.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 49- Red and Green


Aiken subió por las escaleras un poco amedrentado. No tenía ganas de encontrarse con ninguno de los imbéciles de clase y mucho menos después de ver las fotos que habían puesto por todas las paredes. Se preguntaba si Kiken estaría de humor para hablar con él… aunque tal vez le sorprendía… como era tan orgulloso. Sonrió un poco enrojeciendo.

Levantó la mano al notar que le tiraban algo encima pero lo empujaron haciéndolo caerse unas tres escaleras antes de que pudiera sujetarse al pasamanos, sin mirar a los que le habían empujado y esperando que lo dejasen marcharse ya. Corriendo por fin escaleras arriba y esperando a ver si veía a Kiken salir de clase, y precisamente en esos momentos, el rubio salía por la puerta, cargando con su mochila al hombro.

Continuaba viéndose tan orgulloso como siempre, aunque la realidad era que se sentía particularmente solo sin Inari allí, y luego de lo ocurrido. Sonrió al ver al chico que se acercaba. – Aiken, ¿cómo te ha ido? ¿Todo bien, verdad? Y... ¿tu amigo? – preguntó al ver que venía solo, tal vez viniera por ayuda.

-Yûsei… ya lo acompañé a casa… pero como me dijiste que podíamos hablar de eso… y luego vi lo que había sucedido… con lo de la foto…y me preguntaba si estabas bien…- cruzó un poco los dedos sin ningún motivo real, salvo que le hacía sentirse un poco menos inseguro, mirando a cualquier lugar menos a la cara de quien hablaba.

Kiken sonrió de manera distinta, un poco enternecido. – Gracias, estoy bien... Y por supuesto que podemos hablar. ¿No me acompañas al club? Aún hay algo de tiempo...

-Sí… vale…- se acercó a él sin dejar de estar como un tomate. -¿Vas a ir? Creí que tendrías miedo… pero claro… tú no eres así, te ves como si no hubiera pasado nada…

- No puedes dejar que se salgan con la suya, ¿no crees, Aiken? – le guiñó un ojo, acomodándole el cabello, y quedándose quieto luego para que no fueran a pensar nada extraño. – No les daré ninguna satisfacción. Mucho menos voy a dejar de nadar.

-Ya…- lo miró enrojeciendo un poco quisiera el rubio o no. -¿Pero no tienes miedo?

Kiken, se enserió un poco, era insistente el chico. – No lo sé, tal vez.. muy adentro. Pero más que nada estoy molesto. Lo único que me preocupa es... Inari.

-¿Cuándo va a volver?- preguntó mirándolo de soslayo y preguntándose si se había molestado con él, pero es que no se creía que no tuviese miedo.

- Mañana, su padre habló con el director. Tuve suerte de que llegara en esos momentos. – suspiró, observándolo. – Y ¿tú, Aiken? ¿Qué piensas de todo esto?

-No lo sé… sólo que estoy harto… y que tengo miedo a la vez… y que odio esto… - se miró las manos rascándose un poco una uña que le había pintado su madre de negro, pensando que había querido suicidarse antes de conocer a Yûsei. ¿Por qué le seguía gustando Kiken si era tan incómodo estar con él? –Yo creía que ibas a quedar conmigo…

- ¿A quedar contigo? ¿A qué te refieres? – lo miró el rubio, realmente confundido. ¿Le habría hecho alguna promesa que no recordaba? – Dijiste que habías acompañado a Yûsei a su casa, entonces... regresaste aquí sólo para hablar conmigo.

Aiken asintió pensando que eso no era necesario aclararlo, ahora lo había avergonzado aún más. –Me dijiste que podíamos hablar de eso… pero yo creía que no sería aquí…

- Eso... bueno... luego del club debo ir a casa de Inari... – se detuvo observándolo y sonriendo. Después de todo, no quería decepcionar al chico. – No es algo que acostumbre a hacer, pero... ¿te parece si me salto el club por hoy y vamos a comer algo?

-¿De veras?... no me importa… no tienes por qué…- se quedó rojo y sumamente serio tratando de articular una frase completa. –Pero sí, vamos…- sonrió levemente porque obviamente le hacía ilusión, a pesar de que ahora comenzaba a pensar en que tendría que ordenar él mismo además de que no sabía a dónde ir. -¿A dónde quieres ir?- se salvó de tener que escoger y equivocarse. Esperaba que Yûsei no estuviera haciéndolo tan mal como él al menos.

- Iremos a un restaurante que queda cerca... ¿Te gusta la comida italiana? A mí me encanta... – se rió ligeramente, pensando que era bastante mono, así rojo. – Y sí tengo por qué. No quiero correr el riesgo de que me llames decepcionante de nuevo...

-No lo haré… eso… fue porque estaba nervioso y me puse a la defensiva… y porque heriste mis sentimientos… Además, sabía que no podías pagarlas conmigo con mi madre ahí…- se quedó mirando adelante, pensando que era muy agradable y muy maduro, sonrió levemente. –Me encanta la comida italiana… y la vegetariana también…

- Pues pediremos pasta de vegetales entonces... – se rió, rodeándolo por los hombros con un brazo, ahora que estaban fuera de la escuela. ¿Qué más daba? – Y dime, ¿de qué querías hablar exactamente?

-De… no sé…- lo miró rojo pensando que olía muy bien y sintiendo un calor extraño por todo el cuerpo además de en su cara, que ardía terriblemente. Le sujetó la mano con la que rodeaba sus hombros, mirando abajo nervioso. –Era vuestra primera vez ¿no?- se atrevió por fin.

- Sí... antes ni siquiera me atrevía a admitir que era gay, menos a Inari. Aunque... ya me había dejado tocar antes. – confesó, suspirando. Mejor que conservase la calma, ese chico ya se ponía rojo por los dos.

-¿Crees que soy un pervertido por preguntarte esas cosas?- lo miró de soslayo, nervioso por si le decía que sí o algo que a él le hiciese interpretar esa respuesta.

- No, creo que tienes curiosidad y es natural... Yo no tenía a quien preguntarle. – lo soltó, señalando el restaurante y dirigiéndose hacia allí.

-Voy…- lo siguió un poco decepcionado de que lo hubiese soltado. Claro, que tampoco pretendía que fuera fácil ligarse al novio de otro, mucho menos si ese otro parecía un modelo superdotado y perfecto… Suspiró con fuerza tocándose un poco el cabello.

Se sentó en la mesa con él señalándole al camarero lo que quería en la carta, aún así enrojeciendo un poco quisiera que no. –Y agua…- susurró casi. Deseando que ya se pirase para poder hablar con el chico.

- Para mí también, pero me trae una lasagna gratinada por favor... Hum... y mejor un té frío – le pidió, sonriendo y devolviendo la carta, mirando al chico ahora. – Si te sigues poniendo rojo, vas a iluminar el lugar- bromeó, aunque le parecía adorable.

-Deja…- se tocó la mejilla con la mano apoyándose en la pared. –A mí todo me da vergüenza… odio… incluso salir a la calle…- bajó la mirada al agua que le habían traído. Observando cómo vibraba un poco en el vaso. –Tengo tanta curiosidad por el sexo… porque… soy raro…

- Oh, ¿de verdad? Yo no lo creo... – sonrió, bebiendo de su té, y moviendo las piernas ligeramente, bajo la mesa. – A mí me parece muy normal que me preguntes. Y sólo me metía contigo, no lo tomes a mal.

-No… sí que soy raro…- le aseguró pensando que todos le decían que no lo era incluso cuando aún no explicaba. –“Es que no se me levanta cuando debería…”

- No, ¿eh? – se quedó observándolo, pensativo. - ¿No será que te pones nervioso? Si estás muy tenso, es natural que te suceda.

-¿Sí? Claro que estoy nervioso… siempre estoy nervioso…- lo miró a los ojos pensando que era la primera vez que le decían algo inteligente o esperanzador. -¿Y a ti te ha pasado?

- Pues... sí, alguna vez. – admitió, un poco avergonzado, pero suponía que era justo con el chico. – Ya sabes, no te tranquiliza mucho cuando sientes ciertos deseos... y estás intentando convencerte de que te gustan las chicas...

-Ah… ya, pero eso a mí no me pasa, que me gustan también…- lo miró a los ojos suspirando levemente y apartándose un poco para que les sirvieran los platos, observando su pasta, color verde y rojo, hacía tiempos que no comía de esa clase. –Yûsei y yo nos besamos…

- Te gusta ese chico, ¿no? – sonrió, murmurando un “gracias” al mesero y volviendo a concentrarse en Aiken. - ¿Son novios ahora?

-No… no estamos enamorados… sólo me gusta… a él le gusta más otro… y a mí me gustas tú… aunque ya sé que tienes novio y que soy un crío raro…- bebió un poco de agua sin mirarlo, porque sabía que como siempre que menos lo esperaba, le había salido la sinceridad de golpe. Igual ya imaginaba cómo iba a reaccionar.

Kiken sonrió, un tanto sorprendido porque se lo hubiera dicho de aquella manera. – E imagino que el chico que le gusta a él es Inari, ¿estoy en lo correcto?

-No sé…- sentenció mirándolo como si nada, la verdad es que no quería hablar por boca de nadie de sus intimidades y menos tratándose de “esa intimidad.” –Pero no hablábamos de Yûsei…

- No, cierto, hablábamos de ti. – suspiró, comprendiendo, aunque era obvio. – Ya sabía que te gustaba, Aiken. Y no eres un crío raro, en realidad, pienso que eres muy mono y muy guapo. Pero... comprendes que amo a Inari ¿verdad?

-Ya lo sé… es tu amigo de la infancia y todo eso… y además es perfecto… y tú para él… pero igual me gustas ¿comprendes tú eso?- lo miró a los ojos nervioso pensando que siempre se ponía borde cuando menos falta le hacía, aunque estaba pasando una vergüenza horrenda.

- Claro que lo comprendo. Es natural. Y tú aún me pareces atractivo. Puede que el amor sea ciego, pero no te vuelve ciego. – bromeó, sin alterarse. Ya empezaba a comprender que era su manera de defenderse. – Inari y yo estuvimos hablando de algo, pero no quiero sonar cruel o insensible...

-Es igual… sea como sea, seguro que me han dicho cosas peores…- siguió comiendo un poco nervioso aún así. Rascándose una pierna con el pie bajo la mesa. -¿Me odia?

- No, le parece que eres mono... – se rió, comiendo un poco, y pensando en cómo decirle aquello. – Nos preguntábamos si no les gustaría ver la próxima vez. A nosotros no nos molestaría.

El chico lo miró a los ojos con los labios entreabiertos como si no asimilase aquello, enrojeciendo de nuevo. -¿Os pone que os miren?- se rió un poco, más que nada porque le parecía hilarante que le hubiera dicho eso. –Yo no digo nada malo… quiero verlo… - se quedó mirando abajo mucho más serio, preguntándose si Yûsei querría, se temía que no. –A Inari también le parece mono Yûsei… ¿no?

- Sí... la verdad lo comprendo... Y no vayas a pensar que ahora el raro soy yo- sonrió, aunque un poco nervioso en realidad. – Pero no creo que sea tan terrible.

-No… yo creo que tenéis una relación muy sincera… y muy… segura, se nota que estáis seguros de que nadie puede interponerse entre vosotros… y eso me jode un poco…- bajó la vista sonriendo ligeramente, como no, colorado. –Pero también me dais envidia sana…

- No tiene por qué joderte... – comentó, aunque un tanto incómodo por usar esa palabra. – Te gusto, pero no me amas, ¿o sí? Porque si me amaras, no podría hacerte algo así. No me gusta lastimar a los demás.

-No te amo… sólo estoy ya sabes… cuando te gusta mucho alguien… y piensas todo el tiempo… aunque no lo conozcas y fantaseas… enamorado… eso… aunque suena cursi… ¿te puedo besar? Para ver si siento lo mismo que con Yûsei… él también me gusta… pero no es lo mismo… - lo miró notando que el tenedor hacia un ruidito contra el plato porque le temblaba la mano y moviéndolo.

El rubio colocó su mano sobre la del chico, para tranquilizarlo. - No te pongas nervioso, no pasa nada... No me molestaré, ni pienso nada malo de ti. Y sí, puedes besarme, ¿por qué no?

-¿Sí?- lo miró tratando de no ser muy obvio en su sonrisa, pensando que era muy difícil aquello, jamás se había imaginado así las cosas. -¿Cuándo te puedo besar? ¿Solos? Si no me da vergüenza… me la da igual… pero… menos…

- Solos, claro... si quieres puede ser ahora. Puedes acompañarme al baño. Estos sitios son bastante privados... – le sugirió, tocándole la mano con un dedo, aún preguntándose internamente si estaba haciendo bien.

-Vale… vamos…- miró su mano, sintiendo de nuevo aquel calor por cómo lo tocaba. –Eres muy sexy… Kiken… - susurró mirando después para buscar los baños.

- Tú también lo eres, yo no beso a gente no sexy – le aseguró, poniéndose de pie y tomándolo de la mano para conducirlo. Él ya estaba acostumbrado a ir a aquel restaurante.

Aiken le rozó la mano con los dedos, apretándosela un poco nervioso y preguntándose si todos sabrían que no iban a mear precisamente sólo con mirarle a la cara. Entró en el aseo con él y lo siguió a uno de los reservados, nervioso y excitado, en parte porque era el novio de otro… ¿Qué demonios? ¿Y se suponía que no era raro? -¿Puedo tocarte un poco?- le pidió susurrando rojo.

- Sólo un poco... – admitió luego de pensar en aquello, pero no creía que Inari se fuera a molestar por algo así. Rodeó su cuello con sus brazos, mirándolo a los ojos. – Ahora... no te pongas nervioso, es algo natural.

-Vale… pero ya lo estoy…- susurró bajito, apoyándole las manos en los pectorales porque había deseado tocarlos desde que lo viera en bañador. Acercó los labios a los suyos respirando nervioso y caliente, cerrando los ojos para besarlo al fin, apretándole un poco los pectorales y el abdomen marcado. Había pensado tanto en que lo tocase que aunque sólo estuviera tocándole el cuello le parecía que su tacto ardía.

El rubio le acarició la nuca con las puntas de sus dedos, moviendo la lengua dentro de su boca y cerrando los ojos. Besaba bien, en realidad, no tenía ningún motivo para estar nervioso. Y se estaba excitando un poco por cómo lo tocaba. Se apretó más contra él y Aiken le sujetó las nalgas con las manos sin pensarlo siquiera, porque también estaba excitado, apretándoselas un poco y atrayéndolo, su sexo endureciendo contra el rubio extrañamente para él. Jadeando levemente y enrojeciendo terriblemente, hundiendo la lengua en su boca de forma más profunda.

Kiken abrió los ojos, un tanto sorprendido por su súbita pasión. No es que no se creyera capaz de excitarlo, pero quien lo creería con lo tímido que parecía el chico. Le alborotó el cabello, devolviéndole el beso, y jugando con su lengua, separándose un poco luego. – Creo... que debemos detenernos aquí, sólo era un beso, ¿no? – le sonrió, acariciando su rostro.

-Vale…- lo miró sintiendo incluso que tenía la mirada un tanto borrosa, adelantándose un poco más para darle otro beso aunque fuera superficial. –Puedes… espérame afuera si quieres… no voy a salir así… ya se me baja… Debes creer que soy loco luego de decirte que no me pasaba esto…- se sentó tratando de esconder un poco la erección hasta que cediese.

- No, creo que de verdad te gusto, y que no estabas nervioso... – le sonrió, apoyándose contra la pared. – Eres bueno, besando...

-Gracias… - lo miró pasándose la mano por la cara. –Sí estaba nervioso…- se rió pensando que aún lo estaba. -¿Sabes? Una vez… le hicieron algo horrible a Yûsei… y yo me excité cuando lo vi… No vi lo que le hacían… me excité al verlo después…

- Hum.... ¿puedo saber qué le hicieron? No, seguro que no es bueno de mi parte preguntar. – bajó ligeramente la mirada, volviendo a centrarla en su rostro, pensando que si lo miraba allí, el chico se volvería a poner nervioso. - ¿Te gustan ese tipo de cosas entonces?

-No lo sé… me gusta leerlas… pero no sé si querría hacerle algo así a alguien… y no me gusta el sexo no consentido si te refieres a eso… es sólo que… se veía sensual allí sentado… estaba llorando… y pensé que debía ahogarme en la taza del bater por cabrón…- suspiró levemente mirándolo a los ojos. –Le estaban agrediendo sexualmente… de forma un tanto humillante …- explicó sin querer concretar.

- Sexualmente, ¿eh? ¿Puedes decirme quienes eran? – le preguntó, agudizando un tanto la mirada. Aquello era imperdonable, realmente iba más allá. – Y no... hablaba de humillación, bondage, esas cosas, pero no tiene por qué ser no consentido. Hay otros a los que también les gusta...

-Ya… pero esa gente es una rara que da palo y se viste de weirdo…- se levantó un poco reído aunque sin muchas ganas por hablar de lo de Yûsei. –Salz y Katsuro… aunque Asakura también le hizo aquello en el cabello y Yûsei estaba llorando…

- Hum... ya veo... gracias...- le sonrió, acomodándole el cabello por costumbre. – Estás equivocado, Aiken, como yo. Los gays... no son normales ¿sabes? Son unos pervertidos... Y esto está mal. Eso solía pensar yo. A veces, sigue siendo difícil pensar de otra manera, cuando ocurren cosas como lo de hoy.

-¿Eso crees?- lo miró atento pensando que era muy inteligente. –Me gusta hablar contigo… parece que siempre sabes qué decirme…para que no me sienta raro…- se levantó del retrete porque ya se le había bajado y abrió la puerta saliendo primero. Gracias a Dios, no había nadie. Salió con él hacia el comedor de nuevo. -¿Crees que debería intentar conocer a gente que me enseñase a ser de ese modo?

- Creo que deberías averiguar qué es lo que realmente te gusta primero. Pero no veo por qué no. Conocer gente no es malo, siempre y cuando no te juntes con maleantes o pandilleros... Pero tal vez, si encontrásemos a gente de clase... – lo miró, serio añadiendo para que no se ofendiese. – No me refiero a lo que te dije antes, si no a que sean buenas personas, comprendes...

-Claro… ya sé… odio eso además…- se sentó, volviendo a comer y sonriendo un poco rojo. - Se ha enfriado… - se lo comió igual, pensando en lo que estaban hablando. –No me gusta conocer gente…

- No, imagino que no, eres muy tímido. Aunque eso está mal, eres encantador... – sonrió observándolo. - ¿Y qué hay de Yûsei? Tal vez no le parezca mal... no es la misma situación después de todo. – le señaló el plato. – Si quieres, puedo pedir que te calienten eso...

-No… es igual…- se quedó mirándolo un rato, enrojeciendo un poco. –Bueno, vale… odio la comida fría…- reconoció rojo a más no poder, pensando que era un idiota de tan tímido que era. –A Yûsei no le gusto así… es mi mejor amigo… sólo eso… y que piensa que soy guapo… De todos modos, dijo que ni siquiera de había fijado en mí de ese modo… sólo en Inari…

El rubio le hizo una seña al mesero, pidiendo que calentara ambos platos en realidad. Tampoco le agradaba mucho comerla fría. – Bueno, a veces no ves lo que está junto a ti, porque es demasiado obvio. No significa que no le gustes. No hay ninguna prisa de todas maneras.

-Ya… eso lo dices tú…- se rió jugando con un cuchillo y girándolo entre los dedos para distraerse. –Yûsei es muy guapo… y me siento seguro cuando estoy con él… el fin de semana fuimos al cine… pensé que me hubiera gustado que fuese mi novio…

Kiken sonrió enternecido de nuevo. Realmente le agradaba Aiken, deseaba ayudarlo. – Yo creo que lo quieres mucho... Y sí, lo digo yo que estuve enamorado de mi mejor amigo por años... No me he muerto por eso.

-No es igual… yo no soy reprimido…- se rió, burlándose un poco esperando que no se molestase o algo así. –Además… siempre estoy preguntándome si se me levantará o no… y quiero saberlo…

- Ya, vale, perdón por ser tan reprimido... – sonrió, un poco herido en su ego, pero era cierto, no podía negarlo. Se echó hacia atrás cuando el mesero vino con la comida de nuevo y otro té frío para él. – Bésalo de nuevo, es lo que sugiero yo, y mira hasta donde los lleva...

-Pero si nos estuvimos besando todo el tiempo mientras vosotros estabais en mi cuarto y no nos llevó a nada…- se rió con suavidad, comiendo de nuevo aunque ahora quemaba un poco. –Y ya le pregunté el domingo de nuevo si estaba enamorándose de mí y no… es igual… no creo que pase nada entre nosotros… bueno sí…- se quedó rojo de pronto recordando. –pero nada serio… ¿es porque quieres sacarme de encima?

- ¿Cómo? – Kiken se rió sin poder evitarlo, mirándolo a los ojos luego, el chico seguía serio. – No... claro que no. Es sólo porque me agradas y quiero ayudarte. Y creo que quieres a ese chico.

-Sí lo quiero… pero no quiero hacerle daño… en ninguno de los sentidos… no me importa que él me rechace si llega el momento… pero yo no quiero hacerle daño a él… o hacerlo infeliz…- se metió más comida en la boca y lo miró a los ojos largo rato sin decir nada. –Lo llamaré luego para preguntarle si te quitó a tu novio…- se rió bebiendo un poco.

El rubio se rió, bebiendo de su té también luego. – Lamento informarte de que tu estrategia no funcionará... Y ya me revelaste que era cierto lo que sospechaba. – lo miró un poco más serio. – Si él acepta vernos... esta vez, cuando lo beses, ¿por qué no lo tocas un poco? Como lo hiciste conmigo...

-No sé… porque no me sale tocarlo… lo toqué una vez un poco… y no me excité mucho…- lo miró serio también y un poco rojo por haberse revelado. –Vale, pero no le digas a nadie que lo sabes, lo del plan o sabrá que metí la pata…- se rió rojo de nuevo y pensando que era un desastre. –Es igual ¿no? Ya sé que no funcionará… pero no perdemos nada…

- No, no pierden nada... – lo miró pensativo, terminando de comer. Era extraño pero se preguntaba si era posible que ese chico estuviera enamorado de uno y atraído por el otro. - ¿Qué piensas tú de Yûsei, Aiken? Aparte de que sean amigos, ¿realmente lo quieres de novio o fue sólo por el momento?

-No… no fue por el momento, sigo pensando ahora que ojalá fuéramos novios… Me dijo que le gustaba mi voz… ¿sabes? Conseguí que se excitara contándole una historia…- sonrió levemente enrojeciendo y bebiendo un poco. –Lo que más me gusta de él es que es muy inteligente ¿sabes? Aunque parezca baka… y también me gusta cómo se ríe… y cómo llora… aunque eso no esté muy bien por mi parte… estoy mal...

- No, yo creo que estás bien. Cuando te gusta una persona, te gusta todo de ella. Por ejemplo, yo jamás he visto a Inari llorar, y no quiero que lo haga. Tendría que ser por algo terrible, pero... estoy seguro de que se ve perfectamente digno incluso cuando llora. – sonrió, imaginándolo y pensando que seguro él estaba mal también.

-No lo sé… pareces mi madre que siempre me está diciendo que si no es ya mi novio Yûsei, y que no debería poner fotos de otros chicos en mi cuarto si va a verlo… - enrojeció levemente, pensando que parecía cazador cazado, en lugar de conseguir que Kiken dejase de pensar en Inari, Kiken estaba consiguiendo que él no dejase de pensar en Yûsei.

El rubio se rió, sacudiendo la cabeza. – Debe ser un alivio vivir con tu madre. ¿Ves? Ahora te envidio yo.

-Mi madre… más o menos… no te creas que es oro todo lo que reluce… ¿vas a ir a casa de Inari ahora? Porque puedo ir contigo y recojo a Yûsei… no quiero que vuelva solo a casa…

- Eres muy galante... – le sonrió, pidiendo la cuenta y pagando con su tarjeta de crédito. – Y supongo que tampoco quieres que yo vaya solo por ahí... ¿no? – bromeó aunque se creía perfectamente capaz de defenderse.

-Bueno… en realidad creo que tú podrías barrerme de un puñetazo a mí…- se rió y lo miró mientras se levantaba. –Tú haces mucho deporte… yo sólo hago pesas… y no es lo mismo… deberías romperles los dientes…

- No es mi estilo... – le sonrió, levantándose también, y pensando en los deseos que había tenido aquella mañana. – Y yo te veo bastante fuerte. Además... no he ido a nadar hoy- bromeó, como si por un día, se le fuese a ir el entrenamiento.

-No es como que se te vayan a ir los músculos por eso… yo hace como dos semanas que no hago nada… luego lo hago todo junto…- sonrió levemente y lo siguió hacia fuera. -¿A ti y a Inari les gusta probar cosas raras?- preguntó pensando en lo que les habían ofrecido. Enrojeciendo un poco sin poder evitarlo.

- No lo sé, no habíamos hecho nada así hasta ahora. Ya veremos supongo. – se encogió de hombros, rodeando luego al chico como cuando habían llegado. – Aiken, ¿no te gustaría estar en el club conmigo? Podría gustarte...

-No sé nadar…- lo miró rojo entre el abrazo y el confesar aquello. –Y me da miedo el agua… ¿no lo harás para contraatacar porque Yûsei está en el club con Inari?

- No, lo hago porque pensé que sería bueno para ti estar en algún club. Y mejor si conoces a alguien allí. Y por supuesto, también porque amo nadar. – le sonrió, remeciéndolo con suavidad. – Claro, que también puedes entrar en el club de volley.

-No gracias… que soy patético en los deportes…- sonrió levemente aunque aún estaba rojo. –Por eso hago pesas y no deporte… - aclaró después. –Pero tal vez vaya a natación… si tú me enseñas a nadar antes…

- Bien, ¿por qué no? Aiken, me encantaría enseñarte a nadar... – asintió orgulloso de haberlo convencido de algo al menos.

-Vale… pero me enseñas solo… no quiero que me vean hacer el ridículo… - lo miró de soslayo y le besó una mejilla, riéndose después. -Ya no me das tanto miedo…

- Y ¿yo cuando he dado miedo, Aiken? – lo miró, realmente sorprendido, sonriendo después. – Vale, empezaremos esta semana. Puedes venir a mi casa, tengo piscina.

-¿Tienes piscina?- lo miró entusiasmado. –Vale… suena bien… Y me dabas miedo… porque eres… perfecto… - lo miró serio, enrojeciendo de nuevo.

- No soy nada perfecto, pero no se lo digas a nadie. – se rió, apretándolo un poco.

 

 


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