SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 47- Sanctified
Hikaru saltó la verja de aquel edificio, mirando a su alrededor.
A él le gustaba aquel ambiente, era como esconderse en un lugar
secreto a pesar de que seguían en medio de la ciudad. Se giró, mirando
al otro chico a través del hierro oxidado, y sonriendo. – Esta vez,
te gané yo....
-Sólo porque echaste a correr sin avisar y eso no cuenta…- saltó
al otro lado y lo sujetó por los hombros con un brazo, recogiéndolo
contra él. – ¿Por qué comenzaste a hacer hechicería?
- Pensé que sería divertido. Estaba enfadado, molesto, no lo sé.
Y también... siempre me sentí atraído por esas cosas. Veía documentales,
películas. Y un día pensé “¿qué tal si pudiera joderlos a ellos?
Si tuviera poderes... ya no se meterían conmigo” – sonrió, un poco
cohibido, sintiendo que había ido muy lejos con su explicación.
Se sentía un tanto patético.
-No te ralles, lo veo lógico… - el moreno lo miró a los ojos y
sonrió levemente. –Al menos fue mejor que pelearte con cualquiera
como yo… casi me expulsan y encima repito curso… como si quisiera
disfrutar de este colegio un año más… Siempre que veo en la tele
esos rollos de disfrutar la vida de estudiante y todo eso… pensaba
que debían prohibirlos por estafa… - se rió y le pasó la mano por
el pelo. –Pero ahora ya no estoy tan seguro...
- ¿No? Yo sí... Lo que me gusta eres tú... – se rió, pensando
que igual podía estar con él fuera de la escuela. – Pero a decir
verdad, me gusta la biblioteca también. – se sonrojó un poco por
decir algo tan “nerd”.
-Suponía que sí… pero no te avergüences, lo malo no está en ir
a la biblioteca… más bien en lo que leas en esta…- le pasó la mano
por la espalda en realidad pensando en apretarle las nalgas pero
trataba de comportarse al menos mientras hablaban. La verdad es
que había tenido razón… era un salido. –Si hubiera dejado la escuela
este año como pensaba… no te habría conocido…
- Me alegra que no la dejaras entonces... – le besó la mejilla,
por no besarle los labios en esos momentos. – Trajiste las velas,
¿verdad?
-Sí… en el bolsillo de la cazadora… espero que no haya un incendio
por culpa de ellas. – se rió y lo miró de soslayo, entrando en el
complejo y notando el frío que hacía por la noche allí, lo silencioso
que estaba aquello salvo por los ruiditos de esos sitios que no
conocías lo suficiente. Cualquier cosa te alertaba. –Voy a sugerir
trancar la puerta, pero no tengo miedo… simplemente no quiero que
vaya a vernos alguien…
- ¿A quien se lo sugieres? ¿Al portero? – bromeó, riendo, y sentándose
sobre el altar. – Tráncala... De todos modos, me gusta sentir que
somos sólo tú y yo.
-Pues es difícil en este sitio… gracioso…- le dio en la frente
al pasar por su lado y empujó uno de los bancos para trancar una
puerta, haciendo lo mismo con el otro de la salida. Se fue a su
lado quitándose la cazadora y lo sujetó en brazos, colgándoselo
un poco de mala manera mientras la extendía sobre el altar. –No
quiero que pongas el culo donde los curas ponían las manos…- se
rió y le pasó las velas.
- Bueno, al menos ningún cura me ha tocado el culo... – se rió
también, colocándolas a su alrededor y encendiéndolas con el mechero
del moreno, abriendo su mochila luego y sacando un cuaderno bastante
maltratado. – Esto... no se lo he mostrado ni a Inari, ¿vale?
-Vale…- lo cogió enrojeciendo un poco aunque si le hubieran preguntado
el motivo, no habría sabido decirlo –Léemela tú…
Hikaru abrió el cuaderno, suspirando y mirándolo de soslayo. –
Vale, pero está en inglés... y pero no voy a declamar... – sonrió,
antes de empezar a leer un trozo.
“Tonight the Shadows look Suspicious,
So Deep and Dark and Red,
Like Blood.
And it feels like, if you Stepped on Them,
They Could Swallow You whole,
Plug You Out of this World,
Show you truths, You’d rather not know…”
El moreno se aproximó a él sujetándolo por detrás para observar
por encima de sus hombros, leyendo el resto con él, parecía un hechizo
de brujas o algo así. Le gustaba y le ponía la carne de gallina
a la vez. –Me encanta…
- ¿De veras? No sé, no soy muy bueno, pero me gusta hacerlas. O
más bien... siento la necesidad de escribirlas. – le sonrió, ligeramente
rojo. – Puedo prestarte el cuaderno si quieres. Si las lees... puedes
decir que no hay ningún secreto entre nosotros.
-Claro que las leeré…- cogió el cuaderno y se lo guardó en el bolsillo
asegurándose de que no lo perdería por nada. –A mí me gusta… no
sé si técnicamente eres bueno o no… pero yo creo que sí… la poesía
va de hacer sentir cosas a la gente o algo así ¿no?... – se rió
mirando abajo aún un poco rojo porque sabía que era un poco ignorante.
Ahora ya sabía a qué se refería su abuela conque ser ignorante hacía
que pasases mucha vergüenza.
- Sí, algo así... es igual, me sirve para desahogar ciertas cosas...
– comentó, sonriendo, aún cohibido y sintiéndose tonto por aquello,
alzando la mirada de nuevo para ver aquel lugar ahora a la luz de
las velas. – Quiero comprobar si Asakura está alucinando...
-Claro… es un flipado…- se rió y lo miró a los ojos. –No creo que
le suceda todo el tiempo… ¿o sí? No sé…- se acercó un poco y le
apoyó las manos en las rodillas, observando su rostro. –Dicen que
las brujas tienen los ojos negros…
- Pues, no soy una bruja entonces. – le sonrió, sosteniéndole la
mirada. – Pero tal vez tú sí... ¿No será que me estás engañando?
– se acercó más casi hasta rozar sus labios.
-No… no tengo malicia…- sonrió pensando que más bien era él, el
que tenía algo extraño que lo atraía. Le besó los labios tumbándolo
sobre el altar de pronto y sujetándole las muñecas, apoyándolas
a los lados de aquella mesa sagrada. –Hoy sí me hubiera gustado
atarte… - lo miró a los ojos y bajó la vista a cómo se marcaban
sus pezones bajo la tela de la camiseta por el frío. Se inclinó
para rozarlos con sus labios con suavidad, lamiendo uno sobre la
tela y mordiéndolo. –Me encantan tus pezones… no creo que haya ningún
otro tío que ponga esa cara cuando se los tocan…
-Es porque a los otros tíos no se los tocan como a mí... – bromeó,
enrojecido, y excitado. Le gustaba que lo sujetase. – Debí haber
traído algo... – jadeó también, deseando que lo atara y pensando
en el trozo de cuerda que se había dejado en la casa.
El moreno lo miró a los ojos y le subió la camiseta atándole las
muñecas con ella. -¿Te duele?- le preguntó por si lo había hecho
demasiado fuerte, excitándose sólo con verlo, su sexo abultándose
en los pantalones flojos que llevaba.
- No... – casi susurró del jadeo, sonriendo maliciosamente. Sentía
su sexo pulsando ya de por sí. Le encantaba esa mirada en el moreno.
– Anda... tócame los pezones ahora...
Akuba bajó la mirada a su pecho, tocándoselos y jugando con ellos
entre los dedos sin poder esperar un segundo más antes de lamerlos
y succionarlos, mirando su rostro cuanto podía y cerrando los ojos
después, mordiéndoselos y bajando una mano entre sus piernas para
meterla bajo los pantalones del chico, sujetando sus genitales en
la mano y masajeándolos para que su sexo creciese. -¿Tienes frío?...
- Con la fricción se me quita... – se rió el chico, negando luego
con la cabeza y respirando agitado. – Bésame... quiero que estes
sobre mí, Akuba...
-Vale…- el moreno le quitó los pantalones y sacó el cinturón del
pantalón, apretándoselo desde el muslo al tobillo y haciendo lo
mismo con el suyo antes de abrírselo, sacándose el jersey pero sin
molestarse en quitarse la tank, observando cómo quedaba expuesto
a él de ese modo. Se subió sobre su cuerpo, colándose entre sus
piernas y besándolo profundamente, sujetándole las muñecas con la
mano pese a que no era necesario, su otra mano jugando dentro del
cuerpo del chico cada vez más fuerte. -¿Te gusta así?
- Mmmm... sí.... me gusta... – le aseguró el chico, estremeciéndose,
excitado por sentirse bajo su poder, su ano pulsando, y apretando
los dedos de Akuba, sus labios permaneciendo entreabiertos.
-Ah… joder… no quiero esperar más…- sujetó su sexo llevándolo contra
el ano del chico, dejando entrar tan sólo la punta de este, jadeando
y masajeado su sexo de nuevo sin acabar de penetrarlo. Se veía bien
la cara que tenía de ese modo, le lamió los pezones de nuevo, Hikaru
siempre lo prendía terriblemente, tenía la cabeza embotada por el
deseo. Le succionó los pezones, observando cómo enrojecían y lamiéndolos.
-¿Quieres que te la meta ya?
- No... espera... – se rió un poco, entre jadeos. – Un poco más...
me gusta, cómo me vuelves loco...
Akuba sonrió levemente, pensando que se cavaba su propia tumba,
pero le daba igual, le gustaba eso. Quería aprender a satisfacerlo
por completo, todos y cada uno de sus deseos por más bajos que pudieran
ser. Se empujó de golpe dentro de él, penetrándolo una vez de todos
modos y saliendo de él de nuevo. Sólo por desobedecerlo y jugar
con él. Bajando sobre su cuerpo y apoyando las manos en el altar
mientras lamía su sexo, sujetándole entonces las rodillas y separándole
las piernas todo lo que podía, deslizando la lengua por sus testículos
y echándole las rodillas hacia el pecho, lamiéndole las plantas
de los pies y bajando la vista a su ano, empujando la lengua dentro
de él y jugando con ella.
- ¡Akuba! – gimió el chico con fuerza, sin temor a que los escuchase,
sintiéndose invadido por las sensaciones. Esa noche sería especial,
tenía que serlo. No, ya lo era. Alzó un poco las nalgas como ofreciéndose,
la lengua húmeda moviéndose en su interior.
El moreno le mordió las nalgas alrededor del ano, succionándoselo
después y empujando la lengua de nuevo dentro de él. Su piel olía
genial y era increíblemente suave. –… Hikaru…- jadeó subiéndose
otra vez sobre su cuerpo y mirándolo a los ojos, y sintiendo el
olor de la cera alrededor del altar como si aquello en lugar de
ser un sacrilegio, aquel acto, fuera algo sagrado. Se empujó de
nuevo dentro de él, tan sólo un poco, adueñándose por completo de
aquel cuello que le volvía loco, tirando de sus pezones con los
dedos y respirando con fuerza, bajando las manos por su delicada
espalda arqueada por el placer, aún se sentía más frágil de lo normal,
lo volvía loco. Tenía unas ganas de follárselo que sentía que iba
a destrozarlo cuando por fin pudiera perderse en su cuerpo. Lo envistió
por completo, deteniéndose allí y entrecerrando los ojos por el
placer, arrodillándose, tirando de su propia camiseta con una mano
a la espalda para quitársela, mirándolo a los ojos sintiendo que
respiraba como un animal. Cogió una de las velas, alzando la mano
por encima de ellos y dejando caer el líquido negro sobre su abdomen,
apretando un poco los dientes y respirando a través de ellos tras
comprobar si dolía demasiado, haciendo que se derramase parte entre
los pectorales de Hikaru, tan sólo unas gotitas esperando su reacción.
- Ah... – el chico se movió, arqueando aún más su espalda, el ligero
dolor, encendiéndolo y haciéndolo jadear desesperado. – Te amo,
Akuba... – susurró, con los ojos entrecerrados, vidriosos por el
placer, observándolo de igual manera. Se sentía compenetrado con
el chico, como si lo comprendiera totalmente con sólo tocarlo. Como
si ellos dos fueran algo más que sólo dos chicos de secundaria.
– Siempre voy a amarte... – le prometió, apasionado, y completamente
convencido de lo que decía.
-Yo también…- jadeó con fuerza al observar cómo se arqueaba su
espalda, sus pezones aún más erguidos. Dejó caer algo de cera sobre
uno de ellos, observando cómo resbalaba por este, el sudor mojando
su piel provocaba un color dorado en esta a la luz de las velas.
Se inclinó sujetándole las muñecas con ambas manos, empujándose
en él sin poder contenerse ya, rodeándole la cintura con fuerza
y embistiéndolo intensamente, apoderándose de su cuerpo por completo.
Lo miró a los ojos fijamente, observando su rostro y bajando los
labios a su cuello, mordiéndolo y lamiéndolo hasta sus hombros,
el chico gimiendo descontrolado, temblando a medida que las embestidas
se hacían más fuertes, su sexo pulsando entre ambos, el calor de
la cera excitándolo más.
Alzó la mirada, observando el techo de aquel lugar, el agujero
por el cual se podía atisbar el cielo oscuro. Era hermoso, todo
aquello, estar allí, con Akuba encima, moviéndose dentro de él,
su cuerpo cediendo a la presión de su sexo, deseándolo. Nunca había
sentido algo así.
El moreno subió una mano y le soltó los brazos de forma un tanto
brusca por la intensidad del momento, deseando sentir sus manos
sobre él, sujetándole las rodillas para poder penetrarlo de forma
más honda, arrastrando el fuerte abdomen contra el sexo de Hikaru.
–Hikaru… - le mordió el labio inferior, succionándolo después y
besándolo profundamente, sintiéndose completamente embebido por
su cuerpo, alzando un poco los hombros para empujar mejor su pelvis
contra la del chico, tensando los músculos de sus brazos.
Hikaru lo abrazó, alborotándole el cabello, y bajando por su nuca,
su espalda, tocándolo tanto como podía, atrayéndolo sobre él mientras
lo besaba apasionadamente, su cuerpo aún temblando cada vez más,
corriéndose sorpresiva y violentamente, a su vez aferrándose más
al moreno sin permitir que se separase de él.
Akuba rompiendo el beso, arrastrando su rostro contra el del chico
y acercando su oreja a los labios de este, cerrando los ojos y escuchando
tan sólo aquellos jadeos que parecían resonar en la vacía estancia,
emborrachándose completamente de ellos, sintiendo cómo su sexo pulsaba
impulsado por estos. Tiró de los cinturones sacándoselos y sujetándole
los muslos para sentirlos alrededor de sus nalgas, jadeando contra
el mármol del altar y el cuello del chico, golpeándose en el interior
del chico y saliendo de él para derramar el semen sobre su pecho.
- Akuba... – jadeó de nuevo, sonriendo luego y mirándolo a los
ojos, aquellos ojos tan negros, que le encantaban. – Ese fue el
mejor orgasmo que he tenido en mi vida.
-Sí… también el mío…- se recostó un poco sobre él. Le encantaba
aplastarlo con su peso luego de hacerlo, no tenía ninguna explicación
especial… simplemente le encantaba sepultarlo bajo él. Sonrió mirándolo
a los ojos. –Me vuelves loco ¿sabes? No voy a poder aguantar ni
dos días sin desearte… - se rozó contra su pecho oliéndolo, ni siquiera
pensaba ya dónde estaban.
- Yo tampoco, pero intentémoslo... No nos matará... – se rió, acariciándolo,
sin ningunos deseos de regresar a su casa. – Hikage... ¿te gusta
ese nombre?
-Yo te bautizo…- se mojó un dedo en semen trazándole una cruz sobre
los labios. –Me gusta…- lo besó con suavidad aunque profundamente.
–Hikage…
- Te amo... – susurró el chico, cerrando los ojos, y besándole
los labios, manchándolo un poco con el semen.

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