SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 41- Dark Wishes in Forgotten places
Akuba se extendió en su cama junto a Hikaru. La madre del chico
le había contado por teléfono lo sucedido a su hermano por si sabía
algo, por supuesto todos en su casa estaban escandalizados y eran
conscientes de que Inari jamás haría eso.
-Eh… - le besó la mejilla acariciándole un brazo. -¿Por qué no
probamos de nuevo? Algo más fuerte….
- Mucho más fuerte... – lo miró, aún sumamente cabreado por todo
aquello. – Quisiera matarlos... Los odio. ¿Qué tal si le causamos
un accidente a alguno?
-Eso… es un poco bestia ¿no? Ellos no nos han hecho daño físico…-
lo miró a los ojos y suspiró levemente, no podía negarle nada, si
le pidiese que los matara él mismo con sus propias manos lo haría.
–Está bien… busquemos algo…
- Es que no soporto que vayan contra Inari. – suspiró, tratando
de calmarse un poco.- Yo estoy acostumbrado, pero para él... esto
es devastador, ¿comprendes? – le devolvió la mirada, apretando el
libro.
-Lo comprendo… pero estoy seguro de que tu hermano no es una persona
que se deje aplastar así como así… Es fuerte y muy orgulloso… confía
en él…- le apoyó la mano sobre la suya, deseando que se calmase.
–Hagamos este… “Hechizo para causar alucinaciones” tal vez… el drogado
resulte ser él…- suspiró con fuerza, se veía calmado pero comenzaba
a ponerse furioso a medida que veía el estado de Hikaru.
El chico se empezó a reír un tanto descontrolado, besándolo en
los labios luego. – Es genial, te amo... - revisó el libro, pensativo.
– A ver... ¿con quien lo probamos primero? ¿Togashi? ¿Asakura? Hum...
ese está en el club con Inari.
-Asakura entonces… porque así… podrán decir que eran suyas las
drogas… ¿hum?...- sonrió levemente, contento al verlo reírse de
nuevo aunque fuera con un motivo tan fúnebre, la verdad es que le
daba igual el motivo. –Todavía tengo la fotografía del hechizo que
no funcionó ¿usamos esa? ¿O busco la de otro anuario? Fui dos años
con ellos… - se levantó empujándose con las manos.
- Si no te importa dañar tu anuario... – le sonrió seguro de que
no, encogiéndose de hombros. – No quiero correr el riesgo de que
no funcione sólo por ser perezosos... Igual... – “igual nunca funcionan”
finalizó en su mente aunque esta vez en verdad lo deseaba. Y deseaba
darle una patada a Inari por tener a esos como amigos.
-Funcionará…- el moreno lo miró buscando su anuario del segundo
año y pasando las fotos para arrancar la de Asakura, acostándose
sobre Hikaru y poniéndosela delante. –Tengo que coger clavos y alfileres…
ahora vengo…- le besó la mejilla levantándose para dejar de aplastarlo.
- Vale, te espero... Pero imagino que no la querrás clavar en tu
cuarto... – se rió, moviendo las piernas y estudiando el hechizo,
haciéndole un gesto luego a la foto. Si lo tuviera delante, le metería
un puñetazo. Claro, ellos nunca andaban solos...
-No… no hago voodoo y mucho menos hogueras habitualmente en mis
paredes… Prefiero posters de tíos en bolas o cosas así…más cálidas…
ya sabes…- sonrió y le pasó una bolsita dejando caer los clavos.
-Tenemos clavos… para hacer seis filas de 4 clavos… y… alfileres
de mi abuela… - se puso a contar descartando 5 y echando el resto.
–Doce… no están muy oxidados los clavos… espero que sirva… - encendió
un cigarro, observándolo intrigado y entrecerrando un ojo por el
humo. -¿No se volverá en nuestra contra o algo así? ¿No? Ya sabes…
veo mucha tele… y eso…
- No tienes que hacerlo conmigo si no quieres... – lo miró serio,
no porque le molestase, si no porque no quería involucrarlo a la
fuerza. – Pero nunca funciona, en realidad... Sólo lo hago para
descargarme, lo sabes.
-Ya… sabes que lo haré…- observó cómo se levantaba y lo abrazó,
besándolo profundamente y pegándolo a él por las nalgas. –Sabes
que no me perdería por nada a mi hechicero… Si se vuelve… que se
vuelva contra ambos…
- Te amo, Akuba... – sonrió, sujetando sus brazos contra sí. –
Estás loco... – comentó, riéndose, contento.
-Tú también…- se rió empujándole la cara con la suya al verlo reírse.
–Macizo…- le rozó el cuello con los dientes sonriendo antes de soltarlo.
–Te llevaré a un sitio especial… a una capilla… de un internado
que cerró hace tiempo… ¿Te gusta la idea? Sí… te gusta…- se llevó
el cigarro a los labios sonriendo con algo de malicia.
- Claro que me gusta... le dará más ambiente... – sonrió pensando
que Akuba siempre sabía cómo hacerlo sonreír. Antes de conocerlo,
podría haber pasado meses sin sonreír y ni siquiera se hubiera dado
cuenta.
-Vamos…- se puso un jersey y corrió la cremallera desde el hombro
al cuello ofreciéndole su mano después. –No te dejes nada…
- No soy tan despistado como mi hermano... – bromeó, tomando la
foto y la bolsa con las demás cosas, saliendo tras él y regresando
segundos después para buscar una cazadora.
-No…- el moreno se burló, pegándole una nalgada suave y metiendo
la mano en el bolsillo trasero de sus pantalones.
………..
Al cabo de dieciocho minutos habían llegado al lugar, estaba verjado
y ponía que estaba prohibido el paso por estado ruinoso del edificio.
-¿Miedo?- preguntó mirándolo a los ojos.
- Yo no le tengo miedo a estas cosas – canturreó suavemente besándolo
y empujando la verja, subiendo por ella al ver que no se abría.
- ¿Tienes miedo tú?
-No…- el moreno sonrió trepando por la verja y saltando al otro
lado, levantando un poco de polvareda y sujetándolo antes de que
saltase, para que no fuera a hacerse daño, sobándole las nalgas
mientras lo bajaba y sonriendo. Caminando de su mano al edificio
y empujando las puertas que cedieron fácilmente.
- No tienes que protegerme todo el tiempo, ¿sabes? Aunque empiezo
a sospechar que no lo haces... – bromeó, tocándose las nalgas con
una mano, haciéndole ver que se había dado cuenta. Pisó una ramita
que crujió bajo sus pies, y alzó la vista. – Este lugar, es perfecto...
– murmuró. Se veía sumamente tenebroso, oscuro, con las bancas aún
colocadas a pesar de que estaban destruidas casi.
-Lo hago porque me gusta, no porque tenga que hacerlo ¿vale? Me
gusta cuidarte…mi abuela me enseñó a cuidar de la gente que quiero.
- le dio otra cachetada porque le había gustado ver cómo se tocaba
las nalgas y se rió. Tirando la colilla al suelo y apoyándose en
el altar para liarse un porro. -¿Nos fumamos un porro mientras?-
sugirió aunque él se lo iba a fumar igual. Cogiendo con la otra
mano el martillito del bolsillo y una regla para colocar los clavos
en línea. Esta vez sí se lo estaba tomando en serio. La verdad es
que empezaba él mismo a perder la paciencia con ellos y realmente
sí descargaba hacer aquello.
- No se ve muy profesional... pero vale – asintió, dando un pequeño
salto para sentarse junto a él en el altar. - ¿Vienes aquí a menudo?
-Ahora ya no… antes…- se lo llevó a los labios y lo encendió pasándoselo
después. –Andaba con unos tipos de mi barrio y me hicieron pasar
la noche aquí.- se rió. –Ya sabes, para ver si tenía cojones… y
me acabó gustando el sitio…
Hikaru le dio una calada al porro, exhalando y devolviéndoselo.
– Tienes cojones, eso ya se te nota... – se rió, recostándose un
poco hacia atrás y observando el cielo oscuro a través de un agujero
en el techo. – Realmente desearía... que los hechizos funcionaran.
-Esta vez funcionará...- sonrió y le besó el cuello. Dándole una
calada al porro y cogiendo las cosas. –Voy a poner esto… hay que
medirlo y es un rollazo… Ponía que debía ser en una esquina de la
pared… así que lo pongo allí mismo… si no huele a meados…no…aquí
vale…- se agachó reído. –Sujétame la regla mientras los clavo…
El chico saltó, colocando bien la regla y sujetándola. – No me
claves un dedo... – bromeó, observando cómo lo hacía. Súbitamente,
todo aquello se sentía real. Tal vez era por el lugar, o porque
no estaba haciéndolo solo. – Pienso seguirlo un poco... si funciona,
no quiero perderme de nada. ¿Trajiste el encendedor, no? Claro,
sí... –se rió de nuevo, recordando que acababan de encender un porro.
-Yo siempre lo llevo conmigo…- se rió en bajo cogiendo otro clavo
y poniéndole el porro en los labios pasando después a clavar aquella
punta oxidada. Se quedó en silencio, hacía bastante frío allí y
los golpes retumbaban por toda la capilla. –Qué mal rollo ¿no? Todo
este silencio y nosotros aquí pegando estos golpes…
Hikaru entrecerró los ojos escuchando por unos momentos, cómo martillaba
el chico. – Supongo que es tenebroso... pero a mí, me parece romántico...
- murmuró, deteniendo su mano y besándolo con suavidad de pronto.
– No tienes miedo, ¿verdad?
-No…- sonrió levemente como si en realidad aquel chico pudiera
hacer con él lo que quisiera. –Un poco…- se rió y le dio una calada
al porro, besándolo mientras dejaba salir el humo de entre sus labios.
–Eh… no me distraigas trataba de ser profesional…
- “Yo te protegeré” – le susurró, tratando de atrapar el humo luego
y riéndose separándose de él. – Vale, termina, y seguimos con lo
otro.
-Vale…con esos alicientes…- el chico bajó la cabeza pensando que
lo excitaba con cualquier cosa y se inclinó más, colocando los últimos
clavos en la parte de abajo de la foto. –Ya está… ahora tú pon los
alfileres en los ojos…
- Bien... – sonrió, tomando los alfileres y clavándolos con fuerza,
seis en cada ojo, su ceño fruncido, mientras el chico pensaba en
lo que le habían hecho a su hermano, y en todas las “bromitas” que
les habían jugado a él y a Akuba. – Préndele fuego...
Akuba le dio una calada al porro y se lo dejó en los labios mientras
prendía fuego a la fotografía. Olía bastante a plástico quemado
y al musgo de la pared. –Qué peste… - murmuró echándose atrás y
levantándose sin dejar de mirarlo. Lo cierto es que aquello iluminaba
un poco mejor la capilla y los santos tirados por el suelo… no le
estaban causando un buen efecto.
Hikaru sonrió, aún con el porro entre los labios, exhalando y sacándoselo
por fin para volver a besar a Akuba. Lo notaba nervioso. Se separó
de él, regresándole el porro. – Gracias, me siento mejor... ¿Quieres
regresar ya? Me quedaré en tu casa hoy también...
-Cuando la foto se consuma del todo…no quiero que haya un incendio
por mi culpa…- le apoyó la mano en la cintura y lo miró. -¿Te quedarás?
Bueno… - sonrió de medio lado y le besó los labios. –Eso lo cambia
todo…creí que querrías ver a Inari.
- Sí, supongo que debería ver a Inari, pero... No sé por qué tengo
la idea de que no estará solo.... Iba a una fiesta esta noche. –
le sonrió, abrazándolo. - ¿Qué piensas? ¿Crees que me necesite?
-No lo sé… yo no tengo hermanos… “pero también te necesito”…- le
besó el cuello abrazándolo más y sonriendo levemente. –Vámonos…
que me estoy poniendo tonto con el porro ese…
- Me iré temprano para verlo entonces. Igual, no creo que llegue
a horas decentes esta noche. – se rió, pensando en que seguro lo
reñían pero le daba igual. Siempre lo reñían. Lo sujetó de la mano,
guiándolo hacia fuera. Se sentía entusiasmado sin razón alguna.
-Vale… pero no quiero que te vayas… mañana es domingo… creí que
íbamos a pasarlo juntos… Mañana lo llamas ¿vale? No te vayas…- caminó
sujetándolo desde atrás por la cintura y besándole el cuello de
nuevo. –Vamos… a dar un paseo… Es de noche… ahora no nos ve nadie
si hacemos esto…- se rió y le sujetó el paquete con una mano sin
dejar de caminar aunque era incómodo.
- No hagas eso... – le riñó en broma el chico, enrojeciendo apenas
y girándose para halarlo contra sí. – No me iré, entonces... No
puedo irme si me lo pides así. – lo besó profundamente, apretándole
las nalgas él en venganza y corriendo hacia la verja, riendo luego.
El moreno se rió corriendo y pasando delante de él, trepando por
las verjas hacia arriba y saltando al otro lado. –No voy a protegerte…
salta a mis brazos…- se rió. No se le habría ocurrido hacer algo
así si no estuviera emporrado. –Corre… o te cogerá el fantasma del
cura…

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