SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 39- We Are Not Weird, We Are Just
Different
Aún te gusta ese chico... – murmuró Yûsei sin saber si alegrarse
o no. Estaba confundido ahora.
-Un poco… - lo miró a los ojos preguntándose si le molestaba, pero
no… a él le gustaba Inari. –Le he dicho eso… a ver si invita a Inari
y así… podemos acercarnos a ellos… a ver…
Ya te dije... – el chico se detuvo antes de finalizar la frase,
tan sólo por aquella mirada. Lo molestaba y ni estaba seguro de
no estar imaginando cosas. – Vale...
-¿Qué pasa?- Aiken lo miró, un poco preocupado de no comprender
bien. –¡Ay! Imbécil…- se llevó la mano a la cabeza porque uno de
los de la clase le había dado en la cabeza, cada vez más empezaban
a encontrar gracioso meterse con ellos.
Ya, no le hagas caso... – le pasó la mano por la cabeza, exasperado.
– Mejor vamos a tu casa... o a comer algo, ¿quieres?
-Vamos a mi casa a comer algo…- se peinó un poco de nuevo, mirándolos
a los lejos y sintiendo odio a más no poder. –Cuéntame qué te pasa…
yo te contaré algo peor cuando lleguemos a casa… puedes ser sincero,
yo siempre lo soy contigo…
Nada, es que creo... ¿No te parecían muy unidos, Arashi-senpai
y el chico modelo? Es que me pareció que había algo. – lo miró,
preguntándose si lo afectaba. Lo cierto es que era una tontería
de su parte, ni siquiera llevaba una oportunidad.
-Ah… ya lo sé… sí… tal vez… parecían un poco… novios ¿verdad?-
lo miró y bajó la vista de nuevo. –Pero tú le gustas… te estaba
acariciando todo el tiempo y te dio su teléfono y todo…
Claro que no, creo que me ve como un hermanito o algo así... ya
te dije que seguro le gustaban mayores. – suspiró, metiéndose las
manos en los bolsillos. – Bueno, no es que me haya hecho ilusiones
ni nada así...
-Bueno… - Aiken lo miró de soslayo. –Tal vez prefieras no ir a
la fiesta esa… por si los ves juntos… Debería quedarme en casa…
es lo mejor… eso haré… Además no sé quien puede estar allí… no sé…
podría pasar algo… mejor no vamos…
-No, vamos... yo quería ir, y además, tenemos derecho de divertirnos...
– le sonrió, sintiendo que lo estaba agobiando. – De todos modos,
no me cayó mal ese chico... Lo había imaginado horrendo.
-Bueno… pero es que se portó horrendo ese día… ahora estaba agradable…
De todos modos, no es como que vaya a tratar de salir con él o algo
así… sólo me agrada verlo… yo qué sé… - se quedó rojo mirando un
poco abajo. –Tú también me gustas, Yûsei…
-Lo sé, pero.... no sé.... – miró hacia otro lado nervioso. – Es
que a cada rato dices que te gusta otro y a él lo mirabas como con
emoción... Y no me hagas caso.
-No, a él lo miraba… con… “me da vergüenza” pero en ti confío…
eres mi amigo… no me da vergüenza hablarte…- entró en la casa subiendo
en el ascensor. Con suerte su madre aún no estaba en casa. Se miró
los pies, inquieto porque subiese de una vez. -¿Por qué te pones
así? A ti te gusta Inari… igual que a él… no yo…
-Que yo no le gusto a Inari... – alzó la mirada, suspirando. –
Y además, no lo sé... porque me lo dijiste y ahora no dejo de pensar
en ti. Y ya no sé nada.
-Pero eso da igual… no quiero que te conformes conmigo… es por
eso…y ya… Si te gusta él… no quiero que estés conmigo… porque además…
vas a tener que quererme mucho para aguantarme si quieres ser mi
novio…- se quedó mirando al suelo rojo fosforito. –Y no puedo decirte
esto si te gusta otro… es desagradable… Además él es más… todo que
yo…
-Él no es más todo que tú... A mí me gustas mucho y... te admiro
– le aseguró, enrojeciendo también. – Y yo no me conformo... no
soy así, ya deberías saberlo. – murmuró, pensando que en los mangas
siempre habían una cascada o una montaña en donde pensar esas cosas.
Y no tenía idea de por qué ir a un sitio así te iba a ayudar a tomar
decisiones, pero mágicamente los ayudaba igual.
-Bueno… ¿y por qué no te fijaste en mí entonces? Yûsei…- abrió
la puerta del ascensor porque parecían bakas ahí parados sin salir.
–Yûsei…- repitió de nuevo sin que le saliese lo que quería decir,
volteándose de golpe y abriendo la puerta de la casa. –Mejor… tienes
que ver eso… que te decía que quería contarte…
-Vale... pero sí me fijé en ti, la primera vez. – le aclaró por
si acaso, aunque le daba vergüenza confesarlo. – Y luego en las
fotos... pero es que eres mi amigo.
-Ya…bueno… pues no creo que fuera un gran novio de todos modos…
si no es como amigo…- el chico entró en su cuarto y lo llevó de
la mano. –Mira…- lo sujetó por los hombros parándolo delante de
una estantería llena de libros de torturas antiguas y objetos de
tortura, sadismo… -¿Qué piensas ahora de mí?
-Hum... que te gusta leer... – sonrió, aunque sabía a qué se refería.
Tomó uno de los libros sin mucha ceremonia, abriéndolo y examinándolo.
Algunas cosas le daban escalofríos pero era normal, ¿no? – Tienes
intereses extraños... pero es... interesante... –se rió por su propia
redundancia. – Bueno, no es como que las lleves a cabo ¿verdad?
-No… - lo miró y cogió un libro de entre los demás, trataba sobre
una historia basada en el marqués de Sade con un criado -¿Querrás
leerte esto? Es muy corta… es una historia… sexual… sádica…
-¿Sexual? – se rió, un poco avergonzado, pero aceptando el libro.
– Vaaaaaaaaaaale... si a ti te gusta, la leo.
-Pues… pero no soy sádico… al menos no por ahora…- suspiró sentándose
en la cama y frotándose el cuello. –A veces me excito cuando pienso
cosas… que no deberían excitarle a nadie… Nunca me excito de veras
por algo normal… Por eso digo que no puedo ser el novio de nadie…
mucho menos el tuyo…
-Hum... pero se te paró el otro día, cuando me viste desnudo, ¿recuerdas?
– se encogió de hombros, enrojeciendo de nuevo. – Y dijiste que
no era por.... ya sabes.
Aiken lo miró rojo. –Bueno… pero fue por la situación… no me odies…-
rozó la sábana con una mano pensando que sí lo iba a odiar de un
momento a otro. Lo haría y si no, por lo menos normal no iba a considerarlo
como más que un amigo, él tampoco lo hubiera hecho en su caso.
- No te odio... aunque no me estaba divirtiendo. – le aclaró, peguntándose
si lo comprendería. No deseaba hacerlo sentir mal ni extraño.
-Ya lo sé… ¡¿Crees que me divierte a mí ser así?! Además me excité
al verte en el suelo desnudo de ese modo… aunque estabas llorando…pero
no por lo que te hicieron… no me gusta el dolor… pero… no sé qué
es… - se tiró hacia atrás en la cama y se tapó la cara. –Yo sí me
odio…
-¡Pues yo no te odio! Y no lo voy a hacer... – bajó la voz, sentándose
a su lado y retirando las manos de su rostro. – A mucha gente le
gustan este tipo de cosas, no eres el único...
-Pero a mí no me gustaría hacerle daño a nadie… - le cogió el libro
de la mano observando la portada. –Este libro es ficticio… no lo
escribió el marqués de Sade…- le dijo de pronto. Acostándolo en
la cama con una mano y cerrándole los ojos con la mano apoyada en
su cara. –Trata de cómo el marques le dice a un joven criado que
le pagará 17 monedas de oro, era mucho dinero en esos tiempos… si
hace lo que le pide… y el criado acepta…
-Y ¿lo tortura? Sí, supongo que sí... – murmuró, sin poder evitar
que algunas imágenes de su propia imaginación se colasen en su cabeza,
aunque nunca había fantaseado con algo así. – Tal vez sólo quieras
la fantasía...
-A lo mejor… no lo sé…- dejó el libro a un lado y le siguió contando.
–En realidad lo desnuda… y le pone un abrigo suyo… le ata las manos
a la espalda…Primero una…- tomó una de las de Yûsei y la pasó bajo
su espalda. –Y luego la otra- hizo lo mismo y sonrió levemente aprovechando
que Yûsei tenía los ojos cerrados. –Y lo lleva con él a la calle…
de ese modo… aunque los demás no saben que está desnudo… Al marqués
le excita cómo el criado se avergüenza cada vez que alguien se fija
por su abrigo entreabierto…
-Pero ¿no se dan cuenta de que está atado? – le preguntó el chico,
entre nervioso e inquieto. Sin embargo, seguía sin abrir los ojos,
escuchando la voz de Aiken.
-No… ellos creen que sólo lleva las manos a la espalda y como es
un criado… no se fijan mucho…- se acostó a su lado para seguir contándole.
–Entonces el marques… que no se ve satisfecho con esto… lo mete
entre las calles, lo gira contra la pared…- lo giró boca abajo en
la cama y se apoyó contra él. –Deslizando la mano por debajo del
abrigo…- le acarició la pierna siguiendo los movimientos que narraba
a pesar de que el chico estaba vestido. –Desliza algo entre sus
piernas –deslizó la mano entre las suyas enrojeciendo un poco.-
Y lo penetra despacio… por completo con un cuerno de marfil… El
criado grita… de placer… y de dolor por aquella primera intrusión
en su cuerpo pero el marqués se ríe y le susurra al oído “Aún no
hemos acabado… debes seguir caminando hasta que lleguemos hasta
donde cumpliremos el trato”
-Eso... es muy malvado... – sonrió el chico, sin poder evitarlo.
Se estaba excitando de escucharlo contarle aquello y más si lo tocaba.
Por supuesto, eso le daba vergüenza. Aunque suponía que no debía
darle si después de todo estaba con Aiken y era a él a quien le
gustaban esas cosas. Abrió los ojos, aún sin mirarlo. – Todavía
pienso leer el libro.
Aiken lo giró de frente en la cama para poder verle la cara. –No…
eso es muy suave… ese hombre hacía cosas realmente malvadas… pero
esta historia no es así…
-Porque no la escribió él... – finalizó, recordando lo que le había
dicho antes. - ¿Y tú? ¿Cuáles prefieres? Cuando lees, quiero decir....
-Prefiero esta… u otras como esta… no me gusta el dolor… especialmente,
aunque hay veces que puede verse bien… Pero no creo que fuera lo
mismo en la realidad…- lo miró apoyándose en un codo. –Me gustan
más las historias que tratan de algo de humillación… tal vez… no
lo sé… no me gusta que te humillen ni que me lo hagan a mí… Estoy
loco… no sé qué me pasa…- se chafó en la cama tapándose la cabeza
con los brazos.
-No creo que estés loco... – lo miró perplejo por cómo se tapaba
aunque se veía gracioso. Y se sentó, observándolo. – Yo creo que
es muy distinto cuando dos personas están de acuerdo en hacer algo...
porque ambos quieren. Y no porque alguien te ataca.
-Ya… pero es igual, yo sólo quiero ser normal… no quiero ser raro…
ni quiero acabar en un antro horrible con un novio que se llame
alguna cosa rara… y que grite mientras le atizo con algo…- se rió
porque ya le parecía bizarrísimo, pero era por culpa de su madre
que se hacía esa “paja mental” .
-¿No? – se rió imaginándoselo todo vestido de látex negro. No le
iba. – A mí me gustas como eres... De todos modos, sigo sin verte
raro.
-Porque tú eres raro también…- el moreno se rió y se giró de lado
para verlo bien, apoyándole un dedo en un pezón y apretándoselo
suave, riéndose. –Te toqué el culo antes… pero era didácticamente…
-Shhhh... no hables de eso... – se rió, cubriéndole la boca con
las manos y enrojeciendo. – Y no soy raro...
El chico asintió con la cabeza riéndose. –Lo eres… y estabas excitado…-
habló igual entre sus manos haciéndole cosquillas para que lo destapase
y sujetándolo boca debajo de nuevo aunque ahora sólo estaba jugando.
-¡Que no! – se rió, escondiendo su rojo rostro, y tratando de liberarse,
jugando. – Los buenos amigos, no señalan esas cosas...
-Yo soy malo entonces…- se rió abrazándolo y estirándose en la
cama tras él, sonriendo. –Yûsei… cuando piensas en Inari… ¿alguna
vez piensas de “ese” modo?
El chico asintió, más serio, aunque seguía sonriendo un poco. –
Es normal, ¿no? Tú... ¿has pensado en Kiken así?
-No… pero yo no soy normal… ¿y qué te imaginas?
-Que me toca, y me besa y esas cosas... – enrojeció más, riendo
nervioso. – Nada muy elaborado.
-Ya… ¿y te pone?
-Pues claro, pero eso no se pregunta... Igual sabes que me da vergüenza
– movió la cabeza como intentando esconderse.
-¿Si no te pregunto cómo quieres que lo sepa? A veces pienso en
esas cosas… pero no me excito… y tampoco cuando veo porno… y es
igual si es porno… de la clase que sea… ¿no seré impotente?- le
apretó el ombligo pensando. –Pero a ti te quiero… y también me gustas…
así que cuando tengas novio… me voy a traumatizar…
Yûsei lo miró serio, pensativo, suspirando luego. – No quiero que
te traumes. De todos modos, no creo que tenga novio en siglos...
Y tampoco creo que seas impotente, porque te excitaste esa vez.
-Bueno pero a lo mejor fue un milagro como en un manga que me leí…
que el tío sólo se empalma una vez al final del manga como milagro…
y acaba muy bonito… pero yo me quedé pensando que luego su vida
seguiría siendo un asco…- se rió y lo miró a los ojos, bajando la
vista después. –No… si quiero se me levanta… si me toco…
-Pues entonces, no está mal, es que no es automática... – bromeó,
pensando que se sentía muy bien con él. Nunca había sido precisamente
tímido, pero era una especie de relajación.
-Baka… debería ser automática…- se rió y le pasó una pierna por
encima, pegándolo más contra él. –A veces me pregunto si se puede
tener una relación así… sólo con esto…
-¿Por qué no? – sonrió el chico, cerrando los ojos de nuevo. –
Pero yo creo que vas a querer lo otro... aunque pienses que no.
-Ojalá… ¿te vas a dormir?- se rió mirándolo, la verdad es que no
le molestaba. –Si te duermes, me duermo contigo…- le pasó la mano
por el cabello apartándole mechoncitos de la cara pensando que aquella
relación ya estaba siendo bastante ambigua en realidad.
-No.... bueno, sí, así estamos más despiertos para la fiesta. –
sonrió, en realidad con algo de sueño. Siempre le costaba más levantarse
los sábados.
-Vale… te voy a tocar aprovechando que no te enteras…- se rió,
porque era mentira totalmente.
-¡No! Duérmete y ya... – se rió, tapándole los ojos con una mano.
- ¡No te voy a tocar! No soy un pervertido…ni nada- se rió y se
giró sobre él aplastándolo y pensando que al final no lo dejaba
dormirse. Se giró de nuevo de espaldas a él ahora, cogiéndole una
mano y abrazándose con ella. –Mi madre pensará a saber qué si nos
ve…
-Pensará que somos muy unidos... y lo somos- sonrió Yûsei, abrazándolo
y pegándose a él. Se sentía bien.
-Sí…- Aiken se quedó mirando adelante antes de cerrar los ojos.

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