.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 51- Do You Like to Watch?


Kiken tocó el timbre, sonriendo y saludando efusivamente a la mujer que abrió la puerta, sin olvidar sus modales, por supuesto. – Buenas tardes, Arashi-san. Vengo a visitar a Inari, no hay ningún problema ¿o sí? No quiero molestar... Oh, este es Ajina-kun, un compañero de la escuela.

-Gracias, yo no… gracias…- Aiken se pasó un poco a detrás de Kiken, pensando que hubiera preferido quedarse abajo, pero el rubio le rodeó los hombros de nuevo, obligándolo a subir.

- No pasa nada... es la madre de Inari, me quiere mucho... – sonrió, pensando que la mujer lo había recibido con la misma calidez de siempre aún luego de lo sucedido. Imaginaba que no quería comentarlo. Tocó a la puerta del moreno, esperando.

Inari alzó la mirada del libro sin moverse del lugar para no despertar a Yûsei que finalmente sí se había dormido y aún no despertaba a pesar de que ya pasaban unos dieciocho minutos desde entonces, claro que no le molestaba. –Pasa…- habló en voz baja.

El rubio abrió la puerta, un tanto extrañado, y comprendiendo al verlo, sintiéndose ligeramente celoso, aunque no tenía por qué. – Inari... – se sentó a su lado, aún llevando a Aiken consigo. – Vine a hablar con tu madre, ¿recuerdas? Y ya que estaba con Aiken, y tú con Yûsei...

-Sí… ¿no se ha ido ya? Es que has tardado un poco más de lo normal…- el moreno sonrió levemente, mirando la hora en su reloj y levantándose con el chico en brazos, recostándolo en su cama. Aiken siguiéndolo con la mirada, de pronto también sintiéndose un tanto incómodo con aquella visión. –Nos disculpas un momento Aiken…- Inari sujetó a Kiken por la cintura acompañándolo afuera de la habitación y cerrando la puerta.

- ¿Cómo estás? Estaba un poco preocupado, pero veo que al menos no estabas solo... Es como si hubieras recogido un gatito, ¿no? – le sonrió, mientras pensaba que Aiken le parecía un cachorrito a él. Pero era una de las cualidades que lo atraía.

-He estado estudiando casi todo el tiempo… tomándome un baño…- fue caminando con él, notando que su madre sí había salido ya. De todos modos podían hablar con ella antes de que se fuera Kiken, ya habría vuelto. Sonrió mirándolo de soslayo. –Sí… es como un gatito… ¿estás celoso?- le sujetó la mandíbula con suavidad, mirándolo a los ojos y acercándose para olerle el cabello, apoyando los labios en su mejilla. -¿Debería estarlo yo?

- Lo besé... pero no, sabes que mi corazón te pertenece... – cerró los ojos, como siempre, debilitado por sus roces y su voz. – Lo siento, me afectó un poco verlo dormido así, en tu regazo... Estoy siendo tonto.

-No… esto también me gusta de ti… - le rozó los labios con los suyos antes de besarlo profundamente, pegándolo contra la pared y sujetándole las manos, entrelazando los dedos con los suyos para subirle los brazos sobre la cabeza. –No me has besado al llegar… ¿sabes lo mucho que he estado deseando besarte desde esta mañana?

- ¿Tanto como yo? – sonrió, acercando sus labios sin besarlo, jugando un poco y besándolo finalmente, con pasión, como si no quisiera separarse de él ni por un segundo.

Inari le apretó las manos con las suyas, bajando las manos por sus brazos para que le rodease el cuello mientras las bajaba por sus costados, deslizándolas bajo el jersey hacia arriba de nuevo. –Mucho más…- susurró contra sus labios al romper el beso. –Nunca lo besarás si no vas a besarme a mí después… yo soy el único que puede dejarte su olor…

- Lo mismo digo de ti... – lo miró a los ojos, asumiendo que habría besado al chico, y ahora sí, acariciando aquel lugar en donde había visto la marca roja por la mañana. – Te amo, Inari...

-Y yo a ti…- lo miró a los ojos y sonrió levemente. -¿Besaba bien, Kiken? ¿Te tocó?

- Sí, y me tocó... por aquí. – sonrió tocándose él mismo, y mostrándole. – Incluso se excitó... Pero imagino que tú también besaste a ese chico, ¿no? Te conozco... seguro lo tocaste tú a él.

-Inocentemente… - sonrió excitado al ver cómo se acariciaba, recorriendo el camino de sus manos. –Y sí… lo besé… en los labios… y en el cuello…- susurró contra su piel y le apretó las nalgas con fuerza, sonriendo levemente. –Fue excitante… pero no podía compararse… contigo… nadie puede…

- No, ¿verdad? Nadie puede... – bromeó, un tanto jadeante, respirando contra sus labios. – Dime, Inari, ¿le harías el amor a ese chico? ¿Se te ha pasado por la mente?

Inari entreabrió los labios, sintiendo su respiración como si le quemase y sonrió contra ellos. -¿Lo has pensado tú? ¿Tanto te excita ese chico?... - le pasó la mano entre las piernas para animarlo a seguir jadeando en sus labios.

- Me excita, sí, pero no has respondido tú... responde Inari... – su respiración tembló, haciendo que se estremeciera levemente ante su toque. Era imposible estar cerca de él sin desear que lo tocase.

- Lo haría, dependiendo de la situación…- sonrió levemente, preguntándose si iba a revolverse de pronto o no, aquello realmente era muy complicado pero ser sincero con él… le parecía lo primero. –Pero sólo sería sexo…

- Sólo sexo, sí... – susurró, besándolo con suavidad y alzando un poco una de sus piernas. – Nunca te enamores de nadie más, por favor... – le pidió de pronto, poco característicamente.

-No digas eso… sabes que no sucederá…- entreabrió los labios al sentir cómo le rozaba la entrepierna con la rodilla. -No hay nadie mejor… ni siquiera igual que tú… te haría el amor ahora mismo, Kiken…- lo besó profundamente, frotando más su sexo sobre la ropa. –Tú no has contestado a mi pregunta…

- Sí, lo haría, pero sería sólo sexo. Lo sabes... – sonrió, completamente excitado, mentalmente preguntándose si la madre de Inari demoraría mucho. Tal vez tuvieran tiempo. – Ya le he comentado lo de vernos, dijo que sí...

-Yûsei también accedió ¿quieres hacerlo ahora?- le sujetó la mano para que rozase su sexo sobre el pantalón, también completamente duro y caliente. –No hay mucho tiempo… pero te deseo…

- Yo también te deseo... – sonrió el rubio sujetando su sexo y acariciándolo por encima de la tela. – No puedo estar cerca de ti sin desearte...

….

- “Yûsei…”- Aiken se sentó en la cama a su lado, sonriendo levemente porque se veía bonito así, además de que se acababa de apretar contra su pierna como buscando calor. Se quedó observándolo en silencio, mirando sus labios entreabiertos y enrojeciendo. –Yûsei, despierta…- lo tumbó boca arriba para que se enterase ya. Riéndose un poco sin poder evitarlo.

- ¡Aiken! – exclamó el chico al abrir los ojos, por lo inesperado de la despertada, riendo luego. - ¿Cómo llegaste aquí? ¿No fue un sueño, verdad?

-¿Pasó algo? No sé si fue un sueño, yo no estaba… - sonrió levemente, intrigado por lo que había ocurrido. –Había venido con Kiken… por si querías que te acompañase a casa… - se acercó un poco, recostándose en la cama con cierto secretismo. –Nos besamos en los baños… y lo toqué un poco…

- ¿Sí? Arashi-senpai también me besó... – enrojeció, mirándolo y hablando en el mismo tono secreto. – Me dijo que a Kiken no le importaría.

-No… Es verdad que no les importa… - lo miró a los ojos y se rió un poco. –Fue raro… pero me puse muy caliente… se me levantó… ¿y tú cómo te sentías?

- Bien... confundido – se rió, asintiendo. – También me excité un poco, pero más que nada, estaba emocionado. Y más bien pensaba en lo que tú me dirías.

-¿En lo que yo te diría? ¿Y eso por qué?- lo miró enrojeciendo un poco sin saber por qué.

- Porque eres tú el que siempre me convence de las cosas... Antes no se me hubiera pasado por la cabeza hacer algo así. – lo empujó con suavidad, pensando de nuevo que se veía gracioso, así rojo.

-Baka…- se dejó caer en la cama del todo y lo miró a los ojos. -¿Por qué tardarán tanto? Su madre ya se iba… ¿crees que están discutiendo?...

- No, no lo creo... Si a ninguno de los dos les importa... ¿Vamos a ver? – le sugirió, sentándose, ya listo para salir. – A lo mejor es sólo que se extrañaban, no se han visto en todo el día.

Inari abrió la puerta y la cerró a su espalda tras dejar pasar a Kiken, sonriendo levemente al ver que Yûsei ya se había despertado. Se giró para correr el pestillo de la puerta y sólo con eso, Aiken tragó saliva, nervioso.

- ¿Qué sucede? ¿Nos tienen miedo? – se rió Kiken, sentándose en la cama. – Sólo bromeo...

- No... es que nos preguntábamos si estaban enfadados, es todo. – le aseguró el chico de cabello malva, sonriendo.

-Por supuesto que no… - el moreno se arrodilló en la cama a horcajadas sobre Kiken, quitándole el jersey y dejando que se le revolviese el cabello, besándolo mientras se lo acomodaba de nuevo con las manos, sujetando la corbata y quitándosela despacio, mirándolo a los ojos fijamente.

Aiken los miró como hipnotizado, sintiendo que se le enrojecía el rostro terriblemente, había esperado algo un poco más preparado…

- No les importa... ¿verdad? – el rubio besó a Inari de nuevo, alzando una de sus piernas contra su cadera, y observando a los otros dos chicos por un momento antes de cerrar los ojos.

Yûsei, echándose un poco hacia atrás para darles espacio, mirándolos atento. Lo cierto es que había sido una sorpresa.

Inari le abrió la camisa, besándole el cuello mientras tanto y sacándosela por completo, apretando los músculos de sus pectorales con las manos y recostándolo en la cama mientras se sacaba el jersey. –Me moría sin poder besarte esta mañana…- susurró dejándolo a un lado en el suelo y besándole el pecho, recorriendo su abdomen con los labios y dibujando sus músculos con la punta de la lengua.

Aiken observó cómo la saliva resbalaba por la piel dorada el rubio y enrojeció con fuerza, excitándose al ver al mayor sobre el cuerpo del chico de esa manera, mordiéndose un poco el labio y mirando a Yûsei de soslayo, el chico aún completamente atento en los movimientos de Inari, cómo parecía acariciar al rubio con su lengua, poseerlo por completo sólo con eso.

- Lo sé, incluso... – jadeó Kiken, sus manos resbalando por su espalda, sus uñas trazando la forma de sus músculos. - .... sentía que me dolía....

-Ya queda poco… de aguantar esto… te lo prometo…- el moreno le abrió el pantalón, levantándose conforme se lo quitaba y dejándolo a un lado, sonriendo levemente, observando cómo le sentaba la ropa interior justo bajo las caderas, ciñéndose a su piel y dejando a la vista aquellas ingles tan suaves, deslizó un dedo por el borde de la goma, acariciando aquella zona entre sus genitales y su pierna, observando cómo su sexo pulsaba bajo la fina tela.

- Ah... Inari... – gimió el rubio, deseando alivio, pero esperando a que el moreno tomase la iniciativa, dedicándose a acariciar sus pectorales, alzándose un poco para lamerlo también, sentía que le incendiaba la piel.

-Ah… - el moreno bajó el rostro besándole el cuello y sujetando su sexo con la mano sobre la ropa, recostándose sobre él mientras se desnudaba por completo y deslizando la lengua a sus pezones, succionando uno de ellos y tirado un poco de este mientras se apretaba contra su cuerpo, apretando su sexo contra el del rubio, bajando una mano y metiéndola bajo la ropa para al fin desnudarlo.

Aiken se movió un poco, levantándose para verlos mejor. Estaba muerto de vergüenza, pero no creía poder tener otras oportunidades como esa y desde delante no podía ver sus sexos. Sus ojos se quedaron atentos al líquido que brotaba de ambos miembros, lo duros y adultos que se veían…

El rubio abrió los ojos, excitado al ver cómo los miraba, gimiendo un poco, y bajando una mano para tomar ambos sexos masajeándolos juntos, su espalda arqueada, el calor recorriendo su cuerpo, entrecerró los ojos. – Inarih...

Mientras, Yûsei se cubría con una almohada, ya que estaba excitado y eso le daba más vergüenza, aunque dudaba que lo fueran a notar así de concentrados como estaban el uno en el otro. Ver el sudor bajando por la espalda de Inari, el rubio estremeciéndose bajo él... Miró a Aiken disimuladamente, sus ojos bajando a su sexo por ver si le pasaba lo mismo.

Aiken entreabrió los labios respirando pesadamente, aún peor al notar cómo su mirada se cruzaba con la de Kiken y se metió las manos en el bolsillo por agarrar su sexo que se apretaba contra la cremallera del pantalón del uniforme con fuerza.

Inari se levantó, observando a Kiken y lamiéndose el labio inferior con suavidad. –Kiken… - le acarició el pecho, masajeando su sexo con fuerza para ver cómo se agitaba su cuerpo, deteniéndose para observar sus ojos y besándolo mientras le hacía voltearse boca abajo. –Alza las nalgas…

Aiken le hizo una seña a Yûsei para que se acercase, mirándolo a los ojos, desde ahí no podía estar viendo bien, el chico acercándose, cohibido, y abriendo más los ojos, al tener aquella vista tan clara de lo que estaba ocurriendo.

El rubio alzó las nalgas, apoyándose sobre sus brazos, y girando el rostro para ver a Inari, sonriendo. Lo deseaba dentro de él, sentía su ano palpitar llamándolo. Miró a los chicos de nuevo, guiñándoles un ojo por meterse con ellos. No le importaba, Inari era suyo.

-Dios… realmente eres precioso…- el moreno sintió un calor tremendo en su sexo e hincó una rodilla, acariciándole las nalgas y lamiendo su ano, bajando la mano para tomar su propio sexo. –Ábrelas más…- le pidió besándole los testículos y oliendo su piel. –Podéis acercaros más…- los miró y sonrió levemente seguro de que más que molestarle, a Kiken le halagaba que lo mirasen así.

Aiken sujetó la mano de Yûsei nervioso, llevándolo con él para ver mejor aquello, temblando un poco.

- Te amo, Inari... – jadeó el rubio, abriendo las piernas más, y equilibrándose, acariciando su rostro contra las sábanas como si fuese un gato, impaciente. – Te quiero dentro... – gimió, sin restringirse para nada.

Yûsei tragando saliva y preguntándose si se notaba cómo se sentía al ver eso. Apretó la mano de Aiken, nervioso.

-Yo tampoco quiero esperar más…- Inari sonrió, observándolo, seducido por su voz y sus movimientos, poniéndose de pie de nuevo y rozando su sexo con la mano entre las piernas del chico separándole después las nalgas con los pulgares y rozando su sexo contra su ano, haciéndolo esperarse un poco más, observando su espalda y empujándose de pronto dentro de él. Apretándole las caderas y dibujando su cintura con las manos, moviéndolo contra él a la vez que lo penetraba. – ¡Ah!… Te amo… - dejó su sexo libre, agitándose contra la colcha de su cama, golpeando duro contra esta con cada envestida. –Te sientes…

Aiken observando todo aquello como si estuviera en otro mundo, no podía negar que deseaba tocarlos, era como tener lo mejor del mundo a tu alcance pero separándote con barrotes invisibles. Se sentía prohibido tan siquiera hablar cuando los observabas.

- Te amo... te amo... – jadeaba Kiken, dejándose mover al ritmo del moreno, su sexo hinchado recibiendo el placer del roce con las sábanas, pulsando cada vez con más fuerza. – Más... más duro... Inari... – pidió, alzándose un poco más, sin pensar en nada ya que no fuera la piel del moreno contra la suya. Se iba a correr en cualquier momento.

Yûsei se agachó en el piso, con la boca ligeramente abierta, demasiado embebido en lo que veía como para fingir, observando cómo entraba el sexo de Inari una y otra vez dentro del rubio, como se apretaban sus nalgas con fuerza para empujarse. Lo hacía temblar.

-Ah… te amoh…- el moreno deslizó una mano por una de sus nalgas, arrastrando los dedos con fuerza sobre ella, hundiéndolos un poco contra sus músculos flexibles, entrecerrando los ojos. Estaba ardiendo, lo amaba… le excitaba, realmente no podía ser que hubiese alguien como él. –Kiken… Kiken... - sujetó su sexo, alzando al chico contra él para poder abrazarlo, lamiéndole el cuello, succionándolo apasionadamente y masajeando aquel miembro duro y húmedo. Soportando las ansias por correrse en su cuerpo sin poder dejar de jadear y apretar uno de sus pezones con la otra mano.

Aiken sintió que le temblaban las piernas y se fue junto a Yûsei, observando a Kiken expuesto de ese modo, sus pezones, su sexo en aquella mano fuerte, parecía a punto de reventar, un hilillo transparente se deslizaba desde él.

- Ahhh... ah... – gimió el rubio, estremeciéndose de nuevo, sintiendo que se volvía loco antes aquellas sensaciones. Su sexo pulsó con violencia casi, por fin corriéndose, el líquido transparente, derramándose por encima de la mano del moreno y sobre las sábanas, Kiken jadeando y separándose de Inari para recostar su torso sobre las mismas, sin pensar en si se ensuciaba o no en esos momentos, tan sólo ofreciendo mejor sus nalgas al chico.

Yûsei dejó escapar un sonidito, de nuevo cubriéndose su sexo, preocupado ahora de correrse sin ton ni son. Se recostó contra Aiken, claramente agitado pero sin decir nada, su rostro rojo por la vergüenza.

El chico enrojeciendo de golpe y apretándolo contra él a pesar de estar completamente empalmado, aplastando su sexo contra Yûsei, acercando los labios a su oído para susurrarle. –“¿Quieres que te haga correrte?”

Inari sujetó de nuevo las caderas de Kiken, apretándole las nalgas y moviéndose detrás de él con fuerza, tirando de su cuerpo una vez más y jadeando abiertamente sin celo alguno, entreabriendo los labios mientras se corría dentro de él. Aquel placer… era increíble… incomparable…. –Ag… ah… mi amor…- salió de él aún jadeando, acabando de correrse sobre su espalda, salpicándola y disfrutando del morbo que le provocaba cada músculo de esta. Apartándose el cabello sudado del rostro y echando la cabeza hacia atrás, sujetando al rubio de nuevo, apoyando incluso su mano empapada en semen sobre una de sus nalgas.

Yûsei sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal, por un momento pensando en lo que le había dicho Inari antes, pero... sí lo deseaba, deseaba sentir su mano. – “S... no... no te preocupes...” – negó, casi temblando y sintiendo que quería correr al baño en realidad.

Kiken sonriendo y girando un poco el rostro aún recostado, mirando a Inari. – Te amo, Inari... No hay nadie como tú.

-Eso pensaba yo de ti…- el moreno se recostó sobre él sonriendo, empapándose en semen. Le daba igual, sólo quería abrazarlo. Lo volteó de cara a él para besarlo con suavidad, acariciándole el cabello y mirándolo a los ojos. –“Cada vez me gusta más… quiero probarlo todo contigo…explorarte por completo…”- susurró sonriendo de nuevo.

Aiken suspiró levemente preguntándose si es que le daba vergüenza. –Podemos ir al baño… ¿seguro que no quieres? Yo quiero hacértelo…

- No, estoy bien, ya se me pasa... – le sonrió, aún más rojo y bajando la mirada al sexo del chico. Seguro quería que lo tocara también, y él lo deseaba, pero no era por él que estaba así.

-Bueno…- el moreno se dio por vencido, levantándose quisiera que no, molesto. Le había dicho que le iba a dejar ¿no? Seguramente era porque Inari lo había besado, ahora había visto aquello y sabía que con él era una lotería, que tan siquiera pudiera hacerlo. Era consciente de que estaba rojo y seguramente se le veía en la cara cómo se sentía. -¿Quieres que te acompañe a casa? Yo… ya me voy… gracias… - miró a la pareja e Inari lo observó sonriendo levemente.

- ¿No fue agradable, Aiken? – le preguntó el rubio, sonriendo también, pero preguntándose por qué esa cara ahora.

- ¡Espera, voy contigo! – exclamó Yûsei poniéndose de pie también, preocupado. No quería que lo odiase.

-Sí lo fue…- Aiken le sonrió y se inclinó tremendamente rojo, para besarle los labios aunque sólo fugazmente, olía a sudor fresco y a… sexo…. Inari sonrió por el atrevimiento y lo sujetó de la mandíbula para depositarle un beso en los labios también para sorpresa del chico que se puso aún más rojo pero no ofreció resistencia ante la delicadeza del mayor. -Vamos…- extendió la mano hacia Yûsei y le miró a la entrepierna de nuevo sin poder evitarlo, apartando la vista después.

- Hasta luego, y gracias... – se inclinó Yûsei, como si fuese algo formal, el rubio aguantándose para no reír y no ponerlos más nerviosos, mirándolos salir de la habitación después.

-Huyeron….- murmuró Inari, riéndose con suavidad y sujetándole entre los dientes el labio inferior. –Hm…- lo abrazó contra él, oliéndole el cabello de nuevo -¿Quieres bañarte conmigo? Quédate a dormir… te esconderé… - se rió aunque en realidad le dolía terriblemente separarse.

- ¿Cómo vas a esconderme? Soy grande... –se rió, abrazándolo de vuelta. Por supuesto que él tampoco quería irse. – Tu padre me mataría... y llamaría a mi padre, y se enteraría... Dios, no pensé que diría esto, pero odio la escuela.

Inari se rió abiertamente. –No… mentiroso… no la odias… pasará… te lo prometo… este año… y seremos libres… estudiaremos fuera… ¿de acuerdo? Nos iremos fuera… juntos…

- Nos iremos... sí – le sonrió acariciándolo. – No soporto tener que separarme de ti... – suspiró, cerrando los ojos. - ¿Qué te pareció esto? ¿Crees que los dejamos mal o algo?

-A mí me gustó… aunque no podía apartar la mirada de tu cuerpo… - sonrió mirándolo a los ojos –Creo que lo que sucedió… sólo fueron celos…- le acarició la mejilla con suavidad.

- ¿Celos? No quiero ser cruel... – sonrió, acariciando su mejilla. – No puedo negar que fue sensual, el saber que me miraban así... Pero todo lo que sentía al final, era a ti.

-A mí también me agradaba… me gustaba mostrarles lo precioso que eres… lo que sientes por mí… - cerró los ojos a su caricia, de veras no quería dejarlo ir. Le besó los labios cerrando los ojos. –No creo que sea el tipo de celos… que ellos creen… sólo están confundidos…

- Sí, ¿verdad? Son simpáticos... – se rió el rubio, sin dejar de acariciarlo a pesar del beso. – Debo vestirme, tu madre regresará y esto.... no habla bien de nosotros... – se rió de nuevo, besándolo con suavidad.

-Lo sé…- se movió de su lado, levantándose para ir a buscarle una toalla húmeda, vistiéndose serio y mirando hacia la ventana. Sonriendo de nuevo después, no debía tomárselo así…pero le ponía malo tener que hacer como si estuviesen cometiendo algún acto malvado. -Sí… son muy agradables… ¿te has quedado con ganas de algo?- sonrió levemente con algo de malicia.

- Ahora mismo, no. Estoy completamente satisfecho... – le aseguró, aceptando la toalla y limpiándose. – Pero no estaría mal... creo que Aiken quería tocarme. – se rió ligeramente, sentándose por completo.

-Sé que ahora no...- el moreno se rió mirándose al espejo mientras se cerraba la camisa, pensando en eso de que Aiken quería tocarlo -¿Y tú? ¿Querías que te tocase?

Kiken se giró en la cama, alzando una pierna y mirándolo. – No, no hoy... Hoy sólo quería sentirte a ti. – le sonrió, poniéndose de pie por fin y empezando a vestirse.

-Sabes que me estaba celando, por eso has dicho eso... - el moreno se acercó y le subió el pantalón para cerrárselo él mismo, mirándolo a los ojos y sonriendo levemente.

- No, lo decía en serio. – le sujetó el rostro con las manos, besándolo suavemente. – Me agrada Aiken, y me atrae, pero es a ti a quien amo, y contigo con quien deseaba estar hoy. No sabes lo horrible que fue el día sin ti. Seguro piensan que no fui al club por miedo...

-Pues déjalos que piensen lo que quieran, mejor para ellos si son tan simples de mente…- el moreno lo miró a los ojos y le colocó los cuellos de la camisa y la corbata como siempre, besándolo después y acariciándole el pecho, cerrando los ojos sin poder evitar pensar que no quería que se fuera –Vamos a ver si llegó mi madre…

- Vamos... ¿Sabes lo que he pensado? Una vez que nos graduemos... le diré a mis padres. – lo miró a los ojos, sonriendo. – Cuando ya esté inscrito en la universidad por supuesto...

-No… no lo hagas… de todos modos no es su problema… y no queremos que dejen de pagarnos la residencia… ¿no?- se rió pensando que era un impulsivo. –Estaremos lejos… ya no importará…

No, supongo que no, pero no quería vivir escondido. Ya sabes, cuando me visiten... – se rió, pensando que siempre lo tenía todo bien pensado. Por eso le gustaba consultar las cosas con él.

-Serán menos veces de las que puedas imaginar… ya sabes… están muy ocupados con sus empleos… - salió de la habitación con el rubio y cerró la puerta –Qué extraño que mi hermano aún no haya llegado… creo que se está pasando un poco con su novio… al final acabará agotando la paciencia de mi padre…

- Deberías advertirle... Seguro comprenderá... – le sonrió, apoyándose en su hombro y luego poniéndose recto, recordando que aún no hablaban con la mujer. Era cierto, su padre ni se daría cuenta si no vivía con él. Poca cuenta se daba ahora... - ¿Por qué no le dejas un mensaje en su móvil?

-Lo llamaré… pero hablemos con mi madre primero, no sea que llegue mi padre- bajó las escaleras con el chico hasta el salón. –Mamá… ¿podemos hablar contigo?

La mujer apagó la televisión y los observó –Claro… ¿ocurre algo?

 

 


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