sala de la dirección.

- Y ¿crees que yo sí voy a dejar que te metas en mierda por ellos? – le preguntó, utilizando sus mismas palabras con toda la intención. – O lo hacemos juntos, o no lo hacemos, Akuba.

El moreno lo miró a los ojos sin saber qué hacer, suspirando con fuerza. -¿Y qué pretendes hacer tú?

- No lo sé, algo que los asuste, ¿qué pensabas hacer tú? – lo miró igual de serio.

-Reventarle el coche a su padre… ya se lo he hecho antes a otro…

- Pero su padre no nos ha hecho nada, ¿verdad? – se acercó a él, apoyándose en su hombro. – No, yo digo que le dejemos un regalo, algo que sea exclusivamente para él, algo que le preocupe.

-¿Cómo que? ¿Y crees que me importan esas cuestiones de moralidad? Joder a su padre los joderá a todos… y él sabrá que he sido yo… pero no podrá decirlo…- se apoyó contra la pared con la espalda a pesar de que estaba muy fría contra su piel. –Dime algo concreto.

-Bien, estaba pensando en dejarle algo en la puerta como un muñeco colgado o algo así... con sangre y su nombre escrito. Dirán que no creen en esas cosas, pero luego se preguntarán quien fue, y ¿si realmente funciona? – le sonrió, acariciándole la mejilla. – Créeme, no parece satisfactorio, pero estarán cagados del miedo. Ya los verás...

-Sí, pero si haces eso en la puerta de su casa, de todos modos también pasará lo mismo que con el coche, cagarás a toda su familia… ¿no decías que ellos no nos habían hecho nada?- No quería decirlo pero además le influía el hecho de que quería ver los resultados… No… quería pegarle a algo o a alguien… pero eso no era algo para decir y lo miró a los ojos sin moverse del sitio.

El chico le devolvió la mirada firme. – Es distinto... es algo indirecto, ¿no? No pueden culparte o llevarte a la cárcel por dejar un muñeco. Pero sí por romper un auto. Anda, ve a romper el auto si quieres, pero si te atrapan...

Akuba lo miró a los ojos y se rió por cómo se lo había dicho, mirando a otro lado. –Claro que te pueden mandar a la cárcel por eso… es acoso, amenaza… etc... Cosas que no sé…

- Bien, si vamos a ir presos... hagamos las dos cosas y ya. – suspiró, pasándose una mano por el cabello, y sonriendo un poco.

El moreno lo miró a los ojos y lo acercó por el jersey que le quedaba enorme, besándolo y abrazándolo contra él. – ¿Me consientes? No soy un niño ¿Sabes?

- No, eso ya lo sé, pero ¿no te gusta que te consienta? A mí sí... – le sonrió, besándolo con suavidad. – No quiero meterte en problemas, y no quiero permitir que te metas en problemas sin mí.

-Hum… hagamos lo que tú decías… pero se lo meteré en su cuarto… no en la puerta de su casa… - lo miró a los ojos y luego le sujetó la mano para ir a buscar a la sala de dirección los archivos con los datos personales de los chicos. –No…- se detuvo a la mitad y lo miró a los ojos. –Recuerdo que instalaron unas cámaras en el cuarto desde que alguien entró a robar los exámenes…

- Pues hasta allí llegó nuestra aventura, no soy espía... – se rió, de mucho mejor humor. – Los podemos seguir mañana... ¿no? O Podríamos preguntarle a Inari, pero seguro nos riñe... Y no sé si quiero decirle lo que sucedió.

-¿Te avergüenza?- lo miró a los ojos pensando que él no tenía la culpa. De todos modos, no se quería ir para casa sin hacer nada, no podía. –Primero salgamos de aquí…

Hikage asintió, tomando su mano y caminando hacia fuera. – Sí, odio ser tan débil... Y odio que me sucedan estas cosas, no es gracioso.

-Ya… pero no es tu culpa… y no me llames débil, cinco contra uno… no es ser débil, es que lo contrario, serías super man o el héroe de algún manga… que no es el caso.

- No, definitivamente no. – negó, sonriendo. – Tienes razón, por esta noche... haremos esto, pero quiero hacer algo más. Quiero que comprendan que no pueden andar así impunemente.

-Sí…- lo miró pensando que no lo había comprendido muy bien, caminando con él hasta la obviamente cerrada puerta de la calle y abriendo una de las ventanas para salir del complejo. –Te llevaré a tu casa, tus padres tienen que estar cabreados…o preocupados al menos y además… esto de ir sin nada por encima da palo…

- Akuba. – se detuvo antes de salir. – Pero como te vayas a hacer locuras sin mí, te patearé el trasero. No me vayas a hacer eso.

-A lo mejor me gusta que me lo patees…- le vaciló sujetándolo por los hombros. –No haré nada… ¿vale? Cálmate… eh… ¿y nuestras mochilas? ¿Dónde coño están?

- No lo sé, la mía se me cayó cuando forcejeaba... – lo miró, pensativo, debían de estar en alguno de los pasillos. Pero igual podían habérselas llevado ¿no? O quien sabe qué.

-Ah… no, joder… hay que volver a buscarlas…

- Al menos podemos buscar en donde cayeron. Si no están allí, ya puedes jurar que las encontraremos de alguna manera no agradable.

-Pues hasta ahora sólo hemos sido los pringados del asunto…- el moreno suspiró levemente, empujando la ventana que ya habían cerrado antes. –Pero no podemos entrar de nuevo… ¡bien! ¡Somos unos putos genios!- se dejó caer sentado en el suelo, hundiendo la cara entre ellas. –Y no he ido a trabajar…

El chico le rodeó los hombros atrayéndolo hacia él. – Calma... sólo es un día, di que estabas enfermo o algo así... – suspiró, a sabiendas de que no consolaba. – Vamos a vengarnos...

-Ya… ¿Como hasta ahora? Ellos siguen hundiéndonos en la mierda y nosotros no conseguimos nada… tal vez deberíamos acudir a la dirección… De todos modos no pueden ponerse peores de lo que ya están las cosas… ¿tienes el móvil?

- No, estaba en mi mochila... – negó con la cabeza. – Se me ocurre algo, ellos son cinco, ¿no? Nos ganan por una cuestión de números, ¿comprendes?

-No…

- Que necesitamos más personas, otros que también deseen vengarse. No somos los únicos con los que se meten ¿sabes? – le explicó, sonriendo. – Podríamos enseñarles lo que se siente estar en el otro lado.

-Oh… ya… pero no soy bueno en esto de socializar…- se rió pensando que en realidad sí se le daba bien porque no tenía mucha vergüenza que se diga. –Vale… tenemos que captar pringados… pero pringados que tengan cojones… no queremos que después vayan a acusarnos con todo el mundo...- volteó una hoja en el suelo y observó una foto arrugada de lo que parecía ser Inari y Kiken , abriéndola y leyendo lo que ponía. -¿Qué ha pasado cuando estábamos ahí encerrados?

- ¡Una mierda! ¡Eso es lo que ha pasado! – se molestó el chico viendo la foto, e imaginándose cómo la habría pasado Inari. Tras que le había costado tanto admitir lo que era... Seguro le habían avisado a su padre y... – Tengo que regresar a casa...

-Sí… claro- el moreno se levantó, comprendiendo y aún bastante sacudido con aquello. –Vamos…

 

 


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