SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 52- The Meaning Behind Your Lips
- Aiken, ¿estás enfadado? – le preguntó Yûsei, aunque pensando
que tal vez no debería ni preguntarle. Estaba seguro de que Inari
tenía razón, era muy maduro.
-No… ¿Por qué dices eso? Si no quieres, no quieres y ya… no digo
nada…- se guardó las manos en el bolsillo tras acomodarse mejor
la mochila en el hombro.
- No lo sé, te veías enfadado... – continuó el chico, suspirando
luego. Tal vez debería dejarlo así y ya. - ¿Te gustó? Me refiero
a verlos así...
-Sí… creo que ya sé qué es lo que me gusta… además de que prefiero
centrarme en la excitación de otros y no en la mía… pero necesito
pensar en ello… - se quedó callado, pensativo. –Quería tocarlo…
¿tú no?
- Sí... algo... – sonrió admitiéndolo y asintiendo. Lo cierto es
que le habían dado ganas de tocarlo a él además, pero no se lo podía
decir. – Se te paró...
-Sí… ¿lo viste?- lo miró de soslayo, enrojeciendo violentamente
y mirando al suelo después. –Las de ellos son muy grandes… se nota
que son casi adultos…
- Sí... pero la tuya no se veía pequeña, además te pegaste a mí
y la sentí – le confesó, enrojeciendo también, y mirándolo de soslayo.
- ¡No es pequeña! Sólo… no es tan… desarrollada… aún te crece…
hasta los diecinueve… o un poco más… - aclaró luego del sofoco,
igualmente rojo y aún sin mirarlo. –Yo también te la miré…
- No dije que fuera pequeña, no me lo pareció. Y... – bajó la mirada,
enrojeciendo más pero quería saber. - ¿Qué te pareció la mía?
-No la veía bien… te la tapabas todo el tiempo…- se rió y lo miró
ahora sí sonriendo. –Pero pequeña, no era… De todos modos… yo me
fijo en otras cosas y no en el tamaño… aunque tampoco me gustan
los pichurrines… - lo empujó un poco, tratando de dejar de estar
molesto sin derecho.
- Ya... igual no tengo un pichurrín – se rió, empujándolo de vuelta,
aliviado al ver que volvía a estar como siempre. – No te pusiste
celoso, ¿por Kiken?
-No… ya sé que no tengo oportunidad con él… sólo quiero divertirme…
Sigue gustándome… pero también… me gusta verlos juntos y no querría
verlo triste nunca… eso es lo que pasaría si Inari y él acabasen…
¿Tú te celabas?
Yûsei negó enérgicamente con la cabeza. – No, ya hablé con Arashi-senpai
y creo que tiene razón. Me gusta mucho y lo admiro, pero lo más
probable es que no esté enamorado. Además... pienso lo mismo que
tú... – sonrió, aún algo rojo.
-Son la pareja perfecta… - lo miró de soslayo, observando su rostro
enrojecido y recordando cómo le había molestado verlo en los brazos
de Inari. -¿Crees que Kiken querría ir más allá conmigo? ¿Que Inari
querría contigo?
- No lo sé, pero creo que tal vez sí... Son más abiertos de lo
que pensaba, muchísimo más. – se rió porque eran aún más abiertos
que él. – Además, Arashi-senpai me tocó las nalgas.
-Yo se las toqué a Kiken… y estaban duras… seguro de nadar… Metérsela
tiene que ser… - enrojeció terriblemente y lo miró. –No soy un pervertido…
- Sé que no lo eres, es normal... Yo también creo que tiene un
buen cuerpo. – le aseguró, mirando el suyo disimuladamente, y pensando
luego en el de Inari. Se veía muy fuerte. No, lo era, lo había sentido
cuando lo abrazó.
-Ya… supongo… le he dicho que iré a natación… al club… si me enseña
a nadar primero… Tú también podrías pedirle a Inari que practicase
contigo… a solas… - lo miró de soslayo observando su cabello, le
gustaba mucho que llevase aquel color.
- Sí, sería agradable. Además, me gusta jugar con él, y no nos
molestarían... – se lo planteó de una manera completamente inocente,
mirándolo luego. - ¿Sucede algo?
-No…- apartó la mirada enrojeciendo. –Yûsei… ¿ya tienes vello aquí?-
se tocó la pelvis pensando que esa pregunta era muy pervertida.
- ¡¿Eh?! ¡Yo!...- enrojeció completamente, riéndose nervioso. –
Sí, pero es muy finito...
-Deberías teñírtelo… - se rió y lo miró rojo también. –Yo también
tengo… pero no como Inari…
- ¿Tú crees? ¿Cómo mi cabello? – se miró hacia allí como si le
fuera a responder su propio vello, considerándolo. – Es normal también,
eso va saliendo poco a poco.
-Ya… pero si me sale mucho… me lo quitaré… como los actores porno…
- Eso está bien... es mejor que se te vea... – se rió por lo que
había estado a punto de decir aunque para él, era cierto. – A Kiken
casi no se le ve el vello, como es rubio...
-No… daban ganas de tocarlo… - suspiró levemente, recordando cuando
Inari lo había levantado de ese modo, exponiéndolo completamente
a su visión. –Tú también eres pasivo… como Kiken… ¿verdad?
- Sí, estoy seguro... – sonrió asintiendo. – Y tú eres activo,
¿no?
-Sí… claro…- se tocó el cuello y lo miró. -¿No crees que a lo mejor
duele? Eso no esta hecho para que entre nada… ese músculo…
- Hum... sí, supongo que sí, pero Kiken no parecía estar sufriendo.
No puede doler tanto... – meditó, pensativo y preocupado a la vez.
-¿Te has…? Ah… no…- se frenó a medio preguntar recordando que le
había dicho que aún no se masturbaba y consecuentemente que no le
había dejado hacerlo por él. -¿Te gusta más Inari ahora? Tras verlo
así… y estar a solas con él…
- Creo que sí, pero... de otra manera. Me hizo ver las cosas más
claras, ¿comprendes? ¿Te pasa lo mismo con Kiken? – le preguntó,
mirándolo a los ojos.
-Lo admiro más… y sexualmente es… impresionante… además es muy
inteligente… me ha dicho cosas… que me han hecho pensar… y por lo
menos siento que voy a llegar a algún punto ahora…- lo miró a los
ojos también mientras hablaba.
- Sí... yo también... – enrojeció, mirándolo por unos momentos
más y quitando la mirada de nuevo. No estaba tan confundido ahora,
realmente deseaba que Aiken se fijase en él de otro modo.
El moreno se detuvo delante de la casa del chico y le sujetó la
mano. -¿Me vas a dejar que te bese? ¿O ahora tampoco quieres eso
ya?
Yûsei enrojeció de nuevo, poniéndose nervioso. – No sé, es que....
no sé si está bien si somos amigos... – murmuró incómodo, por ver
qué le decía.
-Ya te he besado antes… ¿es por Inari?- lo miró serio, enrojeciendo
y bastante enfadado, sintiendo que se notaría en su tono pese a
que trataba de controlar el genio.
- Más o menos, pero no por lo que piensas... ¿Por qué quieres besarme,
Aiken? – le preguntó, mirándolo a los ojos, a pesar de que lo notaba
enfadado y eso lo asustaba.
-Me gusta- lo miró a los ojos serio. –Creí que a ti te gustaba
besarme.
- Me gusta, pero no es un pasatiempo. Tal vez no está bien esto...
– comentó el chico, más y más nervioso, debería haber algún manual
para aquello.
-Ya…- el moreno se echó un paso atrás. – ¿Pero sí podías besar
a Inari esta tarde? Me voy a casa…
- Pero Inari es distinto, no es... Yo sé cómo me ve Inari, sé lo
que ese beso significó – dio un paso hacia delante, dispuesto a
seguirlo hasta su casa si era necesario.
Aiken se quedó en silencio, mirándolo a ojos. -¿Y? ¿No significa
nada conmigo? ¿Qué significaba con él?
- Con él... era sólo un beso, algo agradable y placentero. Contigo...
– suspiró, acercándose más. – Yo lo que quiero saber es qué significa
para ti.
-¿Sabes de qué me he dado cuenta? Cuando estuve hablando con Kiken
y observándolos allí… haciendo el amor… me di cuenta de qué es lo
que me gusta… ¿recuerdas ese relato? Iba sobre dominación… aunque
muy suave… y humillación…- lo miró a los ojos igual de serio porque
estaba entre nervioso y molesto.
- Lo sé.... sé que te gusta eso... – le sostuvo la mirada, un poco
confundido porque le cambiase el tema así. – A mí no me parece mal.
-¿No?- lo miró igualmente notando que estaba confundido -¿Te has
leído el libro?
- No termino aún, pero me leí la mitad, sí... – enrojeció, asintiendo.
- ¿Por qué creías que me iba a parecer mal?
-No es que te parezca bien o mal, con eso no me llega…- observó
sus mejillas enrojecidas, enrojeciendo al tiempo casi. –Cuando leías…
¿creías que seria horrible ser ese chico? ¿O te hubiera gustado
experimentar lo mismo que él?
- No, en realidad... me excitó, bastante. – sonrió, enrojeciendo
más aún por la atención con la que lo miraba. – Además, lo imaginaba
leído con tu voz – confesó, riéndose.
-¿Quieres ser mi novio?- observó su sonrisa, bajando la vista después,
sintiendo que tenía la cara tan roja que iluminaba. –Podemos… aprender
juntos.
- Aiken, ¿de veras? – sonrió el chico, abrazándolo de pronto. –
Sí, sí quiero. Arashi-senpai tenía razón... – comentó, aunque no
había esperado que surtiera efecto tan pronto.
-¿En qué?- lo miró sonrojándose aún más por el abrazo. -¿Y por
qué no querías que te besase entonces?
- Porque no sabía si me veías como... eso. Arashi-senpai me dijo
que no te dejase tocarme sólo como amigo o te ibas a acostumbrar.
– sonrió, sintiéndose baka. – Es que... te quiero y creo que no
me ibas a creer.
- Pues… me estaba poniendo celoso…- le giró la cara, besándolo
superficialmente y enrojeciendo, empujando la lengua entre sus labios
y mirándolo, cerrando los ojos despacio y abrazándolo con más fuerza.
–Yûsei… ¿te acuerdas cuando fuimos al cine?
- Claro, si fue hace poco... – se rió contento, seguro entre sus
brazos. - ¿Pasó algo?
-Te quería pedir que fueses mi novio en el jardín… pero me dijiste
que no te estabas enamorando de mí… y ya no te quise decir que yo
sí de ti…- confesó enrojeciendo y bajando un poco la cara contra
la suya. Apoyando la frente en su frente.
- Es que no lo sabía, estaba confundido. Porque nunca me he enamorado
antes y me gustaban dos personas a la vez... – protestó, como si
estuviera siendo injusto. – Pero me gustas tú, mucho más que algo
pasajero.
-Bueno…- contestó inseguro, pensando que era un desastre y más
con esas tendencias que tenía. O aprendía a ganar seguridad en sí
mismo o iba a ser un infeliz de por vida. -¿Y qué pasará ahora con
Inari y Kiken?
- Pues... no tenemos por qué detenernos, te gusta ¿no? Podemos
ser igual que ellos. – le sonrió, mirándolo a los ojos. - ¿sabes
lo que me dijo Arashi-senpai de ti?
-No… ¿Qué te dijo? ¿Qué soy mono?- preguntó sonriendo levemente
por lo que le había dicho Kiken.
- Que eres muy guapo, que si tuvieras más confianza, podrías tener
a cualquier chico que quisieras – se rió, por la cara que tenía,
enseriándose luego. – Pero tal vez no debí decirte...
-¿Por qué?- se quedó mirándolo rojo fosforito. –No soy guapo… sólo
que estoy bien arreglado… si me hubieras visto antes de que mi madre
se empeñase hasta hartarme…
- Eres guapo, es que no lo sabes. – se rió de nuevo. – Tu madre
te arregla, porque lo sabe.
-Porque es una pervertida… se pondrá muy contenta cuando le diga…
seguro que querrá hacernos fotos… Ya no podrás huir mas de ello…
está empeñada de vestirte con terciopelos… y no sé qué cosas….-
se rió y lo miró a los ojos.
- ¿Terciopelos? – puso cara de espanto, imaginándose ropa victoriana,
y abrazándose a él, como si lo fuera a salvar. – No la dejes...
– bromeó, riéndose. – “Estoy muy feliz”
-Yo también… aunque espero… ser un buen novio…- sonrió levemente,
abrazándolo con fuerza. –Yûsei… prométeme que no harás nada con
Inari… antes de hacerlo una vez conmigo… quiero ser el primero en
todo…
- Lo prometo... – alzó una mano a manera de juramento. – Yo también
quiero que seas el primero. Y trataré de aprender más... de lo que
te gusta.
-No importa… yo… te enseñaré… - enrojeció de nuevo pensando que
tenía que ser más valiente. –Mañana…- se pegó a sus labios, entreabriéndolos
aún más rojo y sujetándole la cintura del pantalón. –“no te pongas
ropa interior…”
- Eh... vale. – asintió enrojeciendo pero excitado, si tan sólo
por la manera en la que se lo decía. – No me la pondré...
-“Vale…”- el moreno deslizó la mano un poco dentro del pantalón,
rozando su sexo desnudo bajo la ropa interior, pegándose más a él,
ignorando a la gente que pasaba.
- “Aiken...” – susurró el chico enrojeciendo, pero excitado, pegándose
también. Se le estaba poniendo duro de nuevo.
El moreno lo recorrió con dos dedos pero difícilmente le cabía
la mano. –Parece muy grande… - lo miró a los ojos un poco sorprendido,
había procurado no mirárselo cuando lo había visto desnudo.
- No sé... ¿no es normal? – le preguntó, enrojeciendo más y acallando
un gemido, mirándolo a los ojos.
-No… es grande…- susurró empezando a excitarse. Sacó la mano y
la deslizó entre sus piernas mientras lo besaba profundamente, apretando
un poco su sexo y sus testículos. Apartándola y rompiendo el beso.
–“Acuérdate… sobre mañana…” – se alejó un poco para ver el bulto
bajo su pantalón.
- Me acuerdo... – se intentó cubrir, no haciéndolo finalmente y
dejándolo ver, aunque tenía las mejillas encendidas. – Me gustas
mucho, Aiken.
-Y tú a mí… - lo miró a los ojos y respiró con fuerza. –Ábrete
el pantalón…
- ¿Qué? ¿Aquí? ¿Y si me ven? – protestó, sobresaltado, y luego
comprendiendo. Lo excitaba hacer esas cosas, era cierto. Se abrió
el pantalón como se lo pedía, aunque intentando cubrirse del público
en general, por si acaso.
Aiken observó lo rojo que estaba, bajando la vista a su sexo. -De
veras es grande… y grueso- observó a la gente que pasaba, acercándose
un poco y tocándolo, besándolo profundamente de nuevo, su propio
sexo endurecido contra el pantalón. Deslizó los dedos hasta el glande
como investigando cada milímetro de su piel. –Es perfecto… justo
como me agrada… incluso el color…
- Gracias... – sonrió cohibido, estremeciéndose un poco. – Estás
excitado... creí que no te pasaba conmigo.
-Creo… que sólo me pasaba con él porque lo sentía prohibido… y
eso… me proporcionaba algo de lo que deseaba… - le cerró el pantalón
y le sonrió, aún rojo. –Mañana… hoy no… me dijiste que no querías…
vete a casa…
- ¿No? – lo miró un poco decepcionado, no por él, si no por el
hecho. – Vale, está bien, mañana... – sonrió, mirándolo a los ojos.
– Pero puedo besarte para despedirme, ¿o no?
Aiken lo sujetó por la nuca, besándolo profundamente y pegando
su sexo contra él, sintiéndose terriblemente excitado, tal vez por
el añadido de que le hubiera pedido permiso incluso cuando su autoridad
era tan poca. Le lamió una oreja mordiéndole el lóbulo de esta.
–Te quiero…
- Y yo a ti... – se rió porque le hacía algo de cosquillas además,
abrazándolo. – Hasta mañana, novio.
-Hasta mañana… novio…- se rió emocionado, abrazándolo contra él.
–Mañana… creeré que lo he soñado…- dio unos pasos atrás sujetando
su mochila delante de su sexo. –Ve… me fijo que entras…
- Vale... – asintió sonriendo y entrando apresurado, deteniéndose
en la puerta para saludarlo una vez más antes de entrar. Él tampoco
se lo podía creer.
-“Baka…”- susurró en realidad él mismo sonriendo y flipando por
colores, de que aquello hubiera sucedido, echando a correr hacia
su casa.

Continua leyendo!
|