.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 33- Let Them Wait, We’ve Waited Long Enough

Inari se metió las manos en los bolsillos, sonriendo levemente y asomándose al gimnasio, buscando al rubio allí dentro, encontrándose de frente con Akuba y mirándolo a los ojos. Cada vez que pensaba en él, se acordaba de que a Kiken le parecía atractivo y la verdad es que lo era… de algún primario modo, claro que no para él. –Hola…- le saludó sonriendo levemente y Akuba le sonrió flipando en realidad, no porque su novio no le hubiese explicado, pero de todos modos impactaba.

-Hola…- murmuró pasando a buscar a Hikaru.

-Veo que te has puesto una camisa… qué alivio… - le felicitó a su modo, Akuba sonriendo de medio lado, parándose un momento y siguiendo su camino, pensando “porque tenía el jersey lleno de semen”.

Kiken terminó de vestirse, mirándose una vez más al espejo y saliendo por fin, sonriendo al ver quien lo había ido a buscar. – Soy el último que queda... – anunció, observando que la puerta se cerraba tras Akuba y aprovechando para besar a Inari levemente en los labios. El moreno apoyando la mano en la puerta y tirando de él hacia atrás, llevándolo a los vestuarios y besándolo profundamente.

- Inari... – jadeó el chico sorprendido, cuando se rompió el beso, sus mejillas algo coloradas por la emoción. Le pasó la mano por el cabello, apartándolo de su rostro, sonriendo. - ¿Qué te sucedió?

-Nada… sólo deseaba hacerlo…- le sonrió oliendo su cabello, siempre le había gustado hacerlo aunque ahora no tenía por qué disimularlo para nada. Le había gustado mucho aquel beso. –Cenemos juntos…

- Sí, cenemos juntos... ¿solos? – le preguntó como sugiriendo, y tomándole la mano, apoyándola contra su pecho. No podía creer que las cosas estuvieran saliendo tan bien.

-Por supuesto… solos… mi padre ha salido de viaje, así que no tendré problemas con llegar tarde…- bajó la mirada un poco para deslizar la mano por su pecho, acariciando los pectorales marcados lo justo para que le resultase perfecto. Alzó la mirada a sus ojos, se le estaban pasando por la cabeza mil cosas… pero trataba de comportarse como el caballero que era. -¿Y tú? ¿Crees que puedes llegar tarde?

- Claro que sí, sólo tengo que avisar antes... – le sonrió asintiendo, y halándolo un poco hacia él con suavidad. – Creo que es mejor que nos vayamos... ¿Tienes algo más que hacer?

-Besarte de nuevo… - lo miró serio, besándolo profundamente y sujetándole la cintura con una mano, acariciándole los lumbares, besándolo suavemente para romper el beso y luego depositando otro beso en su frente, sonriéndole levemente y ofreciéndole su brazo –… vamos a cambiarnos a casa.

El rubio tomó su brazo de buena gana, caminando junto a él. – Inari.... ¿te han dicho que eres muy elegante? – le comentó por su manera de hacer las cosas. No podía menos que sentirse orgulloso de ir de su brazo.

-Alguna vez… pero no me interesaba el criterio de quien me lo decía, en tu caso es distinto…- sonrió mirándolo y guardándose la mano en el bolsillo, se sentía increíblemente bien ahora que no había aquella distancia entre ellos -¿Crees que nos estábamos distanciando por culpa de inconscientemente evitar que esto sucediese, Kiken?

- Yo creo que por mi parte... lo hacía conscientemente. Desde que comenzó el verano. – lo miró a los ojos, pensativo. – En realidad, hubiera querido pedirte que me acompañases... Pero pensé que si me acercaba demasiado, perdería nuestra amistad.

-Ojalá yo hubiera sido más consciente de lo que sentías por mí… y de lo que yo sentía por ti… estaba muy preocupado por perderte… Mi hermano me ha ayudado mucho a la hora de decidirme a ser sincero con lo que siento…- respiró con fuerza, apartándose el cabello de la cara y moviendo un poco la cabeza para que no le molestase -¿Quieres ir primero a tu casa o a la mía?

- La tuya queda más cerca... y de todos modos, mi padre nunca vuelve del trabajo temprano, así que tenemos mucho tiempo. – eligió, recordando no apoyarse tan casualmente en el chico ahora que ya salían del instituto. – Y creo que tendré que agradecerle a Hikaru-kun.

Inari se rió con suavidad. –Hazlo si lo deseas, pero recuerda que mi hermano es realmente… ácido, no sé si estará en casa ahora… creo que iba a dormir en casa de… - se quedó callado de pronto, recordando la conversación que le había escuchado mantener a su hermano con su madre por la mañana.

- En casa de... - el rubio se rió, comprendiendo. – No te preocupes, si es tu hermano... seguro que algo de juicio debe tener. - Le apretó el brazo con suavidad. - Da igual, ya se lo diré en otro momento.

-Es mi hermano… pero para nada se parece a mí…- se quedó en silencio, caminando con el chico y recordando que su hermano le había dicho “dile que deseas hacerlo con él” como si tal cosa. –Espero que no haga ninguna estupidez… tampoco quiero ponerme nervioso, es nuestra primera cita ¿verdad?- le sonrió tratando de concentrarse en él.

- ¿Lo es? Sí... – respondió, poniéndose nervioso él ahora, ya que no lo había pensado hasta el momento. – Pero... yo comprendo. Es natural que te preocupes por tu hermano, es una de las cosas que me gustan de ti.

-¿Sí?- sonrió ampliamente y le soltó, rodeándolo por los hombros. -¿Y qué más te gusta especialmente de mí?- sonrió ampliamente, metiéndose un poquito con él.

- Además de tu estilo... que eres un caballero, siempre amable... responsable... con un alto sentido del honor... ¿quieres que siga?- se rió, apoyándose contra él de todas maneras.

-Hum… es halagador… y eso siempre me agrada…- se rió deseando darle un beso pero conteniéndose. Era incómodo tener que esconder su relación, pero era lo mejor. -¿Dónde quieres cenar? ¿Qué te apetece?

- Tengo deseos de pasta... Ya sabes que me gusta... – alzó la mirada para observarlo. - ¿Por qué no vamos a un lugar pequeño, poco concurrido?

-Pues iremos a un italiano… conozco un lugar, fuimos una vez a comer con mi padre… no había mucha gente en la planta de arriba…- le pasó la mano por el cabello y lo soltó para abrir la puerta de la casa. –Mi madre se alegrará de verte, Kiken…- le sonrió y saludó al entrar, quitándose los zapatos

-Kiken… ¿Cómo estas? ¿Y tus padres?- la mujer efectivamente sonrió aunque ya estaba arreglándose para salir con sus amigas.

- Están bien y le envían saludos, muchas gracias. – sonrió el chico haciendo una pequeña inclinación de cortesía. – Me da mucho gusto volver a verla.

-A mí también, lástima que ya me iba… - la mujer se calzó, poniéndose el abrigo después. Inari colocándole un poco el cabello y besándole una mejilla.

-Mamá, esta noche iré a cenar con Kiken… ¿está bien?

-Vale… entonces yo cenaré con Yui… pasadlo bien chicos- sonrió despidiéndose.

-Tú también mamá… y dale un beso de mi parte a tus amigas…

- Que se divierta... – se despidió el rubio sonriendo luego a Inari. – Tú mamá, siempre es muy agradable. ¿Subes a cambiarte?

-Gracias, ella también te aprecia mucho, lo sabes… - el chico sonrió, mirándolo a los ojos y sujetándole la mano con delicadeza, dando unos pasos hacia atrás, caminando sin mirar hacia las escaleras y sujetando la otra mano al pasamanos. -¿Quieres acompañarme?

- No te molesta, ¿verdad? – le sonrió, acercándose y dejándole guiarlo hacia arriba. Había estado en su habitación incontables veces en todos esos años. No veía por qué tenían que cambiar ahora.

-Claro que no me molesta ¿Por qué habría de hacerlo?- el moreno sonrió y entró con él en el cuarto. Soltando su mano y dejando la mochila a un lado para quitarse la chaqueta y la camisa, doblándolas en la silla para ponerlas a lavar y buscando una camisa de todos modos en su armario. –Ayer leí que el agua debía beberse antes o después de las comidas… que si no, daba hinchazón…- le comentó con cara de meditación, aunque lo que estaba meditando era qué camisa se ponía. -¿Azul?- le preguntó mostrándosela.

El chico asintió. – Ese color le va perfecto a tus ojos... – le aseguró, sentándose en el borde de su cama y observando disimuladamente sus abdominales. – Pues no volveré a beber agua con las comidas entonces. De todos modos, me lleno antes de tiempo.

Inari se rió y lo miró mientras se ponía la camisa. –Algunos deberían tomarse litros de agua antes de las comidas… así tal vez no comerían tanto… - se quitó los pantalones y cogió otros bastante “fashion” cerrándoselos y mirándolo de nuevo. –Lo cierto es… que le compré a mi hermano una de esas camisetas horribles que le gustan… tenía una tela de araña y todo…

- ¿De verdad? – le preguntó el chico haciendo un gesto de extrañeza. Lo cierto es que lo espantaban esas cosas pero suponía que Inari estaba siendo bueno con su hermano. – Yo no podría ponerme algo así...

-Gracias al cielo…- se rió el moreno inclinándose para besarle los labios y dejándose algunos botones de la camisa abiertos. Lo miró a los ojos aunque sólo había sido un beso fugaz, por un momento pensando que allí no había nadie, podría haberlo acostado en su cama y besarlo hasta que no pudiesen más. Se separó y sonrió levemente, un poco turbado en realidad por las cosas que llegaba a pensar. –Vamos a tu casa, o cuando lleguemos allí, estarán todas las mesas ocupadas…- le sujetó la mano para que se levantase con él.

- Vamos... pero espero que no, me gustaría poder tener una mesa algo privada... Me gusta pasar el tiempo contigo. – se dejó llevar nuevamente, deseando que no se hubiese detenido. Todo le sabía a poco.

-Será privada… tal vez me será mejor hacer una llamada en tu casa para reservar una mesa…- meditó bajando con él, poniéndose los zapatos y un abrigo. –Menos mal que está cerca…- susurró sujetándolo por los hombros de nuevo en la calle.

- ¿Sabes lo que estaba pensando? – lo miró de soslayo, alzando un brazo para pasarle la mano por el cabello cariñosamente acomodándolo. – Lo unidos que hemos sido siempre, desde pequeños, todos nosotros. Si no era en la casa de uno, estábamos jugando en la del otro. ¿Qué crees que haya cambiado?

-Bueno… al principio éramos más niños y teníamos cierta inocencia que ahora no… con los años surgen los celos…la competitividad, las cosas por las que cada uno haya pasado, también influyen en el comportamiento que después tenemos con los demás… Pero si nos estamos separando… principalmente es… porque no nos dejamos llevar por lo que los demás piensan… todos hemos madurado… todos menos Watanabe… - sonrió levemente, de nuevo pensando que parecía estar en otro mundo y mirando a Kiken -¿Estás triste?

- Un poco, ¿tú no? – suspiró, recordando. – Togashi siempre fue algo loco, desde que puedo recordar, pero nunca pensé que pudiera ser cruel. Y Asakura... hubo un tiempo en que hasta podría decirse que era tímido. Ya no somos niños...

-No…ya no lo somos- el moreno se quedó mirando adelante un poco serio. La gente pasaba por la calle y la mayoría eran adultos. –Lo cierto es que sí me deprime un poco pensar en separarnos… pero de todos modos… iremos a estudiar y seguramente nos distanciaríamos de todos modos… Asakura irá a América… Togashi quiere atender a esa universidad donde imparte su madre… ¿y tú? Ni siquiera he querido pensarlo en todo este tiempo…

- Mi padre quiere que sea doctor. ¿Puedes imaginarlo? Yo con las manos todas ensangrentadas, tocando a gente enferma... – se rió, sintiendo un escalofrío de sólo pensarlo. – Sabes lo que realmente quiero...

-Sí… supongo que sí…- se rió y le acarició el cabello mientras caminaban, apartando la mano a su hombro de nuevo al percatarse de lo que hacía. –Pero tu padre tiene razón… deberías estudiar una carrera antes de dedicarte a eso por completo… pero no tiene por qué ser doctor… debe ser algo que te agrade… tu futuro esta en ello…

- Lo sé... – le sonrió, pensando que eso no iba a suceder, una vez que se metiera en una carrera de lleno, no habría vuelta atrás. – Pero no tengo idea, sólo sé que no quiero ser médico, no es para mí. ¿Y tú, Inari? ¿Qué harás?

-Estudiaré alguna ingeniería… algo con respecto a las nuevas tecnologías… no hay una mejor salida y sobre todo… que esté mejor pagada… ¿no crees?- lo miró a los ojos y sonrió levemente. -¿Quieres dedicarte a la natación?

- Pero es imposible... – asintió apoyándose en él sin preocuparse mucho de que los vieran. – Tú mismo lo has dicho...

-Hay profesionales del deporte con un futuro increíble y si crees que puedes sacrificarte de ese modo… entonces debes ser valiente y poner todo tu empeño en ser lo que deseas, Kiken, aunque la vida de alguien que se dedica a eso… ya sabes que es muy complicada, todo depende de cómo veas tu futuro… - lo miró serio porque no quería que tomase decisiones erróneas en su vida. –Yo te apoyaré, escojas lo que escojas…

- Mi padre no estaría de acuerdo, aunque... – sonrió, encogiéndose de hombros, y tomándolo de la mano ahora que estaban frente a su casa. – No sabes lo feliz que me hace escuchar esas palabras viniendo de ti...

Inari le apretó la mano con delicadeza. –Kiken… ser deportista cuando tienes la suficiente calidad… es un buen futuro, no lo dudes…- entró con el chico en la casa y se descalzó dejando la cazadora en el perchero de la entrada. –Siempre estás solo ¿verdad?

- ¿Te refieres a cuando estoy en casa? Sí, mi padre trabaja hasta tarde... – asintió, descalzándose también, y subiendo las escaleras, deteniéndose en el medio de las mismas. - ¿Quieres acompañarme...? – le preguntó, seguro de que lo haría.

-Desde luego…- claro, subió tras él, observándolo y sonriendo levemente, sacándose el móvil del bolsillo y llamando a su padre para que le reservara él una mesa en aquel restaurante. Así mejor, a él no se la negarían. Se sentó en la cama del rubio mientras esperaba, era extraño… pero tenía muchas ganas de que se desnudase aunque sólo fuera para cambiarse.

El chico se quitó el jersey y la camisa, buscando en su armario al igual que hubiera hecho antes el moreno y sacando un jersey celeste colocándoselo, buscando luego un pantalón gris oscuro, algo ajustado pero no demasiado. La tela era suave, no tiesa, le desagradaban esas cosas. - ¿Qué hay de ti, Inari? ¿Sueles comer con tus padres, verdad?

-Mi padre siempre come fuera, pero al menos cenamos con él bastantes noches…- lo miró a los ojos y bajó la vista a sus piernas y sus nalgas, observando su sexo dibujándose en la ropa interior. Se levantó despacio y le apoyó las manos en los hombros por detrás, deslizándolas a sus pectorales y arrugando un poco el jersey al tocarlos. Besándole la nuca suavemente y deslizando la otra mano por su abdomen.

- Inari... – susurró el chico sonrojándose, y sin hacer ningún intento por ponerse los pantalones, recostándose hacia atrás contra su pecho. – Abrázame... – giró ligeramente el rostro buscando sus labios y el moreno lo abrazó con fuerza mientras lo besaba, acariciando su rostro y dibujando la línea de su mandíbula con los dedos.

Lo giró hacia él con suavidad, sin dejar de besarlo, pasándole las manos por los brazos para que lo rodease también y bajándolas por su espalda, subiéndole el jersey a medida que la acariciaba. –Tienes un cuerpo increíble… Kiken…- lo miró a los ojos y sonrió levemente tratando aún así de que su sexo obedeciese a sus deseos y se estuviera quieto.

- Tú también, Inari... – el chico se giró, colocando las manos sobre su pecho, sintiendo sus pectorales ahora y luego los músculos de sus brazos. – Siempre me pregunté... cómo se sentiría tocarlos...

El moreno se abrió la camisa más y le sujetó las manos, besándoselas y apoyándolas en su pecho desnudo. –Ahora puedes tocarme todo cuanto desees…- le sonrió mirándolo a los ojos y bajando las manos por su espalda marcada, sujetando sus nalgas y apretándolas entre sus manos, deslizando los dedos bajo la ropa interior. –Siempre me has parecido increíblemente precioso… desde pequeño… pensaba que eras el más guapo de todos… mi madre decía que eras un ángel…

- Un ángel... – sonrió, enrojeciendo un poco, y marcando sus músculos con los dedos. – Qué cosas dices... Yo siempre te he admirado... aunque cuando era pequeño pensaba que era porque quería ser como tú.

-Yo sólo pensaba que estaba orgulloso de que fueras mi mejor amigo… tan inteligente y tan guapo…- sonrió besándole la quijada y después el cuello, recorriendo su garganta con los labios y subiendo con la lengua por el lado de su cuello, enredando una mano en su cabello y lamiéndole la oreja. –“Abre las piernas”- le susurró al oído deslizando la mano por uno de sus costados y bajándole la ropa interior.

- “Inari” – susurró de nuevo, estremeciéndose y cerrando los ojos, abriendo las piernas. Anhelaba que lo tocara de aquella manera, no quería ni contarle la de veces que se había tocado pensando en él, sintiéndose terriblemente culpable luego.

El moreno lo miró a los ojos, besándolo con suavidad y apretando ahora aquellas nalgas con ambas manos, deslizando los dedos entre ellas y rozando su ano con suavidad, con más intensidad después como buscando el paso a su cuerpo. No estaba pensando muy bien… nada bien, tenían la mesa reservada para dentro de media hora y estaba… haciendo aquello en lugar de salir. Empujó la punta de un dedo dentro de él y después el dedo por completo, jadeando suavemente en sus labios. –“Estás muy caliente por dentro…”- salió de él y le sujetó la mano, llevándosela hacia atrás, haciendo que entrase él mismo con uno de sus dedos. –“¿Lo ves?”

- Inari, lo que estamos haciendo... – le sonrió, jadeando con suavidad y moviendo el dedo en su interior, la otra mano acariciando la mejilla del moreno, acercándose para besarlo y finalmente, tumbándolo sobre su cama, cayendo sobre él. No le interesaba pensar más, estaba cansado de pensar. – Te amo...

-Y yo a ti…- se giró sobre él quitándole la camiseta y besándole el pecho, recorriendo todo su cuerpo con las manos, cada parte de él, sus piernas, sus brazos, su pecho, todo era suave y perfectamente marcado, la piel dorada… incluso eso le excitaba. Su sexo ya no tenía lugar a dominarse y respiró con fuerza tratando de controlarse un poco, acostado sobre él y suavizando las caricias. –No podemos hacer esto… tenemos una mesa reservada…

- Sí, claro... ¿en qué estamos pensando? – lo miró a los ojos, respirando con fuerza, sus dedos entre su cabello, y sus labios entreabiertos. – No puedo... ponerme de pie....

-No lo harás… hasta que no acabe contigo… aún hay tiempo… para esto…- deslizó la mano entre sus piernas, acariciando su sexo y besándole los labios. Sujetándole las muñecas con la otra mano por encima de la cabeza. -¿Alguna vez lo has hecho pensando en mí?

- Mmmm... muchas veces... este verano... casi todas las noches... – confesó, un poco rojo, jadeando con más fuerza, su sexo irguiéndose contra la mano del moreno.

-Casi todas las noches…- repitió el moreno, excitándose quisiera que no, aún más y observando su sexo inflamarse en su mano, era grande y tenía un color perfecto. Se levantó de la cama, haciéndolo sentarse en esta y apoyando una rodilla en el suelo. No es que tuviera la más remota idea de cómo debía hacer eso pero… aquel sexo palpitante y el rostro del rubio eran suficiente para desear averiguar qué tan bien podía hacerlo.

Deslizó un dedo por el líquido transparente en la punta de su sexo, sintiendo los movimientos del chico en respuesta y lo masajeó un poco más. -¿Quieres que lo haga, Kiken?

El rubio asintió, observándolo como si se tratase de un sueño. – Quiero que lo hagas, Inari. No sabes... cuanto lo deseo...

El moreno lo besó profundamente, sin dejar su sexo ni un segundo. –“Yo también lo deseo...”- susurró, separándole mejor las piernas después y besando su sexo de arriba abajo, recorriéndolo de nuevo hacia arriba con la lengua y metiéndoselo en la boca. Sabía diferente, a su piel, pero más intenso, estaba caliente y duro contra su lengua, nunca había sentido algo parecido. Le apretó los muslos con las manos, succionándolo más y observando sus ojos.

- Ah...mmm... - gimió el chico, cubriéndose la boca con una mano, sorprendido él mismo del volumen al que lo había hecho gemir, estremeciéndose. No podía creerlo, la sensación de su lengua cálida recorriendo su piel, era... infinitamente mejor de cómo lo hubiese imaginado.

Inari apretó un poco su sexo a través de los pantalones con una mano. Escucharlo gemir… no había imaginado siquiera poder sentirse tan excitado jamás. Le pasó las manos por las piernas de nuevo, alzándoselas un poco con las manos y separándolas más, deslizando la lengua por sus testículos y succionándolos con suavidad. –Tu sabor… es increíble…

- Ah... Inari... tú.... tus manos... tu lengua... todo... – sonrió, arqueando la espalda, si seguía así, se iba a correr pronto. Le daba algo de vergüenza la verdad.

El moreno lo miró a los ojos, acariciando su sexo con la mano suavemente, disfrutando de la humedad de este y acariciándole el pecho, rozando sus pezones antes de decidirse a deslizar los dedos por sus labios, empujándolos entre ellos y observando cómo los lamía, el chico sujetando su mano para que no la apartase dedicándose a succionarlos con avidez, su sexo pulsando cada vez más rápido, le daba vueltas la cabeza.

Se corrió finalmente, sin poder soportarlo más, entregándose a sus gemidos, deslizando los dedos del moreno por su cuello, trazándolo con un hilito de saliva.

Inari se sorprendió un poco por su rapidez, pero ni siquiera tenía tiempo para fijarse en eso demasiado, el gesto del chico en su rostro y el semen resbalando por su cuerpo y su mano lo disuadieron por completo. Se llevó su sexo a los labios probando el semen en este y succionando lo que aún salía de él. Levantándose para verlo mejor. –Kiken…- sonrió levemente observándolo. –No pensaba que pudieras ser tan… sensual…

- Inari, por favor... – sonrió avergonzado. – Lo siento... llevaba mucho tiempo pensando en eso....

El moreno se sentó en la cama a su lado y le acarició el cuerpo mojado por el semen. –No te disculpes… ha sido estupendo… espera…- le besó los labios con suavidad y se levantó. –Iré a buscar una toalla húmeda…

- Gracias... ya sabes en donde está el baño. – le recordó por si acaso, dejándose caer hacia atrás, casi riendo un poco. No podía creer lo feliz que se sentía, lo natural que había sido todo.

Inari le limpió el abdomen, besándolo de nuevo mientras lo hacía y sonriendo en sus labios. –No sabía si me estaba apresurando demasiado… no estás decepcionado ¿verdad?

- No, yo.... no pude aguantar más. – se pasó la mano por el rostro aún cohibido, y sentándose. – Lo hiciste perfecto, como todo...

-No… me refería a si creías que había sido demasiado directo - sonrió y le pasó la mano por el cabello aproximándolo a él. Observando su cuerpo desnudo, pensando que esa noche iba a tener que ocuparse de algo entre sus piernas. Le ayudó a ponerse el jersey y lo abrazó de nuevo sin dejar que acabase de vestirse aún, besándole una mejilla. –“Así, aún podemos llegar a tiempo…”- le susurró sintiéndose completamente enamorado de él. –“Te amo…”

- “Yo a ti, Inari...” –susurró el chico de vuelta, mirándolo a los ojos, y poniéndose de pie por fin para ponerse ropa interior limpia y los pantalones. Aún no se creía lo que acababa de ocurrir.

 

 


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