SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo
48- Infamy
Kiken suspiró, pasándose la mano por el rubio cabello y acomodándoselo,
haciendo lo mismo con su corbata luego, en un gesto que más bien
recordaba a cuando Inari lo hacía. Iba a ser pesado, tener que ir
a clase sin él, encima ver a esos... no podía ni llamarlos de alguna
manera ya. Unas chicas pasaron riendo bajito y mirándolo y el rubio
les dedicó una sonrisa, aunque no tuviese ganas. No estaba de más
ser amable.
Togashi pasó por su lado junto con Asakura, pegándole un empujón
con el hombro con toda la intención y pasando de largo como si no
lo conociera de nada. El rubio volteándose y riéndose mientras lo
miraba vocalizando sin hablar “ma-ri-ca”
El rubio se quedó petrificado mirándolos, preguntándose cómo lo
sabían. Y sacudiendo la cabeza luego, no, seguro sólo era un insulto,
no iba a dejar que jugaran con su mente. – Imbéciles... – murmuró,
siguiendo su camino, tratando de actuar como si nada.
Togashi sonrió, haciéndole una seña a Asakura para que lo dejase,
mejor esperar un poco a que viera lo que Watanabe había hecho por
ellos. Las paredes y los corchos estaban llenos de impresiones bien
grandes, unas fotos y un escrito debajo que hablaba del imperdonable
comportamiento de Inari y Kiken, los supuestos alumnos prestigiosos
de tercero.
El rubio continuó, aún pensativo, preguntándose qué demonios les
sucedía, no comprendía por qué se comportaban así. Otro grupo de
chicas pasó junto a él, riendo y el chico volvió a repetir la operación,
pensando que estaban un tanto descontroladas aquel día. Y eso que
no estaba Inari.
- Buenos días, Fujiwara... – un chico pasó, guiñándole un ojo,
y riendo con su grupito, el rubio confundido.
- Buenos... ¿días? - ¿Qué les pasaba a todos? Y entonces las vio,
había estado demasiado ensimismado que ni cuenta se había dado,
pero estaban en todos lados, aquellas fotos. Se acercó a uno de
los murales, arrancando una, incluso la habían agrandado los hijos
de puta. Y allí estaban ellos, besándose, tan tranquilos... - ¿Qué
hago? ¿Qué hago...? – murmuró, llevándose una mano a la cabeza y
mirando a su alrededor como perdido. Estaban por todas partes.
Pronto sonó por los altavoces el nombre del chico para que acudiese
a dirección de inmediato.
El tutor observándolo desde la silla en cuanto entró, mostrándole
aquella fotografía y mirándolo a los ojos -¿Qué es esto?
- No... – Kiken dejó la mochila a un lado, acercándose con un gesto
conciliador en el rostro. – No es lo que usted cree, sólo estábamos
jugando y... no se supone...
-¿Estaban jugando? ¿Y qué clase de juego es este con la mano del
señor Arashi en su trasero? Además de… repulsivo, es una conducta
que no me esperaba en ustedes… Primero las drogas en la taquilla
y ahora esto. Sepa que su padre será informado de su comportamiento
deshonroso para la escuela y le recomendaremos que su mano sea dura
en cuanto a usted…- golpeó la mesa con un bolígrafo a toquecitos.
–Y delante de niños de primer curso… ¿es que les daban ejemplo?
- No, claro que no, sólo... sólo era una broma, sí. – protestó
el chico, pensando en que debió haber dicho que había sido hecha
con photoshop, pero era obvio que no. – Por favor, no ha sido nada
serio, no hay necesidad de decirle a mi padre. No se volverá a repetir.
Y lo de las drogas, no es... fueron plantadas allí. – añadió, sin
poder evitar defender a Inari.
-Eso ya se comprobará…- llamaron a la puerta, y un hombre alto
y moreno entró en la sala, llevando en la mano una de las fotos
que había arrancado de la pared. Había ido con su hijo a mostrar
las pruebas del análisis, pero tras ver esa foto se sentía humillado.
De todos modos ni siquiera pidió más permiso al atravesar la sala.
Cerrando la puerta a su espalda. –Señor Arashi…- el hombre se levantó
entre sorprendido a pesar de que sabía que iría esa misma mañana
y un poco indignado por su forma de entrar.
Inari miró a Kiken un momento, claramente su padre le había golpeado
en la cara a pesar del aspecto de dignidad que el chico mostraba
en su mirada. -¿Qué significa esto?- el hombre le mostró la foto
al director.
-Eso debería preguntárselo a su hijo señor…
El hombre le mostró los análisis del chico, libres de droga alguna.
–Primero, mi hijo se ve acosado y expulsado por algo injusto y ahora
veo todos esos posters indignantes…
-No es un montaje, lamento comunicárselo…- el hombre miró al otro,
sabía que era un hueso difícil de roer.
-Montaje o no, la intimidad de mi hijo no tiene por qué se aireada
de este modo y si no encuentra a los responsables de esto, tendremos
que tomar acciones legales contra el colegio… Es increíble por más
que mi hijo hiciera eso, lo cual dudo mucho, que un colegio de supuesto
prestigio ¡permita que esto sea colocado por las paredes impunemente!
- Arashi-san... – lo miró el rubio luego de mirar a Inari. Deseaba
abrazarlo, besarlo, pero no podía hacer eso. No allí, no ahora.
– Intentaba explicarlo, tan sólo era una broma, no... no pasó nada.
– comentó, un poco culpable por tener que negar aquello, pero sabía
cual era la realidad.
El hombre lo miró serio, lo mismo le había dicho su hijo, que habían
bebido un poco de más en una fiesta y se habían besado jugando.
–Pues fue un descuido imperdonable- el hombre se giró hablando un
poco más suave en parte porque le parecía imposible en esos dos
chicos que fuera algo de carácter realmente homosexual. –En cualquier
caso, son aún menores, pueden confundirse impunemente, sin embargo
este error- alzó la hoja -del colegio o bien se subsana con la reincorporación
de mi hijo inmediata y las disculpas por parte de la directiva,
anunciando que todo fue un error suyo o me veré obligado como ya
he dicho a tomar las medidas necesarias.
Inari miró a su padre, lo admiraba aunque le doliese que negase
de esa manera su relación con Kiken, era verdadera y muy fuerte,
miró al rubio un momento y luego al director.
-Está bien…no es necesario llegar a ese punto, los posters serán
retirados durante la clase…
-Y encontrarán al culpable de estar persiguiendo a mi hijo y acosándolo
de este modo- zanjó el padre del chico exigiendo más.
Kiken bajó la cabeza, se había salvado por poco, o al menos eso
esperaba, no quería ni saber lo que diría su padre si se llegaba
a enterar. Miró a Inari de soslayo, aún así, sintiéndose humillado,
terrible. – Gracias, no se volverá a repetir.
El hombre miró el reloj en su muñeca suspirando con fuerza y mirando
al director de nuevo y de soslayo a su hijo, notando que aún tenía
un lado de la cara marcado por el golpe que le había dado de camino
a la dirección. Le había parecido terriblemente estúpido que se
hubiese descuidado jugando así. –Mi hijo se reincorporará mañana…-
murmuró sentándose en la silla frente al director para hablar largo
y tendido. No iba a permitir ese acoso, además… quería preguntar
por Hikaru, en privado…
-Bien… como prefiera- el hombre miró a Kiken. –Vuelva al aula…
-Vete a casa- sentenció el hombre sin mirar a su hijo, completamente
serio.
Inari le abrió la puerta a Kiken agradeciendo ambos y despidiéndose,
cerrando la puerta tras ellos y mirando al rubio, tocándose ahora
la mejilla con suavidad. –¿Estás bien?- Deseaba abrazarlo pero no
volvería a cometer otro humillante error jamás. –Siento no haber
estado hasta ahora… y tener que irme… hubiera preferido quedarme
contigo…- suspiró con fuerza frunciendo el ceño. ¿Por qué tenía
que ocurrirles aquello?
- No es tu culpa. Además... soy yo el que debería preguntar si
estás bien – lo miró a los ojos, mirando luego la marca en su mejilla,
deseando acariciarla. – Nos hemos dejado llevar demasiado supongo...
-No es verdad… sólo hemos querido ser normales… Si hubiéramos sido
heterosexuales, un beso en la calle… no habría sido un error… Estoy
bien, me ha dolido más el hecho de que me levantase la mano, que
el daño físico…
- Inari... – el rubio dio un paso hacia delante, sintiendo que
cada vez le costaba más contenerse. No lo soportaba, luego de haber
conseguido lo que siempre había deseado, que les sucediese esto.
– Siento haber tenido que mentir allí dentro. Pero sé que lo comprendes.
Me estoy cansando, ha sido obra de ellos.
-Ya lo sé… pero no sé cómo nos vieron… ¿es que acaso nos están
siguiendo o algo así? Me sorprende que no metiesen a Aiken y a Yûsei
en esto la verdad… me preocupa… pero no puedo quedarme, sólo me
falta que salga mi padre y vea que no he hecho lo que me ha mandado…
- suspiró con fuerza apartándose el cabello del rostro. –Al menos
me golpeó cuando estábamos a solas…
- Es horrible... – murmuró, de nuevo deseando besarlo, acariciarlo.
Se sentía un tanto destruido, deseaba vengarse, aplastarlos. Si
no hubiera sido como era, en ese mismo momento hubiera ido a buscarlos.
– No te preocupes, yo me ocuparé de ellos, no dejaré que les suceda
nada, ¿está bien?
-Sí… gracias…- le sonrió levemente, alzando un poco la mano para
acariciarle la cara y quedándose a medias de hacer el gesto, bajando
la mano y mirando al pasillo. –Ten cuidado…- lo miró a los ojos
pensando que era odiosa aquella situación, desviando la mirada y
volteándose para no seguir viendo aquellos labios, deteniéndose
de pronto. –Ah… y estoy castigado…
- ¿Castigado? ¿Eso qué quiere decir? – preguntó preocupado, pensando
que luego de eso, se moría si no podía verlo fuera de la escuela
tampoco.
-Que no puedo salir de casa… - lo miró de soslayo forzando un poco
su suerte. –Pero llega tarde… tal vez pueda comprenderlo mi madre,
si hablas con ella tú también…
- Sí, iré después de clases entonces... – sonrió un poco, odiando
todo lo que tenían que hacer. Nunca se había sentido más atrapado
que ahora. – Sé que tu madre nos escuchará. Por ahora, creo que
tu padre no querrá ni verme...
-No… lo he notado, sé que se ha creído nuestra historia… Además,
lo he visto besar a uno de sus compañeros del empleo una vez que
venían borrachos… claro que no era un beso como el nuestro…por eso
me inventé esa mentira- le sonrió para animarlo y alzó una ceja.
–Mi hermano lo odiará cuando sepa que me golpeó… lo odiará más de
lo normal quiero decir…- apoyó la mano en la pared con suavidad,
pensando que no era capaz de irse, tocando uno de los folios impresos
y arrancándolo con cuidado. –Salías muy bien… creo que lo guardaré…
- Tonto... eres imposible, Inari – sonrió, enrojeciendo ligeramente.
–Al menos, algunas de nuestras admiradoras están felices... Ya van
varios arrancados...
-Me alegra saber que decoraremos sus cuartos…- enrolló la foto
en uno de sus dedos, dándole flojito en el pecho antes de mirarlo
serio de nuevo. –No les permitas disfrutar de tu humillación ni
de tu furia… estás orgulloso de esto…- señaló la foto sin dejar
de mirarlo a los ojos. –Así que ve a clase… orgulloso de que todos
lo hayan visto…vamos… ve…
El rubio asintió, sonriendo, y acomodándose el cabello como si
aquel fuera un ejército y su general le hubiese dado una orden.
– Te veré más tarde... – le guiñó un ojo, girándose para alejarse.
Inari tenía razón, una cosa era ocultárselo a su padre, pero no
pensaba excusar su comportamiento ni bajar la moral ante ellos.
No eran nadie, y no les iba a dar un lugar importante.
Inari lo observó marcharse y sonrió apartándose el cabello del
rostro, suspirando levemente y volteándose para irse. –“Les voy
a arruinar la vida…”- susurró sonriendo casi como si lo canturrease.

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